Preguntas y respuestas #3 ¿Habrá un tercer templo?

Bienvenido a esta sección de preguntas y respuestas de A través de las Escrituras. Aquí examinamos cuestiones bíblicas desde una perspectiva mesiánica, reconociendo a Yeshúa de Nazaret como el Mesías de Israel y leyendo el Nuevo Testamento dentro de su contexto cultural judío, histórico y literario.

Nuestro propósito no es ofrecer respuestas simplistas ni defender conclusiones mediante textos aislados. Cada pregunta será estudiada atendiendo al contexto inmediato, al conjunto de las Escrituras, a los idiomas bíblicos y al contexto histórico en el que la Biblia esta inmerso.

La pregunta tocante a tratar es la siguiente: ¿Habrá un tercer templo? antes de responder a dicha preguntar responderemos el porque se plante dicha pregunta…

¿Por qué se plantea esta pregunta?

El primer templo, construido por Salomón, fue destruido por los babilonios en el año 586 a. C. Después del exilio se levantó el segundo templo, ampliado considerablemente durante el reinado de Herodes. Este era el templo existente durante el ministerio de Yeshúa y fue destruido por los romanos en el año 70 d. C.

Desde entonces, no existe un templo judío en Jerusalén. Por ello, cuando determinados textos proféticos mencionan un templo, un altar, sacrificios o una profanación futura, surge inevitablemente la pregunta: ¿presuponen estos pasajes la construcción de un tercer templo?1

La respuesta depende en buena medida de cómo se interpreten la profecía, el lenguaje apocalíptico y la relación entre Israel, el Mesías y la presencia de Dios2.

Respuesta breve

La Biblia no declara expresamente: «Se construirá un tercer templo antes del regreso del Mesías». Sin embargo, algunos intérpretes deducen su futura construcción de pasajes como Daniel 9:27, Mateo 24:15, 2 Tesalonicenses 2:3–4 y Apocalipsis 11:1–2.

Otros consideran que estos textos se refieren al segundo templo, destruido por los romanos en el año 70 d. C., o que emplean el templo como símbolo del pueblo y de la presencia de Dios. La visión de Ezequiel 40–48 también admite distintas interpretaciones: un santuario literal futuro, una representación ideal de la restauración de Israel o una visión que alcanza su cumplimiento definitivo en el Mesías y en la nueva creación.

Por tanto, la construcción de un tercer templo es una posibilidad compatible con algunos modelos proféticos, pero no debe presentarse como una enseñanza bíblica indiscutible ni como una condición claramente establecida para el regreso de Yeshúa.3

1. El templo contemplado por Ezequiel

En Ezequiel 40–48, el profeta contempla un templo de grandes dimensiones, un sacerdocio restaurado, sacrificios, una nueva distribución de la tierra y un río que comunica vida a todo lo que alcanza.

Esta extensa descripción ha producido al menos tres interpretaciones principales.

Un templo literal futuro

Muchos intérpretes premileniales, especialmente dispensacionalistas, entienden que Ezequiel describe un templo físico que será construido durante el futuro Reino mesiánico4. Las dimensiones, las cámaras, el altar, los sacerdotes y los sacrificios se toman como elementos concretos de un santuario todavía futuro.

Desde esta perspectiva, los sacrificios no competirían con la obra expiatoria de Yeshúa, sino que funcionarían como memoriales de ella, de manera comparable —aunque no idéntica— a la función conmemorativa de la Cena del Señor.

Algunos intérpretes futuristas distinguen entre el santuario que sería profanado antes del regreso del Mesías y el templo descrito por Ezequiel, que funcionaría durante el Reino milenial. Por tanto, aun dentro del futurismo no siempre se considera que todos los pasajes proféticos hablen del mismo edificio.

Dificultades de esta interpretación

Esta explicación, sin embargo, plantea una dificultad importante: Ezequiel no describe los sacrificios solamente como memoriales, sino que emplea el vocabulario habitual de expiación y purificación. Por eso, no basta con afirmar que serán conmemorativos; esa conclusión debe demostrarse a partir del texto y de su relación con la enseñanza de Hebreos sobre el sacrificio definitivo del Mesías.

Los sacrificios no son la única dificultad de interpretar Ezequiel 40–48 como el plano arquitectónico de un templo futuro. La visión también presenta diferencias importantes respecto de las instituciones establecidas en la Torá y respecto de la geografía histórica de Jerusalén.

En primer lugar, el santuario descrito por Ezequiel no contiene algunos de los elementos más característicos del tabernáculo y de los templos anteriores. No se mencionan el arca del pacto, el velo, el candelabro, la mesa de los panes de la proposición ni el altar del incienso. Tampoco aparece un sumo sacerdote desempeñando las funciones descritas en Levítico. Estas ausencias resultan difíciles de explicar si Ezequiel pretendía proporcionar simplemente el plano de un santuario que restauraría literalmente el sistema anterior.

En segundo lugar, la organización sacerdotal presenta diferencias significativas. Los descendientes de Sadoc reciben una función privilegiada (Ezequiel 44:15–16), mientras que otros levitas quedan limitados a tareas secundarias por causa de su infidelidad (Ezequiel 44:10–14). La visión también introduce la figura del «príncipe», quien recibe territorio, ofrece sacrificios y tiene descendientes (Ezequiel 45:7–17; 46:16–18). Esto plantea la pregunta de quién es este príncipe. Su participación en una ofrenda por el pecado (Ezequiel 45:22) y la posibilidad de tener hijos hacen difícil identificarlo directamente con el Mesías glorificado.

En tercer lugar, las dimensiones del complejo y la nueva distribución territorial descritas por el profeta parecen requerir una transformación radical de la geografía. El santuario se encuentra dentro de una extensa porción sagrada (Ezequiel 45:1–6), mientras que las tribus reciben franjas paralelas de territorio (Ezequiel 48:1–29). Esta distribución no corresponde a la geografía histórica de Israel ni a los antiguos límites tribales. Además, el río que nace debajo del templo transforma el Arabá y sana las aguas del mar Muerto (Ezequiel 47:1–12). Una lectura completamente literal tendría que explicar cómo se producirá esta reorganización geográfica.

Finalmente, el desarrollo posterior de la revelación bíblica parece conducir la imagen del templo hacia una realidad más amplia. Yeshúa identifica su propio cuerpo con el templo (Juan 2:19–21); la comunidad mesiánica es presentada como un santuario habitado por el Espíritu (Efesios 2:19–22); y la nueva Jerusalén no contiene un templo separado, porque Dios y el Cordero son su templo (Apocalipsis 21:22).

Esto produce una tensión para la interpretación futurista: si la trayectoria bíblica avanza desde el santuario físico hacia la presencia de Dios manifestada en el Mesías, extendida a su pueblo y consumada en la nueva creación, ¿por qué habría de regresar el Reino mesiánico a un sistema centralizado en un edificio, con sacerdocio levítico y separaciones rituales?

Estas dificultades no demuestran por sí solas que nunca pueda construirse otro templo. Sí muestran que no resulta sencillo identificar el templo de Ezequiel con un tercer edificio literal. La visión podría utilizar las categorías sacerdotales conocidas por el profeta para representar una realidad futura mucho mayor: el regreso de Dios, la restauración de su pueblo, la transformación de la creación y la presencia divina extendida finalmente por toda la tierra.

Una visión ideal de la restauración

Otros intérpretes consideran que Ezequiel presenta mediante lenguaje sacerdotal y arquitectónico la restauración completa de Israel después del juicio y el exilio.

El centro de la visión no sería la arquitectura en sí misma, sino el regreso de la gloria divina:

«Y la gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba al oriente» (Ezequiel 43:4).

La visión concluye con un nombre profundamente significativo para la ciudad:

«Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-sama» —«El Señor está allí»— (Ezequiel 48:35).

Desde esta interpretación, el propósito principal de los capítulos 40–48 es asegurar a los desterrados que Dios volverá a habitar en medio de su pueblo.

Dificultades de esta interpretación

Resulta difícil determinar qué significa exactamente que la visión sea «ideal». Si se refiere solamente a la restauración posterior al exilio, el segundo templo nunca correspondió plenamente a la descripción de Ezequiel: la tierra no fue distribuida nuevamente entre las doce tribus, la gloria divina no regresó de la manera descrita y el río vivificador no transformó el mar Muerto. Si se refiere a una restauración todavía futura, debe explicarse qué elementos tendrán un cumplimiento histórico y cuáles funcionan como símbolos.

Además, existe el riesgo de reducir promesas concretas hechas a Israel a principios generales como santidad, justicia y presencia divina. La visión menciona expresamente a Israel, las doce tribus, los levitas, los descendientes de Sadoc y una tierra restaurada. Una interpretación ideal debe respetar estos elementos y evitar separar la esperanza espiritual de la restauración histórica del pueblo al que fue dirigida la profecía.

Finalmente, esta lectura no resuelve por sí sola cómo se relaciona la visión con Yeshúa y el Nuevo Pacto. Aunque explica bien su significado para los exiliados, debe integrarse con la enseñanza del Nuevo Testamento, donde Yeshúa es presentado como el verdadero templo y la presencia de Dios se extiende a la comunidad mesiánica y, finalmente, a toda la nueva creación.

Por tanto, la interpretación ideal destaca acertadamente el mensaje de santidad, restauración y presencia divina, pero necesita explicar el propósito de los numerosos detalles concretos, la falta de un cumplimiento completo después del exilio y la relación de las promesas hechas a Israel con su desarrollo posterior en el Mesías.

Una visión que culmina en el Mesías y la nueva creación

Una tercera interpretación lee el templo de Ezequiel dentro del desarrollo de toda la historia bíblica. El regreso de la presencia divina comienza a cumplirse en Yeshúa, quien es presentado como el verdadero lugar de encuentro entre Dios y la humanidad:

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré» (Juan 2:19).

Juan aclara que Yeshúa hablaba «del templo de su cuerpo» (Juan 2:21). La presencia divina se manifiesta en él y, mediante el Espíritu, se extiende a la comunidad mesiánica (1 Corintios 3:16; Efesios 2:19–22).

La imagen del río de Ezequiel reaparece finalmente en Apocalipsis 22:1–2. Sin embargo, en la nueva Jerusalén ya no se encuentra un edificio sagrado separado:

«Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero» (Apocalipsis 21:22).

G. K. Beale sostiene que esta trayectoria conduce desde el santuario de Israel hasta el Mesías, su pueblo y, finalmente, la nueva creación llena de la presencia de Dios (véase por ejemplo: El Templo escatológico – G.K. Beale).5 Esto no convierte el templo histórico en algo insignificante; muestra que su función encuentra una expansión y consumación mayores en el Mesías.

Añadiría al final de esa sección este apartado para evaluar también sus dificultades:

Dificultades de esta interpretación

Esta lectura también plantea varios problemas. En primer lugar, debe explicar por qué Ezequiel ofrece tantos detalles concretos sobre las dimensiones del santuario, las cámaras, el altar, el sacerdocio, los sacrificios y la distribución de la tierra. Una interpretación exclusivamente simbólica podría dar la impresión de que estos elementos no tienen un significado propio dentro de la esperanza de restauración anunciada a Israel.

En segundo lugar, la visión menciona expresamente a las doce tribus, los descendientes de Sadoc, los levitas y un príncipe que gobierna dentro de una tierra restaurada. Por tanto, no resulta suficiente trasladar inmediatamente todas estas imágenes a la comunidad de creyentes sin considerar primero lo que significaban para los exiliados israelitas y cómo se relacionan con las promesas históricas hechas a Israel.

También existe el peligro de confundir distintas etapas del cumplimiento. Que Yeshúa sea el verdadero templo y que la nueva Jerusalén no necesite un santuario no demuestra necesariamente que nunca pueda existir un templo físico anterior a la consumación. Algunos intérpretes sostienen que Ezequiel podría describir una etapa intermedia del Reino mesiánico, mientras que Apocalipsis 21–22 describe el estado definitivo de la nueva creación.

Finalmente, esta interpretación debe evitar convertir el cumplimiento mesiánico en una sustitución de Israel. El Nuevo Testamento amplía el lenguaje del templo para incluir al Mesías y a la comunidad habitada por el Espíritu, pero esto no significa que las promesas de restauración hechas a Israel carezcan de importancia histórica. El desafío consiste en afirmar que la visión culmina en Yeshúa y en la nueva creación sin borrar su contexto israelita ni reducir todos sus detalles a símbolos de la Iglesia.

Por tanto, esta lectura posee una fuerte coherencia dentro del desarrollo bíblico del tema del templo, pero debe demostrar cuidadosamente cómo las promesas concretas de Ezequiel encuentran su cumplimiento y expansión en el Mesías. No basta con llamar «simbólica» a la visión; es necesario explicar la función de sus detalles y mantener unidas la restauración de Israel, la incorporación de las naciones y la consumación universal de la presencia de Dios.

2. La «abominación desoladora» de Daniel

Daniel 9:27 anuncia la interrupción del sacrificio y la ofrenda, junto con la aparición de una abominación desoladora. Expresiones semejantes aparecen en Daniel 11:31 y Daniel 12:11.

Estas profecías tuvieron un cumplimiento histórico reconocible cuando Antíoco IV Epífanes profanó el templo de Jerusalén en el siglo II a. C. No obstante, Yeshúa empleó posteriormente el mismo lenguaje al hablar de acontecimientos que todavía eran futuros para sus discípulos:

«Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel…» (Mateo 24:15).

Esto muestra que un acontecimiento histórico podía convertirse en modelo de una profanación posterior.

Muchos relacionan las palabras de Yeshúa con la destrucción del segundo templo en el año 70 d. C. Lucas 21:20, en el pasaje paralelo, habla de Jerusalén rodeada de ejércitos y afirma que «su destrucción ha llegado». Esta formulación favorece una relación directa con la caída histórica de Jerusalén (véase por ejemplo: Sobre la abominación desoladora por Charles L. Quarles).

Otros consideran que ese acontecimiento fue una anticipación de una profanación final todavía futura. Esta segunda interpretación podría implicar la existencia de un nuevo santuario, pero el texto no describe explícitamente su construcción.

3. El templo en el discurso de Yeshúa

El discurso de Mateo 24 comienza cuando los discípulos muestran a Yeshúa los edificios del templo. Él responde:

«No quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada» (Mateo 24:2).

El referente inmediato es, por tanto, el segundo templo. Su destrucción en el año 70 d. C. constituye un cumplimiento evidente de esta predicción.

La dificultad consiste en determinar si todo el discurso se refiere exclusivamente a la caída de Jerusalén o si Yeshúa combina ese acontecimiento con la consumación futura. Es posible que la destrucción del templo funcione como una anticipación histórica del juicio final, de manera que el discurso contemple un horizonte próximo y otro definitivo.

R. T. France interpreta la «abominación desoladora» principalmente dentro de los acontecimientos que rodearon la caída de Jerusalén, aunque reconoce que el discurso conduce finalmente a la venida del Hijo del Hombre y al juicio (véase también La vindicación y entronización del Hijo del Hombre).6 Otros intérpretes futuristas consideran que Mateo 24:15 tendrá un cumplimiento final en un santuario reconstruido.

En cualquier caso, Mateo 24 no contiene una predicción explícita de la construcción de un tercer templo. Esa conclusión aparece al combinar este pasaje con otros textos proféticos.

4. El «templo de Dios» en 2 Tesalonicenses

Uno de los argumentos más importantes a favor de un templo futuro procede de 2 Tesalonicenses 2:3–4. Pablo anuncia la aparición del «hombre de pecado» o «hombre de iniquidad», quien:

«se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios».

El término griego empleado es naós, que normalmente designa el santuario o recinto sagrado propiamente dicho, no todo el complejo del templo.

Se han propuesto varias interpretaciones:

  1. Un templo literal futuro en Jerusalén. El hombre de iniquidad profanaría un santuario reconstruido antes de la venida del Mesías.
  2. El segundo templo todavía existente cuando Pablo escribió. Pablo podría estar empleando el lenguaje de Daniel y las profanaciones históricas para describir una oposición culminante contra Dios, sin estar ofreciendo un programa arquitectónico futuro.
  3. La comunidad de Dios como templo. En otras cartas, Pablo llama «templo de Dios» a la comunidad de creyentes (1 Corintios 3:16–17; 2 Corintios 6:16). Según esta lectura, el pasaje podría describir una usurpación espiritual dentro del pueblo de Dios.

La primera interpretación es posible y constituye uno de los argumentos más fuertes a favor de un templo futuro. Sin embargo, no es la única lectura compatible con el vocabulario paulino. Además, Pablo centra su enseñanza en la rebelión contra Dios y en la derrota del inicuo por Yeshúa, no en la reconstrucción del edificio:

«A quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida» (2 Tesalonicenses 2:8).

5. El templo de Apocalipsis 11

En Apocalipsis 11:1–2, Juan recibe una caña y la orden de medir «el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él». El patio exterior queda fuera de la medición y es entregado a las naciones.

Los intérpretes futuristas suelen ver aquí un templo literal que existirá durante la tribulación. La mención del altar, los adoradores, la ciudad santa y las naciones parece favorecer una localización concreta en Jerusalén.

Otros observan que Apocalipsis emplea constantemente imágenes simbólicas. La medición puede representar la preservación del pueblo de Dios en medio de la persecución, siguiendo antecedentes como Ezequiel 40–48 y Zacarías 2:1–5.

G. K. Beale entiende el templo de Apocalipsis 11 como una imagen de la comunidad creyente protegida espiritualmente por Dios, aunque expuesta al sufrimiento físico.7 Otros comentaristas consideran que se trata de un santuario literal futuro. La naturaleza apocalíptica del pasaje exige evitar conclusiones demasiado categóricas.

6. ¿Requiere el regreso de Yeshúa un tercer templo?

Ningún texto bíblico declara expresamente que Yeshúa no pueda regresar hasta que se haya construido un tercer templo. Tampoco se ordena a los discípulos vigilar los planes de construcción como señal indispensable de su venida.

Un templo futuro podría encajar dentro de una interpretación literal de 2 Tesalonicenses 2:4 y Apocalipsis 11:1–2. Pero afirmar que su construcción es posible no equivale a afirmar que la Biblia la establece indiscutiblemente.

El texto más utilizado para relacionar el Reino mesiánico con las fiestas bíblicas es Zacarías 14:16–19. Después de describir la intervención de Dios, su reinado sobre toda la tierra y la liberación de Jerusalén, el profeta declara:

«Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos» (Zacarías 14:16).

Las naciones que se nieguen a subir no recibirán lluvia (Zacarías 14:17–19). Para la interpretación premilenial futurista, este pasaje describe condiciones posteriores al regreso del Mesías: Jerusalén permanece como centro de adoración, las naciones reconocen el reinado divino y celebran Sucot o la Fiesta de los Tabernáculos8.

Esta fiesta resulta especialmente apropiada para expresar la esperanza mesiánica. Sucot conmemora que Dios habitó con Israel en el desierto, celebra la cosecha y anticipa la reunión gozosa del pueblo delante de Dios. En una visión profética, su celebración por las naciones puede representar que la presencia y el reinado de Dios han alcanzado finalmente a todos los pueblos.9

Otros textos proféticos parecen describir a las naciones acudiendo a Jerusalén para adorar a Dios. Isaías 2:2–3 anuncia:

«Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes […] y correrán a él todas las naciones».10

Las naciones suben al monte de Dios para recibir su instrucción, y desde Sion salen la Torá y la palabra del Señor.11

¿Demuestran estos textos que habrá un templo milenial?

Estos pasajes fortalecen la posibilidad de un futuro Reino mesiánico relacionado con Jerusalén, Israel, las naciones y la adoración. Sin embargo, no todos mencionan expresamente un edificio. Zacarías 14, por ejemplo, habla de subir a Jerusalén para adorar al Rey y celebrar Sucot, pero no describe la construcción de un nuevo templo.

Asimismo, Apocalipsis 20:1–6 menciona el reinado de mil años, pero no habla de un templo, sacrificios, sacerdotes ni fiestas. La identificación del templo de Ezequiel con el milenio surge al combinar dos pasajes que no se conectan explícitamente entre sí.

También es posible interpretar el lenguaje profético de manera tipológica. Las naciones que suben a Jerusalén pueden representar su incorporación al Reino de Dios; Sion puede representar el centro del reinado mesiánico; y la celebración de Sucot puede simbolizar la presencia de Dios habitando con la humanidad. Esta trayectoria culmina en Apocalipsis 21:3:

«He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos».12

Por tanto, los profetas anuncian con claridad que las naciones reconocerán al Dios de Israel, recibirán su instrucción y participarán de la adoración mesiánica. Lo discutible es si estas promesas exigen un templo físico durante un milenio futuro o si utilizan el lenguaje de Jerusalén, el templo y las fiestas para describir la expansión universal del Reino.

Conviene distinguir entre tres niveles:

  1. Lo que el texto dice: menciona templos, sacrificios, profanaciones y una oposición final contra Dios.
  2. Lo que puede inferirse: algunos de esos acontecimientos podrían requerir un santuario físico futuro.
  3. Lo que el texto no especifica: cuándo se construiría, quién lo construiría, cómo sería y si constituye una condición previa para el regreso del Mesías.

7. ¿Qué significaría teológicamente un templo reconstruido?

La eventual construcción de un templo tendría una enorme importancia histórica y religiosa, pero no alteraría la suficiencia de la obra de Yeshúa.

El Nuevo Testamento presenta su sacrificio como definitivo:

«Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios» (Hebreos 10:12).

La construcción de un edificio no podría añadir nada a su expiación ni crear un camino alternativo de salvación. Tampoco demostraría automáticamente que todas las interpretaciones proféticas relacionadas con ese edificio fueran correctas.

Al mismo tiempo, el carácter definitivo del sacrificio de Yeshúa no permite despreciar el templo histórico ni su importancia para Israel. El templo ocupa un lugar central en la historia bíblica porque expresa la santidad, el reinado y la presencia de Dios. Precisamente por eso, el Nuevo Testamento utiliza su lenguaje para explicar la identidad y la obra del Mesías.

Conclusión

¿Habrá un tercer templo? Es posible, pero no puede afirmarse con absoluta certeza a partir de los textos bíblicos.13

La interpretación futurista encuentra argumentos importantes en Ezequiel 40–48, Mateo 24:15, 2 Tesalonicenses 2:4 y Apocalipsis 11:1–2. No obstante, cada uno de estos pasajes admite otras interpretaciones fundamentadas en su contexto histórico, literario y teológico.

Nuestra conclusión debe ser, por tanto, prudente:

  • La Biblia contempla la profanación del santuario como una imagen histórica y profética de la rebelión contra Dios (ya sea a futuro o desde una postura preterista).
  • Algunos textos pueden presuponer (o que uno pueda pensar e inferir) un templo físico futuro, pero ninguno describe expresamente su construcción.
  • La destrucción del segundo templo en el año 70 d. C. constituye un referente fundamental para interpretar las palabras de Yeshúa.
  • El templo de Ezequiel también puede entenderse dentro de la trayectoria que conduce hacia el Mesías, la comunidad habitada por el Espíritu y la nueva creación.
  • Si se construyera otro templo, este no reemplazaría ni completaría el sacrificio definitivo de Yeshúa.
  • La esperanza bíblica definitiva no se concentra en un edificio, sino en el día cuando Dios habitará plenamente con su pueblo.

La historia bíblica termina, significativamente, no con la humanidad visitando un santuario aislado, sino con toda la creación llena de la presencia de Dios:

«He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos» (Apocalipsis 21:3).


Bibliografía

  • G. K. Beale, The Temple and the Church’s Mission: A Biblical Theology of the Dwelling Place of God (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2004), especialmente 335–364.
  • R. T. France, The Gospel of Matthew, New International Commentary on the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 2007).
  • G. K. Beale, The Book of Revelation: A Commentary on the Greek Text, New International Greek Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 1999), comentario a Apocalipsis.
  • Daniel I. Block, The Book of Ezekiel: Chapters 25–48, New International Commentary on the Old Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1998), comentario a Ezequiel 40–48.
  • Gene L. Green, The Letters to the Thessalonians, Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 2002), comentario a 2 Tesalonicenses 2:3–4.
  • Mark J. Boda, The Book of Zechariah, NICOT (Grand Rapids: Eerdmans, 2016), comentario a Zacarías 14:16–21. Analiza la peregrinación de las naciones, la celebración de Sucot y la santidad universal anunciada al final del libro.
  • John N. Oswalt, The Book of Isaiah: Chapters 40–66, NICOT (Grand Rapids: Eerdmans, 1998), comentarios a Isaías 56:6–8 y 66:18–24. Examina la incorporación de los extranjeros y la adoración universal.
  • Robert L. Thomas, Revelation 8–22: An Exegetical Commentary (Chicago: Moody Press, 1995), comentario a Apocalipsis 20:1–6. Presenta una interpretación premilenial y futurista del reinado de mil años.

  1. Daniel 9:27 menciona la interrupción del sacrificio, Mateo 24:15 un «lugar santo», 2 Tesalonicenses 2:4 el «templo de Dios» y Apocalipsis 11:1–2 un templo con altar y adoradores. Ninguno de estos textos describe el proceso de construcción. La existencia de un tercer templo se deduce al considerar que todos hablan de acontecimientos futuros y de un santuario físico. ↩︎
  2. También esta relacionado con la escatología Bíblica y la forma de interpretar el Milenio (Para mas info ver: Sobre el milenio, y mas exhaustivamente cada postura: Posmilenialismo, Amilenialismo, Premilenialismo). ↩︎
  3. Entendemos que este tema es muy amplio y requiere un análisis cuidadoso y detallado de cada una de las referencias directas e indirectas en todo el canon, por tanto nuestras respuestas son una perspectiva muy resumida de algunas posturas principales y una conclusión que queda abierta para el estudio de cada postura y decisión personal. ↩︎
  4. La identificación del templo de Ezequiel 40–48 con el milenio depende de relacionar esta visión con Apocalipsis 20:1–6. Ezequiel no habla de un período de mil años y Apocalipsis 20 no menciona templo, sacerdocio, sacrificios ni fiestas. La conexión puede formar parte de una síntesis escatológica coherente, pero no se establece explícitamente en ninguno de los dos pasajes. ↩︎
  5. G. K. Beale, The Temple and the Church’s Mission: A Biblical Theology of the Dwelling Place of God (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2004), especialmente 335–364. Beale estudia la visión de Ezequiel y su desarrollo posterior en el Nuevo Testamento. Véase también G. K. Beale y Mitchell Kim, “The Temple”. ↩︎
  6. . T. France, The Gospel of Matthew, New International Commentary on the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 2007), comentario a Mateo 24:15–22. France relaciona principalmente la advertencia de Yeshúa con la crisis de Jerusalén y la destrucción del templo. ↩︎
  7. G. K. Beale, The Book of Revelation: A Commentary on the Greek Text, New International Greek Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 1999), comentario a Apocalipsis 11:1–2. Beale interpreta la medición del santuario como una representación simbólica de la preservación espiritual del pueblo de Dios. ↩︎
  8. Sucot recuerda que Dios hizo habitar a Israel en cabañas después del éxodo (Levítico 23:42–43) y también celebra la recolección de los frutos al final del año agrícola (Éxodo 23:16). En Zacarías 14:16–19, estas dos ideas —presencia divina y cosecha— se amplían para incluir a las naciones que reconocen al Rey. La fiesta se convierte así en una imagen apropiada de la reunión universal bajo el reinado de Dios. ↩︎
  9. Los intérpretes premileniales suelen entender que las naciones celebrarán literalmente Sucot en Jerusalén durante el Reino mesiánico. Otros consideran que Zacarías utiliza las instituciones conocidas por Israel para describir una realidad escatológica: las naciones abandonan la idolatría, reconocen al Dios de Israel y participan de su adoración. La mención de la fiesta, por sí sola, no permite decidir definitivamente entre ambas lecturas. ↩︎
  10. Aunque Isaías 2:2–4, Isaías 56:6–7, Isaías 66:20–23 y Zacarías 14:16–19 presentan a las naciones relacionadas con Jerusalén y la adoración, no todos describen la construcción de un nuevo edificio. Es necesario distinguir entre la centralidad profética de Sion, la adoración universal y la afirmación específica de un tercer templo. ↩︎
  11. La palabra traducida como «ley» en Isaías 2:3 es el término hebreo Torá, cuyo sentido fundamental es «instrucción». El texto no presenta a las naciones intentando obtener justificación mediante las obras, sino acudiendo al Dios de Israel para aprender sus caminos. Sion aparece como el centro desde el cual el reinado y la enseñanza divina alcanzan a los pueblos. ↩︎
  12. Existe una relación temática entre Sucot y Apocalipsis 21:3. La palabra griega traducida como «tabernáculo» es skēnḗ, y el verbo «morará» es skēnóō, relacionado con la acción de colocar una tienda o tabernáculo. La esperanza de que Dios habite con su pueblo alcanza aquí una dimensión universal y permanente. ↩︎
  13. Afirmar que los profetas anuncian la restauración de Israel, el reinado del Mesías y la adoración de las naciones no obliga automáticamente a aceptar una reconstrucción literal de cada institución descrita. Tampoco una interpretación tipológica debe convertir esas promesas en referencias vagas sin relación con Israel. La discusión consiste en determinar la forma de su cumplimiento, no en negar las promesas. ↩︎
Daniel López
Daniel López

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad 2 Timoteo 2:15

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