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La conciencia

La conciencia (syneidēsis) es importante para la teología moral y la práctica moral. Sin embargo, la contribución de la Biblia a este concepto no es fácil de determinar.

La conciencia se entiende como un sentido moral interno de lo correcto e incorrecto, a veces visto como la voz de Dios o el juicio moral humano. Se compone de dos elementos: la sindéresis, la comprensión de principios universales de conducta, y la consciencia, la aplicación de esas reglas a situaciones específicas.

La conciencia, una capacidad humana universal, se considera parte de la imagen de Dios, presente incluso en los gentiles según Pablo. Juzga acciones pasadas y guía acciones futuras, generando culpa o satisfacción. Si bien el Antiguo Testamento no la menciona explícitamente, el concepto subyace en la ley y los profetas.

Noción de la palabra «Torá» en el Judaísmo rabínico

Según los Rabinos, la Ley no es solo un código legal, sino que también representa enseñanza e instrucción. Se critica la percepción negativa de la Ley en la teología moderna, que la considera como un obstáculo para la religión. La Torah, que incluye el Pentateuco, los Profetas y los Escritos, es vista como un conjunto integral de enseñanzas divinas. Aunque el término "Ley" se asocia comúnmente con un enfoque legalista, para los judíos, la Torah abarca principios generales y mandamientos específicos, y su significado es más amplio que el de un simple código legal.

El texto también menciona que la Torah no se limita al Pentateuco, sino que incluye toda la Escritura, y que los Rabinos consideraban que los Profetas complementaban la Torah. Se enfatiza que la historia y las enseñanzas morales en los libros de la Biblia son igualmente importantes. La Torah es vista como un regalo divino que proporciona a Israel una comprensión profunda de la voluntad de Dios. Además, se menciona que la enseñanza de la Torah se extiende más allá de las Escrituras, abarcando incluso la vida cotidiana y las interacciones sociales. En resumen, la Torah es un concepto multifacético que combina ley, enseñanza y moralidad, fundamental para la identidad y la fe judía.

Nacimiento y Cuidado de los Niños

En la tradición hebrea del Antiguo Testamento, tener hijos —especialmente varones— era considerado una gran bendición de Dios. Las mujeres hebreas anhelaban la maternidad no solo por motivos familiares, sino también espirituales, ya que muchas esperaban que su hijo pudiera ser el Mesías prometido. La esterilidad era vista como una maldición divina, mientras que la fertilidad era motivo de honra y alegría.

Los hijos varones eran preferidos porque aseguraban la continuidad del linaje y fortalecían el hogar familiar. Esta preferencia era común también entre los árabes, ya que los hombres permanecían en la casa paterna al casarse, mientras que las mujeres se integraban a otras familias.

Desde su nacimiento, los bebés eran cuidados con prácticas tradicionales como ser lavados, frotados con sal y envueltos firmemente en pañales. Los varones eran circuncidados al octavo día como señal del pacto con Dios, y las madres pasaban un período de purificación antes de presentar ofrendas en el templo, según sus posibilidades económicas.

Los nombres hebreos solían tener significados religiosos e incluían referencias a Dios. También era común identificar a los hijos por el nombre del padre. Las niñas, por su parte, recibían nombres inspirados en la naturaleza o en virtudes. La educación en los primeros años recaía principalmente en la madre, quien enseñaba las Escrituras y valores fundamentales, mientras que el padre asumía un papel más activo a medida que los hijos crecían.

La esperanza mesiánica del Génesis: el protoevangelio y las promesas patriarcales

En Génesis 3:15, el Señor anuncia la futura llegada de una «simiente» (זֶ֫רַע) que herirá la cabeza de la serpiente. Mientras que muchos han considerado durante mucho tiempo este versículo como el protoevangelio, o el primer evangelio, otros se han apresurado a dudar de su intención «mesiánica». Sin embargo, cuando se examina Génesis 1-3 en contexto, una expectativa anticipatoria emerge como la opción más viable. Además, una vez que el intérprete entiende la promesa que Dios le dio a Abraham con respecto a su «descendencia» (22:17-18) como una alusión contextual a 3:15, queda claro que este versículo es la fuente de la esperanza anticipada del Antiguo Testamento. Por lo tanto, aunque el libro del Génesis no utiliza ni el sustantivo מָשִׁיחַ ni el verbo מָשַׁח para referirse a este individuo venidero, debido a la esperanza anticipada que se encuentra en él, Génesis 3:15 se entiende mejor como el protoevangelio

Haced esto en memoria de mí… «Una interpretación judeomesiánica de la mesa del Señor»

El artículo ofrece una visión profunda y contextualizada de la Última Cena de Yeshúa (Jesús), explicando que su significado va más allá de una ceremonia sentimental o sacramental. Desde una perspectiva judía, el pan y la copa no representan un rito mágico ni un medio para obtener salvación inmediata, sino un **gesto del pacto** que invoca el recuerdo del sacrificio de Yeshúa ante Dios.

La tradición judía está llena de rituales que funcionan como **recordatorios del pacto** entre Dios e Israel. De igual forma, cuando Yeshúa dijo "Haced esto en memoria mía", invitó a sus discípulos a proclamar su muerte como un acto con implicaciones escatológicas: **recordar su sacrificio ante Dios**, suplicando que, por el mérito de su sufrimiento, se cumplan las promesas de redención y la llegada del Reino Mesiánico.

El artículo rechaza interpretaciones sacramentales tradicionales (como la transubstanciación) y enfatiza que el ritual del pan y el vino está enraizado en las costumbres judías de acción de gracias y bendiciones post-comida, especialmente en el contexto del **Séder de Pascua**. Además, conecta esta cena con el **Banquete Mesiánico** del fin de los tiempos, en el que los justos se sentarán con el Mesías en la Jerusalén renovada.

Finalmente, el autor concluye que este acto es una oración visual y física que suplica a Dios que **recuerde la muerte del Mesías** y actúe conforme a las promesas de redención, justicia y paz. La Última Cena, entonces, **no es sólo un recuerdo del pasado, sino una esperanza viva hacia el futuro**: la restauración de Israel, el regreso del Mesías y el establecimiento del Reino de Dios.

Banquete Mesiánico

El término "Banquete Mesiánico" se refiere al uso de los símbolos de la comida y de una comida festiva para significar la inmortalidad y las alegrías del fin de los tiempos o del más allá. Los términos «banquete escatológico» y «banquete apocalíptico» son más correctos para el fenómeno general, mientras que el término «banquete mesiánico», técnicamente hablando, se refiere principalmente a las tradiciones que hacen referencia específica a la presencia del Mesías.

Sin embargo, debido a que tales distinciones no siempre se mantienen en la literatura académica, el concepto en su conjunto será discutido aquí. En nuestra literatura, está principalmente conectado con el mundo del pensamiento apocalíptico, pero los aspectos del simbolismo están muy extendidos en el mundo antiguo. Al igual que otros motivos apocalípticos, el banquete mesiánico tiene su origen en una compleja herencia mitológica de la ANE (Antiguo Cercano Oriente) y se complementa en los períodos posteriores con paralelismos helenísticos.

¿Mando Dios un genocidio total en la Biblia?

Los «nuevos ateos» llaman «genocidio» a las órdenes de Dios de matar a los cananeos, pero una mirada más cercana al horror de la pecaminosidad de los cananeos, exhibida en la idolatría desenfrenada, el incesto, el adulterio, el sacrificio de niños, la homosexualidad y la bestialidad, revela que la razón de Dios para ordenar su muerte no fue el genocidio sino la pena capital.

Después de todo, el Antiguo Testamento ordena inequívocamente que aquellos que hacen cualquiera de estas cosas merecen morir. Además, Dios dejó claro en su conversación con Abraham sobre las ciudades cananeas de Sodoma y Gomorra que Él sabe quién se arrepentiría o no, y en el caso de esas ciudades, ni una sola persona haría caso de la advertencia e incluso la familia de Lot tuvo que ser arrancada por la fuerza de la destrucción que se avecinaba. En Levítico 18, Dios advierte a Israel que si cometen pecados similares, la tierra los «vomitará» de la misma manera. Más tarde, cuando Israel desobedece a Dios y permite que los cananeos sigan viviendo entre ellos, el poder corruptor y seductor del pecado cananeo da lugar a la cananeización de Israel.

Posteriormente, Dios envió profetas para advertir a Israel de su inminente destrucción, pero no se arrepintieron y Dios dijo que se habían convertido en «como Sodoma para mí» y visitó la destrucción sobre Israel por cometer los mismos pecados. Esto revela de nuevo que el motivo de Dios no es el genocidio, sino la pena capital. Que hoy cometamos pecados similares nos hace incapaces de una indignación moral apropiada contra estos pecados y, por lo tanto, acusamos a Dios de «genocidio» para justificar nuestra propia pecaminosidad.

Sobre la Parashat Pqudéy#1 – «La nube de Gloria»

En esta reflexión analizamos como la presencia de la nube de gloria de Dios a lo largo de la historia de Israel y su significado en distintos momentos clave. En Éxodo 40, la nube cubre el tabernáculo, simbolizando la culminación del Éxodo y la presencia divina en medio del pueblo. La nube aparece desde la salida de Egipto, guiando a Israel por el desierto, en el monte Sinaí como señal de la gloria de Dios, y posteriormente en el tabernáculo y el Templo de Salomón, restringiendo el acceso humano a la santidad divina.

Rambán establece una conexión entre el Sinaí y el tabernáculo, explicando que la gloria de Dios, antes visible en la montaña, ahora reside de forma oculta en el Lugar Santísimo. Sin embargo, la nube de gloria reaparece en los días del Mesías. Durante la transfiguración de Jesús, la nube lo cubre, y la voz de Dios proclama que Él es su Hijo, estableciendo un paralelo con la entrega de la Torá en el Sinaí. Finalmente, la nube ya no separa al hombre de Dios, sino que, a través del Mesías, lo acerca a Él.

Jesús y los fariseos

En este artículo se analiza la relación entre Jesús y los fariseos, destacando tanto sus desacuerdos como sus puntos en común. Jesús, como judío leal, aceptó la autoridad de la Torá y tuvo interacciones amistosas con algunos fariseos. Se enfatiza que "fariseo" no es sinónimo de "hipócrita", aunque existían hipócritas entre ellos. La enseñanza ética de Jesús tiene paralelismos en la literatura rabínica, como la regla de oro atribuida a Hillel. Sin embargo, las diferencias son notables en varios aspectos. Primero, Jesús se asociaba con "pecadores", rechazando la separación que los fariseos promovían. Segundo, en cuanto a la pureza ritual, Jesús desestimó la importancia de la pureza externa, argumentando que lo que contamina es interno. Tercero, en el tema del sábado, Jesús defendió la necesidad humana sobre los requisitos rituales, argumentando que su autoridad mesiánica redefinía la ley. Finalmente, en el tema del divorcio, Jesús se alineó más con Shammai, pero enfatizó la intención divina detrás del matrimonio, desafiando la autoridad de la legislación mosaica. En resumen, Jesús ofreció una interpretación de la ley que priorizaba los principios fundamentales sobre la tradición, corrigiendo tanto a los fariseos como a los saduceos en su comprensión de las Escrituras.