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El significado y el cumplimiento de Daniel 9:24–27 (Las “setenta semanas”)

El pasaje de las “setenta semanas” (Daniel 9:24-27) es uno de los textos más discutidos en la academia bíblica, tanto por su complejidad literaria como por sus implicaciones teológicas y escatológicas.

Dentro de la investigación académica y teológica, existen varias posturas principales que pueden agruparse en tres grandes categorías (Aunque existen otros puntos de vista1) según el enfoque histórico y hermenéutico; el punto de vista de Antíoco, el punto de vista del dispensacionalismo clásico y el punto de vista romano— además de evaluar sus puntos fuertes y débiles.

Para la interpretación global, las preguntas clave son las siguientes:

¿Cuándo comienzan las setenta semanas?

¿Cuándo terminan las primeras siete semanas?

¿Cuándo terminan las sesenta y nueve semanas?

¿Qué ocurre a mitad de la septuagésima semana?

Las preguntas relacionadas son las siguientes:

¿son las semanas literalmente semanas de años, o son solo períodos?

¿Existen lagunas de tiempo o eventos más allá de las setenta semanas?

La respuesta a estas preguntas determinará la interpretación global del pasaje.

En busca de las setenta «semanas» de Daniel 9

El Libro de Daniel puede ser un libro desalentador debido a los muchos enigmas que contiene. A menudo salimos de sus páginas con más preguntas que respuestas, como «¿Quién es Darío el Medo?» o «¿Por qué hay una sección en arameo en la primera mitad del libro?». Un enigma en particular ha demostrado ser muy difícil de resolver: la identificación de las setenta «semanas» en Daniel 9.

El judaísmo en la Tierra de Israel

Hablamos de Judaísmo como la designación de todo el fenómeno de las formas judías de vivir y creer, Judaísmo es un término griego (Ioudaismos) atestiguado por primera vez en 2 Mac 2:21; 14:38. Está relacionado con el nombre de la tierra donde vivían muchos judíos -la tierra de Judá o Judea- y parece haber sido acuñado como una forma de contraponer el judaísmo tradicional al helenismo (Hellenismos; véase 2 Mac 4:13). Este ensayo se centrará en el judaísmo tal y como llegó a expresarse en la tierra de Israel.

Sobre el Origen de los fariseos (Parte 3)

En el próximo capítulo de nuestra serie de estudios sobre: El período del Segundo Templo, nos sumergiremos en el intrigante origen de los fariseos, explorando detalladamente su popularidad, situación social y económica, y hablaremos sobre los prejuicios de Josefo.

Movimientos revolucionarios judíos

Los movimientos revolucionarios fueron una respuesta judía a la injusticia de los opresores de Israel. Aunque la Revuelta macabea (168/7–164 a. C.) se puede considerar como una importante precursora de los posteriores movimientos revolucionarios judíos, este artículo se centra en los movimiento judíos de resistencia contra el Imperio romano.

El siglo I A. D. fue una de las épocas más violentas de la historia judía. La caldera de la agitación alcanzó su punto álgido con la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70. A su vez, esta estuvo salpicada con el suicidio en masa de las fuerzas rebeldes judías en Masada en el año 74. Sesenta años más tarde, los humeantes rescoldos de esta guerra fueron convertidos en llamas por el líder judío Simeón bar Kojba (o Koziba), que dirigió la Segunda Revuelta contra los romanos en los años 132–35.

La resurrección de Jesús

La resurrección dentro del contexto del patrimonio cultural de Israel es el acto concreto con el que Dios levanta a los muertos de sus tumbas. Sus dimensiones teológicas incluyen la restauración y exaltación del pueblo de la alianza de Dios, la irrupción del reino de Dios de justicia y paz (o vida eterna) y la inauguración de la nueva creación de Dios. Dentro de este contexto se pueden entender los milagros de Jesús levantando muertos y su enseñanza acerca de la resurrección, así como la importancia de la propia resurrección de Jesús.

La resurrección de Cristo, tres días después de su muerte, constituye, junto con la cruz, la base fundamental del Evangelio (1 Cor. 15:3–4). Es el acontecimiento central de la Historia de la Salvación.

Las pruebas de la resurrección de Cristo son convincentes. Hay más documentos, más testigos oculares y más pruebas corroborativas que para cualquier otro acontecimiento histórico de la historia antigua. La evidencia secundaria, suplementaria, es convincente; cuando se combina con la evidencia directa, presenta un caso imponente para la resurrección física de Cristo. En terminología jurídica, está "más allá de toda duda razonable".

Matthew Arnold llamó a la resurrección de Jesús "el hecho mejor atestiguado de la historia humana", y juzgado según los criterios históricos tradicionales sale ciertamente bien parado.

La abominación desoladora

Abominación desoladora frase que aparece en el libro veterotestamentario de Daniel (11:31, 12:11 y quizá 9:27), en 1 Macabeos 1:54 y en las enseñanzas de Jesús recogidas en los evangelios sinópticos (Mateo 24:15, Marcos 13:14). La frase se refiere en Daniel y 1 Macabeos a la profanación del templo por el emperador pagano Antíoco Epífanes en 167 a.C. y en la enseñanza de Jesús a algún desastre análogo que él anticipa.