Etiqueta Abominación desoladora

Preguntas y respuestas #3 ¿Habrá un tercer templo?

Bienvenido a esta sección de preguntas y respuestas de A través de las Escrituras. Aquí examinamos cuestiones bíblicas desde una perspectiva mesiánica, reconociendo a Yeshúa de Nazaret como el Mesías de Israel y leyendo el Nuevo Testamento dentro de su contexto cultural judío, histórico y literario.

Nuestro propósito no es ofrecer respuestas simplistas ni defender conclusiones mediante textos aislados. Cada pregunta será estudiada atendiendo al contexto inmediato, al conjunto de las Escrituras, a los idiomas bíblicos y al contexto histórico en el que la Biblia esta inmerso.

Teología de la Historia en el libro de Daniel

En este artículo se aborda la teología de la historia según el libro de Daniel, destacando el control soberano de Dios sobre los eventos históricos y el destino de las naciones. Se menciona que, a lo largo de la historia, grandes civilizaciones han surgido y caído, y se plantea la pregunta sobre el propósito y la dirección de la historia. Daniel sostiene que Dios tiene un plan que se alinea con su propósito de salvación, lo que otorga sentido a los acontecimientos históricos. La narrativa incluye la caída de Babilonia y el juicio de reyes arrogantes, ilustrando cómo Dios utiliza a las naciones para cumplir su voluntad.

De la misma forma se discute el determinismo divino frente a la libertad humana, sugiriendo que, aunque Dios conoce y dirige la historia, las decisiones humanas pueden influir en el curso de los eventos. Se enfatiza que la historia avanza hacia un final, donde el reino de Dios reemplazará a los reinos terrenales, culminando en la resurrección de los justos y los injustos. La figura del "hijo del hombre" es central en este plan, simbolizando la autoridad divina que prevalecerá sobre el mal.

Finalmente, se concluye que la teología de la historia de Daniel ofrece esperanza y ánimo a los fieles, recordándoles que, a pesar de las adversidades, Dios cumplirá sus promesas y establecerá su reino eterno, lo que proporciona un sentido de propósito y dirección en medio de la incertidumbre histórica.

El significado y el cumplimiento de Daniel 9:24–27 (Las “setenta semanas”)

El pasaje de las “setenta semanas” (Daniel 9:24-27) es uno de los textos más discutidos en la academia bíblica, tanto por su complejidad literaria como por sus implicaciones teológicas y escatológicas.

Dentro de la investigación académica y teológica, existen varias posturas principales que pueden agruparse en tres grandes categorías (Aunque existen otros puntos de vista1) según el enfoque histórico y hermenéutico; el punto de vista de Antíoco, el punto de vista del dispensacionalismo clásico y el punto de vista romano— además de evaluar sus puntos fuertes y débiles.

Para la interpretación global, las preguntas clave son las siguientes:

¿Cuándo comienzan las setenta semanas?

¿Cuándo terminan las primeras siete semanas?

¿Cuándo terminan las sesenta y nueve semanas?

¿Qué ocurre a mitad de la septuagésima semana?

Las preguntas relacionadas son las siguientes:

¿son las semanas literalmente semanas de años, o son solo períodos?

¿Existen lagunas de tiempo o eventos más allá de las setenta semanas?

La respuesta a estas preguntas determinará la interpretación global del pasaje.

Sobre la abominación desoladora por Charles L. Quarles

La "abominación desoladora" mencionada por Jesús en Mateo 24 se remonta a Daniel y fue interpretada históricamente como una profanación del templo, como la de Antíoco IV. Aunque algunos la asocian con los estandartes romanos, la hipótesis más plausible que desarrolla Charles L. Quarles la vincula con los actos sacrílegos de los zelotes, quienes ocuparon y profanaron el templo antes de la destrucción de Jerusalén. Estos actos incluyeron asesinatos en el templo, el cese de sacrificios y la corrupción del sumo sacerdocio.

La señal debía ocurrir antes del sitio romano, permitiendo a los discípulos huir. Así, Mateo vincula esta profanación con el juicio divino por el rechazo de Jesús.

Visión General exegética de Mateo 24 por D.A. Carson

Mateo 24, junto con sus paralelos en Marcos 13 y Lucas 21, es uno de los pasajes más debatidos del Nuevo Testamento debido a su complejidad literaria, teológica y profética. El discurso, conocido como el "Discurso del Monte de los Olivos", aborda la destrucción del templo de Jerusalén y la segunda venida de Cristo. La dificultad central reside en cómo se relacionan estos dos eventos: algunos estudiosos los ven entrelazados simbólicamente, otros los distinguen claramente a partir del versículo 36, y otros sostienen que todo el discurso se refiere solo a la Parusía.

Carson analiza estas posturas y critica las interpretaciones que niegan la autenticidad profética del discurso o que lo fragmentan excesivamente. A su juicio, el discurso refleja cómo los discípulos asociaban el fin del templo con el fin del mundo, y Jesús responde corrigiendo esa percepción: habrá un periodo prolongado de tribulación antes de su retorno. Así, los versículos 4–28 describen las dificultades del tiempo entre su ascensión y su regreso, incluyendo la caída de Jerusalén; los versículos 29–31 anuncian su segunda venida, y el resto del discurso exhorta a la vigilancia y fidelidad mientras los creyentes esperan ese día.

En cuanto al término "inminente", Carson señala que no debe entenderse como “en cualquier segundo”, sino como “esperado con urgencia”. El NT enseña que el regreso de Cristo puede ser pronto, pero no necesariamente inmediato, y que ciertos eventos deben precederlo. Carson también descarta interpretaciones como la dispensacionalista, que separa el “rapto” de la segunda venida, por considerarla históricamente y textualmente débil.

En conclusión, Carson propone una visión equilibrada y coherente: el discurso es una unidad que trata ambos eventos (la destrucción de Jerusalén y la segunda venida), reconociendo la tensión entre lo inminente y lo aún por cumplirse. Jesús llama a sus seguidores a vivir con esperanza, vigilancia y fidelidad en medio de la espera.

La abominación desoladora

Abominación desoladora frase que aparece en el libro veterotestamentario de Daniel (11:31, 12:11 y quizá 9:27), en 1 Macabeos 1:54 y en las enseñanzas de Jesús recogidas en los evangelios sinópticos (Mateo 24:15, Marcos 13:14). La frase se refiere en Daniel y 1 Macabeos a la profanación del templo por el emperador pagano Antíoco Epífanes en 167 a.C. y en la enseñanza de Jesús a algún desastre análogo que él anticipa.