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Los Cuatro Puntos de Vista del Apocalipsis: Historia, Hermenéutica y Teología del Texto Profético

Al recorrer los cuatro enfoques del Apocalipsis —preterista, historicista, futurista e idealista—, la teología descubre no cuatro verdades distintas, sino cuatro dimensiones de una sola revelación: Jesucristo.

El preterismo nos enseña que la Palabra se cumple en la historia concreta.

El historicismo, que el Señor guía la historia hacia su fin.

El futurismo, que la promesa no ha caducado y aún esperamos su venida.

El idealismo, que todo tiempo está habitado por el sentido eterno del Verbo.

Cristo es el Alfa y la Omega de todas las interpretaciones. Su cruz ilumina el pasado, su resurrección sostiene el presente, su gloria orienta el futuro, y su amor da significado eterno al símbolo.

El Apocalipsis, leído en su unidad, es una teología de Cristo en el tiempo: el Cordero degollado desde la fundación del mundo, el Señor que reina y el Esposo que viene.

Toda exégesis desemboca en la doxología:

“Aquel que nos ama y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
y nos hizo reino y sacerdotes para Dios, su Padre,
a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.” (Ap 1:5–6)

El genero de los evangelios

¿Cuál es el género de los evangelios? Algunos dicen que los evangelios son únicos porque tratan de una persona única. Bien, eso es cierto. Los Evangelios son únicos porque tratan de una persona única, pero también, si alguien del mundo antiguo se topó con un Evangelio y no sabía nada acerca de los Evangelios y solo empezaba a leerlo, lo vería como una biografía. Una biografía era un trabajo sobre una persona real, y eso es lo que son los Evangelios.
Hubo una serie de opiniones diferentes en el siglo veinte sobre el género de los Evangelios, pero David Aune, Richard Burridge, Philip Schuler, Graham Stanton y Charles Talbert (Charles Talbert fue realmente una de las figuras fundamentales, y luego Burridge) lo argumentaron con más fuerza y más convincentemente. La mayoría de los académicos de hoy han llegado a la conclusión, a través del trabajo de estos académicos y otros, de que los Evangelios son biografías.