Levítico 14 – Leyes para limpiar a los inhabilitados por “lepra” Tzara’ath

En la parasháh anterior (Lev 12 y 13), la Toráh nos había relatado minuciosamente las distintas afecciones y erupciones cutáneas, y el consiguiente aislamiento de la persona afectada. En nuestra introducción a las parashiot Tazríah y Metzorá (Levítico 12 a 15), habíamos citado las opiniones mayoritarias de exégetas e intérpretes de la Toráh, que confieren unánimemente un carácter sobrenatural a estas afecciones.

vs. 1-8 – La primera fase de la purificación del metzorá:

Las singulares leyes del metzorá dejan del todo claro que, a pesar del hecho de que su impureza se expresa en un cambio en su cuerpo, esta fue provocada por el decaimiento en
su condición espiritual.

Por ello, permanecer en soledad fuera del campamento le brindará la oportunidad de reflexionar sobre sus defectos y hacer penitencia, de tal manera que pueda hacerse merecedor nuevamente de compartir en el quehacer de su nación.

No bien ese cambio se produce tanto en su mente como en su corazón, el mismo Dios que lo hizo padecer asi le quitara el estigma de su degradación y podra entonces empezar el proceso de retorno al camino del cual se hab.a descarnado (Rabí Hirsch).

Así comienza pues un proceso de purificación en tres fases, el cual es propio del metzorá. La primera parte del ritual era realizada con dos aves y fuera del campamento. No era
un servicio de sacrificios y las aves no tenían que ser necesariamente palomas o tórtolas, pues no eran ofrendas.

Sin embargo, tenían que estar sanas y ser especies tahor רֹוהָט (habilitadas/limpias), pero nada más que eso. Cuando el ritual terminaba, al metzorá se le permitía entrar al campamento, mas todavía era tamé אֵמָט (inhabilitado/impuro) y algunas de sus restricciones seguían vigentes.

Después de una semana de espera, podía traer las ofrendas que completaban su proceso de purificación.

Levítico 14:1-7 –“…Y habló YHVH a Moisés, diciendo: (2) Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote, (3) y éste saldrá fuera del campamento y lo examinará; y si ve que está sana la plaga de la lepra del leproso,(4) el sacerdote mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo. (5) Y mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes. (6) Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes; (7) y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le declarará limpio; y soltará la avecilla viva en el campo…”

vs.2 – “…Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote…” – Se dan más detalles en cuanto a la purificación del tzara’ath que acerca de la purificación de cualquier otra impureza. Puesto que el leproso estaba excluido, no sólo del santuario sino también del campamento, su restauración se efectuaba mediante dos ceremonias. La primera le permitía volver al campamento y relacionarse con sus hermanos. La segunda, realizada una semana más tarde, se llevaba a cabo en el atrio del tabernáculo y lo restauraba a una plena
comunión y a todos los privilegios de la relación del pacto.

Alshej, basándose en el sentido literal de las palabras “en el día de su purificación” (léase: cuando el afectado ha sanado), insiste en que radie cura al enfermo -en este caso el leproso- sino su propia decisión de curarse. Ya que en su período de reclusión deberá pensar, meditar y decidir un cambio de rumbo en sus actitudes esenciales hacia la vida y por consiguiente modificar su comportamiento; si eso ocurre, él sanará. Por eso la Toráh habla de ” האיש המטהר”, “Hish hamítaher” -el hombre que se está autopurificando, y que está decidiendo ser otra vez el hombre que tiene lugar en la sociedad.

. Cuando leemos nuestro capítulo en lectura simple, tenemos la sensación de encontramos frente a un texto casi intrascendente, usando un lenguaje que nos parece poco elocuente para nuestra generación. Es por eso que nuestros sabios han enseñado a entender la Toráh, no solamente en su sentido literal, sino también en sus parábolas y alegorías. Este capítulo necesariamente debe ser entendido captando el lenguaje simbólico usado por el mismo. O sea, que habrá de usar el sistema exegético llamado por nuestros sabios פרשנות הרמז “, “Parshanút Harémez” -la interpretación alegórica.

Y así veremos que los elementos intervinientes en la purificación del leproso-quiere decir, su reincorporación a la sociedad- son los siguientes: madera de cedro, hisopo, dos pájaros puros, vivos, púrpura escarlata y aguas surgentes.

El cedro, cuando es usado simbólicamente en el Tanáj, representa la fuerza y la soberbia. Es innecesario citar los múltiples textos que hablan de los cedros del Líbano en este sentido.

Mientras que el ” אזב “, “ezob” que traducimos como “hisopo”, pero que quiere decir también musgo que crece entre las piedras y en las paredes, representa, en el mundo de los símbolos, el punto más bajo en la escala social; o sea, a la persona carente de fuerza material, y por supuesto no afectada por el orgullo ni la soberbia.

Por lo tanto -concuerdan nuestros sabio מצרע, “Metsoráh” que había sido afectado en la misma piel de su cuerpo por incurrir en calumnia, soberbia, maledicencia … para curarse deberá quebrar su rigidez en pedazos, y pensar en “la modestia del hisopo o del musgo que crece en las paredes”. Y deberá pensar que él es “sólo un trocito de madera de cedro”, y no el cedro mismo.

La púrpura escarlata simboliza por su color la perfidia y la mala conducta, mientras que las aguas surgentes representan la vida continua, natural y las nuevas ideas vivificantes que deben surgir de nuestra mente para curar “nuestra piel” de nuestras afecciones “cutáneas”.

Pero para que ello ocurra -para que encontremos esas fuentes benefactoras de aguas surgentes-, habrá que “soltar el pájaro vivo para que vuele en el campo abierto”, es decir que tenemos que deshacemos definitivamente de nuestros hábitos corruptos, producto de nuestra mente y “nuestra lengua”.

Esto necesita grandes esfuerzos, al mismo tiempo que causa dolor, el dolor de admitir que hemos dañado con nuestra lengua, y que tal vez hayamos incurrido en “derramamiento de sangre”,” שפיכות דמים “,”Shefijút Damím”,que en el lenguaje hebrero postbíblico quiere decir también denigrar a nuestro prójimo en público y causar vergüenza u oprobio.

Tal vez esta última idea esté representada por la sangre de uno de los pájaros que el cohén había inmolado y con el cual rociaba al pájaro vivo.

– “…En el día de su purificación…” – Puesto que la Torá menciona que su purificación tiene lugar de día, los Sabios explican que la declaración del Cohén, que es lo único que permite que el metzorá empiece su purificación ritual, sólo puede ser expresada en horario diurno (Rashi; Sifrá).

– “…Será traído al Cohén…” – El metzorá era traído los linderos del campamento, donde le resultaba más fácil Cohén salir a encontrarse con él (BejorShor, Sforno).

  • La primera fase:

En la primera fase se eliminaban las siguientes facetas de la impureza: se le permitía al metzorá entrar al campamento de los israelitas, y ya no contaminaba la totalidad de un edificio por el solo hecho de estar bajo su techo. Sin embargo, el metzorá en sí seguía siendo tamé al punto de que toda prenda que usase se hacía tamé. Pero en vez de convertirse en, nivel primario u originario de tumá, como hubiese sido el caso antes de completar la primera fase, las prendas de vestir, la ropa de cama y las monturas se hacían sólo contaminadas en primer grado. Además, estas se hacían tamé sólo si tocaban su cuerpo (Kelim 1:1; Rambam, Hiljot Tzaraat 11:1).

Para eliminar los demás vestigios de contaminación, tanto él como la ropa que usaba los próximos siete días requerían inmersión ritual.

vs.3 “…Fuera del campamento…” – La primera ceremonia, cuyo objeto era capacitar al leproso para que volviera al campamento, se realizaba fuera de éste.

Aquí vemos que aparece la palabra “sanado” en relación con la plaga de tzarah’at. Como hemos dicho antes, las Escrituras hablan más de ser limpiado de esta plaga que de ser sanado. Pero este texto nos enseña que es obvio que hace falta un acto de sanidad para que una persona pueda ser limpiada de esta plaga.

vs.4 – “…el sacerdote mandará luego que se tomen para el dos avecillas vivas…” – Debían ser avecillas silvestres, declara el Talmud; probablemente porque el simbolismo exigía que el pajarito se fuera volando, y una avecilla doméstica no lo hubiera hecho (vers. 7).

Algunos comentadores comparan las dos avecillas con los dos machos cabríos usados en los servicios del día de la expiación, uno del Señor, el otro de Azazel. Esta teoría admite objeciones serias. No se habla de expiación en el caso de las avecillas. Se menciona limpieza, pero debe recordarse que no se usaban las avecillas para limpieza. La persona ya había sido declarada limpia. En el caso de las avecillas no se rociaba la sangre en el altar como expiación. En realidad la ceremonia ni siquiera se realizaba en el santuario sino en el campo.

Las aves no eran las que se usaban para los sacrificios en el altar; eran aves silvestres. La sangre que se usaba eran unas gotas mezcladas con agua en una vasija lo suficientemente grande como para contener la madera de cedro que, según el Talmud, debía medir un codo.

Era una solución muy débil que, evidentemente, no tenía propiedades expiatorias simbólicas. No se dice que las avecillas hubieran sido presentadas como ofrenda por el pecado, ni por la transgresión, ni como holocausto, ni ofrenda de paz, ni como oblación. En realidad no eran sacrificios. Acabada la ceremonia, la persona aún no podía ir al santuario. No podía siquiera ir a su propia tienda. Luego de otros siete días, la persona purificada podía ofrecer su oblación, su ofrenda por la transgresión y sus holocaustos. En esa ocasión se hacía la expiación (vers. 18-21, 29, 31).

Los rabinos reconocen que no conocen a fondo el significado del por qué se usan estos ingredientes para la purificación del metzorá. Rashí y el Midrash (Arajín 16a-b) asocian las aves con las palabras sueltas de lashón hará que el metzorá habló para traer sobre sí la plaga de tzarah’at. También asocian el cedro con la soberbia y el hisopo con la humildad. Como la soberbia es una de las razones por las que vino esta plaga sobre el hombre, ahora tendrá que ser purificado por medio de dos elementos que hablan de la soberbia y la humildad.

Por otro lado las Escrituras nos enseñan que las aves representan al hombre. Una de estas dos aves morirá y la otra será soltada libre. Esto puede representar dos cosas. En primer lugar representa al que tenía la plaga de tzarah’at y que estaba como muerto, sin poder tener relación con nadie, expulsado fuera del campamento de Israel. Así el ave que tiene que morir, simboliza la muerte del metzorá. El ave viva que es soltada representa al metzorá que ahora es liberado de esta plaga mortal que le ataba.

En segundo lugar, y ante todo, las dos aves representan al Mesías, y específicamente su muerte y resurrección. El ave que muere anuncia la muerte del Mesías y el ave que es soltada anuncia la resurrección del Mesías. Todo el proceso de purificación de tzarah’at está relacionado con el Mesías. Por eso podemos encontrar en este contexto también un trozo de madera que indica que la muerte del Mesías tiene que ocurrir sobre un madero. Como aquí se usa madera de cedro, es posible que la viga horizontal, donde fue colgado Yeshúa, haya sido de cedro.

En Números 19 el cedro, el hisopo y la lana carmesí también están mencionados como medios de purificación por medio de las ascuas de la vaca roja, como está escrito en el versículo 6:

“…Y el sacerdote tomará madera de cedro, e hisopo y lana carmesí, y los echará en medio del fuego en que arde la novilla…”

El cedro es uno de árboles más altos. La madera de cedro fue la madera más cara y apreciada (2 Samuel 7:2, 7; 1 Reyes 6:9, 18).

La lana carmesí simboliza la sangre y el ministerio sacerdotal. La lana viene de la oveja y fue teñida en un color rojo. Esto nos habla también de la muerte del Mesías. El Mesías está representado por “el hilo rojo” que atraviesa toda la Escritura – (Josué 2:18, 21).

Mientras que el cedro es uno de los árboles más altos, el hisopo es una de las plantas más bajas. Por esta razón el rey Salomón toma estas dos plantas como dos extremos, como está escrito en 1 Reyes 4:33a:

“…Disertó sobre los árboles, desde el cedro que está en el Levanón hasta el hisopo que crece en la pared…”

Parte del hisopo puede ser usado para absorber líquidos. Con el hisopo pudieron pintar los dos postes y el dintel en las casas en Egipto y también salpicar agua y sangre sobre el pueblo en el desierto – (Éxodo 12:22; Hebreos 9:19). El hisopo es mencionado por primera vez en relación con la redención de Egipto por medio de la sangre del cordero. También está incluido en la ceremonia de la purificación por medio de las aguas purificadoras producidas por medio de las ascuas de la vaca roja, como está escrito en Números 19:18:

“…Y una persona limpia tomará hisopo y lo mojará en el agua, y lo rociará sobre la tienda y sobre todos los muebles, y sobre las personas que estuvieron allí y sobre aquel que tocó el hueso, o al muerto, o al que moría por causas naturales, o la tumba…”

En el Salmo 51:7 está escrito:

“…Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve…”

No cabe duda de que la purificación de la plaga de tzarah’at es la base para la oración del rey David en este Salmo. Después de su pecado con la mujer de Urías, él pide ser purificado con hisopo, para así ser libre de la “lepra” del pecado. Ser más blanco que la nieve implica tener un estado de pureza superior al que tiene un hombre que está cubierto enteramente con la plaga de tzarah’at de manera que se haya vuelto totalmente blanco, como está escrito en Levítico 13:13:

“…entonces el sacerdote mirará, y he aquí, si la lepra ha cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al que tenía la afección; se ha vuelto toda blanca y él es limpio…”

En Juan 19:29 está escrito:

“…Había allí una vasija llena de vinagre; colocaron, pues, una esponja empapada del vinagre en una rama de hisopo, y se la acercaron a la boca…”

Es muy significativo que el hisopo vuelve a la escena en relación con la muerte de Yeshúa. Esto nos enseña que la muerte del Mesías está relacionada con el acto de purificación de la tzarah’at.

Por último. Maimónides, en Guía de los Perplejos III, 47, dice: “Con respecto a estos elementos, la razón paro ello es conocida en los midrashim, empero no se adecúa a nuestra intención, y hasta el día de hoy no he encontrado la razón para alguno de ellos … ni encuentro tampoco una base paro poder apoyarme Y entender por qué fueron seleccionadas estas especies”. Obviamente le faltaria la revelación del evangelio para comprender los simbolos de estos versos.

– “…Aves…” – Debido a que su padecimiento le llegó como castigo por decir chismes y calumnias, su purificación es efectuada por medio de aves que pían y trinan (Rashi; Arajín 16b).

– “…Vivas, puras…” – Las aves no deben tener ninguna enfermedad o defecto que las haga morir en un plazo de doce meses, y además deben ser puras, es decir, de una especie permitida para el consumo según la ley judía.

– “…Dos pajaros…” – Rabbi Itshak Arama, en su comentario a este versículo, cita a su vez un midrásh que dice יבא הקול ויכפר על הקול “, “Iabó hakól vijapér hal hakól”. O sea que estos pájaros representan, en el mundo del símbolo, la palabra irresponsable e irrestricta, ya que los pajaros trinan constantemente, y este hombre fue afectado por la lepra por hablar constantemente e indiscriminadamente de su sociedad. Por eso, según este autor, los dos pájaros representan los lados positivos y negativos de la palabra. Por eso uno de los dos pájaros tendrá que ser inmolado, queriendo significar que habrá que desarraigar de nosotros la palabra calumniadora y destructiva.

Rabbi Itzhak Arama llega a la cúspide de su alegato contra el” לשון הרע”, “Lashón Haráh -calumnia o difamación- citando la expresión de deseos de uno de los sabios del Talmud, que dijo: “si yo hubiere estado en el monte Sinai (cuando la entrega de la Toráh), hubiese pedido dos bocas: una para estudiar la Toráh y otra para las necesidades de palabra que a diario tenemos”.

Quiere decir, agrega nuestro autor, el calumniador o el difamante no ha distinguido con su lengua entre lo noble y lo perverso, destruyendo todo con su lengua.

  • De la arrogancia a la humildad:

Para expiar por sus pecados, el antiguo pecador debe purgarse del defecto moral que le llevó a obrar mal. La causa subyacente de los chismes y las calumnias, los pecados que castiga la tzarah’at, es la altivez, debido a que incuba el desprecio por los demás provocando que la persona hable de ellos con crueldad. Por este motivo, el arrepentimiento del metzorá implica la decisión de cambiar, transformación que se simboliza de manera muy gráfica por los siguientes objetos que acompañan su ofrenda:

  • Madera de cedro – Debido a que el cedro crece alto, es imponente y ancho, representa la altivez (Rashi, Arajín 16a).
  • Hilo carmesí e hisopo – El hilo debe ser de lana, teñido de un pigmento que se obtiene de un pequeño animalillo, una especie de insecto o caracol, cuya identidad permanece ignota, por lo que simboliza la reciente humildad del penitente. El hisopo, un arbusto bajo, representa asimismo la noción de la humildad (Rashi).

vs.5 – “…Y mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes...” – La vasija de barro representa al cuerpo humano, que fue sacado de la tierra (Corintios 4:7). El agua corriente puede representar la Torá o el Espíritu del Altísimo. El agua también podrá simbolizar la muerte – (2 Samuel 14:14; Juan 19:34).

– “…Será degollada…” – El degüello se realiza de la misma forma que la shejitá, al frente del cuello y con una cuchilla. Puede ser realizado en cualquier lugar, aunque exclusivamente por un Cohén. Una vez finalizado el ritual, el ave muerta debe ser enterrada (Rambam, Hiljot Tumat Tzaraat 11:1,5).

– “…Sobre aguas vivas…” – Al ser degollada, se sostiene al ave viva sobre la vasija de barro, de manera que su sangre caiga directamente en el recipiente que contiene las aguas frescas de manantial (Rashi; Sifrá).

vs.6a – “…El cedro…” No se explica claramente el simbolismo del cedro, del hisopo y de la grana.

Quizá la fragante madera de cedro recordaba el incienso usado exclusivamente en el santuario. El hisopo simbolizaba la purificación – (Sal. 51: 7; ver com. Exo. 12: 22). La “grana” era una faja o tira de lana, teñida dos veces, usada para atar el hisopo a la madera de cedro, puesto que ambos eran mojados con la sangre de la avecilla.

vs.6b – “…Después tomará la avecilla viva…” – La avecilla viva que está juntada con madera de cedro representa al Mesías que fue colgado sobre madera para así limpiar al hombre de la lepra del pecado. La avecilla viva es sumergida en la sangre del ave muerta. Esto representa el momento de la muerte de Yeshua. El ave viva no es dejada en la sangre en el agua hasta que muera, sino es sacada de allí. Esto simboliza la muerte y resurrección del Mesías.

vs.7 – “…Y soltará la avecilla viva en el campo…”Sin embargo, antes de que el sacerdote soltase la avecilla, rociaba siete veces al que debía ser purificado, y lo declaraba limpio.

Entonces le mandaba que se lavara la ropa, que se afeitase y que se bañara. Luego de haber realizado esto, podía entrar en el campamento. Debe haber sido un cortejo gozoso el que lo acompañaba de vuelta al campamento. Sin embargo, no estaba totalmente restaurado. No había ofrecido todavía un sacrificio. No había estado todavía en el santuario. No podía entrar en su propia tienda, pero había sido hallado limpio y estaba contento.

La ceremonia era un hermoso cuadro de lo que Dios había hecho y haría por el leproso. Se mataba un ave silvestre, y otra ave era mojada en su sangre y luego libertada. Este era el cuadro del leproso, condenado a muerte, y de su liberación. El leproso ya estaba muriendo, pero había sido sanado. El milagro de su curación estaba relacionado simbólicamente con la sangre y el agua. Se usaba tan sólo muy poca sangre, por así decirlo, quizá sólo una o dos gotas, pero después de que el leproso había sido rociado con ella, se lo declaraba limpio. El verdadero sacrificio no había sido presentado aún. El hombre no había ido aún al altar. La sangre de la avecilla no tiene poder para purificar, pero pronto el sacerdote tomará un cordero y se hará la expiación.

El ave soltada simboliza la libertad del que es purificado y también de la vida de resurrección del hombre cuando finalmente será liberado del pecado y de la muerte. Esto también es un resultado de la muerte y resurrección del Mesías Yeshúa.


  • La segunda fase: Rasurarse:

Levítico 14:8-13 – “…Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días. (9) Y el séptimo día raerá todo el pelo de su cabeza, su barba y las cejas de sus ojos y todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en agua, y será limpio. (10) El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. (11) Y el sacerdote que le purifica presentará delante de YHVH al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión; (12) y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda mecida delante de YHVH. (13) Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario; porque como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa es del sacerdote; es cosa muy sagrada…”

vs.8 – “…y se lavará con agua, y será limpio…” –

– “…En el agua…” – Cada vez que nuestro texto habla de “מים “, “Maim” ello hace alusión a la ablución ritual en el Mikveh. Pero cuando el texto menciona “מים חיים” “Maim haim” hace referencia a aguas surgentes del manantial (Minháh Beluláh).

vs.9 – “…el séptimo día raerá todo el pelo…” –

– “…Se cortará…” – El corte debe ser realizado por el Cohén, quien corta todo el pelo que se encuentra en la superficie del cuerpo del metzorá (Rambam, Hiljot Tumat Tzaraat 11:1). El versículo sólo menciona la cabeza, la barba y las cejas debido a que el pelo de estas tres áreas simboliza su pecado. Así, la cabeza representa altivez, pues el metzorá se consideró mejor y más digno de respeto que las personas a quienes difamó, a ar a está alrededor de la boca, el órgano que dijo el chisme y las injurias. Y las cejas representan el censurable rasgo , envidia [literalmente, estrechez del ojo], 1°que indujo a destruir la reputación de los demás (Kli lakar).

– “…Y se purificará…” – Es puro sólo en relación al mayor grado de contaminación que tenía previamente. Sin embargo, conserva un grado menor de contaminación, como se ha explicado en el preámbulo al versículo 4.

10-20 – La fase final de purificación: Ofrendas.

vs10 – “…El día octavo…” – Una semana después de la primera ceremonia, realizada fuera del campamento (vers. 3-8), el leproso se acercaba a la puerta del tabernáculo para cumplir
los ritos finales.

La purificación finalmente se llevó a cabo en el octavo día. El octavo día anuncia dos cosas: el día de la resurrección del Mesías, (el día después de una semana entera), que es la base para la liberación del hombre que ha sido infectado con la lepra del pecado.

El octavo día también habla del octavo milenio después de Adam, cuando todos los hombres sobrevivientes, que no participaron de la primera resurrección, finalmente serán liberados del pecado. Durante el milenio estarán presentes los que sobrevivieron la última guerra contra Yerushalayim – (Zacarías 14; Apocalipsis 19).

Durante el reinado mesiánico habrá dos clases de hombres, los redimidos y los sobrevivientes. Los que antes habían puesto su fe en el Mesías Yeshúa serán resucitados y/o transformados para obtener cuerpos glorificados. Ellos son los redimidos. Ellos participarán de la primera resurrección.

Sin embargo, no todos los hombres serán transformados con la segunda venida del Mesías. Según entiendo, los que no son matados durante el resplandor de su venida, tendrán sus cuerpos mortales y vivirán en paz bajo el reinado mesiánico. Ellos son los sobrevivientes.

Estos hombres mortales tendrán la oportunidad de pasar al siglo siguiente, en el octavo milenio después de Adam, pero bajo otras condiciones que los redimidos que participaron de la primera resurrección. Ellos también serán liberados del pecado, que todavía tenían durante el reino mesiánico, porque está escrito en 2 Pedro 3:13:

“…Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia…”

En esos nuevos cielos y nueva tierra, que vendrán después del reino milenial mesiánico, sólo morará la justicia. Así que el pecado habrá sido totalmente eliminado. El octavo milenio después de Adam, es decir, en la era que vendrá después del reinado mesiánico, no habrá pecado, y la lepra del pecado del hombre será finalmente eliminada. Esto también es un resultado de la muerte y resurrección del Mesías Yeshúa.

vs.10b – “…Tres décimas de efa…” Tres gomeres, o sea unos 6 litros.

“…Tres décimos de efá…” – Un décimo de efá es el volumen de 43.2 huevos. El metzorá ofrece tres animales, y cada uno de ellos es acompañado de una ofrenda farinácea de un décimo de efá. De esta manera, el metzorá constituye una excepción a la regla, pues las ofrendas por pecado y de culpabilidad no suelen ser acompañadas por ofrendas farináceas (Rashí; Menajot 90b). Es probable que se le conceda este honor al metzorá en tanto testimonio de Dios de la sinceridad de su arrepentimiento, tal y como queda en evidencia por la remoción de su padecimiento corporal.

vs.10c – “…Un log de aceite…” – Aproximadamente 0,31 litro.

– “…Y un log de aceite…” – El aceite era empleado como lo describen los versículos 15-18. un log es una medida de líquidos cuyo volumen equivale a seis huevos, lo que generalmente se calcula entre trece y catorce onzas líquidas.

vs.11 – “…Y el sacerdote que le purifica presentará delante de YHVH al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión…” –

– “…Junto con ellos…” – Es decir, los tres animales, la ofrenda farinácea y el aceite (Sifrá).

– “…En la entrada de la Tienda de Reunión…” – Hasta que el metzorá haya finalizado todas sus ofrendas, permanece fuera de la entrada oriental del Patio del Tabernáculo, frente a esta, de manera tal que no esté dentro del Patio, pero sí lo suficientemente cerca para que el Cohén le aplique aceite, como lo requieren los versículos siguientes (Rashi).

vs.12 – “…Por la culpa…” – Nótese que se exigía una ofrenda por la transgresión para la ceremonia de la purificación de un leproso, pero que no se menciona la ofrenda de paz, que
generalmente acompañaba a una ofrenda por la transgresión. Está lejos de ser clara la razón por la cual se exigía la presentación de una ofrenda por la transgresión. Tal ofrenda debía presentarse en todos aquellos casos donde debía hacerse restitución; en los otros casos se exigía una ofrenda por el pecado. Puede preguntarse:

¿Qué había hecho el leproso para que se le exigiese una restitución?

Pareciera que al ofrecerse una ofrenda por la transgresión en lugar de una ofrenda por el pecado, el que había de ser purificado ponía su mano sobre la cabeza del animal y confesaba sus pecados. Aunque no se lo mencione explícitamente aquí, es indudable que esta ceremonia se realizaba – (Lev. 5: 5; Núm. 5: 7).

Son cinco los aspectos en los cuales la ofrenda por la transgresión en ocasión de la purificación del leproso era diferente:

  1. No se exigía que el animal presentado fuese de algún valor determinado como ocurría habitualmente en el caso de la ofrenda por la transgresión – (Lev. 5: 16; 6: 6).
  2. Se mecía esta ofrenda, al paso que la ofrenda por la transgresión no era mecida.
  3. Era mecida por el sacerdote, mientras que la ofrenda mecida común era mecida por el que presentaba la ofrenda, ayudado por el sacerdote (cap. 7: 30).
  4. Todo el animal era mecido (cap. 14: 12), lo que solo ocurría en un caso más (cap. 23:20).
  5. La presentación de la ofrenda era acompañada con aceite.

La razón que generalmente se da para explicar el hecho de que se presentara una ofrenda por la transgresión y no una ofrenda por el pecado, es que el Señor se había visto privado de los servicios del leproso durante todos los años de su enfermedad. Esto podría ser así sólo en el caso cuando la persona hubiese cometido adrede una acción que la hubiera incapacitado para el servicio.

Si un hombre vive de tal manera que daña su salud, priva a Dios del servicio que le debe. En un caso tal, el hombre debiera ofrecer una ofrenda por la transgresión y hacer restitución dentro de lo posible. Un número excesivo de personas le dan al mundo sus mejores años, y cuando están enfermas y ancianas, se vuelven a Dios. Dios acepta a los tales; pero en verdad han privado a Dios y a la humanidad del servicio que podrían haber prestado, y que deberían haber prestado, si precozmente en su vida se hubiesen consagrado a él.

– “…Y lo acercará como ofrenda de culpabilidad…” – Aunque el término suele referirse a la realización del servicio de los sacrificios, en este contexto significa que lleva la ofrenda al Patio con la intención de usarla para su asham (Rashi).

– “…Y los mecerá…” – El Cohén alza el animal vivo junto con el aceite y los mece (Rashi) hacia los cuatro puntos cardinales, y luego elevándolos y bajándolos, representando su sometimiento a Dios Omnipresente, Señor de los cuatro confines del mundo, de los Cielos y la Tierra (Menajot 62a). Véanse las notas a 7:30.

vs.13 – “…Y degollará el cordero en el lugar…” –

– “…En el lugar…” – Es decir, en la parte norte del Patio (Rashi).

– “…Porque así como la ofrenda por pecado es la ofrenda de culpabilidad, en el sentido de que tanto su sangre como sus partes sacrificiales son colocadas en el Altar (Rashi; Zevajim 49a).


Levítico 14:14-20 – “…Y el sacerdote tomará de la sangre de la víctima por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. (15) Asimismo el sacerdote tomará del log de aceite, y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, (16) y mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de YHVH. (17) Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa. (18) Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica; y hará el sacerdote expiación por él delante de YHVH. (19) Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia; y después degollará el holocausto, (20) y hará subir el sacerdote el holocausto y la ofrenda sobre el altar. Así hará el sacerdote expiación por él, y será limpio…”

vs.14 – “…El lóbulo de la oreja derecha…” – Esta parte del ritual era similar al rito de consagración del sacerdote y quizá tuviera el mismo significado (cap. 8: 23).

Este rito es muy similar al rito de la instalación de los sacerdotes en el tabernáculo, como está escrito en Éxodo 29:20:

“…Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre y la pondrás sobre el cartílago de la oreja derecha de Aharón, y sobre el cartílago de la oreja derecha de sus hijos, y sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el pulgar de su pie derecho, y rociarás el resto de la sangre en el altar por todos los lados…”

¿Cómo vamos a entender esto?

Tanto los sacerdotes como el que es purificado de tsaráat es objeto del mismo rito. Por un lado podríamos entenderlo como que el que había tenido tsaráat ahora tiene el derecho para acercarse al tabernáculo. En ese sentido se asemeja al ministerio del sacerdote que tiene el derecho de estar cerca de HaShem.

Sin embargo, por el otro lado hay algo más profundo aquí. Como el Mesías está asociado con un hombre “leproso”, llamado en el Talmud “el estudioso leproso”, todo este proceso de purificación del metzorá está hablando de lo que el Mesías tenía que pasar para poder entrar en su gloria.

Rabí Yehoshua ben Leví encontró a Elías de pie junto a la tumba de Rabi Shimon bar Yojai – le preguntó a Elías:
“¿Cuándo vendrá el Mesías ? ”
-“Ve y pregúntale “, respondió Elías. “¿Dónde está sentado?”
Preguntó el rabino Yehoshua, respondiendole Elías: ” En la entrada a la ciudad de Roma.”
– “¿Cómo voy a reconocerlo? ” Preguntó el rabino Yehoshua.
Elías respondió: “Él está sentado entre los pobres leprosos , todos aquellos que se vendan sus heridas
…”

(Sanhedrin 98b)

Como él no tenía propio pecado, pudo cargar sobre sí el pecado de todo el mundo. De esta manera la lepra del pecado del hombre fue cargada sobre él, como está escrito en Isaías 53:4-6:

“…Ciertamente él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre él, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero YHVH hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros…”

Al realizar la lectura de la profecía de Isaías 53, un buen números de sabios del idioma hebreo entendieron que el tal “Siervo Sufriente” descrito aquí, presenta las características de carácter para ser el Mesías. Así mismo, dichos sabios interpretaron que la frase “…ciertamente llevó él nuestras enfermedades…” está siendo usada por el profeta para referirse a la lepra.

Esto último, se los explicará así: los sabios del Talmud, al citar Isaías 53:4 y llamar al “Siervo Sufriente” como “El Leproso“, aseguran que el profeta Isaías usa la misma palabra para describir la aflicción del siervo sufriente. Ellos enseñan que existe una asociación de palabras entre el leproso y el siervo sufriente que implica al verbo hebreo negá (נגע) que significa “herir”, y que en la Torah se utiliza este verbo para referirse a la condición de la lepra (tzaráat) con la forma sustantiva de la misma palabra que significa plaga, y aflicción.

Para comprender bien lo dicho en el párrafo anterior, es interesante notar que la palabra “herido“, o mejor traducido, “plagado” se traduce del hebreo “nagúa“, que también puede traducirse como “llagado“. Y tiene como raíz hebrea la palabra “nagá“, que también es raíz de la palabra “negá“, la que se traduce como “llaga” o “plaga“. Y en el pasaje de leemos:

Levítico 13:2 – “Cuando un hombre tenga en la piel de su carne hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y se convierta en llaga de lepra en la piel de su carne, será llevado al sacerdote Aarón, o a uno de sus hijos los sacerdotes.”

La traducción de “llaga de lepra” se hace del hebreo “negá tzaráat“, y era la señal de una persona que será considerada por el sacerdote como “leprosa” o “metzorá“; la cual debía ser puesta a vivir en cuarentena fuera del campamento de Israel para su sanamiento.

Ahora bien, si el Mesías soporta enfermedades y sufrimientos:

Después de la resurrección Yeshúa fue limpiado de la impureza que había obtenido por medio de la lepra del pecado, como está escrito en Zacarías 3:2b-5:

“…¿No es éste un tizón arrebatado del fuego? Y Yehoshúa estaba vestido de ropas sucias, en pie delante del ángel. Y éste habló, y dijo a los que estaban delante de él: Quitadle las ropas sucias. Y a él le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestiré de ropas de gala. Después dijo: Que le pongan un gorro limpio en la cabeza. Y le pusieron un gorro limpio en la cabeza y le vistieron con ropas de gala; y el ángel de HaShem estaba allí…”

Mediante este acto de purificación Yeshúa fue introducido en el ministerio sacerdotal según el orden de Melquisedec. Por eso hay una semejanza entre el rito de purificación del metsorá y la instalación en el ministerio sacerdotal – (Éxodo 29:7, 20-21; Levítico 14:14, 17-18).

– “…La parte media de la oreja… el pulgar de su mano… el dedo gordo de su pie…” – Rabí Hirsch explica que se pone sangre en estas tres partes del cuerpo para simbolizar que de ahora en adelante el metzorá debe perfeccionar su mente (oido), su acción (representada por el pulgar de la mano) y su esfuerzo (e edo gordo del pie representa la capacidad de avanzar)”.

– “…Este ritual contiene elementos que la Toráh ya ha enunciado en ocasión de la consagración de los hijos de Aharón al servicio de D’s. Transcribimos aquí los comentarios expuestos en Exodo 29:20: “Esto era una suerte de concertación de pacto; una parte de la sangre era puesta sobre Aharón y sus hijos y otra, sobre el altar. Mientras la oreja es el6rgano auditivo, las manos y los pies son los miembros de acción; por eso se ponía la sangre en estos dos tipos de árganas y miembros, queriendo simbolizar la aceptación del Pacto por medio de la palabra oída y por la acción futura derivada de ese Pacto” (Minhah. Beluláh).

Sin embargo, el autor de Tseror Hammor sugiere otra razón para este ritual. El entiende que las manos son las que han derramado sangre inocente, y los pies son los que corren para el mal. Este autor nos recuerda el primer asesinato de la historia bíblica, cuando Caín derramó la sangre de su hermano Hebel, y es por eso que la sangre de este sacrificio será rociada sobre el altar en derredor.

Lo que se desprende de la opinión de este último autor, es que todo el ritual de los sacrificios tiene una función “expiatoria”, que en este caso quiere decir: hacer visible ante los seres humanos la perfidia de los mismos, como medio para desarraigarla, y despertar en ellos sentimientos de clemencia y bondad”.

vs.16 – “…El aceite…” – Esta parte de la ceremonia pertenece exclusivamente a los ritos de la
purificación del leproso. En ningún otro caso se rociaba el aceite. Se usaba la combinación de sangre y aceite (cap. 8: 30), pero nunca aceite solo.

– “…Ante YHVH…” – El Cohén salpica hacia el oeste, en direccion al Sanctasanctórum (Rashi; Sifrá) de la siguiente manera: primero pone aceite en la palma de la mano izquierda de otro Cohen y luego introduce su dedo en el aceite cada vez que lo va a arrojar (Hegaim 14:10)”.

vs.19 – “…El sacrificio por el pecado…” – Luego de ofrecer el sacrificio por la transgresión, se ofrecían el sacrificio por el pecado y el holocausto. La ofrenda por la transgresión había efectuadola expiación (vers. 18). Todo descuido pasado había sido perdonado.

Finalmente, el sacerdote ofrecía el sacrificio por el pecado, y el holocausto que debía acompañarlo.

vs.20 – “…Así hará el sacerdote expiación por él, y será limpio...” –

– “…Y será purificado…” – Después de esta fase final del largo proceso de purificación, puede entrar al Santuario y comer carne de los sacrificios. Rambán hace notar que el termino “…y proporcionará expiación…”, es mencionado tres veces en el contexto de las ofrendas, lo que hace referencia a tres aspectos de la misma. La ofrenda de culpabilidad (vs.14) expía por los pecados que causaron que se hiciese metzorá. La ofrenda por pecado (vs.19) expía por las blasfemias que probablemente profirió al lamentarse de su sufrimiento durante su estado de impureza. Y, finalmente, se le concede expiación en el sentido de que las ofrendas de elevación y farinácea (v.20) lo elevan para que pueda reintegrarse a la nación.


Levítico 14:21-27 – “…Mas si fuere pobre, y no tuviere para tanto, entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para reconciliarse, y una décima de efa de flor de harina amasada con aceite para ofrenda, y un log de aceite, (22) y dos tórtolas o dos palominos, según pueda; uno será para expiación por el pecado, y el otro para holocausto. (23) Al octavo día de su purificación traerá estas cosas al sacerdote, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de YHVH. (24) Y el sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa, y el log de aceite, y los mecerá el sacerdote como ofrenda mecida delante de YHVH. (25) Luego degollará el cordero de la culpa, y el sacerdote tomará de la sangre de la culpa, y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. (26) Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda; (27) y con su dedo derecho el sacerdote rociará del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces delante de YHVH (28) También el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar de la sangre de la culpa. (29) Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo delante de YHVH.
(30) Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los palominos, según pueda.
(31) Uno en sacrificio de expiación por el pecado, y el otro en holocausto, además de la ofrenda; y hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar, delante de YHVH.
(32) Esta es la ley para el que hubiere tenido plaga de lepra, y no tuviere más para su purificación…”

  • Vs.21-32 – La ofrenda del metzorá pobre:

vs.21 – “…Si fuere pobre…”Un pobre podía ofrecer dos tórtolas o dos palominos en lugar de los dos corderos exigidos para la ofrenda por el pecado y el holocausto. Sin embargo,
no podía sustituirse el cordero de la ofrenda por la transgresión. Debía presentarse el cordero, ya se tratara de un rico o de un pobre. También había una disminución en la cantidad de harina requerida, puesto que se aceptaba 1/10 de efa (unos 2 litros ó 900 gramos) en lugar de los 3/10 del vers. 10. El log de aceite permanecía invariable.

Con la excepción de estos detalles, el ritual proseguía como se lo presenta en los vers. 10-20. El hombre recibía el perdón por todos sus delitos pasados y se le concedía la expiación. Quedaba restaurado a la plena feligresía en la congregación y nuevamente podía participar de los diversos servicios religiosos.

Aunque el hombre sea pobre no hay rebaja en cuanto al animal que se tenía que dar como ofrenda por la culpa. Tanto el rico como el pobre tenían que dar un cordero por la culpa. Esto nos enseña que el precio para liberar al hombre no puede rebajarse, es el mismo para el rico como para el pobre. El precio es la muerte del Cordero de Dios. Por medio de la muerte del Cordero tanto el rico como el pobre podrán ser libres del pecado y purificados para poder entrar en el santuario celestial y estar cerca de Dios.

– “…Y un décimo de efá…” – Cada ofrenda animal debe ser acompañada por una ofrenda farinácea, por lo cual un metzorá que posee los medios suficientes como para traer tres ofrendas animales trae asimismo décimos de efá de flor de harina (v.10). Mas como el metzorá pobre sólo ofrece un animal, se requiere de él sólo una ofrenda farinácea (Rashi)”.

vs.22 – “…y dos tórtolas o dos palominos, según pueda…” –

– “…Lo que pueda costear…” – Las tórtolas, que tienen más años y son más grandes (véanse las notas a 1:14) serían más caras que las palomillas (Panim Iafot).

Meshej Jojmá comenta que el versículo enfatiza lo que pueda costear para enseñar que, no obstante siempre mencionarse primero las tórtolas, estas no son preferibles a las palomillas, y la persona debe ofrendar lo que pueda costear”.


Levítico 14:33-38 – “…Habló también YHVH a Moisés y a Aarón, diciendo: (34) Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, si pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión, (35) vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote, diciendo: Algo como plaga ha aparecido en mi casa. (36) Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa antes que entre a mirar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a examinarla. (37) Y examinará la plaga; y si se vieren manchas en las paredes de la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales parecieren más profundas que la superficie de la pared, (38) el sacerdote saldrá de la casa a la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días…”

vs.33-57 – Tzaraat en casas:

La tzaraat y otros padecimientos de ese tipo son claramente fenómenos sobrenaturales. Obviamente, su manifestación obedece un propósito. Los Sabios brindan dos explicaciones
que son citadas por los comentaristas. La más conocida, de Sifrá y Vaikrá Raba y citada por Rashi y otros, es que cuando los habitantes cananeos de Éretz Israel vieron que los israelitas conquistarían la tierra, escondieron sus pertenencias valiosas en las paredes de sus propias casas. De ahí que, para posibilitar que los israelitas que se adueñarían de esas casas hallasen dichas riquezas, Dios solía mandar una dolencia a la parte de una pared donde estas estaban escondidas, para que debieran retirarse las piedras afectadas y los tesoros quedaran al descubierto.

Sin embargo, según Rambam (Hiljot Tumat Tzaraat 16:10), los padecimientos de tzaraat, como toda otra dolencia semejante, eran la forma en que Dios castigaba el egoísmo y la
maledicencia. Rambam añade que, de manera misericordiosa, Dios empieza por afectar los bienes físicos, primero casas y luego vestimentas, mas si la víctima no aprende la lección y
no hace penitencia, su propia carne será afectada. La fuente de esta opinión es la exposición del Talmud (loma 11b) sobre el versículo 35, el que describe al dueño de la casa como aquel a
quien pertenece la casa, intimando que su pecado fue sentir con egoísmo que la casa es suya y que no tiene obligación alguna de compartir sus bendiciones con sus congéneres: cuando
alguien quiso tomar prestado algo de él, le respondía que no tenía ese objeto. Al mandarle tzaraat a su casa, Dios lo obligaba a sacar sus pertenencias de ahí para que todo mundo viera lo que poseía y cuán desconsiderado había sido.

De hecho, esta persona muestra una inclinación hacia la herejía dado que piensa que su propiedad sólo le pertenece a él, que la adquirió exclusivamente por medio de sus propios
esfuerzos y que nadie tiene el derecho de disfrutar las bonanzas de su éxito personal. ¡No reflexiona que, en realidad, la casa y el dinero y el éxito le fueron dados por Dios! Y el mismo Dios que le dio lo que tiene, desea que lo comparta con los demás y, ciertamente, Dios puede darle más o arrebatarlen aquello que esté utilizando en forma indebida (TzrorHaMor).

Aunque estos padecimientos son impuestos en orden ascendente de severidad, la Torá los enumera en orden inverso, empezando con la tzaraat de la persona y concluyendo con la
tzaraat de la casa. Ello es debido a que la Torá prefiere enunciar los castigos en orden descendiente, en vez de nombrar castigos cada vez más aterradores (Rabenu Bejaie).

vs.34 – “…Si pusiere…” – Esto puede implicar un acto directo de Dios o no. En la Biblia aparecen muchas afirmaciones tales, en las cuales no se hace una clara referencia a un acto de Dios. Por ejemplo: Dios alimenta las aves (Luc 12: 24). Cuando Dios pone una plaga en una casa, puede tratarse de un acto directo de Dios, o puede ser el resultado de la mala construcción hecha por el hombre.

Esta ley sólo se aplica sobre las casas en la tierra de Israel. Sin embargo, las casas que están en la ciudad de Jerusalén nunca podrán ser declaradas impuras. Además las casas tenían que ser de una manera especial para que esta ley aplicara sobre ellas. Sólo las casas que tenían piedra, madera y tierra en las paredes podían ser declaradas tamé – (Lev 14:45).

– “…Dispondré plaga de Lepra en alguna casa…” – Los intérpretes clásicos-de la Toráh concuerdan también en esta oportunidad, en que nos encontramos frente a un fenómeno sobrenatural, que afectaba los materiales de las viviendas mismas de los hijos de Israel. Maimónides, refiriéndose al tema de Tsarahat en general, reitera que: “nuestros sabios de bendita memoria han aclarado este tema y lo han enseñado, y el principio acordado es que esta plaga sobreviene como castigo por la calumnia y la difamación. En primer lugar serán afectadas las mismas paredes de la vivienda (del hombre que incurre en semejante falta)¡ Si él cambiara su conducta, se ha logrado el propósito de esta afección. Empero, si él insistiere en su rebeldía, se extenderá este cambio (afección) y abarcará los enseres de sus servidores y de su propia casa. Si aún persistiere en su rebeldía, la plaga se extenderá y afectará sus ropas, y su cuerpo mismo (Guía de los Perplejos III, 47).

Pero, por supuesto, los intérpretes nos explican que la Toráh enuncia esta afección-castigo en otro orden, y no en el que sugieren nuestros sabios de bendita memoria, como cita Maimónides. Ellos dicen que el hecho de enunciar la afección a las casas en último lugar se debería a que en la época en la cual la Toráh fue enseñada a los hijos de Israel, ellos no habitaban en casas, sino en tiendas de campaña. Por eso el pasaje empieza diciendo: “cuando hayáis venido la tierra de Canaán” ..

Además, nuestros sabios mencionan una serie de restricciones y limitaciones a esta plaga, que no hacen más que recalcar el aspecto sobrenatural de la misma. Así veremos que, según las disposiciones de los sabios del Talmud, la ciudad de Jerusalem nunca se vería afectada por Tsarahát, ni tampoco la casa de los extranjeros residentes en nuestra tierra.

Además -dice Abarbanel- no tendría sentido que D’s desatare su ira contra “piedras y madera”, que son los materiales básicos de las construcciones. Por eso la única posibilidad de entender este texto es el camino interpretativo expuesto por nuestros sabios.

Llama la atención que, cuando al hombre justo, Job, le suceden una serie de desgracias, el orden de las mismas es “coincidente” con el que nuestros sabios -citados por Maimónides- han enunciado. O sea, primero él pierde sus bienes y ganado, después sus hijos, y después su misma piel es afectada por una plaga que abarca todo su cuerpo de un extremo al otro.

Una vez más, el mensaje extraído de todo este pasaje es que el hombre deberá empezar a cuidarse y rectificar sus caminos prestando atención “a las cosas exteriores”, porque de no ser así, la afección irá avanzando desde lo exterior hasta abarcar la totalidad de la persona. Por lo tanto, el único tratamiento recomendado parece decir la Toráh es el preventivo, para no tener que recurrir a lo que dice el versículo 40 de nuestro capítulo: “Ordenará el cohén y removerán las piedras afectadas por la plaga y las habrán de arrojar afuera de la ciudad en un lugar impuro”.

– “…La tierra de Canaán… como posesión…” – Estas leyes sólo aplicaron posteriormente a que la Tierra había sido conquistada y parcelada entre los israelitas como posesión perpetua (Sifrá).

Midrash Tadshei comenta que la ley anteriormente expuesta explica por qué las secciones sobre aflicciones que afectan casas no están en el capítulo previo, junto con los otros casos de tzaraat. La razón es que las leyes sobre males que aquejan a personas y vestimentas aplicaron tan pronto como Moshé las enseño en el Desierto, mas las leyes sobre casas sólo empezaron a aplicar muchos años despues. Por ello, dado que estas leyes estuvieron dividas cronológicamente en cuanto a su aplicación, así también lo están en la narrativa de la Torá.

Rambán (13:47) explica que tales padecimientos son esencialmente milagrosos, pues nunca ocurren de manera natural. Cuando los israelitas vivían en su tierra y se conducían según la voluntad de Dios, los rodeaba un aura de santidad que se reflejaba incluso en un esplendor físico. Y si hubiera entre ellos quienes pecaban, sus fallas se reflejaban en la pérdida de belleza física y en la aparición de dolencias de tzaraat en sus casas y en sus vestimentas. Mas sólo en la Tierra Santa tales falencias espirituales tenían efectos tan tangibles”.

– “…Y mandaré…” – Le está comunicando una buena nueva al pueblo, y es la fuente de la opinión según la cual el padecimiento en casas tenía como objetivo que se descubriesen riquezas ocultas, como se menciona anteriormente (Rashí)”.

vs.35 – “…vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote…” –

– “…Y declarará al Cohén diciendo…” – Sifrá expone que la declaración del dueño debe motivar al Cohén para que le explique a la víctima que la causa subyacente de ese padecimiento fueron sus chismes y su egoísmo. Se espera que ello lo influya a que se arrepienta (Sifrá)”.

– “…Algo semejante a una dolencia se vislumbra en la casa…” – Incluso si el dueño de la casa es un erudito que sabe que efectivamente se trata de tzaraat, no debe atribuirse la facultad de declararlo de manera categórica, pues ello es la exclusiva prerrogativa del Cohén (Rashi; Sifrá). Por otra parte, la persona debe evitar emplear expresiones que denotan impureza, pues no sería apropiado describir su casa explícitamente como padeciendo una enfermedad (MizraJÍ). Además, se debe cultivar la cualidad del recato, diciéndose “No estoy seguro” (Divrei David)”.

– “…Como una plaga…” – El autor de Minháh Beluláh recalca el idioma cauto y prudente con el cual ha de expresarse el dueño de la casa presuntamente afectada. La enseñanza que deriva de este hecho es que la persona tiene que cuidarse mucho antes de “impurificar las cosas”. A veces se causan grandes y graves daños por declaraciones o afirmaciones apresuradas”.

vs.36 – “…Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa…” –

– “…Y despejarán la casa…” – Al permitirle al dueño que desaloje sus efectos personales de la casa, la Torá se propone evitar que sus habitantes padezcan pérdidas o inconvenientes.

En caso de que la casa sea declarada tamé o puesta en confinamiento, todo se convertiría en tamé, mas dado que ello no podría acontecer sino hasta que el Cohén emita su dictamen, aún hay tiempo para vaciarla (Rashi; Sifrá). Incluso si los bienes del interior de la casa se hiciesen tamé, en casi todos los casos la pérdida sería casi insignificante, puesto que contadísimas excepciones- todos los objetos podrían ser sumergidos en agua para quitarles la contaminación, en tanto que alimentos no santificados podrían ser consumidos incluso si son tamé. Sólo los utensilios de barro no pueden ser purificados, y estos suelen ser relativamente baratos. De cualquier manera, la Torá busca evitarle a la gente incluso pérdidas pequeñas.

Esto nos enseña que si Dios es comprensivo con los malvados a quienes aflige con tzaraat, ciertamente tiene compasión de los justos. Y si a Dios le importa tanto los bienes físicos de estas personas, ciertamente se preocupa de la vida de sus hijos e hijas (Sifrá; Rashi).

– “…Para que no sea declarado impuro nada de lo que hay en la casa…” – Aquí vemos que la tendencia de la Toráh es evitar el daño, incluso el material que pudiera ser causado al dueño de la casa. Rashí observa agudamente que el daño que pudiera ser causado sería relativamente poco significante ¡ya que la mayoría de los enseres que hubiere en la casa podrían ser inmergidos en agua y purificados en definitiva! Pero lo que la Toráh quiere evitar aquí es la pérdida de utensilios de “arcilla” cuya impureza es irreparable; quiere decir que, si la Toráh cuida aun este daño material insignificante. con mucha mayor razón habrá de cuidarse cuando se trata de daños materiales grandes, y ni que hablar cuando se trate de vidas humanas. El mensaje parece ser: si hay que evitar dañar las cosas de nuestro prójimo, ¿cuándo aprenderemos que nuestro prójimo es mucho más importante que sus cosas?


Levítico 14:39-44 – “…Y al séptimo día volverá el sacerdote, y la examinará; y si la plaga se hubiere extendido en las paredes de la casa, (40) entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que estuviere la plaga, y las echarán fuera de la ciudad en lugar inmundo. (41) Y hará raspar la casa por dentro alrededor, y derramarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el barro que rasparen. (42) Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro y recubrirán la casa. (43) Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y después que fue recubierta, (44) entonces el sacerdote entrará y la examinará; y si pareciere haberse extendido la plaga en la casa, es lepra maligna en la casa; inmunda es…”

vs.40 – “…entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que estuviere la plaga…” –

– “…Y removerán…” – Puesto que el versículo está en plural, los Sabios derivaron que si dos personas comparten una misma pared, el dueño de la casa afectada y su vecino deben trabajar en conjunto para quitar la parte afectada de la pared. Al respecto, cabe mencionar el dicho, “Ay del malvado y ay de su vecino”, pues no sólo el dueño malvado sufre, sino asimismo aquel desdichado que vive a su lado (Sifrá)”.

– “…En un lugar impuro…” – “Quiere decir, que ninguna persona vuelva a remover las piedras de ahí, para que sea distinguible que son piedras impuras que nadie deberá usar” (IbnHezra).

Según el autor de Minháh Beluláh, es probable que hubiera un lugar determinado fuera de la ciudad donde los habitantes arrojaban sus desperdicios”.

vs.41 – “…Y hará raspar la casa por dentro alrededor…” –

– “…Será raspada por dentro en todo su derredor…” – Además de ordenar que se retiren las piedras en sí, el Cohén ordena que se quite la mezcla que las unía a las piedras circunvecinas y que fue puesta sobre las mismas en la parte interior de la casa. Todos estos desechos deben ser arrojados a un área contaminada fuera de la ciudad”.

– “…En derredor…” – “Quiere decir que se deberá raspar las piedras afectadas y el espacio que las rodea. O sea, en derredor de la zona afectada” (Rashi),

vs.42 – “…Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas…” –

– “..Habrán de tomar otras piedras…” – Ibn Hezra nota que la Toráh usa a veces los verbos en singular, y otras los verbos en plural, como en nuestro versículo. El sugiere que, cuando la Toráh está usando los verbos en plural, quiere decir que todos participarán de esta acción, que habrá de ser hecha con premura.

El autor de Minháh Beluláh quiere entender, del uso de los verbos en plural, que si se tratare de una pared medianera afectada, será de responsabilidad de los vecinos también ayudar en la reparación de’ esta pared, y de ahí p.l uso de verbos en plural.

vs.43 – “…Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa…” –

– “…Si regresare… y reapareciere…” – No es necesario que el padecimiento reaparezca en el mismo lugar o que sea tan grande como el anterior o incluso más. Sin embargo, debe haberse manifestado nuevamente al cabo de un período de siete días. De no ser así, nos obliga a considerarlo como un nuevo padecimiento. El hecho mismo de que regrese basta para que se le declare contaminado, y por ello el siguiente versículo se refiere a esto como una extensión del padecimiento, incluso si esta nueva manifestación es de menor tamaño (Sifrá)”.


Levítico 14:45-52 – “…Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa; y sacarán todo fuera de la ciudad a lugar inmundo. (46) Y cualquiera que entrare en aquella casa durante los días en que la mandó cerrar, será inmundo hasta la noche. (47) Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa lavará sus vestidos. (48) Mas si entrare el sacerdote y la examinare, y viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido. (49) Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e hisopo; (50) y degollará una avecilla en una vasija de barro sobre aguas corrientes. (51) Y tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociará la casa siete veces. (52) Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana…”

vs.45 – “…Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa; y sacarán todo fuera de la ciudad a lugar inmundo...” – El mundo es una casa. El Eterno ha enviado sus ángeles para inspeccionar si la casa está libre de contaminación. Pero aunque fue raspada una vez por medio del diluvio, volvió a aparecer la maldad y se está extendiendo. Por lo tanto no queda más remedio que derribar la casa. Este mundo será destruido después del milenio del reino mesiánico, como está escrito en 2 Pedro 3:10-13:

“…Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor! Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia…”

vs.47 – “…Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa lavará sus vestidos…” –

– “…Y quien se apoyase…y quien comiese…” – La frase sumergirá sus vestimentas aparece dos veces en el versículo, aunque hubiese bastado con una sola mención. A partir de esa redundancia, los Sabios derivaron una nueva ley que sólo aplica en casos de padecimiento en casa. Si alguien ingresa a una estructura contaminada y permanece en ella suficiente tiempo como para reclinarse y comer en esa posición una comida normal, sus vestimentas se contaminarán junto con él. Pero si no permanece en la casa ese tiempo mínimo, entonces sólo él es tamé mas no su ropa. Asimismo, las prendas que cargue mas no esté vistiendo tal como un abrigo sobre su hombro- o cualquier otra cosa que se introduzca en la casa, contraen contaminación de forma inmediata, aunque la persona sólo esté en la casa una fracción de segundo (Rashl; Sifrá)”.

vs.49 – “…el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido...” – La casa debía limpiarse, no sólo con la sangre de la avecilla y con agua corriente, sino también con “la madera de cedro, el hisopo y la grana” (vers.52).

– “…Pues se habrá curado…” – Sólo si las piedras han sido retiradas y no ha vuelto a manifestarse el padecimiento, se puede considerar que la casa se ha curado (Rashi’, Sifrá).


  • vs.49-53 – Purificación de la casa:

El ritual de purificación de la casa es idéntico a la primera fase de la purificación de un metzorá (vs. 4-9), y es llevado a cabo sólo si las piedras afectadas tuvieron que ser desalojadas de la casa. Mas si el padecimiento desapareció o su color se atenuó, no es necesario ese ritual. A diferencia del proceso que lleva a la purificación de un ser humano, nada más es necesario en este caso.

Levítico 14:53-57 – “…Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia. (54) Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra y de tiña, (55) y de la lepra del vestido, y de la casa, (56) y acerca de la hinchazón, y de la erupción, y de la mancha blanca, (57) para enseñar cuándo es inmundo, y cuándo limpio. Esta es la ley tocante a la lepra…”


La reacción frente a la lepra, que llevaba a que el enfermo fuese excluido del campamento, se debía indudablemente al carácter peculiar de la enfermedad. La verdadera lepra estaba íntimamente ligada con la muerte, en la cual acababa normalmente. En sus últimas etapas era en realidad una “muerte en vida“, en la cual se producía la necrosis de los tejidos, la ulceración de las carnes y también la atrofia de los miembros.

Antes de morir, el leproso era el espectro de la muerte e ilustraba de manera gráfica la paga del pecado. Por esta razón, la lepra ha sido considerada, a través de los siglos, tanto por judíos como por cristianos, como un símbolo del pecado y de sus resultados. La persona que había sido excluida del campamento por la sospecha de tener lepra, podía llamar al sacerdote si existía la más mínima indicación de que estaba mejorando. Era el deber del sacerdote acudir en tales casos, pero podemos suponer que algunas veces lo hacía un tanto de mala gana.

Presintiendo que no había mejoría, podía sentirse tentado a impacientarse con el que lo llamaba o a demorar su visita al pobre leproso. Necesitaba paciencia a fin de no perder nunca el sentido de la compasión que tanto necesitaba el leproso.

Debía aprender a no rehuirlo sino a compadecerse de él y ayudarlo. Esta es una lección para los siervos de Dios en la actualidad. Como el sacerdote de antaño, el ministro de Dios hoy debe mostrarse paciente (Heb. 5: 2).

En sus primeras etapas, la lepra no provoca gran dolor físico; sin embargo, el espanto y terror de la enfermedad deben haber afectado vitalmente la vida entera del paciente. Así también el pecado no se hace sentir tan agudamente, y un hombre quizá apenas esté consciente de su naturaleza maligna. La lepra es corrosiva, y se propaga casi sin ser percibida hasta que aparecen las úlceras, la carne viva, y finalmente se produce la atrofia y desaparición de algunas partes del cuerpo. Así también el pecado carcome la belleza y la vida del
espíritu, aunque por fuera no existan indicios manifiestos de la condición existente por dentro.

Finalmente, la enfermedad brota por fuera, y el hombre se convierte en un cadáver viviente, una masa de repugnante corrupción.

Así también el pecado al final da su fruto hasta que la imagen de Dios en el hombre es casi totalmente raída. Así como la lepra termina en la muerte, el pecado lleva a la muerte. Por esto, la lepra se adapta muy bien para simbolizar, como no lo podría hacer ninguna otra enfermedad, los diversos aspectos del pecado.


(Pulse aquí para ver mas comentarios del libro de Levítico)

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