¿Quiénes forman el «Israel de Dios» en Gálatas 6:16?

Bienvenido a esta sección de preguntas y respuestas de A través de las Escrituras. Aquí examinamos cuestiones bíblicas desde una perspectiva mesiánica, reconociendo a Yeshúa de Nazaret como el Mesías de Israel y leyendo el Nuevo Testamento dentro de su contexto cultural judío, histórico y literario.

Nuestro propósito no es ofrecer respuestas simplistas ni defender conclusiones mediante textos aislados. Cada pregunta será estudiada atendiendo al contexto inmediato, al conjunto de las Escrituras, a los idiomas bíblicos y al contexto histórico en el que la Biblia esta inmerso.

Al final de Gálatas, Pablo emplea una expresión que ha suscitado numerosas interpretaciones: «el Israel de Dios» (Gálatas 6:16). ¿Se refiere exclusivamente a los judíos creyentes o a la comunidad mesiánica formada por judíos y gentiles? Acompáñanos en la respuesta a esta pregunta…

Respuesta breve

La expresión «Israel de Dios» se refiere probablemente a la comunidad mesiánica formada por judíos y gentiles que pertenecen a Yeshúa y viven conforme a la realidad de la nueva creación.

Pablo no presenta una Iglesia gentil que haya sustituido al Israel histórico. Describe al pueblo de Dios renovado alrededor del Mesías de Israel, en el cual los gentiles son incorporados y participan de las promesas hechas a Abraham.

Esto no significa que los gentiles se conviertan étnicamente en judíos ni que la unidad en el Mesías elimine la historia, la identidad y la vocación particular de Israel. Significa que la pertenencia al pueblo redimido se determina finalmente por la unión con el Mesías, no por la circuncisión, la incircuncisión o el origen étnico.

El texto principal

Pablo concluye su carta con estas palabras:

«Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios» (Gálatas 6:15–16).

La expresión «Israel de Dios» —tòn Israḕl toû theoû (τὸν Ἰσραὴλ τοῦ θεοῦ)— aparece solamente aquí en el Nuevo Testamento. Su singularidad explica por qué ha recibido interpretaciones tan diferentes.

Las principales propuestas son:

  1. El «Israel de Dios» sería exclusivamente el grupo de judíos creyentes en Yeshúa.
  2. Sería el Israel étnico, incluyendo posiblemente al Israel que todavía no reconoce al Mesías y sobre el cual Pablo pide misericordia.
  3. Sería el pueblo de Israel perteneciente a la etapa anterior de la historia redentora.
  4. Sería toda la comunidad mesiánica, formada por judíos y gentiles unidos al Mesías.

Consideramos más probable la cuarta interpretación. Sin embargo, esta conclusión no debe imponerse de antemano ni depender exclusivamente de una posible traducción de la conjunción griega kaí. Debe establecerse mediante el argumento completo de Gálatas y su relación con Abraham, la promesa, el Espíritu, el Mesías y la nueva creación.1

La controversia que motivó Gálatas

Gálatas no fue escrita como una reflexión abstracta sobre Israel y la Iglesia. Pablo responde a una crisis concreta dentro de congregaciones formadas, al menos en buena medida, por creyentes procedentes de las naciones.

Algunas personas estaban enseñando que esos gentiles debían circuncidarse para participar plenamente del pueblo del pacto. Pablo describe así su intención:

«Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz del Mesías» (Gálatas 6:12).

El problema no era que la circuncisión fuera mala en sí misma. Había sido dada por Dios como señal del pacto con Abraham (Génesis 17:9–14), y Pablo mismo circuncidó a Timoteo, hijo de madre judía (Hechos 16:1–3).

El conflicto surgía cuando se exigía la circuncisión de los gentiles como condición para su justificación, su pertenencia plena al pueblo de Dios o su reconocimiento como descendencia de Abraham.

Por tanto, Pablo no está atacando la Torá como revelación divina. Rechaza emplear la circuncisión y las obras de la Torá como fundamento de la justificación o como barrera que impida reconocer a los gentiles creyentes como participantes de la promesa.

La pregunta central de la carta puede formularse así:

¿Deben los gentiles convertirse en judíos para ser descendencia de Abraham y herederos de sus promesas?

La respuesta de Pablo es negativa:

«Y si vosotros sois del Mesías, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa» (Gálatas 3:29).

Pablo no crea una comunidad gentil desconectada de Israel. Enseña que quienes pertenecen al Mesías de Israel participan, mediante su unión con él, de la descendencia y de la herencia de Abraham.2

El argumento comienza con Abraham

Para comprender Gálatas 6:16, no debemos comenzar solamente por la palabra «Israel», sino por la manera en que Pablo desarrolla la identidad de los creyentes a lo largo de toda la carta.

En Gálatas 3:6–9, Pablo recurre a Abraham:

«Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham» (Gálatas 3:7).

Esto no significa que haya dejado de existir la descendencia física de Abraham. Significa que la participación salvadora en la promesa no se limita a la genealogía natural. Desde el principio, Dios anunció que en Abraham serían bendecidas todas las naciones (Génesis 12:3; Gálatas 3:8).

Pablo concentra la promesa en el Mesías:

«Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es el Mesías» (Gálatas 3:16).

El razonamiento es mesiánico. La promesa alcanza su centro en Yeshúa, la descendencia prometida. Todos los que están unidos a él participan de su herencia.

Los gentiles no reciben una promesa diferente ni entran en un pueblo completamente separado. Participan de las promesas de Abraham mediante su unión con el Mesías de Israel.

Esta lógica culmina en Gálatas 3:28–29:

«Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en el Mesías Yeshúa».

La frase «no hay judío ni griego» no significa que hayan desaparecido los judíos, los gentiles, los hombres o las mujeres. Declara que esas diferencias no establecen distintos grados de acceso al Mesías ni caminos separados de salvación. Todos participan de una misma herencia mediante la fe.3

Hijos de la promesa y Jerusalén de arriba

El argumento continúa en Gálatas 4:21–31, donde Pablo utiliza la historia de Agar y Sara para contrastar dos maneras de relacionarse con la promesa.

Los creyentes son descritos como «hijos de la promesa», semejantes a Isaac:

«Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa» (Gálatas 4:28).

Pablo también afirma que «la Jerusalén de arriba» es madre de los creyentes (Gálatas 4:26). Esta imagen resulta significativa porque no sitúa a los gentiles dentro de una historia redentora ajena a Israel. Los incorpora a las promesas de Abraham y a la esperanza de Jerusalén, pero mediante el Mesías y el Espíritu, no mediante una conversión étnica obligatoria.

Por tanto, antes de mencionar al «Israel de Dios», Pablo ya ha aplicado a una comunidad formada por judíos y gentiles varias categorías procedentes de la historia de Israel:

  • hijos de Abraham;
  • descendencia vinculada a la promesa;
  • herederos;
  • hijos de la promesa;
  • hijos de la Jerusalén de arriba.

Esto no demuestra por sí solo que «Israel de Dios» incluya a los gentiles, pero hace que esa interpretación resulte coherente con el desarrollo de la carta.

La nueva creación como criterio decisivo

El antecedente inmediato de la expresión «Israel de Dios» es la declaración de Gálatas 6:15:

«Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación».

Esta frase resume el contraste que Pablo ha desarrollado a lo largo de la carta. La circuncisión y la incircuncisión identificaban, respectivamente, al judío y al gentil. Pablo no niega la existencia de esas identidades históricas, pero rechaza que cualquiera de ellas determine por sí misma la pertenencia al pueblo redimido.

El judío no puede fundamentar su justificación en la circuncisión, y el gentil tampoco puede convertir su incircuncisión en una condición espiritualmente superior. Lo decisivo es la participación en la obra renovadora que Dios ha iniciado por medio del Mesías.

¿Qué significa «nueva creación»?

La expresión griega kainḕ ktísis (καινὴ κτίσις) puede traducirse como «nueva creación» o «una nueva creación». No describe solamente una mejora moral del individuo, como si Pablo estuviera diciendo que el creyente debe corregir algunas conductas. Señala la irrupción de una realidad nueva inaugurada por la muerte y resurrección de Yeshúa.

Los profetas habían anunciado que Dios restauraría a su pueblo y renovaría la creación (Isaías 43:18–19; 65:17; 66:22). Pablo entiende que esta esperanza futura ha comenzado anticipadamente en el Mesías. La renovación todavía no ha alcanzado su consumación, pero ya actúa en quienes están unidos a él y han recibido el Espíritu.

Pablo utiliza una expresión semejante en 2 Corintios 5:17:

«De modo que si alguno está en el Mesías, nueva creación es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».

La nueva creación posee, por tanto, varias dimensiones relacionadas:

  • Mesiánica, porque comienza con la muerte y resurrección de Yeshúa.
  • Espiritual, porque se manifiesta mediante la presencia y la obra del Espíritu.
  • Personal, porque transforma la vida de quienes están unidos al Mesías.
  • Comunitaria, porque produce una nueva forma de relación entre los creyentes.
  • Escatológica, porque anticipa la futura renovación de toda la creación.

En Gálatas 6, Pablo no desarrolla todavía cada una de estas dimensiones. Su propósito inmediato es establecer qué tiene valor delante de Dios: no la circuncisión ni la incircuncisión como fundamento de aceptación, sino la nueva realidad producida por el Mesías.

La cruz inaugura este nuevo orden

La relación entre la cruz y la nueva creación aparece en el versículo anterior:

«Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Yeshúa el Mesías, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» (Gálatas 6:14).

Los adversarios de Pablo querían gloriarse en la carne de los gentiles circuncidados (Gálatas 6:12–13). La circuncisión de estos creyentes les proporcionaría una señal visible de éxito y reduciría el escándalo producido por la cruz.

Pablo contrapone esa gloria en la carne con su propia gloria en la cruz. Para él, la muerte del Mesías ha roto el dominio del orden presente y ha inaugurado una nueva forma de existencia. Por eso la entrada en el pueblo redimido no depende de una modificación de la carne, sino de la obra que Dios ha realizado en Yeshúa.

Esto no significa que la circuncisión dada a Abraham fuera mala. Significa que no podía imponerse a los gentiles como requisito para ser justificados ni como la señal definitiva de que pertenecían al pueblo de Dios. La cruz y la nueva creación ocupan ahora el centro de la identidad mesiánica.

El Espíritu manifiesta la nueva creación

La nueva creación no aparece de manera aislada al final de Gálatas. Se relaciona con la obra del Espíritu descrita a lo largo de la carta.

Pablo recuerda a los gálatas que recibieron el Espíritu al escuchar el evangelio con fe, no después de circuncidarse ni de asumir una identidad judía (Gálatas 3:2–5). También declara:

«Para que en el Mesías Yeshúa la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu» (Gálatas 3:14).

La presencia del Espíritu muestra que la obra futura de Dios ya ha comenzado en ellos. No se trata solamente de una declaración externa de pertenencia; es una transformación que debe producir una nueva manera de vivir.

Por eso Pablo relaciona la vida en el Espíritu con el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio propio (Gálatas 5:22–23). Estos frutos no compran la pertenencia al pueblo de Dios, pero manifiestan la realidad de la nueva creación en quienes han sido recibidos por gracia.

«Caminar conforme a esta regla»

Después de mencionar la nueva creación, Pablo continúa:

«Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios» (Gálatas 6:16).

La palabra traducida como «regla» es kanṓn (κανών), término que puede designar una norma, principio o criterio orientador. En este contexto, «esta regla» remite probablemente a la afirmación del versículo anterior: lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva creación.

Christopher W. Cowan lo resume de esta manera:

«Lo más probable es que la “regla” o “norma” sea la “nueva creación” misma» (traducción propia).4

El verbo traducido como «andar» es stoichéō (στοιχέω), que comunica la idea de caminar en línea con una norma o ajustarse a un criterio. Pablo emplea el mismo verbo anteriormente:

«Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu» (Gálatas 5:25).

Por consiguiente, «andar conforme a esta regla» significa ordenar la vida de acuerdo con la realidad inaugurada por el Mesías. Quienes han recibido la nueva vida deben caminar de manera coherente con ella.

Esta coherencia se manifiesta especialmente en:

  • la fe que actúa mediante el amor (Gálatas 5:6);
  • el servicio mutuo (Gálatas 5:13);
  • el amor al prójimo (Gálatas 5:14);
  • el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22–23);
  • la restauración del hermano que ha caído (Gálatas 6:1);
  • y la disposición a llevar las cargas de los demás (Gálatas 6:2).

La nueva creación no es, por tanto, una etiqueta teológica sin consecuencias. Es una realidad que produce una forma concreta de caminar. La conducta no origina la nueva creación, pero debe reflejarla.

La función de la nueva creación dentro del argumento

La secuencia inmediata de Gálatas 6:14–16 puede resumirse así:

  1. Pablo se gloría únicamente en la cruz del Mesías.
  2. La cruz rompe el dominio del orden presente.
  3. La circuncisión y la incircuncisión dejan de determinar el estatus redentor.
  4. Lo que cuenta es la nueva creación.
  5. Los creyentes deben caminar conforme a esta realidad.
  6. Sobre quienes lo hacen, Pablo pronuncia una bendición de paz y misericordia.

En este punto del argumento, la nueva creación funciona como el criterio decisivo de pertenencia y conducta. Sin embargo, todavía queda por determinar cómo se relacionan gramaticalmente «todos los que anden conforme a esta regla» y «el Israel de Dios».

Esa cuestión no debe resolverse únicamente mediante el concepto de nueva creación. Será necesario analizar a continuación la conjunción griega kaí, las principales interpretaciones de la expresión y el desarrollo completo de Gálatas. La nueva creación establece el criterio; los apartados siguientes determinarán a quién aplica Pablo la designación «Israel de Dios».

El análisis de la conjunción kaí

El texto griego de Gálatas 6:16 dice:

Kaì hósoi tô kanóni toútō stoichḗsousin, eirḗnē ep’ autoùs kaì éleos kaì epì tòn Israḕl toû theoû.

Una traducción muy literal sería:

«Y cuantos caminen conforme a esta regla, paz sobre ellos y misericordia, y sobre el Israel de Dios».

La discusión se concentra en el último kaí (καί), normalmente traducido como «y». Existen dos posibilidades principales.

Kaí como conjunción copulativa

Si se traduce de manera estrictamente copulativa, Pablo bendeciría a dos grupos:

  1. «Cuantos caminan conforme a esta regla».
  2. «El Israel de Dios».

Según esta lectura, el segundo grupo podría ser:

  • los judíos creyentes dentro de la comunidad mesiánica;
  • el Israel étnico sobre el cual Pablo pide misericordia;
  • o el Israel histórico considerado dentro del plan de Dios.

Esta es una lectura gramaticalmente natural y debe tomarse en serio.

Kaí como explicación

La palabra kaí también puede introducir una explicación o aposición: «es decir», «esto es» o «a saber». En ese caso, la traducción sería:

«Paz y misericordia sobre ellos, es decir, sobre el Israel de Dios».

Pablo estaría identificando a quienes caminan conforme a la nueva creación con el «Israel de Dios». Este grupo incluiría a todos los creyentes, tanto judíos como gentiles.

Este uso de kaí es posible, pero la gramática por sí sola no resuelve el debate. Por eso el contexto de Gálatas debe tener más peso que una afirmación aislada acerca de la conjunción.5

La traducción explicativa posee una ventaja contextual: evita que Pablo introduzca repentinamente una categoría étnicamente diferenciada justo después de declarar que ni la circuncisión ni la incircuncisión determinan la pertenencia a la nueva creación.

Las principales interpretaciones

Primera interpretación: los judíos creyentes en Yeshúa

Esta postura entiende que «todos los que anden conforme a esta regla» incluye a los creyentes gentiles, mientras que «el Israel de Dios» designa específicamente a los judíos creyentes.

Su principal fortaleza es que conserva el sentido habitual de «Israel» en Pablo. En la mayoría de sus usos, la palabra se refiere al pueblo judío. También permite distinguir a los judíos fieles al evangelio de los agitadores que imponían la circuncisión a los gentiles.

Según esta propuesta, Pablo estaría diciendo:

«Paz y misericordia sobre todos los creyentes que caminan conforme a la nueva creación y, de manera particular, sobre los judíos creyentes que son el Israel de Dios».

Esta interpretación evita el reemplazo de Israel y reconoce la existencia de un remanente judío creyente, semejante al mencionado en Romanos 11:5.

Su dificultad principal es que los judíos creyentes ya estarían incluidos entre «todos los que anden conforme a esta regla». La bendición separada podría ser enfática, pero el texto no explica por qué Pablo tendría que distinguirlos precisamente en ese momento.

Además, después de declarar que ni la circuncisión ni la incircuncisión determinan el estatus dentro de la nueva creación, una división étnica en la bendición final resulta posible, pero no completamente esperable.

Segunda interpretación: el Israel étnico necesitado de misericordia

Susan G. Eastman propone que Pablo pronuncia paz sobre quienes caminan conforme a la nueva creación y pide misericordia para Israel, entendido como el pueblo judío que todavía no reconoce al Mesías.

Esta lectura conecta Gálatas 6:16 con Romanos 9–11, donde la misericordia divina ocupa un lugar central en la esperanza de Pablo para Israel.

Su principal fortaleza consiste en tomar seriamente el significado étnico habitual de «Israel» y la preocupación de Pablo por la salvación de su pueblo. La palabra «misericordia» podría indicar que Israel necesita la intervención compasiva de Dios.

No obstante, la expresión «Israel de Dios» parece más positiva que una referencia indirecta a un grupo caracterizado en ese momento por su incredulidad. Además, Gálatas 6:16 no menciona expresamente una futura conversión de Israel. Esta interpretación depende en buena medida de relacionar el versículo con Romanos 9–11.

Tercera interpretación: el Israel histórico

Philip du Toit ha propuesto que el «Israel de Dios» se refiere al pueblo de Dios perteneciente a la etapa histórica anterior a la llegada del Mesías. Pablo bendeciría así a quienes pertenecen a la nueva creación y también al Israel de la etapa anterior de la historia redentora.

Esta lectura conserva un sentido histórico para «Israel» e intenta explicar la diferencia entre ambos grupos. Sin embargo, introduce una referencia al Israel del pasado que no aparece claramente indicada en el contexto inmediato. Tampoco resulta evidente por qué Pablo concluiría la carta bendiciendo específicamente a una comunidad perteneciente a una época anterior.

Cuarta interpretación: judíos y gentiles en el Mesías

Según esta interpretación, «Israel de Dios» identifica a toda la comunidad de la nueva creación: judíos y gentiles unidos al Mesías.

Sus principales argumentos son:

  1. En Gálatas 3:7, los creyentes son llamados hijos de Abraham.
  2. En Gálatas 3:28–29, quienes pertenecen al Mesías son descendencia de Abraham y herederos de la promesa.
  3. En Gálatas 4:26–31, son hijos de la Jerusalén de arriba y de la promesa.
  4. En Gálatas 6:15, la nueva creación sustituye a la circuncisión y la incircuncisión como criterio de pertenencia redentora.
  5. El último kaí puede entenderse explicativamente: «sobre ellos, es decir, sobre el Israel de Dios».
  6. La bendición de paz y misericordia parece proceder de las promesas proféticas de restauración de Israel.
  7. Toda la carta se opone a obligar a los gentiles a convertirse en judíos para participar de la promesa.

Esta interpretación no afirma que los gentiles sean israelitas étnicos. Afirma que los gentiles unidos al Mesías han sido incorporados al pueblo mesiánico y participan de las promesas del pacto.

«Paz y misericordia» y la restauración prometida

Las palabras «paz y misericordia» probablemente no son una fórmula casual. G. K. Beale ha argumentado que Gálatas 6:15–16 refleja especialmente el lenguaje de Isaías 54:10:

«Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará».

Isaías 54 sigue al anuncio del Siervo sufriente de Isaías 52:13–53:12. Después del sufrimiento del Siervo, Sion recibe la promesa de una descendencia ampliada, un pacto de paz y la misericordia permanente de Dios.

El contexto también abre la restauración a las naciones (Isaías 54:1–3; 55:3–5).

Si este es el trasfondo de Pablo, la bendición pronunciada sobre el «Israel de Dios» pertenece al cumplimiento mesiánico de las promesas de restauración. La nueva creación, la paz y la misericordia prometidas a Israel alcanzan su centro en Yeshúa y se extienden a quienes están unidos a él.6

Esto no significa que las promesas fueran arrebatadas a Israel y entregadas a una entidad gentil. El movimiento es el contrario: las promesas hechas a Israel alcanzan su cumplimiento en el Mesías israelita y desde él incluyen a las naciones.

La relación con Romanos 9–11

Una interpretación de Gálatas 6:16 no debería contradecir la enseñanza de Pablo en Romanos 9–11. Allí el apóstol mantiene varias afirmaciones simultáneas.

Dios no ha rechazado a Israel

Pablo pregunta:

«¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera» (Romanos 11:1).

La existencia de la comunidad mesiánica no demuestra que Dios haya abandonado al pueblo judío. Pablo mismo, como israelita creyente, constituye una prueba de su fidelidad.

Existe un remanente de Israel

Pablo habla de «un remanente escogido por gracia» (Romanos 11:5). Los judíos que creen en Yeshúa no dejan de ser Israel ni pierden su identidad judía. Representan dentro de la comunidad mesiánica la continuidad de Israel con su propio Mesías.7

Los gentiles son injertados

En Romanos 11:17–24, los gentiles son comparados con ramas de olivo silvestre injertadas en un olivo cultivado. No constituyen un árbol independiente ni reemplazan su raíz. Son incorporados y llegan a participar de «la raíz y de la rica savia del olivo».

La imagen armoniza con nuestra interpretación de Gálatas 6:16. Los gentiles participan del pueblo y de las promesas de Israel por medio del Mesías, pero no pueden jactarse contra las ramas naturales.8

Las promesas a Israel permanecen

Pablo declara que Israel sigue siendo amado «por causa de los padres» y que «irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios» (Romanos 11:28–29).

Por tanto, llamar «Israel de Dios» a la comunidad mesiánica no permite concluir que las promesas hechas al Israel histórico hayan sido canceladas. La ampliación mesiánica del pueblo de Dios y la fidelidad permanente de Dios hacia Israel deben sostenerse conjuntamente.9

¿Enseña este pasaje una teología de reemplazo?

No necesariamente. Todo depende de cómo se formule la interpretación.

Sería reemplazo afirmar que Dios rechazó a Israel, entregó sus promesas a una comunidad gentil y convirtió la historia y la vocación de Israel en realidades irrelevantes. Gálatas 6:16 no enseña eso.

Pablo no habla de una comunidad gentil que suplanta a Israel. Habla de una comunidad cuya cabeza es el Mesías de Israel, cuyas Escrituras son las Escrituras de Israel, cuya esperanza procede de los profetas de Israel y cuya herencia está vinculada a Abraham.

Los gentiles no reemplazan a Israel; son incorporados mediante Yeshúa a las bendiciones prometidas. En términos de Efesios 2:11–22, quienes estaban alejados de la ciudadanía de Israel y de los pactos de la promesa han sido acercados y hechos conciudadanos de los santos. En términos de Romanos 11, han sido injertados en el olivo.

Por tanto, es preferible hablar de incorporación mesiánica y no de sustitución. La comunidad se amplía alrededor del Mesías sin convertirse en un pueblo ajeno a Israel.

Unidad sin uniformidad

La unidad de judíos y gentiles no exige eliminar todas sus diferencias. Gálatas 3:28 tampoco elimina la realidad de hombres y mujeres. Lo que elimina es la desigualdad respecto del acceso al Mesías, la justificación y la herencia.

Dentro del «Israel de Dios»:

  • el judío no deja de ser judío;
  • el gentil no necesita convertirse étnicamente en judío;
  • ambos reciben la salvación por la misma gracia;
  • ambos pertenecen al mismo Mesías;
  • ambos participan de una misma esperanza;
  • ninguno puede utilizar su identidad para considerarse espiritualmente superior.

La identidad común en el Mesías es fundamental, mientras que las identidades históricas, étnicas y vocacionales permanecen como realidades subordinadas. No existen dos pueblos redentivamente separados ni dos evangelios diferentes.10

El «Israel de Dios» y la vigencia de la Torá

Esta interpretación no requiere concluir que Pablo abolió la Torá. El argumento de Gálatas se dirige contra la imposición de la circuncisión a los gentiles como condición de justificación y pertenencia, no contra la autoridad de la Torá como revelación de Dios.

Pablo puede afirmar simultáneamente que:

  • nadie es justificado por las obras de la Torá (Gálatas 2:16);
  • la Torá no anuló la promesa hecha anteriormente a Abraham (Gálatas 3:17);
  • toda la Torá encuentra su expresión en el mandamiento de amar al prójimo (Gálatas 5:14);
  • los creyentes deben llevar las cargas unos de otros y cumplir así la «ley del Mesías» (Gálatas 6:2).

La expresión «ley del Mesías» no tiene por qué designar una ley completamente diferente y opuesta a la Torá. Puede entenderse como la instrucción divina interpretada, encarnada y llevada a su propósito por Yeshúa, especialmente mediante el amor sacrificial.

La incorporación de los gentiles tampoco significa que todos los mandamientos se apliquen de manera idéntica a cada miembro de la comunidad. La propia Torá distingue entre sacerdotes, levitas, israelitas, extranjeros, hombres, mujeres y diferentes circunstancias. Su aplicación bajo el Nuevo Pacto debe discernirse a la luz del Mesías y de la enseñanza apostólica.

Por tanto, el «Israel de Dios» no se define por la abolición de la Torá, sino por su centro mesiánico. La obediencia no constituye el medio para entrar en el pueblo de Dios; es la respuesta de quienes han sido recibidos por gracia y viven mediante el Espíritu.11

Objeciones principales

«Pablo siempre utiliza “Israel” para referirse al pueblo judío»

Esta es la objeción más importante. En la mayoría de sus usos, Pablo emplea «Israel» con sentido étnico o histórico. Por eso no debemos afirmar con ligereza que Gálatas 6:16 constituye una excepción.

Sin embargo, una palabra no obtiene su significado exclusivamente mediante la mayoría estadística de sus usos. El contexto puede producir una aplicación singular.

Gálatas ya ha aplicado a los gentiles creyentes las categorías de hijos de Abraham, descendencia, herederos, hijos de la promesa y Jerusalén de arriba. La posibilidad de que Pablo culmine el argumento llamando a la comunidad completa «Israel de Dios» no aparece sin preparación.

El calificativo «de Dios» también puede diferenciar esta expresión de una referencia meramente étnica. No todo Israel según la carne pertenece automáticamente a la comunidad de la nueva creación, del mismo modo que Pablo distingue entre descendencia física e hijos de la promesa en Romanos 9:6–8.

«Traducir kaí como “es decir” es poco común»

El sentido explicativo de kaí es menos frecuente que el simple «y», pero es gramaticalmente posible. Nuestra interpretación, sin embargo, no depende exclusivamente de esta traducción.

Se apoya también en:

  • el contexto completo de Gálatas;
  • el contraste entre circuncisión y nueva creación;
  • la incorporación de los gentiles a la descendencia de Abraham;
  • la identidad de los creyentes como hijos de la promesa;
  • el trasfondo profético de paz y misericordia.

Incluso si se conserva la traducción «y», todavía sería posible entender que Pablo añade una designación enfática para el mismo conjunto, aunque la lectura explicativa expresa mejor esa relación.

«Llamar Israel a los gentiles borra la identidad judía»

Ese peligro existe si la interpretación se formula de manera sustitucionista, pero no es una consecuencia necesaria.

Los gentiles no se convierten en judíos ni pueden apropiarse de la identidad histórica de Israel como si la descendencia física careciera de importancia. Son incorporados al pueblo del pacto mediante el Mesías y participan de sus bendiciones. La unidad espiritual no autoriza a borrar las particularidades históricas.

«Si todos son Israel, las promesas hechas al Israel histórico desaparecen»

Gálatas 6:16 no resuelve por sí solo todas las preguntas acerca del futuro de Israel. Estas deben estudiarse especialmente mediante Romanos 9–11 y los profetas.

La inclusión de los gentiles en el «Israel de Dios» no exige negar la fidelidad de Dios hacia el Israel histórico ni su propósito redentor para el pueblo judío.

Evaluación de las interpretaciones

La interpretación que limita el «Israel de Dios» a los judíos creyentes posee una fortaleza real: respeta el uso habitual de «Israel» en Pablo y reconoce la continuidad del remanente judío. Por eso no debe descartarse como imposible.

La propuesta que identifica la expresión con el Israel no creyente explica la petición de misericordia, pero resulta menos natural llamar «Israel de Dios» a quienes no caminan conforme a la nueva creación, especialmente dentro de una carta que advierte severamente contra quienes distorsionan el evangelio.

La referencia al Israel histórico anterior al Mesías es posible, pero introduce una distinción temporal que el versículo no expresa.

La interpretación de judíos y gentiles unidos en el Mesías explica mejor el desarrollo completo de Gálatas. La carta comienza defendiendo un solo evangelio y termina con una bendición sobre la comunidad de la nueva creación. Entre ambos extremos, Pablo demuestra que quienes pertenecen al Mesías son hijos de Abraham, herederos y miembros de una sola comunidad.

Esta conclusión no depende de negar a Israel, sino de reconocer que las promesas hechas a Israel alcanzan su centro en el Mesías y desde él se extienden a las naciones.

Conclusión

El «Israel de Dios» de Gálatas 6:16 debe entenderse probablemente como la comunidad mesiánica formada por judíos y gentiles que viven conforme a la nueva creación inaugurada por Yeshúa.

Pablo no declara que los gentiles hayan reemplazado al pueblo judío ni que las promesas hechas a Israel hayan quedado anuladas. Enseña que la pertenencia al pueblo redimido ya no puede fundamentarse en la circuncisión o la incircuncisión, sino en la unión con el Mesías.

Por tanto, afirmamos simultáneamente que:

  1. El «Israel de Dios» incluye a judíos y gentiles unidos a Yeshúa.
  2. Los gentiles participan de las promesas sin convertirse étnicamente en judíos.
  3. Los judíos creyentes permanecen vinculados a la identidad y vocación histórica de Israel.
  4. La Iglesia no es un pueblo gentil separado de Israel.
  5. La incorporación de las naciones no significa la sustitución de Israel.
  6. Dios no ha rechazado al pueblo judío.
  7. Los dones y el llamamiento de Dios permanecen irrevocables.
  8. La Torá no ha sido declarada mala ni abolida; debe comprenderse desde su cumplimiento y aplicación mesiánica.
  9. La salvación pertenece únicamente a la gracia de Dios recibida mediante la fe.
  10. Judíos y gentiles forman un solo pueblo redimido sin que desaparezcan todas sus particularidades.

Así, «Israel de Dios» no describe una ruptura absoluta con Israel, sino la ampliación mesiánica del pueblo de Dios. Las promesas de Abraham y la esperanza profética encuentran su centro en Yeshúa y, por medio de él, alcanzan a todos los que pertenecen a la nueva creación.


Bibliografía


  1. «Israel de Dios» aparece solamente en Gálatas 6:16. Por eso no conviene construir toda la relación entre Israel y la Iglesia únicamente sobre esta frase. Su significado debe estudiarse mediante el argumento completo de Gálatas y contrastarse con Romanos 9–11. ↩︎
  2. Pablo no exigía que los judíos abandonaran la circuncisión ni su identidad ancestral. Él mismo continuó identificándose como israelita, descendiente de Abraham y miembro de la tribu de Benjamín (Romanos 11:1). Lo que rechazó fue imponer la circuncisión a los gentiles como condición de justificación y pertenencia plena. ↩︎
  3. La afirmación «no hay judío ni griego» no elimina ambas identidades. Del mismo modo que después de Gálatas 3:28 siguen existiendo hombres y mujeres, también continúan existiendo judíos y gentiles. Lo que desaparece es la desigualdad respecto de la justificación, la herencia y el acceso al Mesías. ↩︎
  4. Cowan identifica «esta regla» con la nueva creación mencionada inmediatamente antes. Quienes participan de la obra renovadora de Dios en el Mesías deben mostrar una vida coherente con ella. Su observación explica la conexión entre Gálatas 6:15 y 6:16 sin resolver todavía a quién designa exactamente la expresión «Israel de Dios».
    Véase Christopher W. Cowan, “Context Is Everything: ‘The Israel of God’ in Galatians 6:16”, Southern Baptist Journal of Theology 14.3 (2010): 78–85, especialmente p. 78. ↩︎
  5. Kaí significa normalmente «y», pero también puede introducir una explicación: «es decir» o «a saber». Ambas traducciones son gramaticalmente posibles en Gálatas 6:16. La gramática permite la interpretación inclusiva, pero no la demuestra por sí sola. La decisión depende principalmente del contexto. ↩︎
  6. . K. Beale relaciona la «paz y misericordia» de Gálatas 6:16 con Isaías 54:10. Este trasfondo favorece la idea de que las promesas hechas a Israel alcanzan en el Mesías una amplitud que incorpora también a las naciones. Véase G. K. Beale, “Peace and Mercy Upon the Israel of God”, Biblica 80 (1999): 204–223. ↩︎
  7. Comprender el «Israel de Dios» como la comunidad de judíos y gentiles no borra el lugar de los judíos creyentes. La presencia de un remanente judío dentro de la comunidad mesiánica muestra que esta no es una entidad gentil que haya ocupado el lugar de Israel. ↩︎
  8. Los gentiles no reciben las promesas porque hayan desplazado a Israel, sino porque han sido unidos al Mesías de Israel. La imagen del injerto exige participación y humildad, no apropiación ni reemplazo. ↩︎
  9. La interpretación inclusiva de Gálatas 6:16 debe permanecer en armonía con Romanos 11:28–29. Dios continúa amando a Israel por causa de los patriarcas. La incorporación de las naciones no cancela su fidelidad histórica hacia Israel. ↩︎
  10. Judíos y gentiles pertenecen al mismo pueblo redimido y reciben la salvación por el mismo Mesías. Esto no obliga a aplicar toda responsabilidad pactual de manera idéntica. La unidad espiritual puede coexistir con particularidades históricas, étnicas y vocacionales. ↩︎
  11. Gálatas no presenta la Torá como una revelación mala o contraria a Dios. Pablo combate su utilización como medio de justificación y la imposición de la circuncisión a los gentiles. La Torá continúa dando testimonio del carácter y del propósito redentor de Dios, pero debe interpretarse desde el Mesías, el Nuevo Pacto y la obra del Espíritu. ↩︎
Daniel López
Daniel López

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad 2 Timoteo 2:15

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2 comentarios

  1. Han hackeado este sitio y están empezando a enviar correos spam con edición random sin sentido y significado será la IA??? De momento tuve que ponerlo como spam

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