Mes abril 2025

La esperanza mesiánica del Génesis: el protoevangelio y las promesas patriarcales

En Génesis 3:15, el Señor anuncia la futura llegada de una «simiente» (זֶ֫רַע) que herirá la cabeza de la serpiente. Mientras que muchos han considerado durante mucho tiempo este versículo como el protoevangelio, o el primer evangelio, otros se han apresurado a dudar de su intención «mesiánica». Sin embargo, cuando se examina Génesis 1-3 en contexto, una expectativa anticipatoria emerge como la opción más viable. Además, una vez que el intérprete entiende la promesa que Dios le dio a Abraham con respecto a su «descendencia» (22:17-18) como una alusión contextual a 3:15, queda claro que este versículo es la fuente de la esperanza anticipada del Antiguo Testamento. Por lo tanto, aunque el libro del Génesis no utiliza ni el sustantivo מָשִׁיחַ ni el verbo מָשַׁח para referirse a este individuo venidero, debido a la esperanza anticipada que se encuentra en él, Génesis 3:15 se entiende mejor como el protoevangelio

Haced esto en memoria de mí… «Una interpretación judeomesiánica de la mesa del Señor»

El artículo ofrece una visión profunda y contextualizada de la Última Cena de Yeshúa (Jesús), explicando que su significado va más allá de una ceremonia sentimental o sacramental. Desde una perspectiva judía, el pan y la copa no representan un rito mágico ni un medio para obtener salvación inmediata, sino un **gesto del pacto** que invoca el recuerdo del sacrificio de Yeshúa ante Dios.

La tradición judía está llena de rituales que funcionan como **recordatorios del pacto** entre Dios e Israel. De igual forma, cuando Yeshúa dijo "Haced esto en memoria mía", invitó a sus discípulos a proclamar su muerte como un acto con implicaciones escatológicas: **recordar su sacrificio ante Dios**, suplicando que, por el mérito de su sufrimiento, se cumplan las promesas de redención y la llegada del Reino Mesiánico.

El artículo rechaza interpretaciones sacramentales tradicionales (como la transubstanciación) y enfatiza que el ritual del pan y el vino está enraizado en las costumbres judías de acción de gracias y bendiciones post-comida, especialmente en el contexto del **Séder de Pascua**. Además, conecta esta cena con el **Banquete Mesiánico** del fin de los tiempos, en el que los justos se sentarán con el Mesías en la Jerusalén renovada.

Finalmente, el autor concluye que este acto es una oración visual y física que suplica a Dios que **recuerde la muerte del Mesías** y actúe conforme a las promesas de redención, justicia y paz. La Última Cena, entonces, **no es sólo un recuerdo del pasado, sino una esperanza viva hacia el futuro**: la restauración de Israel, el regreso del Mesías y el establecimiento del Reino de Dios.

Sobre la Parashat Tzav – «»Ningún sobrante», el significado de las ofrendas de agradecimiento/comunión»

En la Parashat Tzav vemos diversos sacrificios en el culto israelita, en esta reflexión nos enfocaremos especialmente en la ofrenda de acción de gracias (Qorban Todah), la cual se diferencia de otros sacrificios por tener que ser completamente consumida el mismo día, sin dejar sobras para la mañana siguiente (Levítico 7:15).

Esta regla tiene un propósito espiritual: la gratitud debe compartirse. Según Abravanel, el requerimiento de consumir toda la ofrenda lleva a la persona agradecida a invitar a otros, contar lo que Dios ha hecho por ella y glorificar públicamente Su nombre. La gratitud, más que un sentimiento, es un impulso a corresponder y a dar. Es extrovertida por naturaleza y se convierte en generosidad.

Filósofos y psicólogos coinciden en que la verdadera gratitud implica acción: devolver el bien recibido, ayudar a otros y convertirse en canal de bendición. La Torá y figuras como Maimónides refuerzan este mensaje: tanto la gratitud como la alegría deben ser inclusivas, alcanzando a los pobres y vulnerables.

Esto se refleja también en la Pascua, donde el sacrificio pascual tampoco debía dejar sobras. Ambos casos enseñan que la abundancia recibida debe compartirse, y que dejar sobras puede reflejar falta de empatía o de responsabilidad hacia quienes tienen necesidad.

En resumen, la lección teológica y espiritual es clara:

-La gratitud auténtica transforma al receptor en dador.
-Los dones de Dios no deben terminar en nosotros, sino fluir a través de nosotros hacia los demás.

La Pascua en el contexto Histórico

Debido a la falta de enseñanza académica sobre el Antiguo Testamento, la mayoría de los cristianos y judíos no comprenden plenamente el punto principal de Éxodo 1-15, o cómo los eventos registrados en este texto habrían sido entendidos por los antiguos israelitas que vivieron hace miles de años.

Para remediar este problema, nuestro primer objetivo al estudiar la Pascua debe ser interpretar los primeros capítulos del Éxodo a la luz de su contexto histórico y cultural del antiguo Cercano Oriente. Antes que nada, debemos tratar de comprender cómo los israelitas que vivieron en el segundo milenio a. C. (alrededor del 1500 a. C.) habrían visto las obras de Dios en Egipto.

Adoptar este enfoque histórico de Éxodo 1-15 no solo nos proporcionará una mejor interpretación de referencia de la historia de la Pascua en sí, sino que también nos preparará en el siguiente estudio para comprender cómo se cumplirá la Pascua cuando Jesús regrese y los acontecimientos proféticos que esta historia ha señalado desde el principio.

Guerrero divino

Entre los muchos hilos entretejidos a lo largo del canon de los dos Testamentos, el concepto de Dios como Guerrero Divino podría plantear el mayor desafío a la fe de los fieles. La convicción de que Dios actúa como Guerrero Divino tanto en la esfera terrenal como en la celestial es inquebrantable en ambos Testamentos.

El objetivo de este artículo es examinar el hilo conductor de la imagen del Guerrero Divino desde el Pentateuco hasta el Apocalipsis.