Sobre los Esenios

Junto con los fariseos y los saduceos existió una secta en la Judea de la época que, aunque desprovista de la importancia de estas dos, presenta rasgos de enorme interés para nuestro estudio. Se trata del grupo conocido como los esenios.

Los esenios eran una secta judía cuyo origen se remonta al hijo adoptivo de Moisés y nieto de Aarón, llamado Esén, aproximadamente 1,500 años a.C. Sobre el origen de la palabra esenios se han aportado distintas hipótesis, algunas de las cuales detallamos a continuación.

Donde pudo originarse esta denominación concreta es algo sometido todavía hoya controversia. Para algunos, el mismo no sería sino la forma griega de jasya (piadoso, santo), mientras que otros lo han relacionado con ‘asya (sanador), que podría encajar con su identificación con los zerapeute (sanadores), una comunidad de vida aislada a la que se refiere Filón (De vita contemplativa, 2 y ss.) como «adoradores» de Dios.

Nombre Significado Idioma
ossa los santos griego
hesé los piadosos arameo
osén hacedores de la Ley hebreo

Las noticias de los esenios que tenemos aparecen en diversas fuentes. Plinio se refiere a los mismos en su Historia Natural 5, 73 (escrita entre el 73 y el 79 d. de C.), al mencionar el mar Muerto.

De ellos nos dice que «En el lado oeste (del mar Muerto)… viven los esenios… Viven sin mujeres (porque han renunciado a toda vida sexual), viven sin dinero, y sin ninguna compañía salvo la de las palmeras». El que Plinio sitúe en el texto a Engadi al sur del enclave esenio ha llevado a algunos autores 1S a identificar a éste con Jirbet Qumran.

Antiguamente han sido conocidos por medio de los escritos de diversos autores, tales como Plinio el Viejo (62-113), Flavio Josefo (38-101), Filón de Alejandría (15 a.C. – 50 d.C.), Dion Crisóstomo (40-120), Hipólito de Ostia (170-235) y Epífano de Salamina (315-403).

Filón de Alejandría nos ha dejado dos referencias a los esenios. Una de ellas, la más amplia, se encuentra en su obra Todo hombre bueno es libre, y la otra, más breve, forma parte de su apología en favor de los judíos denominada Hypothetica.

En su relato más largo, Filón calcula el número de los esenios en unos cuatro mil, y los describe habitando en aldeas donde obtienen el sustento de la agricultura y dedican gran parte de su tiempo a cuestiones religiosas como la interpretación de las Escrituras. Su propiedad era comunitaria. Se abstenían de los sacrificios de animales, de hacer juramentos, de realizar el servicio militar y de la actividad comercial. No poseían esclavos, se ocupaban de aquellos de sus miembros que ya no podían trabajar a causa de la edad o la enfermedad, y cultivaban todo género de virtudes.

En su noticia más breve, Filón añade que sólo admitían adultos en su comunidad, y que practicaban el celibato ya que consideraban que las esposas y los hijos distraen la atención del hombre.

Josefo se refiere a los esenios en Guerra 2, 119 y ss.; Ant. Judo 5818,18 Y SS.; YAnt. judo 13,171 Y ss.

Su retrato de los esenios es más detallado que el de Filón y además se centra en testimonios que, al menos en parte, debieron ser de primera mano, ya que en su Vida 10 y ss., nos habla de que conoció a los esenios cuando era joven. Según este autor judío, los esenios vivían esparcidos por todas las ciudades de Palestina (incluso en Jerusalén) y practicaban la hospitalidad entre ellos. Cabe la posibilidad de que, quizá, en las ciudades vivieran en algún tipo de fraternidad. Creían en la predestinación y en la inmortalidad del alma.

Presentaban sus sacrificios en el Templo de Jerusalén pero de acuerdo con su propia normativa. Se dedicaban totalmente a la agricultura. Tenían todas las cosas en común. No se casaban (es interesante, no obstante, señalar que, según Josefo, existía también un grupo de esenios que sí permitían el matrimonio) ni tenían esclavos, y contaban con administradores que se ocupaban de controlar los productos del campo, así como con sacerdotes que supervisaban la preparación del pan y de otros alimentos.

Cualquiera que deseara entrar en el colectivo, debía pasar por un período de prueba de tres años. Al final del primero se admitía al novicio a la purificación ritual con agua, pero sólo al término del trienio podía tomar parte de la comida comunitaria, tras pronunciar un conjunto de juramentos solemnes relacionados con su nuevo estado. La pena por infringir las normas del grupo era la excomunión que implicaba, en realidad, condenar a morir de hambre al penado por cuanto no podía comer alimentos no supervisados por la secta ni recibirlos de sus antiguos compañeros.

Josefo también nos relata lo que constituía la actividad cotidiana de este colectivo. Sus miembros se levantaban antes del amanecer y oraban en dirección a oriente (algo inusual en los judíos), sin poder pronunciar palabra antes de terminar las plegarias.

Después, salvo los sábados, marchaban a trabajar hasta el mediodía aproximadamente. Entonces se reunían en el centro comunitario, se bañaban y entraban en el refectorio vestidos con sus hábitos de lino. La comida era precedida y concluida por una acción de gracias pronunciada por un sacerdote y el comportamiento de los asistentes -sólo los miembros de pleno derecho- estaba presidido por la sobriedad.

La secta contaba con cuatro rangos diferentes y sólo se podía hablar conforme a las normas relativas a los mismos. Tras la comida, los esenios abandonaban sus hábitos blancos, volvían a vestirse con sus ropas de trabajo y continuaban en sus labores hasta la tarde. Después se reunían para otra comida en la que sí podían estar presentes los visitantes y los extraños.

No usaban el aceite por considerarlo impuro (¿porque lo consideraban un artículo de lujo o porque los líquidos resultan más fáciles de contaminar que los sólidos?), evitaban los juramentos (salvo los pronunciados en su iniciación), y tenían fama de interpretar a los profetas, hacer predicciones acertadas y conocer las propiedades médicas de diversos productos.

Hipólito se refiere también a los esenios en el noveno libro de su obra Refutación de todas las herejías, escrita en los primeros años del siglo III. Este autor coincide con Josefo en buen número de datos pero parece haber contado con una fuente independiente de información que le permite corregir y suplementar al autor judío.

Según Hipólito, los esenios se habían dividido a lo largo de su historia en cuatro partidos diferentes, uno de los cuales era el de los zelotes o sicarios. Como veremos en el próximo apartado, esta afirmación resulta discutible pero no puede negarse que algunos esenios optaron por una postura tan opuesta a los no judíos que algunos los confundieran con los zelotes. Por otro lado, sabemos que hubo un rebelde judío en la guerra contra Roma llamado Juan, cuyo origen era esenio (Refutación 9,21).

Los zelotes no utilizaban monedas con la efigie del emperador o de ningún otro hombre, porque consideraban que el mismo acto de ver una cosa semejante era una forma de idolatría. Sabemos por el Talmud de Jerusalén (Abodah Zarah 3, 1) que Nahum de Tiberíades, que no era zelote sino fariseo, jamás miró en su vida la imagen de una moneda, pero en la literatura rabínica tal caso es excepcional, mientras que entre los esenios parece haber sido la regla.

Resulta también interesante señalar que Hipólito afirma que los esenios creían en la resurreción además de en la inmortalidad del alma (Josefo no nos ha transmitido el primer dato).

No hay referencias directas a los esenios en el Nuevo Testamento y no parece que tuvieran el más mínimo contacto con Jesús.

En términos generales, puede decirse hoy en día que es casi unánime el acuerdo en la comunidad científica a la hora de identificar a los esenios con los sectarios de Qumrán. Las razones son varias.

En primer lugar, doctrinalmente los esenios coinciden -a diferencia de fariseos y saduceos- con los datos que aparecen en los manuscritos del mar Muerto.

Cronológicamente pertenecen a un período histórico concreto y en el mismo los esenios son la única secta que nos resta con la que pudiera identificarse a los sectarios de Qumrán.

En cuanto a las prácticas resultan igualmente similares. La única puntualización que debe hacerse -y que, a nuestro juicio, es trascendental- es la de que si bien los sectarios de Qurnrán eran esenios no todos los esenios estuvieron centrados en Qurnrán. Ya hemos visto como en alguna de las fuentes se habla de varios grupos de esenios. Ciertamente, del análisis de los documentos del mar Muerto se desprende que, efectivamente, fue así y que la secta de Qumrán fue sólo uno de ellos.

El Talmud les llamó bautistas matinales (tovilé shahrit) y algunos escritos árabes se refieren a ellos como magaritas, que significa de las cuevas.

Su existencia histórica ha sido confirmada por los hallazgos de los rollos o manuscritos de Qumrán en 1945. Todos los autores mencionados elogiaban tanto su Regla como su forma de vida.



  • Su origen:

El origen de la comunidad esenia se remonta alrededor del año 170 a.C. cuando un grupo de judíos huyeron al desierto de Judea, a orillas del Mar Muerto, donde establecieron el primer asentamiento que posteriormente ampliaron con casas sencillas de piedra, una plaza, un comedor comunitario, depósitos para áridos y agua potable, así como una biblioteca con algunos textos sagrados que habían logrado sacar de Jerusalén.

Esa primera emigración hacia Qumrán se originó debido a que el rey de Siria, Antíoco Epífanes, de la dinastía seléucida, al ingresar a Jerusalén buscando el exterminio tanto de los judíos como de su religión, profanó el altar del Templo vertiendo sangre de cerdo sobre el altar. El cerdo era un animal impuro para los israelitas y no era apto ni para el sacrificio ritual ni para el consumo humano.

Pero el establecimiento definitivo de la comunidad esenia tuvo lugar en el transcurso de la segunda emigración, ocurrida alrededor del año 160 a.C., después de la revuelta macabea, cuyos resultados no apoyaron los esenios de Jerusalén. Los Macabeos o hasmoneos liberaron a Judea de la hegemonía griega, pero usurparon el cargo de Sumo Sacerdote y ello ocasionó que un grupo de personas fueran a incorporarse a la comunidad esenia ya existente en Qumrán, y así preparar el camino del Señor bajo el mando de un nuevo líder: el Maestro de Justicia.


  • El Maestro de Justicia:

El Maestro de Justicia o Moré Tzadek fue una persona religiosa y destacada en la comunidad judía de Jerusalén, quien se opuso al Sumo Sacerdote Jonatán, hermano de Judas Macabeo, al considerar que éste había abandonado la fidelidad a YHVH.

Dicho Maestro de Justicia organizó e impulsó la comunidad esenia, pero no se le podía considerar como Sumo Sacerdote por razones de genealogía. Sin embargo él era quien efectuaba la preparación de los discípulos, la enseñanza de los iniciados y la administración de la Ley mesiánica, la Halajá esenia.

El ingreso del Maestro de Justicia a la comunidad esenia fue trascendental ya que sus propios discípulos consideraban que antes de su llegada la comunidad había caminado a tientas, mientras que cuando se hizo presente la figura del Maestro de Justicia apareció la luz en la comunidad. Los manuscritos de Qumrán revelan que el documento conocido como Regla de la Comunidad procede sin duda de la inspiración personal del Maestro de Justicia, así como los Himnos o los Hodayot, que nos permiten acceder hasta la raíz de su subjetividad espiritual.

La tarea de identificar históricamente la figura del Maestro de Justicia ha sido objeto de diversas especulaciones desde el mismo descubrimiento de los rollos de Qumrán. Sin embargo la tesis que lo compara con Jesús es totalmente nula e imposible de sostener ya que el Maestro de Justicia vivió mucho antes del nacimiento de Cristo.

Sin embargo hay una tesis no demostrada, pero tampoco exenta de posibilidad, de que uno de sus sucesores haya sido Santiago, conocido como el hermano de Jesús. Esta hipótesis tiene visos de realidad si leemos detenidamente la vida de Saulo de Tarso, de quien haremos mención al final de este estudio.


  • Iniciación y forma de vida:

Las Reglas de Vida y la estricta disciplina que éstas implicaban no constituían un freno para los esenios, sino una libre aceptación de un medio para forjar el carácter y desarrollar la parte más elevada de su ser.

Por ello si alguien deseaba ser miembro de la comunidad esenia debía ser aceptado, ser instruido durante un año y luego pasar un período de prueba de otros dos años antes de ingresar definitivamente en la comunidad. Después de la aceptación inicial, el candidato tenía que practicar una especie de meditación en la cual, en completa calma, examinaba su vida pasada para poder hacer un recuento objetivo y sincero de la misma. Tenía que discernir entre los mandatos celestiales que había recibido desde su infancia y analizar la forma en que había respondido a los mismos

Después de su aceptación y luego de haber hecho el juramento, el recién ingresado recibía, junto con sus blancas ropas de lino, una misión que debía desempeñar durante el resto de su vida. La misión tenía un propósito, una orientación que nunca debería abandonarle y que era una forma de unirle a YHVH y de hacerlo útil para su comunidad. Nunca debía separarse del hilo conductor de esa misión. Esto era lo que le daba un significado positivo a su vida y le convertía en un verdadero ser humano.

Se les exigía además una vida dedicada al estudio de la Ley, humildad y disciplina, obligados a decir siempre la verdad. Sus bienes pasaban a ser parte de toda la comunidad y, al igual que los frutos del trabajo personal, se distribuían según las necesidades de cada uno, dejando una parte para auxiliar a pobres, viudas, huérfanos, mujeres solteras, ancianas, desempleados y para aquellos forasteros que sin ser parte de la comunidad, requerían de ayuda temporal.

En su juramento el nuevo esenio se comprometía a respetar la tierra como ser viviente para honrarla y cuidar de su sana evolución, para lo cual él debía tener siempre sus pies en contacto con la tierra, por lo que siempre caminaban descalzos.

Se le imponía la observancia de una estricta disciplina, cuya base era la corrección fraterna mutua. Las mujeres no eran aceptadas dentro de la comunidad esenia y sólo los hombres podían formar parte de la misma. La purificación constante lavándose los pies, las manos y el cuerpo era muy importante para los esenios. Se purificaban física y espiritualmente antes de entrar a alguna casa, como también al comenzar el día e incluso antes de las comidas y de la oración.

Se lavaban los pies los unos a los otros en señal de amistad y cultivaban la idea que tenían de cuidarse los unos a los otros, así como YHVH cuidaba de ellos. También se bendecían unos a otros imponiéndose las manos sobre la cabeza, para conservar la unidad y reforzar el amor que fluía entre ellos.

Los esenios ingresaban regularmente a los enfermos en los hospitales y para ello disponían de edificaciones sencillas pero especialmente construidas para ese propósito. La forma en que sanaban a los enfermos es el origen de la existencia de nuestros hospitales modernos.

Los esenios aprendían desde muy jóvenes a ver la parte divina de cada persona, ya que así era el propio YHVH quien visitaba al enfermo en la persona del esenio. Cuidando del individuo, el esenio cuidaba también la parte espiritual que habitaba en el enfermo. Este es el profundo significado de la verdadera medicina y de cada proceso terapéutico. El cuerpo y el alma espiritual de la persona eran, para los esenios, la vestidura del espíritu universal y divino. Sin él no habría verdadera hospitalidad, y lamentablemente en nuestros días el dinero ha reemplazado la visión del Supremo.

A todo esenio se le exigía el respeto a la privacidad ajena. La soledad era considerada sagrada porque cuando una persona está sola consigo misma, se encuentra ante la presencia de Dios. La vida de la pareja también se consideraba sagrada, así como la vida comunitaria. Para los esenios existían tres grados de vida individual: la vida privada, que correspondía al interior del cuerpo físico, nuestro templo; la vida externa, que correspondía a la comunidad; la vida interna, que es la de la pareja. El esenio tenía que observar esos tres niveles de vida y mantenerse siempre honesto, auténtico y moralmente recto y puro.

Los esenios se consideraban guardianes de las enseñanzas divina, las cuales no podían revelar a personas que no estuvieran preparadas para recibirlas. La ley del silencio y el discernimiento se imponía de manera estricta. Así, un esenio nunca trataba de convertir a otra persona a sus creencias, tal como expresa la advertencia de Jesús: No deis lo santo a los perros ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, se vuelvan y os despedacen – (Mateo 7:6).

La doctrina esenia condenaba fuertemente la esclavitud y cualquier otra forma de servidumbre. Ningún esenio podía tener sirviente; eso era pecado. También lo era el hecho de trabajar para hacer dinero, porque esto igualmente se convierte en una forma de esclavitud. Cualquier persona que se afiliara a la comunidad esenia tenía que liberar a sus esclavos y también abstenerse de comer carne. Para ellos la esclavitud también estaba vinculada al aspecto carnívoro, porque aquel que no puede dejar de comer carne animal no puede controlar las pasiones de su naturaleza animal y, por lo tanto, no puede pensar con claridad y queda reducido a la esclavitud por su propia naturaleza.

Los esenios se consideraban guardianes de las divinas enseñanzas. Poseían un gran número de manuscritos muy antiguos, algunos de los cuales databan del inicio de los tiempos. Una parte de la comunidad esenia se dedicaba de lleno a descifrar los códigos de los manuscritos, traduciéndolos y reproduciéndolos para perpetuar y preservar ese avanzado conocimiento.

El movimiento esenio no se limitó únicamente a Qumrán y alrededores, como tampoco todos vivían en grutas o cuevas, sino que una parte residía en sencillas construcciones. Se sabe que en el siglo I a.C. había un barrio esenio en Jerusalén. Según Flavio Josefo, unos cuatro mil esenios vivían en las ciudades, aunque seguían y practicaban la forma de vida de los esenios que estaban en Qumrán.


  • Algunas consideraciones esenias:

La fuente en que se basa este tema son los rollos o manuscritos hallados en Qumrán y, especialmente, aquellos que contienen lo que los esenios denominaban El Manual de Disciplina y el Himnario o Salmos de acción de gracias. La creencia de que por causa de la usurpación del cargo de Sumo Sacerdote en tiempos de los Macabeos el rito del templo era impuro e inválido, es la que da cabida a todas las posturas teológicas esenias. De acuerdo a ello, las siguientes son las convicciones propias de aquella comunidad:

Los esenios se creían parte de la verdadera Congregación de Israel, fieles al Pacto con YHVH.

Se consideraban los sucesores de los israelitas del Éxodo de los tiempos de Moisés, ya que los esenios fueron al desierto y allí se establecieron. Ellos creyeron que por medio de esa salida al desierto seguían ritualmente puros y que allí esperarían al Mesías prometido, que se manifestaría entre ellos debido precisamente a esa pureza de vida.

Los esenios se denominaban a sí mismos como los justos escogidos, refiriéndose a la elección de Israel en el Monte Sinaí.

Se conocían también como Hijos de Zadoc por asimilación a la familia de Sadoc, el fiel sacerdote del rey David (Samuel 8:17), considerándose a sí mismos como casta de sacerdotes de Ezequiel.

Con el paso del tiempo algunos esenios desistieron de la espera del Nuevo Pacto y se consideraron como verdaderos poseedores de la verdadera Ley o la Toráh. Pero otros esenios se volvieron a la fe por Jesús, el Mesías.


  • Los esenios y el cristianismo:

El profundo estudio del contenido y del significado de los manuscritos hallados en el Mar Muerto y posteriormente en Nag-Hammadi ratifica en profundidad el estrecho vínculo que existía entre los esenios y los primitivos “cristianos“, aún cuando no podemos ni debemos confundir a estos últimos con los esenios autores de los manuscritos.

La corriente espiritual y el testimonio de vida de los esenios fueron una fuente del cristianismo primitivo y una preparación del camino de Jesús. La propia vida de Juan Bautista en las cercanías de Qumrán podría llegar a interpretarse como un elemento que preparó el camino para el mensaje de Cristo Jesús.

Por la interpretación mesiánica de las Escrituras, los esenios creían que un Ungido o Mesías llegaría para liberar a Israel de sus aflicciones, y aún cuando nunca se ha podido demostrar explícita ni históricamente la pertenencia de Juan Bautista ni de Jesús a los esenios, la evidencia en el Nuevo Testamento indica una conexión ideológica muy cercana. Basta con decir que los Apóstoles esperaron hasta el último momento que Jesús se declarara el Mesías liberador de los opresores romanos, y no el Mesías que realmente resultó ser.

Una cosa sí está clara, y es que cada vez se hace más evidente la aportación de los esenios al cristianismo primitivo.


  • El final de los esenios:

Tal era la importancia que habían adquirido los esenios que ya en el año 152 a.C. el Gran Sacerdote de Jerusalén, Jonatán Macabeo, organizó una violenta expedición contra Qumrán, en donde asesinaron al Ministro de Justicia mientras éste oficiaba una ceremonia.

Pero la comunidad esenia siguió unida a pesar de esa acción, e incluso se afianzó más en sus convicciones. Por ello la comunidad esenia fue destruida durante la represión encabezada por Tito en el año 68 d.C. Qumrán fue arrasada y muchos esenios asesinados. Los que pudieron escapar se refugiaron en otras comunidades esenias alejadas de Qumrán.

Tan viva era la fe de los esenios que no temían a la muerte, lo cual causó la admiración de los propios romanos cuando atacaron Qumrán. El historiador Josefo contó textualmente en el libro II, capítulo VII de su escrito Guerra de los judíos, al referirse a los esenios en el momento del ataque de los romanos:

“Menosprecian los peligros, triunfan del dolor por la elevación de su alma y consideran la muerte, cuando se presenta con gloria, como preferible a una vida mortal. La guerra romana ha probado su fuerza de carácter en toda circunstancia: los miembros apaleados, torturados, quemados y sometidos a todos los instrumentos de martirio, con el fin de arrancarles alguna blasfemia contra el Legislador romano o para hacerles comer alimentos por ellos prohibidos. Pero no ha podido obligarles ni a lo uno ni a lo otro; ni siquiera sus torturadores han podido alardear de haberles hecho derramar una sola lágrima. Sonrientes durante los suplicios y burlándose de sus verdugos, expiraban con alegría como si de pronto volvieran a revivir”


  • Después de Jamnia:

La destrucción del Templo constituyó una catástrofe para los judíos de la época de magnitudes difícilmente apreciables desde nuestra perspectiva contemporánea. Salvo algunas excepciones, sólo los cristianos (y, seguramente, los esenios) habían contado con semejante posibilidad. Ahora, en un país desolado por la guerra había que proceder a reconstruir la fe del pueblo judío. Los retos teológicos eran de no poca importancia. Por ejemplo, si el perdón de los pecados se obtenía en virtud de los sacrificios de expiación realizados en el Templo, ahora que éste se hallaba en ruinas

¿Cómo tendría lugar ese indispensable mecanismo?

Estas y otras cuestiones acuciantes iban a recibir una serie de respuestas de las que brotaría un nuevo tipo de judaísmo, muy distinto al del Segundo Templo pero con profundas raíces en el mismo.

Las diferentes ramas supervivientes del judaísmo (saduceos, judeo-mesianicos, fariseos) iban a intentar marcar el rumbo venidero de aquella fe. Sería un sector del último grupo el que, finalmente, se alzaría con el triunfo. En el concilio de Jamnia (hacia 80-90 d. de C.), el sector hillelita de los fariseos tomaría las riendas del judaísmo futuro excluyendo a los saduceos, a los judeo-mesianicos y, si aún quedaba alguno, a los esenios.

Aplastados por los romanos, a los que se enfrentaron en una imprudente alianza con los zelotes, y no pertenecientes a los fariseos hillelitas que deseaban monopo-lizar el control espiritual sobre Israel, la historia de los esenios de Qurnrán había quedado definitivamente concluida. Hasta 1947, no volverían a ser tema de interés de la mano del descubrimiento de los documentos del mar Muerto.


  • Los Esenios despues de Masada:

El Documento de Damasco en la genizah de El Cairo

Como vimos la evidencia histórica apunta al hecho de que los esenios desaparecieron al final de la guerra contra Roma del año 66 d. de C. Si alguno sobrevivió a aquel cataclismo nacional, el concilio fariseo de Jamnia lo dejó absolutamente al margen del judaísmo posterior.

Las grandes aportaciones espirituales de los siglos siguientes (la Mishnah y los dos Talmudim) giran ya en torno a los descendientes de los fariseos y pasan por alto cualquier aporte de los esenios al acervo común de Israel. De hecho, de no haber sido por el descubrimiento de los documentos del mar Muerto, los datos que tendríamos de los mismos serían muy reducidos. Pero, aun así…

¿Resulta, de verdad, tan evidente que los esenios desaparecieron de la vida judía en el período situado entre el 66 d. de C. y el 80-90 d. de C.?

Hay algunas razones que permiten cuestionar tal posibilidad. Las mismas aparecen además conectadas con los documentos del mar Muerto.

Entre los materiales escritos hallados en Qumrán, aparece uno denominado convencionalmente Documento de Damasco. El mismo ya era conocido con anterioridad al hallazgo de los manuscritos del mar Muerto.

La genizah es una habitación especialmente habilitada para abandonar en la misma aquellos manuscritos que no pueden ser destruidos por llevar en ellos el sagrado nombre de Dios y de los que se espera que el paso del tiempo servirá para disolverlos. Pues bien, entre los materiales aparecidos a principios de este siglo en la genizah de una sinagoga de El Cairo estaba el mencionado documento.

Este manuscrito, que se halla actualmente en la Biblioteca de la universidad de Cambridge, clasificado con la sigla T. S. (Taylor Schechter Collection) 10 K 6 y T. S. 16.311, fue publicado en 1910 por Saloman Schechter bajo el título de Fragments of a Zadokite Work. En 1913, R. H. Charles publicó una traducción inglesa de la misma obra para el tomo TI de los Apocrypha and Pseudepigrapha of the Old Testament, donde se quejaba -con toda la razón- de lo poco cuidada que había sido la edición de Schechter.

El texto era evidentemente medieval. Así, el manuscrito A, que contiene ocho folios (es decir, dieciséis páginas), data del siglo x d. de C.; y el manuscrito B, que consta de un folio único (o sea, dos páginas), debe fecharse en el siglo XI o XII d. de C.

Dado que, como ya tuvimos ocasión de ver, el Documento de Damasco apareció asimismo en Qumrán y tiene un especial valor para fechar el inicio de la secta del mar Muerto, todo parece indicar que algunos descendientes espirituales de los esenios de Qumrán habían conservado el material religioso de la secta -en todo o en parte- y que todavía en el siglo XI o XII de nuestra era lo reproducían.

 ¿Quiénes fueron estos herederos de los esenios de Qumrán que mil años después de la desaparición de la secta seguían copiando alguna de las obras emanadas de la misma?

Todo parece indicar que se trataba de los karaítas.


  • Los karaítas:

Durante el siglo X d. de C. -aunque es muy posible que hubieran surgido con anterioridad- aparecieron en el seno del judaísmo oriental una serie de comunidades a las que se denominó «karaí-tas». El sentido del apodo podría ser expresado por una palabra en castellano como «escrituristas» o «biblicistas». Estos judíos se apoyaban exclusivamente en la Biblia y rechazaban el Talmud, fruto de la teología farisea, como una invención humana sustentada en la fuerza de la tradición y en el monopolio de los poderes institucionales en el seno del judaísmo.

Centrados en buen número en Jerusalén durante el siglo x d. de C. se unieron bajo el nombre de «Avelei Zion» (Los que se lamentan por Sión) o «Shoshanim» (Rosas), de acuerdo con el apelativo que utilizaban sus admiradores para referirse a ellos. Llevando una vida austera y de oración, esperaban que el Templo fuera finalmente reconstruido.

En el siglo XII, Benjamín de Tudela, el Marco Polo judío, nos informa de que en Constantinopla había unos quinientos karaítas; y en 1488, R. Abdías de Bertinoro, escribía desde Jerusalén haciendo una extensa referencia a los karaítas que residían en esa ciudad yen Egipto.

Volvemos a tener noticia de este grupo durante el siglo XVII en Polonia. El personaje más importante dentro del mismo fue R. Isaac Troki, un disputador contra los cristianos. Su labor resultó muy importante por cuanto en su época algunos de éstos judaizaban atrayendo con ello a muchos judíos a creer en Jesús como mesías.

R. Isaac Troki redactó una obra titulada Jizzuk Emunah (Fortalecimiento de la fe) en la que se oponía a los cristianos -especialmente a los de extracción católica- basándose fundamentalmente en las obras de un arriano polaco llamado Szymon Budny.

A partir de entonces, los karaítas van difuminándose progresivamente en la historia del judaísmo. Hoy en día siguen existiendo pero su importancia -que llegó a resultar alarmante para los rabinos del Medievo- se extinguió hace siglos y no pasan de ser una pálida referencia al pasado como sucede, salvando las distancias, con los samaritanos.


  • Karaitismo y esenismo:

¿Por qué conservaron los karaítas escritos pertenecientes a los antiguos esenios?

Existen dos posibles explicaciones. Una de ellas es que tuvieran un origen común. El grupo de judíos piadosos -presumiblemente afincado en el exilio de Babilonia- del que surgió la secta del mar Muerto, quizá no volvió en su totalidad a Palestina durante el siglo II a. de C. Por el contrario, dejó tras de sí a «familiares» espirituales de los que surgirían posteriormente los karaítas.

Cuando se produjo la monopolización del judaísmo por parte de los fariseos en Jamnia (80-90 d. de C.), aquel resto de judíos independientes de la tradición farisaica reaccionó oponiéndose a la misma. Tal enfrentamiento fue radicalizándose más hasta llegar a su culmen del siglo x al siglo XIII d. de C. En el fondo, su reivindicación era correcta.

Sólo deseaban leer la Biblia sin verse sometidos a la tradición específica de los fariseos, un fenómeno, por otro lado mayoritario, en el judaísmo del Segundo Templo. Precisamente por ello, el Talmud sólo podía ser blanco de sus ataques.

La otra posibilidad de explicar este nexo entre karaítas y esenios reside en conceder que los primeros bucearon en la historia del judaísmo anterior al Talmud en busca de otras tradiciones religiosas pertenecientes a aquel. Se trataba de demostrar que los fariseos carecían de legitimidad al imponer una forma de judaísmo que había sido minoritaria hasta el concilio de Jamnia.

En ese rastreo de otras corrientes religiosas, los karaítas habrían dado con los escritos esenios, quizá conservados por comunidades descendientes de los mismos y existentes en Oriente. En el estado actual de nuestros conocimientos, lo cierto es que no podemos ir más allá de la formulación de estas hipótesis.

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