Daniel López

Daniel López

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad 2 Timoteo 2:15

El «Reino de Dios/Cielos»

El tema del reino de Dios recorre ambos Testamentos, sirviendo de punto focal a los propósitos de Dios para la historia del mundo. Las Escrituras de Israel y el NT retratan a Dios como rey del universo, la fuerza fundamental detrás de todo lo que es y será. En hebreo, el sustantivo abstracto reino (malkhuth) deriva naturalmente del término rey (melekh מֶלֶךְ), de modo que se transmite el hecho del poder divino, real.

Las frases bíblicas «reino de Dios» así como «reino de los cielos» se centran en el papel de Dios en la configuración de la experiencia humana. Al mismo tiempo, reino en las lenguas semíticas, así como en griego (donde basileia también deriva del sustantivo de rey [basileus βασιλεύς]), puede referirse al área sobre la que se extiende el gobierno real.

El «Reino de Dios/Cielo» es un tema de gran importancia en la Biblia por dos razones principales:

Su frecuencia en los tres primeros evangelios canónicos (sinópticos) del NT.

La convicción de que se sitúa en el centro mismo del mensaje del Jesús histórico.

Su significado, que procede de un mundo de monarcas y monarquías orientales muy diferente del de las modernas democracias occidentales, ha sido interpretado de diversas maneras.

El perdón

El perdón es uno de los principios básicos de la fe cristiana, pero en realidad, su relevancia trasciende las fronteras religiosas. Independientemente de si somos cristianos o no, el perdón nos enriquece y nos humaniza.

Perdonar y reconciliarnos con nuestro ofensor requiere un esfuerzo que muchas veces preferimos evitar, pretendiendo que no sucedió nada. El problema es que el daño no desaparece y es probable que se convierta en la raíz de nuevos conflictos.

El reconocido teólogo C. S. Lewis una vez escribió:

“Todo el mundo dice que el perdón es una idea hermosa, hasta que tienen algo que perdonar”.

¡Y que cierto es!, el perdón es un acto me atrevería llamarlo divino o sobre humano, es un atributo loable que desciende del mismo trono de Dios, porque cuando perdonamos nos estamos pareciendo al mismo Dios quien nos perdona en Cristo, y como diria el Pst. MacArthur si usted quiere ver a un hombre en su mejor condición, él está en su mejor condición, en su capacidad de perdonar1.

Ahora, dejar los conflictos sin resolución por la falta de perdón está muy lejos de la naturaleza del evangelio y de la ética que deriva de su mensaje. Por eso deseo que, informados por la Palabra de Dios, podamos estar convencidos de que postergar el perdón ante una ofensa recibida es contrario a la voluntad de Dios.

Los evangelios sinópticos

El concepto de "Evangelios Sinópticos" fue introducido por J. J. Griesbach en el siglo XVIII para describir los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, debido a sus notables similitudes en contenido, estructura y tono. Estos tres Evangelios, que siguen una secuencia geográfica común en la vida de Jesús, se diferencian significativamente del Evangelio de Juan, que tiene un enfoque distinto, centrándose más en el ministerio de Jesús en Jerusalén y en discursos largos en lugar de parábolas.

La relación entre los Evangelios Sinópticos y la forma en que fueron escritos ha sido un tema de gran interés y debate entre los eruditos desde el siglo XVIII. Se han planteado varias preguntas sobre cómo se recopiló la información sobre Jesús, por qué estos Evangelios son tan similares en algunos aspectos y tan diferentes en otros, y qué papel jugaron los evangelistas en la redacción de estos textos. Desde la antigüedad, los cristianos han intentado armonizar y comprender las diferencias entre los Evangelios.

En la investigación moderna, se han desarrollado tres enfoques principales para estudiar la formación de los Evangelios Sinópticos: la Crítica Formal, que se centra en la transmisión oral de las historias y dichos de Jesús; la Crítica de las Fuentes, que analiza cómo se estructuraron las unidades literarias; y la Crítica de la Redacción, que estudia la contribución literaria y teológica de los autores de los Evangelios.

La Crítica Formal, surgida en el siglo XX, argumenta que los primeros cristianos transmitieron oralmente las historias y enseñanzas de Jesús antes de que fueran escritas en los Evangelios. Esta crítica se basa en la idea de que las historias se transmitieron en unidades independientes y que la comunidad cristiana influyó en la forma en que se contaron estas historias. Sin embargo, este enfoque ha sido criticado por subestimar el papel de los testigos oculares y la precisión con la que se habría transmitido oralmente el material, así como por su escepticismo sobre la historicidad de los Evangelios.

A pesar de las críticas, la Crítica Formal sigue siendo un método importante para estudiar los Evangelios, siempre y cuando se apliquen con cuidado y se complementen con otras evidencias históricas y literarias.

El Canon de las Sagradas Escrituras y los Libros Apócrifos

El término "canon", que originalmente significaba vara de medir o regla, y más tarde catálogo o conjunto de normas, ha estado presente desde el siglo IV en el uso teológico cristiano general como término técnico para designar la lista de escritos sagrados considerados normativos para la creencia y la práctica cristianas. El declive de la apelación teológica y exegética a la canonicidad de los escritos bíblicos es uno de los principales indicadores del cambio de estatus de las Escrituras en la modernidad. Los recientes intentos de la teología y la hermenéutica bíblica por rehabilitar la noción de canon se cuentan entre los avances más importantes de la interpretación bíblica contemporánea.

La disciplina en la Iglesia

El propósito de Cristo para con la iglesia es santificarla y presentársela a Sí mismo sin mancha ni arruga (Efesios 5:26–27). Todas las actividades de la iglesia también deben tener la misma aspiración, incluyendo la disciplina, porque ésta también está diseñada para producir un carácter santo en los que son objetos de la misma.

Gracia Común

En conexión con las operaciones generales del Espíritu Santo, el tema de la gracia requiere también nuestra atención. Debe entenderse, sin embargo, que la teología reformada no se refiere, como la teología arminiana, a la doctrina de la gracia común como parte de la soteriología. Al mismo tiempo reconoce una estrecha conexión entre las operaciones del Espíritu Santo en la esfera de la creación y en la de la redención, y por ello siente que ellas no debieran estar totalmente disociadas.

El Bautismo en los evangelios

El propósito del presente artículo es investigar el material sobre el bautismo en los cuatro Evangelios canónicos. Esto adoptará la forma de un análisis narrativo de los Evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. De este modo, se permitirá que los propios Evangelios determinen los parámetros de nuestra discusión sobre el bautismo, en particular la actividad de Juan el Bautista, el bautismo de Jesús por él, y los bautismos literales y figurativos administrados, o sufridos, por Jesús y sus seguidores.

2.7. Los fariseos (Teología y práctica – Diezmos, pureza y exclusivismo)

Muchos estudiosos atribuyen a los fariseos tradiciones que los separaban de otros judíos, sugiriendo que su nombre, derivado de "separado", indica que formaban una secta con reglas alimentarias estrictas. Esta visión negativa, promovida por algunos eruditos cristianos, los presenta como exclusivistas que evitaban a los no fariseos para mantener su pureza. Sin embargo, hay muchas declaraciones rabínicas que contradicen esta perspectiva.

A pesar de las acusaciones de exclusivismo y desprecio hacia la gente común, los fariseos participaban activamente en la vida cívica y social, interactuando con otros judíos y no judíos. Pablo, un fariseo, perseguía a los cristianos, lo que indica que no evitaban el contacto con ellos. Los fariseos también viajaban y comerciaban, y se sentaban en el Sanedrín junto con no fariseos.

No hay evidencia en las literaturas antiguas de que los fariseos deseaban el aislamiento social. Josefo, que relataba aspectos curiosos del comportamiento religioso, no menciona ninguna práctica exclusivista de los fariseos, a diferencia de los esenios. La literatura cristiana también guarda silencio sobre tales prácticas. En los Evangelios, los fariseos se mezclaban con la gente, invitaban a Jesús a cenar y no evitaban el contacto social.

En cuanto a las reglas sobre el diezmo, los fariseos eran menos estrictos que la aristocracia sacerdotal. Aunque sospechaban que la gente común evitaba el primer diezmo, no consideraban su consumo intencionado como un delito capital. Algunos fariseos diezmaban los productos dudosos (demai) por precaución, pero no eran fanáticos. Las discusiones en la Mishná revelan un entusiasmo moderado y confianza en la gente común. No insistían en que todos los alimentos fueran tratados según sus prácticas.

En resumen, los fariseos no eran los exclusivistas fanáticos que algunos eruditos describen. Participaban activamente en la sociedad y mostraban un entusiasmo moderado por las prácticas religiosas, distinguiendo entre la ley bíblica y sus propias tradiciones.

La alianza impía de la Iglesia con el Imperio Romano

Es justo decir que la creación de un orden político cristiano nunca fue el propósito de la Iglesia. El orden político que se convirtió en la Cristiandad fue simplemente el resultado del éxito de la misión de la Iglesia de proclamar el reino de Dios. La cristiandad apareció porque los gobernantes convertidos querían colocar su reino bajo el reinado de Cristo.