Mes octubre 2025

“El día de la muerte de Cristo: análisis de las posturas del miércoles, jueves y viernes”

El tema de la cronología de la pasión de Cristo no es una mera curiosidad histórica, sino una cuestión profundamente teológica, pues toca la coherencia interna de los Evangelios y el simbolismo central de la redención cristiana. La identificación del día exacto de la crucifixión de Jesús tiene implicaciones hermenéuticas, litúrgicas y doctrinales: afecta la comprensión de la relación entre la Pascua judía y la cristiana, la interpretación del signo de Jonás y la armonía entre los cuatro Evangelios.

Desde el siglo II, la tradición eclesial estableció el Viernes Santo como día conmemorativo de la muerte del Señor. Sin embargo, a partir de la Reforma y del surgimiento de la crítica bíblica moderna, varios intérpretes comenzaron a revisar la cronología de la Semana Santa, buscando una correspondencia más literal con las declaraciones de Jesús.

Las tres posturas principales pueden resumirse así:

Miércoles: Jesús es crucificado el 14 de Nisán por la tarde, y resucita al final del sábado, cumpliendo literalmente tres días y tres noches.

Jueves: Jesús muere el 15 de Nisán; permanece sepultado jueves, viernes y sábado, resucitando el domingo temprano.

Viernes: Jesús muere el 14 o 15 de Nisán, siendo sepultado al anochecer; resucita al tercer día en un sentido inclusivo.

El propósito de este estudio no es meramente cronográfico, sino hermenéutico. El análisis combinará datos históricos (Josefo, Talmud, Mishná), lingüísticos (griego y hebreo), teológicos (patrística y exégesis moderna) y simbólicos (la tipología pascual y la escatología de la resurrección).

“El Día de la Última Cena: Análisis histórico, exegético y teológico de la cronología pascual en los Evangelios”

Entre los episodios más enigmáticos de la Pasión de Cristo, ninguno ha suscitado tantas discusiones académicas como la fecha exacta en que Jesús celebró su Última Cena.

A primera vista, la divergencia entre los Evangelios parece insalvable: mientras los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) presentan la cena como una Pascua judía, el Evangelio de Juan afirma que esta tuvo lugar antes de la Pascua.

Esta diferencia, aparentemente técnica, toca el corazón de la teología de la redención cristiana.
Si la cena fue la Pascua misma, entonces Jesús instituyó la Eucaristía dentro del rito ancestral del éxodo, reinterpretando la alianza mosaica.

Pero si, como afirma Juan, la cena fue antes de la Pascua, Jesús habría muerto al mismo tiempo que se sacrificaban los corderos pascuales en el Templo de Jerusalén, convirtiéndose simbólicamente en el Cordero definitivo.

El debate, lejos de ser un mero detalle cronológico, ilumina la relación entre la historia y la teología en los Evangelios.

Como ha señalado el teólogo Raymond E. Brown:

“la cronología de la Pasión no es sólo una cuestión de días, sino una ventana hacia la comprensión teológica de la Pascua cristiana”1.

El propósito de esta investigación es ofrecer un análisis integral del problema, combinando la perspectiva histórico-exegética con la teológico-simbólica, en una estructura que permita seguir la evolución del debate desde los textos bíblicos hasta la interpretación contemporánea. También se examinara el contexto histórico, los testimonios bíblicos y las principales hipótesis interpretativas sobre la fecha de la Última Cena, para mostrar cómo las diferencias en

El ungimiento de Jesús en Betania (Mt 26:6-13)

El relato del ungimiento de Jesús en Betania (Mateo 26:6–13) constituye una de las escenas más densas y simbólicamente ricas del Evangelio. A través del gesto silencioso de una mujer que unge al Maestro con perfume costoso, Mateo revela el corazón mismo del misterio cristiano: el amor que se derrama sin medida.

Este estudio presenta un análisis teológico, exegético y espiritual de la perícopa, considerando sus paralelos en los demás evangelios, la tradición patrística y las interpretaciones contemporáneas. Se argumenta que la mujer de Betania anticipa tanto la muerte redentora de Jesús como la actitud eclesial de adoración, generosidad y memoria viva del Evangelio. Su gesto, elevado por Cristo al rango de memorial universal, continúa perfumando la historia de la fe.

“En verdad os digo que dondequiera que se predique este Evangelio en todo el mundo, se contará también lo que ésta ha hecho, para memoria suya.”

(Mateo 26:13)

El debate sobre el Adán histórico y mítico: perspectivas teológicas

El debate sobre el Adán histórico y mítico sigue siendo uno de los temas más relevantes de la teología bíblica contemporánea. A lo largo de la historia, la figura de Adán ha sido interpretada tanto como un individuo real —el primer hombre creado por Dios y cabeza representativa de la humanidad—, como un símbolo arquetípico que expresa, en lenguaje mítico, la condición universal del ser humano frente al mal y la desobediencia.

La tradición fundamentalista y evangélica clásica ha defendido que Adán fue una persona histórica, y que la caída narrada en Génesis 3

La vindicación y entronización del Hijo del Hombre (Tesís de R.T. France & N.T. Wright)

El título mesiánico “Hijo del Hombre” es uno de los más enigmáticos y teológicamente cargados en los Evangelios (c.f. Hijo del hombre). Su trasfondo más significativo se encuentra en Daniel 7:13–14, donde una figura “como un hijo de hombre” es presentada ante el “Anciano de días” y recibe dominio, gloria y reino eterno. A lo largo de su ministerio, Jesús utiliza repetidamente este título para referirse a sí mismo, en contextos que incluyen sufrimiento, autoridad presente y gloria futura. Esta autodesignación, junto con sus declaraciones sobre el cumplimiento de Daniel 7, se convierte en un eje fundamental para entender su identidad y misión.

La interpretación tradicional ha oscilado entre leer Daniel 7 como una profecía sobre la segunda venida futura de Cristo y entenderlo como una visión de su entronización celestial tras la resurrección. En las últimas décadas, estudiosos como R. T. France y N. T. Wright han ofrecido lecturas renovadas que resaltan la dimensión presente y vindicadora del cumplimiento de Daniel 7 en la vida, muerte, resurrección y exaltación de Jesús, sin negar sus implicaciones escatológicas. Para estos autores, las declaraciones de Jesús sobre “venir en las nubes” y “ver al Hijo del Hombre” no apuntan exclusivamente a un evento futuro aún no realizado, sino a su entronización y vindicación como el representante fiel de Israel, tras su sufrimiento y exaltación.

Este artículo examinará la entronización o vindicación del Hijo del Hombre de Daniel 7 a la luz de todos los Evangelios, siguiendo un enfoque teológico–bíblico. Se analizará cómo los Evangelios presentan progresivamente a Jesús como el cumplimiento de la figura daniélica, cómo sus propias palabras reinterpretan la expectativa apocalíptica de su tiempo, y cómo autores contemporáneos como France y Wright han contribuido a una comprensión más matizada y contextual de estos textos. Finalmente, se explorarán las implicaciones cristológicas y escatológicas de esta lectura para la teología bíblica.

El concepto de la Tierra a través de la Biblia

En este artículo se aborda la promesa de la tierra a Abram, que representa una restauración de lo perdido en el Edén y se cumplirá a través de sus descendientes. La promesa territorial, aunque inicialmente se relaciona con la tierra de Canaán, apunta a un cumplimiento más amplio revelado en el Nuevo Testamento (NT). Se examina la progresión de esta promesa a través de los pactos bíblicos, desde la llamada de Abram hasta la nueva creación en Cristo. En el Antiguo Testamento (AT), las promesas a Abraham son fundamentales, reflejando un ciclo de pecado, exilio y restauración. La llamada de Abram contrarresta las maldiciones del pecado, prometiendo bendiciones y una nueva tierra que restaurará los beneficios del Edén. La promesa se expande a un contexto universal, abarcando tanto componentes nacionales como internacionales. Los profetas, como Isaías y Jeremías, reafirman estas promesas, anticipando una restauración física y espiritual que incluye a las naciones. En el NT, la promesa de la tierra se cumple en la nueva creación a través de Cristo, quien ofrece descanso y herencia a los creyentes. La imagen de la viña en Juan y las enseñanzas de Pablo y Pedro amplían la comprensión de la herencia, vinculándola a la salvación final en un nuevo cielo y nueva tierra. El texto concluye que la culminación de las promesas de Dios se manifiesta en la nueva creación, donde el pueblo de Dios habitará eternamente bajo su reinado.

Sukot – La fiesta de los Tabernáculos

La Séptima Temporada Santa: Sukot—
La Fiesta de los Tabernáculos es una celebración que se lleva a cabo en el mes de Tishrei, comenzando el día 15 y durando siete días. Se caracteriza por la construcción de sukás, o cabañas temporales, que simbolizan la protección divina durante la travesía por el desierto. Sukot tiene múltiples nombres, incluyendo Hag Hasukkot, Hag Adonai y Hag Haasiph, reflejando su importancia en la tradición judía. La observancia bíblica se detalla en Levítico, Nehemías y Zacarías, y se centra en la alegría tras Yom Kipur, marcando la cosecha de otoño.

Durante la festividad, se utilizan cuatro especies de plantas: el etrog, el lulav, el hadass y el aravah, que representan diferentes aspectos de la comunidad judía. La observancia rabínica incluye reglas sobre la construcción de la sucá y el uso de las especies, enfatizando la importancia de la intención y la propiedad en su uso. El séptimo día, conocido como Hoshaná Rabbá, se realizan oraciones especiales por la lluvia y la redención de Israel.

Además, Sukot tiene implicaciones mesiánicas, simbolizando la esperanza de restauración y unidad entre los judíos y las naciones. En el Nuevo Testamento, se menciona la celebración de Sukot en el contexto de la vida de Yeshúa, quien se presenta como la luz del mundo y el agua viva, cumpliendo así con las expectativas de la festividad. La celebración culmina con Shemini Atzeret y Simjat Torá, que marcan el cierre de las festividades y la alegría por la Torá.