Preguntas y Respuestas #10 ¿Debe interpretarse literalmente el oscurecimiento del sol y la caída de las estrellas en Mt 24:29?

¿Anunció Yeshúa alteraciones literales en el universo cuando habló del oscurecimiento del sol y la caída de las estrellas? Este estudio examina Mateo 24:29 desde el lenguaje profético del Tanaj, su relación con la destrucción de Jerusalén en el año 70 y su proyección hacia la consumación futura, sin negar la fidelidad de Dios a Israel.

Las palabras de Yeshúa sobre el sol, la luna y las estrellas se encuentran entre las imágenes más impresionantes y discutidas de Mateo 24. ¿Anuncian alteraciones astronómicas que todavía deben suceder o emplean el lenguaje profético del Tanaj para describir un juicio histórico? La respuesta exige leer el versículo dentro del discurso completo y, sobre todo, reconocer las Escrituras que Yeshúa está evocando.

Respuesta breve

Mateo 24:29 no debe interpretarse, en primer lugar, como una descripción científica de la desaparición del sol, la pérdida de luz de la luna y la caída de cuerpos estelares sobre la tierra. Yeshúa emplea el lenguaje cósmico de los profetas de Israel: una forma solemne de representar la irrupción del juicio divino, el derrumbe de un orden histórico y la humillación de poderes que parecían inconmovibles.

El contexto inmediato sitúa estas palabras después de la tribulación asociada con Jerusalén y su templo. Por eso, la interpretación más probable entiende el versículo como una descripción profética de la catástrofe del año 70 d. C. y de su significado teológico. Las imágenes son simbólicas, pero el acontecimiento al que se refieren fue completamente real.

Esto no niega la futura venida visible y corporal de Yeshúa, la resurrección de los muertos ni el juicio final. Tampoco significa que Dios haya rechazado a Israel o que la Iglesia haya ocupado su lugar. Mateo 24:29 posee un horizonte histórico concreto y, a la vez, participa de un lenguaje bíblico que anticipa la consumación final de la nueva creación.1

¿Por qué plantea una dificultad Mateo 24:29?

Yeshúa declara:

«El sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo» (Mateo 24:29).

Si estas palabras se aíslan del discurso y se leen con las categorías de un informe astronómico moderno, parecen describir el colapso físico del universo. Sin embargo, Yeshúa no pronunció la frase en un vacío literario. Sus palabras están formadas por imágenes tomadas de Isaías y de otros profetas, donde el oscurecimiento de los astros acompaña la caída de ciudades, reinos y autoridades dentro de la historia.

Por eso conviene distinguir dos sentidos de la palabra literal:

  1. El sentido literario o pretendido por el autor: aquello que el texto procura afirmar, teniendo en cuenta su género, contexto e imágenes.
  2. Una lectura físicamente literalista: la suposición de que cada elemento de la imagen debe corresponder a un fenómeno astronómico observable.

Una metáfora pertenece al sentido literal de un texto cuando es precisamente el medio elegido por el autor para comunicar su mensaje. Decir que Mateo 24:29 emplea lenguaje simbólico no debilita su autoridad ni espiritualiza el acontecimiento; busca leer la imagen como la habría entendido una audiencia formada por el lenguaje del Tanaj.

¿Qué aporta el contexto de Mateo 23–24?

El discurso comienza con Jerusalén y el templo

El contexto no empieza en Mateo 24:29, sino al final del capítulo anterior. Yeshúa anuncia juicio sobre la dirigencia de Jerusalén, declara que «todas estas cosas» vendrán sobre «esta generación» y lamenta la resistencia de la ciudad (Mateo 23:34–39). Al salir del templo, sus discípulos le muestran sus edificios. Yeshúa responde que no quedará piedra sobre piedra y los discípulos le preguntan cuándo sucederán esas cosas (Mateo 24:1–3).

El discurso nace, por tanto, de un anuncio específico: la destrucción del templo. Las advertencias posteriores sobre falsos mesías, persecución, profanación, huida de Judea y gran tribulación desarrollan ese marco (Mateo 24:4–28). El paralelo de Lucas lo hace todavía más explícito: cuando Jerusalén sea rodeada por ejércitos, sus habitantes deberán huir, porque habrán llegado días de retribución (Lucas 21:20–24).

«Inmediatamente después»

Mateo introduce el versículo 29 con las palabras euthéōs dè metà tēn thlípsin tōn hēmerōn ekeínōn: «inmediatamente después de la tribulación de aquellos días». El adverbio εὐθέως (euthéōs, «inmediatamente») enlaza estrechamente la escena cósmica con la tribulación que acaba de describirse. No demuestra por sí solo toda la interpretación, pero dificulta separar el versículo de su contexto anterior y trasladarlo, sin explicación, a un acontecimiento miles de años posterior.

Además, Yeshúa afirma poco después: «No pasará esta generación hasta que todo esto acontezca» (Mateo 24:34). La identidad de «esta generación» merece un estudio independiente; aquí basta observar que tanto la apertura como el cierre de esta unidad literaria dirigen la atención hacia el horizonte de los oyentes de Yeshúa.2

¿Qué aporta el texto griego de Mateo 24:29?

La segunda parte del versículo contiene tres verbos futuros pasivos:

  • σκοτισθήσεται (skotisthḗsetai): «será oscurecido»;
  • πεσοῦνται (pesoûntai): «caerán»;
  • σαλευθήσονται (saleuthḗsontai): «serán sacudidas».

El sol será oscurecido, las estrellas caerán y «las potencias de los cielos» serán sacudidas. La expresión αἱ δυνάμεις τῶν οὐρανῶν puede referirse al conjunto de las fuerzas o cuerpos celestes. No es necesario convertir cada sustantivo en una equivalencia rígida —por ejemplo, sol igual a rey, luna igual a sacerdocio y estrellas igual a gobernantes—. El cuadro funciona como una totalidad: aquello que parecía estable, luminoso y ordenado es conmocionado por la intervención judicial de Dios.

Charles L. Quarles describe Mateo 24:29 como una «conflación y reformulación de varios textos del Antiguo Testamento», especialmente Isaías 13:10 e Isaías 34:4.3 Esta observación es decisiva: antes de preguntar cómo puede caer una estrella físicamente, debemos preguntar qué significaban esas mismas imágenes en los pasajes que Yeshúa reunió.4

¿Cómo emplea el Tanaj este lenguaje cósmico?

Los paralelos principales muestran que el lenguaje cósmico podía describir juicios históricos sobre pueblos identificables:

PasajeDestinatario históricoImagen cósmicaFunción profética
Isaías 13:1, 9–19Babilonia; los medos son nombradosSol, luna y estrellas dejan de alumbrarCaída de un imperio bajo el día de YHWH
Isaías 34:4–5EdomEl ejército de los cielos se disuelve y caeJuicio nacional descrito como colapso cósmico
Ezequiel 32:2, 7–12Faraón y EgiptoAstros cubiertos; sol y luna oscurecidosDerrota de Egipto por medio de Babilonia
Jeremías 4:23–28Judá y JerusalénLa tierra vuelve al caos; cielos sin luzInvasión presentada como inversión de la creación
Amós 8:7–10Reino del norteEl sol se pone al mediodíaDía de duelo y juicio dentro de la historia
Joel 2:10–11, 30–32Día de YHWH y salvación del remanenteSol, luna y cielos se estremecenTeofanía judicial con alcance histórico y escatológico

Isaías 13: la caída de Babilonia

Isaías 13 anuncia «la carga de Babilonia» y presenta su caída como el día de YHWH. Las estrellas no alumbran, el sol se oscurece y la luna pierde su luz. Sin embargo, el mismo oráculo identifica a los medos como instrumento del juicio y compara la ruina de Babilonia con Sodoma y Gomorra (Isaías 13:17–19).

El texto no obliga a pensar que el sistema solar sufrió una transformación física cuando cayó Babilonia. El oscurecimiento cósmico comunica que el mundo de Babilonia —su soberanía, estabilidad, gloria y pretensión de permanencia— llegaba a su fin bajo la sentencia de Dios. Mateo retoma casi directamente esta descripción.

Isaías 34: los cielos enrollados sobre Edom

Isaías 34:4 describe los cielos enrollándose y su ejército cayendo como hojas. El versículo siguiente identifica el destino de la espada divina: Edom. La imagen posee grandeza universal, pero su referente inmediato es un juicio histórico y nacional.

Este pasaje aporta a Mateo 24:29 tanto la caída de los astros como el sacudimiento de los cielos. La escala de la metáfora expresa la importancia teológica del acontecimiento, no necesariamente su extensión astronómica.

Ezequiel 32: Egipto pierde su luz

En la lamentación por Faraón, Dios anuncia que cubrirá el cielo, oscurecerá las estrellas, cubrirá el sol con nubes y hará que la luna no resplandezca (Ezequiel 32:2, 7–8). El propio oráculo explica después el medio histórico del juicio: la espada del rey de Babilonia (Ezequiel 32:11–12).

Una potencia que se consideraba luminosa y permanente quedaría sumida en tinieblas. La imagen no resta realidad a la derrota de Egipto; interpreta su significado desde la soberanía de Dios.

Jeremías 4: la creación retorna al caos

Jeremías 4:23–28 utiliza un lenguaje todavía más radical. El profeta contempla la tierra «desordenada y vacía», una expresión que recuerda Génesis 1:2; los cielos carecen de luz, las montañas tiemblan, no hay seres humanos y las ciudades están destruidas. No está narrando el fin material del planeta, sino la devastación de Judá y Jerusalén como una inversión de la obra creadora.

De aquí procede la categoría de descreación: cuando Dios juzga una sociedad, los profetas pueden describir la pérdida de su orden como si el mundo regresara al caos anterior a la creación.

Amós y Joel: el día de YHWH

Amós anuncia que el sol se pondrá al mediodía durante el juicio sobre Israel (Amós 8:9). Joel, por su parte, combina el temblor de los cielos, el oscurecimiento de los astros, el derramamiento del Espíritu y la salvación de quienes invoquen el nombre de YHWH (Joel 2:10–11, 28–32). Pedro aplica parte de ese lenguaje a los acontecimientos de Pentecostés y a la etapa mesiánica inaugurada por Yeshúa (Hechos 2:16–21).

Estos textos muestran que el «día de YHWH» puede irrumpir anticipadamente en juicios históricos sin agotar el día final. El patrón histórico puede, por tanto, poseer una profundidad escatológica sin que cada uso de la imagen tenga que referirse directamente al fin físico del cosmos.

Génesis 37: una analogía complementaria

En el sueño de José, el sol, la luna y once estrellas representan a miembros de su familia (Génesis 37:9–10). Este relato no constituye el trasfondo verbal principal de Mateo 24:29, pero confirma que un lector bíblico no debía asumir que toda referencia al sol, la luna y las estrellas era necesariamente astronómica. Los cuerpos celestes podían representar un orden humano establecido.

¿Qué significa que este sea un lenguaje de «descreación»?

Los profetas presentan a Dios como Creador y Rey. Él establece luces, separa ámbitos y ordena el mundo (Génesis 1:14–18); cuando juzga, ese orden puede ser descrito como sacudido, oscurecido o deshecho. No significa que el juicio carezca de realidad. Significa que una nación experimenta el fin del mundo tal como lo conocía.

En Mateo 24, la destrucción del templo tuvo esa magnitud para el judaísmo del Segundo Templo. El santuario era el centro visible del culto sacrificial, de las peregrinaciones y de buena parte de la vida nacional. Su caída no fue un incidente arquitectónico, sino una conmoción histórica y religiosa. El lenguaje de descreación expresa esa dimensión.

Sin embargo, debe evitarse una identificación demasiado mecánica. Mateo no dice explícitamente que el sol sea el templo, que la luna sea el sacerdocio o que cada estrella sea una autoridad determinada. El objetivo de la imagen es más amplio: el juicio de Dios sacude el orden que rodea a Jerusalén y manifiesta que la autoridad última pertenece al Mesías.5

¿Qué relación tiene el pasaje con el año 70 d. C.?

Entre los años 66 y 70 d. C., la revuelta judía contra Roma culminó con el asedio de Jerusalén y la destrucción del templo por las fuerzas de Tito. Flavio Josefo describe el incendio del santuario y la devastación que acompañó la toma de la ciudad (Guerra de los judíos 6.249–266, 403–434).6 El testimonio de Josefo no demuestra por sí mismo cómo debe interpretarse Mateo, pero confirma que la generación apostólica presenció una catástrofe del tipo anunciado al comienzo del discurso.

La propuesta histórico-profética no busca localizar en el relato de Josefo un eclipse exacto, una lluvia de meteoros o estrellas cayendo sobre Judea. Sostiene que la ruina de Jerusalén fue el acontecimiento real y que Mateo 24:29 comunica su significado mediante el vocabulario tradicional del día de YHWH.

Esta lectura también explica la urgencia práctica de las palabras de Yeshúa. Los discípulos debían reconocer señales, evitar el engaño y huir de Judea (Mateo 24:15–18). Tales instrucciones tienen sentido ante una crisis histórica cercana; resultarían extrañas si todo el pasaje describiera únicamente la desintegración final del universo.

¿Cuáles son las principales interpretaciones?

1. Interpretación físico-astronómica y futurista

Esta postura entiende que el sol y la luna perderán literalmente su luz y que las estrellas —o fenómenos celestes semejantes— caerán durante una tribulación todavía futura, poco antes del retorno de Yeshúa. Sus defensores señalan la intensidad universal del lenguaje, la secuencia con Mateo 24:30–31 y otros pasajes escatológicos como Apocalipsis 6:12–14.

Su fortaleza consiste en tomar en serio la esperanza futura y la dimensión cósmica de la redención.7 Su principal dificultad es que suele leer las imágenes sin conceder suficiente peso a sus precedentes proféticos, a la pregunta sobre el templo, al «inmediatamente» del versículo 29 y al horizonte de «esta generación».

2. Interpretación histórico-profética o preterista parcial

Esta lectura entiende el lenguaje cósmico como una descripción profética de la caída de Jerusalén y del templo en el año 70 d. C. El adjetivo preterista indica aquí que esta parte de la profecía tuvo un cumplimiento pasado; parcial aclara que la venida corporal de Yeshúa, la resurrección general y el juicio fina8l permanecen futuros.

Su fortaleza es la integración del contexto de Mateo con el uso del Tanaj. También respeta la proximidad temporal expresada por el discurso. Su riesgo aparece cuando algunos intérpretes extienden esta conclusión a todas las profecías del Nuevo Testamento o hablan del juicio de Jerusalén como si implicara el abandono definitivo de Israel.

3. Interpretación tipológica o de horizonte progresivo

Esta postura reconoce el año 70 d. C. como referente primero y decisivo, pero considera que el juicio histórico funciona como anticipo del juicio final y de la renovación de todas las cosas. No propone necesariamente dos cumplimientos idénticos del mismo versículo. Afirma, más bien, que el vocabulario del día de YHWH conecta los actos históricos de juicio con la consumación hacia la que apunta la historia bíblica.9

Esta formulación conserva el arraigo del texto en el siglo I y reconoce que la nueva creación inaugurada en el Mesías todavía espera su manifestación plena (Romanos 8:18–25; Apocalipsis 21:1–5). Su peligro sería convertir esa resonancia tipológica en una excusa para borrar el referente histórico concreto.

¿Qué interpretación explica mejor el texto?

La lectura histórico-profética ofrece la explicación más coherente por cinco razones acumulativas.

1. Respeta el punto de partida del discurso

Yeshúa responde a una pregunta provocada por su anuncio de la destrucción del templo. Una interpretación que desplaza el versículo 29 enteramente fuera de ese horizonte debe explicar por qué el discurso habría cambiado de asunto sin una transición inequívoca.

2. Toma en serio la secuencia temporal

«Inmediatamente después» vincula la imagen con la tribulación precedente. El valor normal de εὐθέως favorece la continuidad, no una brecha cronológica indefinida.

3. Reconoce las citas y alusiones del Tanaj

Las expresiones no fueron inventadas por Mateo. Proceden de oráculos contra Babilonia, Edom, Egipto, Samaria, Judá y Jerusalén. En esos pasajes, el lenguaje cósmico comunica juicio histórico. Esa evidencia no demuestra que toda imagen celeste de la Biblia sea figurada, pero establece una presunción interpretativa fuerte para este texto compuesto de sus ecos.

4. Explica la magnitud teológica del año 70

La destrucción del templo alteró radicalmente el paisaje cultual y nacional del judaísmo del Segundo Templo. La imagen de descreación corresponde a la gravedad del acontecimiento sin exigir la desintegración física del universo.

5. Permite conservar la esperanza escatológica completa

El Nuevo Testamento enseña que Yeshúa volverá de manera visible (Hechos 1:9–11), que los muertos resucitarán (1 Corintios 15:20–28; 15:51–55) y que los creyentes estarán con el Señor (1 Tesalonicenses 4:13–18). Reconocer un juicio histórico en Mateo 24:29 no obliga a trasladar esas esperanzas al pasado.

La conclusión más equilibrada es, por tanto, que el versículo describe primariamente el juicio de Jerusalén en lenguaje profético-cósmico. Ese juicio participa del patrón del día de YHWH y puede anticipar la consumación final, pero no debe confundirse con ella ni utilizarse para negar acontecimientos futuros enseñados claramente en otros textos.

¿Qué no significa esta interpretación?

No significa que nada sucediera

El simbolismo no convierte la profecía en una experiencia interior o en una abstracción. Jerusalén fue sitiada, el templo fue destruido y una etapa histórica llegó violentamente a su fin.

No significa que toda profecía cósmica sea siempre figurada

El género, el contexto y los intertextos deben decidir cada caso. La Biblia anuncia una renovación real de la creación; no se puede usar Mateo 24:29 como llave universal para desmaterializar toda escatología.

No significa preterismo total

El preterismo total sostiene que incluso la venida final, la resurrección general y el juicio definitivo ya ocurrieron. Esa conclusión contradice la expectativa apostólica de una resurrección corporal y una consumación futura. La interpretación propuesta aquí es histórica y preterista solo con respecto al referente primario de este versículo.

No significa que Israel fuera reemplazado, sino que su identidad pactual quedó definida en torno al Mesías

La destrucción de Jerusalén y del templo no significó que Dios abandonara a Israel para escoger en su lugar a un pueblo gentil completamente diferente. Estos acontecimientos marcaron, más bien, un punto decisivo en la historia del pueblo del pacto: confirmaron públicamente que las promesas, la pertenencia al pueblo de Dios y el acceso a las bendiciones del Nuevo Pacto debían entenderse a partir de la relación con el Mesías de Israel.

Este cambio no comenzó propiamente en el año 70 d. C. Había sido inaugurado por la muerte, resurrección y entronización de Yeshúa, así como por el derramamiento del Espíritu. La destrucción del templo confirmó históricamente que el orden centrado en el santuario había llegado a una crisis definitiva y que el Mesías resucitado era ahora el centro de la comunidad del pacto. La pertenencia al pueblo de Dios ya no podía presumirse únicamente por la descendencia física, la posesión del templo o la identificación externa con Israel, sino que debía manifestarse mediante la fe y la fidelidad al Mesías.

Esto no elimina la identidad histórica de Israel ni convierte a los gentiles en sustitutos del pueblo judío. El Nuevo Testamento presenta una ampliación mesiánica del pueblo del pacto. El remanente judío que cree en Yeshúa permanece dentro del pueblo de Dios, mientras que los gentiles creyentes son acercados, hechos conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:11–22). De esta manera, judíos y gentiles unidos al Mesías participan de la descendencia de Abraham y de las promesas del pacto (Gálatas 3:26–29).

La imagen del olivo en Romanos 11:16–24 expresa esta realidad con especial claridad. Pablo no describe la plantación de un nuevo árbol gentil que sustituya a Israel. Existe un solo olivo, sostenido por la raíz de las promesas patriarcales. Algunas ramas naturales fueron desgajadas a causa de la incredulidad, mientras que ramas procedentes del olivo silvestre fueron injertadas mediante la fe. Los gentiles no reemplazan al árbol ni se convierten en su raíz; son incorporados a una historia, unas promesas y un pueblo que los preceden.

La advertencia de Pablo se dirige, además, a todos. Las ramas naturales no permanecen solamente por su origen étnico, y las ramas injertadas tampoco deben presumir de una seguridad independiente de la fe. Los judíos que rechazan al Mesías corren el riesgo de ser desgajados por su incredulidad; pero los gentiles creyentes también pueden ser cortados si abandonan la fe y dejan de permanecer en la bondad de Dios (Romanos 11:20–22). La pertenencia al pueblo del pacto no constituye, por tanto, un privilegio del que judíos o gentiles puedan apropiarse al margen del Mesías.

Al mismo tiempo, el desgajamiento de las ramas naturales no es necesariamente definitivo. Pablo afirma que Dios tiene poder para injertarlas nuevamente si no permanecen en incredulidad (Romanos 11:23–24). Por eso, el juicio del año 70 no debe interpretarse como la cancelación de las promesas hechas a Israel. Los israelitas continúan siendo amados por causa de los patriarcas, porque «irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios» (Romanos 11:28–29).

En este sentido, aquellos acontecimientos señalaron la transición decisiva hacia la manifestación histórica del pueblo mesiánico: un solo pueblo del pacto formado por judíos y gentiles unidos a Yeshúa. Las distinciones históricas y étnicas no desaparecen, pero ya no determinan dos pueblos redentores separados ni dos caminos de salvación. Tanto el judío como el gentil permanecen únicamente por la fe y participan de las promesas mediante su unión con el Mesías.10

Objeciones frecuentes

«Si las estrellas no son estrellas físicas, ¿no estamos cambiando el significado natural?»

No, porque el significado natural de una imagen depende de su uso literario. Cuando Isaías anuncia que las estrellas se oscurecen en un oráculo contra Babilonia, el lector informado reconoce una metáfora profética de juicio. Mateo reutiliza esa red de imágenes; leerla según su fuente es más natural que imponerle un género científico ajeno.

«¿Por qué emplear un lenguaje tan universal para un acontecimiento local?»

Porque Jerusalén y el templo poseían una importancia teológica que excedía su tamaño geográfico. Además, los profetas describían habitualmente la caída de reinos como un estremecimiento del cosmos. La escala verbal declara quién gobierna la historia: cuando Dios juzga, hasta los poderes más firmes pierden su luz.

«¿No podría haberse cumplido en el año 70 y volver a cumplirse literalmente al final?»

Es posible reconocer una relación tipológica con el juicio final, pero debe evitarse afirmar un segundo cumplimiento idéntico sin indicación textual. Es más preciso decir que el año 70 pertenece al patrón bíblico del día de YHWH y anticipa la consumación. La futura esperanza cristiana descansa en textos explícitos sobre la venida y la resurrección, no en la necesidad de repetir físicamente cada metáfora de Mateo 24:29.

«¿La oscuridad durante la crucifixión demuestra que aquí también debe ser física?»

Mateo 27:45 narra una oscuridad concreta durante la crucifixión. Pero el hecho de que una imagen pueda coincidir en otro contexto con un fenómeno físico no determina automáticamente su función en Mateo 24. Cada pasaje debe leerse según su propia sintaxis, contexto e intertextos.

«¿Esta lectura minimiza el fin futuro?»

No. Distinguir el juicio del año 70 de la consumación permite que cada texto hable con su propio énfasis. Mateo 24:29 interpreta una crisis histórica mediante el lenguaje del día de YHWH; otros pasajes enseñan expresamente la resurrección, el juicio final y la renovación de la creación.

Conclusión: ¿cómo debemos leer Mateo 24:29?

El oscurecimiento del sol, la pérdida de luz de la luna, la caída de las estrellas y el sacudimiento de los cielos en Mateo 24:29 deben entenderse primariamente como lenguaje profético de descreación. Yeshúa reúne imágenes de Isaías y de otros profetas para declarar que el juicio de Dios sobre Jerusalén y el templo sería tan decisivo que podría describirse como el colapso de un mundo.

La lectura no es «menos literal» si por literal entendemos el sentido que Yeshúa quiso comunicar. Es una lectura sensible al género, al Tanaj, al contexto del discurso y al horizonte temporal de sus primeros oyentes. Las imágenes son simbólicas; la devastación del año 70 y la vindicación de la palabra de Yeshúa fueron históricas.

Al mismo tiempo, aquel juicio no agotó la esperanza bíblica. Yeshúa todavía ha de manifestarse plenamente, los muertos resucitarán y la creación será liberada. Tampoco significó la eliminación de Israel: Dios permanece fiel a sus promesas y reúne en el Mesías a judíos y gentiles. Así, Mateo 24:29 puede leerse con toda su fuerza histórica sin perder su profundidad mesiánica ni la esperanza de la nueva creación.


Bibliografía

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  • Quarles, Charles L. Matthew. Exegetical Guide to the Greek New Testament. Nashville: B&H Academic, 2017.
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  • Wright, N. T. Jesus and the Victory of God. Christian Origins and the Question of God 2. Minneapolis: Fortress Press, 1996.

  1. En la profecía bíblica, una imagen puede ser figurada y, al mismo tiempo, comunicar un acto real de Dios. La pregunta correcta no es si el texto es «verdadero o simbólico», sino qué realidad histórica y teológica expresa mediante sus símbolos. ↩︎
  2. Nota editorial- Este artículo se concentra en la imagen del versículo 29. La «señal del Hijo del Hombre», su venida sobre las nubes, la reunión de los escogidos y el sentido detallado de «esta generación» requieren estudios propios. Solo se mencionan aquí cuando ayudan a determinar el marco de la imagen cósmica. ↩︎
  3. Charles L. Quarles, Matthew, Exegetical Guide to the Greek New Testament (Nashville: B&H Academic, 2017), 288. Quarles identifica especialmente Isaías 13:10 e Isaías 34:4. Las traducciones de expresiones académicas inglesas en este artículo son nuestras. ↩︎
  4. El simbolismo profético no funciona como un diccionario en el que cada astro siempre representa a la misma persona o institución. El contexto identifica el objeto del juicio; el conjunto de la imagen comunica la desintegración de un mundo político, cultual o social bajo el juicio de Dios. ↩︎
  5. Reconocer que la destrucción del templo cerró una etapa histórica no equivale a afirmar que la Torá dejó de ser revelación divina. El texto trata del juicio sobre Jerusalén y el santuario, no de la abolición de la instrucción de Dios. La Torá debe leerse desde la obra del Mesías y la realidad del Nuevo Pacto. ↩︎
  6. Flavio Josefo, Guerra de los judíos 6.249–266, 403–434. Puede consultarse una traducción inglesa de dominio público del libro 6. ↩︎
  7. Entre los comentaristas que relacionan Mateo 24:29–31 con la futura venida de Yeshúa existen distintos grados de literalidad. Stanley Toussaint y John Walvoord representan la lectura más claramente físico-astronómica: esperan perturbaciones reales en el sol, la luna y los cuerpos celestes inmediatamente antes del retorno del Mesías. David Turner, D. A. Carson, Michael Wilkins y Donald Hagner también sitúan el pasaje en la futura parusía, pero reconocen que Yeshúa expresa esos acontecimientos mediante el lenguaje profético y apocalíptico del Tanaj. Por tanto, no todos los futuristas deben describirse como literalistas estrictos, aunque todos ellos entienden que el referente principal de la escena todavía es futuro. ↩︎
  8. Entre los principales defensores de esta interpretación se encuentran Kenneth Gentry, R. C. Sproul, J. Marcellus Kik, Gary DeMar y David Chilton, quienes se identifican de manera más explícita con el preterismo parcial. R. T. France y N. T. Wright llegan a conclusiones semejantes mediante el análisis del lenguaje profético del Tanaj y del contexto histórico del siglo I, aunque no siempre utilizan la etiqueta «preterista». Estos autores entienden que el oscurecimiento de los astros en Mateo 24:29 describe, primariamente, el juicio de Dios sobre Jerusalén y el templo en el año 70 d. C. Sin embargo, a diferencia del preterismo total, continúan afirmando una futura manifestación de Yeshúa, la resurrección corporal y el juicio final.¹¹
    La coincidencia exegética de estos intérpretes no significa que compartan la misma postura sobre Israel, la Iglesia o la Torá. La lectura histórico-profética de Mateo 24:29 puede sostenerse sin aceptar formulaciones que presenten el juicio del año 70 como el rechazo definitivo de Israel o como una transferencia absoluta de sus promesas a la Iglesia. ↩︎
  9. La interpretación tipológica o de horizonte progresivo no constituye una escuela completamente uniforme. Autores como Craig Keener, G. R. Beasley-Murray, George Eldon Ladd, Grant Osborne, David Turner y Michael Wilkins reconocen que el discurso de Yeshúa puede relacionar una crisis histórica cercana con la consumación escatológica. La destrucción de Jerusalén y del templo en el año 70 d. C. funciona, desde esta perspectiva, como una manifestación histórica del día de YHWH y como anticipación del juicio final y de la renovación de la creación. Esto no significa necesariamente que Mateo 24:29 posea dos cumplimientos idénticos. Algunos de estos comentaristas consideran que el discurso entrelaza acontecimientos cercanos y futuros; otros entienden que la caída de Jerusalén establece un patrón tipológico que alcanzará su consumación en la futura venida de Yeshúa. David Turner denomina su enfoque «preterista-futurista»: reconoce el trasfondo del año 70, pero sitúa los versículos 29–31 en la parusía futura. Michael Wilkins adopta una posición semejante, aunque concede que la destrucción de Jerusalén permanece en el trasfondo de las palabras de Yeshúa. Esta lectura permite reconocer la importancia histórica del año 70 sin afirmar que aquel acontecimiento agotó toda la esperanza escatológica. También evita interpretar el juicio sobre Jerusalén como el rechazo definitivo de Israel: los juicios históricos de Dios anticipan la consumación, pero no anulan la fidelidad de sus promesas ni la futura redención de la creación. ↩︎
  10. El año 70 no representa la sustitución de Israel por una Iglesia gentil, sino la confirmación histórica de que el pueblo del pacto se define alrededor del Mesías. Los judíos creyentes permanecen como ramas naturales; los gentiles creyentes son injertados y participan de la misma raíz. La incredulidad puede conducir al desgajamiento de cualquier rama, mientras que la fe permite la restauración y el nuevo injerto. Nadie puede gloriarse contra las demás ramas: todas dependen de la raíz y de la misericordia de Dios (Romanos 11:17–24). ↩︎
Daniel López
Daniel López

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad 2 Timoteo 2:15

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