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¿Se equivocó Jesús sobre el padre de Zacarías en Mateo 23:35?

El artículo analiza las palabras de Jesús en Mateo 23:35, donde acusa a los escribas y fariseos de cargar con la culpa de toda la sangre inocente derramada, desde Abel hasta Zacarías. La dificultad surge al identificar a este Zacarías como “hijo de Berequías”, ya que el Zacarías asesinado en el templo (2 Crónicas 24) era hijo de Joiada. Varias teorías intentan resolver esta discrepancia: algunos piensan que Jesús se refiere al profeta Zacarías, hijo de Berequías, aunque no fue asesinado; otros sugieren una confusión textual o una mezcla de tradiciones.

Algunas fuentes antiguas incluso proponen que se trata de Zacarías, padre de Juan el Bautista, o de otro Zacarías mencionado por Josefo, pero estas teorías tienen limitaciones históricas o textuales. La hipótesis más aceptada es que Jesús se refería al Zacarías de 2 Crónicas, y que “hijo de Berequías” podría ser un error de transmisión o una referencia a un antepasado.

El punto central del pasaje, más allá de la identidad exacta de Zacarías, es la denuncia de Jesús contra la violencia histórica hacia los mensajeros de Dios y la responsabilidad moral acumulada de los líderes religiosos de su tiempo.

Visión General exegética de Mateo 24 por D.A. Carson

Mateo 24, junto con sus paralelos en Marcos 13 y Lucas 21, es uno de los pasajes más debatidos del Nuevo Testamento debido a su complejidad literaria, teológica y profética. El discurso, conocido como el "Discurso del Monte de los Olivos", aborda la destrucción del templo de Jerusalén y la segunda venida de Cristo. La dificultad central reside en cómo se relacionan estos dos eventos: algunos estudiosos los ven entrelazados simbólicamente, otros los distinguen claramente a partir del versículo 36, y otros sostienen que todo el discurso se refiere solo a la Parusía.

Carson analiza estas posturas y critica las interpretaciones que niegan la autenticidad profética del discurso o que lo fragmentan excesivamente. A su juicio, el discurso refleja cómo los discípulos asociaban el fin del templo con el fin del mundo, y Jesús responde corrigiendo esa percepción: habrá un periodo prolongado de tribulación antes de su retorno. Así, los versículos 4–28 describen las dificultades del tiempo entre su ascensión y su regreso, incluyendo la caída de Jerusalén; los versículos 29–31 anuncian su segunda venida, y el resto del discurso exhorta a la vigilancia y fidelidad mientras los creyentes esperan ese día.

En cuanto al término "inminente", Carson señala que no debe entenderse como “en cualquier segundo”, sino como “esperado con urgencia”. El NT enseña que el regreso de Cristo puede ser pronto, pero no necesariamente inmediato, y que ciertos eventos deben precederlo. Carson también descarta interpretaciones como la dispensacionalista, que separa el “rapto” de la segunda venida, por considerarla históricamente y textualmente débil.

En conclusión, Carson propone una visión equilibrada y coherente: el discurso es una unidad que trata ambos eventos (la destrucción de Jerusalén y la segunda venida), reconociendo la tensión entre lo inminente y lo aún por cumplirse. Jesús llama a sus seguidores a vivir con esperanza, vigilancia y fidelidad en medio de la espera.

Los evangelios sinópticos

El concepto de "Evangelios Sinópticos" fue introducido por J. J. Griesbach en el siglo XVIII para describir los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, debido a sus notables similitudes en contenido, estructura y tono. Estos tres Evangelios, que siguen una secuencia geográfica común en la vida de Jesús, se diferencian significativamente del Evangelio de Juan, que tiene un enfoque distinto, centrándose más en el ministerio de Jesús en Jerusalén y en discursos largos en lugar de parábolas.

La relación entre los Evangelios Sinópticos y la forma en que fueron escritos ha sido un tema de gran interés y debate entre los eruditos desde el siglo XVIII. Se han planteado varias preguntas sobre cómo se recopiló la información sobre Jesús, por qué estos Evangelios son tan similares en algunos aspectos y tan diferentes en otros, y qué papel jugaron los evangelistas en la redacción de estos textos. Desde la antigüedad, los cristianos han intentado armonizar y comprender las diferencias entre los Evangelios.

En la investigación moderna, se han desarrollado tres enfoques principales para estudiar la formación de los Evangelios Sinópticos: la Crítica Formal, que se centra en la transmisión oral de las historias y dichos de Jesús; la Crítica de las Fuentes, que analiza cómo se estructuraron las unidades literarias; y la Crítica de la Redacción, que estudia la contribución literaria y teológica de los autores de los Evangelios.

La Crítica Formal, surgida en el siglo XX, argumenta que los primeros cristianos transmitieron oralmente las historias y enseñanzas de Jesús antes de que fueran escritas en los Evangelios. Esta crítica se basa en la idea de que las historias se transmitieron en unidades independientes y que la comunidad cristiana influyó en la forma en que se contaron estas historias. Sin embargo, este enfoque ha sido criticado por subestimar el papel de los testigos oculares y la precisión con la que se habría transmitido oralmente el material, así como por su escepticismo sobre la historicidad de los Evangelios.

A pesar de las críticas, la Crítica Formal sigue siendo un método importante para estudiar los Evangelios, siempre y cuando se apliquen con cuidado y se complementen con otras evidencias históricas y literarias.