Este es el segundo capítulo de la serie Los pactos bíblicos: de la creación a la nueva creación». Te invitamos a visitar la página principal de la serie. En el primer estudio vimos que los pactos constituyen la columna vertebral de la historia bíblica. Ahora necesitamos detenernos en una pregunta básica: ¿qué es realmente un pacto? La respuesta nos dará el vocabulario necesario para comprender los pactos con Noé, Abraham, Israel y David, así como el nuevo pacto establecido mediante Yeshúa.
Textos fundamentales
Antes de avanzar, conviene leer los siguientes pasajes, que muestran cómo funcionan los pactos en la Escritura. Encontraremos acuerdos entre personas, compromisos asumidos por una comunidad y la relación que Dios establece con su pueblo. Al leerlos, prestemos atención a quiénes participan, qué prometen, cómo confirman su palabra y qué consecuencias tiene la infidelidad. No todos los relatos contienen los mismos elementos: juntos nos ayudarán a distinguir lo esencial de un pacto de las señales y ceremonias que pueden acompañarlo. Este recorrido nos preparará para comprender con mayor profundidad las palabras de Yeshúa sobre el nuevo pacto en su sangre.
- Génesis 21:22–32: Abraham y Abimelec hacen un pacto y lo confirman mediante juramento.
- Génesis 31:43–54: Jacob y Labán establecen límites, levantan un testimonio y comparten una comida.
- Éxodo 24:3–8: Israel acepta las palabras del pacto y este es ratificado con sangre.
- Deuteronomio 29:10–15: entrar en el pacto equivale a quedar vinculado por el juramento.
- Josué 9:15–21: el juramento hecho a los gabaonitas sigue siendo obligatorio aunque haya mediado engaño.
- Jeremías 34:8–22: quebrantar el pacto activa la sanción simbolizada en su ceremonia.
- Malaquías 2:13–16: el matrimonio es descrito como una relación pactual.
- Hebreos 9:15–22: la muerte de Yeshúa y la inauguración del nuevo pacto.
Introducción: una palabra conocida que debemos definir
La palabra pacto resulta familiar para cualquier lector de la Biblia. Hablamos del pacto con Abraham, del pacto del Sinaí, del pacto con David y del nuevo pacto. También llamamos Antiguo y Nuevo Testamento a las dos grandes partes de la Escritura, aunque el término testamento está relacionado históricamente con la traducción de la palabra griega que normalmente significa pacto. Sin embargo, la familiaridad con el vocablo no garantiza que entendamos su contenido. A veces se emplea pacto como sinónimo de promesa; otras veces se imagina como un contrato religioso; en ocasiones se identifica exclusivamente con una ley, una ceremonia o un sacrificio. Cada una de estas asociaciones contiene algo verdadero, pero ninguna, tomada aisladamente, expresa toda la realidad.
Antes de estudiar cada pacto bíblico debemos preguntar: ¿qué hace que un pacto sea verdaderamente un pacto? ¿Es imprescindible un sacrificio? ¿Tiene que existir una señal visible? ¿Son iguales todas las alianzas? ¿Puede hablarse de un pacto si la palabra no aparece explícitamente? ¿Qué relación guardan la promesa, el juramento, la obediencia, la bendición y la maldición? Estas preguntas no son meramente técnicas. De su respuesta depende cómo entendamos la fidelidad de Dios, la responsabilidad de su pueblo y la obra de Yeshúa como mediador del nuevo pacto.
Thomas R. Schreiner ofrece una definición sencilla que servirá como punto de partida:
«Un pacto es una relación elegida en la que dos partes se hacen promesas vinculantes entre sí».1
Esta definición reúne cuatro ideas fundamentales: relación, elección, promesas y obligación vinculante. No pretende decir que todos los pactos tengan exactamente la misma forma, sino identificar el núcleo que permite reconocerlos a través de su diversidad.2
El pacto es una relación
Un pacto no consiste solamente en intercambiar prestaciones. Establece, confirma o regula una relación entre personas. En el caso del matrimonio, por ejemplo, un hombre y una mujer no se limitan a distribuir tareas: se entregan el uno al otro, prometen fidelidad y comienzan a compartir una identidad y una historia. Por eso Malaquías 2:14 llama a la esposa «la mujer de tu pacto», y Proverbios 2:17 describe la infidelidad matrimonial como el olvido del pacto de Dios.
La dimensión relacional explica por qué la Biblia vincula el pacto con expresiones de pertenencia: «Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo». El pacto no es únicamente el medio por el que se entregan beneficios; es el marco en el que Dios se da a conocer, reclama a un pueblo como suyo y lo llama a vivir en fidelidad ante él. Tierra, descendencia, reino, perdón y Espíritu son dones pactuales, pero todos están orientados hacia una realidad mayor: vivir en comunión con Dios.
Esto diferencia al pacto de la idea moderna de una transacción puramente comercial. En una compraventa puedo recibir el producto, efectuar el pago y terminar la relación. En un pacto, por el contrario, las promesas comprometen a las personas dentro de una relación que reclama lealtad. El asunto no se reduce a preguntar: «¿He entregado lo estipulado?», sino que también exige preguntar: «¿He sido fiel a la persona con la que estoy vinculado?».
¿Pacto o contrato?
La comparación puede resumirse así:
| Aspecto | Contrato típico | Pacto bíblico |
|---|---|---|
| Centro | Intercambio de bienes o servicios | Relación entre las partes |
| Motivación habitual | Beneficio acordado | Lealtad, pertenencia y propósito compartido |
| Obligación | Cumplir cláusulas definidas | Cumplir promesas dentro de una relación |
| Duración | Normalmente limitada por los términos | Frecuentemente duradera y generacional |
| Incumplimiento | Ruptura de una condición | Infidelidad o traición pactual |
| Ratificación | Firma o aceptación legal | Juramento, señal, testigos, ceremonia o comida, según el caso |
La tabla no debe absolutizarse. Un contrato puede incluir confianza personal y un pacto también posee contenido jurídico, condiciones y consecuencias. La diferencia principal se encuentra en el centro de gravedad: el contrato suele ordenar un intercambio; el pacto ordena una relación de fidelidad. En términos teológicos, Dios no rescata a su pueblo para mantener con él una relación distante, sino para hacerlo suyo y habitar en medio de él.3
El pacto es una relación elegida
La palabra elegida indica que el pacto surge de un acto deliberado mediante el cual una relación queda formalmente constituida o redefinida.4 El matrimonio vuelve a ofrecer un ejemplo claro: los cónyuges deciden comprometerse y, mediante sus promesas, entran en una nueva relación de parentesco. No nacieron siendo marido y mujer; llegan a serlo por el compromiso pactual.
Esto no significa que toda relación pactual empiece entre desconocidos. Abraham y Abimelec ya habían tenido contacto antes de pactar (Génesis 20:14–18; 21:22–32); Jacob y Labán eran familiares (Génesis 29:10–14; 31:43–54); David y Jonatán se amaban antes de confirmar su compromiso (1 Samuel 18:1–3). En esos casos el pacto no crea desde cero la relación, pero la formaliza, define sus responsabilidades y le otorga una condición pública y vinculante. En otros casos sí inaugura una relación nueva, como ocurrió entre Israel y los gabaonitas (Josué 9:3–15). Por tanto, una relación previa puede existir, pero no es un requisito universal
Peter J. Gentry y Stephen J. Wellum iluminan esta distinción al examinar el pacto entre Abraham y Abimelec en Génesis 21:22–32.5 Ambos personajes ya habían tenido una relación antes de pactar; de hecho, Abimelec apela al trato bondadoso que había mostrado a Abraham y pide una respuesta semejante. El pacto introduce un compromiso solemne que define cómo deberán tratarse en adelante. De este modo, una relación previa adquiere obligaciones expresas, confirmadas mediante juramento y acompañadas por un testimonio visible.
Esta observación permite comprender mejor qué aporta el pacto: convierte el compromiso en una responsabilidad reconocida. La relación deja de depender únicamente de la disposición momentánea de sus participantes, porque ahora existe una palabra dada que debe ser honrada. Por eso, Gentry y Wellum distinguen entre el pacto y el juramento que lo solemniza: el juramento confirma la promesa, mientras que el pacto comprende la relación y los compromisos asumidos dentro de ella. Aplicado a nuestro estudio, esto muestra que la dimensión personal y la dimensión jurídica del pacto se complementan: las obligaciones dan una expresión concreta a la fidelidad.
En los pactos divinos la elección debe entenderse desde la iniciativa soberana de Dios. No se trata de una negociación entre iguales en la que Dios y el ser humano regatean condiciones hasta alcanzar un acuerdo. Dios llama a Noé, escoge a Abraham, libera a Israel y elige a David. La relación pactual existe porque él toma la iniciativa y se compromete en gracia. La respuesta humana es real y necesaria, pero siempre es una respuesta a la acción anterior de Dios.
Además, la expresión «relación elegida» necesita otro matiz: un pacto puede incluir a descendientes y comunidades que no participaron personalmente en su ratificación inicial. En Deuteronomio 29:14–15, Moisés declara que el pacto alcanza tanto a los presentes como a quienes no estaban allí. Esto muestra que el pacto puede poseer una dimensión corporativa, representativa y generacional.
El pacto contiene promesas vinculantes
Una relación afectiva no se convierte automáticamente en pacto. Para que exista un pacto debe haber un compromiso expresado: las partes prometen actuar de determinada manera y esas palabras adquieren fuerza vinculante. En los pactos humanos puede tratarse de no agredirse, protegerse, reconocer una autoridad, respetar un límite o guardar fidelidad matrimonial. En los pactos divinos, Dios promete preservar, bendecir, dar descendencia, habitar con su pueblo, establecer un reino o perdonar la iniquidad; a su vez, llama al pueblo a confiar, obedecer y guardar el pacto.
Las promesas no son declaraciones sentimentales. Crean una obligación moral y pública. La palabra pronunciada ante Dios no puede tratarse como algo desechable. Esto se observa con especial claridad en el pacto de Israel con los gabaonitas. Aunque los gabaonitas consiguieron el acuerdo mediante engaño, los dirigentes de Israel se negaron a matarlos porque habían jurado en el nombre de YHWH (Josué 9:18–20). Mucho después, cuando Saúl trató de exterminarlos, el quebrantamiento de aquel pacto produjo consecuencias para Israel (2 Samuel 21:1–9). La narración no aprueba el engaño de Gabaón ni la falta de consulta de Israel; muestra, sin embargo, la gravedad de invocar el nombre de Dios y después actuar como si el juramento no tuviera valor.
No todos los pactos distribuyen promesas y obligaciones de la misma manera. En algunos, ambas partes formulan compromisos explícitos. En otros, domina la promesa unilateral de un superior. El pacto con Noé resalta la determinación divina de preservar la tierra; Génesis 15 presenta a Dios comprometiéndose solemnemente con Abraham; el Sinaí desarrolla ampliamente las responsabilidades de Israel. Por eso no debemos forzar cada pacto dentro de una plantilla idéntica.
Promesa y estipulación
Conviene distinguir dos conceptos relacionados:
- La promesa declara lo que una parte se compromete a hacer.
- La estipulación define la conducta que corresponde a quienes viven dentro del pacto.
La presencia de estipulaciones no convierte la gracia en salario. Israel fue liberado de Egipto antes de recibir la Torá: la obediencia era la forma de vida del pueblo redimido, no el precio con el que compró su redención. Del mismo modo, la gracia del nuevo pacto no elimina la obediencia; transforma el corazón para que el pueblo pueda andar en los caminos de Dios (Jeremías 31:31–34; Ezequiel 36:25–27).6
Pacto y juramento
Pacto y juramento están estrechamente relacionados, pero no son exactamente lo mismo. El pacto es la relación formal con sus promesas y obligaciones; el juramento es el acto solemne mediante el cual una persona confirma su palabra, invoca a Dios como testigo y acepta las consecuencias de quebrantarla. Podríamos decir que el juramento ratifica o garantiza la seriedad del pacto.
La relación entre ambos conceptos aparece con claridad en Deuteronomio 29:12–14, donde entrar en el pacto de YHWH se presenta paralelamente a entrar en su juramento. También 1 Crónicas 16:15–16 recuerda el pacto con Abraham junto al juramento hecho a Isaac, y Hebreos 6:13–18 explica que Dios interpuso juramento para mostrar con mayor claridad la firmeza de su propósito. Dios no jura porque su palabra sea dudosa, sino porque condesciende a ofrecer a los herederos de la promesa una confirmación adaptada a la debilidad humana.7
Un juramento bíblico suele poseer una dimensión implícita de sanción: quien jura no solamente afirma que cumplirá, sino que se coloca bajo juicio si actúa falsamente. De ahí procede la relación entre pacto, bendición y maldición. La fidelidad conserva la comunión y conduce a la bendición propia de la relación; la traición acarrea la sanción anunciada.
Berit y diathēkē: el vocabulario bíblico
Para comprender qué significa un pacto en la Escritura, conviene detenernos en las palabras que emplean sus autores. El hebreo berit y el griego diathēkē nos permiten seguir el lenguaje pactual desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento y entender por qué nuestras traducciones utilizan términos como «pacto», «alianza» o «testamento». Su significado debe estudiarse dentro de los relatos y argumentos en los que aparecen, atendiendo a quiénes participan, qué compromisos se establecen y cómo se describe la relación. Este recorrido también nos ayudará a comprender por qué los autores del Nuevo Testamento presentan la obra de Yeshúa mediante un vocabulario arraigado en las Escrituras de Israel.
La palabra hebrea berit
El sustantivo hebreo בְּרִית (berit o bərît) es el término habitual del Antiguo Testamento para hablar de un pacto. Su etimología exacta continúa siendo discutida, por lo que resulta poco seguro construir una teología completa a partir de una posible raíz. Su significado debe aprenderse principalmente observando cómo se emplea en los textos.
El uso bíblico es amplio. Berit puede describir una alianza entre Dios y un individuo (Génesis 6:18), entre Dios y todos los seres vivos (Génesis 9:15–16), entre aliados humanos, entre un rey y el pueblo (2 Samuel 5:3), entre amigos (1 Samuel 23:18), dentro del matrimonio (Malaquías 2:14) e incluso para describir la regularidad de la creación como «pacto con el día y la noche» (Jeremías 33:20–26). La palabra no designa una ceremonia única, sino una relación formal y vinculante cuya forma depende de sus participantes y su propósito.
El Antiguo Testamento emplea varias expresiones asociadas al pacto: se puede cortar, establecer, guardar, recordar, renovar, quebrantar o profanar un pacto. Este vocabulario muestra que el pacto posee tanto un momento de constitución como una historia posterior. No basta con celebrarlo; debe ser recordado y guardado.
La palabra griega diathēkē
La Septuaginta —la antigua traducción griega de las Escrituras hebreas— tradujo normalmente berit mediante διαθήκη (diathēkē). Los autores del Nuevo Testamento heredaron ese uso y emplearon diathēkē para referirse a los pactos bíblicos. Por ello, en la mayoría de los pasajes neotestamentarios debe entenderse como pacto, no simplemente como una última voluntad privada.
La dificultad aparece porque en el mundo griego diathēkē también podía designar un testamento. Esta doble posibilidad ayuda a explicar por qué las dos partes de la Biblia llegaron a conocerse como Antiguo y Nuevo Testamento.8 El pasaje más debatido es Hebreos 9:15–17: algunas interpretaciones entienden que el autor aprovecha brevemente el sentido testamentario para explicar la necesidad de la muerte; otras sostienen que conserva el sentido pactual y piensa en la muerte vinculada a la ratificación o a la sanción de un pacto quebrantado. Cualquiera que sea la explicación precisa de los versículos 16–17, el contexto afirma inequívocamente que Yeshúa es mediador del nuevo pacto y que su muerte resuelve las transgresiones cometidas bajo el primero.
«Cortar un pacto»: ceremonia y automaldición
Una expresión hebrea característica es כָּרַת בְּרִית (karat berit)9, literalmente «cortar un pacto». La fórmula probablemente está relacionada con ceremonias en las que se cortaban animales y los participantes pasaban entre sus partes. El gesto representaba de manera visible la sanción del pacto:
«Que me suceda como a este animal si quebranto mi palabra».
Jeremías 34:18–20 permite interpretar la ceremonia con bastante claridad. Los habitantes de Jerusalén habían pasado entre las partes de un becerro al prometer que liberarían a sus siervos hebreos. Cuando volvieron a esclavizarlos, YHWH anunció que los entregaría a muerte. El destino del animal dramatizaba de antemano la consecuencia de la infidelidad. A este tipo de compromiso se le suele llamar juramento automaldiciente o autoimprecatorio.10
La misma imagen ilumina Génesis 15:7–21, aunque ese episodio se estudiará con detalle más adelante. Abram prepara los animales, pero es el símbolo de la presencia divina —el horno humeante y la antorcha de fuego— el que pasa entre las piezas. La escena subraya la extraordinaria condescendencia de Dios al confirmar solemnemente su promesa.

No obstante, la expresión «cortar un pacto» llegó a funcionar como una fórmula convencional y no demuestra que en cada pacto se sacrificaran animales. El idioma conserva imágenes mucho después de que dejen de describir literalmente cada situación. Por eso debemos distinguir el lenguaje tradicional de la ceremonia realmente narrada en cada pasaje.
Elementos frecuentes de un pacto
Los relatos bíblicos permiten reconocer una serie de componentes. Algunos pertenecen al núcleo del pacto; otros aparecen solo en determinados casos.
| Elemento | Función | Ejemplo bíblico | ¿Aparece siempre? |
|---|---|---|---|
| Partes identificadas | Determinan quién queda vinculado | Abraham y Abimelec | Sí, explícita o implícitamente |
| Relación formal | Crea, confirma o regula la relación | Israel y los gabaonitas | Esencial |
| Promesas | Expresan el compromiso asumido | David y Jonatán | Esencial |
| Estipulaciones | Definen la conducta esperada | Sinaí; Jeremías 34 | Frecuentes, con distinto énfasis |
| Juramento | Ratifica solemnemente la palabra | Génesis 21; Deuteronomio 29 | Muy frecuente, no siempre narrado |
| Señal o memorial | Hace visible y recordable el pacto | Arco, circuncisión, piedras | No universal |
| Testigos | Dan publicidad y confirman lo acordado | Dios, personas, piedras, cielo y tierra | Frecuentes |
| Comida pactual | Celebra comunión y paz | Génesis 26 y 31; Éxodo 24 | No universal |
| Sacrificio o sangre | Ratifica, purifica o representa la sanción | Éxodo 24; Jeremías 34 | No universal |
| Bendición y maldición | Expresan consecuencias de fidelidad o ruptura | Deuteronomio | Explícitas o implícitas |
| Representante o mediador | Actúa en nombre de otros | Moisés, el rey, Yeshúa | Propio de ciertos pactos |
Esta tabla evita dos errores. El primero consiste en reducir el pacto a un solo elemento, como la promesa o la ley. El segundo consiste en exigir que todos los pactos contengan cada componente. La evidencia bíblica muestra una estructura reconocible y, al mismo tiempo, una gran variedad de formas.
Ejemplos de pactos humanos en la Escritura
Los pactos entre seres humanos son importantes porque muestran que los primeros lectores ya conocían este tipo de relación. La revelación divina no introdujo una palabra vacía; empleó una institución comprensible y la llenó de profundidad teológica.
Abraham y Abimelec: promesa, juramento y testimonio
En Génesis 21:22–32, Abraham y Abimelec resuelven una disputa relacionada con un pozo. Se comprometen a tratarse con lealtad, Abraham presenta animales y aparta siete corderas como testimonio de que él había cavado el pozo. El lugar recibe el nombre de Beerseba, relacionado en el relato con «siete» y «juramento». Aquí aparecen una relación formal, promesas, un juramento y una señal testimonial. El pacto transforma un conflicto potencial en una convivencia regulada por la palabra dada.
Isaac y Abimelec: paz confirmada mediante un banquete
El conflicto por los pozos reaparece en Génesis 26:26–33. Abimelec reconoce que YHWH está con Isaac y propone un acuerdo de no agresión. Isaac prepara un banquete, ambos comen y beben, y después confirman su compromiso mediante juramento. La comida no es un detalle ornamental: expresa que quienes estaban enfrentados pueden sentarse juntos en paz.
Jacob y Labán: límite, testigos y sacrificio
En Génesis 31:43–54, la relación entre Jacob y Labán está marcada por agravios y desconfianza. El pacto no niega esa historia, pero establece un límite para impedir nuevas agresiones. Levantan una estela y un montón de piedras como testigos, invocan a Dios como juez, Jacob jura, ofrece sacrificio y todos participan de una comida. El pacto crea un orden de paz donde la confianza humana resulta insuficiente.
Israel y Gabaón: la permanencia de la palabra jurada
En Josué 9, los gabaonitas consiguen mediante engaño que Israel les prometa protección. El texto censura que los dirigentes no consultaran a YHWH, pero aun así considera vinculante el juramento pronunciado en su nombre. 2 Samuel 21 vuelve sobre aquel pacto generaciones después. La lección es sobria: una promesa pactual no deja de importar cuando resulta inconveniente, y una generación posterior puede sufrir las consecuencias de la infidelidad de sus representantes.
David y Jonatán: amor convertido en lealtad pública
El pacto entre David y Jonatán combina afecto y compromiso. En 1 Samuel 18:1–4, Jonatán entrega a David su manto, sus armas y su cinto. Más adelante ambos renuevan su compromiso ante YHWH (1 Samuel 20:14–17; 23:16–18). Jonatán no se limita a sentir amistad; acepta obligaciones que incluso afectan sus aspiraciones al trono. La fidelidad pactual ordena el amor y lo convierte en acción concreta.
Pactos reales y políticos
La Escritura también menciona acuerdos entre gobernantes y pueblos: Abner propone pactar con David (2 Samuel 3:12–21); los ancianos de Israel hacen pacto con David y lo reconocen como rey (2 Samuel 5:1–3); Salomón e Hiram establecen una alianza (1 Reyes 5:12). En estos casos, el pacto no expresa intimidad matrimonial o amistad personal, sino una relación pública de autoridad, cooperación y paz.
Jeremías 34: la gravedad de quebrantar el pacto
Durante la crisis de Jerusalén, el pueblo pactó liberar a los siervos hebreos conforme a la Torá, pero después los sometió de nuevo (Jeremías 34:8–17). La traición fue doble: oprimieron nuevamente a sus hermanos y profanaron el nombre de Dios ante quien habían jurado. La ceremonia del becerro cortado reveló que habían aceptado una sanción que luego despreciaron. Este episodio demuestra que la liturgia sin fidelidad no protege del juicio; la ceremonia hace más grave la responsabilidad cuando la vida contradice la palabra pronunciada.
¿Todos los pactos requieren sangre?
No. Algunos pactos se ratifican mediante sacrificio o sangre, y esos casos son teológicamente decisivos. Éxodo 24 habla de «la sangre del pacto», Génesis 15 utiliza animales cortados y el nuevo pacto se establece mediante la entrega de Yeshúa (Lucas 22:20). Sin embargo, otros pactos se confirman mediante juramento, intercambio de objetos, monumentos, una comida o una combinación de señales, sin que el relato mencione derramamiento de sangre.
Por tanto, la sangre no constituye el requisito mínimo que convierte cualquier acuerdo en pacto. Cuando aparece, debemos preguntar qué función cumple en ese contexto: puede representar la sanción de muerte, ratificar solemnemente, purificar, consagrar o señalar un sacrificio sustitutivo. Estas funciones están relacionadas, pero no deben mezclarse sin atender al pasaje concreto.11
¿Todos los pactos presuponen una relación anterior?
Tampoco. Algunos pactos formalizan una relación ya existente: Jacob y Labán eran parientes; David y Jonatán ya estaban unidos por el amor; Abraham y Abimelec habían tratado anteriormente. Otros inauguran una relación que no existía, como el pacto entre Israel y los gabaonitas. El pacto puede, por tanto, crear, confirmar, regular, renovar o restaurar una relación.
Esta observación resulta importante para estudiar los pactos divinos. No debemos imponer a todos la misma secuencia. El pacto del Sinaí formaliza la relación con el pueblo que Dios ya había rescatado de Egipto; el nuevo pacto renueva y transforma la relación de Dios con Israel y Judá, a la vez que incorpora a las naciones por medio del Mesías. Cada pacto debe leerse dentro de la historia que lo precede y del propósito que cumple.
¿Son iguales todos los pactos?
La respuesta es no. La palabra pacto abarca relaciones diversas, y la identidad de las partes modifica profundamente su forma. Un pacto entre amigos no funciona exactamente como una alianza internacional; el matrimonio no es idéntico al pacto entre rey y pueblo; y ningún pacto humano puede colocarse al mismo nivel que el compromiso del Creador con sus criaturas.
En el mundo antiguo existían acuerdos entre partes de rango semejante y tratados impuestos o concedidos por un gran rey a un gobernante subordinado. Estas formas históricas pueden ayudarnos a reconocer rasgos literarios de los pactos bíblicos: preámbulo, historia de beneficios, estipulaciones, testigos, bendiciones y maldiciones. Sin embargo, la Biblia no copia mecánicamente un formulario político. Utiliza formas conocidas para revelar una relación sin paralelo: el Dios santo decide habitar con un pueblo, le comunica su voluntad y se compromete con promesas que nacen de su propia fidelidad.12
Podemos hablar de reciprocidad sin hablar de igualdad. Dios promete y su pueblo responde; Dios ordena y su pueblo obedece; Dios se entrega en fidelidad y exige fidelidad. Pero él sigue siendo quien define el pacto, proporciona la redención y sostiene el cumplimiento de su propósito.
Fidelidad: la vida cotidiana del pacto
Si el pacto es una relación vinculada por promesas, su virtud central es la fidelidad. Celebrar un pacto ocupa un momento; guardarlo abarca toda una vida. La Biblia no elogia solamente a quien formula palabras solemnes, sino a quien recuerda su compromiso y actúa conforme a él cuando hacerlo resulta costoso.
Por eso el pecado pactual se describe como traición, adulterio, rebelión, olvido o quebrantamiento. No es una infracción impersonal: hiere una relación. Cuando Israel se vuelve tras otros dioses, los profetas no ven solamente un error intelectual, sino infidelidad al Dios que lo rescató y lo tomó como pueblo. Del mismo modo, cuando una persona quebranta el pacto matrimonial, no incumple simplemente una regla; traiciona a su compañero y desprecia a Dios como testigo del compromiso.
La fidelidad de Dios constituye, en contraste, la esperanza de toda la historia bíblica. Él recuerda su pacto, mantiene su palabra y lleva adelante su propósito aun frente al pecado humano. Esto no significa que ignore la rebelión o elimine las sanciones. Significa que su juicio nunca convierte su promesa en falsedad y que su gracia encuentra el camino para vencer la infidelidad. El nuevo pacto responde precisamente al problema que los pactos anteriores dejan al descubierto: el pueblo necesita perdón y un corazón transformado.
El pacto como don y responsabilidad
El material estudiado permite mantener unidas dos verdades que con frecuencia se separan. En primer lugar, el pacto es don. Dios toma la iniciativa, se acerca, promete y ofrece comunión. No se ve obligado por una autoridad superior ni recibe del ser humano algo que le falte. Su compromiso nace de su gracia y su propósito.
En segundo lugar, el pacto crea responsabilidad. La gracia no convierte la palabra de Dios en una sugerencia ni la pertenencia en algo trivial. Ser pueblo del pacto significa vivir como pueblo santo, guardar la palabra recibida y reflejar el carácter del Dios al que se pertenece. Cuando la Biblia exige obediencia, no abandona la relación para volver a una transacción comercial; describe la forma concreta que adopta la fidelidad dentro de esa relación.
La tensión entre don y responsabilidad recorre toda la Escritura. Si subrayamos la obligación olvidando la gracia, convertimos el pacto en un mecanismo de mérito. Si subrayamos la promesa anulando la obediencia, vaciamos el pacto de fidelidad. La teología bíblica debe conservar ambas dimensiones en el orden correcto: Dios actúa y llama; Dios redime y enseña; Dios promete y su pueblo responde.
Yeshúa y la plenitud de la fidelidad pactual
Este capítulo no pretende desarrollar todavía el nuevo pacto, pero la definición alcanzada nos permite anticipar por qué la obra de Yeshúa debe entenderse de manera pactual. Él no vino solamente a comunicar algunas ideas religiosas. Vino como representante fiel de Israel, descendiente de Abraham, Hijo de David, mediador y sumo sacerdote. En él convergen las promesas de Dios y la respuesta humana de obediencia perfecta.
En la última cena, Yeshúa interpreta su muerte mediante el lenguaje de Éxodo 24 y de Jeremías 31: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre» (Lucas 22:20). Su sangre confirma la promesa, enfrenta la maldición producida por la infidelidad, obtiene perdón y constituye una comunidad renovada. Hebreos 9:15 lo presenta como mediador para que los llamados reciban la herencia prometida.
El evangelio revela así la profundidad del pacto. Dios no rebaja su fidelidad ni trata el pecado como si fuera irrelevante; cumple su promesa entregándose para salvar. Yeshúa encarna la fidelidad que Israel y la humanidad no habían ofrecido, carga con las consecuencias de la transgresión y comparte con su pueblo las bendiciones de su victoria. En él, la gracia de Dios no destruye la justicia; la cumple y la lleva a su propósito redentor.
Aportaciones pastorales
Nuestra palabra tiene peso delante de Dios
Los relatos pactuales confrontan la ligereza con la que a veces formulamos compromisos. El discípulo de Yeshúa debe ser una persona cuya palabra inspire confianza. No necesitamos imitar mecánicamente las ceremonias antiguas, pero sí recuperar su convicción: prometer delante de Dios es algo serio. Esto afecta al matrimonio, al servicio comunitario, a los acuerdos económicos y a la forma en que tratamos a quienes dependen de nuestra palabra.
La fe bíblica es relacional sin ser sentimental
La relación con Dios incluye afecto, pero no depende de emociones cambiantes. Está fundada en su palabra y adopta una forma concreta de fidelidad. El pacto protege la comunión frente a dos reducciones: una religión fría que solo conoce normas y una espiritualidad indefinida que habla de amor sin obediencia.
La obediencia pertenece a la vida de los redimidos
La secuencia bíblica es decisiva: Dios rescata y después enseña a vivir. La Torá no fue dada para que Israel comprara su liberación de Egipto, sino para formar al pueblo ya liberado. De manera semejante, el nuevo pacto no elimina la voluntad de Dios; la escribe en el corazón y concede el Espíritu para producir una vida transformada.
La comunidad necesita memoria
Las señales, los monumentos, las fiestas y las comidas pactuales servían para recordar. El olvido conduce a la infidelidad; la memoria alimenta gratitud y obediencia. La comunidad de fe debe volver una y otra vez a la historia de la redención, enseñar las promesas a la siguiente generación y ordenar su vida alrededor de lo que Dios ha hecho.
La esperanza descansa en la fidelidad de Dios
Si el cumplimiento último dependiera solamente de la constancia humana, la historia pactual terminaría en fracaso. Pero Dios permanece fiel y ha actuado en el Mesías para resolver nuestra transgresión. Esto no excusa el pecado; produce confianza, arrepentimiento y perseverancia. La seguridad del creyente no se apoya en una promesa humana pronunciada con entusiasmo, sino en la palabra confirmada por el Dios que no miente.
Conclusión
Un pacto bíblico puede definirse, de manera inicial, como una relación escogida y formalmente establecida en la que las partes quedan vinculadas por promesas y responsabilidades. Su centro no es una transacción impersonal, sino la fidelidad. Los juramentos confirman la palabra; las señales y los testigos la hacen visible; las comidas celebran comunión; los sacrificios pueden representar ratificación, purificación o sanción; las bendiciones y maldiciones manifiestan las consecuencias de guardar o quebrantar el pacto.
Al mismo tiempo, la diversidad bíblica impide elaborar una plantilla rígida. No todos los pactos comienzan una relación nueva, no todos incluyen sangre, no todos poseen una señal y no todos distribuyen las obligaciones de la misma manera. Lo constante es que el pacto da forma pública, solemne y vinculante a una relación de lealtad.
Esta definición prepara el camino para el resto de la serie. Cuando estudiemos cada pacto deberemos preguntar: ¿quién toma la iniciativa?, ¿quiénes son las partes?, ¿qué promete Dios?, ¿qué respuesta reclama?, ¿existe una señal?, ¿cómo se ratifica?, ¿qué bendición ofrece?, ¿qué ocurre si se quebranta?, ¿cómo desarrolla los pactos anteriores? y ¿de qué manera encuentra su cumplimiento en Yeshúa? Estas preguntas nos permitirán leer la historia bíblica con mayor precisión y contemplar, detrás de cada etapa, al Dios que guarda su palabra.
Preguntas para el estudio y la reflexión
- ¿Qué elementos de la definición «una relación elegida con promesas vinculantes» aparecen en Génesis 21:22–32?
- ¿Por qué es insuficiente definir un pacto solamente como una promesa?
- ¿En qué sentido el pacto se parece a un contrato y en qué sentido lo supera?
- ¿Puede un pacto confirmar una relación ya existente? Menciona dos ejemplos.
- ¿Qué diferencia existe entre pacto y juramento?
- ¿Qué expresa simbólicamente el acto de pasar entre animales cortados?
- ¿Qué enseña Josué 9 sobre la gravedad de pronunciar un juramento en el nombre de Dios?
- ¿Por qué no debemos exigir sacrificio o sangre en todos los pactos?
- ¿Cómo pueden coexistir la gracia divina y la responsabilidad humana dentro de un pacto?
- ¿Qué revela el matrimonio acerca de la dimensión relacional del pacto?
- ¿De qué manera la fidelidad pactual es más profunda que el mero cumplimiento externo de una lista?
- ¿Cómo prepara esta definición nuestra comprensión de la muerte de Yeshúa y del nuevo pacto?
Notas para profundizar
- Sobre la definición: Thomas Schreiner resume el pacto como una relación escogida con promesas vinculantes. La utilidad de la definición está en identificar el núcleo relacional sin exigir que todos los pactos posean idénticas ceremonias.
- Sobre la etimología de berit: las propuestas etimológicas son variadas y ninguna debe utilizarse como argumento decisivo. El campo semántico se determina mejor por el uso del término en la Escritura.
- Sobre diathēkē: su uso en la Septuaginta es esencial para interpretar el Nuevo Testamento. El sentido testamentario posible en Hebreos 9:16–17 no debe gobernar automáticamente los demás pasajes.
- Sobre los tratados antiguos: las semejanzas formales aportan contexto histórico, pero el significado teológico de los pactos bíblicos depende de la narración canónica y del carácter de YHWH.
- Sobre las ceremonias: juramento, sacrificio, señal, testigos y comida suelen acompañar el pacto, pero no constituyen todos juntos una lista obligatoria.
- Sobre gracia y obediencia: la obediencia bíblica es la respuesta debida a la redención y la forma de la fidelidad pactual; no es una moneda con la que el ser humano compra el favor de Dios.
Bibliografía
- Gentry, Peter J., y Stephen J. Wellum. El reino de Dios a través de sus pactos: Una teología bíblica concisa. Publicaciones Kerigma, 2021. Google Books
- Hahn, Scott. «Pacto». En Diccionario Bíblico Lexham, editado por John D. Barry y Lazarus Wentz. Bellingham, WA: Lexham Press, 2014.
- Kline, Meredith G. Kingdom Prologue: Genesis Foundations for a Covenantal Worldview. Overland Park, KS: Two Age Press, 2000.
- Mendenhall, George E., y Gary A. Herion. «Covenant». En The Anchor Bible Dictionary, editado por David Noel Freedman. Nueva York: Doubleday, 1992.
- Pink, Arthur W. Los pactos divinos: Una exposición de la revelación del pacto eterno de gracia a través de las Escrituras. Traducido por Mariano Leiras y Federico Donantueno. Tampa, FL: Editorial Doulos, 2017.
- Robertson, O. Palmer. The Christ of the Covenants. Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing, 1980.
- Schreiner, Thomas R. El pacto y el propósito de Dios para el mundo. Traducido por Sergio Castrillón C. Estudios Breves de Teología Bíblica. Proyecto Nehemías, 2021. Logos Bible Software
- Strauss, Mark L., y Tremper Longman III, eds. The Baker Expository Dictionary of Biblical Words. Grand Rapids, MI: Baker Books, 2023. Logos Bible Software
- Walton, John H. Covenant: God’s Purpose, God’s Plan. Grand Rapids, MI: Zondervan, 1994.
- Weinfeld, Moshe. «The Covenant of Grant in the Old Testament and in the Ancient Near East». Journal of the American Oriental Society 90, n.º 2 (1970): 184–203.
Este artículo es el segundo de la serie «Los pactos bíblicos: de la creación a la nueva creación». Te invitamos a visitar la página principal de la serie abajo, donde iremos reuniendo los estudios y sus enlaces conforme se publiquen. Cada capítulo profundizará en un aspecto del tema y nos ayudará a comprender cómo se relacionan los pactos entre sí y cómo sus promesas encuentran cumplimiento en el Mesías. Guarda la página y sigue el recorrido en orden: las próximas entregas desarrollarán lo que aquí presentamos como introducción, para alcanzar una comprensión más completa de este tema fundamental de las Escrituras.
- —Thomas R. Schreiner, El pacto y el propósito de Dios para el mundo, p. 20. ↩︎
- Ninguna frase breve puede contener todos los rasgos de los pactos bíblicos. Algunos destacan las obligaciones mutuas; otros, la promesa soberana de una de las partes. Algunos incluyen sangre, señal y banquete; otros no mencionan ninguno de esos elementos. Por eso conviene tratar la definición como una guía flexible y después permitir que cada texto muestre la forma particular de su pacto. ↩︎
- Algunos autores presentan contrato y pacto como realidades completamente opuestas. Es más prudente hablar de énfasis distintos. Los pactos bíblicos poseen forma pública, obligaciones reconocibles y consecuencias legales; no son meros sentimientos. Lo que los distingue es que esa estructura jurídica protege y expresa una relación personal de fidelidad. ↩︎
- En los pactos entre Dios y la humanidad, las partes son personales, pero no equivalentes. Dios es Creador, Rey y Redentor; el ser humano es criatura y receptor de la gracia. El pacto crea comunión, no igualdad de autoridad. Por eso sus estipulaciones no nacen de una negociación simétrica. ↩︎
- Peter J. Gentry y Stephen J. Wellum, El reino de Dios a través de sus pactos: Una teología bíblica concisa (Publicaciones Kerigma, 2021), análisis de Génesis 21:22–32. Paráfrasis del fragmento incluido en tu presentación. ↩︎
- En la Biblia, recibir una relación por gracia y quedar llamado a la obediencia no son ideas contradictorias. La obediencia pactual no compra el amor de Dios; responde a él y expresa la fidelidad propia de quienes le pertenecen. El legalismo convierte la obediencia en mérito; la infidelidad usa la gracia como excusa. El pacto evita ambos extremos. ↩︎
- Reducir el pacto al juramento sería como reducir el matrimonio a los votos pronunciados durante la ceremonia. Los votos son esenciales para solemnizar la unión, pero la realidad pactual incluye la relación, la pertenencia, las obligaciones y la vida de fidelidad que sigue a la ceremonia. ↩︎
- La traducción «testamento» no debe proyectarse automáticamente sobre cada aparición de diathēkē. El trasfondo dominante del Nuevo Testamento es el uso de la Septuaginta y, por tanto, la historia de los pactos de Israel. En Hebreos 9 existe un debate legítimo sobre un posible juego semántico, pero el argumento general del libro sigue siendo pactual, sacerdotal y sacrificial. ↩︎
- La expresión hebrea kārat berît (כָּרַת בְּרִית) significa literalmente «cortar un pacto», aunque normalmente se traduce «hacer» o «concertar un pacto». El verbo kārat significa «cortar»; esto no implica que el sustantivo berît, considerado por separado, signifique «corte». La expresión suele relacionarse con ceremonias en las que se dividían animales para representar las consecuencias de quebrantar el compromiso. Sin embargo, se convirtió en una fórmula convencional: su aparición no demuestra que todos los pactos incluyeran ese rito. Debemos distinguir entre la expresión utilizada y la ceremonia que cada relato describe. ↩︎
- Jeremías 34:18–20 ofrece una clave especialmente clara: quienes habían prometido liberar a sus siervos pasaron entre las partes de un becerro cortado, pero después quebrantaron su compromiso. Dios anuncia entonces que los entregará a sus enemigos y que sus cadáveres quedarán expuestos. El destino del animal representaba la sanción que los participantes aceptaban sobre sí mismos si traicionaban su palabra. Por eso se habla de un juramento autoimprecatorio: un compromiso que invoca el juicio sobre quien lo incumple. Esta explicación también ilumina la solemnidad de Génesis 15, aunque las particularidades de aquel pacto deben examinarse por separado. ↩︎
- Decir que no todo pacto requiere sangre no disminuye la centralidad de la muerte de Yeshúa. Precisamente porque los pactos contienen responsabilidades reales y porque el pecado acarrea muerte, el Mesías carga con la maldición, obtiene redención y abre el acceso a las bendiciones prometidas. La singularidad de su sangre no depende de afirmar que cada pacto humano incluyera un sacrificio. ↩︎
- Las comparaciones con tratados hititas, asirios y otros documentos antiguos ayudan a explicar algunas formas del Pentateuco, especialmente Deuteronomio. No demuestran que la fe de Israel sea una simple imitación cultural. La revelación emplea un lenguaje histórico reconocible, pero lo reorienta alrededor de la identidad, la gracia y la santidad de YHWH. ↩︎




