Posmilenialismo

Anteriormente tratamos sobre uno de los puntos principales en el estudio de la escatología (El estudio de las ultimas cosas) sobre El milenio, si no lo a leído antes les recomiendo previamente leer el artículo: Sobre el Milenio, ya que en este articulo explicamos todo lo concerniente a esta doctrina y las diferentes corrientes de pensamiento sobre ella.

Si pudiéramos definir en pocas palabras lo que defiende la postura posmileanialista sería lo siguiente:

El posmilenialismo es un término teológico derivado de la referencia a mil años en Apocalipsis 20, y que designa la opinión de que Cristo regresará después del MILENIO, es decir, después de un largo período de justicia y prosperidad.

Moisés Silva y Merrill Chapin Tenney, The Zondervan Encyclopedia of the Bible, M-P (Grand Rapids, MI: The Zondervan Corporation, 2009), 930.

El posmilenialismo espera que la proclamación del Evangelio de Jesucristo bendecido por el Espíritu ganará la vasta mayoría de seres humanos a la salvación en esta época presente. El éxito creciente del Evangelio gradualmente producirá un tiempo en la historia antes de la segunda venida de Cristo en el cual la fe, justicia, paz, y prosperidad prevalecerán en los asuntos de personas y naciones.

Después de una época extensa de tales condiciones, el Señor volverá visiblemente, corporalmente y en gran gloria, colocando un fin a la historia con una resurrección general y el juicio final de toda la humanidad. Así este sistema es posmilenial porque el retorno glorioso del Señor ocurre después de una época de condiciones «mileniales». De esta manera, la persona que adopta el sistema de escatología denominado posmilenialismo proclama en una forma especial que la historia está bajo el control de Él.

Darrell L. Bock (Redactor), Kenneth L. Gentry Jr. (Colaborador), Robert B. Strimple (Colaborador), Craig A. Blaising (Colaborador)

En este extenso artículo el académico Kenneth L. Gentry (ThD, Seminario Teológico de Whitefield) profesor de investigación en teología en Christ College, Lynchburg, Virginia tratara a lo largo de este artículo de defender una postura posmilenialista. Despues de la exposición del Posmilenialismo introduciremos una respuesta amilenial (por Robert B. Strimple) y premilenial (por Craig A. Blaising) a lo expuesto por Kennet L. Gentry.

Este artículo esta extraido del libro: Three Views on the Millennium and Beyond (Counterpoints) by Craig A. Blaising; Kenneth L. Gentry Jr.; Robert B. Strimple Publisher: Zondervan, 1999.

  1. EL DESARROLLO HISTÓRICO DEL POSMILENIALISMO
  2. FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DEL POSTMILENIALISMO
  3. EL FLUJO REDENTOR-HISTÓRICO DEL POSTMILENIALISMO
  4. PRUEBAS EXEGÉTICAS PARA EL POSTMILENIALISMO
  5. CONCLUSIÓN
  6. EXCURSUS – Una respuesta amilenial a Kenneth L. Gentry – por Robert B. Strimple
  7. EXCURSUS – Una respuesta premilenial a Kenneth L. Gentry – por Craig A. Blaising

EL DESARROLLO HISTÓRICO DEL POSMILENIALISMO

A pesar de frecuentes afirmaciones proféticas en los escritos de los primeros cristianos, se presenta un fenómeno curioso: ningún credo antiguo afirma un punto de vista sobre el milenio. Aunque están subordinados a las Escrituras, los credos tienen un papel importante en definir la ortodoxia cristiana. Protegen a la Iglesia por dentro de la corrupción de la fe, y por fuera de los ataques de incredulidad.

Figura de la cronología posmilialista

El posmilenialismo antiguo

Las formulaciones tempranas de los credos del cristianismo proveen solamente los elementos más sencillos de la escatología. Por ejemplo, el Credo del los Apóstoles simplemente afirma, «Ascendió al cielo, y se sentó a la derecha de Dios Padre el Todopoderoso; desde dónde volverá para juzgar a los vivos y a los muertos», y «Yo creo … en la resurrección del cuerpo, y la vida eterna». La escatología del credo de Nicea provee poco adelanto, afirmando que Él «ascendió al cielo, y se sentó a la derecha del Padre; y volverá otra vez con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos; cuyo Reino no tendrá fin».

Tanto el amilenialismo como el posmilenialismo se adaptan fácilmente con estos y con otros credos antiguos. En cambio, es más difícil adaptar el premilenialismo a los credos antiguos porque requiere dos resurrecciones separadas y dos juicios en lugar de una resurrección y un juicio general al involucrar todo el mundo simultáneamente.

Por esta razón, como admite el teólogo dispensacionalista Robert P. Lightner: «Ninguno de los credos importantes de la Iglesia incluyen premilenialismo en sus afirmaciones».1 Sin embargo, ninguno de los credos tempranos afirma explícitamente uno de los puntos de vistas sobre el milenio como la posición ortodoxa. Esto no causa sorpresa porque como explica Erickson, «Los tres puntos de vistas sobre el milenio han existido durante toda la historia de la Iglesia»2.

Habiendo notado esto, esperamos encontrar un desarrollo progresivo de los diferentes puntos de vista sobre el milenio, en lugar de un sistema funcionando por completo en la historia temprana del cristianismo. Por ejemplo, Walvoord manifiesta en la defensa del dispensacionalismo: «Es necesario conceder que la teología desarrollada y detallada de pretribulacionismo no se encuentra en los escritos muy tempranos de la Iglesia, pero tampoco se encuentra ninguna otra exposición detallada y establecida del premilenialismo.

El desarrollo de la mayoría de las doctrinas importantes duró siglos»3. Y aunque el premilenialismo se desarrolló un poco más temprano (especialmente en Ireneo, 130–202 d.C.4), el teólogo Donald G. Bloesch escribe: «El posmilenialismo fue anticipado ya en los escritos de Eusebio de Cesarea (260–340 d.C.)». SCAF traza el posmilenialismo aun más temprano, notando que Orígenes (185–254 d.C.) «esperaba que el cristianismo, debido a su crecimiento continuo, lograría dominio sobre todo el mundo5».

Atanasio (296–372 d.C.) y Agustín (354–430 d.C.)6 son otros dos escritores prominentes de la época temprana de la iglesia cuya confianza histórica parece expresar una forma naciente de posmilenialismo. Como Zoba comenta, Agustín enseñó que la historia «será marcada por la influencia siempre creciente de la Iglesia al vencer la maldad del mundo antes de la venida del Señor»7. Esto eventualmente resultará en un «descanso futuro de los santos en la tierra» (Agustín, Sermón 259:2) «cuando la Iglesia sea libre de todos los elementos malos ahora mezclados entre sus miembros y Cristo reinará en paz»8. Este posmilenialismo temprano y naciente contiene el elemento primordial sistemático en su desarrollo tardío: una esperanza firme en la victoria del evangelio antes del retorno de Cristo.

Posmilenialismo en la Reforma

Después, como afirma Bloesch: «el posmilenialismo experimentó crecimiento en la edad media» ilustrado por los escritos de Joaquín de Fiore (1145–1202) y otros9. Pero el posmilenialismo más completamente desarrollado aparece durante los siglos XVII–XIX, especialmente bajo la influencia de los puritanos y los reformados en Inglaterra y Estados Unidos. Rodney Peterson escribe que «este punto de vista había cambiado, especialmente desde Thomas Brightman (1562–1607)». Brightman es uno de los padres del presbiterianismo en Inglaterra10. El libro A Revelation of the Revelation [Una revelación de Apocalipsis] publicado después de su muerte en 1609 explicó en detalle su punto de vista posmilenialista y se hizo una de las obras más traducidas en su tiempo. De hecho, algunos historiadores de la Iglesia consideran esta obra la «versión más importante e influyente en inglés del concepto reformado y agustiniano del milenio»11. Así Brightman es el que sistematizó (no engendró) el posmilenialismo.

Bloesch nombra otras figuras importantes del día sobresaliente del posmilenialismo: Samuel Rutherford (1600–1661), John Owen (1616–1683), Philipp Spener (1635–1705), DanielWhitby (1638–1726), Isaac Watts (1674–1748), los hermanos Wesley (en los 1700), y JonathanEdwards (1703–1758)12.

A esta lista podemos añadir Juan Calvino (1509–1564) como un posmilenialista incipiente13. En el prefacio al Rey Francisco I de Francia, Calvino escribe:

Nuestra doctrina sobresale invencible sobre toda la gloria y sobre todo el poder del mundo, porque no es de nosotros, sino del Dios viviente y de Cristo quien el Padre nombró Rey para «reinar de mar a mar, y desde los ríos hasta el fin de la tierra …» Y Él reinará de tal manera que romperá la tierra entera con su fuerza de hierro y bronce,con su brillantez de oro y plata, esparciéndola con la vara de su boca como si fuera un vaso de barro, tal como los profetas profetizaron de su reino14.

Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 1:12.

Calvino es un precursor del posmilenialismo de los reformadores Martín Bucer (1491–1551) y Teodoro Beza (1519–1605). Siguiendo en pos de ellos con cada vez más claridad son los puritanos William Perkins (1558–1602), William Gouge (1575–1653), Richard Sibbes (1577–1635), John Cotton (1584–1652), Thomas Goodwin (1600–1679), George Gillespie (1613–1649), John Owen (1616–1683), Elnathan Parr (¿?–1632), Thomas Brooks (1608–1680), JohnHowe (¿?–1678), James Renwick (¿?–1688), Matthew Henry (1662–1714), y otros.

La forma del premilenialismo de los puritanos generalmente enseña la gloria futura de la Iglesia y también que el milenio propio no comenzará hasta que los judíos se conviertan; y que la Iglesia progresará rápidamente después, prevaleciendo sobre la tierra literalmente durante mil años. La Iglesia purificada y el gobierno justo regido por la Ley de Dios se levantarán juntos bajo el derramamiento del Espíritu. Todo esto termina eventualmente en el conjunto de eventos asociados con la segunda venida de Cristo. Muchos de los puritanos también enseñaron que los judíos volverían a su tierra durante este tiempo15.

Posmilenialismo moderno

Los posmilenialistas genéricos16 de los siglos diecinueve y veinte generalmente no enseñan que el pueblo judío volvería a su tierra en cumplimiento de la profecía —aunque Iain Murria y Erroll Hulse son excepciones notables de esto. Ellos también creen que el milenio abarca toda la fase de la historia de la Iglesia y el nuevo pacto, desarrollándose gradualmente desde el tiempo de Cristo hasta su segunda venida.

Posmilenialistas genéricos prominentes incluyen: Jonathan Edwards (1703–1758), William Carey (1761–1834), Robert Haldane (1764–1842), Archibald Alexander (1772–1851), Charles Hodge (1797–1878), Albert Barnes (1798–1870), David Brown (1803–1897), Patrick Fairbairn (1805–1874), Richard C. Trench (1807–1886), J. A. Alexander (1809–1860), J. H. Thornwell (1812–1862), Robert L. Dabney (1820–1898), William G. T. Shedd (1820–1894), A. A. Hodge (1823–1886), Augustus H. Strong (1836–1921), H. C. G. Moule (1841–1920), B. B. Warfield (1851–1921), O. T. Allis (1880–1973), J. Gresham Machen (1881–1937), John Murray (1891–1975), Loraine Boettner (1903–1989), y J. Marcellus Kik (1903–1965).

Defensores contemporáneos incluyen Norman Shepherd, John Jefferson Davis, Erroll Hulse, Iain Murray, Donald Macleod, Douglas Kelly, John R. deWitt, J. Ligon Duncan, Henry Morris III, y Willard Ramsey.

Un desarrollo dentro de la tradición de posmilenialismo desde los años 1960 se llama Reconstruccionismo cristiano, que involucra la ética teonómica (teonómica quiere decir Ley de Dios). El posmilenialismo teonómico (una característica de reconstruccionismo cristiano) combina la idea de un aumento gradual de justicia entre las dos venidas de Cristo con los intereses sociales de los puritanos. El posmilenialismo teonómico enseña un retorno lento a las normas bíblica de justicia civil como una consecuencia del éxito de la predicación del evangelio, evangelismo, misiones, y educación cristiana. La vista político-judicial del reconstruccionismo incluye la aplicación de los preceptos de justicia contenidos en las leyes del Antiguo Testamento, interpretadas correctamente, adaptadas a las circunstancias del nuevo pacto, y aplicadas adecuadamente17.

A pesar de la falta de entendimiento general del interés del reconstruccionismo en asuntos socio-políticos, el teólogo evangélico Ronald H. Nash afirma: «No son solamente los posmilenialistas los que pueden ver que su idea del papel central que juegan el evangelismo y la obediencia cristiana a la Palabra de Dios en la transformación de la sociedad está lejos de las distorsiones repetidas» comunes entre ciertos oponentes18. Así afirma Mark Noll: «La teonomía suena bastante bien como las teorías populares de liberación, sin embargo porque insiste en fundamentos sobre teología cuidadosamente formulados para acción política, aboga hacia una reflexión política más responsable que lo acostumbrado en la tradición evangélica»19.

Los reconstruccionistas fuertemente afirman la separación entre la Iglesia y el estado. Por eso, a veces rechazan la relación demasiado cercana promovida por los puritanos de Inglaterra y Estados Unidos. Sin embargo, ellos admiran el interés profundo de los puritanos en la aplicación de la Palabra entera de Dios a todos los asuntos de la vida, incluyendo la justicia civil. Un ejemplo de un puritano que anticipó el movimiento de la reconstrucción es el prominente hombre de Dios de Escocia, George Gillespie, quien fue una de las estrellas más brillantes de la Asamblea de Westminster20.

Gillespie argumenta: «El magistrado cristiano tiene que observar la ley jurídica de Moisés igual al magistrado judío». También nota que las palabras de Cristo en Mateo 5:17–19 (un texto favorito de los reconstruccionistas) «aplican a la ley jurídica, pues es parte de la Ley de Moisés»21. El reconstruccionismo también se conoce como «neo-puritanismo»22 puesto que hay esta semejanza entre los dos.

Otra característica del posmilenialismo teonómico (aunque no un asunto necesario a ello) es el trato preterista a un número grande de los pasajes del gran juicio en el Nuevo Testamento. El trato preterista (latín para pasado) a ciertas profecías enseña que la Gran Tribulación (Mateo 24:21) ocurrió en la generación que vivió cuando Cristo habló (Mateo 24:34); el libro de Apocalipsis espera que los eventos que relata acontecerán pronto (Apocalipsis 1:1, 22:7, 12), porque en el día de Juan, «el tiempo está cerca» (Apocalipsis 1:3; 22:10); y el Anticristo fue un fenómeno del primer siglo (1 Juan 2:18, 22; 4:3; 2 Juan 7)23.

El preterismo sitúa las profecías de intenso mal y presagio sombrío en el siglo I, centrándose en los acontecimientos que rodearon la persecución neroniana de cuarenta y dos meses de duración (64-68 d.C., Apocalipsis 13:5), la guerra judía contra Roma de cuarenta y dos meses de duración (67-70 d.C., Apocalipsis 11:1-2) y la destrucción del templo (70 d.C., Mateo 23:36-24:34). El punto de vista preterista no es exclusivo del posmilenialismo teonómico; lo han sostenido, por ejemplo, el antiguo padre de la iglesia Eusebio, el erudito talmúdico puritano del siglo XVII John Lightfoot, el teólogo metodista del siglo XIX y autoridad en hermenéutica Milton S. Terry, y los escritores reformados modernos J. Marcellus Kik y Jay E. Adams24. Sin embargo, este punto de vista es muy enfatizado por la corriente teonómica del posmilenialismo.

Entre los defensores publicados del postmilenialismo teonómico se encuentran: Greg L. Bahnsen (1948-1995), Gary North, Rousas J. Rushdoony, Kenneth L. Gentry Jr., David Chilton, Gary DeMar, George Grant, Francis Nigel Lee, Steve Schlissel, Douglas Jones, Reuben Alvarado, Curtis Crenshaw, Grover E. Gunn, Douglas Wilson, Stephen C. Perks, Jack Van Deventer, Stephen J. Hayhow, Andrew Sandlin, Colin Wright y Joseph C. Morecraft III.

FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DEL POSTMILENIALISMO

El postmilenialismo espera que la inmensa mayoría de la población mundial se convierta a Cristo como consecuencia de la proclamación del Evangelio bendecida por el Espíritu. Sin embargo, a la luz de las condiciones actuales del mundo, muchos cristianos se sorprenden de la resistencia de la esperanza postmilenial.

Antes de proporcionar pruebas exegéticas positivas de la posición posmilenial, mostraré brevemente que, aunque la esperanza de la victoria evangélica suene extraña para el evangélico moderno, la verdad es que la esperanza posmilenial no es así.

En efecto, estos factores sugieren la plausibilidad prima facie del postmilenialismo.

El propósito de la creación de Dios

En Génesis 1 encontramos el registro de la creación del universo por parte de Dios en el espacio de seis días25. Como resultado del poder creador intencionado de Dios, todo era originalmente «muy bueno» (Génesis 1:31). Por supuesto, es de esperar que Dios creara el mundo para su propia gloria: «Porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén» (Rom. 11:36). «Todas las cosas fueron creadas por Él y para Él» (Col. 1:16b). Con frecuencia, la

Escritura reafirma el amor de Dios por su orden creado y su derecho de propiedad sobre todas las cosas: «La tierra es de Yahveh y todo lo que hay en ella, el mundo y todos los que lo habitan «26.

El postmilenialista sostiene que el amor de Dios por su creación hace que se preocupe por devolverla a su propósito original de darle gloria. Así pues, la esperanza del posmilenialista está arraigada en la realidad de la creación. enraizada en la realidad de la creación.

El poder soberano de Dios

Nuestra tarea evangelizadora en el mundo de Dios debe estar envalentonada por la certeza de que Dios «hace todas las cosas según el designio de su voluntad» (Ef 1:11). Creemos con confianza que Dios controla la historia mediante su decreto, por el que determina «el fin desde el principio» (Is. 46:10). En consecuencia, los postmilenialistas afirman que la Palabra de Dios, como Él mismo dice, «no volverá a mí vacía, sino que realizará lo que yo quiero y logrará el propósito para el que la envié» (Is. 55:11), independientemente de la oposición de los seres humanos o de los demonios, a pesar de los fenómenos naturales o de las circunstancias históricas.

El cristiano, por tanto, no debe utilizar factores históricos pasados o circunstancias culturales presentes para prejuzgar las perspectivas de éxito del Evangelio en el futuro.

Por el contrario, debe evaluar sus posibilidades únicamente sobre la base de la revelación de Dios en las Escrituras, pues el éxito del Evangelio «no es por la fuerza ni por el poder, sino por mi Espíritu» (Zac. 4:6). Así pues, la confianza última del posmilenialista está en el Dios soberano.

La bendita Provisión de Dios

Además, el Señor de señores equipa ampliamente a su Iglesia para la tarea del éxito evangelístico mundial. Entre las abundantes provisiones divinas para la iglesia se encuentran las siguientes:

  1. Tenemos la presencia misma de Cristo resucitado con nosotros27. Él es quien nos ordena «id y haced discípulos a todas las naciones», al tiempo que nos promete estar con nosotros hasta el final (Mt. 28:19). Él es quien nos ordena «id y haced discípulos a todas las naciones», prometiendo estar con nosotros hasta el final (Mt. 28:19-20). Por tanto, podemos estar que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús». hasta el día de Cristo Jesús» (Flp 1:6).
  2. Estamos habitados por el Espíritu Santo de lo alto28. Así, creemos que «el que está en vosotros es mayor que el que está en el mundo» (1 Juan 4:4b). Entre sus muchos ministerios, causa el nuevo nacimiento, capacita a los creyentes para una vida recta y bendice su proclamación del Evangelio para llevar a los pecadores a la salvación29.
  3. El Padre se complace en salvar a los pecadores30. De hecho, el Padre «no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvar al mundo por medio de Él» (Juan 3:17).
  4. Tenemos el Evangelio, que es el mismísimo «poder de Dios» para la salvación31. También empuñamos la poderosa Palabra de Dios como arma espiritual: «Las armas con las que luchamos no son las armas del mundo. Al contrario, tienen poder divino para demoler fortalezas. Derribamos argumentos y toda pretensión que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para hacerlo obediente a Cristo» (2 Cor. 10:4-5)32.
  5. Para apuntalarnos y capacitarnos para la victoria evangélica, tenemos pleno acceso a Dios en la oración33 a través del nombre de Jesús34. Cristo incluso nos dirige a orar al al Padre: «Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt. 6:10).
  6. Aunque tenemos una oposición sobrenatural en Satanás, él es un enemigo derrotado como resultado del primer advenimiento de Cristo. «Puesto que los hijos tienen carne y sangre, también él participó de su humanidad, para destruir con su muerte al que tiene el imperio de la muerte, es decir, al diablo» (Heb. 2:14)35. Por consiguiente, podemos resistirnos a él de tal modo que huya de nosotros (Stg. 4:7; 1 Pe. 5:9); podemos aplastarlo bajo nuestros pies (Ro. 16:20). De hecho, la misión que Dios nos ha encomendado es convertir a la humanidad «de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios» (Hch. 26:18). Así pues, el amplio equipamiento de la Iglesia viene dado por un Salvador lleno de gracia. Por lo tanto, dado que Dios crea el mundo para su gloria, lo gobierna con su poder omnímodo y equipa a su pueblo para vencer al enemigo, el postmilenialista pregunta: «Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?». (Rom. 8:31). Nuestra confianza está al servicio del Señor Jesucristo, «el soberano de los reyes de la tierra» (Ap. 1:5). Él está sentado a la diestra de Dios «en las regiones celestiales, muy por encima de todo poder y autoridad, poder y dominio, y de todo título que pueda darse, no sólo en la era presente sino también en la venidera. Y Dios puso todas las cosas bajo sus pies y lo nombró cabeza de todo por la Iglesia» (Ef. 1:20-22). Tenemos confianza en que la resurrección de Cristo es más poderosa que la caída de Adán. Por supuesto, todo esto no prueba que Dios quiera ganar el mundo mediante victoria evangélica. Pero debería disipar cualquier descarte prematuro y casual del postmilenialismo como opción evangélica viable, allanando así el camino para reconsiderar el caso de nuestra esperanza evangelística. La pregunta ahora es: ¿Está arraigada la esperanza postmilenial en la Palabra inspirada e inerrante de Dios? Analicemos Consideremos ahora este tema.

EL FLUJO REDENTOR-HISTÓRICO DEL POSTMILENIALISMO

En la sección principal que sigue a ésta, proporcionaré breves anotaciones exegéticas sobre varios textos prominentes para el postmilenialismo. Pero una vez establecido el marco teológico general en el que se desarrolla el postmilenialismo, quisiera ahora trazar a grandes rasgos su flujo histórico redentor. a grandes rasgos.

Creación y pactos edénicos

El Dios de la creación es un Dios de alianza. Las Escrituras estructuran la relación y el gobierno de Dios sobre la humanidad y la creación en términos de alianza.

Aunque el término «pacto» (heb.: berîth) no aparece en Génesis 1, los elementos constitutivos de un pacto sí están presentes. Jeremías sí utiliza la palabra «alianza» de creación. En Jeremías 33:24-25, la alianza de la creación que asegura la regularidad de los días y las estaciones sirve de motivo de esperanza en la fidelidad de la alianza de Dios con su pueblo en el mundo: «Esto es lo que dice Yahveh: ‘Si no establezco mi alianza con el día y la noche y las leyes fijas del cielo y de la tierra, entonces rechazaré a la descendencia de Jacob y a David, mi siervo, y no elegiré a uno de sus hijos para que gobierne sobre la descendencia de Abraham, Isaac y Jacob36. Oseas 6:7 también indica un marco de alianza para el Edén de Adán. de la experiencia edénica de Adán: «Como Adán, han roto la pacto: allí me fueron infieles».

En el pacto de la creación, Dios designa a la humanidad como su virreina sobre la tierra. El Señor crea a los seres humanos a su imagen y los somete a toda la creación para que la desarrollen para gloria de Dios37. Aunque en torno a la imagen de Dios se aglutina una rica constelación de ideas, textualmente sabemos que al menos un concepto principal implica el gobierno de la humanidad sobre la tierra: el hombre. Aunque una rica constelación de ideas se aglutina en torno a la imagen de Dios, textualmente sabemos que al menos un concepto importante implica el dominio de la humanidad sobre la tierra:

Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y que domine sobre los peces del mar y las aves del cielo, sobre el ganado, sobre toda la tierra y sobre todas las criaturas que se mueven por el suelo…» Dios los bendijo y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla. Dominad a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se desplaza por la tierra». la tierra».

(Gén. 1:26, 28, énfasis añadido)

Como imagen de Dios bajo la obligación del pacto, Adán y Eva deben desarrollar la cultura humana para su gloria, ejerciendo un dominio justo sobre toda la tierra. Esto, por supuesto, no pueden hacerlo Adán y Eva solos, por lo que Dios los bendice y les ordena «fructificad y multiplicaos» y «llenad la tierra», para que obedientemente «la sojuzguen» (Gn. 1:28a). La habilitación para el dominio (la «imagen de Dios») para el bien de la humanidad («Dios los bendijo») va seguida de la autorización («que gobiernen») y la obligación («Dios… les dijo… ‘Gobernad'») de dominar.

Y puesto que la cultura humana es el depósito de la suma de las actividades normativas de la humanidad en el mundo, esto requiere la actividad corporativa de los seres humanos trabajando de forma concertada. Esto requiere orden social y política civil para promover el desarrollo de la civilización y el progreso de la cultura.

Contrariamente a las suposiciones evolucionistas humanistas, la Biblia registra infaliblemente el desarrollo temprano de la cultura humana. De hecho, avanza a un ritmo extraordinariamente rápido: los seres humanos comienzan a criar ganado, crean instrumentos musicales y trabajan los metales mientras Adán aún vive (Gn. 4:17-22). Esta es la vocación sagrada de la humanidad, el impulso creador ordenado por Dios: «El hombre debe ejercer el dominio. Trágicamente, sin embargo, el pecado entra en el mundo Como resultado de la caída… el deseo del hombre de dominar se ha pervertido, ya no es un ejercicio de poder bajo Dios y para su gloria, sino un deseo de ser Dios. Esta fue precisamente la tentación de Satanás, que cada hombre fuera su propio dios, decidiendo por sí mismo lo que constituye el bien y el mal (Gn. 3:5)38.

En respuesta a la traición rebelde de la humanidad, Dios, que crea el mundo para su propia gloria, actúa con soberana misericordia para iniciar la redención pactada a fin de efectuar la reconciliación con su criatura caída. En el contexto histórico de la Caída, Dios promete la redención y se compromete a aplastar a Satanás, que desencadena la rebelión de la humanidad. A la serpiente utilizada por representante de Satanás, Dios le dice (Gn 3:15):

Y pondré enemistad
entre tú y la mujer
y entre tu descendencia y la de ella;
él te aplastará la cabeza
y tú le herirás el talón.

Este es el pacto edénico, que es el fundamento de la redención y complementa el pacto de la creación.

Aquí tenemos el protoevangelio, la primera promesa del Evangelio. Este pasaje anticipa la lucha en la historia: las semillas de los participantes representativos de la Caída entrarán en un conflicto mortal.

En última instancia, se trata de una lucha cósmica entre Cristo y Satanás, una contienda que se desarrolla en la tierra y en el tiempo entre la ciudad de la humanidad (bajo el dominio de Satanás) y la ciudad de Dios. Es crucial comprender su carácter histórico: la Caída se produce en la historia; la lucha tiene lugar en la historia; la simiente focal de la mujer aparece en la historia (el Cristo histórico, que es la encarnación del Creador trascendente, Juan 1:1-3, 14).

Significativamente para el debate escatológico, esta lucha histórica termina en victoria histórica: la semilla de la mujer (Cristo) aplasta a la semilla de la serpiente (Satanás). Sabemos por la evidencia del Nuevo Testamento que la crucifixión y resurrección históricas de Cristo efectuaron legalmente la ruina de Satanás:

«Y habiendo desarmado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos mediante la cruz» (Col. 2:15). De hecho, éste es un motivo fundamental de su encarnación, pues «la razón por la que apareció el Hijo de Dios fue para destruir la obra del diablo» (1 Jn 3:8b; cf. Hb 2:14). Aprendemos además que la labor redentora de Cristo tendrá consecuencias en la historia:

«Ahora es el tiempo del juicio sobre este mundo; ahora será expulsado el príncipe de este mundo. Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12:31-32). La elevación histórica de Cristo, de la que se predica su victoria, se produce o bien en su crucifixión, o en su resurrección, o en su ascensión, o muy probablemente en las tres, consideradas como una unidad redentora.

Los postmilenialistas hacen hincapié en el aplastamiento pactado de Satanás en la historia en el primer advenimiento de Cristo, con sus resultados progresivamente elaborados en la historia en el plano de la rebelión original de Adán, la consiguiente lucha de Satanás y la intrusión encarnada de Cristo. El protoevangelio promete en forma de semilla (sin juego de palabras) la victoria de Cristo en la historia, al igual que la Caída y sus efectos están en la historia.

La caída del primer Adán será superada por la elevación del segundo Adán. Dios no abandona la historia.

Pacto Abrahámico

Aunque hay varios pactos redentores significativos en las Escrituras, el espacio me impide destacar cada uno de ellos. Sin embargo, me referiré al pacto abrahámico, uno de los principales pactos redentores. La esencia de la alianza abrahámica aparece en Génesis 12:2-3 (aunque la revelación posterior revelación posterior lo desarrolla aún más; cf. 15:5-7):

Te convertiré en una gran nación
y te bendeciré;
engrandeceré tu nombre
y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan
y maldeciré a quien te maldiga;
y todos los pueblos de la tierra
serán bendecidos por ti.

Aquí la revelación de la semilla de la alianza se centra más estrechamente, pasando de la general «semilla de la mujer» (es decir, será un ser humano) a una semilla familiar más específicamente definida (es decir, será de la familia de Abraham). En última instancia, por supuesto, la línea de la semilla se reducirá a un individuo: Jesucristo, «el hijo de David, el hijo de Abraham» (Mt. 1:1; cf. Jn. 8:56; Gal. 3:16, 19).

Para mi propósito actual, tenga en cuenta que «todos los pueblos de la tierra serán bendecidos a través» de Abraham. El Nuevo Testamento nos lo explica:

La Escritura previó que Dios justificaría a los gentiles por la fe, y anunció el Evangelio de antemano a Abraham: «Todas las naciones serán bendecidas por medio de ti…» Las promesas fueron dichas a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice «y a las simientes», es decir, a muchas personas, sino «y a tu simiente», es decir, a una persona, que es Cristo.

(Gal. 3:8, 16, énfasis añadido)

O, como relata Pablo en otro lugar, «la promesa» a Abraham es «que sería heredero del mundo» (Rom. 4:13).

Esto apoya el optimismo histórico del postmilenialista. La herencia cósmica de Abraham se desarrolla por medio de la difusión del Evangelio. Las perspectivas históricas de la victoria evangélica que traerá bendición a todas las naciones viene por conversión gradualista, no por imposición catastrófica (como en el premilenialismo) o conclusión apocalíptica (como en el amilenialismo). Este modus operandi ha sido durante mucho tiempo el método de Dios y la experiencia del pueblo de Dios en las Escrituras. Dios da a Israel la Tierra Prometida mediante un proceso: «Yahveh tu Dios expulsará a esas naciones delante de ti, poco a poco. No te permitirá eliminarlas todas a la vez, o los animales salvajes se multiplicarán a tu alrededor» (Dt. 7:22; cf. Éx. 23:29-30). La profecía también espera el progreso gradual de la victoria redentora entre todas las naciones: Vemos el agua de la vida fluyendo gradualmente más profundo (Ezequiel 47:1-12), y el reino de los cielos creciendo lentamente más grande (Daniel 2:35) y más alto (Ezequiel 17:22-24; Mateo 13:31-32), penetrando más plenamente (Mateo 13:33), y produciendo más fructíferamente (Marcos 4:1-8, 26-28).

El objetivo histórico de la alianza abrahámica brilla claramente en los Salmos y los profetas (véase el análisis posterior). Permítanme pasar ahora a la nueva alianza concluyente.

Nuev0 Pacto

Jeremías 31:31-34 profetiza un nuevo pacto venidero, que también anticipa un tiempo de gran gloria del pacto:

«Se acerca el tiempo», declara Yahveh,
«en que haré una nueva alianza
con la casa de Israel y con la casa de Judá.
No será como la alianza que hice con sus antepasados
cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto,
porque ellos rompieron mi pacto,
aunque yo era un marido para ellos», declara Yahveh.
«Este es el pacto que haré con la casa de Israel
después de aquel tiempo», declara el Señor.
«Pondré mi ley en sus mentes y la escribiré en sus corazones.
Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya no enseñará el hombre a su prójimo
ni el hombre a su hermano, diciendo: ‘Conoce a Yahveh’.
porque todos me conocerán,
desde el más pequeño hasta el más grande.
«Porque perdonaré su maldad
y no me acordaré más de sus pecados».

Debido a la enorme influencia de la alianza abrahámica y a las circunstancias históricas de su audiencia, Jeremías orienta la alianza a «la casa de Israel y la casa de Judá». Pero como la alianza abrahámica contiene bendiciones para «todos los pueblos de la tierra» (Gn 12:3), cabe esperar que la nueva alianza haga lo mismo. De hecho, en el siglo I Cristo establece esta nueva alianza en su muerte y la conmemora en la Cena del Señor (Lc. 22:20; 1 Co. 11:25; 2 Co. 3:6; Heb. 8:8; 9:15; 12:24), que el cristianismo ortodoxo reconoce que es para todo el pueblo de Dios, judío y gentil por igual. Todos los que confían en Cristo, en consecuencia, son como «la descendencia de Abraham» (Rom. 4:16; cf. Gál. 3:7, 9, 14, 29), porque estamos en Cristo y él es la descendencia última de Abraham (Gál. 3:16). En resumen, los cristianos son actualmente partícipes de la nueva alianza.

Esta nueva alianza será mucho más gloriosa que la antigua: garantizará un cumplimiento más profundo y seguro de las justas directrices de la ley de Dios (Jer. 31:33b), una relación espiritual más firme y plena con Dios (v. 33c), y un conocimiento más poderoso y extenso de Dios (v. 34).

Así, podemos esperar una maravillosa exhibición del gobierno de Dios en la historia a través de este glorioso pacto.

PRUEBAS EXEGÉTICAS PARA EL POSMILENIALISMO

Permítanme referirme ahora a algunos pasajes específicos que sustentan e ilustran esta gloriosa expectativa. Contrario a algunas quejas, el postmilenialismo no es una construcción teológica carente de fundamentos exegéticos39. No está arraigado únicamente en unos pocos textos de prueba cuidadosamente seleccionados40, ni es principalmente un sistema dependiente del Antiguo Testamento sin apoyo en el Nuevo Testamento41. Numerosos pasajes en ambos Testamentos apoyan el sistema postmilenial, de modo que la Escritura en su conjunto respira el aire optimista de la esperanza42. Por supuesto, debido a las limitaciones de espacio, sólo podré destacar algunos de estos pasajes. de espacio, sólo podré destacar algunos de ellos.

Los salmos mesiánicos son especialmente significativos en el debate escatológico. El posmilenialista encuentra en estos gloriosos himnos proféticos un gran estímulo para su optimismo histórico. Por ejemplo, el Salmo 22:27 anticipa un tiempo en el que «todos los confines de la tierra se acordarán y se volverán a Yahveh, y todas las familias de las naciones se postrarán ante él» -aparentemente sobre la base de la persuasión evangelística más que de la imposición del Armagedón.

Otros salmos siguen el ejemplo: Su salvación será conocida entre todas las naciones (67:2); todos los confines de la tierra le temerán (67:7); todas las naciones vendrán y le adorarán (86:9); enemigos renombrados se renombrados enemigos se convertirán (87:4); todos los reyes lo venerarán (102:15). De hecho, el Mesías estará sentado en el cielo hasta que sus enemigos se conviertan en el estrado de sus pies (110:1)-un versículo temático versículo del Antiguo Testamento más citado en el Nuevo Testamento43.

En el Salmo 72 la victoria mesiánica está ligada a la historia preconsumación, antes de la renovación del universo actual y del establecimiento de los eternos nuevos cielos y tierra:

Durará tanto como el sol
como la luna, por todas las generaciones.
Será como la lluvia que cae sobre un campo segado,
como la lluvia que riega la tierra.
En sus días florecerán los justos,
la prosperidad abundará hasta que desaparezca la luna.
Gobernará de mar a mar
y desde el río hasta los confines de la tierra.

(Salmo 72:5-8, énfasis mío)

Salmo 2

Pero permítanme que me centre en el Salmo 2, un salmo especialmente instructivo. La visión gloriosa contenida en este salmo nos proporciona otra interpretación inspirada de la historia humana44. Relata la agitación cósmica entre las naciones y la seguridad profética de su glorioso desenlace. Así, sigue el modelo del protoevangelio (Gn 3:15), que muestra la lucha temporal seguida de la victoria histórica.

El salmo comienza con la ruidosa furia de las naciones «contra Yahveh y contra su Ungido» (vv. 1-3). En última instancia, toda la agitación mundial tiene sus raíces en la oposición a la autoridad de Dios, oposición que es la esencia de todo pecado (Gn 3:5; Ro 1:18-21). Las naciones del mundo tratan de liberarse del gobierno soberano del Señor y de su Ungido: «Rompamos sus cadenas» (v. 3, énfasis añadido).

Su furia no sólo es malvada, sino patéticamente inútil, pues el Señor está serenamente entronizado en trascendente majestad en lo alto: «El Señor se burla de ellos» (v. 4). Aquí el salmista retrata mordazmente la confianza de Dios en su burla risueña de la oposición de sus enemigos contra Él y su «Ungido» (v. 2).

El término Ungido aquí (heb. meshîach) designa al gran Libertador y Rey, a quien los judíos esperaban desde hacía mucho tiempo (véase Juan 1:20, 24-25, 41, 49; cf. Marcos 15:32; Lucas 24:19-21). Es nuestro Señor y Salvador, Jesucristo (Marcos 8:29-30; 14:61-62).

El Nuevo Testamento interpreta este salmo mesiánicamente, con la rabia de las naciones especialmente expresada en la crucifixión (Hch 4:25-27):

«Tú hablaste por el Espíritu Santo por boca de tu siervo, nuestro padre David:

¿Por qué se enfurecen las naciones
y los pueblos conspiran en vano?
Los reyes de la tierra se levantan
y los gobernantes se reúnen
contra el Señor
y contra su Ungido.

En efecto, Herodes y Poncio Pilato se reunieron con los gentiles y el pueblo de Israel en esta ciudad para conspirar contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste».

En la crucifixión, este salmo «alcanzó su apogeo, pero no se agotó ni se cumplió», en el sentido de que la batalla cósmica continúa45.

En el versículo 5, la sufrida confianza de Dios da paso a su justa indignación: «Entonces los reprende en su ira y los aterroriza en su furor». De hecho, en el Salmo 2 David toma prestadas varias palabras hebreas de Éxodo 15 (‘az, nibhalû, yōshēb), donde un canto de celebración relata la derrota de Egipto y anticipa el terror de los enemigos cananeos de Israel. El Mesías vencerá a las furiosas naciones del mundo con la misma seguridad con la que Dios vence a los enemigos cananeos de Israel. Alexander comenta: «[El hecho de que a menudo se permita que semejante locura] se prolongue impunemente se debe únicamente, en el lenguaje figurado de este pasaje, a que Dios primero se ríe de la locura humana y luego la castiga»46. Pero, por supuesto, la providencia se mueve lentamente, en el sentido de que «con el mil años son como un día» (2 Pe 3:8).

En contraste con la furiosa futilidad de las naciones, Dios declara soberanamente: «Yo [pronombre personal enfático en hebreo] he instalado a mi Rey en Sión» (v. 6). Dios no habla de este instalado como «un rey» o «el rey», sino como «mi Rey». El versículo 7 amplía nuestra comprensión de esta instalación, mostrando al propio Mesías hablando: «Yo proclamaré el decreto de Yahveh. Yahveh: Él me dijo: ‘Tú eres mi Hijo; hoy me he convertido en tu Padre'». El «decreto» es una prenda de adopción por Dios, un rito de coronación sagrado que establece la legitimidad de este Rey (véase 2 Sam. 7:13-14; Sal. 89:26-27).

La palabra «hoy» sugiere un momento formal en el que el título se asocia con el nuevo Gobernante. En lugar de ocurrir en la Segunda Venida de Cristo, como muchos suponen, el Nuevo Testamento lo relaciona una vez más con el primer siglo: en la exaltación de Cristo, a partir de su resurrección. «[Dios] lo ha cumplido para nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Como está escrito en el segundo Salmo: ‘Tú eres mi Hijo, hoy me he convertido en tu Padre'» (Hch 13:33). Desde la resurrección/ascensión, Cristo ha sido instaurado como Rey (Ro. 1:4), gobernando desde la diestra de Dios (Ro. 14:9-11; Ef. 1:20-22; Col. 1:18; 1 Pe. 3:22; Ap. 17:14; 19:16). La Gran Comisión habla de que a Cristo se le «dio» toda autoridad aparentemente en su resurrección (Mt. 28:18); cf. el tiempo aoristo en Fil. 2:9.

Pero, ¿qué hay de esta instalación «en Sión»? Sión era un lugar histórico, sin duda: una fortaleza jebusea que David capturó y rebautizó como «Ciudad de David» (2 Sam. 5:6-9). Cuando David llevó el arca a Sión, la colina pasó a ser sagrada (2 Sam. 6:10-12). Debido a su significado sagrado, el nombre «Sión» se aplicó gradualmente más allá del lugar histórico para incluir el monte Moriah, donde Salomón construyó el templo (Isaías 8:18; Joel 3:17; Miqueas 4:7) y, finalmente, a toda Jerusalén (2 Reyes 19:21; Salmo 48:2, 11-13; 69:35; Isaías 1:8). «Sión se convirtió en la tradición hebrea en el símbolo central del gobierno de Dios, el reino de Dios, un reino de justicia, rectitud y paz «47. Como tal, representa incluso a toda la nación judía (Is. 40:9; Zac. 9:13). En el Nuevo Testamento, Sión/Jerusalén trasciende las realidades del Antiguo Testamento y llega hasta el mismo cielo (Gal. 4:25-26; Heb. 12:22; Ap. 14:1). Así, el centro del teocrático se ha trasladado al cielo, donde Cristo gobierna su reino (Juan 18:36; Ap. 1:5).

Ahora todo lo que el Mesías entronizado necesita hacer es: «Pídeme, y haré de las naciones tu heredad, de los confines de la tierra tu posesión» (Sal. 2:8). Sorprendentemente, este aseguramiento de «las naciones» es la misma tarea que asigna a sus seguidores en la Gran Comisión: «Id y haced discípulos a todas las naciones» (Mt. 28:19a; véase más adelante). Los gobernará con su vara y despedazará a los que se nieguen a someterse (Sal. 2:9). Esto lo hace mediante su poderosa Palabra y bajo su providencia controladora (Heb. 1:3, 8-13; cf. Mt. 21:43-44). A causa de esta esperanza última, las naciones enfurecidas reciben advertencia (Sal. 2:10-12):

Por tanto, reyes, sed prudentes;
estad advertidos, gobernantes de la tierra.
Servid a Yahveh con temor
y alegraos con temblor.
Besad al Hijo, no sea que se enoje
y seáis destruidos en vuestro camino,
pues su ira puede estallar en un momento.
Dichosos los que se refugian en él.

Este salmo sigue desarrollando el tema redentor-histórico de lucha y victoria que comenzó con el protoevangelio. Palpita de optimismo histórico y sirve prácticamente de tratado postmilenial. Permítanme una muestra de los profetas.

Isaías 2:2-4

En Isaías 2:2-4 (y Mic. 4:1-3) aprendemos que los «últimos días» serán testigos de la atractiva influencia universal del culto a Dios, que requiere la dispersión e influencia internacional del cristianismo. Esto se traducirá en una vida justa a nivel personal y social y en la paz internacional a nivel cultural y político. Isaías indica que los «últimos días» serán la era que presenciará estas cosas, no alguna era después de los últimos días: «en los últimos días» (v. 2) significa «durante». Según el Nuevo Testamento, los «últimos días» comienzan con la venida de Cristo en el siglo I48. Abarcan los días restantes de la historia temporal hasta la segunda venida de Cristo, que será «el fin» (1 Co. 15:24; cf. Mt. 13:39-40, 49). Por lo tanto, son los últimos días, sin que haya ninguno después.

«Judá y Jerusalén» (Isaías 2:1) representan a todo el pueblo de Dios, al igual que «Israel y Judá» en Jeremías 31:31, donde la nueva alianza se aplica específicamente a la iglesia internacional del Nuevo Testamento (véase el análisis anterior). Las referencias a la «montaña», la «casa del Dios de Jacob» y «Sión» se refieren a la Iglesia. Según la revelación del Nuevo Testamento, la iglesia es el punto focal (pero no la totalidad) del reino de Dios (Mateo 16:18-19); se convierte en el templo y la casa de Dios49. Es la manifestación terrenal de la ciudad de Dios (Gálatas 4:25-26; Hebreos 12:22; 1 Pedro 2:6; Apocalipsis 21:2) y se asienta sobre una colina para influir en el mundo (Mateo 5:14; Hebreos 12:22; Apocalipsis 14:1; 21:10). La Jerusalén histórica es donde Cristo efectuó la redención (Hechos 10:39; Romanos 9:33; 1 Pedro 2:6) y donde comenzó el cristianismo (Lucas 24:47, 52; Hechos 1:8; 2:1 y ss.). La histórica «ciudad de la paz» se erige como símbolo de lo transnacional, énfasis. En el Antiguo Testamento, es una representación de la ciudad de Dios, de donde mana en última instancia la paz de Dios50.

Isaías dice que la Iglesia de Cristo será «establecida» (heb. kûn) en «la cima de los montes», lo que indica que estará «permanentemente fija, permanentemente visible»51. Después de la frase introductoria «últimos días», Isaías ha colocado la palabra «establecida» en primer lugar para dar énfasis. En las representaciones escatológicas del Antiguo Testamento, esta casa es gigantesca (Ezeq. 40:2); Jerusalén expande sus fronteras (Is. 54:1-5) y se eleva sobre una llanura (Zac. 14:10).

Así, la Iglesia está tan firmemente establecida que se eleva sobre el mundo. Es un elemento permanente y vivificante en la tierra; las «puertas del Hades» no pueden prevalecer contra ella (Mt. 16:18), ni puede «ser sacudida» (Heb. 12:28)52. En Isaías 2:2 y Miqueas 4:1, el participio hebreo niphal debe entenderse como una condición duradera, y lo mismo implica la en los versículos 3 y 4 de la función docente de Jehová, de su juzgar entre las naciones y del estado de paz y seguridad de paz y seguridad, cada uno sentado bajo su vid y su higuera, sin que miedo (esto último sólo en Miqueas)53.

«Todas las naciones afluirán» (Isaías 2:2) a la Iglesia para adorar al Señor, que las salva. No los obliga la fuerza política, sino la gracia de Dios. Allí serán discipulados en sus caminos y a partir de su ley (v. 3). El cristianismo se convertirá en el agente de la influencia redentora de la gracia en el mundo. El río crecido de gente que insta a otros a «venir, vamos» a la casa de Dios (v. 3) representa el éxito de la evangelización que conduce a la prosperidad del evangelio.

Con un número abrumador de personas que se convierten a Cristo y son discipuladas en la ley de Dios, se produce naturalmente una gran transformación sociopolítica (Is. 2:4):

Juzgará entre las naciones
y resolverá los litigios de muchos pueblos.
Convertirán sus espadas en rejas de arado
y sus lanzas en podaderas.
No tomará espada nación contra nación
ni se entrenarán ya para la guerra54.

La paz con Dios (vv. 2-3) da lugar a la paz entre los seres humanos (v. 4); la adopción supera la alienación. Esta profecía debe ser el objetivo de nuestra vida de oración. oración: «Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt 6:10).

Mateo 13

Al entrar en el Nuevo Testamento encontramos el reino escatológico profetizado fluyendo en la historia. Los relatos del nacimiento reflejan libremente las promesas de alianza y esperanza del Antiguo Testamento con gran expectación (Lucas 1-2). El reino «se acerca» (del griego engys) en el ministerio temprano de Cristo, porque el tiempo se había cumplido (Marcos 1:14-15; cf. Gálatas 4:4). El poder de Cristo sobre los demonios y el reino de Satanás muestra que el reino llegó durante su ministerio terrenal (Mateo 12:28). El reino no espera una venida futura, catastrófica y visible (Lucas 17:20-21).

En consecuencia, aunque Cristo se resiste a los intentos de convertirlo en un rey político (Juan 6:15), acepta la adulación como rey redentor (Lucas 18:38-40) y afirma ser rey mientras está en la tierra (Juan 18:36-37). Es entronizado formalmente como rey tras su resurrección/ascensión (Hechos 2:30-36). A partir de entonces, oímos hablar de su posición real «a la diestra de Dios «55 .

Por eso, los cristianos del siglo I lo proclamaron rey (Hechos 5:31; 17:7; Apocalipsis 1:5) con dignidad real, autoridad y poder (Efesios 1:22; Filipenses 2:9).

Desde entonces, Cristo nos traslada a su reino en nuestra conversión (Colosenses 1:12-13; Colosenses 4:11; 1 Tesalonicenses 2:12), nos organiza como un reino (1 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6; Apocalipsis 1:9) y nos asienta místicamente con él en el gobierno (1 Corintios 3:21-22; Efesios 1:3; Efesios 2:6; Colosenses 3:1).

En sus parábolas del reino de Mateo 13, el Señor esboza algunos de los aspectos básicos de su reino espiritual, dos de los cuales son particularmente útiles para el gradualismo optimista del postmilenialismo y merecen nuestra atención. Pero primero señalaré rápidamente los demás, ya que las parábolas del reino componen una unidad.

En la parábola del sembrador (Mt. 13:3-23) Cristo identifica a los ciudadanos justos de su reino: los que reciben correctamente la Palabra de Dios. De acuerdo con las expectativas posmileniales – y con los pactos de Génesis 1:26-31; 3:15; 12:2-3 y las profecías de Salmo 2:8 e Isaías 2:3 – su número aumentará grandemente: treinta, sesenta y cien veces (Mt. 13:8; cf. la bendición de Dios sobre Isaac en Gn. 26:12).

Las parábolas de la cizaña (Mt. 13:24-30, 36-43) y de la red (Mt. 13:47-50) advierten de que, a pesar del increíble crecimiento de su ciudadanía, la historia del reino siempre incluirá una mezcla de justos e injustos. Estos no serán separados absolutamente hasta la resurrección en la Segunda Venida que pondrá fin a la historia. El reino nunca será perfecto mientras esté en la tierra.

Las parábolas del tesoro escondido (Mt. 13:44) y de la perla preciosa (Mt. 13:45-46) hablan del valor incalculable y de las bendiciones del reino.

Las parábolas del grano de mostaza (Mt. 13:31-32) y de la levadura (Mt. 13:33) nos instruyen sobre el desarrollo gradual y el resultado final del reino en la historia. Me centraré un poco más en el resultado del desarrollo del reino, tal como se revela en estas dos últimas parábolas.

La parábola del grano de mostaza dice: «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y plantó en su campo. Aunque es la más pequeña de todas sus semillas, cuando crece es la mayor de las plantas del jardín y se convierte en un árbol, de modo que las aves del cielo vienen y se posan en sus ramas» (Mt. 13:31-32). Las imágenes relatan algo magnífico que va más allá de lo comprensible: Una minúscula semilla da lugar a un árbol en el que las aves pueden anidar sus crías. El canto de los pájaros entre las ramas simboliza serenidad (Sal. 104:12, 17). En Daniel 4:12 y Ezequiel 31:3, 6 se describe la grandeza de Babilonia y Asiria, que Dios concede providencialmente (Jer. 27:5-8; Ez. 31:3, 9), y aparecen como enormes árboles en los que anidan aves. Ezequiel simboliza la grandeza del reino. Es decir, se trata de grandes reinos, que durante un tiempo aseguran provisiones y refugio para los seres humanos.

Cristo nos enseña que Dios tiene un reino que también crecerá hasta ser un gran árbol donde anidan las aves y sus crías. Ezequiel 17:22-24a aporta más información a las imágenes de Cristo:

Esto es lo que dice el Señor soberano: Yo mismo tomaré un brote de la cima de un cedro y lo plantaré; arrancaré una ramita tierna de sus brotes más altos y la plantaré en un monte alto y sublime. Lo plantaré en las cumbres de los montes de Israel; producirá ramas, dará fruto y se convertirá en un espléndido cedro. En él anidarán pájaros de todas clases; a la sombra de sus ramas encontrarán refugio. Todos los árboles del campo sabrán que yo, Yahveh, derribo el árbol alto y hago crecer el árbol bajo. Yo seco el árbol verde y hago florecer el árbol seco.

Este pasaje habla de la magnificencia universal y de la gloriosa exaltación del reino de los cielos, que, cuando crezca plenamente, proporcionará graciosamente cobijo a todos. Tanto la profecía de Ezequiel como las parábolas de Cristo apuntan al crecimiento y dominio del reino de Cristo: el brote en un monte alto crece por encima de todos los árboles; el grano de mostaza se convierte en la planta más grande del jardín. Así, la parábola del grano de mostaza habla de la extensión gradual del reino en el mundo.

La parábola de la levadura dice: «El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y mezcló en una gran cantidad de harina hasta que hizo efecto en toda la masa» (Mt. 13:33)56. Mientras que la parábola anterior habla de la expansión extensiva, ésta habla de la penetración intensiva del reino.

La levadura es un agente penetrante que se difunde por todo su huésped desde el interior (véase la naturaleza interna del reino, Lucas 17:20-2157; Juan 3:3; Rom. 14:17). Contrariamente a la idea errónea popular, la levadura no siempre representa el mal, ya que se encuentra en las ofrendas ordenadas por Dios en Levítico 7:13; 23:17; Amós 4:5. Por supuesto, cuando se asocia con calificativos inmorales, habla del mal (por ejemplo, «levadura de malicia»). Pero aquí, en Mateo 13:33, la levadura simboliza el «reino de los cielos». Este reino es tan glorioso espiritualmente que aquellos que son «pobres en espíritu» y «perseguidos a causa de la justicia» lo reciben como una bendición (Mateo 5:3, 10; Lucas 6:20). En realidad, el sutil penetrativo de la levadura es la fuente de su legendario interés (Gal. 5:9). Por analogía puede significar la influencia penetrante del bien o del mal.

En otras palabras, Cristo enseña enfáticamente que el reino se extenderá por todo el mundo (cf. Mt. 13:38). Las gloriosas expectativas del reino de los cielos son claras: el reino lo penetrará todo (Mt. 13:33), producirá hasta el céntuplo (Mt. 13:8), crecerá hasta alcanzar gran estatura (Mt. 13:31-32) y dominará el campo/mundo (habiendo sembrado la semilla de trigo en el mundo, ese mundo al que Cristo regrese será un campo de trigo, no un campo de maleza, Mt. 13:30).

La influencia bondadosa y justa del reino penetrará totalmente en el sistema mundial. Las parábolas del reino, pues, concuerdan bien con las expectativas de victoria del Antiguo Testamento. El reino del Dios del cielo (Dn. 2:44), que Cristo predica con urgencia (Mc. 1:15) y que es un tesoro gozoso (Mt. 13:44), crecerá hasta alcanzar una posición de dominio en el mundo.

Juan 12:31-32

En Juan 12:31-32 Cristo afirma con fuerza y confianza: «Ahora es el momento del juicio sobre este mundo; ahora será expulsado el príncipe de este mundo. Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Irónicamente, el momento de su mayor debilidad (su crucifixión) se convierte en la clave de su gran victoria (cf. Col 2:14-15), que incluye el «juicio» del mundo, la expulsión de Satanás y la atracción de toda la humanidad. Y este momento está a punto de producirse: «ahora es» (v. 31).

Los comentarios de Calvino sobre la palabra «juicio» (griego krisis) nos ayudan. Él se enfoca en el significado amplio del trasfondo hebraico (el cual forma el marco cultural para los oyentes de Cristo):

Algunos toman la palabra juicio como «reformación» mientras otros la toman como «condenación». Yo estoy de acuerdo con los anteriores que explican que hay que restaurar el mundo a su debido orden. Porque la palabra hebrea mishpat que está traducida juicio significa una constitución bien ordenada … Ahora, sabemos que fuera de Cristo todo es confusión en el mundo. Y auque Cristo ya había empezado a establecer el Reino de Dios, fue su muerte el verdadero comienzo de un estado ordenado apropiadamente y la restauración completa del mundo58.

La rectificación del mal y del caos que Satanás trajo al mundo está listo para comenzar. Tasker escribe:

Por medio del conflicto con la maldad en la pasión de Cristo, la situación creada por la caída de Adán será cambiada. Fue por la desobediencia que el hombre fue sacado por Dios del huerto de Edén, por haberse sometido al príncipe de este mundo (31); ahora por la obediencia perfecta de Jesús sobre la cruz, el príncipe de este mundo será quitado de su posición59.

El Señor inmediatamente añade el medio de esta restauración: Cristo echará fuera el gran tentador de los seres humanos y atraerá a todo el mundo a sí mismo para la redención. La influencia masiva de la muerte reconciliadora de Cristo operará en la historia por medio de la atracción de personas durante toda la época (Isaías 2:2; Mateo 28:20), el mundo resultará como convirtiéndose sistemáticamente a Dios. No se logrará esto catastróficamente por imposición política, sino gradualmente por transformación personal e interna60. Las personas que han sido transformadas por la redención, generarán un mundo transformado en justicia.

La atracción por la gracia de Dios finalmente resulta en una conversión masiva y sistemática de la gran mayoría de la humanidad. Esta atracción universal lleva a un mundo redimido, como indican otras Escrituras: Dios busca la redención del mundo como un sistema creado de personas y cosas —el mundo que Él ha creado (Génesis 1), del que Él es dueño (Salmo 24:1), y que Él ama (Juan 3:16). La palabra «mundo» en griego es kosmos, que habla de un arreglo ordenado, un sistema. Numerosos pasajes hablan del alcance mundial de la redención y son instructivos en las implicaciones escatológicas. Estos pasajes presentan claramente a Cristo en su obra redentora —de igual manera hablan explícitamente del efecto divino, asegurado y comprensivo de su redención61.

En 1 Juan 4:14 descubrimos la meta divina de Dios en enviar su Hijo: Él es el Salvador del mundo. De modo que Juan 3:17 afirma explícitamente que «Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él». Juan 1:29 presenta a Cristo como actualmente en el proceso de salvar al mundo: «El cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Aun más fuerte es 1 Juan 2:2 donde Jesucristo es «la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo». Pablo aplica la obra reconciliadora de Cristo al mundo (Romanos 11:15; 2 Corintios 5:19).

En cada uno de estos pasajes, vemos la provisión segura de Dios para salvación completa y gratuita. Consecuentemente, cuando se habla de las acciones de Dios en Cristo como en el proceso de quitar los pecados del mundo (Juan 1:29), de presentar a Cristo como el Salvador del mundo (1 Juan 4:14), con la intención de salvar al mundo en vez de condenarlo (Juan 3:17), como la propiciación por los pecados del mundo (1 Juan 2:2), al reconciliar al mundo a sí mismo (2 Corintios 5:19; cf. Romanos 11:15), la idea tiene que perdurar durante el tiempo. Es decir, la obra de Cristo eventualmente efectuará la redención del sistema creado de personas y de cosas. Esa esperanza redentora está asegurada legalmente en el pasado, progresa gradualmente durante el tiempo, y resulta en un sistema mundial redimido en el futuro, un mundo que opera en base a la justicia como Dios originalmente lo quiso.

Estos pasajes no enseñan universalismo en que cada individuo se salva; al final, hay «cizaña» en el campo de trigo (Mateo 13:25). De otra manera, ellos enseñan el propósito divino y seguro de un día venidero cuando el mundo como un sistema (un cosmos en vez de un caos) —involucrando la gran mayoría de la humanidad y las cosas, en todas sus relaciones culturales—será redimido. En ese día, el cristianismo será la regla, en lugar de la excepción; la justicia prevalecerá y la maldad se reducirá a proporciones mínimas. El sistema del mundo operará en base de la ética y la redención cristiana. La aplicación de la redención de Cristo en la providencia de Dios gradualmente traerá un tiempo de adoración universal, paz, y prosperidad predicho por los profetas del Antiguo Testamento (Mateo 13:17; 1 Pedro 1:10–12). Como Juan explica a los cristianos del primer siglo que están aguantando varias tribulaciones: Cristo es la propiciación no solamente por los pecados de ellos como un rebaño pequeño (Lucas 12:32), sino por los pecados del mundo (1 Juan 2:2). Esta es la expectación según el pacto por la historia; esto es la esperanza posmilenial.

Fue para llevar acabo este plan maravilloso mundial que Cristo mandó a sus discípulos a cumplir con la Gran Comisión, de la cual ahora voy a hablar.

Mateo 28:18-20

Muchos conocen y aman la gran comisión, pero pocos la entienden. Propiamente considerado, esta es verdaderamente una comisión grande y un elemento fundamental de la esperanza posmilenial62. Antes de la gran comisión, Cristo afirma denodadamente y necesariamente: «Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra». Esta declaración preliminar revela un contraste dramático con la anterior humildad de Cristo. No habla más como durante su estado de humillación: «El Hijo no puede hacer nada por sí» (Juan 5:19; cf. 5:30; 8:28). Pero ¿Qué pasa en su ministerio? ¿Cuándo le fue dada esa autoridad?

Ambos, la posición y el tiempo verbal de la palabra «dada» en la declaración de Cristo (Mateo 28:18) significan mucho. Este verbo aparece en la posición enfática al comienzo, y la forma temporal aoristo indicativo edothe indica acción puntual en tiempo pasado. El punto cuando ocurre es obviamente cuando Jesús resucitó. Las circunstancias históricas de la gran comisión sugieren esto (Cristo lo dice poco después de la resurrección), y también lo hacen otros pasajes. Por ejemplo, Romanos 1:4 afirma de Cristo: «que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos»63.

Filipenses 2:8–9 utiliza el mismo tiempo verbal64 para indicar la resurrección como el tiempo cuando Cristo recibe autoridad: «se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre». Como fue notado antes, esta autoridad cumple el Salmo 2:6–7. La resurrección, pues, seguida por la ascensión, establece a Cristo como el Rey, quien tiene toda autoridad.

Hechos 2:30–31 está de acuerdo que la resurrección de Cristo es para tener la autoridad de un Rey: «Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción». Luego Pedro, haciendo referencia al Salmo 110 añade: «pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies» (Hechos 2:34b–35).

Mateo 28:18 indica que algo nuevo ocurre en la resurrección. Él ahora recibió toda autoridad. El botín de la victoria pertenece a Él —victoria sobre el pecado, la muerte, y sobre el diablo pertenecen a Él (Colosenses 2:14–15; Hebreos 2:13–14; 10:12–14). Su nueva autoridad abarca dominio universal, comprendiendo cielo y tierra. Así es idéntico con la de Dios el Padre (Génesis 14:19; Mateo 11:25), quien posee señorío sin límite. Como Kuiper observa: «La gran comisión usualmente se comprende como un mandato misionero. Es eso, y mucho más. Su tema es el Cristo soberano. Es una declaración gloriosa de su soberanía»65.

Su autoridad está sobre toda otra autoridad, y también penetra todo lugar. No es solamente en el área espiritual (el área adentro de la persona), sino en toda área de la vida. Sirve universalmente y comprensivamente como base para una cosmovisión cristiana verdadera. La palabra «toda» que modifica «autoridad» está usada aquí en el sentido distributivo. A. B. Bruce nota que Cristo posee «cada forma de autoridad; tiene todo medio necesario para el avance del Reino de Dios» 66.

Cada área de pensamiento y actividad está bajo su autoridad: eclesiástico, familiar, y personal —además ético, social, político, económico, y otros. De modo que deberíamos estar «derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5). El galardón rico de su obra redentora es el señorío sobre todo (Efesios 1:19–23; Filipenses 2:9–10; Colosenses 1:18; 1 Pedro 3:21–22; Apocalipsis 1:5; 17:14; 19:16).

Después de asegurar el señorío universal triunfante, Cristo pone en marcha la maquinaria que empleará para lograr la meta de ejercer su dominio. Él encarga la extensión de la influencia de su Reino a su pueblo bendecido por el Espíritu, adentro del cual habita y a quien guía: «Por tanto id y haced discípulos de todas las naciones» (Mateo 28:19). Esto concuerda bien con todo lo que mencioné arriba: la gran comisión comprende todo el mundo. El Cristo ascendido manda una Iglesia grande. ¿Ejecutaría su señorío soberano tan vigorosamente y mandaría a sus discípulos tan majestuosamente si no tuviera la intención de cumplir con su obligación?

Con estas palabras, Cristo no solamente envía a sus discípulos a todas las naciones (Adams) para ser testigos (Feinberg), proveyendo un testimonio que provoca una decisión (Hoekema). Tampoco los comisiona sencillamente a proclamar un mensaje hasta los fines de la tierra (Pentcostés), para predicar el Evangelio a todas las naciones (Hartog), o proclamar universalmente el Evangelio (Hoyt) para sacar un pueblo de entre los pueblos o las naciones del mundo (Ice)67. Según las palabras claras de la gran comisión, Cristo manda a sus discípulos actualmente a hacer discípulos de todas las naciones.

La precondición esencial de la esperanza posmilenial68 evangélica es un evangelismo que lleva al nuevo nacimiento. Después de todo, «nadie puede ver el reino de Dios si no ha nacido de nuevo» (Juan 3:3b). De modo que Cristo nos manda bautizar a la gente para indicar que pertenecen a Él. La expansión del reino no ocurre por fuerzas evolucionarais, sabiduría humana, o estrategia política; viene por medio de servicio obediente a Cristo mientras se proclama el Evangelio, que es «el poder de Dios» para salvación (Romanos 1:16b; cf. 1 Corintios 1:18, 24).

Aunque antes limitó su ministerio a Israel (Mateo 10:5–6; 15:24), Cristo ahora comisiona sus seguidores a discipular «todas las naciones». El libro de Hechos, que continúa la historia de la fe cristiana donde los Evangelios la dejan, traza el progreso naciente del Evangelio entre las naciones. Abre con el mandamiento de Cristo a los mismos pocos discípulos a promover su mensaje «en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta los fines de la tierra» (Hechos 1:8); termina con Pablo en Roma, predicando denodadamente el Evangelio (Hechos 28:16, 31). Este progreso desde Jerusalén hasta Roma manifiesta miles de conversiones que testifican al poder dramático en el cristianismo 69.

Un número grande de eruditos reconocen que la gran comisión es «una referencia clara a la profecía en Daniel 7:14, no solamente con respecto al hecho sino con respecto a las palabras mismas»70. El pasaje en Daniel demuestra que después de que Cristo asciende al Anciano de Días (no después de volver a la tierra, v. 13), «le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvan; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido» (Daniel 7:14). Esto es precisamente lo que la gran comisión espera, que todas las naciones serán discipuladas bajo su autoridad universal, resultando en su bautismo en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.

Es más, después de mandar con autoridad a los apóstoles a discipular a las naciones, Cristo promete estar con ellos (y con toda la gente) «siempre» (griego pasas tas hẽmeras, Mateo 28:20). Estos es, Él estará con ellos durante muchos días hasta el fin71 para supervisar que la tarea se termina exitosamente.

1 Corintios 15:20–28

Juntamente con las parábolas del reino, y la gran comisión, el discurso de Pablo sobre la resurrección en 1 Corintios 15 nos provee una evidencia fuerte en el Nuevo Testamento para la esperanza posmilenial. Aquí, Pablo habla francamente del hecho de que Cristo está sentado en el trono e insiste con confianza que está reinando para sujetar a sus enemigos en la historia.

1 Corintios 15:20–22 bosqueja el orden fundamental de la resurrección escatológica: «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho» (versículo 20). En el primer siglo, Cristo experimenta la resurrección escatológica; por eso, Él es la garantía como las primicias, de nuestra resurrección futura.

En los versículos 23–24, tenemos más detalles respecto al orden y a los eventos asociados con la resurrección: «Pero cada uno en su debido orden72: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia». Como Pablo está entonces en el primer siglo, así nosotros todavía estamos esperando la venida escatológica de Cristo y nuestra resurrección. Según Pablo, la venida de Cristo marca el fin (griego telos). En su segunda venida, la historia acaba porque la resurrección ocurre al fin; no habrá después una etapa milenial sobre la tierra presente73. La resurrección es una resurrección general de los justos y de los injustos (Daniel 12:2; Juan 5:28–29; Hechos 24:15), la cual ocurrirá en el día final (Juan 6:39–40, 44, 54; 11:24; 12:48)74.

Hay más, «Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia» (versículo 24). Es decir, el fin de la historia de la tierra ocurre «cuando» (griego hotan) Cristo «entregue» el Reino al Padre. En la construcción sintáctica aquí la entrega del Reino tiene que ocurrir a la vez con el fin75. El griego para «entregue» aquí es paradidõ, que es presente subjuntivo. Cuando el presente subjuntivo sigue después de la palabra hotan, esto indica una circunstancia presente relativa a la cláusula principal, aquí es «el fin vendrá». Entonces la circunstancia se refiere a la fecha del fin, cuando entregue el reino.

Asociado con el fin predestinado aquí está la promesa que Cristo no entregará el reino al Padre hasta después de destruir todo dominio, autoridad, y poder. En el texto griego, el aoristo subjuntivo del verbo katargẽsẽ (ha destruido) sigue después de la palabra hotan. Tal construcción indica que la acción de la cláusula subordinada (ha destruido) precede a la de la cláusula principal (el fin vendrá)76. No solamente eso, sino el mismo contexto demanda esto: ¿Cómo podría Cristo entregar un reino que no ha dominado todavía?

Reuniendo estos datos exegéticos, vemos que el fin depende; vendrá en un tiempo no revelado, y no conocido cuando Cristo entregue el reino al Padre. Pero esto no ocurrirá hasta después de destruir todo dominio, autoridad, y poder. de modo que el fin no ocurrirá, Cristo no entregará el reino al Padre, hasta después de abolir su oposición antes de su venida. Esto armoniza perfectamente con las expectaciones proféticas y relacionadas con el pacto en el Antiguo Testamento —y con la esperanza posmilenial.

Además aprendemos que «Él [Cristo] reina [griego dei basileuein] hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies» (versículo 25). Aquí el infinitivo presente traducido «reina» indica que está reinando actualmente. Cristo ahora está activo como «el soberano de los reyes de la tierra» y «y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén» (Apocalipsis 1:5, 6). Aquí en 1 Corintios 15:25 aprendemos que Él tiene que continuar reinando, tiene que continuar poniendo sus enemigos debajo de sus pies. En el versículo 24 el fin está esperando que Él acabe con «todo domino, autoridad, y poder»; aquí demora hasta «que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies».

Obviamente, Pablo espera que Cristo vencerá toda oposición antes del fin de la historia. El último enemigo que vencerá es la misma muerte —en la resurrección escatológica. Pero la derrota de los otros enemigos ocurrirá antes de esto, antes de la resurrección y durante el trascurso de la historia bajo su reino.

En el versículo 27 Cristo obviamente tiene el título para reinar, porque el Padre ha «puesto todo debajo de sus pies». Esta es la expresión de Pablo (citado del Salmo 8:6) equivalente a la declaración de Cristo que «me es dada toda autoridad en el cielo y en la tierra». Cristo tiene ambos, la promesa de victoria y el derecho de victoria.

La enseñanza gloriosa de Pablo en 1 Corintios 15 exige una interpretación posmilenial. Cristo está reinando hasta que su reino derrota a todos sus enemigos —mientras dura el tiempo y sobre la tierra.

Apocalipsis 20

Preferiría dejar Apocalipsis 20 fuera de mi presentación77. Juega un papel demasiado prominente en el debate escatológico, echando su sombra sobre pasajes más claros, y trayendo confusión en el debate. James L. Blevins se queja que «el milenio llega a ser la cola que mueve el perro»78. Después de presentar su exposición de Apocalipsis 20 en la defensa del premilenialismo, George E. Ladd confiesa: «Hay que admitir que hay problemas serios y teológicos con la doctrina del milenio» 79. B. B. Warfield seguramente tiene razón cuando lamenta: «No hay nada que parece más común en toda época de la Iglesia que formular un esquema escatológico de este pasaje, entendido imperfectamente, y luego imponer esta esquema sobre el resto de las Escrituras vi et armis»80.

La posmilenialista Loraine Boettner recibió críticas, sin embargo, por omitir Apocalipsis 20 en un debate escatológico anterior81. Entonces, como Berkhof, yo considero este pasaje polémico con reservas: «Puesto que esta idea no es una parte integral de la teología reformada, sin embargo, merece consideración aquí porque ha llegado a ser bastante popular entre muchos grupos»82.

Pero antes de hacerlo, tenemos que tener en cuenta dos consideraciones importantes.

  1. El único lugar en todas las Escrituras que asocia un período de mil años con el reino de Cristo es la primera mitad de este capítulo. Si un milenio literal terrenal es una época tan importante y gloriosa en la historia de la redención (como alegan los premilenialistas), entonces es extraño que esa referencia a los mil años aparezca solamente en un pasaje en todas las Escrituras. (Es también notable que no aparece en 1 Corintios 15 y 1 Tesalonicences 4, donde los premilenialistas esperarían verlo.)
  2. Esto llega a ser aun más significativo cuando ocurre en el libro más figurativo de todas las Escrituras. Apocalipsis profetiza por medio de figuras simbólicas83. ¿Si los mil años sirven como un marco literal de tiempo, porque solamente merece mención en un libro profundamente simbólico?

¿Cómo, pues, interpreta el premilenialista este pasaje? Los mil años en Apocalipsis 20 parecen funcionar como un valor simbólico, no limitado estrictamente a un período literal de mil años. Después de todo, (1) esta es claramente una visión porque comienza con las palabras, «Yo vi» (Apocalipsis 20:1); (2) el valor perfectamente exacto parece más compatible con una interpretación figurativa; (3) el primer evento en la visión es atar a Satanás con una cadena, que seguramente no es literal (ver abajo).

Pero, ¿de qué es símbolo el número mil? Mil es 10 × 10 × 10; diez es el número de perfección cuantitativa (aparentemente porque es el número de dedos de las manos o de los pies de una persona). Los mil años, entonces, sirven a Juan como un retrato simbólico de la gloria perdurable del Reino de Cristo establecido en su primera venida. El valor numérico no es literal, como tampoco el valor que afirma que Dios es dueño del ganado sobre mil collados (Salmo 50:10), promesas que Israel será multiplicada mil veces (Deuteronomio 1:11), mide el amor de Dios a mil generaciones (Salmo 84:10), o compara mil años de nuestro tiempo a un día para Dios (Salmo 90:4; 1 Pedro 3:8).

En Apocalipsis 20:1–3 Juan narra las implicaciones negativas del triunfo de Cristo sobre Satanás, cuando «el dragón, la serpiente antigua, quien es el Diablo o Satanás» (versículo 2) está atado espiritualmente (griego deo). Estas ataduras restringen a Satanás de lograr sus designios malévolos en la historia. El ángel del cielo quien le ata evidentemente es Cristo mismo. (Cristo aparece en la imagen de un ángel en otras partes del Apocalipsis (cf. Apocalipsis 10:1 con 1:13–15). (2) La lucha de las épocas es por último entre Cristo y Satanás. (3) Mateo 12:28–29 nos informa cuando Satanás fue atado durante el ministerio de Cristo y en relación a la lucha entre los reinos de Cristo y de Satanás: «Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa» (Mateo 12:28–29; ver el contexto anterior como referencia al reino de Satanás).

Cristo logra atar a Satanás legalmente durante el primer siglo; la atadura restringe a Satanás más y más durante la era cristiana (es decir los «mil años»), con la excepción de un período corto inmediatamente antes de la segunda venida (Apocalipsis 20:2–3, 7–9). La atadura no resulta en la inactividad absoluta de Satanás; sino en la restricción de su poder por Cristo. El contexto explícitamente cualifica el propósito de la atadura: para que (griego hina) Satanás no pueda engañar a las naciones. Antes de la venida de Cristo, todas las naciones con la excepción de Israel estuvieron bajo el dominio de Satanás84. de todos los pueblos de la tierra solo Israel fue un oasis en un mundo privado de Dios; ellos solamente conocieron el Dios verdadero y la salvación85. Pero con la venida de Cristo y la extensión del Evangelio del reino (Mateo 24:14; cf. 4:17, 23; Marcos 10:25, 29; Lucas 9:2, 6) más allá de las fronteras de Israel (Mateo 28:19; Hechos 1:8; 13:47; 26:20), Satanás comenzó a perder su dominio sobre los gentiles.

Death of the Dragon

En Apocalipsis 20:4–6 vemos las implicaciones positivas del reino de Cristo. Mientras Satanás está atado, Cristo reina y su pueblo redimido participan con Él en ese reino (Apocalipsis 20:4). Estos participantes incluyen ambos, los vivos y los muertos: los santos muertos en el cielo («los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios») y los santos que están perseverando sobre la tierra («los que (griego hoitines) no habían adorado a la bestia»)86. El Reino de Cristo involucra todos los que sufren por Él y entran al cielo arriba, y además los que viven por Él durante su peregrinaje terrenal —después de todo, Él tiene toda autoridad en el cielo y sobre la tierra (Mateo 28:18).

Según Juan, la «primera resurrección» asegura la participación de los santos (vivos y muertos) en el reino de Cristo (Apocalipsis 20:4–6). Esto se refiere a la resurrección espiritual de los que han nacido de nuevo por la gracia de Dios: «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte» (1 Juan 3:14). «Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él» (Romanos 6:8). «Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús» (Efesios 2:4–6). «Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados» (Colosenses 2:13).

En verdad, en su evangelio, el autor de Apocalipsis compara la resurrección de soteriología con la resurrección física de escatología, en la misma forma que lo hace en Apocalipsis 20 (ver la discusión completa abajo).

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. de cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.

(Juan 5:24–29, letra cursiva añadida por el autor)

Habiendo sido resucitados espiritualmente, los santos (si en el cielo o en la tierra) están entronados espiritualmente. Apocalipsis 20:4–6 habla de los santos viviendo y reinando con Cristo, cosa que en otros lugares se refiere a una realidad espiritual en la experiencia presente del pueblo de Dios, «y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús» (Efesios 2:6). «Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Corintios 3:21–22). «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra» (Colosenses 3:1–2).

Esto es un reino redentor en el sentido de que ellos (y nosotros hoy día) somos sacerdotes y reyes: «Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años» (Apocalipsis 20:6). Juan informa a sus lectores originales en la primera parte de Apocalipsis que Cristo «nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre» (Apocalipsis 1:6). Pedro dice a los cristianos del primer siglo (y a nosotros), «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9).

Así el reino de los santos con Cristo sobre tronos mientras Satanás está atado ilustra hermosamente el reino redentor ya establecido: Cristo trae su reino al mundo para batallar con Satanás durante su ministerio terrenal (Mateo 4:1–11; 12:28–29); Dios imparte formalmente autoridad para reinar sobre Él en su resurrección y ascensión (Mt 28:18; Romanos 1:4); y Cristo promete crecimiento continuo en la historia hasta el fin (Mateo 13:31–33; 1 Corintios 15:25). El Rey de reyes poseyendo toda autoridad, comisiona sus siervos a traer otros a su reino, prometiendo estar con ellos todo el tiempo y bendecirles en su labor (Mateo 28:18–20; Filipenses 4:13). Los cristianos son vencedores (cf. 1 Juan 2:13–14: 4:4; 5:4–5) y están sentados con Cristo quien actualmente reina: «Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono» (Apocalipsis 3:21). La época milenial ya ha durado casi dos mil años; puede continuar por otros mil años o diez mil años o más, no sabemos.

El «resto de los muertos espirituales» no participan en esta resurrección espiritual. En verdad, ellos «no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años» (Apocalipsis 20:5). En ese momento estarán físicamente resucitados (implicado) para estar sujeto a la «segunda muerte» (tormento eterno), el cual se levanta en el día de juicio (Apocalipsis 20:11–15). En ese momento, por supuesto, Dios resucitará a toda la humanidad físicamente (Job 19:23–27; Isaías 26:19; Juan 5:28–29; Hechos 24:15; Romanos 8:11, 23; Filipenses 3:20; 1 Tesalonicenses 4:16).

El reino de Cristo explicado simbólicamente por Juan muestra la gloria trascendente del cristianismo en el mundo. Mientras su reino se extiende por medio de la predicación del Evangelio; justicia, tranquilidad y prosperidad consiguientemente dominarán el mundo maravillosamente. No sabemos cuándo su reino alcanzará esta altura o cuánto tiempo prevalecerá, pero la visión grande de Juan nos anima a entender que nosotros participaremos por mucho tiempo en su crecimiento mientras adoramos y servimos al Rey Jesús.

CONCLUSIÓN

El argumento acerca del posmilenialismo comienza con la creación, se desarrolla por medio de la redención, y está asegurado por revelación. Desde Génesis a Apocalipsis la historia de la tierra es el enfoque del universo en el desarrollo del plan maravilloso de Dios para su propia gloria y el bien de su criatura mayor, el ser humano. La providencia obra despacio. La historia es larga. Nosotros somos impacientes. Pero la voluntad de Dios se hará sobre la tierra como se hace en el cielo, por medio del Evangelio que Él ordena con «el poder de Dios para la salvación de todos los que creen» (Romanos 1:16).

La naturaleza lenta y deliberada del avance providencial del reino nos hace acordar del niño pequeño que juega a los pies de su abuela mientras ella cose un tapete decorativo. Desde abajo, el niño solamente puede ver un caos de colores e hilos cortados y mezclados. Pero desde su punto de vista superior, ella puede ver el desarrollo de una obra de arte que sigue un modelo seguro. Una vez completado el proyecto, el niño ve su belleza y su perplejidad desaparece en deleite.

Ahora vemos solamente una pequeña fuente de esperanza, pero esta fuente fluyendo continuamente en la historia, se hará un río de vida que un día inundará sus laderas.
Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar. Y me sacó por el camino de la puerta del norte, y me hizo dar la vuelta por el camino exterior, fuera de la puerta, al camino de la que mira al oriente; y vi que las aguas salían del lado derecho.

Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre?

Después me llevó, y me hizo volver por la ribera del río. Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río. Y junto a él estarán los pescadores, y desde En-gadi hasta En-eglaim será su tendedero de redes; y por sus especies serán los peces tan numerosos como los peces del Mar Grande. Sus pantanos y sus lagunas no se sanearán; quedarán para salinas. Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina. (Ezequiel 47:1–12)

Kenneth L. Gentry, Jr., Th.D. es un ministro presbiteriano jubilado, autor de numerosos libros sobre teología y estudios bíblicos, y conferenciante que ha hablado en toda América, en el Caribe y en Australia. Es conservador, evangélico y reformado…

Es licenciado por la Tennessee Temple University (Estudios Bíblicos); tiene un máster en Divinidad por el Reformed Theological Seminary (Ministerio Pastoral); y un máster y un doctorado en Teología por el Whitefield Theological Seminary (Nuevo Testamento).

EXCURSUS – Una respuesta amilenial a Kenneth L. Gentry – por Robert B. Strimple

El señor Gentry promueve un tipo específico de posmilenialismo que se llama «posmilenialismo teonómico». La teología contemporánea que se llama teonomía (también se llama reconstruccionismo cristiano o teología de dominio) levanta sus propias dificultades con referencia a la exégesis bíblica, teología, y ética87. Pero puesto que los distintivos del posmilenialismo teonómico no están enfatizados en el ensayo de Gentry, no responderemos a ellos con esta respuesta. Sin embargo, se debe desafiar una afirmación —que «los Estándares de Westminster apoyan el punto de vista teonómico» (nota 24).

Robert B. Strimple (PhD, Trinity College, Universidad de Toronto) es profesor de Teología Sistemática en el Seminario Teológico de Westminster.

La teonomía insiste que todas las leyes judiciales de Moisés, juntamente con las penas específicas para cada transgresión (incluyendo la muerte por crímenes como el asesinato pero también adulterio, homosexualidad, blasfemia, y rebeldía incorregible y física en los hijos) continúen obligatoriamente hoy día y que el gobierno civil debería aplicarlas. ¿Es eso la enseñanza de la Confesión de Fe de Westminster?

El capítulo XIX de la Confesión de Westminster trata con la Ley de Dios. Hace la distinción tradicional entre la ley moral, ceremonial, y judicial88. Después de afirmar que (1) la ley moral (originalmente dada a Adán y después entregada sobre el monte Sinaí en los diez mandamientos), sigue siendo la regla perfecta y justa de Dios, enumerando nuestros deberes hacia Dios y hacia otros seres humanos, y (2) la ley ceremonial prefigura a Cristo y ahora está abrogada bajo el Nuevo Testamento, la confesión prosigue para afirmar con respecto a leyes judiciales, A ellos [el pueblo de Israel] también, un cuerpo político, Él [Dios] dio varias leyes, las cuales expiraron juntamente con la nación de Israel; no obligando cualquier otra ahora, más allá que la equidad general de ellas requiera. (letra cursiva añadida)

Como Sinclair Ferguson ha notado, esta afirmación de la confesión de Westminster no es la manera natural de expresar un punto de vista teonómico. Ciertamente no es la manera contemporánea la cual los teonomistas expresan su posición. Para la Confesión de fe, el principio que gobierna es que las leyes judiciales de Moisés se han expirado (no importa lo que se dice para clarificar su relevancia), de otra manera para los teonomistas, el principio que gobierna es que las leyes judiciales de Moisés no han expirado sino que están todavía vigentes; Cristo las ha confirmado y están perpetuamente vigentes89.

Gentry reclama que el apoyo de la Confesión de fe a la teonomía es obvio por los textos bíblicos que cita y por lo que los autores han escrito. Ferguson examina ambos, concluye que «en puntos importantes la exégesis de los hombres de Dios de Westminster y la exégesis de los teonomistas difieren», y luego afirma, « … tenemos que concluir que no se puede apelar a la Confesión de Fe de Westminster como una expresión de teonomía en su forma contemporánea»90. La Asamblea General de la Iglesia Libre de Escocia tuvo buena razón, creo, cuando declaró que «las enseñanzas conocidas como teonomía o reconstruccionismo contradicen la Confesión de Fe [de Westminster] y no son consistentes con la Biblia»91.

Temprano en su ensayo el pastor Gentry ofrece la siguiente definición de posmilenialismo:

El posmilenialismo espera que la proclamación del Evangelio de Jesucristo bendecido por el Espíritu ganará la vasta mayoría de seres humanos a la salvación en esta presente época. El éxito creciente del Evangelio gradualmente producirá un tiempo en la historia antes de la segunda venida de Cristo en la cual la fe, justicia, paz, y prosperidad prevalecerán en los asuntos de personas y naciones. Después de una época extensa de tales condiciones, el Señor volverá visiblemente, corporalmente y en gran gloria, colocando un fin a la historia con una resurrección general y el juicio final de toda la humanidad.

El Nuevo Testamento presenta un retrato diferente del carácter de esta época entre la ascensión de Cristo y su segunda venida; y de lo que la Iglesia de Cristo pueda anticipar antes de su retorno. Jesucristo, quien fue entregado a muerte por nuestros pecados, fue resucitado por nuestra justificación (Romanos 4:25). Él fue exaltado y sentado a la diestra de Dios en el cielo (Hebreos 1:3). «Y [Dios] sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1:22–23). ¡Cristo es Rey ahora! No está esperando comenzar a ejercer su dominio en algún día futuro. Así, los cristianos tenemos toda la razón para ser valientes y estar confiados en nuestro servicio fiel al Rey y en la proclamación de su Evangelio glorioso a través del mundo.

Pero, ¿cuál es la naturaleza del reino presente de Cristo? Porque Gentry ha definido la victoria que Cristo busca en la época presente en términos de «la vasta mayoría de seres humanos» que han sido salvados y que luego han venido a ejercer control político, judicial, social y económico sobre «el mundo como sistema»92, inaugurando así «un tiempo universal de adoración, paz, y prosperidad», él debe considerar el reino de Cristo como un fracaso hasta el momento —un fracaso para estos dos mil años desde su ascensión. Tenemos que tener cuidado de no sustituir las promesas seguras de Dios con expectativas que nos parezcan «razonables» a nosotros. Si lo hacemos, podemos empezar a desvalorar las bendiciones que Cristo está derramando sobre su iglesia ahora por medio de su Espíritu, y podemos dejar de apreciar la naturaleza escatológica del reino ya inaugurado por la resurrección y exaltación de Cristo, y por el derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Y así, nos encontramos insistiendo que la consumación llegó antes de su tiempo.

En verdad, Dios ha prometido «un tiempo de adoración universal, paz, y prosperidad»; pero el testimonio consistente del Nuevo Testamento es que ese tiempo vendrá solamente cuando nuestro Señor Jesucristo mismo haya venido por «segunda vez … para traer salvación a los que están esperándole» (Hebreos 9:28). Gentry enfatiza repetidamente que la lucha entre Cristo y Satanás es «una lucha histórica [que] acaba en victoria histórica». Esto es cierto. Y acabará en victoria total y perfecta «al final» de la historia (griego to telos, 1 Corintios 15:24; 1 Pedro 4:7), al final de «esta época», la cual vendrá cuando Cristo venga —eso es, cuando ambos, el pueblo de Dios y el cosmos de Dios, entren en liberación total y perfecta del pecado y de todas las consecuencias del pecado (Romanos 8:18–23), cuando la tierra presente y los cielos actuales cedan paso «a un cielo nuevo y una nueva tierra, en los cuales mora justicia» (2 Pedro 3:13). El propósito de Dios en la creación será cumplido en la nueva creación, la cual no se entiende como una segunda creación de la nada, sino como una renovación, una recreación de la original creación de Dios. (Compare la renovación del cosmos con la resurrección que cumplirá el propósito redentor de Dios para su pueblo, Romanos 8:23).

Después en su ensayo, Gentry hace la afirmación sorprendente que «el sistema redimido del mundo en el futuro» (todavía futuro pero antes de la venida de Cristo y la consumación) operará «sobre el fundamento de justicia como Dios originalmente lo quiso … Justicia prevalecerá y la maldad se reducirá a proporciones mínimas» (letra cursiva añadida). ¡¿Es la intención de Dios para su creación simplemente que «la maldad se reducirá a proporciones mínimas»?! Si es así, «la esperanza posmilenial» contrasta pobremente con la esperanza amilenial.

Cuando preguntamos respecto al propósito de Dios y la tarea de la iglesia para este tiempo presente, nos acordamos de la comisión del Señor (Mateo 28:16–20) y la afirmación del apóstol acerca de la razón de la demora aparente en la venida prometida: «es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Pedro 3:9). Berkouwer escribe:

Si las misiones están verdaderamente conectadas con la expectación escatológica, es importante notar que la comunidad de creyentes en camino al futuro tiene un lugar central y significativo. La iglesia recibe una tarea en esta oscuridad, una tarea que cumplirá el Señor mismo … ¿Por qué existe una falta de cumplimiento en lugar de una consumación radical y triunfante? Porque Cristo da a la criatura reconciliada tiempo y espacio para que él pueda participar en la cosecha, no solamente como espectador, sino como compañero de trabajo93.

Cuando Gentry escribe que Cristo «estará con [su pueblo] durante muchos días hasta el fin para supervisar que la tarea se termina exitosamente. Esta es la esperanza posmilenial», él da a entender que solamente el posmilenialista cree que la tarea dada a la iglesia por su Señor resucitado se completará exitosamente. No es así. Los amilenialistas (y premilenialistas) ciertamente creen que esta época no terminará hasta que los propósitos del Señor se cumplan. Pero Gentry ha fracasado en establecer que hacer discípulos, bautizarles y enseñarles requiere que el cumplimiento sea en términos posmileniales. Nuestro Señor ha prometido: «Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin» (Mateo 24:14); pero solamente Dios sabe cuándo el ministerio de la iglesia entre las naciones habrá alcanzado la meta, cuándo Dios habrá de recoger a la iglesia elegida entre cada nación (Apocalipsis 5:9) y su Hijo venga.

Dios el Padre «nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3). El Señor Jesucristo «se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo» (Gálatas 1:4), para que en un sentido bendito los poderes de la época venidera hayan irrumpido ahora para aquellos que están unidos al Cristo resucitado por la fe. Sin embargo, es verdad que la iglesia continúa viviendo en esta época, la época presente, la época mala, y lo hará hasta que Cristo vuelva otra vez. Y esa verdad habla mucho acerca de lo que la iglesia pueda esperar en los años venideros antes de la venida del Salvador. Piense, por ejemplo, de lo que el Señor Jesús, mismo, nos ha enseñado. Nuestro Señor conoce solamente dos etapas, la presente y la venidera94. Él relata a sus discípulos que en esta etapa presente, ellos pueden esperar solamente opresión y persecución, y tienen que abandonar todo por la causa de Él.

Jesús no predice un futuro glorioso sobre la tierra y antes del fin del mundo en ningún lugar, como dicen los posmilenialistas. de lo contrario, las cosas que Él mismo experimentó son las cosas que su iglesia experimentará. Un discípulo no es más alto que su maestro, ni un esclavo que su dueño. Solamente en la etapa venidera los discípulos del Señor recibirán toda bendición juntamente con la vida eterna (Mateo 19:27); cf. Mateo 5:3–12; 8:19–20; 10:16–42: 16:24–27; Juan 16:2, 33; 17:14–15; etc.

Y con esta enseñanza de Jesús el resto del Nuevo Testamento está uniformemente consistente. Cuando el apóstol Pablo piensa de esta etapa presente, él piensa en sufrimientos como su característica sobresaliente (Romanos 8:1895; ver también Juan 16:33; Hechos 14:22; Romanos 8:36; 2 Corintios 1:5–10; Filipenses 1:29; 3:10; 1 Pedro 4:12–19). Gentry apela a Deuteronomio 7:22 y la conquista de Canaán como un modelo de la obra de Dios para conquistar el mundo a través de la iglesia en la etapa presente. Pero cuando el Nuevo Testamento localiza a la iglesia en la historia de la redención, el patrón al cual se refiere es a la experiencia del desierto, no a la de la ocupación de Canaán (Hebreos 3:7–19). La iglesia de Cristo hoy se queda en el desierto, y un dominio gradual del mundo no ocurre en el desierto. Canaán y el descanso quedan aún por delante. Como el padre Abraham, los creyentes se quedan como «extranjeros y peregrinos» (Hebreos 11:13), sin una ciudad perdurable acá, sino que buscan una venidera (Hebreos 13:14).

Y no solo es verdad que la iglesia todavía vive en esta etapa presente, también es verdad (según el Nuevo Testamento) que la iglesia vive en los «últimos días» de esta etapa presente. Es razonable pensar que según la Biblia, «esta etapa» comenzó con el comienzo de la historia, y desde el punto de vista del Nuevo Testamento, los «últimos días» comenzaron con la primera venida de Cristo. Por eso, los dos conceptos se unen en parte, porque los últimos días son la parte final de esta etapa presente. Como John Murray ha observado, «Esto explica una característica de ambos. Esta etapa es mala, y mucha maldad caracteriza los últimos días. En ellos, hay abundantes burladores, y los tiempos son peligrosos»96.

El apóstol Pablo escribió, por inspiración del Espíritu, «también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados» (2 Timoteo 3:12–13). Persecución, apostasía, Anticristo —estos no encuentran lugar en la visión posmilenial, pero son elementos esenciales en el retrato de los últimos días en el Nuevo Testamento. Por medio de su interpretación preterista del discurso sobre el Monte de los Olivos (Mateo 24 y pasajes paralelos), 2 Tesalonicenses 2, y el libro de Apocalipsis, Gentry trata de asegurar a los cristianos que los días peores de persecución, apostasía, y el Anticristo ya pasaron (con la excepción del período breve de rebeldía satánica inmediatamente antes de la segunda venida de Cristo, la cual requiere Apocalipsis 20:7–9 como un bocado molestoso en el esquema posmilenial).

El preterismo requeriría un capítulo de respuesta en sí mismo, pero menciono estas tres cosas aquí. (1) En Mateo 24, la destrucción del templo parece anticipar el juicio final de Dios en forma tipológica; el rescate final del los elegidos ocurrirá solamente cuando Cristo vuelva al final de la etapa (Mateo 24:3), mientras la tribulación, guerras, hambrunas, y terremotos son «representados como características del período antes de su venida»97. (2) Nerón no puede ser «el hombre inicuo» a quien el Señor destruirá con el «resplandor de su venida» (2 Tesalonicenses 2:8). (3) Tampoco puede ser Nerón la bestia de Apocalipsis, que será destruido solamente después de su derrota por el jinete del caballo blanco en la batalla final de Armagedón (Apocalipsis 19)98.

La idea del Anticristo en general y la apostasía en especial nos hace recordar que no podemos esperar un progreso sin interrupciones de la evangelización del mundo hasta la parusía [palabra griega que significa «venida»]. Mientras el reino de la verdad se extiende, también aumenta la fuerza de la maldad, especialmente hacia el fin. No se puede esperar que resulte el reino universal de Dios solamente del esfuerzo misionero; eso requiere la imposición escatológica de Dios99.

El Nuevo Testamento en todo lugar aclara que el enfoque de la esperanza del creyente es la segunda venida de Cristo. Muchos textos, por supuesto, llegan a la mente inmediatamente:

«Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.» 1 Tesalonicenses 1:9–10

« … vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.» Tito 2:12–13

«Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan». Hebreos 9:28

«Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor». Santiago 5:7

«Y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;» 1 Pedro 1:13

«¡Cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios,» 2 Pedro 3:11–12

El contraste entre la esperanza en el Nuevo Testamento y la esperanza posmilenial parece clara e innegable. Como Cornelis Venema ha observado:

El posmilenialismo altera el enfoque de la esperanza del creyente para el futuro. Mientras el Nuevo Testamento representa la iglesia en esta etapa presente como una iglesia continuamente participando en los sufrimientos de Cristo y ansiosamente esperandola venida de Cristo al final de la etapa, el punto de vista posmilenial anima una pronosticación para el futuro que está enfocado en un período anticipado de bendición casi sin estorbo en el reino milenial … La edad de oro posmilenialista tiene la vista puesta sobre la venida de la edad de oro en lugar de sobre el retorno de Cristo al final de la etapa100.

El Nuevo Testamento no permite fijar la fecha de la venida de Cristo. Ni en los términos generales que el posmilenialismo requiere. Por definición (ver la definición de Gentry otra vez) el posmilenialismo anticipa «un tiempo en la historia antes de la segunda venida de Cristo» que es «una época extensa» —«en el cual la fe, justicia, paz, y prosperidad prevalecerán en los asuntos de personas y naciones». ¿Cómo es posible que esa esperanza no quite nuestros ojos de la esperanza bendita de la manifestación de Cristo? Compare las dos afirmaciones que siguen respecto a la expectativa del creyente: La primera está escrita por un posmilenialista teonómico; la segunda es la última oración de la Confesión de Fe de Westminster:

Cada día nos acerca a la realización del conocimiento de Dios cubriendo el mundo entero101 … Dios promete [Deuteronomio 7:9] que Él bendecirá a su pueblo por mil generaciones. Por analogía esto significa que un número de cuarenta mil años es un mínimo. Este mundo tiene decenas de miles, quizás centenas de miles de años de creciente piedad por delante, antes de la segunda venida de Cristo102.

Como Cristo quiere que estemos persuadidos ciertamente que habrá un día de juicio, ambos para prevenir a todos de pecar; y también por la consolación de los piadosos en su adversidad: así quiere que ese día sea desconocido a los hombres, para que desechen toda seguridad carnal, y para que estén velando siempre, porque no saben a qué hora el Señor vendrá; y así estarán siempre preparados para decir Ven Señor Jesús, ven pronto. Amén103.

Hasta ahora me he concentrado en mostrar por qué creo que la visión posmilenial de la naturaleza del reino presente de Cristo y la esperanza del creyente chocan con la revelación del Nuevo Testamento. La pregunta ocurre, pues, ¿sobre cuál base formula Gentry su escatología posmilenial? Porque son pocas las páginas que restan para mi respuesta, mis comentarios solamente pueden indicar la dirección en general.

El pastor Gentry comienza con una historia larga de posmilenialismo. Con respecto a esto, sencillamente advierto al lector hacer la investigación necesaria para evaluar por sí mismo las afirmaciones escatológicas de cada teólogo citado como un posmilenialista naciente o comprometido antes de aceptar esa caracterización de su punto de vista. Por ejemplo, el documento citado por Atanasio en el libro escrito por Gentry, He Shall Have Dominion [Él tendrá dominio], consiste enteramente en afirmaciones por Atanasio mostrando que «anticipa gran progreso del Evangelio»104. ¡Basándose en ese criterio, se consideraría casi todos los teólogos cristianos como posmilenialistas! Otro ejemplo: Gentry incluye a Juan Calvino como un posmilenialista incipiente. Esto seguramente sorprenderá a los eruditos calvinistas, quienes han visto la Segunda Confesión Helvítica (1566) como un eco de la enseñanza de todos los reformadores principales, y de Calvino en especial, en el artículo 11 (cf. Art. 27)105:

Además condenamos los sueños judíos que habrá una edad de oro sobre la tierra antes del día de juicio, y que los piadosos, habiendo subyugado todos sus enemigos impíos, poseerán todos los reinos de la tierra. Porque la verdad evangélica en Mateo 24 y 25 y en Lucas 18 y en las enseñanzas apostólicas en 2 Tesalonicenses 2 y 2 Timoteo 3 y 4, presentan algo bien diferente.

La sección de Gentry, «Fundamentos teológicos de posmilenialismo», no presenta doctrinas distintivas de posmilenialismo. Ciertamente los amilenialistas (y premilenialistas) también afirman el propósito de la creación de Dios, su poder soberano, y su provisión bendita. Así esta sección no contribuye a la defensa de la contención específica y fundamental del posmilenialismo (que Cristo ganará la vasta mayoría a la salvación en esta edad presente). Al final de la sección, Gentry mismo reconoce esto.

En la próxima sección, «El movimiento histórico y redentor del posmilenialismo», Gentry continúa para pintar con brocha ancha, citando pasajes bíblicos que hablan del pacto de la creación, el pacto de Abraham, el pacto nuevo, pero que en ningún momento establecen lo específico del punto de vista posmilenial. Por ejemplo, como noté arriba, los posmilenialistas no son los únicos cristianos que creen que «la obra redentora de Cristo tendrá consecuencias en la historia». El énfasis de Gentry sobre realismo histórico y temporal de este mundo argumenta efectivamente en contra de Platón o Barth, pero no es relevante como un argumento en contra de amilenialismo o premilenialismo.

Gentry titula la sección final de su ensayo, «Evidencia exegética para el posmilenialismo». Aun en esa sección, sin embargo, Gentry introduce así: «Permítame ahora analizar algunos pasajes específicos que apoyan e ilustran esta expectativa gloriosa» (letra cursiva añadida). ¡El lector se queda buscando vanamente los pasajes bíblicos específicos que la enseñan o la comprueban! Esta continúa siendo mi objeción fundamental contra el posmilenialismo: que sencillamente ningún pasaje de las Escrituras lo enseña clara y explícitamente. Siempre sus seguidores lo presentan con inferencias o implicaciones. Gentry puede decir, «a pesar de algunas quejas, el posmilenialismo no es un sistema teológico sin fundamento exegético», pero no lo ha demostrado. Herman Hanko está correcto, creo, cuando concluye que «las pruebas bíblicas del posmilenialismo no existen»106.

En esta sección, como en secciones anteriores, Gentry comienza desde el punto de vista del Antiguo Testamento, interpretado según una hermenéutica literalista (aplicado con menos consistencia, sin embargo, que por los dispensacionalistas), y luego trata de leer sus conclusiones en el Nuevo Testamento. Esto es un error fundamental, metodológico, y hermenéutico. Por favor, repase la primera sección de mi propio ensayo, donde afirmo que el Nuevo Testamento —la revelación después de la resurrección y después de Pentecostés, dada a la iglesia— tiene que ser nuestra guía autoritativa e infalible en todas las cosas, incluyendo nuestra interpretación del Antiguo Testamento107.

Es una cuestión de lo que el Espíritu de Cristo que estuvo en ellos [los profetas del Antiguo Testamento] quiso declarar y revelar por medio de ellos. Y eso se decide por medio del Nuevo Testamento, que es el complemento, cumplimiento, y por eso la interpretación del Antiguo. El Nuevo Testamento ciertamente no justifica leer el Antiguo Testamento en términos del posmilenialismo. En todos los textos escatológicos principales del Nuevo Testamento —textos que describen y predicen detalladamente por medio de la inspiración del Espíritu Santo todo el panorama de la edad entre la primera y la segunda venida de Cristo (por ejemplo Mateo 24; 1 Corintios 15; 2 Pedro 3; el libro de Apocalipsis)— no hay mención de una edad de oro antes de la venida de Cristo108. Ninguno de los escritores del Nuevo Testamento aplican alguno de los salmos mesiánicos o los pasajes proféticos del Antiguo Testamento a tal edad de oro.

He dicho que el lector en vano busca aunque sea un texto bíblico que enseñe explícitamente una visión posmilenial de una edad de oro que venga antes de la venida de Cristo. Se puede concluir que Apocalipsis 20, puesto que es el único pasaje en la Biblia que habla del reino milenial de Cristo, es aquel texto. Stanley Grantz ha escrito que «por supuesto [posmilenialismo] edifica su argumento principal de una interpretación futurista de la visión de Juan»109; pero esto no es la verdad. de hecho, Gentry dice que él «preferiría dejar Apocalipsis 20 fuera de mi presentación» y que solo lo hace renuentemente. Él afirma que «si un milenio literal terrenal es una época tan importante y gloriosa en la historia de la redención (como alegan los premilenialistas), entonces es extraño que esa referencia a los mil años aparezca solamente en un pasaje de todas las Escrituras»110 ¡Yo sugeriría que es aun más extraño que el milenio posmilenial no aparezca aun en ese pasaje único que trata el milenio!

Gentry sí trata de ver la esperanza posmilenial del reino visible de Cristo gradualmente establecido sobre esta tierra en Apocalipsis 20:1–6 al insertar estos pensamientos, aunque no aparecen en el texto. Él dice que las ataduras restringirán progresivamente a Satanás quien empezó a perder su dominio sobre los gentiles cuando Cristo vino. Él dice que la primera resurrección se refiere a ambos a los que murieron en el Señor y reinan en el cielo con Él y a los que viven y reinan con Él sobre esta tierra. (Indicaré en mi ensayo la evidencia en el texto de que una escena celestial está en vista, y la referencia en el versículo 5 a «los otros muertos» que «no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años» confirma que son los creyentes que han muerto los que experimentan la primera resurrección.) Y él concluye: «mientras su reino se extiende por medio de la predicación del Evangelio; justicia, tranquilidad, y prosperidad por último dominarán al mundo maravillosamente». (Pregunto otra vez, ¿dónde aparece esta expresión en el texto?)

Pero Gentry reconoce que el milenio que este texto trata se refiere a la era cristiana completa. Él dice: «la época milenial ya ha durado casi dos mil años; puede continuar por otros mil años o diez mil años o más, no sabemos». Esto levanta un problema final. Si el milenio en la Biblia se refiere a la era completa entre la primera y segunda venida de Cristo, ¿sobre qué base bíblica utiliza Gentry el término para referirse a un tiempo separado y distinto antes del retorno de Cristo, un tiempo de bendición y prosperidad sin precedente? Si el milenio en la Biblia se refiere a la era cristiana completa, las condiciones mileniales que deben prevalecer antes del retorno de Cristo deberían ser las que prevalecen ahora.


EXCURSUS – Una respuesta premilenial a Kenneth L. Gentry – por Craig A. Blaising

Kenneth Gentry primeramente ofrece una definición y una historia de la idea del posmilenialismo, luego una explicación de cómo el pensamiento posmilenial cabe dentro de los temas generales de teología bíblica, y finalmente una lista de pasajes que según él apoyan la escatología posmilenial. Mi respuesta en general se dirige al primer y último aspecto de su presentación (pues estoy de acuerdo con él que un vistazo de temas generales no puede decidir el debate milenial). Por los límites editoriales, mis observaciones serán breves y selectivas.

Craig Alan Blaising (nacido en 1949) es el ex vicepresidente ejecutivo y rector del Seminario Teológico Bautista Southwestern .

Tengo cinco comentarios sobre la definición histórica de posmilenialismo de Gentry. (1) Gentry promueve el modelo del estado eterno que se denomina «visión espiritual». Esto es consistente al trazar la estructura de pensamiento posmilenial hasta Orígenes, Eusebio, y Agustín. En todas sus exposiciones de textos bíblicos, Gentry afirma que la segunda venida traerá el fin de la historia. Según su punto de vista, el estado eterno es tan radicalmente diferente a las condiciones actuales que las promesas de un reino mesiánico no podrían tener ningún cumplimiento aquí111. Él quiere encontrar un cumplimento para estas promesas en un contexto terrenal y temporal, entonces él los relaciona con el período corriente antes del retorno de Cristo. Sin embargo, esto crea conflicto con muchos pasajes que describen aquel reino escatológico como eterno.

(2) En la definición de posmilenialismo de Gentry, él hace la afirmación posmilenial bien conocida que por medio de la obra de evangelización, vendrá gradualmente «un tiempo en la historia antes del retorno de Cristo» —aun «una época extensa»— de «fe, justicia, y paz y prosperidad». Esto es el milenio del posmilenialismo. Después de un corto plazo, sin embargo, él introduce el posmilenialismo «genérico», el cual no incluye esa época extensa y en el cual se define el milenio como el período completo entre las dos venidas de Cristo. Sin embargo, Gentry habla después de «la victoria de Cristo en la historia», «una exhibición maravillosa del reino de Dios en la historia», «una condición perdurable … del estado de paz y seguridad permaneciendo», una «gran transformación socio-económica» que viene por medio de la conversión a Cristo y del discipulado de «números sobresalientes», el resultado final de «una conversión masiva y sistémica de la vasta mayoría de la humanidad», y «un mundo redimido» que es «el divinamente asegurado efecto de su redención».

Parece que el pensamiento de Gentry está expresado más claramente cuando él habla del progreso gradual de redención a través del tiempo hasta que resulta un sistema mundial redimido que cumple las predicciones proféticas de un reino de Dios mundial. Gentry tiene un milenio pero no lo llama un milenio, ni tampoco lo relaciona a la visión milenial de Juan. Él sigue una interpretación tradicional de amilenialismo, relacionando Apocalipsis 20:1–6 con la época entre las dos venidas de Cristo. Sin embargo, esto lo deja sin una base textual que apoye un período después de la época entre las dos venidas de Cristo en la cual condiciones del reino alcanzarán un nivel sistémico y universal que no hemos visto todavía. Notaremos abajo que ninguno de los textos que él cita apoya completamente este punto de vista, y cuando adopta la interpretación amilenial de Apocalipsis 20, ha eliminado el texto «ancla» de los posmilenialistas antiguos 112.

(3) Gentry promueve un punto de vista preterista «a un número de los grandes pasajes de juicio del Nuevo Testamento». Él no defiende este punto de vista acá, refiriendo al lector a otras obras publicadas. Este punto de vista falla. Ignora la manera en que el Día del Señor funciona tipológicamente en la escatología bíblica113. Desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, el Día del Señor se ha referido a varios eventos (una plaga de langostas en Joel, la invasión de Asiria en Amós, la invasión de Babilonia en varios textos). Pero cada vez que se amplifica el modelo y lo proyecta hacia el futuro es un tipo del último Día del Señor, en el cual Dios «castigará el mundo por su maldad, y a los malos por sus pecados» (Isaías 13:11). Esto estará manifestado finalmente en el juicio final.

Debemos notar dos observaciones que Gentry ignora. (a) En toda teología bíblica, el reino escatológico se manifiesta cabalmente en el Día del Señor. (b) En todo el Nuevo Testamento, la segunda venida de Jesús es la venida del Día del Señor. Aunque muchos de los factores de predicción en el Nuevo Testamento fueron manifestados en la destrucción de Jerusalén en el primer siglo, la segunda venida de Jesús no ocurrió entonces. Consecuentemente, el modelo de juicio sobre un mundo no arrepentido se proyecta hacia adelante para describir condiciones mundiales en las cuales Jesús volverá. Gentry mismo admite que Satanás causará una rebelión mundial antes del retorno de Jesús. Como notan los premilenialistas, esto no está consistente con las expectativas posmileniales de progreso mundial. El punto es que la segunda venida en el Nuevo Testamento siempre está en este contexto hostil. Es la venida de Cristo en el Día del Señor la que trae el cumplimiento final del reino escatológico en su forma milenial y final.

(4) Gentry frecuentemente utiliza la palabra «optimismo» en su descripción de posmilenialismo. ¿Quiere decir que los premilenialistas son pesimistas? Algunos premilenialistas parecen enseñar que cada aspecto de la vida en este mundo está irreversiblemente declinando hasta el retorno de Cristo, y algunos posmilenialistas parecen creer que el mundo tiene la habilidad de mejorarse hasta traer una edad de oro. Pero la idea que el premilenialismo en sí es pesimista es estereotípica. Los premilenialistas no saben cuándo Cristo volverá. En los últimos dos mil años, avivamientos han llegado, se han ido, y otros han seguido. El cristianismo ha tenido diferentes grados de influencia sobre formación y reformación cultural y política. La cosecha es abundante y el mundo es grande. No hay razón de limitar lo que se pueda lograr en cualquier generación.

Pero no se establecerá en forma duradera o permanente el reino hasta que Cristo vuelva. Por eso, las Escrituras nos informan repetidas veces que nuestra esperanza debería estar plenamente en la venida de Cristo y la gracia que vendrá con Él (1 Pedro 1:13), eso es en su manifestación con su reino (2 Timoteo 4:1; cf. Tito 2:13). Seguramente, nos daremos cuenta de nuestro trabajo durante esta época antes de la segunda venida. Pero la gloria del reino en su forma profética nunca es algo que alcancemos antes de su venida, pero siempre algo que anticipemos cuando Él venga y algo que nos anima a servirle actualmente.

(5) Por su insistencia de que el reino entre las dos venidas de Cristo necesariamente progresará y avanzará al nivel de un sistema cristiano y mundial, el posmilenialismo nos debe una explicación de la historia de los últimos dos mil años. Los posmilenialistas del siglo diecinueve (y aun Loraine Boettner en el siglo veinte)114 felizmente nos la dieron, teniendo confianza que el progreso del cual hablaban fue obvio pues su teología requiere que tiene que ser obvio. Gentry, sin embargo, no habla del asunto. ¿Es eso aceptable? Él nos dice que el milenio en Apocalipsis es simbólico —no es necesariamente mil años de duración. Luego nos dice que el milenio representa toda la época entre las dos venidas de Cristo, ¡Pues así su duración resulta casi (y potencialmente aun más que) dos veces su significado literal! También nos dice que el reino está avanzando gradualmente durante esta época que alcanzará condiciones mundiales. Después de casi dos mil años, ¿no deberíamos poder ver este progreso?

Es más, ¿no deberíamos esperar, según la teoría de Gentry, que las partes del mundo donde el cristianismo fue introducido primero manifestaran ya este estado final —sociedades cristianizadas, cuyos habitantes son casi todos cristianos, guiadas por principios cristianos a una experiencia política y social de justicia, paz, y prosperidad? ¿Y no deberíamos esperar que este fenómeno mostrara evidencia de extenderse gradualmente e irreversiblemente al resto del mundo? ¿O está nuestra experiencia más de acuerdo con la expectativa premilenialista de que las condiciones mundiales pueden vacilar y cambiar durante esta época entre las dos venidas de Cristo, y de que siempre tenemos delante la tarea de evangelización y discipulado dirigida a todas las naciones hasta que el Señor venga, pare la actividad del diablo, y traiga aquellas promesas de reino a su etapa final de cumplimiento?

Ahora considero los textos específicos que Gentry explica en apoyo del posmilenialismo. Como ha notado, muchas facetas del Salmo 2 aparecen en el Nuevo Testamento con respecto a la resurrección y ascensión de Cristo. Estos son aspectos iniciales del reino escatológico, manifestados en el período entre las dos venidas de Cristo. Gentry no hace bien en explicar cómo los temas de rebelión y subyugación por la fuerza en este salmo se cumple en este tiempo. ¿Es la predicación del Evangelio el cumplimiento de desmenuzar a los que rehúsan someterse a Él (Salmo 2:9)? Él debería observar cómo este Salmo se aplica en el Nuevo Testamento a las varias fases de la historia de Jesús: el bautismo (Mateo 3:17), la resurrección y ascensión (como Gentry ha notado), pero también a la segunda venida. Apocalipsis 19:15 describe al Señor quebrantando a las naciones en su venida y reinando sobre ellas con una vara de hierro. La descripción de Pablo de la segunda venida en 2 Tesalonicenses 1:6–12 refuerza esta imagen. Mateo 25:31–46 también presenta a Cristo reinando y juzgando a las naciones desde una posición sobre el trono después de su venida. Estos textos muestran el cumplimiento final del lenguaje del Salmo 2 en un reino que sigue a esa segunda venida.

Isaías 2:2–4 no apoya el posmilenialismo de Gentry. No habla del desarrollo gradual de una situación, sino como notó Alexander (citado por Gentry con aprobación), de una situación permanentemente fijada, y permanentemente visible. Además, la descripción es en verdad una de permanencia. En todo este pasaje no dice que estas condiciones son temporales, prontas para ser reemplazadas por algún orden espiritual y eterno. Una interpretación literal y contextual del tema del reino en Isaías muestra que el establecimiento del reino seguirá después de los juicios del Día del Señor, que el Señor presidirá sobre ello, y que se puede describir en términos mortales como también inmortales.

Como otros posmilenialistas, Gentry afirma que las parábolas del reino en Mateo 13 le apoyan. Él llama nuestra atención primordialmente a la parábola de la semilla de mostaza y a la de la levadura en la masa de pan. Estas parábolas contrastan el comienzo del reino, inaugurado por Cristo en su ascensión, y la manifestación final del reino, que muestra la extensión mundial de acuerdo con promesas proféticas. El aspecto inicial es revelación nueva acerca del reino, la cual está puesta al lado de lo que fue revelado previamente (ver la parábola del amo de la casa). Sin embargo, estas parábolas no hablan acerca del desarrollo gradual del reino. Solamente habla del contraste entre el comienzo y el fin. Podemos inferir que el comienzo y el fin están conectados orgánicamente, pero con la excepción de la parábola de la cizaña y el trigo (y posiblemente el sembrador), las parábolas no hablan de cómo el proceso se mueve del principio al fin.

La parábola del sembrador también obra en contra de las expectativas de Gentry, porque al contrario de su exposición no es la semilla sino los terrenos los que representan gente que oye y responde. La semilla en la parábola representa la Palabra de Dios (13:18–23). La cosecha abundante es el resultado de la Palabra en la vida de una persona, no un número grande de personas que responden a Cristo. Si la parábola de los terrenos representa la recepción de la predicación del Evangelio en esta época, entonces esta muestra que solamente uno de cuatro verdaderamente responde —no buena noticia para el posmilenialista.

Finalmente, tenemos que notar que en la parábola del trigo y de la cizaña, el Señor habla de transición entre dos fases del reino a su venida. En Mateo 13:41, se recoge la cizaña de su reino cuando el Señor viene. Entonces, en 13:43, el trigo sale para brillar en el reino del Padre. La primera fase del reino habla de las condiciones entre las dos venidas —ambos, los buenos y los malos estarán presentes. No habrá una fase nueva del reino, ciertamente no una en la cual la actividad del diablo de sembrar cizaña haya cesado, hasta que Cristo venga.

En Juan 12:31–32, el Señor declara que atraerá todos a sí mismo cuando esté levantado de la tierra, es un texto precioso. Pero el Señor no dice que antes de su venida los seres humanos y la cultura humana se hará más y más cristiana, eventualmente alcanzando «un tiempo universal de adoración, paz, y prosperidad anhelado por los profetas del Antiguo Testamento».

Mateo 28:18–20 también proclama la autoridad universal del Señor y nos manda a discipular a las naciones. Pero una vez más, el Señor no promete que antes de su venida las naciones estarán generalmente discipuladas, experimentando el cumplimiento de las promesas del reino.

Gentry tiene razón en mirar al libro de los Hechos para ver como el mandato de discipular fue obedecido. Ciertamente, la predicación del reino se adelanta hasta el final del libro (Hechos 28:16, 31). Curiosamente, Gentry no menciona Hechos 1:6, donde después de una discusión de cuarenta días sobre el reino de Dios (Hechos 1:3), los discípulos preguntaron a Jesús, «¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?» La referencia a Israel es importante porque Israel no tiene lugar en el posmilenialismo de Gentry. Sin embargo esta idea de una restauración del reino a la nación de Israel está completamente de acuerdo con las descripciones de los profetas del Antiguo Testamento del reino futuro escatológico (ver Isaías 2). La pregunta está puesta estratégicamente al comienzo de Hechos. La respuesta del Señor tiene que ver con el tiempo de cumplimiento, no con la naturaleza del reino.

Pedro explica más aquel punto de tiempo en Hechos 3. El Señor ascendido permanecerá en el cielo «hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo». Los profetas hablaron de la venida del reino escatológico a la nación de Israel. Ellos hablaron de la restauración del reino a Israel. Jesús cuando ascendió, enseñó que esto se cumplirá después de algún tiempo. Pedro, su apóstol, enseña que esto acontecerá después de la segunda venida. No hay implicación alguna que esto contradice la gran comisión en ninguna manera. De otro modo, esto la coloca en la perspectiva del plan global de Dios, un plan que no tiene nada que ver con el posmilenialismo.

1 Corintios 15:20–28 no provee apoyo para el posmilenialismo. Gentry comete un error exegético cuando dice, «según Pablo, la venida de Cristo significa “el fin”». Actualmente, en los versículos 23–24, Pablo establece una secuencia: Cristo, las primicias, luego [epeita, el próximo paso en la secuencia] los que son de Cristo, en su venida, luego [eita, el próximo paso en la secuencia] el fin. La venida de Cristo señala el segundo paso, no el tercero (cuando sucede el fin). ¿Cuánto tiempo pasará entre los pasos? Casi dos mil años han pasado entre el primero y el segundo paso; entonces no se debe eliminar la posibilidad de que algún período de tiempo pasará entre el segundo y el tercer paso, también.

Gentry ayuda más al analizar las dos cláusulas que comienzan con «cuando» y la que comienza con «porque» en 1 Corintios 15:24–25. Cristo reinará sobre sus enemigos hasta el fin. ¡No hay nada aquí que hable de una extensión gradual y progresiva de las condiciones del reino hasta que alcancen un tiempo cuando aquellas condiciones prevalecerán para caracterizar el mundo —y todo esto antes de la venida de Cristo!115

En mi opinión el trato de Gentry con Apocalipsis 20 es la parte menos adecuada de su ensayo. El libro de Apocalipsis fue escrito como un mensaje del Señor ascendido, Jesucristo, a las iglesias (1:1; 22:16). No hay que tratarlo en una manera caprichosa, sino con respeto. Mientras lo hacemos, busquemos un entendimiento gramatical, histórico, y literario del texto que concuerda con un compromiso evangélico a la autoridad de las Escrituras.

Quiero enfatizar que no es raro que solamente aquí el Señor nos habla de la verdad de un reino milenial entre la segunda venida y el día de juicio; de otra manera esto es consistente con el hecho de revelación progresiva. Sin duda, hay muchas otras cosas que el Señor solamente nos la revelará cuando Él venga. Acontece que al final de la revelación canónica, el Señor ha revelado este asunto adicional al escenario profético. ¡No es nuestra posición el pelear con Él sobre el asunto porque él ha elegido no revelárnoslo antes!

Que el Apocalipsis esté lleno de símbolos y figuras no es una razón para rehusar lo que enseña cuando se puede discernir esa enseñanza en forma gramática, literaria, y contextual. Me parece extraño que Gentry se queje que el género literario de Apocalipsis no sirve como base para el premilenialismo, cuando él en su turno intenta basar posmilenialismo sobre las parábolas de Jesús y el Antiguo Testamento, los cuales él interpreta en una manera simbólica (y no siempre con coherencia; cf. Su interpretación de Sion en Isaías 2 y Salmo 2).

En verdad, Gentry no interpreta el texto de Apocalipsis 20:1–6 en forma literaria, gramatical, y contextual. Él básicamente repite una interpretación tradicional de Agustín. Refiero al lector a mi artículo en este libro para una crítica de este método. Añado varios comentarios.

(1) La afirmación de Gentry que el ángel que ata el diablo en 20:1 es Cristo no tiene apoyo en el contexto literario. El ángel en 10:1 tampoco es una referencia clara a Cristo a pesar de algunos factores en común con la visión de Juan en capítulo 1. Cristo está presentado en este libro como el Cordero, y como el Hijo del Hombre. Nunca aparece como un ángel, sino que es el Señor el que se comunica con Juan por medio de su ángel (1:1; 22:16). Apocalipsis 10:1 cabe en el patrón de mensajeros angelicales, y 20:1–3 concuerda con el patrón de acción angelical (12:7–9).

(2) No hay nada en Apocalipsis 20:1–3 que apoye la idea que las ataduras representan un fenómeno de aumento, que sucede a través de la época.

(3) Apocalipsis no habla en ningún otro lugar de santos muertos reinando con Cristo, y el capítulo 20 no habla de un reino de muertos, sino de uno reinado por los que han resucitado de la muerte.

(4) Gentry repite el punto de vista tradicional de que la frase «volvió a vivir» en Apocalipsis 20:4–5 quiere decir regeneración, pero este punto de vista falla por razones gramaticales, sintácticas, y contextuales (ver mi ensayo). Su afirmación de que la palabra «resurrección» quiere decir renacimiento espiritual no tiene apoyo contextual en la Biblia y deja el libro de Apocalipsis sin ninguna afirmación clara acerca de la resurrección actual de creyentes.

En conclusión, el argumento de Kenneth Gentry a favor del posmilenialismo no convence. No aparece evidencia crucial en los textos presentados que respalde la idea de un período limitado de paz y justicia antes del retorno de Cristo. Y la palabra final del Señor a sus iglesias, en la cual Él revela un reino milenial de transición entre su retorno y el juicio final, no recibió la atención cuidadosa que merece.


Notas al margen:

  1. Robert P. Lightner, The Last Days Handbook: A Comprehensive Guide to Understanding the Different Views of Prophecy (Nashville: Thomas Nelson, 1990), 158. ↩︎
  2. Millard J. Erickson, Christian Theology, 3 vols. (Grand Rapids: Baker, 1985), 3:1207. ↩︎
  3. John F. Walvoord, The Rapture Question (Grand Rapids: Zondervan, 1957), 52 (emphasis mine). ↩︎
  4. Brian E. Daley ofrece una amplia investigación y argumentación que sugiere que la presencia temprana del interés apocalíptico en general y del premilenialismo en particular nació en un entorno de persecución que anticipaba con confianza el inminente fin de la historia. Debido a diversos de imágenes e ideas entre los escritores cristianos, Daley se pregunta escritores cristianos, Daley se pregunta: «Al final de este estudio del pensamiento escatológico escatológico patrístico, uno podría preguntarse si es apropiado hablar en singular de «la esperanza del fin de la historia». hablar en singular de ‘la esperanza de la Iglesia primitiva'» (Daley, The Hope of the Iglesia primitiva: A Handbook of Patristic Eschatology [Cambridge: Cambridge Univ. Press, 1991], 216). ↩︎
  5. Philip Schaff, Historia de la Iglesia Cristiana, 5ª ed. (Grand Rapids: Eerdmans, rep. s.f. [1910]), 2:591, cf. 122. Para más información, véase: D. H. Kromminga, El milenio en la Iglesia: Studies in the History of Christian Chiliasm (Grand Rapids: Eerdmans, 1945). Orígenes esperaba que «toda forma de culto será destruida excepto la religión de Cristo, que será la única que prevalecerá. Y, en efecto, un día triunfará, a medida que sus principios se apoderen cada día más de las mentes de los hombres» (Orígenes, Contra Celso, 8:68). ↩︎
  6. Para la documentación, véase Gentry, He Shall Have Dominion, cap. 4. Para Agustín, véase Erickson, Christian Theology, 3:1206-7. Para Atanasio, véase David Chilton, Paradise Restored: An Eschatology of Dominion (Fort Worth: Dominion, 1985), cap. 1 ↩︎
  7. Wendy Murray Zoba, «Future Tense», Christianity Today (2 de octubre de 1995), 20. Cf. John O’Meara, «Introduction», en Augustine, City of God, trans. Henry Bettensen (Nueva York: Penguin, 1984), viii. ↩︎
  8. Brian E. Daley, The Hope of the Early Church, 133. ↩︎
  9. Bloesch, Essentials of Evangelical Theology, 2:192. See fuller discussion in Kromminga, The Millennium in the Church, 129-36, 159ff. ↩︎
  10. Rodney Peterson, «El debate a lo largo de la historia de la Iglesia», en John S. Fein-berg, ed., Continuity and Discontinuity: Perspectives on the Relationship Between the Old and New Testaments (Westchester, Ill: Crossway, 1988), 32. ↩︎
  11. Peter Toon, ed., Puritanos, el Milenio y el Futuro de Israel (Cambridge: James Clarke, 1970), 26. Véase también Bryan W. Ball, A Great Expectation: Eschatological Thought in English Protestantism to 1660 (Leiden: E. J. Brill, 1975). ↩︎
  12. Bloesch, Essentials of Evangelical Theology, 2:193. ↩︎
  13. Para documentación, véase Greg L. Bahnsen, «The Prima Facie Acceptability of Postmillennialism,» Journal of Christian Reconstruction (Invierno, 1976): 69-76. Véase también John Calvin, The Institutes of the Christian Religion, ed. John Calvin. John T. McNeil (Filadelfia: Westminster, 1960), 2:904, n. 76; J. A. De Jong, As the Waters Cover the Sea: Millennial Expectations in the Rise of AngloAmerican Missions 1640-1810 (Kampen: J. H. Kok, 1970), 8ss; Iain Murray, The Puritan Hope: Revival and the Interpretation of Prophecy (Edimburgo: Banner of Truth, 1971), 89-90. ↩︎
  14. Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, 1:12. ↩︎
  15. Véase Murray, The Puritan Hope. Para una extensa bibliografía de originales, véase De Jong, As the Waters Cover the Sea, 232-42. ↩︎
  16. Los llamo «postmilenialistas genéricos» para contraponerlos al postmilenialismo de los puritanos, que, además de un interés por las conversiones, vida santa y misiones, tiene una fuerte implicación en asuntos de gobierno civil. ↩︎
  17. Para una presentación y defensa exhaustiva y académica de la ética teonómica, véase Greg L. Bahnsen, Theonomy in Christian Ethics, 2d ed. (Phillipsburg, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1984). (Phillipsburg, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1984). Para introducciones más populares, véase Bahnsen, By This Standard: The Authority of God’s Law Today (Tyler, Tex.: Institute for Christian Economics, 1985); Kenneth L. Gentry Jr., God’s Law in the Modern World: The Continuing Relevance of Old Testament Law, 2d ed. (Tyler, Tex.: Institute for Christian Economics, 1997); y William O. Einwechter, Ethics and God’s Law: An Introduction (Mill Hill, Penn.: Preston/Speed, 1995). Para un diálogo sobre el tema, véase Wayne G. Strickland, ed., The Law, the Gospel, and the Modern Christian: Five Views (Grand Rapids: Zondervan, 1993) y Gary Scott Smith, God and Politics: Four Views on the Reformation of Civil Government (Phillipsburg, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1989). ↩︎
  18. Ronald H. Nash, Grandes divisiones: Understanding the Controversies That Come Between Christians (Colorado Springs, Colo.: NavPress, 1993), 164-65. Véase también Bruce Barron, Heaven on Earth?The Social and Political Agendas of Dominion Theology (Grand Rapids: Zondervan,1992), y BobThe Social and Political Agendas of Dominion Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1992), y Bob y Gretchen Passantino, Witch Hunt (Nashville: Thomas Nelson, 1990), 164-98. ↩︎
  19. Mark A. Noll, The Scandal of the Evangelical Mind (Grand Rapids: Eerdmans, 1994), 225. ↩︎
  20. Philip Schaff, The Creeds of Christendom; Vol. 1: The History of Creeds, 6ª ed. (Nueva York: Harper and Row, 1931; reimpresión, Grand Rapids: Baker, 1990), 746. Que las Normas de Westminster respaldan la perspectiva teonómica es no sólo es evidente en sus textos de prueba (véanse especialmente los del Segundo Catecismo Mayor), sino también en los escritos de sus redactores. redactores. Para un compendio importante y útil, véase Martin A. Foulner, Theonomy and the Westminster Confession (Edimburgo: Marpet, 1997). Véase también Kenneth L. Gentry Jr., «Theonomy and Confession: A Review and Report», Chalcedon Report 388 (noviembre, 1997): 12-16. ↩︎
  21. George Gillespie, «Wholesome Severity Reconciled with Christian Liberty», reimpreso en el vol. 4 de Christopher Coldwell, ed., Anthology of Presbyterian and Reformed Literature (Dallas, Tex.: Naphtali, 1991), 182. Su posmilenialismo se combina con un fuerte interés teonómico por la jurisprudencia civil en su «Sermón predicado ante la Honorable Cámara de los Comunes en su último ayuno solemne, miércoles 27 de marzo de 1644», reimpreso en George Gillespie, The Works of George Gillespie, 2 vols., (Edmonton, Alta.: Still Waters Revival Books, rep. 1991), vol. 2. Los puritanos de Nueva Inglaterra siguen el mismo patrón: «Los textos del Antiguo Testamento se copiaron directamente en los libros de leyes de Nueva Inglaterra» (George M. Marsden, «America’s ‘Christian’ Origins: Puritan New England as a Case Study», en W. Stanford Reid, ed., John Calvin: His Influence in the Western World [Grand Rapids: Zondervan, 1982], 247). ↩︎
  22. Meredith G. Kline, «Comments on an Old/New Error,» Westminster Theological Journal 41:1 (1978): 172-74; Michael D. Gabbert, «An Historical Overview of Christian Reconstructionism», Criswell Theological Review 6:2 (1993): 281-301; Sinclair B. Ferguson, «An Assembly of Theonomists? The Teaching of the Westminster Divines on the Law of God», en William S. Barker y W. Robert Godfrey, eds, Theonomy: A Reformed Critique (Grand Rapids: Zondervan, 1990), 326-34. ↩︎
  23. Kenneth L. Gentry Jr., The Beast of Revelation, 2ª ed. (Tyler, Tex.: Institute for Christian Economics, 1995); C. Marvin Pate, ed., Four Views on the Book of Revelation (Grand Rapids: Zondervan, 1998); Gary DeMar, Last Days Madness: Obsession of the Modern Church, 3d ed. (Atlanta: American Vision, 1997); David Chilton, The Great Tribulation (Fort Worth: Dominion, 1987); Chilton, The Days of Vengeance: An Exposition of the Book of Revelation (Tyler, Tex.: Institute for Christian Economics, 1987). Para la comprensión preterista de las Setenta Semanas de Daniel (Dan. 9), la Gran Tribulación (Mat. 24), el hombre de pecado (2 Tes. 2), y la ramera babilónica (Ap. 17), véase Kenneth L. Gentry Jr., Perilous Times: A Study in Eschatological Evil (Bethesda, Md.: Christian Universities Press, 1998). Incluso algunos dispensacionalistas están influidos por el preterismo: C. Marvin Pate y Calvin B. Haines Jr., Doomsday Delusions: What’s Wrong With Predictions About the End of the World (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 1995). David L. Turner, «Estructura y secuencia de Mateo 24:1-41. Interacción con los tratamientos evangélicos: Interaction With Evangelical Treatments», Grace Theological Journal 10:1 (primavera, 1989): 3-28. ↩︎
  24. Eusebio, Historia Eclesiástica, 3:5-9; John Lightfoot, Commentary on the New Testament From the Talmud and Hebraica: Matthew-1 Corinthians (Peabody, Mass.: Hendrickson, rep. 1989 [1674]); Milton S. Terry, Biblical Apocalyptics: A Study of the Most Notable Revelations of God and of Christ (Grand Rapids: Baker, rep. 1988 [1898]), caps. 18-19; J. Marcellus Kik, The Eschatology of Victory (Phillipsburg, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1971); Jay E. Adams, The Time Is at Hand (Nutley, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1966). ↩︎
  25. Kenneth L. Gentry Jr., «Reformed Theology and Six Day Creationism», Christianity & Society 5 (octubre, 1995): 25-30. Véase también Robert L. Dabney Lectures in Systematic Theology (Grand Rapids: Zondervan, rep. 1972 [1878]), 254-63; Louis Berkhof, Systematic Theology (Grand Rapids: Eerdmans, 1941), 152-58; Douglas F. Kelly, Creation and Change (Ross-shire, Gran Bretaña: Mentor, 1997); Kenneth L. Gentry Jr., et al. «The Biblical Doctrine of Creation», conjunto de seis cintas de audio de Covenant Media Foundation. ↩︎
  26. Ps. 24:1; cf. Ex. 9:29; 19:5; Lev. 25:23; Deut. 10:14; 1 Sam. 2:8; 1 Chron. 29:11, 14; Job 41:11; Ps. 50:12; 89:11; 115:16; 1 Cor. 10:26, 28 (NKJV). ↩︎
  27. Juan 6:56; 14:16-20, 23; 15:4-5; 17:23, 26; Rom. 8:10; Gal. 2:20; 4:19; Ef. 3:17; Col. 1:27; 1 Jn. 4:4. ↩︎
  28. Juan 7:39; 14:16-18; Rom. 8:9; 1 Cor. 3:16; 2 Cor. 6:16. ↩︎
  29. Juan 3:3-8; 1 Cor. 6:11; Tito 3:5; 1 Pedro 1:11-12, 22. ↩︎
  30. Ez. 18:23; 33:11; Lc. 15:10; 2 Co. 5:19; 1 Ti. 1:15; 2:5. ↩︎
  31. Rom. 1:16; cf. 15:19; 16:25; 1 Cor. 1:18, 24; 1 Tes. 1:5. ↩︎
  32. Cf. también 2 Cor. 6:7; Ef. 6:17; 1 Tes. 2:13; Heb. 4:12. ↩︎
  33. Mt. 7:7-11; 21:22; Ef. 2:18; Fil. 4:6; Heb. 4:16; 10:19-22; 1 Jn. 3:22; 5:14-15. ↩︎
  34. Juan 14:13-14; 15:7, 16; 16:23-24, 26; 1 Juan 3:22; 5:14-15. ↩︎
  35. Mateo 12:28-29; Lucas 10:18; Juan 12:31; 16:11; 17:15; Hechos 26:18; Rom. 16:20; Col. 2:15; 1 Jn. 3:8; 4:3-4; 5:18. ↩︎
  36. Véase O. Palmer Robertson, The Christ of the Covenants (Phillipsburg, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1980), cap. 5; Willem VanGemeren, The Progress of Redemption: La historia de la salvación desde la Creación hasta la Nueva Jerusalén (Grand Rapids: Zondervan, 1988), Parte I. ↩︎
  37. Gary North, El Pacto de Dominio: Genesis (Tyler, Tex.: Institute for Christian Economics, 1982); Kenneth L. Gentry Jr., The Greatness of the Gran Comisión: The Christian Enterprise in a Fallen World (La grandeza de la gran comisión: La empresa cristiana en un mundo caído), 2da ed. (Tyler, Tex. (Tyler, Tex.: Institute for Christian Economics, 1993), caps. 1-2. ↩︎
  38. Rousas J. Rushdoony, The Institutes of Biblical Law (Vallecito, Calif.: Ross House, 1973), 448. Esta es una tentación común a los gobernantes civiles a lo largo de la historia. Véase: Isaías 14:4, 12-17; Ezequiel 28:2, 6-10; Mateo 22:20 21; Apocalipsis 13. Hegel expresa el concepto moderno: «El Estado es la idea divina tal como existe en la tierra… La marcha de Dios en el mundo, eso es el Estado». ↩︎
  39. H. Wayne House y Thomas D. Ice, Teología del Dominio: ¿Bendición o maldición? (Portland, Ore.: Multnomah, 1988), 9-10. Para una respuesta reconstruccionista, véase Greg L. Bahnsen y Kenneth L. Gentry Jr., House Divided: The Break-up of Dispensational Theology, 2d. ed. (Tyler, Tex.: Institute for Economía Cristiana, 1996). ↩︎
  40. Millard J. Erickson, Opciones contemporáneas en escatología: A Study of the Millennium (Grand Rapids: Baker, 1977), 72. ↩︎
  41. George Murray, Millennial Studies: A Search for Truth (Grand Rapids: Baker, 1948), 86; Richard Gaffin, «Theonomy and Eschatology: Reflexiones on Postmillennialism,» in Barker and Godfrey, Theonomy: A Reformed Critique, 217; David J. Englesma, «A Defense of (Reformed) Amillennialism», The Standard Bearer (1 de agosto de 1996): 437. ↩︎
  42. Para una presentación más completa, véase Él Dominará, caps. 9-13. ↩︎
  43. Las citas incluyen: Mateo 22:44; 26:64; Marcos 12:36; 14:62; Lucas 20:42-43; 22:69; Hechos 2:34-35; Hebreos 1:13. Se pueden encontrar alusiones en: 1 Cor. 15:24; Ef. 1:20-22; Fil. 2:9-11; Hebreos 1:3; 8:1; 10:12, 13; 1 Pedro 3:22; Apocalipsis 3:21. ↩︎
  44. Para las implicaciones teonómicas del Salmo 2, véase Greg L. Bahnsen, «The Theonomic Position», en Smith, God and Politics, 28-30. ↩︎
  45. J. A. Alexander, The Psalms: Translated and Explained (Grand Rapids: Baker, rep. 1977 [1873]), 14. ↩︎
  46. Ibid., 15. ↩︎
  47. Lamontte M. Luker, “Zion” in Watson E. Mills, ed., Mercer Dictionary of the Bible (Macon, Ga.: Mercer Univ. Press, 1991), 986. ↩︎
  48. Hechos 2:16-17, 24; 1 Cor. 10:11; Gal. 4:4; Heb. 1:1-2; 9:26; Stg. 5:3; 1 Pedro 1:20; 1 Juan 2:18; Judas 18. ↩︎
  49. La Iglesia es el «templo de Dios» en 1 Cor. 3:16; 6:19; 2 Cor. 6:16; Ef. 2:19-22; 1 Pe. 2:5. Se la designa específicamente como «la casa de Dios» en 1 Tim. 3:15; Heb. 3:6; 1 P. 4:17. ↩︎
  50. Véase David E. Holwerda, Jesús e Israel: ¿Un pacto o dos? (Grand Rapids: Eerdmans, 1995), 96-99; Larry R. Helyer, «Luke and the Restoration of Israel», Journal of the Evangelical Theological Society 36 (1993): 317-29. ↩︎
  51. J. A. Alexander, Comentario sobre las profecías de Isaías (Grand Rapids: Zondervan, rep. 1977 [1887]), 1:97. ↩︎
  52. Mateo 7:24-27; 1 Corintios 3:11; Efesios 2:20; 2 Timoteo 2:19; Apocalipsis 21:9 y ss. ↩︎
  53. Geerhardus Vos, The Pauline Eschatology (Phillipsburg, N.J.: Presbyterian and Reformed, rep. 1991 [1930]), 7. ↩︎
  54. Véase Gentry, Greatness of the Great Commission y Gary North, Millennialism and Social Theory (Tyler, Tex.: Institute for Christian Economics, 1990). ↩︎
  55. Marcos 16:19; Lucas 22:69; Hechos 2:33; 5:31; 7:55-56; Rom. 8:34; 14:11; Ef. 1:20-23; Col. 1:18; 3:1; Heb. 1:3, 13; 8:1; 10:12; 12:2; 1 P. 3:22; Apoc. 17:14; 19:16. ↩︎
  56. Para un excelente tratamiento postmilenial de esta parábola, véase O. T. Allis, «The Parable of the Leaven», The Evangelical Quarterly 19 (octubre de 1947): 254-73. ↩︎
  57. «Dentro de ti (entos hymōn). Este es el significado obvio y, según creo, necesario de entos…El único otro caso de entos en el N.T. (Mt. 23:26) significa necesariamente ‘dentro’ (‘el interior de la copa’)». (A. T. Robertson, Word Pictures in the New Testament [Nashville: Broadman, 1930], 2:229). Cf. Josefo, Antigüedades, 5:107. Moule observa: «En una cuidadosa revisión de la evidencia hasta esa fecha, P. M. S. Allen muestra que los pasajes de Jenofonte usualmente citados para among realmente apoyan within; que la evidencia de los LXX apoya within; y que incluso unos pocos ejemplos de Symmachus que parecen a primera vista apoyar among no son válidos como argumento, ya que las palabras son tales que hacen que los significados sean intercambiables». (C. F. D. Moule, An Idiom-Book of New Testament Greek [Cambridge: Cambridge Univ. Press, 1959], 84). ↩︎
  58. John Calvin, The Gospel According to St. John, en David W. Torrance y Thomas F. Torrance, eds., Calvin’s New Testament Commentaries (Grand Rapids: Eerdmans, 1961), 2:42. ↩︎
  59. R. V. G. Tasker, The Gospel According to St. John, Tyndale New Testament Commentaries (Grand Rapids: Eerdmans, 1960), 150. ↩︎
  60. Mt. 13:33; Lc. 17:20-21; Jn. 18:36-38; cf. Rom. 12:1-2; 2 Co. 5:17; Col. 3:5-11. ↩︎
  61. Véase Benjamin B. Warfield, «Christ the Propitiation for the Sins of the World», en John E. Meeter, ed., Selected Shorter Writings of Benjamin B. Warfield, vol. 1 (Phillipsburg, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1970), cap. I, p. 23. 23. ↩︎
  62. Gentry, Greatness of the Great Commission. ↩︎
  63. Por supuesto, es cierto en términos de su deidad esencial que esta «toda autoridad dada» fue «no como un nuevo don, sino una confirmación y realización práctica del poder sobre todas las cosas, que le había sido entregado por el Padre» en lo que respecta a su existencia humana (F. C. Cook, ed., New Testament; Vol. 1: St. Matthew-St. Mark-St. Luke, en The Holy Bible According to the Versión autorizada A.D.[1619], con un comentario crítico y explicativo y una revisión de la Biblia. Commentary and a Revision of the Translation [Nueva York: Charles Scribner’s Sons, 1901], 196). ↩︎
  64. En Fil. 2:9, sin embargo, la palabra echarisa to se usa para «dado» (de charizomai). ↩︎
  65. R. B. Kuiper, God-Centered Evangelism (Grand Rapids: Baker, 1961), 60. ↩︎
  66. A. B. Bruce, “Matthew” in W. Robertson Nicoll, The Expositor’s Greek New Testament, vol. 1 (Grand Rapids: Eerdmans, 1951 [rep.] ), 339. ↩︎
  67. Adams, The Time Is at Hand, 44 (emphasis mine); Charles Lee Feinberg, “The Jew After the Rapture,” in Feinberg, ed., Prophecy and the Seventies (Chicago: Moody, 1971), 182; Anthony A. Hoekema, The Bible and the Future (Grand Rapids: Eerdmans, 1979), 138; J. Dwight Pentecost, Thy Kingdom Come (Wheaton, Ill.: Victor, 1990), 221; Arie den Hartog, “Hope and the Protestant Reformed Churches’ Mission Calling,” The Standard Bearer 66 (Jan. 1, 1990): 166; Herman A. Hoyt, “A Dispensational Premillennial Response,” in Robert G. Clouse, ed., The Meaning of the Millennium: Four Views (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1977), 145; House and Ice, Dominion Theology, 159. ↩︎
  68. Es importante entender que, por definición, no puede haber postmilenialismo liberal. Es decir, por definición el postmilenialismo cree que Cristo volverá después del Milenio. ¿Qué teólogo liberal cree en el regreso de Cristo para poner fin a la historia? ↩︎
  69. Hechos 2:41; 4:4; 5:14; 9:35, 42; 11:24-26; 17:4; 18:8, 10; 19:18, 26. ↩︎
  70. Herman Ridderbos, The Coming of the Kingdom (Filadelfia: Presbyterian and Reformed, 1962), 467. Mateo 28:18-20 «se ha formulado muy conscientemente en términos de» Daniel 7:13-14 (Lloyd Gaston, No Stone on Another: Studies in the Significance of the Fall of Jerusalem in the Synoptic Gospels [Leiden: E. J. Brill, 1970], 385). Véanse, por ejemplo, los comentarios de los siguientes eruditos: D. A. Carson, Frank E. Gaebelein, Henry Alford, R. T. France, W. F. Albright, C. S. Mann, B. T. D. Smith, Frank Stagg, R. H. Fuller, W. C. Allen, John A. Broadus. Para datos bibliográficos datos bibliográficos, véase mi Greatness of the Great Commission, 44, n.15. ↩︎
  71. El Nuevo Testamento sugiere que transcurren largas «estaciones» antes de que Cristo regrese (Mateo 25:5, 19; Hechos 1:7; 2 Timoteo 3:1; 2 Pedro 3:4-9). El posmilenialismo no no sostiene la inminencia del regreso de Cristo. El cumplimiento de grandes profecías: la conversión de los judíos (Romanos 11) y la victoria dominante del cristianismo (Isaías 2:1). dominante del cristianismo (Isaías 2:2-4). Para una discusión de las implicaciones de esta negación de la inminencia, véase Gentry, He Shall Have Dominion, cap. 14. ↩︎
  72. Para un análisis de la palabra griega tagma («giro»), véase Benjamin B. Warfield, «The Prophecies of St. Paul», en Biblical and Theological Studies (Filadelfia, N.J.: Presbyterian and Reformed, rep. 1952 [1886]), 484. ↩︎
  73. Para discusiones útiles sobre esta prohibición de un reino intermedio (Zwischenreich) antes del fin, véase C. K. Barrett, From First Adam to Last (Londres: Black, 1962), 101; Vos, The Pauline Eschatology, 238-58; Herman Ridderbos, Pablo: An Outline of His Theology (Grand Rapids: Eerdmans, 1975), 556-59; W. D. Davies, Paul and Rabbinic Judaism (New York: Harper, 1967), 291-98. Véase también A. T. Robertson, Word Pictures in the New Testament (Nashville: Broadman, 1930), 4:191. ↩︎
  74. Por supuesto, Pablo sólo menciona la resurrección de aquellos «en Cristo» (vv. 20, 23) porque su futuro es su principal preocupación en el presente pasaje. ↩︎
  75. William F. Arndt, F. Wilbur Gingrich, and Frederick W. Danker, eds., Walter Bauer, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, 2d ed. (Chicago: Univ. of Chicago Press, 1979), 588, 1a. ↩︎
  76. Ibid., 588, 1b. ↩︎
  77. Trato este pasaje en el contexto más amplio de la defensa de un enfoque preterista del Apocalipsis en Pate, Four Views on the Book of Revelation, esp. 82-86. ↩︎
  78. James L. Blevins, “Revelation, Book of,” in Mills, ed., Mercer Dictionary of the Bible, 761. ↩︎
  79. George E. Ladd, in Clouse, The Meaning of the Millennium, 40. ↩︎
  80. B. B. Warfield, “The Millennium and the Apocalypse,” The Princeton Theological Review 2 (October 1904), 3. ↩︎
  81. Anthony Hoekema, in Clouse, The Meaning of the Millennium, 150. ↩︎
  82. Louis Berkhof, Systematic Theology, 708. ↩︎
  83. Juan señala en su apertura: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos lo que pronto debía suceder. Lo dio a conocer [del griego sēmainō, de sēmeion, señal, signo] enviando su ángel a su siervo Juan» (Ap. 1:1). ↩︎
  84. 2 Reyes 17:29; Salmo 96:3-5 [cf. 1 Cor. 10:20]; Lucas 4:6; Hechos 14:16; 17:30; 26:17-18. ↩︎
  85. Deut. 7:6ss; Sal. 147:19-20; Amós 3:2; Rom. 3:1-2. ↩︎
  86. Debemos observar que «kai hoitines introduce una segunda clase de personas, ‘confesores…'». (Henry Barclay Swete, Comentario sobre el Apocalipsis [Grand Rapids: Kregel, rep. 1977 (1906)], 262). ↩︎
  87. Se remite al lector a dos estudios en particular: Theonomy: A Reformed Critique, ed. William S. Barker y W. Robert Godfrey (Grand Rapids: Zondervan, 1990); y Meredith G. Kline, «Comments on an Old/New Error,» Westminster Theological Journal 41:1 (1978): 172-89. ↩︎
  88. La teonomía suele sustituir esta triple división por una doble, considerando las leyes judiciales mosaicas como simples expresiones concretas de la de la ley moral, que son por tanto (como la ley moral) de permanente permanente. Véase Sherman Isbell, «The Divine Law of Political Israel Expired, Part I: General Equity», The Presbyterian Reformed Magazine 12:2 (1997): 63-83, un excelente estudio que muestra los importantes «puntos de divergencia entre la teonomía y la doctrina de la Confesión de Fe de Westminster» (p. 66). ↩︎
  89. Sinclair B. Ferguson, “An Assembly of Theonomists? The Teaching of the Westminster Divines on the Law of God,” in Theonomy: A Reformed Critique, 326-27. ↩︎
  90. Ibid., 338, 346. ↩︎
  91. The Monthly Record of the Free Church of Scotland (June-July, 1997), 130. ↩︎
  92. Seguramente esta es una definición insostenible de la palabra griega kosmos en Juan 1:29; 3:16-17; 1 Juan 4:14. ↩︎
  93. G. C. Berkouwer, The Return of Christ, trans. James Van Oosterom (Grand Rapids: Eerdmans, 1972), 132, 135. ↩︎
  94. Fíjense bien en esto. El postmilenialismo parece plantear tres edades: la presente edad maligna, una futura edad «dorada» (véase la definición de Gentry que se refiere a «un tiempo de la historia anterior al regreso de Cristo en el que…»), y la «edad venidera», de la cual habla el Nuevo Testamento. ↩︎
  95. Herman Bavinck, The Last Things, ed. John Bolt, trans. John Vriend (Grand Rapids: Baker, 1996), 109. ↩︎
  96. En mi ensayo comento la engañosa traducción de la NVI de Romanos 8:18. ↩︎
  97. John Murray, “Structural Strands in New Testament Eschatology,” in Papers Read at the Seventh Annual Meeting of the Evangelical Theological Society (December 29-30, 1954), ed. John F. Walvoord, 8. ↩︎
  98. John Murray, «El período interventual y el Adviento: Matthew 24 and 25», en Collected Writings of John Murray, vol. 2 (Edimburgo: Banner of Truth, 1977), 389. Véase también Calvin’s Commentary on a Harmony of the Evangelists, Matthew, Mark, and Luke, donde Calvino habla de la «mezcla» en este discurso de la destrucción de Jerusalén y el fin de la era como figura y cumplimiento final. como figura y cumplimiento final. ↩︎
  99. Gentry presenta su sugerencia de que Nerón es el hombre de pecado de 2 Tes. 2 y la bestia del Apocalipsis en He Shall Have Dominion, (Tyler, Tex.: Institute for Christian Economics, 1992), 383-93. Allí insiste en que 2 Tes. 2:1 («Sobre la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él») se refiere a la venida de Jesús en destrucción sobre Jerusalén y la consiguiente «reunión» de los cristianos «en una asamblea separada y distinta.» (¡Eso en cuanto al literalismo!) En un artículo inédito sobre La fecha y el escenario del Apocalipsis, Charles E. Hill observa (p. 8): «Uno podría preguntarse, si es tan obvio que el 666 se refería a Nerón, ¿por qué esta verdad ni siquiera se le ocurrió a Ireneo, quien discute varias opciones para su interpretación, pero ni siquiera menciona esta posibilidad?». Con respecto a la lectura preterista del Apocalipsis escribe (pp. 21-22): «Me sorprende una y otra vez el hecho de que el Apocalipsis no trata esencialmente de Israel. Se trata de la realeza La rebelión contra él es mundial y la redención que él lleva a cabo es mundial. La rebelión contra él es mundial y la redención que él lleva a cabo es mundial. La rebelión contra él es mundial y la redención que lleva a cabo es mundial. pacto de Israel, incluso con el consiguiente cambio de atención a la la Iglesia, no parece ajustarse al gran alcance del libro». ↩︎
  100. Geerhardus Vos, Redemptive History and Biblical Interpretation: The
    Shorter Writings of Geerhardus Vos, ed. Richard B. Gaffin Jr. (Phillipsburg,
    N.J.: Presbyterian and Reformed, 1980), 41. ↩︎
  101. Cornelis P. Venema, “Evaluating Post-millenniaKsm (II),” The Outlook (January 1998), 22. ↩︎
  102. Obsérvese, a modo de contraste, el enfoque de la esperanza del apóstol: «Nuestra salvación está más cerca ahora que cuando creímos» (Rom. 13:11). John Murray nos recuerda nos recuerda que «el uso del Nuevo Testamento… apuntaría a la conclusión de que cuando este término [salvación] se usa con referencia al futuro denota la la consumación de la salvación que se realizará en el advenimiento de Cristo» (The Epistle to the Romans, vol. 2 [Grand Rapids: Eerdmans, 1965], 165). ↩︎
  103. David Chilton, Paradise Restored (Fort Worth: Dominion, 1985), 221 22. Chilton continúa escribiendo en la siguiente frase: «No me interesa fijar fechas. No voy a intentar averiguar la fecha de la Segunda Venida». Seguramente esto revela una extraña comprensión de lo que significa no tratar de fijar la fecha de la Parusía. ↩︎
  104. Confesión de fe de Westminster (33.3). Compárense las afirmaciones similares de la esperanza del creyente en los credos reformados continentales: Heidelberg Catecismo de Heidelberg, pregunta y respuesta 52, y Confesión Belga, artículo 37. ↩︎
  105. Kenneth L. Gentry Jr., He Shall Have Dominion, 85. ↩︎
  106. Compárese Calvino en los Institutos, 3.25.5, y la Confesión de Augsburgo, artículo 17. Típico del enfoque escatológico de Calvino es su comentario sobre 2 Pedro 4:7 («El fin de todas las cosas está cerca»): «Debemos recordar este principio: desde el momento en que Cristo apareció una vez, no queda nada para los fieles, excepto esperar su segunda venida con la mente alerta» (Calvin’s de Calvino: La epístola de Pablo apóstol a los hebreos y La primera y segunda epístolas de San Pablo apóstol a los hebreos. y Segunda Epístolas de San Pedro, trad. William B. Johnston [Grand Rapids: Eerdmans, 1963], 303). ↩︎
  107. Herman Hanko, “An Exegetical Refutation of Postmillennialism,” in Protestant Reformed Theological Journal 11 (April 1978): 36. ↩︎
  108. Herman Bavinck, The Last Things, 96. ↩︎
  109. Consulte la página web de Lee Irons: http://members.aol.com/ironslee. ↩︎
  110. Stanley J. Grenz, The Millennial Maze (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 1992), 72. ↩︎
  111. Gentry se centra en negar que «los mil años sirvan como marco temporal literal literal», pero la literalidad del número no es la principal preocupación del premilenialista. del premilenialista. Él o ella a menudo está dispuesto a considerar su «valor simbólico». ↩︎
  112. Sobre la importancia de Apocalipsis 20 para los primeros postmilenialistas, véase por ejemplo ejemplo, Robert E. Lerner, «Joachim of Fiore’s Breakthrough to Chiliasm,» Cristianesimo nella storia 6 (1985): 489-512. Véase también el análisis de postmilenial writers in Peter Toon, ed., Puritans, the Millennium and the Future of Israel: Puritan Eschatology 1600 to 1660 (Cambridge: Jas. Clarke, 1970). La observación de Toon sobre Brightman es típica: «La gloria de los últimos días de los santos de Cristo en la tierra, y cómo esto llegaría a ser, Brightman encontró claramente descrita en los capítulos 20 a 22 [del Apocalipsis]» (ibíd., 29). ↩︎
  113. A este respecto, me parece interesante que en el estudio de Gentry sobre los principales temas de la teología bíblica no se mencione el Día del Señor. ↩︎
  114. Véase Loraine Boettner, «Postmillennialism», en The Meaning of the Millennium: Four Views, ed. Robert G. Clouse (Downers Grove, Ill: InterVarsity, 1977), 117-41. ↩︎
  115. Una vez más, remito al lector a Wilber B. Wallis, «The Problem of an Intermediate Kingdom in 1 Corinthians 15:20-28,» Journal of the Sociedad Teológica Evangélica 18 (1975): 229-42. ↩︎

2 comentarios

  1. Gracias a Nuestro Padre Eterno x todo lo k nos da amén xfis hno me pueden apoyar con la explicación versículo x versículo de Levítico y Números quisiera y le Pido al Eterno lo llene de más sabiduría, le de tiempo y fortaleza para que suba a la página los demás libros de las escrituras y del nuevo Testamento muchas gracias y muchas bendiciones de lo alto si es posible en PDF si los pudiera compartir hno. Infinitas gracias

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