El nombre del Mesías

Muchas especulaciones, conjeturas o en el mejor de los casos, información muy dispersa se puede encontrar a la hora de responder a la pregunta,

¿Cuál era el verdadero nombre del Mesías de Yisra’el?

A decir verdad, hoy existe suficiente material lingüístico y arqueológico que permite responder clara, concisa y objetivamente a tal pregunta. Sin embargo no se puede dejar de lado, el mal uso que algunos pudieran llegar a darle a esta información, como es el hecho registrado de quienes consideran inadecuado todo nombre diferente al encontrado o “revelado”  -asunto que es totalmente inaceptable- y los sectarios y místicos que llegan a conclusiones casi que esotéricas sobre nombres y letras etc., actos igualmente  repudiables.

Por otra parte, se registra el inconveniente inusitado de la edición en español de libros escritos originalmente ya sea en alemán o en inglés, cuya versión en realidad queda insuficiente en términos de precisión en lo referente a nombres Bíblicos. Esto ha producido el uso de grafías incorrectas, transliteraciones imprecisas o transcripciones inapropiadas. Si bien no existe de manera oficial un sistema estándar para la transliteración o transcripción fonética del hebreo al español, recientemente la RAE ha consolidado algunas convenciones generales las cuales aunque básicas -y en cierto grado, suficientes-, siguen siendo ignoradas por los editores contemporáneos. Así que este material pretende ser o bien la confirmación de las buenas fuentes que usted apreciado lector  ha podido disfrutar, o bien la estandarización y normalización de los muchos datos que pudieran estar dispersos entre sus libros o materiales. Para comenzar partamos de los siguientes hechos:

1)    Una cosa es la transliteración de grafías y otra diferente es la transcripción fonética. La primera consiste en ofrecer un signo gráfico en una lengua de llegada, a un carácter de otro alfabeto perteneciente a la lengua en transliteración. A veces, se recurre a signos especiales para suplir la carencia de signos oficialmente utilizados en una lengua y lograr así un mejor resultado. Sin embargo este ejercicio, a veces no orienta en nada la pronunciación de dicho carácter en su lengua original y para ello se requiere de la transcripción fonética, que es técnicamente, la guía o precisión acerca de la pronunciación. Por ejemplo, al transliterar la letra rusa ж como ž, ignoramos cómo suena realmente en Ruso, y por eso, su transcripción fonética es ʤ, que indica que es una fricativa palatal sonora, o sea como la G de Gina en italiano, sonido cercano a la “Y” con un zumbido a bordo. De todas maneras, en la antigüedad se registran los primeros intentos de trasliteración, sólo que obviamente, primitivos e inacabados.

2)    La lengua históricamente oficial del pueblo de Jesús, el pueblo judío, es el hebreo.

3)    La lengua hebrea experimentó un cambio de alfabeto o sistema de escritura alrededor del siglo cuarto A.P.V.M. y ciertas estandarizaciones fonéticas en el siglo séptimo D.P.V.M. Dentro de estos cambios, resultaron dos formas de ortografía: La denominada כתיב מלא (Ktiv Malé’, ortografía plena) y כתיב חסר (Ktiv Jaser, ortografía defectiva). El asunto consiste en que antiguamente el hebreo no poseía vocales escritas, y para brindar alguna orientación acerca de la presencia de las mismas, se recurría a ciertas consonantes que por su implicación fonética, podían servir de alguna manera como vocales. Sin embargo, era posible no usar o usar muy poco tales consonantes y de ahí que resultara a veces un poco más complicado leer las palabras; por ejemplo: Si español escribiésemos al modo que lo hacían antiguamente los hebreos, la palabra ventilador, sería VYNTYLDWR en escritura plena y VNTLDR en escritura defectiva. Por eso es posible encontrar al menos dos ortografías para un mismo nombre aunque la pronunciación sea la misma. Una broma judía, suele ser: “En hebreo puedes escribir Noé de siete formas diferentes”.

4)    El arameo, aunque fue la lengua adoptada por muchos judíos desde el retorno de la cautividad en Babilonia, y que de hecho fue la lengua popular sobre todo en el siglo primero D.P.V.M., respetó los nombres propios judíos y en lo posible, los extranjeros dentro de las limitaciones de su alfabeto.

5)    El griego, siendo el idioma internacional (lingua franca) desde el siglo tercero A.P.V.M. hasta el siglo segundo D.P.V.M, también procuró en lo posible conservar la versión original de los nombres judíos dentro de las limitaciones de su alfabeto cuando intentaba reproducirlos. Raras veces se atestigua una real Helenización.

6)    El griego carece de los siguientes fonemas típicos de las lenguas semíticas (Se ha acudido para su descripción, al Alfabeto Fonético Internacional, AFI): H semi-aspirada (AFI: ɦ), H aspirada (AFI: h), Y Fricativa (AFI: ʎ), Pausa gutural suave (AFI: ’), Pausa gutural fuerte (AFI: ‘), S africada dental sorda (AFI: ts), S silbante dental sorda (AFI: ʇ), S silbante africada  sorda (AFI: ʃ).

Con los hechos mencionados anteriormente, se procede a analizar lo que sucedió con el nombre del Mesías para que hoy en español exista bajo la forma de “Jesús”.

El texto griego del Nuevo testamento, desde el primer verso del primer evangelio, Mateo, registra el nombre del Mesías con la grafía griega Ίησους. La transliteración de estos caracteres al español resulta en: ’Iësûs (Transcripción Fonética: Iesús). 

Como las primeras versiones de la Biblia en español se desarrollaron en un ambiente de investigación arqueológica y lingüística muy pobre, con poca tecnología y recursos, agregando el hecho de que el español era un idioma joven todavía (nacido en el siglo noveno), el griego Ίησους, fue vertido fonéticamente como “Jesús”, pero hay que tener en cuenta que cuando Casiodoro De Reina tradujo (año 1569), la J era una vocal en español, esto es, una i; así que al menos hasta entonces, el nombre del Mesías en español, sonaba: iesús.  Luego el español realiza una reforma fonética y el signo J pasó a ser una consonante aspirada tal como suena hoy día.

Ahora bien, al revisar la excelente concordancia de Hatch-Redpath[2], encontramos que en la septuaginta o versión de los setenta (LXX), los traductores usaron la grafía griega Ίησους (’iësûs) para varias grafías hebreas a saber

Grafía: Hebreo: Transliteración: Transcripción Fonética*: Cita Bíblica:
Plena: יְהושׁוּעַ Yěḫōšūaʻ Yehoshúaʻ Dt. 3:21
Plena moderada: יְהוֹשֻׁעַ Yěḫōšuaʻ Yehoshúaʻ Ex. 17:9
Plena con síncopa** יֵשׁוּעַ Yēšūaʻ Yeshúaʻ 2Cr. 31:15

Por consiguiente cualquiera de las grafías hebreas para el nombre del Mesías arriba presentadas, es correcta lo mismo que su trasliteración o su transcripción fonética. Si usted ha echado un vistazo a las citas bíblicas aportadas, se dará cuenta que Iesús, Yehoshúaʻ o Yeshúaʻ son entonces Jesús, Josué y Jesúa en español. ¡De manera increíble tenemos tres nombres diferentes a partir de uno solo en hebreo!

Como se señaló en la primera página de este artículo, la traducción de obras anlgosajonas o germanas en español, resulta a veces errónea en lo tocante a transcripción fonética de nombres (para el caso hebreos o griegos), ya que los editores no adaptan al español la transcripción fonética de los mismos y dejan la que los autores utilizaron en sus lenguas originales siendo que esa sólo es válida para esos idiomas; lamentablemente, en la mayoría de los casos, tampoco añaden una guía o concordancia fonética y el lector procederá a leer como mejor le parezca; por ejemplo: La palabra hebrea נֶפֶשׁ es transcrita fonéticamente en alemán como Näphäsch; en Inglés como Nephesh, pero en español lo correcto es: Néfesh. Luego cualquiera lector hispano, al ignorar este hecho, o al no contar con la guía fonética pertinente, se ve involucrado de alguna manera en un error, digamos en su propio idioma.

En razón de lo dicho, hoy vemos a quienes quizá por ignorancia osan afirmar categóricamente que el verdadero nombre del Mesías, es Yahshua o Yahoshua; pues bien,  en el mejor de los casos, se trata de la transcripción fonética del inglés para Yehoshúaʻ Yeshúaʻ ya que la “a” inglesa en ese lugar, suena “ei*”. Así el lector inglés podrá pronunciar: “Yéishua” o “Yéijoshúa” respectivamente. Entonces el latino que encuentra esto en una obra en inglés o una mala edición en español, como se señaló arriba, sin guía fonética etc., leerá de manera tosca “Yashúa” o “Yaoshua” y lo peor, es que quede convencido de que es así. Esto es, en el mejor de los casos. El peor de los casos es que alguno se atreva a afirmar que tal pronunciación es la original en hebreo y pretenda argumentarlo o sostenerlo, siendo que el nombre יְהוֹשֻׁעַ por ejemplo, está compuesto del prefijo יְהוֹ (Yeho-) que representa el nombre de Dios יהוה  YHWH, y la palabra יְשׁוּעָה yeshu’áh “salvación”; al fusionarse ambas, se produce una aféresis de la sílaba Ye y un apócope de la h en la palabra yeshu‘áh para resultar en: yeho+shu‘a convertido luego en Yehoshúa‘ esto es: “YHWH (es) Salvación”.

En conclusión, ahora que conoce las opciones correctas, usted tiene la versatilidad de usar desde Jesús, hasta Yehoshúa’ sobre todo con la certeza inmutable de que sea cual sea, Dios lo ha de escuchar. ¡Bendiciones!

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