Alejandro Magno en Jerusalén

Durante su campaña militar contra Persia, Alejandro se desvió hacia el sur, conquistando Tiro y luego Egipto, pasando por lo que hoy en día es Israel. Hay una historia fascinante acerca del primer encuentro entre Alejandro y los judíos de Israel, quienes se encontraban bajo el dominio del imperio persa.

En la segunda mitad del siglo IV, Alejandro Magno lanza su campaña de conquista del inmenso imperio de los persas, que se ve coronada por uno de los éxitos militares más grandes de la historia. En el año 333 a.C. Alejandro Magno entra en Jerusalén durante su gran campaña para conquistar el Egipto de los faraones. Con ello, Judá, que era una provincia del imperio persa, cambia de manos y pasa a depender de los nuevos conquistadores.

La narración respecto a la primera interacción entre Alejandro y los judíos se encuentra registrada en el Talmud (Yomá 69a) y en Antiguedades de los Judíos por el historiador Flavio Josefo (Libro XI) el Sumo Sacerdote (Kohen HaGadol) del tempo de Jerusalem, temiendo que Alejandro fuera a destruir la ciudad, salió a su encuentro antes de que llegara a la ciudad. La narración describe como Alejandro, al ver al Sumo Sacerdote, se bajó de su caballo e hizo una reverencia (Alejandro raramente, quizás nunca, se postraba ante alguien). En el relato cuando el general Parmerio le preguntó la razón, Alejandro respondió:

“No hice una reverencia ante él, sino ante el Dios que lo ha honrado con el Sumo Sacerdocio; pues he visto a esta misma persona en un sueño, con esta misma apariencia“.

Alejandro interpretó la visión del Sumo Sacerdote como un buen presagio, y por tanto se apiado de Jerusalem, absorbiendo pacíficamente a la tierra de Israel en su creciente imperio. Como tributo a su conquista apacible, los sabios declararon que los primogénitos de aquella época fueran llamados Alejandro, el cual sigue siendo un nombre judío hasta el día de hoy. Y el día de aquel encuentro, 25 de Tevet, fue declarado una festividad menor.

Asi lo relata Flavio Josefo en Antiguedades de los Judíos Libro XI Capítulo VIII verso 5:

Cuando el Sumo Sacerdote se enteró de que Alejandro se encontraba ya a escasa distancia de la ciudad, salió acompañado de los sacerdotes y de la comunidad ciudadana, marchando a su encuentro, rodeado de una ostentación propia de los actos sagrados y superior a la efectuada por cualquier otro pueblo, hasta una localidad de nombre Safeín (Es el actual monte Escopo, donde se halla hoy día la Universidad hebrea (Thackeray)), palabra que, traducida al griego, significa Observatorio, y esto porque se daba la circunstancia de que desde allí se observaba Jerusalén y el Templo. En aquellas circunstancias los fenicios y los caldeos que seguían a Alejandro pensaban, como era de esperar de la cólera del rey, que éste les permitiría no sólo saquear la ciudad, sino también matar ignominiosamente al Sumo Sacerdote. Pero ocurrió todo lo contrario.

En efecto, Alejandro, al ver todavía desde lejos a la multitud con vestimentas blancas, a los sacerdotes que les precedían con ropas de lino y al Sumo Sacerdote con atavío de azul-jacinto y salpicado de oro y llevando sobre su cabeza la mitra y sobre ella la placa de oro en la que estaba grabado el nombre de Dios, tras acercarse él solo se postró ante el referido nombre y fue el primero en saludar cordialmente al Sumo Sacerdote.

Y, mientras todos los judíos en masa daban la bienvenida a Alejandro a un solo grito y lo rodeaban* los reyes de Siria y los demás se quedaron impresionados de que actuara así, tanto que se figuraban que el rey había perdido el juicio, pero Parmenión fue el único en acercarse a él y preguntarle a qué se debía que, mientras todo el mundo se postraba ante él, él en cambio se postraba ante el Sumo Sacerdote de los judíos. A lo que él contestó: «No es éste ante quien me postré, sino ante Dios, quien lo ha honrado a él con la dignidad de Sumo Sacerdote. Pues fue Él a quien vi yo en sueños con la presente indumentaria cuando me encontraba en Dio de Macedonia, y Él quien, como yo estuviera discurriendo en mi mente cómo podría apoderarme de Asia, me animó a que no titubeara sino que cruzara el mar/lleno de confianza, ya que, según me dijo, Él guiaría mi ejército y me entregaría el mando sobre los persas. De ahí que, al no haber observado a ningún otro vestido con tal ropaje, cuando ahora vi a éste, me acordé de la visión y exhortación que me dio en sueños, y por ello tengo para mí que, al efectuar esta expedición militar por impulso divino, venceré a Darío, aniquilaré a las fuerzas persas y me saldrán bien todos los proyectos que guardo en mi mente».

Tras responder esto a Parmenión y abrazar efusivamente al Sumo Sacerdote, llegó a la ciudad, mientras los judíos corrían a su lado. Y, habiendo subido al Templo, ofreció un sacrificio a Dios siguiendo las instrucciones del Sumo Sacerdote, y rindió notables honores al propio Sumo Sacerdote y a los demás sacerdotes. Y, como le fuera mostrado el libro de Daniel en el que revelaba que un griego derribaría el poderío persa, se convenció de que era él el indicado.

Contento con ello, de momento disolvió la reunión popular, pero al día siguiente, luego de convocarlos a su presencia, les mandó que le pidieran los regalos que quisieran. Y, como el Sumo Sacerdote le hubiera pedido que pudieran regirse por las leyes de sus antepasados y que uno de cada siete años quedara exento del pago de tributos, se lo concedió todo. Y, como le hubiera rogado que permitiera también que los judíos residentes en Babilonia y Media pudieran
regirse por sus propias leyes, prometió lleno de contento que haría lo que le solicitaban. Y, al decir él a la multitud que estaba dispuesto a llevar consigo a todos aquellos judíos que quisieran formar parte de su ejército con derecho a permanecer fieles a sus costumbres tradicionales y a vivir conforme a ellas, fueron muchos los que gustaron de integrarse en su ejército.

La decoración del suelo en las ruinas de una antigua sinagoga de Israel podría describir un encuentro legendario con el famoso conquistador.

Datado en el siglo V d.C., el mosaico describe el encuentro de dos personajes masculinos de alto rango, uno de los cuales parece ser un gran general al frente de sus soldados.

Ver artículo de National Geographic: Antiguo mosaico podría representar a Alejandro Magno

Ahora veremos la traducción de una parte relatada y registrada en el Talmud, donde el Sumo Sacerdote o Kohen HaGadol sale con las vestimentas del Templo inusualmente para recibir a Alejandro Magno con la intención de salvar a Jerusalém de la destrucción y podemos corroborar que en caso de emergencia se puede tomar momentáneamente una decisión extrema, violar un mandamiento para preservar el Templo de Jerusalém (Principio de Kal Vajomer). El relato deja una enseñanza importante que en casos extremos hay que actuar de modo diferente si es muy necesario.


  • Talmud Babli Yomá 69a:

La baraita enseñó que las vestiduras sacerdotales no se pueden usar fuera del Templo.

i. Baraita: Baraita (en hebreo: ברייתא) (plural: Baraitot) designa una tradición existente en la ley oral judía que no fue incorporada en la Mishná. La palabra “Baraita” se refiere a las enseñanzas que están fuera de los seis órdenes de la Mishná.

La Guemará desafía esto:

¿Realmente no está permitido llevar vestimentas sacerdotales en el país?

Enseñado que no estaba en otro Baraita, en Meguilat Taanit:

El vigésimo quinto de Tevet es conocido como el día del monte Guerizim [הר גריזים] , que fue establecido como un día alegre, y por lo tanto el elogio es no permitido.

¿Qué ocurrió en esa fecha?

Fue en ese día que los samaritanos [kutim] le pidieron a la Casa de nuestro Señor de Alejandro Macedonio para que la destruyera, y él la recibió, es decir, les dio permiso para destruirla.

La gente vino e informó al Sumo Sacerdote, Shimon HaTzaddik, de lo que había ocurrido. ¿Que hizo el? Se puso las vestiduras sacerdotales y se envolvió en las vestiduras sacerdotales.

Y los nobles del pueblo judío estaban con él, con antorchas de fuego en sus manos. Y toda esa noche, estos, los representantes del pueblo judío, se acercaron desde este lado, y esos, Los ejércitos de Alejandro y los samaritanos, se acercaron desde ese otro lado, hasta el amanecer, cuando finalmente se vieron. Cuando llegó el amanecer, Alejandro dijo a los samaritanos: ¿Quiénes son estas personas que vienen a reunirse con nosotros?

Ellos le dijeron: Estos son los judíos que se rebelaron contra ti. Cuando llegó a Antipatris, el sol brilló y los dos campamentos se encontraron. Cuando Alejandro vio a Shimon HaTzadik, descendió de su carro y se inclinó ante él.

Sus acompañantes le dijeron: ¿Debería un rey importante, como usted, inclinarse ante este judío? Él les dijo: Lo hago porque la imagen del rostro de este hombre es victoriosa ante mí en mis campos de batalla, es decir, cuando peleo veo que su imagen va delante de mí como un signo de victoria, y allí antes sé que él tiene la santidad suprema.

Dijo a los representantes del pueblo judío:

¿Por qué has venido? Ellos le dijeron : ¿Es posible que el Templo, la casa en la que oramos por ti y por que tu reino no sea destruido, los gentiles intenten engañarte para que lo destruyas, y nos quedemos en silencio y no te lo digamos?

Él les dijo: ¿Quiénes son estas personas que quieren destruirlo? Los judíos le dijeron: Son estos samaritanos quienes están de pie delante de ti. Él les dijo: Si es así, son entregados en tus manos para tratarlos como te plazca.

Inmediatamente, apuñalaron a los samaritanos en sus talones, los colgaron de las colas de sus caballos y continuaron arrastrándolos sobre las espinas y los cardos hasta que llegaron al Monte Guerizim. Cuando llegaron al Monte Guerizim, donde los samaritanos tenían su templo, lo araron y sembraron el área con puerros, un símbolo de destrucción total.

Así fue como habían comprado para hacer la Casa de nuestro Señor.

E hicieron ese día un festival para celebrar la salvación del Templo y la derrota de los samaritanos.

Es idéntico en la baraita que Shimon HaTzaddik usó las vestiduras sacerdotales incluso fuera del Templo. Esto parece estar en contravención de la decisión de la otra baraita que prohíbe esto. La Guemará resuelve la contradicción:

“…si lo desea, diga que Shimon HaTzaddik no usó un conjunto de vestiduras sacerdotales genuinas y santificadas; más bien, usaba prendas que eran apropiadas para ser vestiduras sacerdotales, ya que estaban hechas del mismo material y diseño…”

Y si lo desea, diga que efectivamente hizo un conjunto de vestiduras sacerdotales genuinas, pero en momentos de gran necesidad, como cuando se intenta evitar la destrucción del Templo, se permite violar la halajá., como lo indica el versículo: “עת לעשות ליהוה הפרו תורתך” “Es hora de actuar por el Señor, han anulado tu Torá” – (Salmos 119: 126).

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