Levítico 13 – Instrucciones sobre tzara’at

Resultaría casi Imposible -de acuerdo con la mayoría de las fuentes rabínicas- entender las afecciones citadas por estos capítulos de la Toráh, analizándolas desde un punto de vista de higiene o de profilaxis

Antes de entrar en el análisis riguroso de estas afecciones, resulta importante conocer el pensamiento monoteísta acerca de la concepción del hombre, según nuestra Toráh. Citaremos a modo de ejemplo, una de las fuentes, que nos ayudará a entender esta concepción. “Dijo El:

Éxodo 15:26 – “…Si oír habrás de oír la Voz de Adonai, Tu D’s, y lo recto ante Sus ojos hicieres y prestares oídos a Sus preceptos y observares todas Sus leyes, ninguna de las enfermedades que impuse en Egipto impondré sobre ti; ya que Yo soy Adonai, el que te cura a ti…”

De lo cual inferimos una relación entre la ética religiosa y el campo de la higiene sanitaria.

En la larga” תוכחה “, “Tojeqá” reprimenda- que D’s dirige al pueblo de Israel, por si éste transgrediere la Toráh, el castigo será que D’s “hará retomar hacia ti todos los “dolores egipcios”, ante los cuales habías temido y se pegarán en ti” – (Deuteronomio 28:60).

Como quiera que lo más importante en medicina es la prevención de la enfermedad antes que la curación, Dios implanta en nosotros Su palabra y las conductas que El nos ha prescripto para prevenir la enfermedad, pidiéndonos una dimensión ética en nuestra vida.

Empero, si el hombre no se ha comportado adecuadamente, y se ha enfermado, él será quien deba curarse por sus propios medios, o sea “תשובה“, “teshubáh” -el retorno a Dios-y la reversión de los actos negativos que cometemos en nuestra vida (base de toda enfermedad), pues así dice el versículo “…Y el retornará y se curará a sí mismo… “ – (Isaías 6:10).

En cuanto a la comprensión específica de los capítulos 13 a 15 de Levítico, es necesario puntualizar algunas cosas, a saber: Maimónides, en su libro Mishnéh Toráh, Hiljót Tumát Tsaráltat, Cap. 16 halajá 10, nos recuerda que el término “tsaráhat” (que traducimos conceptualmente como “lepra”) es polivalente, ya que vamos a leer en la Toráh que esta afección llamada tsaráhat se manifestaba en formas muy distintas. Y así veremos que se llamará “tsarahat” a llagas o úlceras de la piel, caída del cabello, determinadas manchas en las ropas de lana, lino, u objetos de cuero, y también la veremos afectando las mismas paredes de las casas. De ésto concluímos con Maimónides, que “tsaráhat” no quiere decir “lepra” en su significado médico actual.

Además, el mismo Maimónides legisla basado en el Talmud que esta afección no impurificaba ni a los paganos ni a los residentes no israelitas de la tierra de Israel (Hiljót Tumát Tsaráliat IX:l). Por consiguiente, las leyes de tumáh y taharáh afectan sólo al pueblo de Israel, por tratarse de prescripciones espirituales dictadas por la voluntad Divina. Además, las fuentes talmúdicas ya habían escrito que la tsaráhat afectaba a las personas de nuestro credo, que habían incurrido en determinados pecados como ser: la calumnia, el orgullo y la envidia, entre otras.

Por último, algunos sabios del Talmud insisten en que el metsorah (afectado por tzaráhat) era el hombre castigado por incurrir en la difamación de sus congéneres מוציא” רע”, “motsi rah” -el que difama-, sacando a relucir lo malo.

Entendemos que la base bíblica para esta aseveración es el episodio de Miriam, quien había sido afectada por la lepra como castigo por haber incurrido en la difamación de Moshéh, su hermano – (Números 12:10 y ss.).

Además, en Deuteronomio 24:8 y 9 se nos previene contra la afección de la lepra y se nos pide recordar el episodio de Miriam, ocurrido durante la travesía del desierto. Por último, cuando el rey Huziahu desafió las leyes concernientes a la santidad del Templo de Jerusalem, se desató sobre él el Furor de D’s “… y la lepra brotó en su frente … “ y él quedó leproso hasta el día de su muerte – (II Crónicas 26:19 y ss.).

Sin embargo, estas consideraciones no han impedido a exégetas como Ralbág o Abarbanel, afirmar que se trata de una enfermedad contagiosa, con su consiguiente diagnóstico y prevención.

Aunque esta plaga o azote no siempre se daría por este motivo de hablar mar o difamar como se entiende normalmente, sino podía contraerse por otros pecados diversos, aunque básicamente se daría en alguien que persistiría en lo malo y fuere azotado por la misma.


Levítico 13:1-4 – “…Habló YHVH a Moisés y a Aarón, diciendo: (2) Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes. (3) Y el sacerdote mirará la llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo. (4) Y si en la piel de su cuerpo hubiere mancha blanca, pero que no pareciere más profunda que la piel, ni el pelo se hubiere vuelto blanco, entonces el sacerdote encerrará al llagado por siete días…”

vs.2a – “…Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción…” – Cuando aparecía tal síntoma, la persona debía ser llevada ante Aharón o uno de los sacerdotes para ser examinada. La expresión “será traído” (Lev. 13: 2) implica la renuencia de parte de la persona para ir por sí misma, sabiendo lo que esto podría significarle a ella misma y también a su familia si se encontraba con la inhabilidad producida por el tzaráat. Por esta razón debía ser traída.

Ahora la Torá introduce el tema acerca de la impureza causada por una plaga que es llamada tzaráat. Esa plaga no tiene los mismos síntomas que la enfermedad llamada “lepra”. Por lo tanto, al traducir la palabra tzaráat en “lepra” se crea una idea equivocada en los lectores. Aquí no se trata de la enfermedad lepra, sino de otra cosa.

Hay dos pensamientos fundamentales en cuanto a esta plaga. Algunos dicen que se trata de una enfermedad que ha sido extinguida, pero la mayoría de los comentaristas piensan que es una plaga sobrenatural que Dios pone sobre las personas que cometen ciertos pecados, el judaísmo se le atribuye mayormente a el pecado de lashón hará, calumnia. La tzaráat es descrita en dos largos capítulos, lo cual nos enseña que este tema es muy importante. Hay algunos otros textos en las Escrituras que hablan de esta plaga. Esos textos nos pueden enseñar algo más sobre su origen.

En Éxodo 4:6-7 está escrito

“…Y añadió YHVH: Ahora mete la mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno, y cuando la sacó, he aquí, su mano estaba leprosa, blanca como la nieve. Entonces Él dijo: Vuelve a meter la mano en tu seno. Y él volvió a meter la mano en su seno, y cuando la sacó de su seno, he aquí, se había vuelto como el resto de su carne….”

Moises tuvo tsaráat en su mano como una señal. Él había hablado lashón hará contra el pueblo de Israel diciendo que no le iban a creer – (Éxodo 4:1).

En Números 12:1-10 está escrito:

“…Entonces Miriam y Aharón hablaron contra Moshé por causa de la mujer cusita con quien se había casado (pues se había casado con una mujer cusita); y dijeron: ¿Es cierto que YHVH ha hablado sólo mediante Moshé? ¿No ha hablado también mediante nosotros? Y YHVH lo oyó. (Moshé era un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la faz de la tierra.) Y YHVH de repente dijo a Moshé, a Aharón y a Miriam: Salid vosotros tres a la tienda de reunión. Y salieron los tres. Entonces YHVH descendió en una columna de nube y se puso a la puerta de la tienda; y llamó a Aharón y a Miriam. Y cuando los dos se adelantaron, Él dijo: Oíd ahora mis palabras: Si entre vosotros hay profeta, yo, YHVH, me manifestaré a él en visión. Hablaré con él en sueños. No así con mi siervo Moshé; en toda mi casa él es fiel. Cara a cara hablo con él, abiertamente y no en dichos oscuros, y él contempla la imagen de YHVH. ¿Por qué, pues, no temisteis hablar contra mi siervo, contra Moshé? Y se encendió la ira de YHVH contra ellos, y Él se fue. Pero cuando la nube se retiró de sobre la tienda, he aquí que Miriam estaba leprosa, blanca como la nieve. Y cuando Aharón se volvió hacia Miriam, vio que estaba leprosa…”

El texto hebreo muestra que la plaga que vino sobre Miriam es de la misma clase que la que aparece en Levítico 13. Miriam fue golpeada por YHVH con esta plaga por haber hablado mal contra Moises. Vemos como la lashón hará causó esta intervención divina.

En Deuteronomio 24:8-9 está escrito:

“…Cuídate de una afección de lepra, para que observes diligentemente y hagas conforme a todo lo que los sacerdotes levitas os enseñen; como les he ordenado, así cuidaréis de hacer. Recuerda lo que YHVH tu Dios hizo a Miriam en el camino, cuando salíais de Egipto…”

Este texto nos insta a tener cuidado con esta plaga y recordar lo que pasó con Miriam.

En 2 Crónicas 26:16-19 está escrito:

“…Pero cuando llegó a ser fuerte, su corazón se hizo tan orgulloso que obró corruptamente, y fue infiel a YHVH su Dios, pues entró al templo de YHVH para quemar incienso sobre el altar del incienso. Entonces el sacerdote Azaryá entró tras él, y con él ochenta sacerdotes de YHVH, hombres valientes, y se opusieron al rey Uziyá, y le dijeron: No te corresponde a ti, Uziyá, quemar incienso a YHVH, sino a los sacerdotes, hijos de Aharón, que son consagrados para quemar incienso. Sal del santuario, porque has sido infiel y no recibirás honra de YHVH Dios. Pero Uziyá, con un incensario en su mano para quemar incienso, se llenó de ira; y mientras estaba airado contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de YHVH, junto al altar del incienso…”

El rey Uziyá fue castigado por entrar en el ministerio sacerdotal que no le correspondía. Esto nos enseña que esta plaga no cae solamente sobre una persona que ha cometido el pecado de lashón hará, sino también puede venir por otros motivos.

En 2 Reyes 5:1-27 está escrito:

“…Y Naamán, capitán del ejército del rey de Aram, era un gran hombre delante de su señor y tenido en alta estima, porque por medio de él YHVH había dado la victoria a Aram. También el hombre era un guerrero valiente, pero leproso. Y habían salido los arameos en bandas y habían tomado cautiva a una muchacha muy joven de la tierra de Israel, y ella estaba al servicio de la mujer de Naamán. Y ella dijo a su señora: ¡Ah, si mi señor estuviera con el profeta que está en Shomrón! El entonces lo curaría de su lepra. Naamán entró y habló a su señor, diciendo: Esto y esto ha dicho la muchacha que es de la tierra de Israel. Entonces el rey de Aram dijo: Ve ahora, y enviaré una carta al rey de Israel. Y él fue y llevó consigo diez talentos de plata y seis mil siclos  de oro y diez mudas de ropa. También llevó al rey de Israel la carta que decía: Y ahora, cuando llegue a ti esta carta, he aquí, verás que te he enviado a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra. Y sucedió que cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Acaso soy yo Dios, para dar muerte y para dar vida, para que éste me mande a decir que cure a un hombre de su lepra? Pero considerad ahora, y ved cómo busca pleito conmigo. Y al oír Elisha, el hombre de Dios, que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió aviso al rey diciendo: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Que venga él a mí ahora, y sabrá que hay profeta en Israel. Vino, pues, Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a la entrada de la casa de Elisha. Y Elisha le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate en el Yaradén siete veces, y tu carne se te restaurará, y quedarás limpio. Pero Naamán se enojó, y se iba diciendo: He aquí, yo pensé: “Seguramente él vendrá a mí, y se detendrá e invocará el nombre de YHVH su Dios, moverá su mano sobre la parte enferma y curará la lepra…”

“…¿No son el Abaná y el Farfar, ríos de Damesek, mejor que todas las aguas de Israel? ¿No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio? Y dio la vuelta, y se fue enfurecido. Pero sus siervos se le acercaron y le hablaron, diciendo: Padre mío, si el profeta te hubiera dicho que hicieras alguna gran cosa, ¿no la hubieras hecho? ¡Cuánto más cuando te dice: “Lávate, y quedarás limpio”! Entonces él bajó y se sumergió siete veces en el Yardén conforme a la palabra del hombre de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio. Y regresó al hombre de Dios con toda su compañía, y fue y se puso delante de él, y dijo: He aquí, ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego, pues, que recibas ahora un presente de tu siervo. Pero él respondió: Vive YHVH, delante de quien estoy, que no aceptaré nada. Y Naamán le insistió para que lo recibiera, pero él rehusó. Y Naamán dijo: Pues si no, te ruego que de esta tierra, se le dé a tu siervo la carga de un par de mulos, porque tu siervo ya no ofrecerá ofrendas de ascensión ni sacrificará a otros dioses, sino a YHVH. Que YHVH perdone a tu siervo en esto: Cuando mi señor entre en el templo de Rimón para adorar allí y se apoye en mi mano, y yo me incline en el templo de Rimón cuando tenga que adorar allí, que HaShem perdone a tu siervo por esto. Y él le dijo: Vete en paz. Y se alejó de él a cierta distancia. Pero Guejazi, criado de Elisha, el hombre de Dios, dijo para sí: He aquí, mi señor ha dispensado a este Naamán arameo al no recibir de sus manos lo que él trajo. Vive YHVH que correré tras él y tomaré algo de él. Y Guejazi siguió a Naamán. Cuando Naamán vio a uno corriendo tras él, bajó de su carro a encontrarle, y dijo: ¿Está todo bien? Y él dijo: Todo está bien. Mi señor me ha enviado, diciendo: “He aquí, en este momento dos jóvenes de los hijos de los profetas han venido a mí de la región montañosa de Efrayim. Te ruego que les des un talento de plata y dos mudas de ropa.” (LBLA revisada)

“…Y Naamán dijo: Dígnate aceptar dos talentos. Y le insistió y ató dos talentos de plata en dos bolsas con dos mudas de ropa, y los entregó a dos de sus criados; y éstos los llevaron delante de él. Cuando llegó al monte, los tomó de sus manos y los guardó en la casa, luego despidió a los hombres y ellos se fueron. Entonces él entró y se puso delante de su señor. Y Elisha le dijo: ¿Dónde has estado, Guejazi? Y él respondió: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. Entonces él le dijo: ¿No iba contigo mi corazón, cuando el hombre se volvió de su carro para encontrarte? ¿Acaso es tiempo de aceptar dinero y de aceptar ropa, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tus descendientes para siempre. Y él salió de su presencia leproso, blanco como la nieve…”

Este texto nos enseña que Naamán, un gentil, tenía tzaráat. Así que esta plaga no solamente cae sobre los hijos de Israel sino también sobre los gentiles. El siervo de Elisha, Guejazi, mintió y hurtó y por estos dos pecados vino la tzaráat sobre él y sobre sus hijos. Esto nos enseña que no solamente es aplicada sobre el que peca con lashón hará sino también por otros delitos. El Talmud menciona siete pecados que traen la plaga de tzaráat sobre el que no se arrepiente: lashón hará, asesinato, inmoralidad, falso juramento, arrogancia, robo y avaricia.

La Biblia no da ninguna información en cuanto al origen, al contagio o la curación de la enfermedad. Se la consideraba, como fue ya dicho, como un castigo por el pecado. Esto pareciera haber ocurrido en el caso de María (Núm. 12: 10-15), Giezi (2 Rey. 5: 27) y Uzías (2 Crón. 26: 16-21). Cualquiera hubiese sido la causa, el paciente era aislado, expulsado de su casa, no se le permitía entrar en ninguna ciudad amurallada; era excluido del santuario, ya no podía asistir a ningún tipo de reunión. Cuando se le acercaba otro ser humano, debía cubrirse la boca y gritar: “tamé, tamé – Inmundo, inmundo“. Si entraba en alguna casa, ésta también quedaba “inmunda“. Cualquiera que lo tocara, corría igual suerte.

En la primera etapa, la enfermedad no dejaba sino una manchita sobre la piel, la cual no causaba dolor ni otro inconveniente. Simplemente era una mancha persistente. A veces transcurrían meses o aun años, con frecuencia muchos años, desde la primera aparición de las manchas hasta el desarrollo completo de la enfermedad. Algunas veces los síntomas parecían casi desaparecer, dando esperanzas de recuperación, para luego reaparecer aún más activos que antes. En las etapas avanzadas de la lepra, el enfermo presentaba un aspecto repulsivo. Se le iban carcomiendo la nariz y los dedos, desaparecían los párpados, perdía completamente la vista, y el enfermo tomaba una apariencia espectral.

La suya era una muerte en vida. Se le deterioraba la voz y terminaba desapareciendo; el aliento se le tornaba insoportable; las articulaciones se le deformaban o se cubrían de las protuberancias propias de la enfermedad; su cuerpo se cubría de manchas violáceas de carne putrefacta. La enfermedad avanzaba hasta abarcar todo el cuerpo, terminando así con la vida de la víctima. No puede concebirse espectáculo más repulsivo. Abandonado por sus amigos y familiares, el leproso era en todo sentido un espectáculo digno de lástima. No es de maravillarse que los hombres lo consideraran abandonado de Dios.

vs.2b – “…Uno de sus hijos…” – No era necesario que el sumo sacerdote realizase el examen. Podía ser hecho por cualquiera de los sacerdotes. Según el Talmud, aquellos levitas que no pudiesen servir como sacerdotes por tener defectos físicos, podían servir para examinar estos casos.

 – “…El individuo cuando tuviere en la piel de su carne…” – En todos los pasajes de la Toráh que tratan de afecciones a la piel de las personas, a las ropas, o a las casas y todo lo que corresponde a sus síntomas, no nos dice nada el sentido literal de los versículos, y por lo tanto, no podemos descifrarlos basándonos en los conocimientos y normas de las personas expertas. Pero la interpretación de nuestros sabios, sus leyes, y la tradición que han recibido de los sabios anteriores a ellos, es lo esencial” (Rashbám)…”

 – “…Habrá de ser traido…” – Por su propia voluntad, o en control de la misma. Pues todo el que distinguiere algún síntoma de éstos, lo compelía a presentarse ante el cohén que estuviere en el Santuario o ante alguno de ellos que estuviere fuera, como los cohaním que residían en la ciudad de Hanatot; y que no prestaban servicio en el Santuario” (Ibn.Hezra)”.

 – “…Una seet o una sapájat…” – Transliteramos el hebreo debido a que no hay equivalentes exactos del térmi­no tzaraat o sus subdivisiones.

Según los Sabios, la seet posee la blancura de la lana na­tural y la bahéret es del color de la nieve (Negaím 1:1). La sapájat no es una nueva clase de tzaraat, sino un término general que denota “categorías secundarias”. Cada uno de los colores básicos mencionados por el versículo, seet y bahéret, cuenta con una subdivisión, que es de color ligera­ mente más oscuro que la categoría principal, pero asimismo indica impureza ritual. Hay dos clases de sapájat a) una es del color de una membrana de huevo, y es ligeramente más oscura que una seet; b) la segunda es del color de la tiza, y es ligeramente más clara que una bahéret. Así pues, hay dos categorías principales de tzaraat, cada una de las cuales tiene una sub-categoría (Rambam, Hiljot Tumat Tzaraat 1:2)”.

vs.3 – “…El sacerdote mirará…” – Debía examinar la zona infectada, porque podía tratarse de tzaráat o no. Había dos señales que debía buscar: pelo blanco en la llaga, y una depresión en la piel. Debe recordarse que los judíos generalmente eran gente de pelo oscuro. Si existían estos dos elementos, se declaraba inmunda a la persona.

Esta plaga tiene tres síntomas:

  1. Los pelos son blancos y el área afectada parece más profunda que el resto de la piel, v. 3.
  2. La mancha se extiende sobre la piel, v. 7.
  3. Hay carne viva en la mancha, v. 10.

Los sacerdotes tienen la autoridad para declarar tamé o tahor, habilitado o inhabilitado, a una persona o un objeto. Cuando la persona tiene esta plaga no se vuelve inhabilitada hasta que el sacerdote haya hecho una declaración de impureza. Tampoco se vuelve habilitada hasta que el sacerdote le declare habilitada. Así que, finalmente es la palabra del sacerdote que decide cuándo la persona es tamé o tahor. La declaración del sacerdote tenía una implicación social importante. El afectado no podía vivir dentro de la comunidad, sino tenía que vivir sólo, fuera del campamento o fuera de una ciudad si estaba amurallada.

Según Maimónides, el propósito de la declaración de tamé es:

  • Alejar todo desaseo.
  • Preservar el santuario.
  • Precaverse de las costumbres vulgares que en tales casos de impureza imponían los sabeos.
  • Aligerar tan penosa carga y conseguir que lo que es y no es impuro no entorpeciera al hombre en ninguna de sus ocupaciones, ya que esa materia solamente concierne al santuario y las cosas sacras.

  – “…Si el pelo…” – Por lo menos dos pelos oscuros en la roncha sospechosa se emblanquecieron desde que apareció la dolencia en la piel (Rashi; Sifrá)”.

  – “…Es más profundo…” – Aunque la roncha no es efectiva­mente más profunda que el nivel de la piel circundante, la decoloración hace que parezca estar más hundida que la piel no afectada, de la misma manera que un área iluminada por el sol parece estar por debajo del nivel de un área sombrea­ da que la rodea (Rashi; Sifrá). Así pues, si la roncha blanca no parece estar por debajo de la piel, probablemente es una decoloración superficial y no es tzaraat”.

  – “…Lo declarará impuro…” – El Cohén debe declarar verbalménte: “Estás impuro” (Rashi; Sifrá). En ausencia de esta declaración formal, la tumá no tiene existencia en tanto impureza ritual, incluso si no cupiera duda alguna de que la dolencia es tzaraat (Negaím 3:1). Una vez que la víctima ha sido declarada metzorá, debe comportarse según se estipula en los versículos 45-46″.

  – “…Lo declarará impuro…” – Quiere decir que a esta persona le sería vedado el acceso al Santuario en particular, y el acceso a las cosas sacras en general.

Maimónides nos recuerda que esta disposición legal de la Toráh, como todas aquéllas en las que se emplea el concepto “tumáh” -en cualquiera de sus formas gramaticales- persigue múltiples finalidades. A saber: primero, alejar de nosotros todo desaseo; segundo, preservar el Santuario; tercero, precaverse de las costumbres vulgares que en tales casos de impureza imponían los sabeos; cuarto, aligerar tan penosa carga y conseguir que el problema de lo que es y no es impuro no entorpeciera al hombre en ninguna de sus ocupaciones. Ya que esa materia solamente concierne al Santuario y a las cosas sacras …

Por lo demás, no implica ningún pecado el hecho de permanecer impuro todo el tiempo que se quiera.

Por otra parte, Maimónides nos explica que el término “tumáh” es un homónimo empleado en tres acepciones diferentes. A saber: a) la desobediencia y la transgresión de los mandamientos en orden a acciones y opiniones; b) manchas e impurezas; e) las cosas declaradas como impuras, quiere decir: cuando se toca o transporta tal objeto, o se encuentra uno junto o bajo el mismo techo que éste.

De igual modo, Maimónides nos recuerda que el concepto “Kedusháh” (santidad) se emplea como homónimo en tres acepciones, opuestas a las tres antedichas”.

vs.4 – “…Más profunda…” – Es decir, debajo de la capa exterior de la piel. El factor causante de la tzaarat no está en la epidermis, pero es allí donde aparecen las primeras manifestaciones de la enfermedad.

  – “…Y el aspecto de la llaga no es más profundo que el nivel de la piel…” – Puesto que la ley del versículo 3, tal y como explica Rashi, está basada en el hecho de que una mancha blanca siempre parece estar por debajo del nivel de las áreas circundantes, ¿cómo es posible que la roncha blanca mencionada en nuestro versículo no parezca estar hun­dida? Rambán responde que sólo un blanco brilloso parece estar por debajo del nivel de la piel, no así un blanco opaco”.

  – “…Declarará en confinamiento… a la llaga…” – La persona afectada debe permanecer en una habitación toda una semana (Rashi). Otros exégetas, sin embargo, sostienen que no se declara a la persona en confinamiento, sino que el Cohén “aísla” la roncha sospechosa del resto del cuerpo de la víctima trazan­ do una línea alrededor de la misma de tal manera que pueda verse claramente si la dolencia se extendió o no durante los siete días siguientes (Tur, Rosh)”.

  – “…A la persona afectada…” – Traducimos” נגע “, “negah” como “persona afectada” basados en Rashi y en Ibn Hezra. El autor de “Minháh Beluláh” aduce razones médicas para este encierro preventivo. No obstante el autor de “Karné or” cita a Rabbenu Iahacóv “Bahal Haturím” quien, en nombre de su padre Rabbenu Asher, sostiene que el versículo está diciendo que el cohén deberá delimitar la llaga y marcar los bordes de la misma para constatar después de siete días la extensión o no de la llaga”.


  • Vs.4-8 – Bahéret:

Aunque todas las leyes de la tzaraat aplican por igual a las cuatro tonalidades de blanco (Sifrá; Negaím 1:3), la Torá enuncia algunas leyes sobre la bahéret y algunas sobre la seet debido a que ciertas características se presentan con mayor frecuencia en una categoría que en otra (Malbim).

Levítico 13:5-7 – “…(5) Y al séptimo día el sacerdote lo mirará; y si la llaga conserva el mismo aspecto, no habiéndose extendido en la piel, entonces el sacerdote le volverá a encerrar por otros siete días. (6) Y al séptimo día el sacerdote le reconocerá de nuevo; y si parece haberse oscurecido la llaga, y que no ha cundido en la piel, entonces el sacerdote lo declarará limpio: era erupción; y lavará sus vestidos, y será limpio. (7) Pero si se extendiere la erupción en la piel después que él se mostró al sacerdote para ser limpio, deberá mostrarse otra vez al sacerdote…”

vs.6 – “…Y al séptimo día el sacerdote le reconocerá de nuevo…” – Una enfermedad necesita sanidad, pero una persona que ha sido afectada por tsaráat necesita ser limpiada.

Aunque Moshé pide a Dios que sane a Miriam de esta plaga – (Números 12:13), en la gran mayoría de los textos no se habla de ser sanado, sino de ser limpio, en hebreo tahor – (2 Reyes 5:10).

En Mateo 8:2-4 está escrito:

“…Y he aquí, se le acercó un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y extendiendo la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra. Entonces Yeshúa le dice: Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moshé, para que les sirva de testimonio a ellos…”

En este texto no se habla de sanar una enfermedad sino de limpiar de la plaga de tzaráat. Yeshúa no dijo: “sé sanado”, sino “sé limpio”. Yeshúa no le sanó sino lo limpió. Esto nos da pie a pensar que no se trata de una enfermedad como las otras, sino de una plaga sobrenatural que viene sobre el que no se arrepiente a tiempo.

vs.6b – “…y si parece haberse oscurecido la llaga, y que no ha cundido en la piel, entonces el sacerdote lo declarará limpio…” –

  – “…Se ha opacado la llaga…” – Según Rashi, para que la dolencia sea purificada deben reunirse las dos condi­ciones mencionadas en el versículo: el color se ha opacado [es decir, se oscureció, a pesar de que todavía es una de las cuatro gamas de tzaarat – Mizraji, Gur arié] y no se ha exten­dido [mas cotéjese con Rambán, Negaím 2:8 y Meguilá 8b.]”.

  – “…Este hombre afectado, no llegó a ser impuro nunca, pero de momento que estaba recluido preventivamente, se llama “Taméh” -impuro- a efectos de necesitar “Teviláh”, o sea, la inmersión ritual. (Basado en Rashi)”.


Levítico 13:8-11 – “…Y si reconociéndolo el sacerdote ve que la erupción se ha extendido en la piel, lo declarará inmundo: es lepra. (9) Cuando hubiere llaga de lepra en el hombre, será traído al sacerdote. (10) Y éste lo mirará, y si apareciere tumor blanco en la piel, el cual haya mudado el color del pelo, y se descubre asimismo la carne viva, (11) es lepra crónica en la piel de su cuerpo; y le declarará inmundo el sacerdote, y no le encerrará, porque es inmundo…”

vs.9-17. Seet – El versículo 2 mencionó las dos formas principales de tzaarat, la bahéret y la seet, y luego la Torá trató la bahéret y los síntomas más comunes de la misma. Ahora la Tora analiza la seet y sus síntomas característicos.

vs.10 – “…y si apareciere tumor blanco en la piel…” –

  – “…Seet…” – Tal y como destacamos anteriormente, la seet es del color de la lana blanca natural, y según Rashí y Rambam parece estar por debajo del nivel de la pie circundante”.

  – “…Carne sana viva…” – La llaga misma sigue siendo blanca, mas la carne sana dentro de ella ha retoma­do el color normal de la piel de la víctima (Rashi a Hegaím 4:2) Cualquiera de los dos síntomas, pelo blanco o piel viva, basta para comprobar que la dolencia es tzaraat (Rcishi, Sifirá)”.

vs.11 – “…Lepra crónica…” – Sin duda había casos de personas que no se habían presentado al sacerdote al ocurrir las primeras manifestaciones de una posible plaga de tzaarat, personas cuyas familias no se habían atrevido a presentarlos al sacerdote, sabiendo lo que significaría para ellos un informe desfavorable. Cuando su condición ya no podía ocultarse más, iba, o era llevada al sacerdote. Si había hinchazón, si el pelo en ese lugar se había vuelto blanco, y había también “carne viva”, se trataba de “lepra crónica” y el sacerdote debía inmediatamente declarar inmunda a tal persona. No había necesidad de ponerla en cuarentena ni en observación para ser examinada posteriormente.

  – “…Una tzaraat antigua…” – A pesar del aspecto superficial de mejora, hay una antigua tzaraat supurando por debajo de la piel aparentemente sana (Rashi)”.


Levítico 13:12-17 – “…Mas si brotare la lepra cundiendo por la piel, de modo que cubriere toda la piel del llagado desde la cabeza hasta sus pies, hasta donde pueda ver el sacerdote, (13) entonces éste le reconocerá; y si la lepra hubiere cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al llagado; toda ella se ha vuelto blanca, y él es limpio. (14) Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo. (15) Y el sacerdote mirará la carne viva, y lo declarará inmundo. Es inmunda la carne viva; es lepra. (16) Mas cuando la carne viva cambiare y se volviere blanca, entonces vendrá al sacerdote, (17) y el sacerdote mirará; y si la llaga se hubiere vuelto blanca, el sacerdote declarará limpio al que tenía la llaga, y será limpio…”

vs. 13 – “…declarará limpio al llagado; toda ella se ha vuelto blanca, y él es limpio...” – En Isaías 1:18 se encuentra una referencia a este versículo, según está escrito:

“…Venid ahora, y razonemos -dice YHVH- aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán…”

De esto aprendemos que la tsaráat está simbolizando el pecado. El pecado es lepra, tsaráat, para la condición del hombre.

  – “Esta idea ha sido explicada por la Mishnáh en Negahím VIII, 1. Allí leemos que, cuando en la persona afectada por lepra y que había sido declarada impura, brotare la afección en todo su cuerpo, se la considera pura. Mientras que si a una persona considerada pura (no afectada) le brotare la misma afección, ésta sería declarada impura por el cohén.

De esta Mishnáh, podemos concluir que difícilmente estemos frente a criterios médicos o de profilaxis, ya que la aparente contradicción es muy evidente”.

  – “vs.12-13 – “…Toda la piel de la do­lencia desde su cabeza hasta sus pies…” – Suceden dos cosas en este caso: a) el color del padecimiento que se presen­ta en toda la piel de la dolencia original corresponde aún al de la tzaraat; b) la tzaraat se extiende hasta que cubre todo el cuerpo de la víctima desde su cabeza hasta sus pies. Paradójicamente, la víctima es declarada pura a pesar de que la tzaraat cubre todo su cuerpo”.

  – “…Habiéndose vuelto blanca del todo…” – Rabenu Bejaie compara esta ley con la de la Para Adumá [la Vaca Bermeja] (Bamidbar cap. 19) en el sentido de que, en tanto decretos de la Torá, escapan del entendimiento humano. Para explicarla, Rabí Hirsch alude a su interpretación del confinamiento del metzorá en tanto una herramienta para hacerlo tomar conciencia de sus faltas morales e inducirlo a hacer penitencia. Empero, si la piel se ha vuelto del todo blanca, ello es indicativo de que la persona ha descendido a tales abismos de corrupción y -sin embargo- está tan ab­solutamente convencida de su propia rectitud, que la sola noción de cambiar le resulta inconcebible. Por ello, ya no tiene sentido aislarla. De aquí vemos que, al informarle que se ha perdido toda esperanza de que pueda mejorar, la Torá le muestra con elocuencia cuán bajo ha caído”.

vs.14 – “…Mas el día que apareciere en él la carne viva, será inmundo…” –

  – “…Rashí sugiere que existe una limitación a esta ley, pues hay días en los que se puede proceder a la aplicación de la ley, y otros en los que no se puede. Por ejemplo, en el caso de que un recién casado estuviere afectado por algunas de las llagas enumeradas, se le concedía un plazo de siete días -que es la duración de la celebración nupcial- para presentarse ante el cohén al concluir esos siete días. Lo mismo ocurría si alguien estuviera afectado al iniciarse una festividad, pues se permitía retrasar el examen de la llaga por el cohén hasta que finalizara la festividad”.

vs.16 – “…Mas cuando la carne viva cambiare y se volviere blanca, entonces vendrá al sacerdote…” –

  – “…Mas si… emblanquece de nuevo…” – Independientemente de cuántas veces el mismo padeci­ miento muestre signos nuevos de impureza o pureza ritua­ les, deberá ser evaluado en cada ocasión (Sifrá)”.

Levítico 13:18-25 – “…Cuando un cuerpo tenga una úlcera en su piel que se ha sanado, (19) pero surge en el lugar de la úlcera una hinchazón blanca o una mancha lustrosa blanca rojiza, entonces será presentada al sacerdote. (20) El sacerdote la examinará, y he aquí, si parece más hundida que la piel y el vello se ha vuelto blanco, entonces el sacerdote lo declarará impuro: es llaga de lepra que ha brotado en la úlcera. (21) Pero si el sacerdote la examina, y he aquí, no hay en ella vello blanco ni está más hundida que la piel, y ha perdido color, entonces el sacerdote lo hará recluir siete días (22) y si se esparce mucho en la piel, el sacerdote lo declarará impuro: es infección. (23) Pero si la mancha lustrosa se mantiene fija y no se esparce, es cicatriz de la úlcera, y el sacerdote lo declarará limpio. (24) O si la carne tiene en su piel una quemadura de fuego, y en lo vivo de la quemadura tiene una mancha blanquecina, rojiza, o blanca, (25) el sacerdote la examinará, y si el vello que hay en la mancha lustrosa se ha vuelto blanco, y parece estar más hundida que la piel, es lepra que ha brotado en la quemadura. El sacerdote lo declarará impuro: es llaga de lepra…”

vs. 18-23 – Inflamaciones Para los efectos de este pasaje de la Sidrá, toda dolencia de la piel, ya sea debido a una enfer­medad o a un golpe, es conocida como inflamación. En tanto no se haya curado y siga purulenta, no puede ser considerada como tzaraat, incluso si presenta algunos de los síntomas característicos. No obstante, una vez que se ha curado del todo, es considerada como los padecimientos descritos anteriormente. Los versículos siguientes tratan de la fase intermedia: cuando la herida ha empezado a curarse y se ha formado sobre esta una fina capa de piel.

vs.19 – “…pero surge en el lugar de la úlcera una hinchazón blanca o una mancha lustrosa blanca rojiza…” –

  – “…Con un tinte rojizo…” – Este matiz de rojo apli­ca a todas las condiciones tratadas anteriormente en este capítulo. Mientras el color esencial corresponda a una de las cuatro gamas principales de blanco, un tinte rojizo no cambia su condición (Rambam, Hiljot Tumat Tzaraat 1:4). Esta coloración rojiza se refiere a todas las clases de pa­decimientos de tzaraat, y no sólo a las de quemaduras y heridas (ibíd. 1:4). La Torá menciona aquí el color rojo sólo en relación con inflamaciones y quemaduras no porque se aplique exclusivamente a las mismas, sino porque el rojo es mas frecuente en tales casos”.

vs.22 – “…y si se esparce mucho en la piel…” –

  – “…Por la piel…” – Como queda claro del versículo 19, esta forma de tzaarat involucra sólo la costra de la inflamación (Negaím 9:2), y en consecuencia la “piel” de este versículo se refiere únicamente el área de la inflamación, no a la piel sana circuncidante. Toda decoloración de esa piel será juzgada como un padecimiento nuevo e independiente, debiendo evaluarse según las reglas dadas en los versículos 1-17 (Ralbag)”.

vs.23 – “…es cicatriz de la úlcera…” –

  – “…La cicatriz de la inflamación…” – Si el padecimiento no se extendió durante siete días de encierro, no se requiere otro período de aislamiento, y el Cohén dic­ tamina de inmediato que no se trata de tzaraat, sino de una cicatriz dejada por la inflamación (Rashi). Esta es, según la ley judía, la diferencia entre esta clase de padecimiento y aquellos descritos en los versículos 1-17: en los casos anteriores, hubo dos períodos de confinamiento antes de que se desecharan las sospechas de tzaraat, aquí sólo hay uno.”

vs. 24-28 – Quemaduras – Las leyes de esta tzaraat son idénticas a las de las inflamaciones mencionadas anteriormente, no obstante se enuncian por separado sólo para enseñar que si una quemadura y una inflamación están una junto a la otra, se evalúan por separado y no conjuntamente. Así pues, si una quemadura y una herida están contiguas, y se desarro­ llan síntomas en ambas, no pueden ser combinadas con el propósito de lograr el tamaño mínimo requerido. Si ninguna posee individualmente el área de un gris, ambas son puras, incluso si ambas combinadas sumasen tal medida (Rashi; Sifrá).

vs.24 – “…Quemadura de fuego…” El quinto caso en que podía sospecharse de lepra provenía de una quemadura, que, a semejanza de un forúnculo, hacía que la piel pudiera infectarse. La inspección del sacerdote y el procedimiento general del diagnóstico son los mismos como en el caso previo (vers. 18-23).


Levítico 13:26-30 – “…Mas si el sacerdote la mirare, y no apareciere en la mancha pelo blanco, ni fuere más profunda que la piel, sino que estuviere oscura, le encerrará el sacerdote por siete días. (27) Y al séptimo día el sacerdote la reconocerá; y si se hubiere ido extendiendo por la piel, el sacerdote lo declarará inmundo; es llaga de lepra. (28) Pero si la mancha se estuviere en su lugar, y no se hubiere extendido en la piel, sino que estuviere oscura, es la cicatriz de la quemadura; el sacerdote lo declarará limpio, porque señal de la quemadura es. (29) Y al hombre o mujer que le saliere llaga en la cabeza, o en la barba, (30) el sacerdote mirará la llaga; y si pareciere ser más profunda que la piel, y el pelo de ella fuere amarillento y delgado, entonces el sacerdote le declarará inmundo; es tiña, es lepra de la cabeza o de la barba…”

vs. 29-39 – Tzaraat de la cabeza o el rostro. La tzaraat del cue­ro cabelludo o de la barba es diferente a todas las descritas anteriormente. La esencia del primer padecimiento descri­to en este pasaje, conocido como nétek, es que provoca la caída del cabello en medio del cuero cabelludo o de la barba. [Si se manifiesta la calvicie en el frente o detrás de la cabeza, las leyes son diferentes, y se tratan más ade­lante en los versículos 40-43.] El área calva debe ser de por lo menos un gris y estar totalmente rodeada de cabe­llo. Según el consenso de los comentaristas, no importa el color de esa área y no es necesario que haya una decolo­ración de la piel. En este caso la presencia de pelo blanco tampoco es prueba de impureza. La única manera en la que estas partes del cuerpo pueden llegar a tener tzaraat es si se produce caída del cabello y se presentan los síntomas expuestos en este pasaje. Un nétek puede llegar a tener dos períodos de encierro y dos señales de impureza: si cre­cen pelos cortos amarillentos o si la dolencia se extiende por la piel (Rambán; Rambam, Hiljot Tumat Tzaraat 8:1, 2; KésefMishné 5:8).

vs.29 – “…saliere llaga en la cabeza, o en la barba…” –

  – “…En la cabeza o en la barbilla…” – Este versículo viene a marcar una distinción entre la llaga que afecta una zona velluda del cuerpo, y la que afecta la carne misma del cuerpo. El signo indicativo de la impureza en el primer caso; es el ‘pelo tornado en blanco’, mientras que en el segundo, es el pelo amarillo tenue” (Rashí)…”

vs.30 – “…y el pelo de ella fuere amarillento…” –

  – “…En el cuero cabelludo [literalmente, “en la cabeza”]…” – Estas leyes sólo aplican a áreas en las que otrora creció cabello, y de ahí que traduzcamos cuero cabelludo en vez de cabeza. Pero mientras todavía haya ahí cabello, el cuero cabelludo y la barba no están sujetos a las leyes de tzaraat”

  – “…Pelo amarillento…” – Dos pelos amarillentos de­ muestran la presencia de impureza sólo si aparecen después del comienzo de la calvicie (Rashi). Sin embargo, según Rambam (ibíd. 8:5) incluso si había pelo amarillento ahí, ello comprueba la tzaraat si es que posteriormente está rodeado de un area calva”


Levítico 13:31-36 – “…Mas cuando el sacerdote hubiere mirado la llaga de la tiña, y no pareciere ser más profunda que la piel, ni hubiere en ella pelo negro, el sacerdote encerrará por siete días al llagado de la tiña; (32) y al séptimo día el sacerdote mirará la llaga; y si la tiña no pareciere haberse extendido, ni hubiere en ella pelo amarillento, ni pareciere la tiña más profunda que la piel, (33) entonces le hará que se rasure, pero no rasurará el lugar afectado; y el sacerdote encerrará por otros siete días al que tiene la tiña. (34) Y al séptimo día mirará el sacerdote la tiña; y si la tiña no hubiere cundido en la piel, ni pareciere ser más profunda que la piel, el sacerdote lo declarará limpio; y lavará sus vestidos y será limpio. (35) Pero si la tiña se hubiere ido extendiendo en la piel después de su purificación, (36) entonces el sacerdote la mirará; y si la tiña hubiere cundido en la piel, no busque el sacerdote el pelo amarillento; es inmundo…”

vs.31 – “…ni hubiere en ella pelo negro…” –

  – “…Y no hay pelo oscuro dentro de la llaga…” – Si el pelo es de cualquier color excepto amarillento, esto exenta al área calva de contraer tumá, incluso si el pelo fuera de un color anormal (Sifrá)”.

vs.32 – “…y si la tiña no pareciere haberse extendido, ni hubiere en ella pelo amarillento…” –

  – “…Ninguno de estos dos síntomas de tumá apareció durante el período de siete días de confinamiento. Mas si el área calva ha crecido o ha brotado pelo amarillento, sería tamé [tal y como se entiende de los versículos 35-36] (Rashí)”.

vs.33 – “…entonces le hará que se rasure, pero no rasurará el lugar afectado…” –

  – “…Sin rasurar el nétek…” – Obviamente no se puede rasurar el nétek pues ya es calvo. Más bien, la prohibición consiste en no rasurar el área adyacente al nétek, debiéndose dejar un círculo de pelo de por lo menos dos cabellos de un ancho alrededor del mismo para que se pueda determinar si el nétek se extendió (Rashí; Sifrá)”.

vs.35 – “…Pero si la tiña se hubiere ido extendiendo en la piel…” –

  – “…Mas si se extiende el nétek…” – Aunque el versículo menciona esta ley sólo en relación con el crecimiento del nétek, después de que la persona ha sido declarada ritualmente pura, la ley es la misma si se extiende [o sale pelo amarillento (Sifrá)] durante la primera o segunda semana (Rashí; Sifrá)”


Levítico 13:37-44 – “…Mas si le pareciere que la tiña está detenida, y que ha salido en ella el pelo negro, la tiña está sanada; él está limpio, y limpio lo declarará el sacerdote. (38) Asimismo cuando el hombre o la mujer tuviere en la piel de su cuerpo manchas, manchas blancas, (39) el sacerdote mirará, y si en la piel de su cuerpo aparecieren manchas blancas algo oscurecidas, es empeine que brotó en la piel; está limpia la persona. (40) Y el hombre, cuando se le cayere el cabello, es calvo, pero limpio. (41) Y si hacia su frente se le cayere el cabello, es calvo por delante, pero limpio. (42) Mas cuando en la calva o en la antecalva hubiere llaga blanca rojiza, lepra es que brota en su calva o en su antecalva. (43) Entonces el sacerdote lo mirará, y si pareciere la hinchazón de la llaga blanca rojiza en su calva o en su antecalva, como el parecer de la lepra de la piel del cuerpo, (44) leproso es, es inmundo, y el sacerdote lo declarará luego inmundo; en su cabeza tiene la llaga…”

vs.37 – “…Mas si le pareciere que la tiña está detenida…” –

  – “…Mas si el nétek ha conservado su aspecto…” – A pesar de que aún están presentes los signos de impureza, es decir el nétek no se ha reducido y hay aún pelo amarillento en el mismo, se abroga la misma si brotan dos pelos oscuros dentro del área calva (Malbím) y Aunque el versículo sólo habla de pelo oscuro, cualquier color diferente del amarillento abroga la impureza (Rashi; Sifrá)“.

  – “…Puro es; lo declarará puro el Cohen…” – Rashí nos recuerda que, por consiguiente, la mera declaración de pureza por parte del cohén resultaría insuficiente si la persona afectada no estuviera realmente pura. Por otra parte, cabe recordar, que amén de estar puro y libre de esta afección, es necesaria la declaración expresa del cohén.

Los midrashím recalcan lo ardua que era la tarea del cohén, e incluso se nos relata que un sabio como Hilel tuvo que trasladarse especialmente a la Tierra de Israel, para aprender la práctica concerniente a estas leyes, regresando después a Babilonia donde las transmitió a sus colegas (véase el comentario de Or Hahaím, de Rabbí Haim Ben Attar, a nuestro versículo)

vs.38 – “…tuviere en la piel de su cuerpo manchas, manchas blancas…” – “Manchas brillantes, manchas blancas” (BJ). Se trata aquí de una erupción inofensiva en la piel, pero se la incluye a fin de que no hubiera confusión posible entre este tipo de erupción y la lepra para no causar ansiedad a la persona afectada ni a sus familiares. Tal tipo de “peca” o de “empeine” no era infeccioso.

  – “…Manchas. Este vocablo no debe ser confundido con el término afín bahéret (v. 4), por el cual se conoce una clase de tzaraat que se distingue por su extrema blancura”.

vs.39 – “…manchas blancas algo oscurecidas…” –

  – “…Opacas blancas. El color es más oscuro que el de la membrana de un huevo, es decir, el más oscuro de los cuatro colores de la tzaraat. Y puesto que es demasiado oscuro para ser tzaraat, debe ser una simple decoloración de la piel, conocida como bóhak”.

  – “…Es un bóhak…” – Puesto que un bóhak no es im­puro de manera alguna, ¿por qué debe ser mostrado al Cohén? La razón es que cualquier cambio indeseable en la condición física o económica de la persona, incluso si es una molestia menor como un bóhak, debe ser considerado como un eventual castigo por pecados cometidos y la vícti­ ma debe procurar una opinión experta sobre si su compor­tamiento ha sido deficiente y cómo podría mejorarlo. Esos consejos pueden obtenerse de los Cohanim, quienes son los maestros de la nación y asimismo modelos a seguir en su servicio a Dios (véase Deuarim 33:10 y Malají 2:4). De aquí aprendemos que quien pareciera sufrir del desagrado de Dios nunca debe descartar ese malestar como intrascen­ dente. El creyente debe siempre escudriñarse y cuestionar sus actos, y tomar las contrariedades de la vida como indicación de que Dios quiere que enmiende su comportamiento. Dios empieza causando dolores menores mas, si ello no sirve de escarmiento, podría mandar cosas peores (Rabí Moshé Feinstein)”.

vs.40-44 – Calvicie en el frente y detrás de la cabeza. En caso de que a alguien se le caiga el cabello de toda la mitad posterior de su cabeza [karájat] o de toda la mitad anterior de la misma [gabájat], o de su barba, la nueva piel calva es considerada de la misma manera que en el res­to de su cuerpo, con una excepción: la presencia o ausencia de pelo blanco es irrelevante. Tal y como destacamos en la nota introductoria al versículo 29, la característica distintiva del nétek es que el área calva está rodeada de cabello, mas en este caso todo el pelo en el área afectada se cae (Rambán a v. 29)”.

vs.40 – “…Y el hombre, cuando se le cayere el cabello, es calvo…” –

  – “…Quedando calvo detrás de su cabeza, puro es…” – Esta caída de pelo no es un nétek y la persona no queda impura a causa del brote de pelo corto y de la exten­sión del área (como en los versículos 31-32). La piel calva tendría tzaraat sólo si desarrolla una de las cuatro gamas de blanco, y se demuestra esa impureza por medio de la presencia de piel sana dentro de la llaga o por el hecho de extenderse (Rashi)”.

vs.42 – “…En la calva…” La calvicie no es una impureza. Pero la infección puede aparecer allí como en otros lugares. Si aparecía una mancha debía tratársela como en los otros casos. En éste se trata de una mancha blanca rojiza acompañada de hinchazón.

vs.44 – “…leproso es…” –

  –”…Una persona con tzaraat es…” – En todos os casos previos, la Torá emplea sólo el pronombre, mas en este caso se refiere a la persona misma. Cuando Dios Misericordioso castiga a una persona, prefiere hacerlo de manera tal que no le cause humillación pública. El pecador debe saber lo que le sucede y hacer penitencia, mas no tiene que ser avergonzado innecesariamente.

Ello está indicado por las múltiples referencias de la Torá a “el” [Como sujeto tácito] en vez de a la “persona con tzaraat”. Mas la tzaraat de la calvicie es diferente, pues se da en un lugar tal que todo el mundo puede observar la dolencia y saber que Dios le ha negado Su misericordia al pecador. Parecería que ha pecado de manera particularmente grave, como se implica por la descripción de la Torá de él como una persona con tzaraat (Or HaJaím)”.


Levítico 13:45-52 – “…Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! (46) Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada. (47) Cuando en un vestido hubiere plaga de lepra, ya sea vestido de lana, o de lino (48) o en urdimbre o en trama de lino o de lana, o en cuero, o en cualquiera obra de cuero; (49) y la plaga fuere verdosa, o rojiza, en vestido o en cuero, en urdimbre o en trama, o en cualquiera obra de cuero; plaga es de lepra, y se ha de mostrar al sacerdote. (50) Y el sacerdote mirará la plaga, y encerrará la cosa plagada por siete días. (51) Y al séptimo día mirará la plaga; y si se hubiere extendido la plaga en el vestido, en la urdimbre o en la trama, en el cuero, o en cualquiera obra que se hace de cuero, lepra maligna es la plaga; inmunda será. (52) Será quemado el vestido, la urdimbre o trama de lana o de lino, o cualquiera obra de cuero en que hubiere tal plaga, porque lepra maligna es; al fuego será quemada…”

vs.45 – “…Vestidos rasgados…” El leproso llevaba vestimentas de luto. Debía comportarse como si la muerte ya hubiese obtenido la victoria sobre él. Los vestidos rasgados eran la señal acostumbrada de calamidad y profundo pesar (Job 1: 20; 2: 12; Mat. 26: 65). Debía llevar la cabeza “descubierta“, o más bien desgreñada. No debía cortarse el pelo ni peinarse. Debía presentar una apariencia de desaliño. En las últimas etapas de la enfermedad los párpados, las orejas y la nariz desaparecían, quedando expuestos algunas veces los huesos de la cara. Sería difícil imaginarse un espectáculo más repulsivo. Si el leproso buscaba refugio bajo un árbol, cualquier persona que estuviera sentada a la sombra del mismo árbol se consideraba contaminada.

El leproso debía vivir solo, fuera del campamento, y bajo ninguna circunstancia podía entrar en la ciudad. Dependía de la caridad para vivir. La lepra era en verdad una “muerte en vida“.

  –”…Esto indicaba a los transeúntes que deberían alejarse de él, al estar vestido en forma tan distinta a lo aceptado; y además tenía que cubrir su boca para no dañar con su aliento. Cuando transitaba por los caminos, permanentemente iba declarando que era impuro para prevenir a los transeúntes, y evitar que lo tocaran. Basado en Ibn Aezra, quien entiende que esto también correspondía a la forma de vestirse de la persona sumida en duelo. Traducimos פרוע “paruah” como “descubierta”, basados en el diccionario gramático “Sefer Hasharashim”.

En otro orden de cosas, se podría inferir de este versículo que la mayoría de las personas acostumbraban cubrirse la cabeza, y el impuro se diferenciaba al estar descubierto. Rashí, en nombre de nuestros sabios, sugiere que el leproso tenía que ser aislado -y no así otras personas impuras-ya que él a través de la difamación y la calumnia separó a esposo de su esposa y a la persona de su amigo. Por eso él también tendrá que ser separado y aislado de la sociedad”.

vs.46 – “…y habitará solo; fuera del campamento será su morada...” –

  –”…Véase Números 5:1 ‘y subsiguientes, donde constataremos que esta ley ha sido cumplida efectivamente. La razón esgrimida en Números 5:3 es ” … para que no mancillen su campamento en el que Yo moro entre ellos”.

Rashí comenta al respecto que el afectado era expulsado de los tres campamentos, a saber: a) מחנה שכינה , “Mahanéh Shejináh” que era donde estaba sito el” משכן “, “Mishcán” -Santuario-. b) “מחנה לויים “, “Mahanéh Leviim” que eran los que custodiaban el “משכן”, “Mishcán” -Santuario -y de allí en adelante por los cuatro puntos cardinales hasta c) ” מחנה ישראל ” Mahanéh Israel Campamento de Israel-.

Al hombre afectado por lepra le era vedado el acceso a los tres “mahanót” -campamentos–. Mientras que a las otras categorías de “impuros” se les permitía el acceso eventualmente a uno o a dos de los “mahanót” según el caso”.

vs.47 – “…Un vestido…” Es decir, cualquier prenda de vestir. Las vestimentas llevadas por los israelitas eran mayormente de lana o de lino. Bajo ciertas condiciones climáticas, podían aparecer en ellas manchas de moho.

Una persona afectada por esta plaga no podía vivir con los demás. Si su pecado había sido lashón hará, que tiene que ver con la relación social, ya no podía tener contacto con los demás, tenía que vivir solo. Ni siquiera tenía el derecho de asociarse con otras personas impuras. Así no podía pecar más con su lengua.

En Mateo 26:6 está escrito:

“…Y hallándose Yeshúa en Beit-Anyá, en casa de Shimón el leproso…”

Si un “leproso” no podía vivir con los demás, ¿cómo es posible que se diga que Yeshúa estaba en la casa de un “leproso”, uno que tenía la plaga de tsaráat?

Podemos presentar algunas interpretaciones diferentes:

  • Shimón había tenido tzara’at y había sido limpiado.
  • Shimón no estaba viviendo en su casa en esos momentos, sino sólo, fuera de la ciudad.

La traducción no es correcta. En la Biblia aramea se usa la palabra garabá, que significa “alfarero”, “artesano”. La palabra aramea garbá significa “leproso”. Por lo tanto, vemos que los que tradujeron el texto al griego del arameo cometieron un error al entender la palabra garabá como garbá, alfarero como leproso. Una traducción correcta del arameo sería entonces: La casa de Simón el alfarero. Esta es una de las evidencias de que los textos de Mateo y Marcos (ver 14:3) no fueron escrito en griego originalmente.

El hecho de que la Torá está tomando mucho espacio explicando todos los detalles en cuanto a la plaga de tsaráat, “lepra”, ha hecho que los sabios de nuestro pueblo hayan conectado esta plaga con el Mesías. En el Talmud está escrito (Sanhedrín 98b):

“Rab dijo: El mundo fue creado sólo por causa de David. Shmuel dijo: Por causa de Moshé; R. Yojanán dijo: Por causa del Mesías. ¿Cuál es su nombre? – La Escuela de R. Shila dijo: Su nombre es Shiló, porque está escrito, hasta que venga Shiló. La Escuela de R. Yanai dijo: Su nombre es Yinón, porque está escrito, Su nombre permanecerá para siempre: mientras dure el sol, su nombre es Yinón. La Escuela de R. Janiná sostenía: Su nombre es Janiná, como está escrito, Donde no os mostraré Janiná (clemencia). Otros dicen: Su nombre es Menajem hijo de Jizkiyá, porque está escrito, porque lejos de mí está Menajem (el consolador), el que reanima mi alma. Los rabinos dijeron: Su nombre es “el estudioso leproso”, como está escrito, Ciertamente llevó nuestras penas, y cargó nuestras tristezas: sin embargo, nosotros le consideramos como un leproso, herido de Dios y afligido”

Cuando en el Talmud aparece la expresión: “los rabinos dijeron”, significa que esta es la línea oficial de interpretación del judaísmo rabínico de la época. Esto nos enseña, en primer lugar, que el Talmud identifica Isaías 53 con el Mesías. En segundo lugar, está destacando el hecho de que el Mesías tenía que ser “leproso”, en el sentido de que tendría que cargar las enfermedades y los pecados del pueblo.

¿Quién es ese Mesías?

¡Su nombre es Yeshúa!

  –”…En los versículos anteriores habíamos visto que, según algunos exégetas, las afecciones “cutáneas” mencionadas por la Toráh, difícilmente puedan ser motivadas por razones de higiene o profilaxis. Con mucha mayor razón aquellos exégetas nos dirán que las cosas inanimadas no son susceptibles de contraer “enfermedades contagiosas”. Y así nos dice Rambán: “Esto no es un hecho natural del todo, así como las afecciones de las casas. Pero cuando los hijos de Israel se comportan adecuadamente ante D’s, El da firmeza a sus cuerpos, ropas y casas … Empero, cuando ocurriere que uno de ellos se apartare del camino para incurrir en error o iniquidad, se deteriorará la carne de su cuerpo, o su ropa, o su casa, para manifestar que D’s se ha apartado de él … y es por ello que la Toráh repite constantemente versículo tras versículo: «la ropa o el cuero o la trama o la urdiembre-, ya que la cosa es sobrenatural”.

Seforno comparte esta -opinión diciendo que las ropas o las casas, si fueren afectadas, de ninguna forma se lo puede atribuir a un hecho natural. El sugiere que ésto es una prevención para advertir al ser humano acerca de su mal comportamiento. Sin embargo Seforno concluye su largo comentario diciendo que, cuando con el correr del tiempo lo hombres perdieron su dimensión ética, esta prevención sobrenatural también dejó de manifestarse. El mismo Talmud dice: “Una casa afectada por lepra ni ha habido ni habrá en el futuro” (Sanhedrín 71 A). Por último, Abarbanel desecha este tipo de comentarios, y sugiere que la ley que trata de la afección de las “ropas” puede hacer referencia a las mismas ropas que fueran usadas por las personas afectadas de lepra y enunciadas en los versículos anteriores.

En síntesis, de la lectura minuciosa de comentaristas y exégetas resulta que el pivote central de las parashiót ” תזריע “, “tazría” y מצרע , “metsoráh” (Levítico, Cap. 12: 15) es la conducta ética y moral del individuo. Siempre y cuando el comportamiento del individuo fuere correcto ante D’s y los hombres, sus desviaciones serán prevenidas mediante la intervención divina en la vida de los mismos. En este caso afectando ropas o propiedades de las personas, o incluso la piel de su propio cuerpo para que esto sirva de amonestación. La misma palabra de D’s se lo recuerda al rey David cuando, al prometerle el trono de Israel a él y a su descendencia, le dijo (refiriéndose a su hijo): “Yo seré para él cual padre y él será para Mi cual hijo, cuando cometiere iniquidad le reprenderé, con vara de hombres y con afecciones de personas” (II Samuel 7:14). De lo que resulta que, cuando la persona ha abandonado por completo la ética, la moral, el buen comportamiento y la observancia de los preceptos de la Toráh, causa el alejamiento de D’s de su vida, quedando la misma librada al juego del azar, sin orientación ni dirección. Así el ser humano convierte su libre albedrío, con el cual D’s le ha dotado, en caos y desorden. ¿Es ésta la libertad que anhela el ser humano?“.

vs.52 – “…Será quemado el vestido, la urdimbre o trama de lana o de lino, o cualquiera obra de cuero en que hubiere tal plaga, porque lepra maligna es; al fuego será quemada…”

  –”…Donde hubiere infección…” – quiere decir, la ropa que hubiere usado el leproso en su periodo de afección, ya que aquella lepra maligna que afectaba al leproso, contagió aquellas prendas que él usaba y que estaba cerca de él” (Abarbanel)”.


Levítico 13:53-59 – “…Y si el sacerdote mirare, y no pareciere que la plaga se haya extendido en el vestido, en la urdimbre o en la trama, o en cualquiera obra de cuero, (54) entonces el sacerdote mandará que laven donde está la plaga, y lo encerrará otra vez por siete días. (55) Y el sacerdote mirará después que la plaga fuere lavada; y si pareciere que la plaga no ha cambiado de aspecto, aunque no se haya extendido la plaga, inmunda es; la quemarás al fuego; es corrosión penetrante, esté lo raído en el derecho o en el revés de aquella cosa. (56) Mas si el sacerdote la viere, y pareciere que la plaga se ha oscurecido después que fue lavada, la cortará del vestido, del cuero, de la urdimbre o de la trama. (57) Y si apareciere de nuevo en el vestido, la urdimbre o trama, o en cualquiera cosa de cuero, extendiéndose en ellos, quemarás al fuego aquello en que estuviere la plaga. (58) Pero el vestido, la urdimbre o la trama, o cualquiera cosa de cuero que lavares, y que se le quitare la plaga, se lavará segunda vez, y entonces será limpia. (59) Esta es la ley para la plaga de la lepra del vestido de lana o de lino, o de urdimbre o de trama, o de cualquiera cosa de cuero, para que sea declarada limpia o inmunda…”

vs.56 – “…y pareciere que la plaga se ha oscurecido…” –

  –”…Disminuyó…” – Cambió de rojo o verde profundo a un tono menos fuerte (Sifrá)”.

vs.59 – “…Esta es la ley para la plaga de la lepra del vestido de lana o de lino…” –

  –”…Ésta es la ley… Al concluir el capítulo de la tzaraat, la Torá yuxtapone el vocablo Torá con la frase dolen­cia de la tzaraat, lo que enseña que si la persona ha merecido el castigo de la tzaraat, debe dedicarse al estudio de la Torá, debido a que la Torá es un fuego espiritual que purifica lo impuro (véase Bamidbar 31:23). Las últimas palabras de la Sidra son para declararlo puro o declararlo impuro. Esto su­giere que la persona que estudia la Torá absorbe el potencial de adquirir pureza, mas quien descuida su estudio abre las puertas a la impureza (Siftel Cohén)”.

  –”…Para ser declarado puro o impuro…” – El mismo cohén que eventualmente declara al afectado puro es el mismo que debe declararlo impuro llegado el caso. No se podía recurrir a otro cohén, a no ser por caso de fuerza mayor, como el fallecimiento del cohén interviniente (Hizekuni)”.

NOTA ADICIONAL AL CAPÍTULO 13

Muchos de los síntomas de los diversos tipos de “lepra” enumerados en este capítulo, difieren de los síntomas de la enfermedad que ahora se conoce con ese nombre. Además las disposiciones mosaicas para la limpieza ceremonial implican la curación a corto plazo de algunos pacientes de “lepra“. Hasta hace pocos años, no se conocía una cura eficaz para la verdadera lepra.

La palabra traducida “lepra” viene del Heb. tzara’at que significa “golpear“, “abatir“, “azotar“. Una persona afectada de lepra había sido azotada presumiblemente como castigo divino por actos pecaminosos. Esto fue cierto en el caso de María (Núm. 12: 10), de Giezi (2 Rey. 5: 27), y de Uzías (2 Rey. 15: 5). En otros casos de lepra mencionados en el AT no queda claro si este principio se aplica o no (2 Rey. 5: 1; 7: 3). Gesenius considera que tzara’at es intercambiable con gara’, que se refiere a costras o escaras. La palabra griega leprós, de la cual se deriva nuestra palabra lepra, quiere decir “áspero“, “con escamas“, “con costras“. Actualmente se reconocen dos grandes tipos de lepra: lepromatosa y tuberculoide. Los demás casos se incluyen en un tercer grado “indeterminado”. El tipo lepromatoso es maligno. La lepra tuberculoide -habitualmente benigna- comprende las variedades macular, micropapuloide y mayor. La “abolición de las sensibilidades”, característica de la lepra, significa sucesivamente la pérdida de la sensibilidad al calor, al tacto, al dolor y, por fin, a la presión. El tipo neural, llamado también lepra atrófica o maculoanestésica, es considerado actualmente como no infectivo, lo que hace innecesaria la segregación del paciente.

Pareciera lo más probable que la “lepra” de Lev. 13 fuera un término general usado para describir varias enfermedades de la piel, tales como la psoriasis y el vitiligo, como también la verdadera lepra. La mayor parte de los síntomas aquí descritos se parecen a los de la lepra mosaica, o psoriasis. La “hinchazón” del vers. 2 puede ser similar a las protuberancias características de la lepra tuberculoide, o posiblemente de la lepra maculoanestésica. Las “manchas blancas” o “brillantes” (BJ), mencionadas repetidas veces, pueden haber sido de vitiligo, una enfermedad tropical cuyo síntoma principal es la aparición de manchas en la piel. En el vitiligo, los pelos de las partes afectadas se vuelven blancos, como se describe en el vers. 3. La enfermedad comienza con la aparición de manchas pequeñas, pero se extiende con frecuencia abarcando grandes extensiones de piel. Es inofensiva, pero desfigura la apariencia, sobre todo de la persona de tez oscura.

El hecho de que haya diversos síntomas de la “lepra” mencionada en este capítulo refuerza la posición de que, bajo el título “lepra“, se comprenden varias enfermedades que afectan la piel. En épocas cuando no existía la ciencia médica como tal, debe haber sido difícil que los sacerdotes dieran un diagnóstico acertado de las diversas enfermedades que afectan la piel, cuando estas enfermedades eran parecidas y no había ni siquiera un nombre específico para cada una. Evidentemente Moisés agrupó todas estas enfermedades similares bajo un título, tzara’at, que se ha traducido “lepra“.

La idea de poner en cuarentena a los enfermos de dolencias contagiosas parece haberse originado entre los hebreos; era una salvaguardia dada por Dios mismo.

Se ha pensado que la idea bíblica de segregar a las personas que tuviesen “lepra” llevó, en la Edad Media, a la costumbre de aislar a los enfermos de la verdadera lepra. Algunos comentadores han sostenido que la lepra se originó en Egipto, pero en realidad su origen es desconocido. Mucho antes de la época de los israelitas, la lepra ya se había propagado por el Lejano Oriente, India y Africa, y por las costas mediterráneas.

La “lepra” en las paredes de las casas o en las vestimentas tomaba forma de manchas o vetas rojas y verdes. Parece haber sido una forma de hongo, y aunque era diferente de la “lepra” de los seres humanos, probablemente indicaba que la casa era insalubre. La ropa infectada podría quizá extender a los seres humanos una enfermedad causada por hongos. Pero la razón de esta plaga de tzara’at ya sea en casas, ropas, o personas era consecuencia de una persistencia en el pecado.

Ver también nuestro artículo de La lepra y “tzara’ath” en tiempos de Jesús


(Pulse aquí para ver mas comentarios del libro de Levítico)

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