Transfondo histórico del Islam

En años recientes el Islam ha estado en el centro de la atención del mundo, en parte debido al incremento de la tensión en el Cercano Oriente. Esta tensión ha puesto la cultura islámica bajo un examen atento y minucioso en todas partes.

La fe musulmana es una fuerza de la mayor importancia en naciones del Cercano Oriente, Asia y Norte de África. Indonesia y Malasia son del 85 al 100 por ciento musulmanas. El impacto de esta fe sobre el mundo ha ido creciendo constantemente. En la actualidad, el Islam afirma ser la religión de mayor crecimiento en el mundo, con unos 750 a 800 millones de creyentes o adherentes que dominan más de treinta y seis países en tres continentes.

Incluso la tensión árabe-israelí puede ser remontada al conflicto Islam-Judaísmo. No sólo se trata de que el Islam empuña colectivamente una fuerte espada en sus amenazas de guerra contra Israel, sino que las sectas islámicas amenazan asimismo con una mayor agitación en otras áreas del frágil Cercano Oriente, y podrían ser los catalizadores de un conflicto aún más extendido. Por ejemplo, los islámicos integristas militantes ultraconservadores lograron tomar el poder en el Irán y se hicieron responsables del asesinato del Presidente de Egipto, Anwar Sadat.

Sin embargo, la inmensa mayoría de musulmanes no son extremistas. Es acusado el contraste entre el Islam moderado, progresista y constructivo de Egipto y Turquía y el Islam integrista y reaccionario de, por ejemplo, Irán. El Islam ha ejercido un impacto en muchos aspectos positivo sobre muchos países en los que es una fuerza dominante. Pero una influencia positiva es una razón no suficiente para entregar la propia vida a ninguna religión. Es preciso examinar con objetividad las enseñanzas del Islam (o de cualquier otra religión) para determinar su validez.

El impacto del Islam en la historia también lo hace un objeto digno de estudio. El profesor de ley islámica Sir Norman Anderson, un cristiano, lo recapitula de la siguiente manera:

La religión del Islam es uno de los fenómenos notables de la historia. Al cabo de un siglo de la muerte de su fundador, el imperio musulmán se extendía desde el sur de Francia por toda España, Norte de África, el Levante y el Asia Central y hasta la frontera con China; y aunque desde hace mucho tiempo el Islam ha quedado virtualmente expulsado de Europa Occidental y ha perdido mucho de su poder político en otros lugares, ha penetrado notablemente en varias ocasiones en Europa Oriental, África y la India y en el Sudeste Asiático. En la actualidad se extiende desde el Atlántico hasta las Filipinas, y reúne unos ochocientos millones de [creyentes o] adherentes procedentes de razas tan diferentes como europeos o bantúes, indios arios o miembros de tribus filipinas; sin embargo, se puede hablar del «Mundo del Islam»

(Sir Norman Anderson, ed., The World’s Religions, Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company, 1976, pág. 52).


  • Historia:

La Historia primera del Islam gira en torno a una figura central: Mahoma. Aunque el Islam es una interesante mezcla de diferentes religiones, el origen de esta fe se encuentra en la persona singular de Mahoma.


  • Mahoma:

Mahoma nació alrededor del 570 d.C. en la ciudad de la Meca, en Arabia. El padre de Mahoma, Abdullá, murió antes que él naciese. Su madre, Amina, murió cuando él tenía seis años. Primero lo crió su abuelo, Abd al-Muttalib, y más adelante su tío, Abu Talib. No se conoce bien el trasfondo familiar de Mahoma. Algunos académicos creen que procedía de una familia conocida y respetada, pero no es seguro. Lo que sí está claro era que pertenecía al clan hachemita de la tribu Al Qu´raysh. A los veinticinco años se casó con una rica y respetada viuda de cuarenta años llamada Khadijah. Anderson cuenta acerca de su vida:

Hay evidencias en una tradición que difícilmente puede haber sido inventada acerca de que Mahoma sufrió de convulsiones en una época temprana de su vida. Sea como sea, el adulto Mahoma mostró pronto en su vida señales de una religión marcadamente religiosa. Se retiraba en cuevas para estar a solas y meditar; practicaba el ayuno con frecuencia, y era propenso a los sueños. Profundamente insatisfecho con el politeísmo y las crudas supersticiones de su Meca nativa, parece haber quedado apasionadamente convencido de la existencia y trascendencia del único y verdadero Dios. Parece imposible decidir cuánta de esta convicción la debiese al cristianismo o al judaísmo. En aquellos tiempos, el cristianismo monofisita estaba ampliamente extendido por el reino árabe de Ghassan; la Iglesia Bizantina estaba representada por ermitaños esparcidos por el Hijaz, con los que puede haber entrado en contacto; los nestorianos estaban establecidos en Hira y Persia, y los judíos estaban fuertemente representados en Medina, el Yemen y otras partes. Tampoco puede haber duda alguna de que en cierto período de su vida absorbió mucha enseñanza de fuentes talmúdicas y que tuvo contacto con alguna forma del cristianismo; y parece sumamente probable que su temprana aceptación del monoteísmo pueda remontarse a una de estas influencias, o a ambas (ibid., pág. 54).

Ilustración del siglo XV de una copia de un manuscrito de Al-Biruni que representa a Mahoma predicando El Corán en La Meca

El carácter de Mahoma era realmente un mosaico, como recapitula Anderson:

Por lo demás, como en muchos otros casos, su carácter parece haber sido una extraña mezcla. Era poeta más que teólogo: un improvisador magistral más que un pensador sistemático. No puede dudarse que era de gustos sencillos y de talante bondadoso; era generoso, resuelto, genial y astuto: un penetrante juez y líder nato. Podía sin embargo ser cruel y vengativo con sus enemigos; podía rebajarse al asesinato, y era innegablemente sensual (ibid., pág. 60).

Robert Payne expone también esto en su libro, The Holy Sword (La espada santa):

Es apropiado detenerse por un momento ante la polaridad totalmente asombrosa de la mente de Mahoma. Dentro de él guerreaban la violencia y la bondad. A veces da la apariencia de estar viviendo simultáneamente en dos mundos, viendo en un mismo momento el mundo a punto de ser destruido por las llamas de Dios y en un estado de paz divina; y parece mantener estas visiones opuestas solo a costa de una abrumadora sensación de tensión. A veces se rompe la cuerda, y le vemos contemplando aturdido el mundo a su alrededor, que no es ni un mundo en llamas ni el mundo en estado de bienaventuranza, sino el mundo ordinario diario en el que pocas veces se sentía cómodo (Robert Payne, The Holy Sword, New York: Collier Books, 1962, pág. 84).


  • El llamamiento:

Mahoma rechazó el politeísmo idolátrico de los que le rodeaban. A la edad de cuarenta años, el religioso y monoteísta Mahoma tuvo su primera visión. Ésta y las siguientes revelaciones están registradas en el Corán.

Prophete Mahomet (570-632), chef religieux, politique et militaire arabe, fondateur de l’Islam, gravure anonyme extraite de l’ouvrage “Histoire generale de la religion des turcs” de Michel Baudier, 1625 — Prophet Mohammed (570-632), religious, military leader, politician, founder of Islam, engraving from “Histoire generale de la religion des turcs” by Michel Baudier, 1625, colorized document *** Local Caption *** Prophet Mohammed (570-632), religious, military leader, politician, founder of Islam, engraving from “Histoire generale de la religion des turcs” by Michel Baudier, 1625, colorized document

Mahoma estuvo al principio inseguro acerca de la procedencia de estas visiones, si eran divinas o demoníacas. Su mujer, Khadija, lo animó a creer que habían procedido de Dios. Más adelante ella fue su primera convertida. Sin embargo, su convertido temprano más importante fue un rico mercader llamado Abu Bakr, que llegó a ser uno de sus sucesores.

La autoritativa obra de Cambridge History of Islam (Historia del Islam) da este comentario acerca de las revelaciones de Mahoma:

Bien en el curso de las visiones, bien más adelante, Mahoma comenzó a recibir «mensajes» o «revelaciones» de parte de Dios. A veces puede haber oído las palabras que le eran dichas, pero por la mayor parte parece simplemente haberlas «encontrado en su corazón». Sea cual sea la precisa «manera de revelación» —y hay varias diferentes «maneras» que los eruditos musulmanes mencionan— lo importante es que el mensaje no era producto de la mente consciente de Mahoma. Creía él que podía distinguir fácilmente entre sus propios pensamientos y estas revelaciones.

Los mensajes que vinieron así a Mahoma desde más allá de su mente consciente eran al principio bastante breves, y consistían en unos cortos versos que acababan en una rima o asonancia normales. Mahoma siguió recibiendo los mensajes periódicamente hasta su muerte. En sus años finales, las revelaciones tendían a ser más largas, a estar formadas por más versos y a tratar de los asuntos de la comunidad de musulmanes en Medina. Todas las revelaciones, o al menos muchas de ellas, fueron probablemente escritas durante la vida de Mahoma por sus secretarios (P. M. Holt, ed., The Cambridge History of Islam, Vol. II, Londres: Cambridge University Press, 1970, págs. 31,32).

El popular comentarista acerca del Islam, Alfred Guillaume, narra la primera visión de Mahoma:

Ahora bien, si consideramos la narración de su llamamiento tal como la registran los antiguos biógrafos, salen a luz algunos paralelismos muy interesantes con los profetas hebreos. Dicen que era su hábito irse de las moradas de los hombres y retirarse al monte para darse a la oración y a la meditación. Una noche, mientras dormía, el ángel Gabriel se le presentó con una pieza de brocado de seda en la que estaban escritas unas palabras, y le dijo: «¡Recita!» Él respondió: «¿Qué recitaré?» La orden le fue repetida tres veces, mientras sentía una presión física en aumento, hasta que el ángel le dijo:

“Recita en el nombre de su Señor, que creó al hombre de sangre cuajada. ¡Recita! Tu Señor es maravillosamente bueno que mediante la pluma a los hombres ha enseñado cosas que no conocían (ciegos siendo)”

Cuando despertó, estas palabras parecían escritas en su corazón (o, como diríamos nosotros, indeleblemente fijadas en su mente). Entonces le sobrevino el pensamiento de que debía ser un sha’ir o poseído, precisamente él que odiaba tanto a los tales que no podía soportar su presencia; y él no podría soportar que los miembros de su tribu fuesen a considerarle como uno de ellos — como en efecto así fue más adelante. Por ello, salió de aquel lugar con la intención de echarse por un precipicio. Mientras andaba para llevar a cabo este propósito, oyó una voz del cielo saludándolo como Apóstol de Dios, y levantando los ojos al cielo vio una figura a horcajadas del horizonte que lo apartó de su propósito y que le hizo quedarse inmóvil donde se hallaba. Y allí se quedó mucho después que los mensajeros de su intranquila esposa regresasen para informar que no podían encontrarle (Alfred Guillaume, Islam, Londres: Penguin Books, 1954, págs. 28, 29).

Sir Norman Anderson discurre acerca de cómo Mahoma pensó al principio que estaba poseído por los demonios, o Jinn, como se les llamaba, pero cómo más tarde abandonó la idea:

Parece, además, que el mismo Mahoma estuvo al principio inseguro acerca de la fuente de estas revelaciones, temiendo estar poseído por uno de los Jinn o espíritus, como se creía comúnmente era el caso de los poetas y adivinos árabes. Pero Khadija y otros lo tranquilizaron, y pronto comenzó a proponer revelaciones divinas con mayor frecuencia (Anderson, Religions, pag 55).

Estas visiones marcaron el llamamiento profético de Mahoma por Alá. Mahoma recibió visiones durante los siguientes 22 años, hasta su muerte en el 632 d.C.

Revelación del angel Gabriel a Mahoma

  • La Héjira:

La nueva fe encontró oposición en la ciudad natal de Mahoma, la Meca. Debido a su rechazo en la Meca y al ostracismo de sus opiniones, Mahoma y sus compañeros emigraron, en respuesta a una invitación, a la ciudad ahora conocida como Medina, que significa: «Ciudad del Profeta», y que originalmente se llamaba Yatrib.

La Héjira que significa «huida», marca el punto de inflexión en el Islam. Todos los calendarios islámicos marcan esta fecha, 16 de julio del año 622, como el comienzo de la era islámica. De esta manera el 630 sería el año 8 de la Héjira.

En sus años primeros en Medina, Mahoma sentía simpatía tanto por los judíos como por los cristianos. Pero ambos le rechazaron a él y sus enseñanzas. Debido a este rechazo, Mahoma dejó Jerusalén como centro del culto del Islam y lo centró en la Meca.

Mahoma denunció todos los ídolos que rodeaban la Kaaba en la Meca y la declaró santuario del Dios único y verdadero, Alá.

La Meca

Con este nuevo énfasis en la Meca, Mahoma se dio cuenta de la importancia de volver a su hogar allá. El rechazado profeta pronto volvió triunfante, y conquistó la ciudad.

John B. Noss cuenta algunas de las acciones de Mahoma tras regresar a la Meca:

Una de sus primeras acciones fue acudir reverente a la Kaaba; sin embargo, no dio muestras de ceder al antiguo politeísmo mecano. Después de honrar la Piedra Negra y de dar siete vueltas montado alrededor del santuario, ordenó la destrucción de los ídolos en su interior y que fuesen borradas de las paredes las pinturas de Abraham y de los ángeles. Aprobó el uso del pozo Zamzam y restauró los pilares limítrofes que definían el territorio sagrado alrededor de la Meca. Desde entonces, ningún musulmán tendría motivos para vacilar acerca de acudir en peregrinación a la antigua ciudad santa.

Mahoma aseguró ahora su dominio político y profético en Arabia. Los enemigos cercanos fueron vencidos con la espada, y las tribus alejadas fueron invitadas con dureza a enviar delegaciones ofreciendo su adhesión. Antes de su muerte repentina en el 632 sabía que estaba bien adelantado en su propósito de unificar las tribus árabes bajo una teocracia gobernada por la voluntad de Dios

(John B. Noss, Man’s Religions, New York: MacMillan Publishing Company Inc., 1974, pág. 517).

Entre el regreso a la Meca y la muerte de Mahoma, el profeta propagó celosa y enérgicamente el Islam, y la nueva fe fue propagándose rápidamente por toda la región.


  • Después de la muerte de Mahoma:

Cuando murió, Mahoma no había revelado ningún plan que pudiese emplear la clase dirigente del Islam para decidir su sucesor. Sir Norman Anderson comenta así:

Mahoma murió, según la postura más bien apoyada, sin haber designado ningún sucesor (un Islam y lo centró en la Meca. Mahoma denunció todos los ídolos que rodeaban la Kaaba en la Meca y la declaró santuario del Dios único y verdadero, Alá. khalifa o Califa). Naturalmente, como el último y mayor de los Profetas no podía ser sustituido. Pero la comunidad que había fundado era una teocracia, sin distinción entre Iglesia y Estado, y evidentemente alguien debía sucederle, no para promulgar la ley, sino para hacerla cumplir, para dirigir en la guerra y para gobernar en la paz. Era evidente que se debía designar un Califa, y ahí Omar ibn al Khattab (que fue el segundo Califa) consiguió apremiar la elección del anciano Abu Bakr, uno de los primerísimos creyentes. Pero la cuestión del Califato iba a ser causa de más divisiones y derramamientos de sangre que cualquier otra cuestión en el Islam, y casi desde el principio se pueden discernir tres partidos rivales, al menos en ciernes. Había los Compañeros del Profeta, que creían en la elegibilidad de cualquier «Temprano Creyente» de la tribu de los Quraysh; había la aristocracia de la Meca, que deseaba conseguir el Califato para la familia de los Omeya; y había los «legitimistas», que creían que no era necesaria ninguna elección, sino que Alí, el sobrino y yerno del Profeta, había sido designado divinamente para ser su sucesor

(Anderson, Religions, pág. 64)

Abu Bakr murió menos de dos años después de su designación como califa. Al morir, le sucedió Omar, y bajo su caudillaje se expandieron considerablemente las fronteras del imperio islámico.

Al final se desarrolló una lucha por el poder, al ir promoviendo las diferentes facciones a sus propios sucesores sobre sus rivales. La principal división vino entre los que creían que el Califa había de ser escogido por los líderes del que creían que el sucesor había de ser hereditario, a través de Alí, el yerno de Mahoma, que se había casado con su hija Fátima. Esta lucha, junto con otras, produjo las dos principales divisiones del Islam conocidas como los sunitas (seguidores del camino del profeta) y los chiítas (seguidores de los doce imanes que descendieron del profeta) así como numerosas sectas dentro de estos dos grupos principales. El conflicto sunita/chiíta sigue siendo hasta el día de hoy un motivo de controversia internacional. (Se considerará más extensamente en otros Islam, y los capítulos).


  • Fe y obligaciones:

Las enseñanzas del Islam están compuestas de fe (Imam) y práctica u obligaciones (din). Explica Sir Noman Anderson:

La fe y la práctica del Islam están gobernadas por las dos grandes ramas de erudición musulmana, teología y jurisprudencia, a ambas de las que se ha hecho alguna referencia. La teología musulmana (generalmente llamada «Tawhid» debido a su doctrina central de la Unidad de la Deidad) define todo lo que un hombre debe creer, mientras que la ley (Saria) prescribe todo lo que debería hacer. No hay sacerdocio ni sacramentos. Excepto entre los sufís, el Islam conoce sólo la exhortación e instrucción procedente de aquellos que se consideran a sí mismos, o que otros consideran, como adecuadamente instruidos en teología o ley.

A diferencia de cualquier otro sistema en el mundo en la actualidad, la Saria abarca todos los detalles de la vida humana, desde la prohibición del crimen como el uso del palillo, y desde la organización del estado hasta las intimidades más sagradas —o las más desagradables aberraciones— de la vida familiar. Es «la ciencia de todas las cosas, humanas y divinas», y divide todas las acciones entre obligatorias u ordenadas, lo que es encomiable o recomendable, lo que es permitido o legalmente indistinto, lo que es desagradable o deprecado, y lo que está prohibido

(Anderson, Religions, pág. 78).

Estas prácticas son ciertas en el Islam sunita y chiíta, pero no siempre en las sectas divergentes.

La ley islámica (La Saria) tiene un papel crucial en toda la cultura islámica. La estructura de la ley es la de una ley civil y no de ley común como se practica generalmente en Inglaterra y en los Estados Unidos.

Se debe enfatizar que la Saria ha sido crucial en la doctrina islámica.

El concepto religioso más importante y fundamental en el Islam es el de saria, que significa literalmente “un camino al abrevadero” pero que en su aplicación religiosa denota la forma entera de vivir tal como ha sido ordenada por Dios de manera explícita o implícita. Esta palabra ha sido empleada en el Corán, que aveces surgiere que distintas religiones tienen diferentes sarias, pero en otras ocasiones que todas las religiones tienen fundamentalmente una saria.

El concepto, tal como lo formulan los maestros religiosos del Islam, incluye tanto la doctrina o creencia como la práctica o ley. Pero históricamente, la formulación y sistematización de la ley tuvo lugar antes de la cristalización de la teología formal. Esto, como se muestra más adelante, tuvo unas consecuencias de gran alcance para el futuro desarrollo del Islam

(Encyclopædia Britannica, «Islam,» Chicago: William Benton Publishing Company, 1967, pág. 664).

La controversia que rodea a la ley y a la teología y a la triple división de la Saria condujo al surgimiento de varias divisiones dentro del Islam sunita. Explica Guillaume:

En ciertos países, ciertas cuestiones han sido sacadas del campo de la saria, y caen ahora dentro de la competencia de tribunales seculares; pero, hablando en general, durante mil años o más no se ha visto en ningún país islámico ningún cambio comparable con el que ha tenido y está teniendo lugar en países islámicos en la actualidad. Turquía, como todos saben, ha abolido totalmente la saria. Oficialmente, es un Estado secular, aunque en realidad la influencia del Islam sobre la población, especialmente en Asia, es muy considerable, y evidencia señales de hacerse más fuerte bajo el nuevo gobierno democrático.

En una serie de artículos en The Moslem World y otras publicaciones, mi colega, el señor J. N. D. Anderson, ha dado evidencias de que también en países árabes la saria está bajo revisión. Egipto, el Sudán, Siria, el Líbano, Jordania e Irak están todos en movimiento. Los cambios que se están efectuando ilustran cómo se está llevando a cabo en la legislación positiva un intento concreto de relacionar la saria con las condiciones de la vida moderna y de una perspectiva más liberal de las relaciones humanas (Guillaume, Islam, págs. 166, 167).

Luego pasa a comentar una de las diferencias de los chiítas con los sunitas.

En teoría, el concepto chiíta de autoridad suprema en la ley es radicalmente diferente del de los sunitas, aunque en la práctica esta diferencia no se traduce en gran cosa. Rechazan ellos las cuatro escuelas y la doctrina de la ijma porque su Iman Escondido es quien tiene en exclusiva el derecho de decidir qué debería hacer y creer el creyente. Por ello, sus doctores debidamente acreditados pueden seguir ejerciendo el poder de la ijtihad u opinión personal. Este poder lo perdieron los sunitas hace mil años o más (ibid, pág.103).


  • El Corán:

La base para la doctrina islámica se encuentra en el Corán. El autor cristiano Kenneth Boa describe el puesto central del Corán en la fe islámica así como las obras que lo suplementan.

El Corán es la escritura autoritativa del Islam. Con una extensión de alrededor de cuatro quintas partes del Nuevo Testamento, se divide en 114 suras (capítulos). Partes del Corán fueron [registradas] por Mahoma, y el resto, en base de sus enseñanzas orales, fueron escritas de memoria por sus discípulos tras la muerte de su maestro.

A lo largo de los años, se recopilaron varios dichos adicionales de Mahoma y de sus primeros discípulos. Estos constituyen la Hadith (“Tradición”), los dichos de la cual se llaman sunna (“costumbre”). La Hadith suplementa el Corán de una manera muy semejante a cómo el Talmud suplementa a la Ley en el judaísmo

(Kenneth Boa, Cults, World Religions, and You,

En el Islam el Corán es considerado como la palabra de Dios, las sagradas escrituras. Como escritura suprema y autoritativa, es la principal guía para todas las cuestiones de fe y conducta. Los musulmanes creen que el Corán fue revelado a Mahoma como la palabra final de Dios para la humanidad.

Otras revelaciones incluyen La Torá (de Moisés), el Suhuf (libros de los profetas), el zabur (los salmos de David), y el Injil (el evangelio de Jesús).

El Corán sobresee todas las otras revelaciones y los musulmanes alegan que es la única de la que seguimos teniendo el texto original. Creen que todas las otras han quedado corrompidas, hasta quedar prácticamente irreconocibles. Islam, por ejemplo, no consideraría que nuestro Nuevo Testamento sea el Injil (evangelio de Jesús). No es el libro dado a Jesús, sino las palabras de otros acerca de Jesús. El Islam sostiene que Sus palabras originales han quedado corrompidas y que muchas han quedado perdidas. Se cree que sólo el Corán es puro y sin error. Mahoma y el Corán son lo que el Islam debe seguir.

El Sin embargo, un punto que desafortunadamente omiten la mayoría de los autores acerca de esta cuestión es que mientras que el Corán afirma de manera directa que el Taurat, Zabur e Injil fueron revelados por el mismo Alá (Sura 35:27- 31; 4:163, 164; 5:44; 32:24; 46:11, 12; 2:87), declara también que las revelaciones de Dios son incorruptibles y no susceptibles de cambios por parte de nadie (Sura 6:115). Así, no sólo es lógicamente insostenible la acusación de un evangelio corrompido desde una perspectiva musulmana, sino que constituye una negación del poder de Alá insinuar que Él no pueda mantener pura Su palabra, como Él dice que lo hará.

Comenta el autor cristiano Stephen Neill:

Es bien sabido que en muchos puntos el Corán no concuerda con las Escrituras judías y cristianas. Por ello, desde el punto de vista musulmán sigue necesariamente que estas Escrituras han debido ser corrompidas. La evidencia histórica no deja ninguna señal sobre la aplastante fuerza del silogismo. Así es, y no puede ser de ninguna otra manera. La única imagen válida de Jesucristo es la que se encuentra en las páginas del Corán

(Stephen Neill, Christian Faith and Other Faiths, Londres: Oxford University Press, 1970, pág. 64)

Las 114 suras, o capítulos del Corán, son todas ellas atribuidas en último término a Alá. Las suras están dispuestas en el Corán por orden de tamaño —las más largas delante, las más cortas atrás.

Para los musulmanes, el Corán (q.v.) es la Palabra de Dios, confirmando y consumando libros revelados anteriores y con ello reemplazándolos; su instrumento o agente de revelación es el Profeta Mahoma, el último y más perfecto de una serie de mensajeros de Dios a la humanidad —desde Adán a través de Abraham a Moisés y Jesús, de quien se rechazan enérgicamente las alegaciones cristianas de su divinidad. Lo cierto es que no hay pueblo alguno a quien no haya venido un profeta. Aunque Mahoma es sólo una criatura humana de Dios, tiene sin embargo una importancia sin parangón en el mismo Corán, que le pone sólo segundo después de Dios como merecedor de obediencia moral y legal. Por ello, sus dichos y actos (la sunna) sirvieron como una segunda base, además del Corán, para las creencias y prácticas del Islam.

El Corán (que para el musulmán es el milagro de Mahoma por excelencia, insuperable en forma así como en contenido) es un poderoso documento que expresa un élan de justicia religiosa y social. Los capítulos (suras) más antiguos del Corán, que reflejan el duro debate de Mahoma contra los mecanos, se caracterizan por graves advertencias del inminente juicio, mientras que las suras más tardías, del período de Medina, tienen mayormente el propósito de regular los asuntos internos y externos de la joven comunidad—estado musulmana, además de narrar las historias de los primeros profetas.

La teología coránica es rigurosamente monoteísta: Dios es absolutamente singular —«no tiene semejante»— omnipotente, omnisciente, misericordioso. Se exhorta a los hombres a obedecer su voluntad (esto es, a ser musulmanes) como la obedecen necesariamente todos los objetos inorgánicos. Se atribuye una especial responsabilidad al hombre, que voluntariamente, aunque con su característica insensata soberbia, aceptó «el impulso» rehusado por toda la creación. Además de seres humanos y ángeles, el Corán habla de los jinn, buenos y malos, entre los cuales se sitúa a veces al diablo.

(Encyclopedia Britannica, pág 663).

En tiempos modernos, el Corán ha tenido que hacer frente a muchas de las mismas críticas que se le han hecho a la Biblia. Una cuestión primordial es la inspiración del Corán. Algunos eruditos islámicos progresistas no concuerdan unánimemente acerca de cómo llegó a formarse el Corán o acerca de cuánto es verdad, aunque los académicos islámicos conservadores lo aceptan todo como literalmente cierto. Comenta John Alden Williams:

Así, el Corán es para los musulmanes la Palabra de Dios. Aunque ha habido fieras controversias entre ellos acerca del sentido en el que es verdadero —si es la Palabra creada o increada, si es cierto ello de cada letra arábiga o sólo del mensaje como un todo, su veracidad nunca ha sido cuestionada por ellos

(John Alden Williams, Islam, New York: George Brazilier, 1962, pág.15).

El Corán fue revelado y escrito en lengua árabe. Debido a esto, y debido a su creencia de que fue revelado por Dios, los musulmantes rehusan aprobar las traducciones del Corán a otras lenguas. Así, no existe ninguna traducción autorizada del Corán. Quienquiera que esté familiarizado con la lectura de traducciones de cualquier obra sentirá comprensión hacia esta demanda. Sin embargo, por muy rico que sea la lengua árabe, las tradiciones dan con todo unos significados relevantes y precisos que han de ser evaluados.

El Corán adquirió forma escrita poco después de la muerte de Mahoma.

Todos los suras del Corán habían quedado registrados por escrito antes de la muerte del Profeta, y muchos musulmanes habían memorizado todo el Corán. Pero los suras escritos habían quedado dispersados entre la gente, y cuando un gran número de los que conocían todo el Corán de memoria fueron muertos en una batalla que tuvo lugar durante el califato de Abu Bakr —es decir, en los dos años siguientes a la muerte del Profeta— se hizo una recopilación de todo el Corán y se registró por escrito. Durante el califato de Otoman se reclamaron todas las copias de las suras existentes, y se recopiló una versión autoritativa, basada en la colección de Abu Bakr y en el testimonio de los que conocían todo el Corán de memoria, fue recopilado de manera exacta en la forma y orden actuales, que se consideran como tradicionales y como disposición del mismo Profeta, siendo que el Califa Otoman y sus ayudantes eran Compañeros del Profeta y los más devotos estudiosos de la Revelación. El Corán ha sido por tanto muy cuidadosamente preservado

(Mohammed Marmaduke Pickthall, trad: The Meaning of the Glorious Koran, New York: Mentor Books, n.d., pág. XXVIII).

Acerca del origen del Corán, comenta Guillaume:

Por los libros de tradición sabemos que el profeta estaba sujeto a ataques extáticos. Se afirma que él decía que cuando le sobrevenía la inspiración, sentía como un doloroso toque de campana. Incluso en invierno se le llenaba la frente de sudor. En una ocasión llamó a su mujer para que le envolviese en un velo. En otros tiempos le venían las visiones durante el sueño. El éxtasis religioso es un fenómeno de extensión mundial en una etapa de la sociedad humana, y en sus etapas tempranas los versos de Mahoma eran dados en la forma semítica de pronunciamientos oraculares mánticos. El velamiento de la cabeza y el uso de prosa rimada eran las marcas de un adivino árabe, mientras que la sensación de violencia física y de compulsión y la apariencia externa de «posesión» que parecía para los observadores indicar locura y posesión demoníaca, fueron a veces registrados por, u observados en, los profetas hebreos.

El Corán, tal como lo tenemos ahora, es un registro de lo que dijo Mahoma mientras estaba en el estado o en los estados que se acaban de mencionar. Es indudable que sus oyentes reconocieron los síntomas de revelación, pues si no su El Corán, tal como lo tenemos ahora, es un registro de lo que dijo Mahoma mientras estaba en el estado o en los estados que se acaban de mencionar. Es indudable que sus oyentes reconocieron los síntomas de revelación, pues si no su obiter dicta que pretende registrar la literatura de la tradición hubiesen quedado incluido s en el Corán.

(Guillaume, Islam, pág.56).


  • Seis artículos de fe:

Los seis artículos de fe son las doctrinas fundamentales del Islam. Se espera de todos los musulmanes que crean estos principios y se sometan a ellos.

1. Dios. Hay sólo un Dios verdadero y su nombre es Alá. Alá es omnisciente, omnipotente y el juez soberano. Pero Alá no es un Dios personal que interaccione, porque está tan por encima de todos los hombres en todas las maneras que no se le puede conocer personalmente. Nos afirma:

En la famosa fórmula del credo musulmán la primera parte dice: la ilaha illa Allah, «No [hay] dios sino Dios». Éste es el artículo más importante en la teología musulmana. Ninguna declaración acerca de Dios le parecía más importante a Mahoma que la declaración de que Dios es uno, y ningún pecado le parecía tan imperdonable como asociar a otro ser con Dios en términos de igualdad. Dios se encuentra solo y supremo. Existía antes de ningún otro ser o cosa, subsiste en sí mismo, y es omnisciente, omnipotente («todo lo ve, todo lo oye, todo lo quiere»). Él es el creador, y en el terrible día del juicio él es el único árbitro que salvará al creyente de la disolución del mundo y lo pondrá en el paraíso

(Noss, Religions, pág. 517).

Esta doctrina, que hace a Dios diferente de Sus criaturas, es poderosa en el Islam. Alá es tan diferente que (1) resulta difícil saber mucho acerca de él, y (2) es improbable que sea afectado de manera directa por las actitudes o acciones de sus criaturas. Aunque de Alá se dice que es amante, este aspecto de su naturaleza queda casi ignorado, y se cree que las demandas de este amor han de ceder frente a las demandas de su supremo atributo de justicia (véase Anderson, Religions, pág.79).

El Dios del Islam es el Dios de juicio, no de gracia; de poder, no de amor. Él es la fuente de todo (tanto del bien como del mal) y su voluntad es suprema.

2. Ángeles. La existencia de los ángeles tiene importancia en la enseñanza del Islam. Gabriel, el ángel principal, se apareció a Mahoma y fue el instrumento para entregar las revelaciones del Corán a Mahoma. Al-Shaytan es el diablo, y lo más probable es que sea un ángel caído o jinn. Los jinn son criaturas entre ángeles y humanos que pueden hacer el bien o el mal.

Los ángeles no llevan a cabo ningunas funciones corporales (sexuales, comer, etc.) por cuanto están creadas de la luz. Todos los ángeles tienen propósitos diferentes, como Gabriel, o Jibril, que es el mensajero de la inspiración. Cada hombre o mujer tiene dos ángeles registradores —uno que registra sus acciones buenas, y el otro sus acciones malas.

3. La Escritura. Hay cuatro libros inspirados en la fe islámica. Son la Torá de Moisés, los Salmos (Zabur) de David, el Evangelio de Jesús (Injil) y el Corán. Los musulmanes creen que los primeros tres libros han sido corrompidos por los judíos y cristianos, y que poco de lo original existe en la actualidad. Además, por cuanto el Corán es la más reciente y definitiva palabra de Dios a los hombres, deroga todas las otras obras.

4. Profetas. En el Islam, Dios ha hablado por medio de numerosos profetas a lo
largo de los siglos. Los seis mayores son: Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús y
Mahoma. Mahoma es el último y mayor de todos los mensajeros de Alá.

5. Los últimos días. El último día será un tiempo de resurrección y de juicio. Los que sigan y obedezcan a Alá y a Mahoma irán al cielo islámico, llamado Jannah (Paraíso), un lugar de placeres. Los que se opongan a ellos serán atormentados por un tiempo en el infierno.

El último día (la resurrección y el juicio) figuran de manera destacada en el pensamiento musulmán. El día y la hora son un secreto para todos, pero habrá veinticinco señales de su aproximación. Todos los hombres serán entonces resucitados; se abrirán los libros guardados por los ángeles registradores; y Dios como juez pesará todas las acciones de los hombres en las balanzas. Algunos serán admitidos al Paraíso, donde se reclinarán en mullidos divanes sorbiendo copas de vino que les pondrán en sus manos las huríes o doncellas del Paraíso, y cada hombre podrá casarse con tantas de ellas como quiera; otros serán consignados a los tormentos del infierno. Casi todos, parece, tendrá que entrar temporalmente en el fuego, pero ningún verdadero musulmán se quedará allí para siempre

(Anderson, Religions, pág. 81).

6. Creencia en los decretos de Dios. Él decide la suerte de los hombres y de los
ángeles y es responsable del bien y del mal.


  • Las cinco columnas de la fe:

Además de las seis principales creencias o doctrinas del Islam, hay también «cinco columnas de la fe». Se trata de observancias del Islam que son prácticas o deberes fundamentales que todos los musulmanes deben cumplir. Las cinco son: El Credo, Oraciones, Limosnas, Ayunos y la Peregrinación a la Meca.

1.El Credo (Kalima). «No hay Dios sino Alá, y Mahoma es su Profeta» es la confesión de fe en el Islam. Se ha de proclamar esto en voz alta y en público a fin de convertirse en musulmán. Los fieles lo repiten constantemente.

2.Oraciones (Salat). Las oraciones como ritual son vitales para un musulmán devoto. Boa comenta:

La práctica de la oración (salat) cinco veces al día (al levantarse, al mediodía, mediada la tarde, después de la puesta del sol y antes de retirarse a dormir). El adorador debe recitar las oraciones prescritas (la primera sura y otras selecciones del Corán) en árabe, puesto de cara hacia la Kaaba en la Meca. El Hadit (el libro de la tradición) ha transformado estas oraciones en un procedimiento mecánico de ponerse en pie, arrodillarse, manos y cabeza sobre el suelo, etcétera. El llamamiento a la oración lo lanza el muezín (un pregonero musulmán) desde una torre llamada minarete, que forma parte de la mezquita (el lugar de culto público).

(Boa, Cults, pág. 53).

3. Limosnas (Zakat). Mahoma, que había sido él mismo un huérfano, sentía un fuerte deseo de ayudar a los necesitados. Las limosnas eran voluntarias al principio, pero los musulmanes están ahora obligados a dar una cuadragésima parte de sus ingresos a los pobres. Hay otras normas y reglas para dar frutos de la tierra, ganado, etc. También pueden darse ofrendas voluntarias.

Por cuanto los que reciben las limosnas están ayudando a quien las da a conseguir su salvación, no tienen ningún sentimiento de agradecimiento hacia el dador. Al contrario, dar es responsabilidad y deber de quien da, y debe considerarse afortunado si tiene alguien a quien pueda darle.

4. Ayunos (Ramadán). Los fieles musulmanes ayunan desde el amanecer (antes de la salida del sol) hasta la puesta del sol cada día durante el mes santo del Ramadán.

El ayuno desarrolla el dominio propio, la devoción a Dios y la identificación con los pobres. No se puede tomar ni comida ni bebida durante las horas del día, ni se puede fumar ni se puede gozar de los placeres sexuales. Muchos musulmanes comen dos veces al día durante el Ramadán, una comida antes de la salida del sol, y otra poco después de la puesta del sol.

5. La Peregrinación (Hadj). La peregrinación es algo que deben cumplir todos los musulmanes (mejor personalmente, pero se puede hacer por delegación) al menos una vez a la vida. Puede ser algo sumamente arduo para los viejos o enfermos, por lo que pueden enviar a alguien en su lugar.

Este viaje es una parte esencial para el musulmán para ganar su salvación. Involucra todo un conjunto de ceremonias y rituales, muchos de los cuales se centran alrededor del santuario de la Kaaba, que es la meta de la peregrinación. Comenta Muhammad M. Pickthall en The Meaning of the Glorious Koran:

Los mecanos afirmaban descender de Abraham a través de Ismael, y la tradición decía que su templo, la Kaaba, había sido edificado por Abraham para el culto al Dios Único. Seguía siendo llamado la Casa de Alá, pero los principales objetos de culto eran varios ídolos que eran llamados hijas de Alá e intercesores

(Pickthall, Glorious Koran, pág. IX).

Estos ídolos fueron destruidos por Mahoma al volver a la Meca con poder después de la Héjira (exilio).

Cuando el peregrino está a unos diez kilómetros de la ciudad santa, entra en el estado de un ihram: después de orar se quita sus ropas normales y se viste con dos ropajes sin costuras; anda casi descalzo y no se afeita, ni se corta el cabello ni tampoco las uñas. La principal actividad se compone de una visita a la mezquita sagrada (al-Masjid al-Haram); besar la piedra negra (alHajar al-Aswad), siete circunvalaciones de la Kaaba, tres veces corriendo y cuatro veces despacio; la visita a la piedra sagrada llamada Maqam Ibrahim; la subida a y la carrera entre los montes Safa y Marwa siete veces; la visita al Monte Arafat; escuchar un sermón allí y pasar la noche en Muzdalifa; lanzar piedras a los tres pilares en Mina y la ofrenda de sacrificio el último día de Ihram, que es el ‘id de sacrificio (‘Id al-Adha)

(Encyclopædia Britannica, pág. 664).

Esta peregrinación musulmana tiene el propósito de intensificar y solidificar la fe
islámica personal.

Hay un sexto deber religioso a menudo asociado con las cinco columnas, y se trata de la Djihad, la Guera Santa. Este deber exige que cuando la situación lo justifica, se demanda de los hombres que acudan a la guerra para extender el Islam o para defenderlo contra los infieles. Quien muera en la Djihad tiene la garantía de la vida eterna en el Paraíso (el cielo) y es considerado como un Shahid, un mártir del Islam.

El Islam, igual que el judaísmo, es a la vez una religión y una identidad cultural que no puede ser disociada de sus adherentes. En muchos países, la fe islámica, aunque no sea practicada de manera estricta, constituye el entretejido de la sociedad y del gobierno.

La obra Cambridge History of Islam comenta acerca de este fenómeno:

El Islam es una religión. Es además, y de manera inseparable de ello, una comunidad, una civilización y una cultura. Es cierto que muchos de los países a través de los que se extendió la fe coránica poseían ya antiguas e importantes culturas. El Islam absorbió estas culturas, y se asimiló a las mismas en varias formas, en mucho mayor grado que intentó sustituirlas. Pero, al hacerlo, las proveyó con atributos en común, con una actitud común hacia Dios, hacia los hombres y hacia el mundo, y así aseguró, por medio de las diversidades del lenguaje, de la historia y de la raza, la compleja unidad del dar al-Islam, la «casa» o el «mundo» del Islam. La historia de los pueblos y países musulmanes es así un singular ejemplo de una cultura con un fundamento religioso, que une lo espiritual y lo temporal, coexistiendo en ocasiones junto a culturas «seculares», pero absorbiéndolas la mayor parte de las veces al imbricarse íntimamente con ellas

(Holt, ed., Cambridge History, Vol. I, pág. 569).


  • El lenguaje y las artes:

A la doctrina, que sirve tanto de fundamento religioso como social, se puede añadir la lengua árabe como otro factor unificador que ayuda a vincular entre sí a los pueblos islámicos.

Hay una gran abundancia de poesía y prosa arábiga que glorifica la fe islámica. El arte y la arquitectura árabes también han tenido un gran significado religioso. Muchas de las mezquitas y minaretes son prodigiosas obras de arte decoradas con una intrincada ornamentación arabesca.


  • La familia:

La unidad familiar es muy importante en la economía social del Islam. El matrimonio es recomendado para cada musulmán. Mahoma mandó a los hombres que se casasen y que propagasen la raza. Tradicionalmente, los hombres no pueden tener más de cuatro mujeres a la vez. (Muchos musulmanes progresistas enseñan la monogamia.) Un musulmán puede divorciarse de su mujer en cualquier momento y por cualquier razón. En general, las mujeres en la cultura islámica no gozan de la posición ni de los privilegios de los hombres y a menudo dependen de sus maridos.

Y esto no expresa adecuadamente lo que sucede en culturas islámicas muy estrictas. Consideremos las palabras del profeta en la Sura que trata de la mujeres:

Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres porque Alá ha hecho al hombre superior a ellas, y porque ellos se gastan sus bienes en mantenerlas. Las mujeres buenas son obedientes. Guardan sus partes no visibles porque Alá las ha guardado.

En cuanto a aquellas de las que temes desobediencia, amonéstalas y envíalas a camas separadas y azótalas. Si te obedecen, no tomes más acciones contra ellas. Alá es excelso, supremo (4:38). Las relaciones sexuales para hombres y mujeres tampoco son exactamente iguales.

Las mujeres sólo pueden gozar con sus maridos, naturalmente. Pero los hombres pueden también gozar con todas sus siervas. Aunque esto parezca cruel y sexista para los occidentales, fue en tiempos de Mahoma una innovación humanitaria. La ley islámica demandaba lo que entonces era cosa desconocida: que cada mujer fuese tratada con igualdad.

Otras prácticas incluyen el velo de las mujeres, la circuncisión, la abstinencia del alcohol, del juego y de ciertos alimentos. Mucho de lo anterior, como el alcohol y el juego, es considerado como vicios de Occidente.


  • Influencia Contemporánea:

La Media Luna del Islam ha proyectado ya su sombra sobre mucho más territorio que la geografía de su área nativa. Su influencia ideológica expande cada día más sus fronteras.

El nacionalismo, unido a la fe islámica, ha servido como razón de ser para muchos en el mundo árabe, en su posición contra Israel, su enemigo. En varias ocasiones en el pasado reciente, se han concebido y discutido alianzas árabes, que luego han fracasado. Hubo la República Árabe Unida y más adelante la negociación de una alianza entre Egipto, Libia y Siria.

El académico G. E. von Grunebaum comenta:

El éxito espectacular de los musulmanes árabes de establecer un imperio por medio de una pequeña cantidad de campañas contra los grandes poderes de la época no ha dejado nunca de suscitar el asombro y la admiración del mundo musulmán y de la erudición occidental

(G. E. von Grunebaum, Modern Islam, Berkeley: University of California Press, 1962, pág. 1).

Neill amplía esto:

No es sorprendente que el mundo islámico haya contraído la fiebre del nacionalismo que ha surgido por todas partes entre los pueblos de Asia y de África. La especial intensidad y fuerza del nacionalismo islámico, y en especial del árabe, se debe a un complejo de causas —memorias de un esplendor pasado, resentimiento por la debilidad musulmana y la fortaleza cristiana, y por encima de todo aquel oscuro sentimiento de dolencia, la sensación de que por alguna causa la historia ha errado el rumbo, que de alguna manera los propósitos de Dios no están siendo cumplidos tal como el musulmán tiene derecho a esperar.

Los logros del período de la postguerra han sido considerables. La acción afirmativa de Egipto ha hecho del Cercano Oriente una de las áreas más problemáticas del mundo. Libia se hizo independiente después de la guerra. Marruecos y Túnez consiguieron la independencia más adelante. En Algeria, la lucha para independizarse de Francia fue larga y penosa. Pero también allí se consiguió, en 1962, la meta de una independencia total. Y así va desgranándose la historia

(Neill, Faith, págs. 43, 44).

Los acuerdos de Camp David, mediante los que se logró la paz entre Israel y
Egipto, son una excepción a las actitudes generalmente anti-israelitas de la mayoría
de las naciones musulmanas. Pero en otros lugares, fundamentalistas islámicos
consagrados y decididos han atraído la atención del mundo hacia el Irán y también
hacia Egipto, donde muchos les atribuyeron el asesinato del antiguo Presidente
Anwar Sadat. El nacionalismo es un movimiento fuerte y abrumador en las
naciones con una mayoría de población musulmana.

Sin embargo, el secularismo ha aumentado en países musulmanes, al infiltrarse en estas naciones las prácticas de Occidente. Algunas de las aportaciones occidentales han sido repentinas —muchos países árabes están acumulando una riqueza nueva y anteriormente desconocida en forma de petrodólares. Sin embargo, el secularismo ha tenido también un reflujo, porque algunos países musulmanes, en su intento de preservar su identidad islámica distintiva, rechazan la mayoría de las costumbres occidentales importadas.

Por cuanto el Islam incluye no sólo la religión, sino también una cultura, el futuro de la fe dependerá mucho del estado de las naciones en el que florece en la actualidad. Con las naciones árabes prosperando, esto podría resultar ser a la vez una maldición y una bendición para la fe islámica. Puede que sea bueno para su crecimiento social, pero su fe podría encontrarse en un serio compromiso.

El Islam es una religión en rápido crecimiento por varias razones. Es la religión estatal de los países musulmanes, y esto le da una fuerte base cultural y política. Tiene el atractivo de un mensaje universal debido a su sencillo credo y principios.

Cualquiera puede acceder a la Ummah, la comunidad de fieles musulmanes. No hay barreras raciales y por ello se extiende rápidamente entre las comunidades negras de África, y, más recientemente, de América. Sus cinco doctrinas y cinco columnas pueden ser fácilmente comunicadas. En Occidente apela a la hermandad universal del hombre, a la paz mundial, a la templanza y a la dignificación de las mujeres

(Boa, Cults, pág. 56).

La supremacía del Islam en las escenas política y social (así como en la religiosa) queda prefigurada en la siguiente cita del Corán:

Creyentes, temed a Alá y manteneos con los que mantienen la causa de la verdad. Ninguna causa tienen la gente de Medina ni los árabes del desierto que moran alrededor para abandonar al apóstol de Alá ni para poner a riesgo su vida a fin de salvar la suya; porque no se exponen a la sed o al hambre ni a ninguna prueba por la causa de Alá, ni mueven un dedo que pueda provocar a los incrédulos. Cada pérdida que sufran en manos del enemigo será contada como una buena acción delante de Alá: él no negará a los justos su recompensa. Cada cantidad que den, sea grande o pequeña, y cada viaje que emprendan, será todo registrado, para que Alá les recompense por sus muy nobles acciones.

No es justo que todos los fieles vayan a una a la guerra. Un grupo de cada comunidad debería mantenerse atrás para instruirse en la religión y para amonestar a sus hombres cuando vuelvan, para que den oído.

Creyentes, haced guerra contra los infieles que moran a vuestro alrededor. Tratadlos con cortesía. Sabed que Alá está con los justos

(N.J., Dawood, trad., The Koran, Londres: Penguin Books, 1956, pág. 333).

Con 750 a 800 millones de personas que ahora confiesan la fe musulmana, los creyentes en el Mesías Yeshua debemos tener una respuesta para la esperanza que hay en nosotros (1 P 3:15). El impacto del Islam en los asuntos del mundo está subiendo constantemente, y a fin de presentar el evangelio de manera eficaz, hemos de tener un buen conocimiento del trasfondo del Islam.

Los países musulmanes (1) tienen a través de la OPEP mucho que decir acerca de la economía del mundo, (2) juegan un poderoso papel en la estabilidad (o inestabilidad) social de varios gobiernos, (3) son el foco político de numerosas situaciones bélicas potencialmente graves, y (4) están subiendo en su influencia religiosa.

Política, económica, religiosa y socialmente, el Islam afecta al mundo en varios frentes: lo más importante para el cristiano es el impacto espiritual del Islam, que ha sido enorme en años recientes. Los cristianos son llamados a responder con amor y con la verdad, dándose cuenta de que Cristo ama a los musulmanes y que desea que acudan a la salvación.

(Extraido del libro: El Islam a Debate por: Josh McDowell & John Gilchrist)

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