Sobre Cesarea de Filipo y la confesión de Pedro

En este artículo desarrollaremos el marco histórico de la ciudad de Cesárea de Filipo, mencionada en los evangelios, y donde Jesús y sus discípulos transitan, en esta ciudad Jesús y Pedro tienen un intercambio de palabras interesantes donde sabiendo mas del contexto geográfico de dicha declaración puede arrojarnos mas luz a las implicaciones de ellas.

Video resumen explicativo:

  • Contenido:
  1. El Entorno natural
  2. Historia del lugar
  3. Geografía y cosmovisiones
  4. Intercambio entre Jesús y Pedro en Cesárea de Filipo
  5. Excursus sobre Cesarea de Filipo y el monte Hermón por Michael S. Heiser

El Entorno natural

Cesarea de Filipo estaba ubicada en la base sur del majestuoso monte Hermón, un inmenso bloque de piedra caliza dura depositado durante el período geológico cenomaniense. El monte Hermón es la extensión sur de la cordillera de cumbres Antilíbano. Las laderas del monte Hermón son compartidas por los modernos Israel, Siria y Líbano. Una gran falla separa dos secciones principales del bloque sur. El flanco oriental donde se ubicaba Cesarea de Filipo tiene una mezcla de composición geológica, con margas, esquistos y abundancia de basalto1. La elevación del monte Hermón supera los 9000 pies (2700 metros). Esto, en combinación con su ubicación más norteña, implica que recibe una cantidad significativa de precipitaciones2. En la estación de invierno y bien entrado en abril y mayo, las laderas expansivas relucen brillantemente con nieve y son visibles lejos desde el sur en días claros.

En virtud de que la piedra caliza interactúa químicamente con el agua, esta inmensa montaña está entrelazada con fisuras subterráneas y cavernas llamadas «karsts». Gran parte de las precipitaciones se filtra a través de las capas porosas del suelo de roca creando grandes reservorios subterráneos. La dirección del la corriente de agua subterránea es afectada por las líneas de la falla y capas menos permeables que causan su emisión en manantiales kársticos. Tres manantiales particularmente grandes en los límites oeste y sur del monte Hermón son las cabeceras de lo que en su momento se convierte en el río Jordán. Están en Hasbani en el Líbano moderno (se convierte en el río Snir), Dan (río Dan) y Banias (río Hermón).

Banias es el nombre contemporáneo del lugar y preserva la Paneas original (también Panias). La letra «p» no existe en árabe; se sustituye por «b». Trataremos más abajo el motive de la ubicación que inicialmente se llamó Paneas durante el período del segundo templo. Paneas fue renombrada como Cesarea de Filipo durante el reinado de Herodes Filipo el tetrarca (4 a.C–34 d.C.).

Para nuestros fines de dilucidar el texto bíblico, los manantiales en Dan y Banias son los más significativos. En efecto, el manantial kárstico en Dan es el más grande en Oriente Medio. A tan solo tres millas hacia el este, la ciudad de Cesarea de Filipo se expandía cerca del manantial Banias en la base de una inmensa escarpa, 30 metros de alto y 80 metros de largo3. Durante el primer siglo, el agua aparentemente brotaba justo debajo de la inmensa cueva, aún evidente en la cara de la roca. En palabras de Josefo:

[El lugar es llamado]Paneion. En este punto una montaña alcanza su cumbre a una inmensa elevación en lo alto; en la base del acantilado hay una apertura hacia una caverna cubierta; dentro de esta, hundiéndose hacia una profundidad inmensurable, hay un abismo, albergando un volumen de agua estancada cuyo fondo ninguna línea se sondeo ha sido lo suficientemente larga como para alcanzar. Fuera y debajo de la caverna se elevan los manantiales que, algunos consideran, surge el Jordán4.

Wars 1.403–406
‎Banias es un sitio arqueológico al pie del monte Hermón, cerca de la antigua ciudad de Cesarea de Filipo, en el norte actual de Israel. Lleva el nombre de Pan, la deidad de la naturaleza griega a quien fueron dedicados las cuevas y santuarios, en torno a una de las fuentes del río Jordán, un manantial llamado “Paneas”. El sitio incluye un templo, patios, la cueva, y los espacios para los rituales. Fue construido sobre una terraza natural de 80 m (260 pies) de longitud, a lo largo del acantilado, al norte de Cesarea de Filipo.

Historia del lugar

Durante la época del Antiguo Testamento

Con su abundancia de agua, no es de sorprenderse que Dan y Cesarea de Filipo atrajeran comunidades significativas. Ya en el libro de Jueces leemos sobre la inmigración de al menos una parte de la tribu de Dan desde su inicial parcela tribal al oeste de Judá y Benjamín a esta ubicación atractiva y con agua abundante. En aquella época, la ciudad fue llamada Laish pero luego de que los danitas la conquistaran cambiaron su nombre por Dan (Jueces 18:29), se asentaron allí y establecieron un sitio completo de adoración con los objetos que habían robado en el trayecto de alguien de Efraín llamado Micaía (Jueces 18:1–31). Así, se preparó el escenario para el centro más formal de adoración donde Jeroboam hijo de Nabat dispuso uno de los dos becerros de oro (1 Reyes 12:25–33). El otro becerro fue establecido en Bet-el. Entre los dos, los israelitas del reino del norte tenían fácil acceso a una instalación religiosa que aparentaba ser legítima en la superficie aunque fuera falsa en su núcleo5.

Según parece la ubicación que los danitas escogieron ya se consideraban un territorio sagrado por los cananeos que habitaban la tierra. El nombre Hermón está relacionado con la palabra hebrea ḥerem, que significa una cosa o un lugar que era sagrado. Tenemos evidencia tanto del texto bíblico como de fuentes extrabíblicas de que esta gran montaña se consideraba tradicionalmente suelo sagrado. Su formidable altura y la abundancia de agua contribuían con aquel sentido de santidad.

Al momento de la conquista y el asentamiento, el monte Hermón era llamado Baal Hermón, sugiriendo la asociación de la conocida figura de Baal con la cordillera montañosa (Jueces 3:3; 1 Crónicas 5:23; ver también Josué 11:17). Tal asociación no es sorpresiva pues se suponía que Baal fuera el dios de la tormenta, la lluvia y por ende de la productividad agrícola. Las precipitaciones abundantes sobre las laderas del monte Hermón hacían de este una «residencia» perfecta para Baal. Además, los amorreos denominaban al monte Senir, mientras que era Sirión para los sidonios (Deuteronomio 3:9)5. Estos dos nombres bíblicos surgen en los textos egipcios de maldición del siglo 19 a.C. y en un tratado del siglo 14 a.C. entre los hititas y los amorreos. En este último, ambos lados juran por los «dioses del monte Shariyanu»6. La vasta montaña por entero tenía un aura de trascendencia que bien se extendería más allá de la pequeña ubicación de Dan.

Mientras los danitas se reubicaban, lo que no sabían era que sus descendientes estarían en la ruta de invasión del norte de cada fuerza enemiga procedente del norte y el este. El texto bíblico indica que cuando Ben-adad de la vecina Siria (Aram) atacó el reino del norte en respuesta al pedido de ayuda por arte de Asa, Dan estuvo entre las primeas ciudades en caer (1 Reyes 15:16–22, ver 2 Crónicas 16:1–10 sobre la crítica profética de la decisión de Asa). De igual modo, Tiglat-pileser III de Asiria devastó toda la región del norte de Israel y Transjordania. Aunque no se menciona a Dan, estaba en la línea de ataque pues Ijón, Abel-bet-maaca, Janoa, Cedes, Hazor, Galaad, Galilea, y toda la tierra de Neftalí cayeron (2 Reyes 15:29).

Restos del templo de Pan en Banias (en la actualidad). El edificio del fondo, en la ladera del acantilado, es el santuario de Nebi Khader.

Bajo la influencia ptolemaica

El poderío militar y cultural de la conquista de Alejandro Magno barrió el Levante en 333 a.C. Luego de la muerte de Alejandro y varias décadas de agitación política, el Mediterráneo oriental fue parcelado entre Ptolomeo y Seleuco, dos de los generales de Alejandro. Ptolomeo tomó control de Egipto y Seleuco estableció su mandato sobre Siria y las regiones geográficas próximas. Durante el siglo siguiente, sus sucesores pugnaron por controlar lo que había sido Israel. Durante el tercer siglo a.C., los ptolemaicos dominaban el territorio. El balance de poder cambió en 198 a.C. cuando Antíoco III (un seléucida) derrotó al general egipcio Scopas en Paneas (así llamada en honor al dios Pan).

Mosaico romano con el rostro del dios Pan.

Junto con las olas de conquista militar llegó al conquista cultural acompañante. Los dioses o las diosas de Grecia en profusión fueron añadidos a los lugares sagrados que ya estaban bien establecidos. El más prominente en esta ubicación era Pan, un dios acadio de los rebaños, representado como parte cabra y parte humano. El nombre «Pan» procede del antiguo acadio y significa «pastar»5. Pan era una figura rústica, habitando las altas colinas y cuevas y adorado en contextos al aire libre, particularmente donde las fuentes de agua abundante señalaban la fertilidad. Pan solía ser retratado danzando, una representación eufemística de los ritos de fertilidad sexual. Además, las fuentes griegas en la antigüedad asociaban a Pan con la Victoria en la batalla mientras que legendariamente su elusiva presencia infundía pánico en los ejércitos enemigos6. Cruzando límites culturales hacia el este, la figura de Pan solía unirse a la de Dionisio en representaciones de procesiones. Todos estos adornos pueden haber influenciado el nombre de este lugar. Los muros de la gruta dedicada a Pan tenían placas de mármol, evidenciado por los remanentes de yeso que las sostenía. Las monedas indican que las estatuas de Pan eran puestas dentro de los nichos en la cara de la roca. Con el tiempo, también aparecieron santuarios y nichos de adoración para otros dioses y diosas. Entre ellos estaba Zeus, Hermes y Némesis7.

Moneda de Zeus y Pan ‎
Este estatero de plata, acuñado alrededor del 370 a.C., en la región griega de Arcadia, representa a Zeus, rey de los dioses (anverso). Pan, cuyo culto se inició en Arcadia, se sienta junto a su instrumento musical, las flautas de Pan o “siringe” (hacia atrás). Aquí, él es el dios de la caza, sosteniendo una vara utilizada para cazar liebres. El monograma “ARCA” es sinónimo de Arcadia. El culto a Zeus y Pan era generalizado en Grecia y las regiones helenizadas. Los de Listra confundieron a Pablo con Zeus (Hech 14:12–13). Cesarea de Filipos fue un centro de adoración a Pan (Mat 16:13).

En este contexto, es importante visitar brevemente la esfera del Hades pues se conecta con elementos de prácticas de adoración paganas que ya hemos descrito. Nuestro tour nos lleva primero a la descripción de Homero de la división triple de todas las cosas entre Zeus, Poseidón y Hades. Mientras que a Poseidón se le concede el mar y a Zeus los cielos, Hades recibió la «turbia oscuridad» de los muertos abajo8 y era el más despiadado e inflexible de todos los dioses, el que más odiaba a los humanos9. En su momento, el nombre, Hades, pasó a ser referencia del lugar de los muertos así como el dios de los muertos.

En una de las líneas que suelen citarse de Homero, Aquiles dice:

«Porque odioso para mí, incluso como las puertas del Hades, es aquel hombre que esconde una cosa en su mente y dice otra»10.

Homero, Ilíada 9.312–313

Las imágenes oscuras de la casa y las puertas del Hades son recurrentes a lo largo de la Ilíada y la Odisea, y están alojadas mucho más allá del griego clásico. Representan la amplia franja del temor humano a la muerte. Esta misma imaginería siniestra de «puertas de muerte» y «puertas de profundas tinieblas» aparece también en Job 38:17. Se trata de un lugar solo conocido por Dios11. La red de metáforas relacionadas se expande para incluir la «profundidad del Seol» (Job 17:16) y las «puertas del Seol» (Isaías 38:10). Seol, representando los aspectos numinosos y terrible de la muerte y el sepulcro, estaba más allá de los límites de la experiencia humana. De igual modo, más allá de la boca de la gruta de Pan en Paneas estaban las sombras temibles; en la entrada estaba el umbral de la muerte. En resumen, con el desarrollo del conjunto de lugares rituales y figuras paganas, Paneas se convirtió en la contraparte helénica y rival de la tradicional adoración cuasi judía en Dan.

Bajo la influencia seléucida

Estar bajo el control político y religioso de los seléucidas implicaba un cambio radical para la población judía. Mientras que los ptolemaicos habían sido relativamente tolerantes, los seléucidas eran activamente hostiles a los judíos y sus prácticas religiosas. Como resultado, la mitad del segundo siglo a.C. vio la revuelta Macabea, el establecimiento de la dinastía judía asmonea y el estado semi independiente por casi un siglo, todo en medio de un torbellino de intrigas y complicaciones políticas.

Bajo la influencia romana

En el primer siglo a.C., este territorio estaba bajo la sombra de la creciente presencia de Roma. Los nombres de Julio César y Octavio (César Augusto) eran de alto perfil. En medio de las crisis internas y externas, Antípater II, padre de Herodes el Grande, se las arregló para permanecer por encima de la turbulencia y adquirió para su hijo la gobernación de Galilea. Herodes no llegó fácilmente a su máxima posición como «rey de los judíos». Cuando fue designado por el senado romano en el 40 a.C., primero consolidó su poder por medio de la brutal supresión de toda la oposición judía. Luego pulió su honor edificando estructuras monumentales alrededor del país. Fue un acto de balance político: reconstruyó el templo de Jerusalén, ostensiblemente para los judíos, pero también edificó numerosos templos en honor de los dioses y emperadores romanos.
Cuando Herodes recibió la ciudad de Paneas en 20 a.C., Josefo nos dice que procedió a construir el templo de mármol blanco y dedicarlo a Augusto:

Y cuando regresó al hogar luego de escoltar a César hasta el mar, erigió para él un muy bello templo de piedra blanca en el territorio de Zenodorus, cerca del lugar llamado Paneion… Este fue el lugar más celebrado que Herodes más adornó con el templo que había consagrado a César12.

Josefo, Ant. 15.363–364

Esto contribuyó a la transición fundamental hacia el culto imperial. Esta estructura estaba directamente en frente de la gruta de Pan desde la cual brotaban las aguas del manantial. Suplantó la adoración de Pan que había estado centrada en la gruta. Cuando el hijo de Herodes, Filipo el tetrarca, fue designado regenta de los territorios de habla griega al norte y el este del mar de Galilea, agrandó el templo dedicado a Augusto, reconstruyó y embelleció el pueblo, y renombró la ciudad como Cesarea13. Filipo acuñó monedas para indicar que había fundado la ciudad, y su propio nombre estaba adjunto al lugar que se volvió el centro de su gobierno14.

Al este del monumental templo construido para Augusto yace otro cimiento de templo. Aunque dicho templo no está identificado directamente, la diosa Némesis está asociada con él. Némesis era adorada en otros lugares en la tierra como hipóstasis de Tique, cuyo templo aparece en las monedas de la ciudad15.

A diferencia de la Galilea bajo el control de Herodes Antipas, la población de Gaulanitis, Traconítide e Iturea permanecieron principalmente gentiles. Cesarea de Filipo era el centro de la adoración pagana helénica junto con la exaltación del emperador de Roma. Durante los días de Jesús, las referencias a «la región de Cesarea de Filipo» (Mateo 16:13) y «las aldeas de Cesarea de Filipo» (Marcos 8:27) reflejan el estatus de la ciudad como el centro de poder del territorio de Filipo. Así, esta parte del ministerio de Jesús se desarrolló en una ciudad pagana principal.
Los vientos cambiantes del poder afectaron la ciudad.

Santuario al dios Pan

Cuando Agripa II (50–95 d.C.) la recibió como un regalo de Nerón, la reconstruyó y la renombró como Neronías, en honor de Nerón16. Durante la fase galilea de la primera revuelta judía, Vespasiano acampó en la vecindad de la ciudad antes de la masacre de judíos sobre el mar de Genesaret. En su descripción de estos acontecimientos, Josefo se refiere a la ciudad como Cesarea de Filipo para distinguirla de Cesarea en el mar17. Aunque Cesarea de Filipo era un lugar cristiano importante, el nombre no se sostuvo y para el tiempo de la conquista árabe, se convirtió en Banias, haciendo eco del primitivo nombre de Paneas.

‎La línea de Herodes el Grande terminó con Herodes Agripa II (27 al 93 d.C.), hijo de Herodes Agripa I. En Hech 25–26, la compañera de Agripa II, Berenice, era su hermana. En el 53 d.C., el emperador Claudio le dio la tetrarquía de Lisanias, que incluía Cesarea de Filipo, a la cual Agripa renombró “Neronías” en honor del Emperador Nerón, alrededor del año 61 d.C. La inscripción sobre el reverso de esta moneda de bronce conmemora el renombramiento; el anverso muestra el busto de Nerón. Después de fracasar en prevenir la guerra en la que Tito destruyó Jerusalén, Agripa II murió, sin hijos, en Roma.

Geografía y cosmovisiones

A la luz de la escarpa de roca maciza contra la que Cesarea de Filipo fue construida y en la cual fueron talladas las imágenes de dioses y diosas muertos, Jesús puede haber utilizado petra para referirse a las cosmovisiones representadas en aquella cara de la roca. Parecían insuperables pero, aquí, Jesús fue declarado como el Dios viviente. En otras palabras, su encuentro representaba una condenación punzante de toda forma de adoración pagana. Esto resulta incluso más dramático a la luz de las capas de historia religiosa que se habían acumulado allí.

Como señalamos anteriormente, el monte Hermón era llamado tanto Baal Hermón como Senir (Jueces 3:3; 1 Crónicas 5:23) y este último nombre junto con Sirión fue atestiguado fuera de la cultura geopolítica inmediata. El monte Hermón bíblico también puede asociarse con Sefón, que aparece en los textos ugaríticos como el habitáculo de Baal18. Según el mito cananeo, Baal moría en los secos meses de verano y volvía a la vida con las lluvias de invierno que resucitaban la tierra19. A adoración a Baal y su consorte, Asera, no solo celebraban esta muerte y resurrección estacional sino que también centraban en rituales para traer fertilidad a cada esfera de la existencia humana. Así, ya existía un rico trasfondo aquí para una maraña de cosmovisiones religiosas que tenían que ver con la vida y la muerte.

Sumar a esto la adoración helénica de Pan, Zeus y Némesis con los mismos matices de actividades de vida y muerte. Finalmente, habitar las «puertas del Hades» en la oscura entrada a la cueva de Pan y el lugar estaba colmado con los dioses sombríos e impredecibles que traían numinoso terror y pavor. Una tradición popular de la Antigüedad Tardía puede que aumente este cuadro. Existe una discusión rabínica sobre el amplio abanico de condiciones que prevalecerían (o no) cuando el Mesías (Hijo de David) viniera (ver art. Hijo de David). La contribución final expresa lo siguiente:

Los discípulos de R. Jose b. Kisma le preguntaron: “¿Cuándo vendrá el Mesías?”. Él respondió: “Temo que demanden una señal de mí, [que mi respuesta sea correcta].” Ellos le aseguraron: “No demandaremos ninguna señal de su parte.” Entonces él respondió: “Cuando esta puerta caiga, se reconstruya, caiga de nuevo, y de nuevo sea reconstruida, y luego caiga una tercera vez, antes de que pueda reconstruirse el hijo de David vendrá.” Ellos le dijeron: “Maestro, danos una señal.” Él protestó: “¿Acaso no me aseguraron que no demandarían una señal?.” Ellos respondieron: “Aunque así fue, [deseamos una].” Él les dijo: “entonces, que las aguas de la gruta de Paneas se tornen en sangre”; y se convirtieron en sangre. Cuando yacía moribundo, les dijo: “ubiquen mi sarcófago profundo [en la tierra].”

(b. San. 98a)

Aunque las tradiciones rabínicas fueron escritas significativamente más tarde e incluyen algunos elementos probablemente imaginarios, la conexión entre «esta puerta» y «las aguas de la gruta de Paneas» establece la ubicación e indica que el mundo numinoso más allá de la cara de la roca aterrorizaba a la gente. Para Jesús, poseer en Cesarea de Filipo los títulos Hijo del Dios viviente así como Hijo del Hombre sería anexar todas las nociones paganas asociadas con la ubicación. Más aún, Jesús pronto comenzó a enseñarles una muerte y una resurrección radicalmente distintas del mito que envolvía las narrativas de Baal (Mateo 16:21).

Intercambio entre Jesús y Pedro en Cesárea de Filipo

La importancia de la declaración de Pedro

Mateo ofrece el relato más completo de la conversación entre Jesús y Pedro (Mateo 16:13–20; ver las versiones comprimidas en Marcos 8:27–29; Lucas 9:18–20). Los tres Evangelios sinópticos tienen la pregunta de Jesús: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (este es el reporte de Mateo; tanto Marcos como Lucas tienen simplemente «¿Quién dicen los hombres/la gente que soy yo?»). Jesús había elegido mucho tiempo identificarse como «Hijo del Hombre», un título lleno de sentido a partir de las tradiciones proféticas de Ezequiel y Daniel.

Dios repetidamente trató al profeta Ezequiel como «hijo de hombre», enfatizando que era un ser humano escogido por Dios para dar la palabra de Dios. «Hijo de Hombre» en Daniel es radicalmente distinto. Daniel vio el trono del Anciano de Días y «uno como Hijo de Hombre» procediendo de la presencia del Anciano de Días. Cuando lo hizo, le fueron dados todos los atributos de la divinidad: «Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido» (Daniel 7:13–14). Así, la elección deliberada de Jesús de este título era una declaración de que como «Hijo del Hombre» era en forma humano y totalmente divino. Ahora les exigía hacer frente a las implicaciones profundas de aquel título.

Sus respuestas iniciales daban cuenta de los rumores populares. Algunos decían Juan el Bautista; una posibilidad relacionada era Elías en vistas de que Juan había venido en «el espíritu y el poder de Elías» (Lucas 1:17; haciéndose eco de Malaquías 4:5–6). Mateo nos dice que Jeremías estaba en la mezcla y todos dicen que la especulación también abarcaba otros profetas antiguos no mencionados. Jesús los presionó: «¿Quién decís vosotros que soy yo?». Entonces Pedro declaró que Jesús era el Mesías («Ungido»), ya una variación significativa de la percepción popular de Jesús como profeta. Lucas lo tiene como «el Cristo de Dios». Mateo, no obstante, reporta una afirmación completa y destacable: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Jesús respondió a su vez que este anuncio de Pedro estaba cargado de importancia teológica. Solo la revelación de Dios el Padre podía capacitar a Pedro para que hablara verdad de esta magnitud.

En este punto, debemos reflexionar brevemente sobre las implicaciones de las preguntas de Jesús y la respuesta de Pedro en el inmediato contexto espacial y cultural. En el corazón de esta floreciente ciudad helénica, rodeados de imágenes de piedra de dioses sirios y griegos y un templo imponente consagrado al culto imperial, Jesús pidió que sus discípulos lo identificaran. Los instaba a ir en contra del «consenso», y no solo de la cultura extranjera en la que estaban inmersos. Esto era suficientemente difícil. También les pedía que declararan su singularidad de todo lo que lo había precedido en su propia tradición venerable. La reacción de Pedro abordó ambos problemas contextuales. En medio de las imágenes de piedras muertas que los rodeaban en Cesarea de Filipo, declaró que Jesús era el hijo del Dios viviente, desafiando tanto a los dioses muertos como a quienes eran lo sufrientemente necios como para adorarlos como si en verdad existieran. Además, en lugar de simplemente identificar a Jesús como profeta (una afirmación «confortable») anunció que Jesús era en verdad el «Ungido» y el «Hijo de Dios». Eso implicaba que Jesús era el cumplimiento de todas sus esperanzas, mal formadas como dichas esperanzas podrían haber estado en ese momento.

Jesús tenía mas para decir

Jesús afirmó las palabras de Pedro, diciendo que estas solo podían haber sido reveladas por «mi Padre que está en los cielos». Lo que dijo a continuación es rico en simbolismos en un número de niveles. «… tú eres Pedro (Petros, Πέτρος), y sobre esta roca (petra, πέτρα) edificaré mi iglesia…» (16:18 RVR60, LBLA, NTV). Pasó a declarar que las «puertas del Hades» no vencerían ni prevalecerían contra la iglesia.

Mientras Jesús estaba de pie con sus discípulos frente al acantilado escarpado en Cesarea de Filipo, su utilización de la metáfora «roca» era vívida. Ciertamente hay una diferencia de opinión considerable sobre el tamaño de roca indicada por Petros, Πέτρος y si Petros y petra son, en efecto, intercambiables. Además, sortear a través de las implicaciones relacionadas con Pedro, Cefas y Simón hijo de Jonás de la forma en que Jesús empleaba esos nombres resulta complicado.

No obstante, parece que Jesús afirmó que Pedro tenía el potencial para una clase de estabilidad al estilo de una roca, una afirmación llena de esperanza a la luz del carácter explosivo que Simón solía demostrar. Al mismo tiempo, petra era el término adecuado para describir el enorme precipicio en frente del cual se desplegaba este diálogo. (Nótese su uso en Mateo 7:24, 25: «que edificó su casa sobre la roca (petra)».)

Cuestiones interpretativas

Han habido siglos de discusión sobre el papel tradicional de Pedro con relación a la iglesia: ¿qué quiso decir Jesús al expresar «sobre esta roca (petra) edificaré mi iglesia»? ¿Fue pensado para presentar a Pedro como el líder principal de la iglesia?

[Ciertamente hay pistas en los Evangelios del papel prominente de Pedro desde el mismo comienzo. «Simón, llamado Pedro» es el primero en las listas de los apóstoles (Mateo 10:2; Marcos 3:16; Lucas 6:14; ver también Hechos 1:13). Su nombre también figura en primer lugar en la lista de tres del círculo interior. Cuando Jesús sanó a la hija del principal de la sinagoga, Pedro, Santiago y Juan fueron los únicos discípulos en evidenciarlo (Marcos 5:35–43; Lucas 8:49–56). Pedro, Santiago y Juan estuvieron con Jesús cuando fue transfigurado ante ellos (Mateo 17:1; Marcos 9:2; Lucas 9:28). Marcos señala la pregunta que «Pedro, Jacobo, Juan y Andrés» dio paso al discurso de los Olivos (Marcos 13:3). En el jardín de Getsemaní, no solo el nombre de Pedro aparece primero sino que también Jesús se dirigió a él de forma directa luego de volver de la oración (Mateo 26:36–46; Marcos 14:32–43). En más de una ocasión, Pedro servía como vocero de los demás discípulos (Mateo 18:21; 19:27; Marcos 8:27; Lucas 12:41; 18:28) y fue reconocido como líder aun por aquellos fuera del círculo de los discípulos (Mateo 17:24).

Por otro lado, están quienes interpretan el anuncio de Jesús como afirmando el mismo fundamento de la iglesia. Sería edificada sobre la verdad sólida como la roca de la confesión de Pedro sobre que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Ninguna de estas posibilidades debería descartarse a la ligera. Puede que sea posible, sin embargo, dilucidar mejor la cuestión con una mayor consciencia de los entornos geográficos, junto con una incursión en los contextos literarios, y cierta ayuda del idioma griego.

Traducción e interpretación alternativas

Traemos unas gafas adicionales por medio de las cuales podemos ver esta escena. Como es cierto con cualquier idioma, hay múltiples posibilidades para traducir las preposiciones griegas.

En este caso, en lugar de traducir la preposición epi (ἐπί) como «sobre», quizá debería traducirse e interpretarse como «contra». Es una de las opciones de traducción, aunque es mucho menos frecuente. En otras palabras, quizá Jesús declare que edificaría su iglesia contra esta cara de la roca con todos sus grabados y nichos consagrados a dioses y diosas, todo lo cual representaba aplastar la falsedad. La iglesia habría de estar a la ofensiva contra las visiones destructivas del mundo que roban la vida y la esperanza de la gente. Las puertas de la muerte colapsarían mientras la iglesia y el Hijo del Dios viviente avanzaran con poder20.

Esto trastornaría todo lo que sus discípulos conocían y habían experimentado. La enseñanza de Jesús incesantemente los instaba a pensar en términos de inversión y esto no era diferente. Inmediatamente luego de esta declaración, Jesús les dijo que no revelaran su identidad como Mesías. Luego de una revelación tan radical, ¿cómo se esperaría que se mantuvieran callados? Entonces les habló sobre su muerte inminente, seguida por su resurrección. Pedro probablemente oyó las palabras ominosas sobre el sufrimiento y la muerte pero no era capaz de procesar la cuestión de volver a la vida. Así, solo unas oraciones después de exaltar a Pedro, Jesús cambia y lo llama «Satanás», adversario. Eso llevó a la admonición de tomar la cruz, perder la vida a fin de salvarla. ¡No es de sorprenderse que sus cabezas quedaran dando vueltas!

Secuelas

Apenas una semana después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan a un monte elevado para estar a solas21. Aunque no es mencionado, la proximidad del monte Hermón lo convierte en probable candidato para este acontecimiento. La otra sugerencia tradicional es el monte Tabor, entre el extremo sur del mar de Galilea y Nazaret. Esto puede ser improbable simplemente desde un punto de vista político. En los meses anteriores, Jesús evitó el territorio judío y probablemente continuo haciéndolo hasta que «afirmó su rostro para ir a Jerusalén» (Lucas 9:51) luego de la transfiguración.

La apariencia de Jesús fue cambiada y sus vestiduras se volvieron brillantes y radiantemente blancas. Moisés y Elías se unieron a Jesús y hablaron de su «partida» (exodos, ἔξοδος, Lucas 9:31) que estaba por cumplir en Jerusalén. Pedro, Santiago y Juan vieron la gloria manifiesta de Jesús; la sobrecogedora brillantez casi desafía la capacidad de cada escritor del Evangelio de expresarla con palabras. Mateo dijo que su rostro era como el sol y sus vestidos eran «blancos como la luz».

Marcos añade que ningún lavador en la tierra podría hacerlos tan blancos.
Pedro espetó una sugerencia sobre construir enramadas, posiblemente porque se aproximaba la fiesta de los tabernáculos y según la tradición el mesías regresaría en dicho festival22. Mientras la nube de gloria los envolvía, oyeron la voz ordenándoles que «oyeran.» Eso ciertamente significaría escuchar las cosas que Jesús dijo que eran difíciles de oír. Regresaría al tema de su inminente traición y muerte.

El monte Hermón estaba apartado del ajetreado mundo que había debajo. Lucas indica que fue «al día siguiente» (9:37) cuando se reunieron con la multitud de personas. Eso también se ajusta bien con la extensión de las pendientes de los montes y el momento en que tomaría ascender y descender. El descenso era ominoso; era volver a la oscuridad de la aflicción del demonio y las discusiones entre los discípulos (Mateo 17:14–19; Marcos 9:14–29; Lucas 9:37–50). Sin embargo, Jesús continuo desafiándolos a una fe mayor y aun aquella exhortación abrevó en la imagen de este monte macizo e inconmovible: «… si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará» (Mateo 17:20). Desde allí, los evangelistas nos cuentan que Jesús y sus discípulos fueron a través de Galilea hacia Capernaúm (Mateo 17:22–24; Marcos 9:30–33).

Excursus sobre Cesarea de Filipo y el monte Hermón por Michael S. Heiser

Zona cero: Las puertas del Hades

Las escaramuzas espirituales contra los poderes de las tinieblas son evidentes a lo largo del ministerio de Jesús. Una de las más espectaculares es la que se describe en Mateo 16:13–20. Jesús se dirige con sus discípulos al distrito de Cesarea de Filipo. Por el camino hace la famosa pregunta de “¿Quién dicen los hombres que soy?” Pedro responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Jesús alaba a Pedro:

Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella

(Mt 16:17–18 LBLA).

Este pasaje se encuentra entre los más controvertidos de la Biblia, ya que es un punto central de debate entre los católicos romanos, que hacen referencia a él para argumentar que el pasaje convierte a Pedro en el líder de la iglesia original (y por tanto en el primer papa) y aquellos que se oponen a esta idea (ver mas arriba). En realidad aquí está teniendo lugar algo mucho más cósmico. La ubicación del incidente (Cesarea de Filipo) y la referencia a las “puertas del infierno” proporcionan el contexto de la “piedra” de la que Jesús está hablando.

Cesarea de Filipo está junto al río Farfar. Teniendo en cuenta esta geografía, Podemos ver exactamente dónde se encontraba Jesús cuando le dijo a Pedro las famosas palabras acerca de “esta piedra” y las “puertas del infierno”.

Cesarea de Filipo estaba situada en la parte norte de la región veterotestamentaria de Basán, el “lugar de la serpiente”, a los pies del Monte Hermón23.

Las cosas no habían cambiado mucho en tiempos de Jesús, al menos por lo que se refiere al control espiritual. Quizás se haya percatado de que en estos mapas a Cesarea de Filipo también se la llamaba “Panias”. Eusebio, el historiador de la iglesia primitiva, apunta lo siguiente: “Hasta hoy, el monte que se encuentra frente a Panias y el Líbano es conocido como Hermón y es respetado por las naciones como un santuario”24.

El lugar era famoso en el mundo antiguo como un centro cúltico de Pan y por contar con un templo dedicado al dios supremo Zeus, que en tiempos de Jesús se consideraba que se había encarnado en Augusto César25. Como cuenta una autoridad:

Se han inspeccionado más de veinte templos en el Monte Hermón y sus alrededores. Este es un número sin precedentes si lo comparamos con otras regiones de la costa fenicia. Parecen ser los antiguos lugares cúlticos de la población del Monte Hermón, y representan el concepto cananeo/fenicio de centros cúlticos al aire libre dedicados, evidentemente, a los dioses celestiales26.
La referencia en la cita a “dioses celestiales” hace que nuestra mente recuerde “las huestes celestiales”, los hijos de Dios que fueron puestos a cargo de las naciones en Babel (Dt 32:8–9) y que los israelitas no debían adorar (Dt 4:19–20; 17:3; 29:25).

La base de la tesis del catolicismo de que la Iglesia está edificada sobre el liderazgo de Pedro es que su nombre significa “piedra”27. Indudablemente hay un juego de palabras en la confesión de Pedro, pero yo sugeriría que también hay un importante doble sentido: la “piedra” se refiere a la ubicación de la montaña donde Jesús hace la declaración. Cuando lo vemos desde esta perspectiva, Pedro confiesa a Jesús como Cristo, el Hijo del Dios viviente, en “esta piedra” (esta montaña —el Monte Hermón). ¿Por qué? Este lugar estaba considerado como las “puertas del infierno”, la pasarela al mundo de los muertos, en tiempos del Antiguo Testamento28.

El mensaje teológico no podría ser más espectacular. Jesús dice que edificará su iglesia y que las “puertas del infierno” no prevalecerán contra ella. A menudo pensamos en esta frase como si el pueblo de Dios estuviera en posición de ahuyentar con bravura a Satanás y sus demonios. Esto simplemente no es correcto. Las puertas son estructuras defensivas, no armas para atacar. El reino de Dios es el agresor29. Jesús comienza en la zona cero de la geografía cósmica de ambos testamentos para anunciar la gran reversión. Son las puertas del infierno30 las que están siendo atacadas —y no resistirán contra la Iglesia. Un día, el infierno será la tumba de Satanás.

Haciendo picar al enemigo

Es difícil de imaginar, pero el conflicto se intensifica un punto más tras la confesión de Pedro.

El Monte Hermón, como recordarán los lectores, era el lugar donde, en la literatura judía como el libro de 1 Enoc, los hijos de Dios de Génesis 6:1–4 habían decidido lanzar su rebelión contra Yahvé. Jesús tenía otra declaración que hacer a sus enemigos invisibles.

Mateo, Marcos y Lucas coinciden en señalar que el siguiente acontecimiento en el ministerio de Jesús después de la confesión de Pedro fue la transfiguración:

2 Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte, solos, a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos; 3 y sus vestiduras se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningún lavandero sobre la tierra las puede emblanquecer. 4 Y se les apareció Elías junto con Moisés, y estaban hablando con Jesús. 5 Entonces Pedro, interviniendo, dijo a Jesús: Rabí, bueno es estarnos aquí; hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 6 Porque él no sabía qué decir, pues estaban aterrados. 7 Entonces se formó una nube, cubriéndolos, y una voz salió de la nube: Este es mi Hijo amado, a El oíd. 8 Y enseguida miraron en derredor, pero ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo

(Marcos 9:2–8 LBLA).

En la tradición de la iglesia primitiva, muchos creían que la ubicación del monte de la transfiguración era el Monte Tabor31. El testimonio más antiguo de esta tradición lo encontramos en el siglo IV AD32. Los propios evangelios no dan ningún nombre, así que la tradición no cuenta con un precedente bíblico. El Monte Hermón también es mucho más alto que el Tabor (2,591 metros frente a 562 metros), lo cual encajaría mejor con la descripción que hace Marcos de “un monte alto” (y Mt 17:1)33. Algunos expertos todavía se aferran a la identificación de Tabor, pero puede que concedan que la proximidad de Cesarea de Filipo al Monte Hermón y las conexiones simbólico-religiosas que lleva aparejadas esa relación hacen del Monte Hermón la opción más lógica para la transfiguración34.

La imaginería resulta llamativa, vemos que la transfiguración de Jesús tiene lugar en el mismo lugar identificado por esa tradición (1 Enoc 6-11, 1 Enoc 7). Jesús escoge el Monte Hermón para revelarles a Pedro, Santiago y Juan quién es exactamente: la gloria-esencia de Dios personificada, el Nombre divino hecho visible mediante la encarnación. El significado es igual de claro: Les estoy enviando un aviso a los poderes hostiles del mundo invisible. He venido a la tierra para retomar lo que es mío. El reino de Dios se ha acercado.

El relato de la confesión de Pedro a los pies del Monte Hermón y la revelación de la transfiguración en sus impías laderas supuso un punto de inflexión clave en la vida de Jesús, especialmente tal como nos la presenta el Evangelio de Marcos. Tras arrojar el guante en la transfiguración, comienza a dirigirse a Jerusalén para afrontar su muerte. Un autor lo explica en estos términos:

Marcos no solo presenta un relato coherente e históricamente probable de los movimientos de Jesús durante las últimas semanas o meses de su vida … de hecho hay buenas razones para aceptar su relato como históricamente exacto. No podemos precisar cuánto duró ese período, pero comienza con la confesión de Pedro cerca de Cesarea de Filipo y la convicción o anuncio prácticamente simultáneo por parte de Jesús de que no podía esperar tal reconocimiento de las multitudes o las autoridades, pero que debía presentarse en Jerusalén y en alguna manera o medida padecer allí las aflicciones de los últimos días antes de que el reino de Dios pudiera venir35.

El enemigo sabe quién es Jesús, pero, las fuerzas de las tinieblas no conocen el plan. Jesús les ha hecho picar el anzuelo para que actúen, y vaya si actuarán. Él les ha dado cuerda, y ellos se colgarán ávidamente con ella. Jesús irá a Jerusalén para beber el cáliz que el Padre ha preparado para él. Pero el instrumento de la muerte será el catalizador que inaugure el reino de Dios con toda su fuerza.

✦ Bibliografía:

Elaine A. Phillips, «Declaración de Pedro en Cesarea de Filipo (Mateo 16:13–23; Marcos 8:27–30; Lucas 9:18–20)», en Comentario Geográfico Lexham de los Evangelios, ed. Barry J. Beitzel y Kristopher A. Lyle, Comentario Geográfico Lexham (Bellingham, WA: Lexham Press, 2018), Mt 16:13–Lc 9:20.

Michael S. Heiser, El Mundo invisible: Recuperando la cosmovisión sobrenatural de la Biblia, ed. David Lambert, Primera edición. (Bellingham, WA: Editorial Tesoro Bíblico, 2019).

Fuentes secundarias:

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Pritchard, James B. ed. Ancient Near Eastern Texts, tercera edición. Princeton: Princeton University Press, 1969.
Wright, Paul H. Greatness, Grace and Glory: Carta’s Atlas of Biblical Biography. Jerusalén: Carta, 2008.

✦ Notas al margen:

  1. Estos y los próximos datos geológicos son obtenidos de Andreas Hartman, “Process-based modelling of karst springs in Mt. Hermon, Israel,” pp. 8–9. Citado el 26 de abril de 2016. En línea [en inglés]: http://www.hydrology.uni-freiburg.de/abschluss/Hartmann_A_2008_DA.pdf. Acceso 19 de febrero de 2018. ↩︎
  2. El principio meteorológico puede resumirse de la siguiente manera: hay más precipitaciones cuanto más al oeste, más al norte y más alta sea la elevación. Agreguémosle a esto la extensión de la vasta cordillera montañosa y el potencial de agua abundante es alto. Las lluvias pueden alcanzar tanto como 60 pulgadas (150 centímetros) por año. ↩︎
  3. Tvi Uri Ma’oz, “Banias,” NEAEHL 1:140. ↩︎
  4. B.J. 1.404–406. ↩︎
  5. Michael Eisenberg, “Pan at Hippos,” BAR 41:6 (2015), pp. 42–45, 72. ↩︎
  6. “Pan,” en Theoi Greek Mythology: Exploring Mythology in Classical Literature and Art, n.p. [citado el 1 de mayo de 2016]. En línea [idioma inglés]: http://www.theoi.com/. Acceso 19 de febrero de 2018. ↩︎
  7. Ma’oz, “Banias,” p. 140. ↩︎
  8. Homero, Ilíada 15.187–193. ↩︎
  9. Homero, Ilíada 9.157–158. ↩︎
  10. Homero, Ilíada 9.312–313. ↩︎
  11. Ver también Salmos 9:13 y 107:18. ↩︎
  12. Josefo, Ant. 15.363–364. ↩︎
  13. Josefo, Ant. 17.189; 18.28. ↩︎
  14. Ma’oz, “Banias,” p. 138. ↩︎
  15. Ma’oz, “Banias,” pp. 140–141. Némesis era considerada como la diosa de la indignación justa contra el orgullo falso y por tanto una fuerza movilizadora detrás de los acontecimientos que llevaron equilibrio en la arena de la justicia divina. Aquellos que estaban demasiado felices eran visitados por Némesis. “Nemesis,” en Theoi Greek Mythology: Exploring Mythology in Classical Literature and Art, n.p. [citado el 1 de mayo de 2016] En línea [idioma inglés]: http://www.theoi.com/. Acceso 19 de febrero de 2018. ↩︎
  16. Josefo, Ant. 20.211. ↩︎
  17. Josefo, B.J. 3.443–444. ↩︎
  18. El nombre Sefón que aparece en estos textos ugaríticos está relacionado con el hebreo tsafon que significa «norte» y podría referirse a la gran montaña en el norte del país. Notar John Day, Yahweh and the Gods and Goddesses of Canaan, The Library of Hebrew Bible/Old Testament Studies (Sheffield: Sheffield Academic Press, 2000), pp. 107–114. ↩︎
  19. Day, Yahweh and the Gods, pp. 91–92; 117–122. ↩︎
  20. Este pasaje es uno de los dos únicos lugares donde Mateo utiliza la palabra ekklēsia (ἐκκλησία) para «iglesia»; el otro está en 18:17. ↩︎
  21. Mateo 17:1–8; Marcos 9:2–8; Lucas 9:28–36. Mientras Mateo y Marcos tienen seis días, Lucas nos cuenta que fue ocho días después. Puede ser que Lucas expresó el tiempo que tomaría ascender la montaña. Sin duda que era alrededor de un día. ↩︎
  22. Esto se basaría en la asociación entre el retorno de Yahvé como Rey y la fiesta de los tabernáculos (Zacarías 14:16–19). ↩︎
  23. El Mundo invisible por Michael S. Heiser, Véase el capítulo 24. Como observa un especialista de la geografía histórica de la Biblia: “La frontera norte de Canaán va desde el Mar Mediterráneo hasta el Monte Hor, al norte de Gebal (Biblos). Se extiende hasta Afeka (‘Afqa) en el Nahr ‘Ibrahim y luego hasta Lebo-hamat (Labweh) en el Valle del Líbano, y abarca la tierra de Damasco y el norte de Transjordania, el Basán, en el límite meridional de Lago Kinéret.… La Transjordania extracananea se extiende y abarca también a Basán.… Así pues, la tierra de Israel incluye el Monte Hermón y la parte septentrional y central de Transjordania, que comprende Basán, Galaad y la Llanura (Mishor) hasta llegar al río Arnón” (Zecharia Kallai, “The Patriarchal Boundaries, Canaan, and the Land of Israel: Patterns and Application for Biblical Historiography”, Israel Exploration Journal 47.1–2 [1997]: 71–73). ↩︎
  24. Tal como se cita en Rami Arav, “Hermon, Mount (Place)”, en The Anchor Yale Bible Dictionary (ed. David Noel Freedman; Nueva York: Doubleday, 1992), 159. Panias es la pronunciación árabe del griego Banias. ↩︎
  25. Véase “Archaeological Sites in Israel-Banyas: Cult Center of the God Pan”, en la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel: http://www.mfa.gov.il/MFA/IsraelExperience/History/Pages/default.aspx. Para un completo tratamiento académico de Banias/Panias y su historia religiosa, incluidas sus conexiones con los lugares bíblicos de Basán y Hermón, véase Judd H. Burton, “Religion, Society, and Sacred Space at Banias: A Religious History of Banias/Caesarea Philippi, 21 BC–AD 1635” (tesis doctoral, Texas Tech University, 2010). ↩︎
  26. Arav, “Hermon, Mount (Place)”, 159. ↩︎
  27. El nombre “Pedro” es el griego petros, una palabra que hace referencia genéricamente a una piedra. La palabra traducida “piedra” en Mt 16:18 es petra (“lecho de piedra, una formación rocosa de gran tamaño”), un término estrechamente relacionado con petros. Véase BDAG, 809. Pedro también fue llamado Cefas (Jn 1:42; Gal 2:11), que es una transliteración de kefas, derivada del arameo kefaʾ, y que asimismo significa “piedra”. Sobre el juego de palabras, véase Gerald L. Borchert, Jn 1–11, New American Commentary 25A (Nashville: Broadman & Holman, 1996), 143–44. ↩︎
  28. Véase el capítulo 24, El Mundo invisible por Michael S. Heiser. ↩︎
  29. Véase el análisis en John Nolland, The Gospel of Matthew: A Commentary on the Greek Text, New International Greek Testament Commentary (Grand Rapids, MI; Eerdmans, 2005), 675. ↩︎
  30. Cuando leemos «infierno», pensamos naturalmente en el reino de los muertos incrédulos. Pero la palabra griega traducida «infierno», hades (ᾅδης), es también el nombre del Inframundo, el reino de todos los muertos, no sólo de los incrédulos. El equivalente hebreo de hades es Sheol-el lugar «debajo de la tierra», donde todos iban después de que esta vida terminara. El Seol tenía «barrotes» (Job 17:16) y «cuerdas» para atar a sus habitantes (2 Sam 22:5-6), impidiendo cualquier escape (Job 7:9). Tanto los justos como los injustos iban al Seol. El creyente justo, sin embargo, podía esperar la liberación y la eternidad con Dios (Sal 49:15). Aunque las imágenes asociadas con el Inframundo habrían inquietado a los discípulos, la referencia de Jesús a las puertas del hades les habría sacudido por otra razón. Si conocían bien el Antiguo Testamento, comprendieron que estaban ante esas mismas puertas mientras Jesús hablaba. Michael S. Heiser, «Weird, but Important: Burying Hell: Trans-Jordan During Joshua’s Lifetime», ed. John D. Barry, Bible Study Magazine: January–February 2012 (Bellingham, WA: Lexham Press, 2012), 40. ↩︎
  31. Véase G. Mussies, “Tabor”, en Dictionary of Deities and Demons in the Bible, 2ª ed. (ed. Karel van der Toorn, Bob Becking y Pieter W. van der Horst; Leiden; Boston; Colonia; Grand Rapids, MI; Cambridge: Brill; Eerdmans, 1999), 828. ↩︎
  32. Mussies escribe: “Esta tradición se remonta a Cirilo de Jerusalén (348–c. 386 EC), quien habla de ello de pasada: ‘Ellos (Moisés y Elías) estaban con él cuando se transfiguró en el Monte Tabor y habló a los discípulos acerca de la meta que iba a cumplir en Jerusalén’ (Catech. 12, 16). Su contemporáneo Jerónimo (348–420 EC) también lo menciona a la ligera cuando le describe a Eustoquio los viajes que hizo su madre Paula en el Oriente Próximo: ‘Subió al Monte Tabor, donde el Señor se transfiguró’ (Epistle 108, 13)” (Mussies, “Tabor”, en Dictionary of Deities and Demons in the Bible, 828). ↩︎
  33. Avraham Negev, The Archaeological Encyclopedia of the Holy Land, 3ª ed. (Nueva York: Prentice Hall Press, 1990); “Tabor, Mount (Place)”, en Anchor Yale Bible Dictionary, vol. 6 (ed. David Noel Freedman; Nueva York: Doubleday, 1992), 305. ↩︎
  34. Véase John J. Rousseau y Rami Arav, Jesus and His World: An Archaeological and Cultural Dictionary (Mineápolis: Fortress, 1995), 209–10. También tendría sentido que fuera el Monte Hermón a la luz del Sal 68:15. Véanse los capítulos 33–34 para más detalles sobre Basán. ↩︎
  35. Véase Chester Charlton McCown, “The Geography of Jesus’ Last Journey to Jerusalem”, Journal of Biblical Literature 51:2 (1932): 107–29. McCown, junto con la mayoría de eruditos, no considera que los relatos evangélicos presenten una cronología fiable del ministerio de Jesús. Más bien, estima que cada uno de los evangelistas tenía su propio interés literario-teológico, y que esto explica las diferencias en la presentación geográfica del ministerio de Jesús entre los diferentes Evangelios. McCown piensa que Marcos es el registro más sucinto y, por consiguiente, para él es el relato históricamente más fiable. ↩︎

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