¿Se contradicen las genealogías de Yeshúa en Mateo y Lucas?

Las genealogías de Yeshúa en Mateo y Lucas no son simples listas de antepasados. Cada evangelista organiza la historia con un propósito particular: Mateo presenta al Mesías como hijo de Abraham y heredero de David, mientras Lucas remonta su ascendencia hasta Adán y destaca el alcance universal de su misión. Este estudio examina sus diferencias, su relación con José y María, el nacimiento virginal, los tres grupos de catorce y las principales propuestas para explicar ambas genealogías desde su contexto bíblico y judío.

Las genealogías de Yeshúa registradas en Mateo 1:1–17 y Lucas 3:23–38 presentan semejanzas fundamentales, pero también diferencias evidentes. Ambas relacionan a Yeshúa con Abraham y David, mencionan a José y sitúan al Mesías dentro de la historia de Israel. Sin embargo, Mateo comienza con Abraham y avanza hasta Yeshúa, mientras que Lucas parte de Yeshúa y retrocede hasta Adán y Dios. Mateo sigue la línea de David mediante Salomón; Lucas lo hace mediante Natán. Mateo dice que Jacob engendró a José, mientras que Lucas relaciona a José con Elí.

Estas diferencias han generado diversas explicaciones. Algunos sostienen que Mateo presenta la genealogía de José y Lucas la de María. Otros entienden que ambas corresponden a José, pero que una registra su ascendencia biológica y la otra una línea legal o dinástica. También se ha propuesto una relación de matrimonio levirático, mientras que algunos investigadores consideran que las listas fueron organizadas principalmente según los propósitos teológicos de cada evangelista.

Para responder adecuadamente no debemos comenzar imponiendo una armonización. Examinaremos primero lo que cada genealogía afirma dentro de su propio Evangelio, después compararemos sus diferencias y finalmente evaluaremos las principales interpretaciones.

Respuesta breve

Mateo y Lucas emplean sus genealogías para proclamar que Yeshúa pertenece verdaderamente a la historia de Israel y que en él convergen las promesas relacionadas con Abraham y David.

Mateo destaca especialmente la identidad real y davídica del Mesías. Organiza la historia desde Abraham hasta David, desde David hasta el exilio y desde el exilio hasta Yeshúa. Aunque José no engendró físicamente a Yeshúa, desempeña una función decisiva al recibir a María, dar nombre al niño y reconocerlo públicamente dentro de su casa davídica.

Lucas presenta una perspectiva complementaria. Su genealogía retrocede desde Yeshúa hasta David y Abraham, pero no se detiene allí: continúa hasta «Adán, hijo de Dios». De este modo, Yeshúa aparece como el Mesías de Israel cuya misión alcanza también a toda la humanidad.

Las diferencias entre ambas listas no deben negarse. Existen explicaciones posibles, pero los Evangelios no proporcionan toda la información necesaria para reconstruir con certeza cada relación familiar. En particular, la hipótesis de que Lucas presenta la genealogía de María puede considerarse, pero Lucas no lo afirma expresamente.

Principales textos bíblicos

El estudio debe considerar, además de Mateo 1:1–25 y Lucas 3:23–38, los siguientes pasajes:

La función de las genealogías en el mundo bíblico

En el mundo bíblico, una genealogía no tenía como única finalidad registrar cada generación de una familia. También podía establecer identidad, pertenencia tribal, derechos hereditarios, continuidad dinástica o legitimidad para desempeñar determinadas funciones.

La distribución de la tierra estaba relacionada con las tribus y familias de Israel (Números 26:52–56). La conservación de la heredad exigía mantener una relación reconocible entre las familias y sus tribus (Números 36:7–9). Después del exilio, algunos hombres que afirmaban pertenecer al sacerdocio fueron apartados porque no pudieron encontrar sus registros genealógicos (Esdras 2:61–63).

Las genealogías de 1 Crónicas 1–9 relacionan a la comunidad posterior al exilio con la historia precedente de Israel. No son solamente listas familiares: expresan la continuidad del pueblo, de las tribus, del sacerdocio y de la casa de David después de una catástrofe nacional.

Por tanto, las genealogías bíblicas podían ser históricas y teológicas al mismo tiempo. 1Podían conservar nombres y líneas familiares reales, pero también seleccionar, abreviar y organizar la información para destacar una identidad, una vocación o una promesa.2

David R. Bauer señala que, aunque existieron registros ancestrales en otras sociedades del antiguo Oriente Próximo y del mundo grecorromano, las genealogías extensas aparecen especialmente en la literatura hebrea y judía. El Tanaj contiene aproximadamente veinticinco genealogías.

Estas listas podían ser selectivas. No necesitaban mencionar cada generación intermedia para relacionar correctamente a un antepasado con uno de sus descendientes. Por eso, la omisión de nombres no equivale necesariamente a un error ni convierte una genealogía en ficticia. Su finalidad podía ser histórica y, al mismo tiempo, literaria y teológica.

La genealogía de Mateo

Mateo coloca la genealogía al comienzo de su Evangelio:

«Libro de la genealogía de Yeshúa el Mesías, hijo de David, hijo de Abraham» (Mateo 1:1).

Este versículo funciona como una declaración programática. Antes de narrar las palabras o acciones de Yeshúa, Mateo explica quién es y dentro de qué historia debe ser comprendido. Los títulos «Mesías», «hijo de David» e «hijo de Abraham» anticipan los principales temas de la genealogía.

El sustantivo griego genealogía (γενεαλογία) no aparece en los Evangelios. En el Nuevo Testamento solamente se encuentra en 1 Timoteo 1:4⁠ y Tito 3:9⁠, donde se reprueban ciertas especulaciones genealógicas.

Estas advertencias no están dirigidas contra las genealogías de Yeshúa. Probablemente se refieren al uso especulativo de los patriarcas y de sus descendientes para construir enseñanzas ajenas al mensaje apostólico.

El significado de biblos geneseōs

La expresión griega biblos geneseōs (βίβλος γενέσεως) puede traducirse como «libro de la genealogía», «registro del origen» o «relato del origen». En la Septuaginta aparece una expresión semejante en Génesis 2:4 y Génesis 5:1.

Esta correspondencia ha llevado a numerosos intérpretes a considerar que Mateo está evocando deliberadamente el libro de Génesis. La llegada del Mesías pertenece a la historia anterior de Israel, pero también introduce una nueva etapa dentro de la obra creadora y redentora de Dios.

También resulta significativo que Mateo identifique la lista como la genealogía de Yeshúa. Las genealogías del Tanaj normalmente reciben su nombre a partir del antepasado del que procede una familia. Aquí sucede algo diferente. Como observa Bauer, «los progenitores cobran sentido e importancia por su descendiente, Jesucristo». No solamente Yeshúa recibe identidad de Abraham y David; la historia de Abraham, David, el reino y el exilio encuentra su culminación interpretativa en Yeshúa.

No obstante, debe mantenerse cierta cautela. La expresión puede encabezar específicamente la genealogía de Mateo 1:2–17, abarcar los relatos de los capítulos 1–2 o funcionar como una introducción más amplia. La relación con Génesis es significativa, aunque Mateo no explica expresamente hasta dónde se extiende el encabezamiento.3

Hijo de Abraham

Mateo comienza con Abraham porque la historia del Mesías está arraigada en las promesas del pacto. Dios había declarado:

«Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra» (Génesis 12:3).

La genealogía afirma que Yeshúa no puede comprenderse separado de Israel. Es descendiente de Abraham y heredero de una historia pactual concreta. Al mismo tiempo, la promesa abrahámica contenía desde el principio una orientación hacia las naciones.

Este movimiento reaparece al final de Mateo. El Evangelio comienza con Yeshúa como hijo de Abraham y concluye con el Mesías enviando a sus discípulos a todas las naciones (Mateo 28:18–20). La apertura hacia las naciones no sustituye a Israel; surge del cumplimiento de las promesas hechas al patriarca de Israel.

Hijo de David

El título «hijo de David» ocupa un lugar especialmente importante. Dios había prometido a David que levantaría después de él a uno de sus descendientes y afirmaría su reino (2 Samuel 7:12–16). Los profetas desarrollaron esta esperanza anunciando un gobernante justo procedente de su casa (Isaías 11:1–10; Jeremías 23:5–6).

Mateo llama a David «el rey» (Mateo 1:6) y continúa mediante los monarcas de Judá. El propósito no es solamente demostrar una ascendencia familiar, sino presentar a Yeshúa como culminación de la esperanza real de Israel.

El título «hijo de David» reaparece a lo largo del Evangelio en labios de quienes esperan misericordia y restauración (Mateo 9:27; 12:23; 15:22; 20:30–31; 21:9). La genealogía introduce así una afirmación cristológica que atraviesa todo el relato.

Abraham, David, el exilio y el Mesías

Mateo resume su organización de la siguiente manera:

«Desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación hasta el Mesías, catorce» (Mateo 1:17).

Los tres períodos describen un movimiento teológico:

  1. Desde Abraham hasta el establecimiento de la monarquía davídica.
  2. Desde David hasta la pérdida del reino y el exilio.
  3. Desde el exilio hasta la llegada del Mesías.

La historia asciende hasta David, desciende hacia el juicio del exilio y vuelve a orientarse hacia la esperanza mesiánica. Mateo presenta el nacimiento de Yeshúa como la respuesta divina a una historia que parecía haber quedado sin rey.

¿Por qué tres grupos de catorce?

Una explicación frecuente relaciona el número catorce con el nombre hebreo de David, דוד (Dāwid). En el sistema en que las letras hebreas poseen valor numérico, dalet equivale a cuatro, vav a seis y la segunda dalet a cuatro: 4 + 6 + 4 = 14.4

La forma דוד suma catorce. Esto encaja con la prominencia de David en el encabezado, en el centro de la genealogía y en el resumen final. El esquema 3×14 funcionaría entonces como una manera de colocar una “firma davídica” sobre toda la genealogía. Sin embargo, Mateo no explica expresamente que haya escogido el número por este motivo. La relación resulta probable y sugestiva, pero debe presentarse como interpretación y no como afirmación explícita del Evangelio.

También se han propuesto relaciones con los períodos de la historia de Israel y con agrupaciones basadas en el número siete.5 Estas posibilidades no son necesariamente excluyentes. La función más evidente es destacar que la historia está ordenada hacia David y hacia el Mesías.6

Las omisiones de Mateo

Al comparar Mateo con Reyes y Crónicas, descubrimos que omite determinados monarcas. Entre Joram y Uzías no aparecen Ocozías, Joás y Amasías (compárese Mateo 1:8 con 1 Crónicas 3:11–12). Entre Josías y Jeconías tampoco se menciona expresamente a Joacim; (compárese Mateo 1:11 con 1 Crónicas 3:15–16).

Estas omisiones no eran necesariamente engañosas dentro de las convenciones genealógicas antiguas. El verbo «engendró» egénnēsen (ἐγέννησεν) podía relacionar a un antepasado con un descendiente posterior sin afirmar que fueran padre e hijo inmediatos. La genealogía de Esdras 7:1–5, por ejemplo, también abrevia la sucesión sacerdotal cuando se compara con 1 Crónicas 6.

Mateo selecciona los nombres necesarios para construir su esquema. La presencia de omisiones demuestra que su propósito no era ofrecer una cronología exhaustiva. Sin embargo, una genealogía selectiva no es necesariamente ficticia: la abreviación se produce sobre una línea que el autor presenta como históricamente significativa.7

Las mujeres de la genealogía de Mateo

Mateo menciona a Tamar, Rahab, Rut, «la mujer de Urías» y María. Las primeras cuatro preparan literariamente la aparición de María, pero los intérpretes discrepan acerca del rasgo que las une.

A veces se afirma que todas eran gentiles. Rut era moabita (Rut 1:4), y Rahab es presentada como habitante de Jericó (Josué 2). Tamar suele relacionarse con el ambiente cananeo, aunque Génesis no identifica expresamente su origen étnico. Betsabé es llamada «la mujer de Urías» y su esposo era heteo, pero el texto tampoco afirma claramente que ella fuera gentil. Por eso, no es preciso sostener que compartieran exactamente la misma condición étnica.

También se ha propuesto que todas estuvieron relacionadas con situaciones sexuales irregulares. Sin embargo, esa descripción puede resultar injusta. Rut actuó con lealtad, y Betsabé aparece principalmente como objeto de la acción abusiva de David. Las historias son complejas y no deben reducirse a una categoría moral uniforme.

Lo que sí comparten es que sus historias incluyen circunstancias inesperadas mediante las cuales Dios preservó la línea de la promesa. Tamar obtuvo justicia dentro de una familia que se la negaba (Génesis 38); Rahab fue incorporada al pueblo de Israel (Josué 6:22–25); Rut se convirtió en antepasada de David (Rut 4:13–22); y la mujer de Urías quedó relacionada con la casa real a pesar del pecado de David (2 Samuel 11–12).

Estas mujeres muestran que la historia mesiánica avanzó mediante personas vulnerables, extranjeras o rodeadas por circunstancias socialmente problemáticas. Su presencia también prepara al lector para María, cuyo embarazo podía ser interpretado equivocadamente, aunque procedía de la acción santa de Dios.8

La genealogía de Lucas

Lucas no coloca la genealogía al comienzo de su Evangelio. Primero relata la concepción y el nacimiento de Juan, la concepción y nacimiento de Yeshúa, su presentación en el templo, su crecimiento, el ministerio de Juan y el bautismo. La genealogía aparece cuando Yeshúa está a punto de iniciar su ministerio público:

«Yeshúa mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años» (Lucas 3:23).

Su ubicación entre el bautismo y la tentación resulta teológicamente significativa.

Entre el bautismo y la tentación

En el bautismo, la voz celestial declara:

«Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia» (Lucas 3:22).

Después de la genealogía, el adversario comienza sus tentaciones diciendo:

«Si eres Hijo de Dios…» (Lucas 4:3).

Entre ambas declaraciones, la genealogía concluye con «Adán, hijo de Dios» (Lucas 3:38). La secuencia conecta la identidad filial de Yeshúa con Adán, Israel y la prueba en el desierto.

Adán fracasó ante la tentación. Israel, llamado hijo de Dios (Éxodo 4:22), tampoco permaneció siempre fiel durante su experiencia en el desierto. Yeshúa entra en el desierto como Hijo obediente y responde al tentador mediante textos de Deuteronomio relacionados con las pruebas de Israel.

La genealogía no interrumpe accidentalmente la narración. Identifica a Yeshúa antes de que demuestre mediante su obediencia qué clase de Hijo es.9

Una genealogía ascendente

Mientras Mateo avanza desde Abraham hasta Yeshúa, Lucas recorre la genealogía en sentido inverso. Comienza con Yeshúa, pasa por José y retrocede hasta David, Abraham, Noé, Adán y Dios.

Este recorrido corresponde al horizonte narrativo de Lucas. Yeshúa nace dentro de Israel y cumple sus promesas, pero la salvación que trae posee alcance universal. Simeón lo anuncia como «luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2:32).

La universalidad lucana no elimina la elección de Israel. Yeshúa llega a las naciones precisamente como el Mesías prometido a Israel. La genealogía atraviesa a David y Abraham antes de alcanzar a Adán. El movimiento hacia la humanidad entera se realiza mediante la historia del pueblo del pacto.

Adán, hijo de Dios

La expresión «Adán, hijo de Dios» no significa que Adán poseyera la misma relación singular con Dios que Yeshúa. Adán es llamado hijo porque debe directamente su existencia al acto creador de Dios y no a un padre humano.

Yeshúa, en cambio, es presentado como Hijo en un sentido único. Su concepción se atribuye al Espíritu Santo (Lucas 1:34–35), la voz celestial declara su filiación (Lucas 3:22) y su obediencia manifiesta su identidad.

La genealogía establece una comparación, pero también un contraste. Adán encabeza la humanidad antigua; Yeshúa inaugura la restauración de la humanidad sin dejar de ser el Mesías de Israel.

La línea de Natán

Lucas coincide con Mateo al conducir la genealogía hasta David, pero después sigue una rama diferente:

«Hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán, hijo de David» (Lucas 3:31).

Natán aparece entre los hijos de David nacidos en Jerusalén (2 Samuel 5:14; 1 Crónicas 3:5). Mateo continúa por Salomón, heredero de la monarquía, mientras Lucas continúa por Natán.

Esta divergencia podría indicar que los evangelistas preservaron ramas distintas de la familia davídica, pero no explica por sí misma si una era biológica, legal, materna o dinástica.10

Una nota textual sobre Lucas 3

Lucas 3:23–38 contiene algunas variantes entre los manuscritos griegos. La más compleja aparece en Lucas 3:33, donde existen distintas formas y combinaciones de los nombres Aram, Admin y Arní.

También existen diferencias menores en la escritura de otros nombres y en la presencia de Cainán en Lucas 3:36. Esta última diferencia se relaciona con la forma de la genealogía conservada en la Septuaginta, mientras que el texto hebreo masorético de Génesis 10:24 y 11:12 no contiene ese nombre en la misma posición.

Estas variantes deben considerarse cuando se intenta asignar un simbolismo exacto al número total de generaciones de Lucas. Con frecuencia se habla de setenta y siete nombres, posiblemente organizados en múltiplos de siete, pero el cómputo depende en parte del texto adoptado. El énfasis seguro no se encuentra en una numeración explicada por Lucas, sino en el recorrido de Yeshúa hasta David, Abraham, Adán y Dios.11

Comparación entre Mateo y Lucas

AspectoMateo 1:1–17Lucas 3:23–38
DirecciónDesde los antepasados hasta YeshúaDesde Yeshúa hasta los antepasados
Punto de partida o llegadaAbrahamAdán y Dios
Ubicación literariaAl comienzo del EvangelioEntre el bautismo y la tentación
ÉnfasisAbraham, David, monarquía, exilio y MesíasFiliación, Israel y humanidad
Rama después de DavidSalomónNatán
Padre de JoséJacobElí
Forma literariaTres grupos de catorceCadena ascendente sin divisiones expresas
Mujeres mencionadasTamar, Rahab, Rut, mujer de Urías y MaríaNinguna
Forma característicaRepetición de «engendró»Sucesión de nombres en genitivo
HorizonteCumplimiento de la historia de Israel y misión a las nacionesMesías de Israel relacionado con toda la humanidad

Mateo y Lucas no copiaron una misma lista ni intentaron comunicar exactamente el mismo énfasis. Mateo construye una genealogía real alrededor de David y del exilio. Lucas relaciona la filiación de Yeshúa con la historia de Israel y con el origen de la humanidad.

Sin embargo, las diferencias de propósito no explican automáticamente las diferencias de nombres. Una genealogía puede poseer una intención teológica sin dejar de plantear una pregunta histórica.12

Términos griegos relevantes

Gennaō: engendrar

Mateo construye la genealogía mediante el verbo gennaō (γεννάω), «engendrar» o «dar origen». La forma egennēsen se repite desde Abraham hasta José.

Como hemos observado, el verbo puede conectar a un antepasado con un descendiente posterior. Sin embargo, al llegar a Yeshúa, Mateo modifica expresamente la fórmula.

Ex hēs: de la cual

Mateo escribe:

«Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Yeshúa» (Mateo 1:16).

La expresión ex hēs (ἐξ ἧς), «de la cual», es femenina singular y se refiere solamente a María. Mateo no dice que José engendró a Yeshúa.

Además, el verbo egennēthē, «fue engendrado» o «nació», aparece en voz pasiva. La sucesión de hombres que «engendran» queda interrumpida cuando aparece el Mesías. Este cambio anticipa la explicación de la concepción por el Espíritu Santo (Mateo 1:18–20).

Huios: hijo y descendiente

La palabra huios (υἱός), «hijo», puede señalar una relación inmediata, pero también una descendencia más amplia. Cuando Mateo llama a Yeshúa «hijo de David» e «hijo de Abraham», no afirma que fueran sus padres inmediatos.

Según el contexto, «hijo» puede indicar descendencia biológica, pertenencia familiar, identidad dinástica o relación representativa. Sin embargo, esta amplitud no permite transformar arbitrariamente cualquier parentesco en otro. Si una explicación propone que «hijo» significa «yerno» o «descendiente legal», necesita argumentos adicionales.

Nomizō: según se creía

Lucas introduce su lista diciendo:

«Hijo, según se creía, de José, hijo de Elí» (Lucas 3:23).

El verbo nomizō (νομίζω) significa considerar, pensar, suponer o reconocer conforme a la opinión común. La expresión hōs enomizeto indica que Yeshúa era tenido públicamente por hijo de José.

El inciso no significa necesariamente que toda la genealogía posterior fuera una suposición. Se refiere inmediatamente a la relación pública entre Yeshúa y José. Lucas ya había explicado el origen sobrenatural de la concepción, pero dentro de la comunidad Yeshúa era conocido como «hijo de José» (Lucas 4:22).13

Las diferencias principales

Salomón y Natán

Mateo continúa la línea de David mediante Salomón (Mateo 1:6). Lucas llega a David mediante Natán (Lucas 3:31).

Ambos eran hijos de David, de modo que las dos genealogías afirman una descendencia davídica, pero mediante ramas diferentes. Mateo sigue la línea relacionada con la sucesión monárquica; Lucas sigue una rama no reinante.

Esta divergencia ha producido tres explicaciones principales:

  1. Mateo conservaría la línea dinástica y Lucas la descendencia biológica.
  2. Mateo presentaría la genealogía de José y Lucas la de María.
  3. Ambas listas corresponderían a José, pero reflejarían formas diferentes de filiación.

La divergencia es clara; su explicación histórica exacta no lo es.

Jacob y Elí

Mateo afirma:

«Jacob engendró a José, marido de María» (Mateo 1:16).

Lucas, en cambio, relaciona a José con Elí (Lucas 3:23).

Si ambos textos describieran únicamente una relación biológica inmediata, parecerían contradictorios. Sin embargo, en el mundo bíblico podían existir diferencias entre paternidad biológica, filiación legal, continuidad del nombre y pertenencia dinástica.

El matrimonio levirático ofrece un ejemplo. Cuando un hombre moría sin descendencia, su hermano debía tomar a la viuda para levantar descendencia al fallecido:

«El primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto» (Deuteronomio 25:6).

En una situación semejante, un hijo podía proceder biológicamente de un hombre y continuar legalmente el nombre de otro. Este antecedente demuestra que una doble filiación era conceptualmente posible. No demuestra que Jacob y Elí estuvieran relacionados mediante un matrimonio levirático.14

Salatiel y Zorobabel

Las dos genealogías parecen encontrarse brevemente en Salatiel y Zorobabel. Mateo relaciona a Salatiel con Jeconías:

«Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel» (Mateo 1:12).

Lucas presenta a Salatiel como hijo de Neri:

«Hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri» (Lucas 3:27).

Después de Zorobabel, las listas vuelven a separarse: Mateo continúa por Abiud y Lucas por Resa.

El Tanaj ya contiene cierta complejidad respecto a Zorobabel. Esdras, Nehemías y Hageo lo llaman «hijo de Salatiel» (Esdras 3:2; Nehemías 12:1; Hageo 1:1), mientras que el texto hebreo de 1 Crónicas 3:19 lo relaciona con Pedaías, hermano de Salatiel.

Se han propuesto varias explicaciones:

  • Pedaías pudo ser el progenitor biológico y Salatiel el padre legal o dinástico.
  • «Hijo de Salatiel» podría señalar sucesión dentro de la casa davídica.
  • El texto de Crónicas podría presentar una dificultad de transmisión.
  • Los nombres de Lucas podrían corresponder a personas distintas.
  • Las genealogías podrían combinar líneas familiares y dinásticas.

Ninguna puede demostrarse completamente. La complejidad genealógica no comienza con Mateo y Lucas; aparece también al comparar los libros del Tanaj.15

¿Por qué Mateo presenta la genealogía de José?

Mateo no intenta ocultar la dificultad. Construye su relato para afirmar simultáneamente:

  1. Yeshúa no fue engendrado físicamente por José.
  2. José desempeñó una función real en su incorporación a la casa de David.

La genealogía presenta la posición familiar y dinástica relacionada con José, mientras que el relato de la concepción explica el origen sobrenatural del nacimiento.

José es llamado «hijo de David» (Mateo 1:20). El ángel le ordena recibir a María como esposa y dar nombre al niño (Mateo 1:20–21). José obedece:

«Recibió a su mujer… y le puso por nombre Yeshúa» (Mateo 1:24–25).

El acto de nombrar al niño expresa, dentro de la narración, reconocimiento y responsabilidad paterna. El descendiente de David recibe a Yeshúa en su familia, aunque no sea su progenitor físico.

¿Podemos hablar de adopción?

La expresión «adopción legal» debe utilizarse con cautela. El judaísmo antiguo no poseía necesariamente una institución equivalente en todos sus aspectos a la adopción civil moderna o romana. Tampoco encontramos en Mateo una ceremonia formal de adopción.

Lo que Mateo describe es más concreto: José recibe a María, acepta al niño y le pone el nombre indicado por Dios. Puede hablarse de paternidad reconocida, familiar o jurídica en sentido amplio, pero no conviene construir sobre el texto un procedimiento legal que Mateo no describe.16

¿Basta la línea de José para hablar de descendencia física?

Pablo afirma que Yeshúa era «del linaje de David según la carne» (Romanos 1:3). Hebreos 7:14 declara igualmente que el Señor procedió de Judá.

Puesto que José no fue su progenitor físico, muchos intérpretes concluyen que María también debía descender de David. La inferencia resulta razonable dentro de una lectura conjunta del Nuevo Testamento. Sin embargo, ninguno de los Evangelios identifica expresamente a los padres de María ni presenta inequívocamente su árbol genealógico.

Lucas 1:27 menciona a una virgen desposada con «un varón que se llamaba José, de la casa de David». Gramaticalmente, la expresión «de la casa de David» modifica de manera más inmediata a José. Lucas 1:32 declara que Dios dará al hijo de María «el trono de David su padre», pero tampoco explica la línea materna.

Podemos afirmar que el Nuevo Testamento presenta a Yeshúa como descendiente físico de David y considerar razonable que esa relación procediera de María. Lo que no podemos hacer es reconstruir con certeza su genealogía concreta a partir de información que los Evangelios no proporcionan.

¿Presenta Lucas la genealogía de María?

La interpretación que atribuye Mateo a José y Lucas a María es una de las armonizaciones más conocidas. Según esta propuesta, Elí sería el padre de María. José aparecería como «hijo de Elí» porque era su yerno, mientras que la línea de Natán representaría la ascendencia biológica de María y de Yeshúa.

Argumentos favorables

Quienes defienden esta postura señalan que:

  • Lucas concede a María un papel destacado en los relatos de la infancia.
  • La línea de Natán proporcionaría una ascendencia davídica distinta de la sucesión real de Salomón.
  • La concepción virginal exige buscar la descendencia física mediante María.
  • «Según se creía» distinguiría entre la paternidad pública de José y la ascendencia verdadera.
  • José podría aparecer en lugar de María porque las genealogías antiguas se expresaban normalmente mediante nombres masculinos.

Estos argumentos hacen que la propuesta sea posible y teológicamente atractiva.

Dificultades

La explicación también presenta problemas:

  • Lucas menciona a José, no a María.
  • La construcción griega relaciona naturalmente a José con Elí.
  • El texto no llama a José «yerno de Elí».
  • Ningún pasaje identifica a Elí como padre de María.
  • Lucas no explica por qué omitiría el nombre de María si pretendía registrar su genealogía.
  • Esta no parece haber sido la explicación predominante entre los autores cristianos antiguos.

Fitzmyer relaciona la difusión de esta interpretación con Annius de Viterbo, a finales del siglo XV. Esto no demuestra que sea falsa por ser tardía, pero impide presentarla como una explicación transmitida uniformemente desde la antigüedad.17

La explicación de Julio Africano

La explicación antigua más desarrollada fue propuesta por Julio Africano a comienzos del siglo III y conservada por Eusebio de Cesarea en Historia eclesiástica 1.7.

Africano entendía que ambas genealogías correspondían a José. Para explicar que Mateo lo llamara hijo de Jacob y Lucas hijo de Elí, recurrió a matrimonios familiares y al matrimonio levirático. Según su reconstrucción, José podía ser hijo de uno «por naturaleza» y del otro «según la ley».

La propuesta toma en serio ambas listas y emplea una institución conocida en la Torá. Africano también relacionaba su información con los familiares de Yeshúa, conocidos posteriormente como los desposynoi, «los pertenecientes a la familia del Señor».

Su testimonio demuestra que los cristianos antiguos conocían la dificultad y que no entendían necesariamente que Lucas ofreciera la genealogía de María.

Sin embargo, la explicación aparece aproximadamente dos siglos después de los acontecimientos y sus detalles familiares no pueden comprobarse mediante fuentes independientes. Es una armonización históricamente posible, pero no puede identificarse automáticamente con la intención de los evangelistas.18

El problema de Jeconías

Otra objeción frecuente se relaciona con Jeconías, también llamado Joaquín o Conías. Mateo lo incluye en la línea que conduce desde David hasta José:

«Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia» (Mateo 1:11).

Jeremías pronunció sobre este rey el siguiente juicio:

«Ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá» (Jeremías 22:30).

El alcance del juicio

El pasaje no puede significar que Jeconías carecería literalmente de hijos, pues 1 Crónicas 3:17–18 enumera a sus descendientes. La expresión «privado de descendencia» debe entenderse en relación con la continuación exitosa de su dinastía sobre el trono.

La segunda parte del versículo explica la primera: ninguno de sus descendientes prosperaría «sentándose sobre el trono de David y gobernando de nuevo en Judá». Ninguno de sus hijos reinó después de él como monarca davídico independiente en Jerusalén.

Jeconías fue llevado cautivo a Babilonia (2 Reyes 24:8–16). Años después fue liberado y recibió una posición honorable (2 Reyes 25:27–30), pero no volvió a ocupar el trono.

Jeremías 22:30 no declara que ningún descendiente pudiera existir ni que Dios cancelara para siempre toda la promesa hecha a David. Pronuncia un juicio contra la continuación inmediata de Jeconías y de sus descendientes como reyes gobernantes en Judá.

Zorobabel y el anillo de sellar

Jeremías había dicho acerca de Jeconías:

«Si Conías… fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría» (Jeremías 22:24).

Años después, Dios declaró a Zorobabel:

«Te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí» (Hageo 2:23).

La correspondencia entre las imágenes es difícil de ignorar. Jeconías es retirado como anillo; Zorobabel es colocado como anillo. Hageo expresa una renovación de la esperanza relacionada con la casa de David después del exilio.

Sin embargo, Zorobabel no fue coronado rey. La promesa indica restauración y elección, pero su cumplimiento definitivo continúa orientado hacia el futuro.19

¿Descalifica Jeconías a Yeshúa?

La presencia de Jeconías no invalida automáticamente la presentación de Mateo:

  1. El juicio se dirige a sus descendientes como reyes gobernantes en Judá.
  2. Jeconías tuvo hijos.
  3. Zorobabel mantuvo la continuidad davídica después del exilio, aunque no reinó como monarca.
  4. Hageo renovó la imagen del anillo de sellar.
  5. Mateo no presenta a Yeshúa como un sucesor político ordinario.
  6. Yeshúa no fue engendrado físicamente por José.

No es necesario afirmar que la concepción virginal fue diseñada simplemente para evitar «la maldición de Jeconías». Mateo nunca ofrece esa explicación. La concepción posee una finalidad cristológica mucho más amplia.20

Principales perspectivas interpretativas

La investigación académica reconoce ampliamente que las genealogías de Mateo y Lucas difieren en su dirección, extensión, estructura y contenido. Sin embargo, no existe un consenso acerca de cómo explicar históricamente esas diferencias. Las interpretaciones principales pueden agruparse en varias perspectivas.

La explicación más antigua que se conserva entiende que ambas genealogías pertenecen a José. Julio Africano, cuya propuesta fue transmitida por Eusebio de Cesarea, sostuvo que José podía ser hijo natural de Jacob e hijo legal de Elí como resultado de un matrimonio levirático.

Según esta reconstrucción, dos líneas de la familia davídica se habrían unido mediante matrimonios sucesivos. Cuando Elí murió sin descendencia, Jacob habría engendrado a José en nombre del fallecido. Mateo registraría la ascendencia natural de José, mientras que Lucas preservaría su filiación legal, o viceversa.

Richard Bauckham considera que las tradiciones familiares relacionadas con los parientes de Yeshúa merecen mayor atención de la que algunas reconstrucciones críticas les han concedido. Esto permite tomar en serio la posibilidad de que Julio Africano dependiera de alguna tradición judeocristiana antigua y no solamente de una armonización inventada tardíamente.

La principal fortaleza de esta perspectiva es que respeta el hecho de que ambos evangelistas nombran directamente a José. Además, utiliza una institución conocida en la Torá: el matrimonio levirático de Deuteronomio 25:5–10.

Su debilidad es que los detalles de la reconstrucción no aparecen en Mateo ni en Lucas y no pueden confirmarse mediante registros familiares independientes. La antigüedad de la explicación demuestra que la dificultad fue reconocida tempranamente, pero no garantiza que la solución propuesta sea históricamente exacta.21

2. Mateo registra a José y Lucas conserva la línea de María

Otra interpretación sostiene que Mateo presenta la genealogía legal y real de José, mientras que Lucas preserva la ascendencia biológica de María. De acuerdo con esta explicación, Yeshúa tendría una relación jurídica y dinástica con la casa de David mediante José, y una descendencia física davídica mediante María.

Diversos comentaristas evangélicos, entre ellos D. A. Carson, Craig Blomberg y Darrell Bock, conceden distinto grado de plausibilidad a esta solución. La propuesta permite explicar por qué Mateo sigue la línea real de Salomón y Lucas la línea de Natán. También armoniza la genealogía con la afirmación de Romanos 1:3, según la cual el Mesías procede del linaje de David «según la carne».22

La dificultad principal es gramatical. Lucas no menciona a María en su genealogía ni afirma expresamente que Elí fuera su padre. La lectura más inmediata de Lucas 3:23 relaciona a José con Elí:

“Yeshúa mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José, hijo de Elí”.

Para que la genealogía sea de María, debe suponerse que José aparece en representación de su esposa y que «hijo de Elí» significa en realidad «yerno de Elí». Esto es posible dentro de una genealogía organizada mediante nombres masculinos, pero Lucas no lo explica.

Joseph A. Fitzmyer y Raymond E. Brown consideran que la identificación de Lucas como genealogía de María carece de apoyo explícito en el texto. Ambos subrayan que la genealogía, tal como está redactada, pasa por José. Por tanto, la genealogía mariana debe presentarse como una armonización posible, no como una conclusión demostrada.23

3. Una línea dinástica y otra genealógica

Una tercera perspectiva sostiene que Mateo y Lucas no están registrando exactamente la misma clase de sucesión.

Mateo seguiría la línea real o dinástica vinculada con Salomón, los reyes de Judá, Jeconías y Zorobabel. Su propósito sería establecer la relación de Yeshúa con la casa gobernante de David. Lucas, en cambio, preservaría otra línea familiar davídica por medio de Natán.

John Nolland señala que las genealogías antiguas podían expresar función y sucesión, además de procreación biológica inmediata. Una persona podía figurar como «hijo» de otra por ser heredero, continuador de una casa o representante de una línea familiar.

Esta explicación resulta especialmente pertinente en el caso de Salatiel y Zorobabel. Mateo presenta a Salatiel después de Jeconías; Lucas lo relaciona con Neri; y 1 Crónicas 3:17–19 introduce además a Pedaías en la ascendencia de Zorobabel. Esdras y Hageo, sin embargo, llaman a Zorobabel «hijo de Salatiel».

Estas variaciones muestran que «hijo de» no siempre comunica exclusivamente paternidad biológica inmediata. Puede representar descendencia, pertenencia a una casa o sucesión familiar. No obstante, esta flexibilidad explica cómo podrían surgir las diferencias, pero no permite reconstruir con certeza cada relación.24

4. La genealogía como construcción literaria y teológica

Raymond E. Brown, W. D. Davies, Dale C. Allison, Marshall D. Johnson y David R. Bauer conceden especial importancia a la función literaria y teológica de las genealogías.

Desde esta perspectiva, Mateo no se limita a copiar un registro familiar. Selecciona nombres, omite generaciones y organiza la historia en tres grupos de catorce para presentar a Yeshúa como hijo de Abraham, hijo de David y culminación de la historia de Israel.

Davies y Allison destacan el carácter deliberadamente estructurado de la genealogía mateana. Su organización alrededor de Abraham, David, el exilio y el Mesías muestra que la lista resume una interpretación completa de la historia de Israel: promesa, reino, juicio y restauración.

R. T. France interpreta de manera semejante la genealogía como el «libro del origen» del Mesías. Para Mateo, lo determinante no es proporcionar una cronología exhaustiva, sino establecer quién es Yeshúa y cómo su llegada responde a las promesas hechas a Abraham y David.

Marshall D. Johnson estudia las genealogías como unidades estrechamente relacionadas con su contexto narrativo. En Mateo sirven para presentar a Yeshúa como cumplimiento de la esperanza de Israel. En Lucas se relacionan con la filiación divina, Adán y el alcance universal de su misión.

Bauer lleva esta observación un paso más allá: mientras las genealogías veterotestamentarias suelen recibir significado de su antepasado principal, en Mateo toda la sucesión encuentra su sentido culminante en el descendiente final, Yeshúa el Mesías.25

Esta perspectiva no exige afirmar que Mateo inventó los nombres. Selección histórica e interpretación teológica no son categorías incompatibles. Sin embargo, sí significa que la genealogía no puede evaluarse únicamente según las expectativas de un registro civil moderno.

5. Los énfasis cristológicos particulares de Mateo y Lucas

Una parte importante de la investigación contemporánea considera que las diferencias deben explicarse, ante todo, desde los propósitos cristológicos de cada evangelista.

Mateo comienza con Abraham porque quiere situar a Yeshúa dentro de la historia particular de Israel. La línea pasa por David, la monarquía y el exilio para culminar en el Mesías. Su genealogía responde principalmente a la pregunta: ¿cómo lleva Yeshúa la historia de Israel y las promesas davídicas hacia su cumplimiento?

Lucas comienza con Yeshúa y retrocede hasta Adán y Dios. Además, coloca la genealogía entre el bautismo y la tentación. Joseph Fitzmyer, John Nolland y Darrell Bock destacan la importancia de esta ubicación narrativa. Dios acaba de declarar que Yeshúa es su Hijo; la genealogía culmina en Adán, hijo de Dios; y seguidamente el adversario pone a prueba la identidad del Hijo.

La pregunta principal de Lucas no es solamente quiénes fueron los antepasados de Yeshúa, sino qué significa que él sea el Hijo obediente de Dios y representante de la humanidad.

Los dos énfasis no son incompatibles:

  • Mateo presenta al Mesías como culminación de la historia de Israel.
  • Lucas presenta al Mesías de Israel dentro de la historia de toda la humanidad.
  • Mateo avanza desde Abraham hasta Yeshúa.
  • Lucas retrocede desde Yeshúa, pasando por David y Abraham, hasta Adán y Dios.

La universalidad de Lucas no elimina la elección de Israel. La salvación alcanza a la humanidad mediante el Mesías davídico surgido de la historia de Israel.26

6. Tradiciones genealógicas históricamente irreconciliables

Una postura histórico-crítica más escéptica considera que Mateo y Lucas utilizaron tradiciones genealógicas diferentes que ya no pueden armonizarse históricamente.

Brown reconoce la posibilidad de que los evangelistas dispusieran de tradiciones anteriores, pero considera que ninguna de las armonizaciones habituales —la genealogía de María, el matrimonio levirático o la distinción entre padre natural y legal— cuenta con evidencia suficiente para resolver todas las diferencias.

Desde esta perspectiva, Mateo y Lucas coinciden en la afirmación teológica fundamental de que Yeshúa es descendiente de David, pero desarrollan esa convicción mediante listas distintas. La imposibilidad de reconstruir una única sucesión familiar llevaría a algunos investigadores a hablar de tradiciones incompatibles en el nivel histórico.

Esta postura tiene la ventaja de reconocer sin rodeos la magnitud de las diferencias. Sin embargo, puede llegar a conclusiones excesivas si presupone que cada nombre debe representar exclusivamente una relación biológica inmediata. También existe el riesgo de confundir la ausencia de una armonización demostrable con la demostración de una contradicción.

Que actualmente no podamos reconstruir la relación entre Jacob, Elí y José no significa que ninguna relación legal, matrimonial o dinástica pudiera haber existido.

7. Evaluación desde nuestra perspectiva mesiánica

Nuestra interpretación comparte con Johnson, Bauer, Davies, Allison, France, Fitzmyer, Nolland y Bock la convicción de que las genealogías deben interpretarse dentro de su contexto narrativo y según sus respectivos énfasis cristológicos.

También reconocemos, junto con Brown y Fitzmyer, que Lucas no identifica expresamente su lista como la genealogía de María. Por eso, no consideramos correcto presentar esa explicación como un hecho demostrado.

Al mismo tiempo, no creemos que las diferencias obliguen a concluir que existe una contradicción formal. Para demostrarla sería necesario establecer que Mateo y Lucas utilizan todas las relaciones familiares en un sentido exclusivamente biológico y que ambos pretenden registrar la misma clase de sucesión. Los textos no permiten demostrar esas premisas.

Nuestra conclusión puede resumirse de la siguiente manera:

  1. Ambas genealogías contienen una afirmación histórica: Yeshúa pertenece a Israel y está relacionado con la casa de David.
  2. Mateo organiza su material para presentar la sucesión real y el cumplimiento de las promesas hechas a Abraham y David.
  3. Lucas organiza su genealogía para presentar a Yeshúa como Hijo de Dios, descendiente de David y representante de la humanidad.
  4. La ascendencia de José conserva importancia porque lo relaciona pública y familiarmente con la casa de David, aunque Mateo excluya su paternidad biológica.
  5. Es posible que las diferencias involucren filiación natural, legal, matrimonial o dinástica.
  6. La hipótesis de una genealogía de María es plausible, pero no está expresada directamente por Lucas.
  7. Ninguna armonización puede considerarse históricamente demostrada.
  8. La imposibilidad de reconstruir todos los vínculos no equivale por sí misma a una contradicción.

Por tanto, mantenemos una posición de armonización cautelosa. No imponemos al texto una solución que no explica, pero tampoco declaramos contradictorias dos listas antiguas sin poder demostrar que describen las mismas relaciones familiares en el mismo sentido.

PerspectivaRepresentantes académicosAporteLimitación
Filiación natural y legalJulio Africano; considerada nuevamente por BauckhamExplica que José pueda tener dos padres genealógicosLa reconstrucción familiar no puede verificarse
José en Mateo y María en LucasConsiderada por Carson, Blomberg y BockDistingue la línea real de la descendencia físicaLucas no menciona a María ni la relaciona expresamente con Elí
Línea dinástica y línea familiarNolland; relacionada con estudios de JohnsonReconoce la flexibilidad de las genealogías antiguasNo permite reconstruir cada vínculo
Interpretación literaria y teológicaBrown, Davies y Allison, France, Johnson y BauerExplica la selección, las omisiones y los distintos diseñosPuede emplearse indebidamente para negar toda base histórica
Tradiciones no armonizablesBrown y otros intérpretes histórico-críticosReconoce plenamente las divergenciasPuede convertir una dificultad no resuelta en una contradicción demostrada
Armonización cautelosaSíntesis adoptada en este estudioConserva la intención histórica y reconoce la configuración teológicaNo ofrece una reconstrucción familiar definitiva

Evaluación de los argumentos

Lo que los textos afirman expresamente

  • Mateo y Lucas presentan genealogías diferentes.
  • Ambas incluyen a José.
  • Ambas relacionan a Yeshúa con Abraham y David.
  • Mateo sigue a David mediante Salomón.
  • Lucas lo hace mediante Natán.
  • Mateo llama a José hijo de Jacob.
  • Lucas lo relaciona con Elí.
  • Mateo excluye a José de la concepción física.
  • Lucas afirma que Yeshúa era considerado hijo de José.
  • José recibe a María y pone nombre al niño.
  • Ningún Evangelio denomina explícitamente una lista «genealogía de María».

Lo que puede inferirse razonablemente

  • Mateo presenta una genealogía de carácter real y dinástico.
  • José reconoce públicamente a Yeshúa dentro de su casa davídica.
  • La ascendencia física de Yeshúa procede de María, puesto que ella es su madre.
  • La confesión de Yeshúa como descendiente de David según la carne hace razonable pensar que María también pertenecía a esa descendencia.
  • Lucas emplea la genealogía para relacionar a Yeshúa con Israel y con toda la humanidad.

Lo que permanece como reconstrucción posible

  • Que Elí fuera padre de María.
  • Que Lucas registrara indirectamente la genealogía materna.
  • Que Jacob y Elí fueran dos padres de José mediante matrimonio levirático.
  • Que Mateo sea estrictamente la línea legal y Lucas la biológica.
  • Que los Salatiel y Zorobabel de ambas listas sean personas diferentes.
  • Que todas las diferencias puedan explicarse mediante un solo mecanismo.

Lo que conviene evitar

  • Afirmar que Lucas dice expresamente que su genealogía pertenece a María.
  • Presentar la adopción moderna como equivalente exacto de la situación de José.
  • Sostener que Jeremías declaró literalmente estéril a Jeconías.
  • Suponer que una genealogía selectiva es necesariamente falsa.
  • Convertir una armonización posible en certeza revelada.
  • Concluir que las diferencias destruyen automáticamente toda historicidad.27

Israel y las naciones

Las genealogías también muestran cómo la venida de Yeshúa relaciona las promesas particulares hechas a Israel con el propósito universal de Dios.

Mateo: desde Abraham hacia las naciones

Mateo comienza con Abraham, receptor de la promesa para todas las familias de la tierra (Génesis 12:3). La genealogía sitúa a Yeshúa dentro de Israel antes de mostrar el alcance universal de su misión.

Al final del Evangelio, el Mesías de Israel envía a sus discípulos a todas las naciones (Mateo 28:18–20). Este movimiento no constituye el abandono de Israel, sino la expansión de la bendición abrahámica.

La presencia de Rut y Rahab anticipa igualmente que personas procedentes de las naciones podían ser incorporadas a la historia del pueblo y participar de sus promesas.

Lucas: desde Israel hasta Adán

Lucas pasa por David y Abraham, pero continúa hasta Adán. El Mesías pertenece a Israel y, precisamente por ello, cumple una misión relacionada con toda la humanidad.

Simeón lo anuncia como «luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2:32). Las dos afirmaciones no compiten: Yeshúa es gloria de Israel y luz para las naciones.28

Continuidad y cumplimiento de las promesas

Las genealogías unen cuatro momentos de la historia bíblica:

  1. La promesa hecha a Abraham.
  2. El establecimiento de la casa de David.
  3. El juicio y la crisis del exilio.
  4. La llegada del Mesías.

La promesa abrahámica

Yeshúa pertenece a la descendencia de Abraham y constituye el centro desde el cual la bendición alcanza a las naciones. La promesa no es abandonada ni transferida a una historia independiente de Israel; alcanza su cumplimiento y expansión mediante el Mesías israelita.

La promesa davídica

Dios prometió a David una casa y un reino duraderos (2 Samuel 7:12–16). La caída de Jerusalén y el exilio parecieron poner en duda esa promesa, pero los profetas continuaron anunciando un gobernante futuro procedente de David (Isaías 11:1–10; Jeremías 33:14–17).

Mateo estructura su genealogía para mostrar que la promesa atravesó el exilio y llegó hasta Yeshúa. Lucas confirma la descendencia davídica mediante una rama diferente y la sitúa dentro del propósito divino para la humanidad.

El exilio

El exilio no aparece en Mateo como un accidente cronológico, sino como una división teológica central. Representa el juicio por la infidelidad de Israel, la pérdida de la monarquía y la espera de restauración.

La llegada de Yeshúa responde a esa crisis. El ángel anuncia que «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21). La restauración mesiánica comienza atendiendo a la raíz espiritual que produjo el juicio.

El cumplimiento en el Mesías

El cumplimiento no consiste simplemente en repetir las instituciones anteriores sin transformación. Yeshúa es heredero de las promesas davídicas, pero su reinado supera las limitaciones de la antigua monarquía. Es hijo de Abraham, pero lleva la bendición hasta las naciones. Recapitula la historia de Adán e Israel, pero responde con obediencia perfecta.

Las genealogías expresan:

  • continuidad, porque Yeshúa pertenece verdaderamente a la historia de Israel;
  • desarrollo, porque en él las promesas alcanzan una dimensión más plena;
  • cumplimiento, porque su identidad concentra las esperanzas abrahámicas, davídicas y proféticas;
  • expansión, porque las bendiciones llegan a las naciones mediante el Mesías de Israel.

Conclusión

Mateo y Lucas no presentan genealogías idénticas ni pretenden comunicar exactamente el mismo énfasis.

Mateo presenta a Yeshúa como hijo de Abraham y de David. Organiza la historia alrededor de la monarquía, el exilio y la llegada del Mesías. Su genealogía posee un marcado carácter dinástico y conduce hasta José, descendiente de David.

Lucas retrocede desde Yeshúa hasta David, Abraham, Adán y Dios. Su genealogía sitúa al Mesías dentro de Israel y, al mismo tiempo, lo relaciona con toda la humanidad. Su posición entre el bautismo y la tentación destaca la obediencia de Yeshúa como Hijo.

¿Por qué Mateo incluye la genealogía de José si después afirma que José no engendró a Yeshúa? Porque para Mateo la función de José no se reduce a la generación biológica. José es «hijo de David», recibe a María por mandato divino, reconoce al niño y le pone el nombre ordenado por Dios. Mediante José, Yeshúa queda públicamente situado dentro de una casa davídica, aunque su concepción proceda del Espíritu Santo.

Esto no significa que podamos resolver cada cuestión apelando sencillamente a una adopción formal. Tampoco demuestra que Lucas contenga necesariamente la genealogía de María. El Nuevo Testamento afirma que Yeshúa procede de David según la carne, pero no conserva una lista identificada inequívocamente como el linaje materno.

Las explicaciones basadas en María, la filiación legal, el matrimonio levirático o las diferentes líneas dinásticas ofrecen posibilidades dignas de consideración. Ninguna puede demostrar todos sus detalles mediante los textos conservados. Nuestra conclusión debe ser firme en lo esencial y prudente en lo secundario.

Podemos afirmar que:

  1. Yeshúa pertenece verdaderamente a la historia de Israel.
  2. Mateo y Lucas lo presentan como descendiente de David.
  3. José no fue su progenitor físico, pero sí su padre reconocido dentro de una casa davídica.
  4. Yeshúa nació verdaderamente de María y participa plenamente de la humanidad.
  5. Su concepción procede de la acción sobrenatural de Dios.
  6. Mateo presenta la culminación de la historia de Abraham, David y el exilio.
  7. Lucas relaciona al Mesías de Israel con Adán y con toda la humanidad.
  8. Las diferencias entre las listas son reales, aunque pueden existir explicaciones históricas que ya no podemos reconstruir completamente.
  9. La identidad mesiánica de Yeshúa no depende de convertir una armonización determinada en certeza revelada.
  10. Ambas genealogías proclaman que Dios ha sido fiel a las promesas hechas a Israel y que, mediante el Mesías de Israel, extiende su salvación a las naciones.

Las genealogías no son un prólogo prescindible. Constituyen una proclamación condensada de toda la historia bíblica: desde la creación hasta Abraham, desde Abraham hasta David, desde David hasta el exilio y desde el exilio hasta el Mesías. En Yeshúa, esa historia no es abolida ni reemplazada, sino conducida hacia su propósito y plenitud.


Bibliografía

Fuentes primarias

  • Aland, Barbara, Kurt Aland, Johannes Karavidopoulos, Carlo M. Martini y Bruce M. Metzger, eds. Novum Testamentum Graece. 28.ª ed. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2012.
  • Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica 1.7.
  • Flavio Josefo. Contra Apión 1.30–36.
  • Rahlfs, Alfred, y Robert Hanhart, eds. Septuaginta. Edición revisada. Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2006.
  • Mishná, especialmente Yevamot y Kiddushin.
  • Talmud de Babilonia, Sanedrín 37b.

Estudios sobre las genealogías y los relatos de la infancia

  • Bauckham, Richard. Jude and the Relatives of Jesus in the Early Church. Edinburgh: T&T Clark, 1990.
  • Brown, Raymond E. The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in the Gospels of Matthew and Luke. Edición actualizada. New York: Doubleday, 1993.
  • Johnson, Marshall D. The Purpose of the Biblical Genealogies: With Special Reference to the Setting of the Genealogies of Jesus. 2.ª ed. Society for New Testament Studies Monograph Series 8. Cambridge: Cambridge University Press, 1988.
  • Levin, Yigal. «Jesus, “Son of God” and “Son of David”: The “Adoption” of Jesus into the Davidic Line». Journal for the Study of the New Testament 28.4 (2006): 415–442.

Comentarios sobre Mateo

  • Blomberg, Craig L. Matthew. The New American Commentary 22. Nashville: Broadman Press, 1992.
  • Carson, D. A. «Matthew». En Matthew–Mark, 23–670. 2.ª ed. The Expositor’s Bible Commentary 9. Grand Rapids: Zondervan, 2010.
  • Davies, W. D., y Dale C. Allison Jr. A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel According to Saint Matthew. Vol. 1. International Critical Commentary. Edinburgh: T&T Clark, 1988.
  • France, R. T. The Gospel of Matthew. New International Commentary on the New Testament. Grand Rapids: Eerdmans, 2007.
  • Keener, Craig S. The Gospel of Matthew: A Socio-Rhetorical Commentary. Grand Rapids: Eerdmans, 2009.

Comentarios sobre Lucas

  • Bock, Darrell L. Luke 1:1–9:50. Baker Exegetical Commentary on the New Testament. Grand Rapids: Baker Academic, 1994.
  • Fitzmyer, Joseph A. The Gospel According to Luke I–IX. Anchor Bible 28. Garden City: Doubleday, 1981.

Contexto judío, veterotestamentario y mesiánico

  • Brown, Michael L. Answering Jewish Objections to Jesus. Vol. 4, Traditional Jewish Objections. Grand Rapids: Baker Books, 2007.
  • Japhet, Sara. I & II Chronicles: A Commentary. Old Testament Library. Louisville: Westminster John Knox Press, 1993.
  • Levine, Amy-Jill, y Marc Zvi Brettler, eds. The Jewish Annotated New Testament. 2.ª ed. New York: Oxford University Press, 2017.
  • Lundbom, Jack R. Jeremiah 21–36. Anchor Bible 21B. New York: Doubleday, 2004.
  • Stern, David H. Jewish New Testament Commentary. Clarksville: Jewish New Testament Publications, 1992.

  1. Véase Marshall D. Johnson, The Purpose of the Biblical Genealogies: With Special Reference to the Setting of the Genealogies of Jesus, 2.ª ed. (Cambridge: Cambridge University Press, 1988), caps. 2–6; Sara Japhet, I & II Chronicles: A Commentary (Louisville: Westminster John Knox Press, 1993), comentario a 1 Crónicas 1–9. ↩︎
  2. Una genealogía podía responder a preguntas diferentes: ¿a qué familia pertenece una persona?, ¿qué heredad le corresponde?, ¿puede ejercer el sacerdocio?, ¿pertenece a una casa real? Por eso, no todas las genealogías poseen la misma extensión ni seleccionan los mismos antepasados.
    Reconocer esta función no significa considerar ficticias las genealogías. Significa que no deben tratarse necesariamente como registros civiles modernos cuyo único propósito sería enumerar sin omisiones cada vínculo biológico. ↩︎
  3. La palabra griega genesis puede referirse a nacimiento, origen o existencia. Mateo vuelve a emplearla en Mateo 1:18 al introducir el origen de Yeshúa. La repetición vincula la genealogía con el relato de la concepción.
    La posible alusión a Génesis permite contemplar la llegada del Mesías como continuidad y renovación: el Dios creador que dirigió la historia de Abraham e Israel inicia mediante Yeshúa una nueva etapa de su propósito redentor. ↩︎
  4. El nombre David podía escribirse דוד: dalet (4), vav (6) y dalet (4). La suma da catorce.
    Esto ayuda a explicar la estructura de Mateo, pero no demuestra que cada grupo contenga una sucesión completa de catorce generaciones biológicas. La organización es literaria y mesiánica: David constituye el centro de la genealogía y Yeshúa su culminación. ↩︎
  5. El catorce también puede entenderse como dos veces siete. Tres grupos de catorce equivalen a seis grupos de siete. Según esta lectura, la llegada del Mesías inaugura el séptimo período de siete, evocando ideas bíblicas de plenitud, descanso y consumación. Esta interpretación podría relacionarse con el valor simbólico del siete en las Escrituras, con el descanso sabático y, posiblemente, con los ciclos jubilares. La historia anterior a Yeshúa quedaría representada mediante seis períodos de siete generaciones, mientras que su llegada abriría una etapa culminante. La propuesta resulta teológicamente sugestiva, pero requiere cautela. Mateo declara los tres grupos de catorce, pero no menciona expresamente seis períodos de siete ni identifica la llegada de Yeshúa con un ciclo jubilar. Por eso, esta lectura puede señalar una dimensión adicional de la estructura, pero no debe sustituir la explicación más evidente: el énfasis davídico. ↩︎
  6. Craig L. Blomberg, Matthew, The New American Commentary 22 (Nashville: Broadman Press, 1992), comentario a Mateo 1:17; R. T. France, The Gospel of Matthew (Grand Rapids: Eerdmans, 2007), comentario a Mateo 1:17. ↩︎
  7. En el lenguaje genealógico bíblico, «hijo» puede significar «descendiente», y «engendró» puede conectar generaciones no consecutivas. Esto permite abreviar una línea familiar sin negar la existencia de miembros intermedios.
    Mateo no parece desconocer accidentalmente a los reyes omitidos. La regularidad de los tres grupos muestra una selección deliberada. La cuestión no es si omitió nombres —el Tanaj permite comprobar que lo hizo—, sino por qué organizó así la línea davídica. (D. A. Carson, «Matthew», comentario a Mateo 1:8–11; Craig S. Keener, The Gospel of Matthew: A Socio-Rhetorical Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 2009), comentario a Mateo 1:1–17). ↩︎
  8. Las mujeres de Mateo no deben convertirse en una categoría artificial. No todas son identificadas expresamente como gentiles, no todas cometieron inmoralidad sexual y no todas ocupan la misma función.
    Su inclusión parece formar un patrón de providencia: Dios hizo avanzar la línea mesiánica mediante situaciones inesperadas, superó barreras étnicas y sociales y preservó su promesa incluso en medio del pecado humano. María se relaciona con este patrón, pero se distingue porque la concepción de Yeshúa no procede de una unión sexual irregular. (Véase Raymond E. Brown, The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in the Gospels of Matthew and Luke, edición actualizada (New York: Doubleday, 1993), sección sobre las mujeres de la genealogía; Davies y Allison, Matthew, vol. 1, comentario a Mateo 1:3–6. ↩︎
  9. Lucas no llama expresamente a Yeshúa «segundo Adán», pero la colocación de la genealogía invita a comparar sus historias. Adán aparece al final de la lista como «hijo de Dios»; inmediatamente después, Yeshúa es probado como Hijo de Dios.
    La escena también evoca a Israel, llamado hijo de Dios y probado en el desierto. Yeshúa no reemplaza arbitrariamente a Israel: recapitula su historia y cumple fielmente la vocación filial dentro de la cual Israel había sido llamado. (Joseph A. Fitzmyer, The Gospel According to Luke I–IX, Anchor Bible 28 (Garden City: Doubleday, 1981), comentario a Lucas 3:21–4:13; Darrell L. Bock, Luke 1:1–9:50, Baker Exegetical Commentary on the New Testament (Grand Rapids: Baker Academic, 1994), comentario a Lucas 3:21–4:13). ↩︎
  10. El Natán mencionado en Lucas 3:31 no es el profeta que confrontó a David, sino uno de los hijos del rey. Tanto Natán como Salomón pertenecían a la casa de David, pero representaban ramas familiares diferentes.
    Mateo sigue la sucesión real mediante Salomón; Lucas sigue una línea no reinante mediante Natán. Esta diferencia es textual y segura. La razón histórica exacta por la cual cada evangelista empleó una rama distinta permanece discutida. ↩︎
  11. Las variantes de Lucas 3:33 afectan principalmente la forma y el número de algunos nombres. No alteran los puntos principales: la relación con José, el recorrido por Natán y David, el paso por Abraham y la conclusión en Adán y Dios. Su existencia muestra, sin embargo, que no conviene construir argumentos dogmáticos sobre un cómputo exacto sin considerar primero la historia textual del pasaje. (Barbara Aland et al., eds., Novum Testamentum Graece, 28.ª ed. (Stuttgart: Deutsche Bibelgesellschaft, 2012), aparato crítico de Lucas 3:33; Fitzmyer, Luke I–IX, comentario a Lucas 3:23–38). ↩︎
  12. Afirmar que Mateo y Lucas organizan sus genealogías teológicamente no equivale a decir que inventaron arbitrariamente los nombres. Los autores bíblicos interpretan la historia mediante selección, orden y énfasis.
    Tampoco basta con identificar sus propósitos teológicos para resolver todas las discrepancias históricas. La investigación debe mantener unidas ambas preguntas: qué quiso enseñar cada evangelista y qué clase de tradición genealógica utilizó. (Johnson, The Purpose of the Biblical Genealogies, caps. 5–6; Brown, The Birth of the Messiah, sección sobre las genealogías; Keener, The Gospel of Matthew, comentario a Mateo 1:1–17; Bock, Luke 1:1–9:50, 918–923). ↩︎
  13. El griego puede representarse de manera simplificada así: «siendo hijo, según se creía, de José, de Elí». Después de «José», Lucas continúa mediante nombres en genitivo introducidos por tou: «de Elí, de Matat, de Leví…».
    La lectura gramatical más natural relaciona a José con Elí. Para entender que Elí era padre de María y suegro de José es necesario introducir una relación que Lucas no declara expresamente.
    Esto no convierte la genealogía materna en una imposibilidad absoluta, pero impide presentarla como la lectura directa e indiscutible del griego. (Fitzmyer, Luke I–IX, 496–500; Bock, Luke 1:1–9:50, 919–923). ↩︎
  14. El matrimonio levirático muestra que una persona podía tener un progenitor natural y representar legalmente la descendencia de un difunto. Sin embargo, ni Mateo ni Lucas mencionan una unión levirática en la familia inmediata de José. Deuteronomio 25:5–10 demuestra la posibilidad de esa explicación, pero no confirma que fuera la causa histórica de la diferencia entre Jacob y Elí. ↩︎
  15. La aparición consecutiva de Salatiel y Zorobabel hace natural identificarlos con los conocidos personajes posteriores al exilio. Sin embargo, Mateo y Lucas les atribuyen antepasados y descendientes diferentes.
    Es posible que fueran personas distintas con los mismos nombres, aunque la coincidencia consecutiva hace que esta explicación resulte menos inmediata. El texto no permite alcanzar certeza absoluta. (Sara Japhet, I & II Chronicles, comentario a 1 Crónicas 3:17–19). ↩︎
  16. Mateo no llama a José «hijo de David» de manera accidental. El título conecta la genealogía con el relato del nacimiento. El descendiente de David recibe la orden de acoger a María y dar nombre al niño.
    La iniciativa procede de Dios. José no crea mediante su voluntad la identidad mesiánica de Yeshúa; responde obedientemente a lo que Dios ha realizado. Su actuación reconoce públicamente al niño dentro de su casa. (Blomberg, Matthew, comentario a Mateo 1:16–25; Keener, The Gospel of Matthew, comentario a Mateo 1:18–25; Yigal Levin, «Jesus, “Son of God” and “Son of David”: The “Adoption” of Jesus into the Davidic Line», Journal for the Study of the New Testament 28.4 (2006): 415–442). ↩︎
  17. La propuesta ofrece una solución sencilla: Mateo proporcionaría el derecho dinástico mediante José y Lucas la descendencia física mediante María. Su principal debilidad es que depende de información ausente del texto. Lucas nunca dice que Elí fuera padre de María ni que estuviera sustituyendo su nombre por el de José. La conclusión prudente es que la genealogía materna constituye una armonización posible, pero no demostrada. (Fitzmyer, Luke I–IX, 496–500; Bock, Luke 1:1–9:50, 919–923; Levin, «Jesus, “Son of God” and “Son of David”», 415–442). ↩︎
  18. Sexto Julio Africano fue un escritor cristiano de comienzos del siglo III, conocido por sus trabajos cronológicos e históricos. Eusebio conservó parte de su carta a Aristides acerca de las genealogías de Yeshúa.
    La obra completa no se ha conservado. Conocemos la explicación principalmente por la cita de Eusebio, lo cual obliga a distinguir entre el testimonio de Africano, la valoración de Eusebio y los datos expresos de los Evangelios. (Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica 1.7). ↩︎
  19. El Talmud babilónico conserva una interpretación según la cual el exilio expió las transgresiones de Jeconías y lo convirtió en una persona renovada (Sanedrín 37b). Esta tradición demuestra que los intérpretes judíos también reconocieron la tensión entre Jeremías 22:30 y la continuidad posterior de su descendencia. No obstante, se trata de una interpretación rabínica posterior. La conclusión textual más segura es que Jeremías anunció el fin de la prosperidad real inmediata de Jeconías. Hageo renovó mediante Zorobabel la esperanza davídica sin instalarlo como rey. (Jack R. Lundbom, Jeremiah 21–36, Anchor Bible 21B (New York: Doubleday, 2004), comentario a Jeremías 22:24–30; Japhet, I & II Chronicles, comentario a 1 Crónicas 3:17–19). ↩︎
  20. Si Mateo hubiera considerado que la presencia de Jeconías destruía toda pretensión mesiánica, difícilmente lo habría mencionado expresamente. Por el contrario, lo convierte en uno de los puntos estructurales de la genealogía. Para Mateo, el exilio y el juicio no destruyeron la fidelidad de Dios. Forman parte de la historia que conduce al Mesías. ↩︎
  21. Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica 1.7; Richard Bauckham, Jude and the Relatives of Jesus in the Early Church (Edimburgo: T&T Clark, 1990). ↩︎
  22. D. A. Carson, «Matthew», en The Expositor’s Bible Commentary, ed. rev. (Grand Rapids: Zondervan, 2010), comentario a Mateo 1:1–17; Craig L. Blomberg, Matthew, New American Commentary 22 (Nashville: Broadman, 1992), comentario a Mateo 1:1–17; Darrell L. Bock, Luke 1:1–9:50, Baker Exegetical Commentary on the New Testament (Grand Rapids: Baker, 1994), comentario a Lucas 3:23–38. ↩︎
  23. Joseph A. Fitzmyer, The Gospel According to Luke I–IX, Anchor Bible 28 (Garden City: Doubleday, 1981), 488–498; Raymond E. Brown, The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in Matthew and Luke, ed. actualizada (Nueva York: Doubleday, 1993), sección dedicada a las genealogías de Yeshúa. ↩︎
  24. John Nolland, Luke 1–9:20, Word Biblical Commentary 35A (Dallas: Word, 1989), comentario a Lucas 3:23–38; Marshall D. Johnson, The Purpose of the Biblical Genealogies, 2.ª ed. (Cambridge: Cambridge University Press, 1988), especialmente los capítulos dedicados a las genealogías de Mateo y Lucas. ↩︎
  25. W. D. Davies y Dale C. Allison, A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel According to Saint Matthew, vol. 1, International Critical Commentary (Edimburgo: T&T Clark, 1988), comentario a Mateo 1:1–17; R. T. France, The Gospel of Matthew, New International Commentary on the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 2007), comentario a Mateo 1:1–17; David R. Bauer, «Genealogía», en Diccionario de Jesús y los Evangelios, 2.ª ed., ed. Joel B. Green, Jeannine K. Brown y Nicholas Perrin, trad. Rubén Gómez Pons (Viladecavalls: Editorial CLIE, 2016), 493–497. ↩︎
  26. Fitzmyer, Luke I–IX, 488–498; Nolland, Luke 1–9:20, comentario a Lucas 3:23–38; Bock, Luke 1:1–9:50, comentario a Lucas 3:23–38. ↩︎
  27. La fidelidad al texto no consiste en fingir que no existen dificultades ni en exagerarlas. Una conclusión responsable afirma con seguridad aquello que los evangelistas expresan, formula como inferencia lo que puede deducirse y deja como posibilidad lo que depende de información no conservada.
    Esta distinción permite defender la coherencia esencial del testimonio mesiánico sin fabricar una certeza histórica que Mateo y Lucas no proporcionan. ↩︎
  28. Mateo conduce desde Abraham hasta el Mesías y después abre la misión hacia las naciones. Lucas conduce desde el Mesías hasta Abraham y continúa hasta Adán. Ambos movimientos presentan la salvación de las naciones como fruto de la historia de Israel. Las genealogías no enseñan que Dios descartara a Israel para comenzar un pueblo completamente ajeno. Enseñan que la promesa confiada a Israel alcanza mediante su Mesías una dimensión universal. ↩︎

Daniel López
Daniel López

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad 2 Timoteo 2:15

Artículos: 833

Deja un comentario

Descubre más desde Através de las Escrituras

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo