
Sobre la Parashat Matot «El fracaso de Rubén y Gad»
En esta semana estamos estudiando la Parashat 42 Matot se encuentra en: Números 30:2-32:42:9 — Matot (מַטּוֹת) significa: «Bastones de».
«La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.» — Salmo 119:130
«La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.» — Salmo 119:130

En esta semana estamos estudiando la Parashat 42 Matot se encuentra en: Números 30:2-32:42:9 — Matot (מַטּוֹת) significa: «Bastones de».

La "abominación desoladora" mencionada por Jesús en Mateo 24 se remonta a Daniel y fue interpretada históricamente como una profanación del templo, como la de Antíoco IV. Aunque algunos la asocian con los estandartes romanos, la hipótesis más plausible que desarrolla Charles L. Quarles la vincula con los actos sacrílegos de los zelotes, quienes ocuparon y profanaron el templo antes de la destrucción de Jerusalén. Estos actos incluyeron asesinatos en el templo, el cese de sacrificios y la corrupción del sumo sacerdocio.
La señal debía ocurrir antes del sitio romano, permitiendo a los discípulos huir. Así, Mateo vincula esta profanación con el juicio divino por el rechazo de Jesús.

Mateo, un judío cristiano del siglo I, escribió su evangelio para una audiencia similar, interpretando Oseas 11:1 como una promesa de un nuevo éxodo encabezado por el Mesías. Esta idea coincidía con las expectativas del judaísmo de la época, que veía la historia como cíclica y esperaba que el Mesías repitiera la obra de Moisés. Textos rabínicos sostenían que la redención futura sería similar al éxodo de Egipto, incluyendo milagros como el maná, el agua del desierto y la liberación en la Pascua. El aforismo «Como el primer redentor, así será el último redentor» resumía esta creencia. Mateo refleja estas ideas al presentar a Jesús como el nuevo Moisés y el redentor final.

En esta semana estamos estudiando la Parashat 42 Balaq se encuentra en: Números 22:2-25:9 — Balaq (בָּלָק) significa: «Balaam».

En este artículo se aborda las diferentes expectativas judías sobre el Mesías y el fin de los tiempos, mencionando la figura del Mesías, que se presenta en diversas tradiciones. Se discuten las guerras del Mesías, la restauración de Israel y la nueva Jerusalén, que será purificada y transformada. Las visiones apocalípticas de los judíos, aunque figurativas, reflejan un deseo de redención y justicia. Se menciona la resurrección de los muertos y el juicio final, donde los justos y los pecadores recibirán su recompensa o castigo.
Finalmente, se destaca la diferencia entre las enseñanzas apocalípticas de los escritos pseudoepigráficos y las del Nuevo Testamento, así como las divergencias en la concepción del reino del Mesías, que se presenta como eterno en los textos apócrifos, en contraste con las visiones más variadas de la tradición rabínica.

En este video reflexionamos en las palabras de Herman Bavinck sobre el bien supremo del hombre quien es Dios mismo, quien, sabemos que a diferencia de otras criaturas, el hombre tiene la capacidad de reconocer y buscar este bien.
Aunque el hombre comparte características con animales y plantas, su naturaleza espiritual y su creación a imagen de Dios le permiten aspirar a bienes eternos y celestiales. A pesar de la caída y la pérdida de atributos divinos, el hombre conserva un anhelo por lo eterno, lo que lo lleva a buscar satisfacción en cosas que no pueden colmar su necesidad espiritual.
Los placeres sensuales, la ciencia, el arte y la cultura no pueden completamente satisfacer al ser humano. Aunque estos aspectos son valiosos, no pueden llenar el vacío que deja la desconexión con Dios. La ciencia y la filosofía, si se separan de la sabiduría divina, se convierten en vanas y no logran resolver los enigmas de la existencia. El arte, aunque evoca belleza y armonía, no puede reconciliar al hombre con su pecado ni ofrecerle la salvación. Finalmente, se concluye que el corazón del hombre fue creado para Dios y solo encontrará descanso en Él.
La búsqueda de Dios es inherente al ser humano, aunque a menudo se dirija hacia lo material y temporal. La verdadera satisfacción y comprensión de la naturaleza humana solo se encuentran en la relación con Dios, quien revela tanto la grandeza como la miseria del hombre.