Camino de la modestia

Está escrito: “He aquí que los cielos no Te pueden abarcar…” (Crónicas II, 2:5), “…menos aun el corazón de los hombres.” (Proverbios 15:11). Leemos también: “Yo lleno los cielos y la tierra, dijo el Eterno” (Jeremías 23:24). Cuando pienses en todo esto temerás a tu Creador, te cuidarás del pecado y con esas virtudes vivirás feliz con lo que tienes.

Cuando seas modesto, hasta sentirte inferior a cualquier persona y temas al Creador y al pecado, reinará sobre ti el espíritu de la Shejiná y el brillo de Su Gloria en la vida eterna. Y ahora hijo mío, ten presente, que el que se enorgullece de sí mismo y es soberbio, se rebela al Reino celestial, porque pretende vestirse con sus atuendos, pues está escrito: “Dios reinó; de orgullo se vistió” (Salmos 93:1). ¿Y con qué puede enorgullecerse el hombre? Si es por su riqueza, esta escrito: “Dios es el que empobrece y enriquece” (1 Samuel, 2:7). Si es por el honor que puede merecerse, ¿acaso no es también de Dios? Como leemos: “La riqueza y el honor de Ti proceden (Crónicas 1. 29:12).

Y, ¿cómo puede el hombre cubrirse con el honor que no es suyo, que es el que el Creador le pone delante; y si pretende ser alabado por su inteligencia?: “Dios quita el habla a los que dicen ser alabados por su inteligencia” (Job 12:20). Vemos que todo es igual a los ojos del Eterno, porque Su palabra derriba a los erguidos y por Su voluntad levanta a los caídos. Por eso debes caer por ti solo y te levantará el Todopoderoso.

Ahora te explicaré cómo habrás de conducirte en el camino de la modestia, para que transites por él todos los días de tu vida: Que tus palabras salgan de tu boca con tranquilidad, que tu cabeza esté gacha y tus ojos miren hacia abajo, hacia la tierra, pero que tu corazón permanezca hacia arriba (pensando en las maravillas del Eterno). Nunca mires a nadie con desprecio, que cualquier hombre a tus ojos sea más grande que tú. Si es inteligente o si es rico, debes respetarlo. Y si él es pobre y tu rico, o más sabio que él, con respecto a ti, debes respetarlo, pues si él peca, lo hace sin quererlo, pero si tú pecas, lo haces intencionalmente.

En tus palabras, tus actos, tus pensamientos, y en todo momento, considera que te hallas frente al Todopoderoso y que su Shejiná está sobre ti, porque Su Gloria llena todo el mundo, entonces tus palabras serán dichas con el temor de un esclavo ante su amo.

– Rambán a su hijo… –

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