Las ovejas y las cabras «El juicio final del Hijo del Hombre (25:31-46)» por R. T. France

El pasaje sobre el Juicio Final (25:31-46) culmina el discurso sobre la preparación para la parusía del Hijo del Hombre. En esta visión, el Hijo del Hombre se convierte en juez de todas las naciones, dividiendo a los preparados de los no preparados, basándose en cómo han tratado a "los más pequeños" de sus hermanos. Este criterio de juicio ha generado controversia, especialmente entre los lectores protestantes, ya que sugiere que el destino final depende de actos de bondad, lo que parece contradictorio con la teología paulina. Sin embargo, se argumenta que este pasaje refleja la llamada de Mateo a la justicia y a hacer la voluntad de Dios.
La identificación de Jesús con sus discípulos implica que la forma en que se responde a ellos es un reflejo de la actitud hacia Jesús mismo. Tanto los "ovejas" como los "cabritos" se sorprenden al descubrir que sus acciones estaban dirigidas a Jesús, lo que sugiere que el juicio no se basa en el reconocimiento consciente de su identidad. La escena del juicio, influenciada por Daniel 7, presenta al Hijo del Hombre como el rey que juzga a todas las naciones, enfatizando su autoridad. Los "justos" son recompensados con la herencia del reino, mientras que los "malos" enfrentan el castigo eterno. Este pasaje destaca la importancia de las acciones hacia los necesitados y la conexión entre la fe y las obras en el contexto del juicio final.


