Levítico 11 – La dieta Bíblica

Desde los albores mismos de la historia bíblica, cuando Dios hubo establecido a Adám en el Huerto de Héden, le había ordenado diciendo:

Génesis 2:16-17 – “…De todo árbol del huerto comer, podrás comer, empero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no habrás de comer de él… “

Previamente, en Génesis 1:29, leemos:

“Dijo Elohím: He aquí que os doy toda planta que porta simiente -que hay en toda la faz de la tierra y todo árbol que contiene fruto portador de simiente, para vosotros será como alimento”.

Con estas palabras se manifiesta la preocupación Divina por la alimentación de los seres (Adám y su mujer) a quienes había creado.

Siguiendo esta idea advertiremos en la Toráh tres etapas en lo que a la alimentación del hombre se refiere, a saber:

  • Desde la Creación hasta el Diluvio. En esta etapa, los únicos alimentos permitidos al ser humano eran los arriba citados en el verso 19, o sea vegetales y frutos.
  • Leemos en Génesis 9:3: “Todo lo que se mueve, todo lo que vive, para vosotros será para comer, como la verdura y las plantas, a vosotros os he entregado todo. Pero, carne con su vida -su sangre- no habréis de comer”.
  • En nuestro capítulo, Levítico 11 y Deuteronomio 14:3-21, donde la Toráh enuncia las normas que. tipifican y dividen a los animales, peces y aves, en dos categorías “הטהורים והטמאים”, “hatehorím venatemeím” -los puros y los impuros–, permitiéndonos la Toráh comer solamente los tipificados como puros, y pidiéndonos rechazar como abominables a todos los impuros.

Ahora bien, esta sucesión de hechos, y las mismas leyes alimentarias que la Toráh enuncia, han sido motivo de profundos estudios por parte de los exégetas e intérpretes de la Toráh en cada generación.

De limitamos rigurosamente al contexto bíblico, resulta evidente que las leyes alimentarias persiguen un finalidad: convertimos en personas consagradas a la Toráh y a la bondad forjando en nosotros un carácter sobrio, y desarrollando en nosotros la moderación en los hábitos alimentarios, para que ello repercuta en nuestras actitudes y nuestras acciones.

En palabras de la Toráh:

Exodo, 22:30, “Veanshé kódesh tihiun li ubasár basadéh terefáh lo tojelu laquelev tashlijún otó”

“…Y hombres consagrados habréis de ser para Mí. y carne devorada en el campo no habréis de comer, a los perros habréis de arrojarla…”

Además, en Deuteronomio se nos recuerda que, ya que somos un pueblo consagrado por Dios y para El, no deberemos comer nada que sea abominable. Y a renglón seguido, la Toráh enuncia los nombres y características de los animales, peces y aves que podemos comer, alejándonos de los otros, que deberemos repudiar.

No obstante, Maimónides, en su “Guía de los Perplejos” (ID capítulo 48), dice que los alimentos prohibidos son aquellos que son nocivos para la salud. Por supuesto que esta interpretación, que Maimónides cita, es anterior a él, pero encontramos especialmente a dos exégetas del Siglo XV que rechazan con vehemencia esta interpretación del Gran Maestro. Así veremos que Rabbi Itshak Arama, en su libro “Akedat itshák” (Cap. 60) dice que, de aceptar nosotros…nesta interpretación de Maimónides, convertiríamos la Toráh en un pequeño libro de medicina, preocupado parcialmente, nada más, por la salud del ser humano. Parcialmente -agrega R. I. Arama–porque nada escribe la Toráh acerca de plantas venenosas.

Esta misma opinión es presentada textualmente por Abarbanel, en su comentario a Levítico Cap. 11. Pero Abarbanel nos remite a su comentario a Deuteronomio 14, donde sugiere que la alimentación ideal para el ser humano, es, únicamente, de frutos y vegetales, ya que el consumo de carne animal -agrega daña nuestra salud y acorta nuestra vida. Por ello, cuando Dios creó a Adám, le permitió comer sólo vegetales y frutos – (Génesis 1:29). Empero, cuando el mundo quedó devastado por el diluvio en la época de Noé y la vegetación aniquilada, Dioss permitió a Noé y sus hijos alimentarse con carne animal, con la restricción de no ingerir la sangre del mismo – (Génesis 9:3-4). “Más adelante -dice Abarbanel- cuando la Toráh tipifique toda la fauna conocida y nos permita ingerir la carne de los animales, peces y aves puros, lo hará sólo como concesión al impulso del mal que poseemos ” דברה התורה כנגד יצר הרע “, “diberáh hatoráh quenégued iétser harán”.

Por lo tanto, R. I. Arama y Abarbanel-entre otros concluyen que la finalidad principal de las leyes alimentarias tienden a “קדושה וטהרה “, “kedusháh vetaharáh” la consagración y la pureza.

Cabe recordar que las leyes de “כשרות“, “cashrút” -alimentación apta para ser comida de acuerdo con nuestra Toráh- incluyen el no ingerir sangre animal, en ninguna de las formas posibles.

Por medio de la observancia de estas leyes, el creyente puede elevarse hacia la santidad; mas si las ignora no sólo se contamina él sino que, gradualmente, erige una barrera que le dificulta la comprensión misma de la santidad.

La Torá nos informa que de la misma manera que quien está constantemente expuesto a la música de altos decibeles y a ruidos estruendosos, en forma lenta e imperceptible, pero segura, sufre la pérdida de su capacidad de oír sonidos tenues y de detectar modulaciones sutiles, así el consumo por parte de un creyente de comida no kasher reduce su poder espiritual y le veda la posibilidad de hacerse distinguido “santo” en el pleno sentido de la palabra. Peor aún, lo priva incluso de la capacidad de percibir lo que se pierde y es por esta razón que Ramá (Ioré Déa 81:7) nos advierte que debemos impedir que incluso niños pequeños coman alimentos prohibidos, para que su potencial espiritual no se vea menoscabado.

Rashi (v. 2) destaca una de las razones por la cual di­ferentes alimentos de origen animal le están prohibidos: puesto que es la misión espiritual del pueblo de Israel apegarse a la Fuente de toda la vida espiritual, no se debe comer alimentos que Dios en Su infinita sabiduría ha dictaminado que obstaculizan el logro de este elevado obje­tivo. En la parábola de Rabí Tanjuma, un doctor fue a visitar dos pacientes, y a uno de ellos le dijo:

“Puedes comer lo que quieras”, y al otro le recetó una dieta muy precisa y restrin­gida: a corto andar, el primer paciente murió y el segundo se recuperó; ante este giro de los acontecimientos, el doctor explicó que en realidad no había esperanza alguna para el primer paciente y por eso no había tampoco razón alguna para negarle comer lo que quisiera -mas como el segundo paciente estaba esencialmente sano, era importante darle una dieta que le ayudase a recuperar su salud. Y así es con Israel: el pueblo de Israel está dotado de buena facultad para crecer espiritualmente y por ese motivo Dios le “recetó” ali­mentos que son conducentes al crecimiento espiritual.

Como lo destaca Jinuj, el daño causado por tales alimen­tos no es de naturaleza física, sino más bien le impiden al corazón adquirir las facultades más elevadas.


Levítico 11:1-2 – “…Habló YHVH a Moisés y a Aarón, diciéndoles: (2) Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra…”

vs.1 – “…Habló YHVH a Moisés y a Aarón, diciéndoles…” –

 – “…A Moshéh y a Aharón. Y de aquí se demuestra. que cada vez que la Toráh escribe: Habló Adonai a Moshéh -לאמור ” «lemor-diciendo-«, quiere decir: diciendo a Moshéh. Como quiera que en los versículos anteriores se habló exclusivamente a Aharón, por eso nuestro versículo recalca que ahora estas palabras atañen a ambos” (Rashbám).

Ibn Hezra entiende que, como Aharón era el cohén y el maestro que iba a enseñar a los hijos de Israel todo lo que concierne a lo puro e impuro, se lo menciona especialmente en este primer versículo…”

vs. 2 – “…Estos son los animales que comeréis…” – Los principios expuestos en este capítulo fueron establecidos por Dios para que los que le aman y escogen servirle no consuman los alimentos de origen animal que podrían dañar sus cuerpos.

Este capítulo define cuáles son los animales comestibles y cuáles están prohibidos para los hijos de Israel. Los hijos de Israel han sido apartados de los demás pueblos para ser distinguidos y diferentes.

La dieta es una de las cosas más importantes que hace la diferencia entre los hijos de Israel y los demás pueblos. Este capítulo nos enseña que Dios considera importante lo que el hombre come.

Desde el principio Él ha estado muy interesado en la comida del hombre. El primer mandamiento que fue dado al hombre tenía que ver con la comida. El pecado entró en el mundo por medio de una comida prohibida. Y si Dios considera que es importante lo que el hombre come, debe serlo también para el hombre.

Es Dios quien establece lo que es muy importante y lo que no es tan importante para el hombre. Las Escrituras enseñan que la comida es muy importante. La comida tiene mucho que ver con la santidad y con el pecado.

Una comida o un objeto que es considerado apto para el uso de un creyente es llamado casher, que significa “correcto”, “recto”, “aceptable”, “apto”. La palabra aparece tres veces en las Escrituras – (Eclesiastés 10:10; 11:6; Ester 8:5).

Se han intentado dar muchas diferentes explicaciones acerca del por qué ciertos animales son considerados impuros y otros puros, pero al fin y al cabo el hombre tiene que reconocer que no entiende del todo la razón por la que Dios dio estas instrucciones.

Es muy probable que nunca podamos tener una explicación satisfactoria en cuanto a la razón por la que ciertos animales son considerados impuros por Dios. La razón por la que debemos considerar estos animales como impuros es porque la Torá dice que son impuros. Y si luego queremos profundizar más allá de lo escrito, siempre correremos el riesgo de equivocarnos en nuestra evaluación.

Como principio podremos decir que nuestra obediencia a estos mandamientos no tiene que ver en primer lugar con higiene, ni con respeto a la naturaleza, ni con nuestra identificación con ciertos animales, ni con peligros de intoxicación, ni con efectos secundarios en el cuerpo humano. Tiene que ver con nuestra relación con Dios. Por el hecho de que Él haya dicho algo, le obedecemos.

Es cierto que la obediencia a los mandamientos trae larga vida y salud a nuestros cuerpos, y es cierto que varios de los animales impuros son dañinos o pueden contener elementos peligrosos para el hombre.

Es cierto que la naturaleza del animal está en la sangre y si se come algo de la sangre, lo cual es inevitable a la hora de comer carne, es probable que la naturaleza del animal afecte el carácter del que lo come. Pero todas estas cosas son secundarias, y la Torá no las está enfocando.

La Torá dice que el que deja de comer ciertos animales que, por el cielo, han sido declarados impuros, se vuelve santo, apartado, consagrado. Estas reglas tienen que ver en primer lugar con la santidad y la santidad tiene mucho que ver con la comida. Ahora, la obediencia a estos mandamientos también trae sanidad, y como un subproducto de esta obediencia, hay salud y prosperidad en todo, pero el propósito principal de estos mandamientos no es la salud del hombre sino su santidad.

Hay mucha verdad en el dicho que dice: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Ahora, podríamos decir, con la Torá en la mano: “Dime qué comes, y te diré quién eres”.

En este capítulo vemos que los animales están clasificados en cuatro grupos generales – (Levítico 11:46):

  • Animales que caminan sobre la tierra – (Lev 11:2-8).
  • Animales que hay en las aguas – (Lev 11:9-12).
  • Aves y otros animales que vuelan – (Lev 11:13-23).
  • Animales que se arrastran sobre la tierra – (Lev 11:29-43).

 – “…Hablen…” – El verbo está en el plural, lo que indica que Moshé y toda la familia sacerdotal, quienes habían sido los primeros a quien Moshé les enseñó el mandamiento, compartirían el honor de enseñar este capítulo al pueblo; y ello fue su recompensa por haber aceptado sin protestar el decreto Divino contra Nadav y Avihu (Rashi)…”

 – “…Las criaturas… los animales…” – Tanto en este versículo como en múltiples otros lugares, estos dos voca­blos son intercambiables (Rashi; Sifrá). En otras ocasiones se refiere sólo a animales salvajes, en tanto que se refiere sólo a animales domesticados (Malbim)…”


  • Vs. 3-8 – Animales terrestres permitidos y prohibidos:

La Torá identifica los animales cuya carne puede ser comida mediante dos señales:

  1. Son rumiantes (es decir, re­gurgitan el bolo alimenticio).
  2. De pezuña hendida.

Levítico 11:3-8 – “…De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste comeréis. (4) Pero de los que rumian o que tienen pezuña, no comeréis éstos: el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo. (5) También el conejo, porque rumia, pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo. (6) Asimismo la liebre, porque rumia, pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda. (7) También el cerdo, porque tiene pezuñas, y es de pezuñas hendidas, pero no rumia, lo tendréis por inmundo. (8) De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por inmundos…”

vs.3 – “…todo el que tiene pezuña hendida…” – Estas son las dos características dadas por la Torá para poder diferenciar entre un animal terrestre casher y uno que no es casher. Luego va describiendo cuatro animales que tienen ciertos signos de ser casher, pero no lo son. Si falta uno de las dos señales, el animal no es apto para el consumo de una persona santa.

Los animales que son casher tienen que ser preparados de una manera correcta para que sigan siendo aptos para el consumo después de su degüello.

La tradición oral ha establecido normas estrictas para los judíos para no violar los mandamientos de la Torá en cuanto al cashrut. Un animal no puede haber sido matado de manera violenta para ser casher. Hay que matarlo de manera que salga toda la sangre posible.

Un animal enfermo no es apto para comer. Antes de comer un animal limpio hay que eliminar tres cosas, el nervio ciático, el sebo y la sangre. La sangre es eliminada mediante la sal. Primero se lava la carne en agua. Luego se sumerge en agua fría durante media hora. Después se echa sal medio gruesa por los dos lados y se colocan los trozos sobre una reja de manera que la sangre vaya cayendo abajo. Esto no se puede hacer en la misma cocina, sino en un lugar aparte.

Después de una hora, más o menos, se enjuaga en un recipiente con agua, cambiando el agua tres veces. También puede ser lavada bajo agua corriente, pero si uno desea desalarla debe estar un tiempo sumergida en agua.

Después de esto, la carne es apta para ser cocinada según el gusto. Si se asa la carne sobre fuego no hace falta casherizarla mediante la sal. El mismo fuego hace el mismo efecto de expulsar los restos de sangre que quedan en la carne. El hígado no se puede salar, tiene que ser asado sobre fuego para que sea casher.

Hay muchos otros detalles en cuanto al cashrut pero no vamos a tocarlos en esta ocasión.

 – “…Pezuña hendida y separada totalmente en dos pezuñas. Sólo si un animal tiene sus pezuñas total­mente separadas es kasher, pero no si están separadas en la parte superior en tanto que permanecen unidas en la parte inferior (Rashi)”.

 – “…Estas dos características no representan la razón por la cual estos animales son puros, sino que, simplemente, la Toráh enuncia la forma de reconocerlos, Algunos exégetas tratan de formular posibles teorías acerca de la razón de las leyes alimentarias en general, así como la de la selección de ciertos animales que son los puros.

Todos concuerdan en afirmar que los animales que poseen estas dos características son herbívoros y, por lo tanto, no transmiten “agresividad ni ferocidad” a aquél que ingiere su carne como alimento, ya que, según algunos de los Sabios de Israel”טבע הנאכל באוכל “, “tébah haneejál baojél” o sea que, la naturaleza de los alimentos que ingerimos (en este caso carnes) hace a nuestra propia naturaleza; y por eso, la Toráh nos prohíbe comer carne de animales feroces y de aves de rapiña. Esta idea representa sólo una generalización, porque la Toráh enumera animales impuros, y por lo tanto prohibidos, aunque son herbívoros.

A continuación, la Toráh especifica como animales impuros el camello, el damán y la liebre, porque son solamente rumiantes y no tienen pezuña hendida, y el cerdo porque tiene pezuña hendida pero no es rumiante, …. ya que no hay otros en el mundo que posean solamente una característica de las dos enunciadas” (Rambán, basado en T B. Hulín 59 A)”.

  • Contaminación o impureza.

El término turna po­see dos connotaciones, dependiendo del contexto. La ma­yoría de las veces se refiere a contaminación espiritual que puede ser transmitida por personas u objetos. Mas en otras instancias, como en este capítulo, se refiere sobre todo a ali­mentos prohibidos.

En tal sentido, cuando la Torá describe a un animal como “impuro”, ello nada tiene que ver con con­taminación, de hecho un animal vivo jamás puede ser tamé, es decir contaminado, pues incluso si un caballo transporta en su lomo un cadáver humano, el animal no será tamé en el sentido de estar contaminado. Por ello, en este contexto ser tamé significa estar prohibido en tanto alimento.

Los próximos cuatro versículos tratan sobre casos de animales que están prohibidos por­ que sólo tienen una de las dos señales requeridas para ser kasher. En tal sentido, Kli lakar hace notar que al enumerar los animales no kasher, la Torá primero hace notar la señal kasher, en vez de simplemente explicar que el animal no es kasher porque carece de uno de los signos de kashrui Esto sugiere que la presencia de un solo signo kasher de hecho empeora su condición dado que ello simboliza a la gente que siempre trata de hacer publicidad de sus buenas obras ocasionales o de sus buenos rasgos de carácter, en vez de concentrarse en eliminar sus defectos -y tal deshonestidad hace que tales personas sean “no kasher“.

Cabe señalar que este concepto incluso ha pasado a ser parte del vocabulario del idioma idish, el que describe a un hipócrita como jazer fisel o pata de cerdo”, debido a que el cerdo, por así decirlo, “miente” pues suele tirarse en el piso y estirar hacia adelante las patas, mostrando a todos sus pezuñas hendidas, como para que la gente caiga en el engaño de creer que es un animal kasher.

vs.4 – “…No comeréis éstos…el camello…” – El camello pareciera tener la pezuña hendida, pero en la parte posterior de la pata tiene una especie de talón. Por lo tanto se lo considera inmundo. [Con el camello se incluye a los demás camélidos: llama, alpaca, vicuña, guanaco. N. del T].

La palabra que ha sido traducida como “inmundo” es tamé que significa “impuro”, “contaminado”, “profano”. Lo contrario de tamé es tahor, “limpio”, “puro”, “sincero” – (Lev 11:47). Tenemos que tener en cuenta que en las Escrituras podemos encontrar tres tipos de impureza:

  1. Impureza higiénica.
  2. Impureza ritual.
  3. Impureza moral.

Si no diferenciamos entre estos tres, no vamos a entender lo que se está hablando en cada caso. En este caso, la clasificación de los animales entre impuros y puros, tamé y tahor, no tiene que ver con la higiene.

Los animales impuros no tienen una impureza higiénica que los diferencia de los animales limpios. Tampoco tienen que ver con impureza moral. Algunos de los animales aptos para comer no tienen una moral alta. Aquí se trata de una impureza ritual.

Un Israelita que come un animal impuro, se vuelve ritualmente impuro y no podría ni entrar en el atrio del templo ni comer de los sacrificios. Con otras palabras, la impureza ritual no permite que una persona se acerque demasiado a Dios. El Eterno no permite que una persona tamé esté muy cerca de su presencia. Por lo tanto, el estado de tamé hace que el hombre esté alejado de Dios. Santidad tiene que ver con cercanía. Para poder ser santo, hay que alejarse de la impureza ritual, y por esta razón han sido dadas estas leyes de cashrut al pueblo de Israel para poder ser sacerdotes del Eterno a favor de las naciones.

vs.5 – “…Conejo…” – De shafan, “el que se esconde“. La descripción del conejo en Prov. 30:26 hace pensar en algún animal diferente del que hoy llamamos conejo. La BJ traduce “damán“, una especie de marmota. Algunos comentadores han pensado que pueda referirse más bien a un tipo de tejón que vive entre las piedras. Este tejón se parece bastante al apereá (especie de conejillo de Indias) en tamaño, apariencia y habitat. Por otro lado, el tejón es carnívoro y el apereá es roedor granívoro.

La palabra hebrea que ha sido traducida como “rumiar”, es maalat, que viene de la raíz alá, “subir”. 

Maalat significa literalmente “que alza (el alimento)”. Lo que hacen estos tipos de animales es que alzan y regurgitan la comida desde sus entrañas, dándole vuelta en su boca a fin de machacarla y molerla muy bien. Los animales rumiantes, como la vaca y el ciervo, son los mamíferos que tienen el estómago dividido en tres o cuatro cavidades. Estos animales ingieren el alimento y lo bajan a la primera cavidad del estómago. Luego lo pasan a la segunda cavidad, de la cual es “alzado” de nuevo a la boca. Finalmente lo bajan a la tercera cavidad. Este proceso de alzar el alimento es llamado rumiar.

 – “…El damán…” – Este es un pequeño mamífero que se asemeja a una marmota. A diferencia de un conejo o una liebre, a los que se parece ligeramente, tiene orejas cortas y sus patas tienen pezuña”.

vs.6 – “…La liebre...” Desde el punto de vista científico, la liebre no puede rumiar, pues no tiene la debida disposición anatómica para hacerlo. Pero sí mastica su alimento de tal manera que pareciera rumiar. Es inmunda porque no tiene la pezuña hendida.

La palabra hebrea que ha sido traducida como “conejo”, es arnevet. A veces se traduce como liebre. El conejo come su propio excremento.

 – “…La liebre [o conejo]. Se suele traducir de las dos maneras, puesto que la liebre y el conejo son de la misma familia y se parecen mucho -e igualmente, el del versícu­lo anterior suele ser traducido también como conejo o liebre.

En tal sentido, cabe señalar que estos dos términos ilustran bien la dificultad de traducir los nombres poco conocidos de los animales y las aves en este capítulo. Ello estriba en el hecho de que, aparte de la necesidad de establecer iden­tidades, hay un problema más fundamental en el caso del damán, el conejo y la liebre: la Torá afirma claramente que estos animales rumian, mas ninguno lo hace a la manera de los animales kasher.

En las palabras de Rabí Hirsch, “esta traducción sólo puede ser exacta si existiese la seguridad de que estos dos animales rumian, lo que difícilmente podría co­rresponder con la realidad”. Estos animales excretan peque­ñas bolitas húmedas de sus estómagos a sus bocas, mismas que vuelven a digerir para luego excretar bolitas secas, por lo que parece que rumian, mas en realidad lo que hacen no se asemeja al rumiar de los vacunos y ovinos. Por ello, en este contexto la frase “rumiar” quizás simplemente se refiera a todo animal que regurgita alimento del estómago a la boca, independientemente de que lo haga o no como los vacunos. O quizás, como en el caso de la mayoría de los animales y aves en este capítulo, simplemente ignoramos su identidad”.

vs.6b – “…Rumia…” – En este pasaje no está implicado un problema de precisión científica, porque las Escrituras hablan el lenguaje del común de las gentes. Para ellas la liebre parecía rurniar. Cuando decimos que el sol se “pone“, nadie nos recrimina por haber dicho algo científicamente incorrecto, aunque bien sabemos que el sol no se “pone“. Muchas veces se habla de una ballena como de un “pez“, aunque sabemos que es en realidad un mamífero acuático. No debe criticarse la Biblia y tratarla de poco científica cuando usa expresiones comunes del pueblo”.

vs.7 – “…El cerdo…” – De todos los animales prohibidos por ley, se consideraba al cerdo como el más inmundo – (ver Isa. 65: 3, 4; 66: 17). No es ésta la ocasión de discutir con detalles el daño causado por la ingestión de la carne porcina. Para el creyente basta hacer resaltar la actitud de Dios para con ella. Debe haber algo dañino en el consumo de la carne de cerdo; de otro modo Dios no hubiera hablado como lo hace. Él creó el cerdo y sabe lo que es. Prohibe el uso de su carne como alimento.

Es evidente que el Mesías no consideraba de gran valor a los cerdos pues permitió la destrucción de unos dos mil de estos animales – (Mat. 8: 31, 32; Mar. 5: 13). No sabemos qué valor monetario tenían esos cerdos. Hoy tendrían un valor considerable, y sin duda también entonces representaban una gran inversión. Dos hombres habían sido sanados de cuerpo y alma, pero al costo de dos mil cerdos. El Mesías consideró que los hombres valían este precio; los lugareños pensaron de otra manera.

No importa lo que piensen los hombres en cuanto a si se puede comer la carne de cerdo o no, Dios en este pasaje lo desaprueba. Dios no cambia de opinión – (Mal. 3: 6); y es también cierto que los cerdos no han cambiado de naturaleza. Hacemos bien en prestar atención al consejo divino.

Para los hijos de Israel, el cerdo es inmundo. Por su puesto lo es también para los paganos. Pero como los paganos están lejos del Dios de Israel, no es un asunto importante para ellos.

Pero los injertados de entre los gentiles que han experimentado la salvación que hay en el Mesías Yeshúa no deben comer estos animales impuros para poder subir a un nivel más alto de santidad y así poder acercarse más a Dios. El Dios de Israel ha dicho que estos animales son tamé para su pueblo y por eso no son aptos para el consumo para los que están cerca de él. Mientras el cielo y la tierra existan, Él no cambiará sus normas – (Mateo 5:18). El cerdo no se volvió puro con la muerte del Mesías. El Eterno no cambia sus normas. Lo que fue blanco ayer, sigue siendo blanco hoy. Si Él ha dicho que el cerdo es inmundo y que los hijos de Israel no tienen el permiso para comerlo, es así.

vs.8 – “…De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por inmundos…” – Para los creyentes está permitido tocar todos los animales que son tamé mientras que estén vivos, por ejemplo los perros, los gatos, los cerdos, los caballos y los asnos. Incluso les está permitido tocar sus cadáveres en muchas ocasiones. El cadáver de un animal impuro no tiene el mismo grado de impureza que un cadáver humano. El cadáver humano es la fuente principal de impureza ritual.

Tenemos que entender este texto como que no está permitido tocar los cadáveres de los animales impuros antes de entrar en el templo o antes comer de las cosas consagradas.

Rashí dice que esta prohibición de no tocar los cadáveres de estos animales impuros, está limitada al tiempo de las fiestas. En las fiestas es cuando todos los varones tienen que presentarse delante de HaShem en Yerushalayim y esto no se puede hacer en un estado de impureza ritual.

 – “…No tocarán…” – Esta prohibición sólo aplica duran­te las festividades de peregrinaje al Templo, cuando todos deben estar puros para hacer acto de presencia. En tales oportunidades, nadie puede tocar carroña contaminada por­ que todos están obligados a mantenerse en estado de pureza durante las visitas al Templo (Rashi)”.

 – “…Cuando tengáis necesidad de tocar en lo sacro o comer algo sacro” (Rashbám).

Rashi nos explica que esto no representaba una prohibición diaria para los hijos de Israel, pero sí para los cohaním, que debían cuidarse de no tocar el cadáver de un animal. Empero, agrega Rashi, los hijos de Israel debían cuidarse a este respecto durante las tres festividades de peregrinación al Templo de Jerusalém”


  • Vs 9-12. Peces permitidos y prohibidos:

Levítico 11:9-12 – “…Esto comeréis de todos los animales que viven en las aguas: todos los que tienen aletas y escamas en las aguas del mar, y en los ríos, estos comeréis. (10) Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación. (11) Os serán, pues, abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos. (12) Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, lo tendréis en abominación…”

vs.9 – “…Todos los que tienen aletas y escamas…” – Dios desea que su pueblo sólo consuma aquellos alimentos que son mejores. Aquí él hace la distinción entre los animales limpios y los inmundos que viven en las aguas. Los que tienen tanto aletas como escamas son permitidos. Los que no tienen aletas, o que no tienen escamas, o que no tienen ni aletas ni escamas, no son permitidos. Al indicar lo que puede comerse, se eliminan todos los otros.

Estos son los dos signos de peces casher: tienen que tener aletas y escamas cuando están en las aguas. Algunos peces pierden sus escamas cuando son sacados del agua. Estos también son casher.

Está permitido comer todo de un pescado, incluso la sangre. El pescado es el animal más limpio que existe. No necesita ningún tipo de preparación para poder ser comido. Está permitido comerlo crudo, pero no vivo.

 – “…Y escamas...” – Las escamas que identifican a un pez como kasher son sólo las que pueden ser quitadas fá­cilmente con un cuchillo (Rambán), lo que excluye a peces cuyas escamas no están claramente definidas, como molus­cos y anfibios”.

 – “…El Talmud cita los nombres de cinco peces que pierden las escamas cuando son pescados Y extraídos del agua, y que, por lo tanto, se nOS permite comer su carne'(T’B. Hulin 66 A)”.

vs.10-12 – “…Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en el mar y en los ríos, así de todo lo que se mueve como de toda cosa viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación. (11) Os serán, pues, abominación; de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos. (12) Todo lo que no tuviere aletas y escamas en las aguas, lo tendréis en abominación…” La palabra “abominación” es muy fuerte. Esta es la actitud de un israelita en cuanto a los mariscos y otros animales del agua que no tiene aletas ni escamas. Tres veces es repetida la palabra abominación, lo cual nos enseña que es importante.

Para un pueblo santo el pulpo es abominable, los mariscos son abominables, las langostas del mar son abominables, los cangrejos son abominables, el tiburón y el delfín son abominables para comer. Así piensa Yeshúa.

  – “…Y no sacaréis provecho comercial de ellos…” – ya que toda cosa que la Toráh prohíbe comer, está prohibido comerciar con su cadáver” (Minháh Beluláh)”.

  • Aves prohibidas vs.13-19:

A diferencia de los animales y peces kasher, que no son identificados por nombre sino por características, de tal manera que su identidad quede clara la identidad de las aves permitidas es bastante confusa.

La Torá nombra las veinte especies no kasher, lo que significa que todas las demás son kasher. Mas como la sucesión de exilios y diásporas provocó que el lenguaje de la Torá cayera en desuso relativo, el resultado es que la identidad exacta, de las aves no kasher fue objeto de cuestionamientos.

Por ello, el Shulján Aruj (Ioré Deá 82:2) dictamina que está prohibido comer toda especie de aves a menos que exista una tradición bien establecida de que es kasher. Puesto que en la Halajá se ha determinado que desconocemos la traducción exacta de las aves en el registro de la Torá, seguimos 1 pauta de Rabí Hirsch, quien prefiere transliterar en vez de traducir haciendo conjeturas. Las notas dan traducciones que son sugeridas por diferentes comentaristas.


Levítico 11:13-19 – “…Y de las aves, éstas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor, (14) el gallinazo, el milano según su especie; (15) todo cuervo según su especie; (16) el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie; (17) el búho, el somormujo, el ibis, (18) el calamón, el pelícano, el buitre, (19) la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago…”

vs. 13 “…Además, éstas abominaréis de entre las aves, no se comerán, son abominación: el águila, el osífrago y el buitre…” – Entre las aves hay 24 especies que son inmundas. Todas las demás son limpias. Hay una regla general que la experiencia nos ha enseñado: todo huevo de ave que sea redondo viene de una ave tamé y todo huevo ovalado viene de una ave tahor. Siguiendo esta norma se podrá saber cuáles son las aves inmundas que están mencionadas en la Torá, y las aves limpias, aptas para el consumo del pueblo de Dios.

 – “…La Toráh no especifica las características de las aves puras que pueden ser comidas, como lo ha hecho con los “animales” o con los peces. La Toráh se limita, en este caso, a enunciar el nombre de las aves impuras, que resultan ser la minoría de las especies aladas. En Deuteronomio 14:11, el versículo reza: “Todo pájaro puro podréis comer”.

Los sabios del Talmud nos enseñaron que el ave pura se reconoce por cuatro características, a saber:

  1. No es de rapiña.
  2. Tiene”אצבע יתירה “, “etsbáh ieteráh” espolón.
  3. Tiene buche.
  4. Su estómago tiene una membrana interior que se despega con mucha facilidad.

Por último, nuestros Sabios nos han enseñado que” עוף טהור נאכל על פי מסורת “, “hof tahór neejál halpi “massoret”, o sea, que la mera traducción de los nombres de las aves impuras que figuran en la Toráh, no resulta suficiente para dictaminar cuáles son las aves impuras que en la práctica no habrán de comerse. En realidad veremos que en las distintas traducciones de la Toráh, aun a una misma lengua, los nombres de estas aves impuras no siempre son coincidentes.

Es por ello que el observante de las leyes de Cashrút deberá remitirse a la tradición existente en lo que a aves puras se refiere, antes que basarse en nombres de aves de identificación dudosa”.

 – “…Heb. El nesher…” – Los comentaristas generalmente concuerdan con que se refiere al águila o águila calva, aunque Rabenu Tam (Tosafot, Julín 63a) pone en tela de juicio incluso esa identificación”.

 – “…Heb. El peres…” – El quebrantahuesos (Rabí Saadia Gaón; Ralbag)”.

 – “…Heb. La ozniá…” – Ibn Ezra estima que la traducción de Rabí Saadia hace referencia al grifo de la mitología clásica, un híbrido entre león y águila, mas en última instancia rechaza tal hipótesis diciendo que no podría ser que la Torá se refiera a una criatura imaginaria. Mas Rabí I. Kafaj hace notar que el término árabe empleado por el Gaón también se refiere a un ave real. Rabí D. Z. Hoffman lo traduce como el pigargo europeo o águila pescadora”.

vs.14 – “…el gallinazo, el milano según su especie…” – Según Rashí, hay sub-especies de varias de las aves presentadas en esta lista, que no son similares entre sí, ni en su aspecto ni en sus nombres, pero todas pertenecen a la misma especie.

O “en todas sus especies” (BJ). Esta expresión indica que se incluyen todos
los miembros de una misma familia aunque no se nombra sino un animal – (vers. 15, 16, 22).

 – “…Heb. La daá. Según la traducción que Rabí Hoffman hizo del comentario de Rabí Saadia, esta es el milano. Ralbag la traduce como una especie de buitre…”

 – “…Según su especie…” – Cada vez que esta frase se añade al nombre de un ave, se pretende incluir aves de diferentes nom­ bres y formas que pertenecen a la misma especie (Rashi)”.

vs.15 – “…todo cuervo según su especie…” –

 – “…Heb. El orev…” – Se supone por lo general que es el cuer­vo. Y, aunque Rabenu Tam (Tosafot, Julín 62b) cuestiona esta traducción, no propone alternativa alguna”.

vs.16 – “…Gaviota…” – Hay diferentes opiniones en cuanto a la identidad de algunas de las aves de esta lista.

 – “…Heb. La bat haiaaná…” – El avestruz (Rabí Saadia; Jizkuni)”.

 – “…Heb. El netz…” – Este es el gavilán (Rashi; Rambán; Ralbag), mas Tosafot cuestiona esta definición, aunque sin proponer alternativa”.

vs.17 – “…el búho, el somormujo, el ibis…” – También se la llama somorgujo. Un ave palmípeda.

 – “…Heb. El kos… el ianshuf…” – Ambas aves aúllan de noche y tienen pómulos semejantes a los de los huma­nos; el búho y el calamón (Rashi). Según Ralbag, el kos es el halcón”.

 – “…Heb. El shalaj…” – Un ave que saca los peces del agua (Rashi), aparentemente un pelicano, una garza o un cormorán”.

vs.18 – “…Calamón…” – Difícilmente sea el “cisne“. Su identificación no es exacta. Puede tratarse también del gallinazo o, según otros, de alguna lechuza.

vs.18b – “…El buitre…” – Posiblemente se trate del buitre egipcio, ave de hábitos inmundos y repulsivos.

vs.19 – “…la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago…” – La garza. Se trata de un ave voraz, probablemente una variedad de avefría (chorlito).

 – “…Heb. El tinshémel…” – El murciélago (Rashi; Jizkuni) o la lechuza (Ralbag)”.

 – “…Heb. Lajasidá…” – La cigüeña (Rashi). Otros comenta­ ristas discrepan de Rashi, debido a que existía una tradición en ciertas comunidades de que la cigüeña era un ave kasher, tradición cuestionada por Teshuvot HaRosh (20:20), aunque defendida por Rabenu lerujam (Belt losef, Ioré Deá 82) ¿Por qué se le llama jasidá [dadivosa]? Porque actúa con generosidad hacia otros miembros de su especie compartiéndoles comida (Rashi; Julín 63a). Empero, si es tan compasiva, ¿por qué se le castigó con el estigma de ser declarada no kasher? El Rizhiner Rebe respondió que ello se debe a que es generosa sólo con los miembros de su propia especie, mas no ayuda a las demás. Para el judío, esto no es una cualidad admirable”.

 – “…Heb. La anafá…” – Aunque este nombre no esté precedido por nK), como en el caso de las otras aves, de todas maneras es una especie independiente: la irascible daiá (Julín 63a). Es la garza (Rashi)”.

vs.19b – “…La abubilla…” – Puede ser otra variedad de ave fría, ave insectívora de pico curvo y delgado.

 – “…Heb. El dujifat…” – La garza silvestre de doble cresta (Rashi; Julín 63a). Rashi la identifica en este contexto como la abubilla”.

vs.19c – “…El murciélago…” – Se encuentra en la lista de aves a pesar de ser mamífero, probablemente porque también vuela.

 – “…Heb. El atalef…” – El murciélago (Rabí Saadia)”.


  • Insectos prohibidos y permitidos vs.20-23:

A pesar de que, como se indica en los versículos siguientes, sólo unas po­cas especies de insectos son aptas como alimento, Rashi afirma que únicamente tradiciones muy bien fundamenta­das posibilitan su consumo, porque es imposible determi­nar cuáles son kasher sólo a partir de sus características físicas.

De hecho, con el pasar del tiempo tales tradiciones han virtualmente desaparecido y, aunque hay algunos judíos marroquíes y yemenitas que sí tienen antiguas tradiciones respecto a insectos kasher, Or HaJaím escribe que cuando él estaba en Marruecos, se oponía al consumo de cualquier insecto debido a la gran dificultad en identificar las pocas especies kasher a partir del vasto número de las especies prohibidas. Afirma además que, aunque ya habían pasado doce años desde que en tales lugares habían aceptado su amonestación al respecto, desde entonces no había habido una plaga de langostas en todo ese tiempo.

Levítico 11:20-23 – “…Todo insecto alado que anduviere sobre cuatro patas, tendréis en abominación. (21) Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, que tuviere piernas además de sus patas para saltar con ellas sobre la tierra; (22) estos comeréis de ellos: la langosta según su especie, el langostín según su especie, el argol según su especie, y el hagab según su especie. (23) Todo insecto alado que tenga cuatro patas, tendréis en abominación…”

vs.20 – “…Insecto alado…” – Es decir, “bicho alado” (BJ),que también se arrastra.

 – “…Criatura voladora pululante…” – Son insectos tales como las moscas, los avispones, los ácaros y los sal­tamontes (Rashi). Rabí D. Z. Hoffman plantea la objeción de que todos los insectos tienen seis patas, no cuatro, y responde a la misma diciendo que tienen cuatro patas que se usan para marchar, mas las otras dos son usadas para saltar”.

vs.21 – “…Pero esto comeréis de todo insecto alado que anda sobre cuatro patas…” –

 – “…Rashí nos explica que en su época ya “no sabíamos distinguir entre los tipos de langosta que se podían comer y los que no”.

 – “…Miembros con coyunturas [para saltar]…” – Estos insectos tienen dos patas con articulaciones, semejantes la rodilla humana, las que son más altas que el cuerpo del insecto cuando el mismo está en reposo, y usa esas poderosas patas para despegar del suelo al volar o saltar”.

vs.22 – “…El langostín…” – Posiblemente algún tipo de langosta o grillo. La BJ sencillamente translitera las palabras hebreas: “toda clase de solam, de jargol y de jagab”. Aunque no es posible identificar con total precisión estos tres últimos insectos, parece tratarse de la langosta en las distintas etapas de su metamorfosis, o bien del saltamontes.

Los cuatro insectos enumerados en este versículo eran usados corrientemente como alimento en la antigüedad, y hasta el día de hoy en el Oriente se los come generalmente asados. También se los hierve en agua con sal. Se desechan la cabeza, las alas, las patas y las entrañas. También puede freírselos. Para uso posterior, se los seca o ahúma. Se sirven con sal, especias o vinagre. En algunos mercados orientales se venden las langostas por peso, o por número, enhebradas en un hilo.

Estas cuatro especies de saltamontes, también llamadas “langostas”, no tienen nada que ver con las langostas de mar, son las únicas permitidas por la Torá – (Mateo 3:4).

vs.23 – “…Todo insecto alado que tenga cuatro patas, tendréis en abominación…” – Es decir “cualquier otro bicho alado” (BJ), fuera de los nombrados. El hecho de que muchos insectos son portadores de enfermedades explica el cuidado escrupuloso que debe tomarse luego de haber entrado en contacto con ellos (vers. 23-25).


  • Las criaturas no kasher que transmiten contaminación – (vs. 24-31):

El resto del capítulo trata de la transmisión de contaminación. En un sentido práctico, la contaminación sólo es objeto de prohibición respecto a alimentos y objetos santos, incluyendo terumá y maaser shení, y la gente los toca. La única clase de contaminación que esta prohibida sin excepción alguna es que un Cohén se contamine por medio del contacto con un cadáver humano – (21:1-4,11).

Los insectos nunca son tamé, vivos o muertos. Y en el caso de pequeñas alimañas, sólo las ocho especies enumeradas a continuación son tamé cuando muertas.

 – “…Los animales kasher que fueron degollados por medio de shejitá o degüello válido según la Halajá no están contaminados-y tales animales kasher serán tratados mas adelante en los versículos 39-40. Los cadáveres de animales grandes no kasher están contaminados independientemente de cómo murieron o cómo se les dio muerte…”

Levítico 11:24-31 – “…Y por estas cosas seréis inmundos; cualquiera que tocare sus cuerpos muertos será inmundo hasta la noche, (25) y cualquiera que llevare algo de sus cadáveres lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche. (26) Todo animal de pezuña, pero que no tiene pezuña hendida, ni rumia, tendréis por inmundo; y cualquiera que los tocare será inmundo. (27) Y de todos los animales que andan en cuatro patas, tendréis por inmundo a cualquiera que ande sobre sus garras; y todo el que tocare sus cadáveres será inmundo hasta la noche. (28) Y el que llevare sus cadáveres, lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche; los tendréis por inmundos. (29) Y tendréis por inmundos a estos animales que se mueven sobre la tierra: la comadreja, el ratón, la rana según su especie, (30) el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón. (31) Estos tendréis por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los tocare cuando estuvieren muertos será inmundo hasta la noche…”

vs. 24 – “…Y por estas cosas seréis inmundos; cualquiera que tocare sus cuerpos muertos será inmundo hasta la noche…” – El cadáver de un animal impuro transmite impureza.

Para el hombre, la impureza, el estado de tamé, durará hasta la tarde. Cuando el sol baja, la persona queda pura, tahor, pero sólo cuando primero se haya sumergido en una mikvé, acumulación de aguas purificadoras – (versículo 32).

 – “…Se contaminará hasta la noche…” – La única manera por medio de la cual una persona puede quitarse la contaminación es sumergiéndose en un mikvé (17:15). Una vez que lo haya hecho, termina su contaminación excepto que, como lo dice nuestro versículo, no puede comer ni to­car, la porción del Cohén, ni la carne de ofrendas hasta la noche (Rambán)”.

 – “…Los conceptos de “טומאה “, “Tumáh” y “טהרה”, “taharáh” -impureza y pureza- han sido explicados por Maimónides en varios de sus escritos. Vamos a citar las palabras del maestro en su Guía de los Perplejos III 47: “Y nosotros no estamos afectados ni por la “טומאה ‘, “tumáh” -impureza- ni por la טהרה “,  “taharáh” -pureza-, a menos que sea en lo concerniente al Santuario. Empero, cuando D’s dice: “habréis de consagraros y seréis consagrados” (Levítico 11:44), no hace referencia de ninguna manera ni a” טומאה”, “tumáh” -impurezani a” טהרה  “, “taharáh” -pureza-; pero el Midrásh Sifrá lo interpreta como haciendo referencia a ” קדושת המצוות”, “kedushát hamitsvót” (lo que quiere decir que el hombre tiene que consagrarse a D’s a través del cumplimiento de los preceptos de la Toráh), Y por eso, la Toráh llamó la infracción a las” מצוות”, “mitsvót” -preceptos-con el nombre de” טומאה “, “tumáh” -impureza-o

Con este nombre de “impureza” la Toráh califica las infracciones más graves en las cuales la persona puede incurrir, a saber: la idolatría, el incesto y el derramamiento de sangre. (Siguen en el texto de Maimónides los versículos bíblicos en apoyo de esta última idea). . .. He aquí que ha quedado claro que el concepto” טומאה “, “tumáh” -impureza- es aplicable según la Toráh en tres áreas, a saber:

  1. Las actitudes negativas del ser humano que lo conducen a infringir una” מצוה, “mitzváh -precepto-.
  2. Los elementos que son origen de contaminación y contagio.
  3. El contacto, carga o transporte de algún elemento o cadáver (como el que menciona el versículo en Levítico 11:25)”.

vs.25 – “…y cualquiera que llevare algo de sus cadáveres lavará sus vestidos, y será inmundo hasta la noche…” – Si se toca un cadáver de estos animales sólo hace falta bajar al mikvé y esperar hasta la bajada del sol para ser ritualmente puro “habilitado” otra vez. Pero si uno levanta parte de sus cadáveres, necesita además lavar la ropa.

 – “…Y todo aquel que cargue…” – La contaminación de alguien que carga [es decir, soporta el peso de] la carroña aunque no la toque, es mayor que la de quien meramente toca. [“Cargar” significa en este contexto incluso transportar en forma indirecta como desplazar la carroña por medio de un palo o una palanca.] Tal como lo enseña este versículo, quien carga una carroña contamina sus prendas a la vez que se ha contaminado a sí mismo, debido a lo cual las mismas deben ser sumergidas en un mikve si su dueño quiere que dejen de estar contaminadas (Rashi)”.

vs.26 – “…Todo animal de pezuña, pero que no tiene pezuña hendida, ni rumia, tendréis por inmundo; y cualquiera que los tocare será inmundo…” – Sólo cuando están muertos transmiten impureza, no cuando están vivos – (versículo 31).

vs.27 – “…cualquiera que ande sobre sus garras…” – La contaminación resultante al tocar es menor que la causada por cargar, y en consecuen­cia nuestro versículo no requiere que haya inmersión de prendas, mas el siguiente versículo, el que especifica cargar, amplía la contaminación a prendas.

 – “…cualquiera que ande sobre sus garras…” – Por ejemplo: el perro, el oso y el gato” (Rashi)”.

 – “…Hasta la tarde…” – La” טומאה “, “tumáh” -impureza- contraída por medio de contacto tiene una duración limitada. Una vez terminado el período, diurno en este caso, la persona recobra su estado de ” טהר “, “tahór” -puro–. No así cuando la persona se ha hecho “טמאה “, “tamé” -impuro-al incurrir en una acción perversa. Ningún período de espera puede absolverlo de su mala acción, ningún curso de agua ni manantial puede purificarle de su acción negativa. Solamente la Justicia Divina manifestada en la Toráh es la que entenderá en ese tipo de infracción”.

  • Las pequeñas alimañas – (vs.29-31):

Este pasaje enumera los ocho pequeños animales que se contaminan al morir y que transmiten dicha contaminación tanto a personas como a objetos. Sin embargo, puesto que no está clara la identidad de todos, los transliteraremos, aunque a la vez ofrecemos posibles traducciones en el comentario.

vs.29 – “…Y tendréis por inmundos a estos animales que se mueven sobre la tierra: la comadreja, el ratón, la rana según su especie…” – Un grupo misceláneo que comprende a roedores, reptiles y otros.

vs.29b – “…La comadreja…” – La palabra hebrea así traducida designa a un animal escurridizo y elusivo, lo que cuadra bien con la comadreja.

 – “…Heb. El joled…” – Según Rashi y otros comentaristas, es la comadreja. Rabí Saadia lo traduce como topo”.

vs.29c – “…El ratón…” – Es probable que este término incluya a varios roedores pequeños.

 – “…Heb. El ajbar. Existe consenso general de que es el ratón, y tal caracterización podría de hecho incluir a otros roedores, como la rata”.

vs.29d – “…La rana…” – Mejor, “lagarto” (BJ), o “cocodrilo de tierra” (LXX). En muchos lugares se considera comestible el lagarto. Los árabes preparan un caldo con su carne. En otros países se seca la carne y se usa como amuleto o medicina.

 – “…Heb.El tzav…” – Rashi hace notar que este animal se parece a la rana, por lo que teóricamente es el sapo”.

 – “…Y esto será lo impuro entre los reptiles…” – Estos son los llamados por los Sabios del Talrnud ” שמונה שרצים “, “shemonáh sheratsím” -ocho reptiles-. Rashi dice literalmente en nuestro versículo: “Todas las impurezas enunciadas aquí no están haciendo referencia a una prohibición de ingerirlos como alimento (en realidad estos reptiles ya estaban excluidos de los animales puros) sino paro indicarnos que al que tocare en su cadáver, le quedaría prohibido comer alimento consagrado o ingresar al Santuario”.

Maimónides desarrolla la idea de que lo que la Toráh persigue en definitiva por medio de las “מצוות “, “mitsvót” -preceptos- referentes a “טומאה”, “tumáh” -impureza y” טהרה “, “taharáh” -pureza- es restringir el acceso al Santuario, ya que -entiende él- cuando la persona concurre con mucha frecuencia a un lugar sacro y consagrado, el lugar pierde significado ante sus ojos por convertirse el acceso al mismo en rutina (Guía de los perplejos III, 47)”.

vs.30 – “…El erizo…” – La palabra así traducida sólo aparece aquí en el AT. Parece referirse a una lagartija o salamanqueja (salamanquesa), animal capaz de trepar por superficies verticales.

 – “…Heb. La anaká…” – El erizo o puercoespín (Reishi). Según Radak es una víbora”.

vs.30b – “…Cocodrilo…” – Se trata de kóaj, una especie aún no determinada de lagartija.

∇ – “…Heb. El kóaj. Según RabíSaadia, es una especie de lagartija”.

vs.30c – “…El lagarto…” – Una lagartija de unos 5 cm de largo que se alimenta de insectos y corre por las paredes. En total, este versículo menciona cinco variedades de lagartos y/o lagartijas.

∇ – “…Heb. La letaá…” – Rashi la traduce como lagartija”.

vs.30d – “…y el camaleón…” –

∇ – “…Heb. El jómet…” – El caracol (Rashi) o camaleón (Radak)”.

vs.30e – “…la lagartija…” –

“…Heb. El tinshémet…” – No es el ave del mismo nombre mencionado en el versículo 18 (Julín 63a). Según Rashi es una especie de topo, mas según Rabí Saadia es un tipo de lagartija”.

vs.31 – “…Estos tendréis por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los tocare cuando estuvieren muertos será inmundo hasta la noche…”

– “…Todo aquel que los toque…” – A diferencia de la carroña de animales, estos animales transmiten contamina­ ción sólo por medio del tacto, y quien los carga mas no entra en contacto con ellos no se hace tamé (véase Kelim 1:1-2)”.


  • Objetos susceptibles de ser contaminados – (32-36):

Anteriormente se nos informó cómo es que la carroña con­tamina a las personas, mas ahora la Torá trata de objetos y cómo es que pueden contaminarse por medio del contacto con cualquiera de los animales muertos mencionados más arriba.

– “…Algunas reglas básicas sobre contaminación…” – a) Antes de que un alimento se haga tamé, debe haber recibido precondición. Ello significa que el alimento debe haber sido humedecido por uno de los siguientes líqui­dos: agua, rocío, vino, aceite, sangre, leche y miel de abejas – (Majshirim 6:4).
b) El hejsher de un alimento puede tener lugar sólo des­pués de que el mismo ha sido arrancado de la tierra (en el caso de vegetales); si no fuese así, todo alimento seria susceptible de recibir tumá por el solo hecho de que se moja durante su crecimiento. c) Tres grados de tumá están mencionados en este pasaje: a) ün animal muerto es un, padre (o fuente) de contaminación; b) un recipiente se convierte en contaminación en primer grado; y c) el conte­nido de un recipiente se hace; contaminación en segundo grado.

Sólo alimentos y bebidas pueden convertirse en agentes de tumá de segundo grado, pues ni personas ni objetos de ninguna clase pueden ser afectados por contaminación infe­rior a la de primer grado. Asimismo, los alimentos que ya no son comestibles no pueden ser contaminados a menos que hayan sido empleados como utensilios, en cuyo caso se les aplican las reglas correspondientes a estos.

d) Si un cadáver de animal y un alimento están simultáneamente en el interior de una vasija de barro mas no se tocan el uno al otro, el cadáver hace que la vasija se convierta en agente contaminante de primer grado, y a su vez este hace que el alimento se haga contaminante de segundo grado.

e) Para transmitir tumá, un alimento debe tener por lo menos el volumen de un huevo (Rashi al v. 34). La carroña de un cadáver animal es una excepción a esta regla, pues no es considerada alimento y contamina incluso si tiene el volumen de una aceituna, equivalente a la mitad del de un huevo (véanse las notas al v. 40)”.

Levítico 11:32-36 – “…Y todo aquello sobre que cayere algo de ellos después de muertos, será inmundo; sea cosa de madera, vestido, piel, saco, sea cualquier instrumento con que se trabaja, será metido en agua, y quedará inmundo hasta la noche; entonces quedará limpio. (33) Toda vasija de barro dentro de la cual cayere alguno de ellos será inmunda, así como todo lo que estuviere en ella, y quebraréis la vasija. (34) Todo alimento que se come, sobre el cual cayere el agua de tales vasijas, será inmundo; y toda bebida que hubiere en esas vasijas será inmunda. (35) Todo aquello sobre que cayere algo del cadáver de ellos será inmundo; el horno u hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis. (36) Con todo, la fuente y la cisterna donde se recogen aguas serán limpias; mas lo que hubiere tocado en los cadáveres será inmundo…”

vs.32 – “…Y todo aquello sobre que cayere algo de ellos…” –

– “…Parte de ellos…” – Incluso una pequeña parte de un animal muerto puede causar tumá (Sifrá)”.

– “…Se hace labor…” – Sólo un recipiente usado con una finalidad productiva puede resultar contaminado, de tal manera que uno cuyo solo propósito es cubrir o proteger otros utensilios no puede hacerse tamé. No obstante, la cubierta de una olla sí puede hacerse tamé pues es comple­ mentaria y se considera parte de ella (Sifrá)”.

– “…La materia prima básica mantiene siempre su carácter de pureza mientras permanece en su estado natural. Sin embargo, se hace susceptible de contraer impureza ritual si esta materia ha sido transformada en objeto de uso para las personas. Lo mismo ocurre con los vegetales que mantienen su estado de pureza natural mientras están arraigados en la tierra. Sin embargo los vegetales pueden contraer impureza una vez que hayan sido desarraigados y cortados por el hombre: ” שאינו מחובר לקרקע “, “sheenó mehubár lakarkáh”.

– “…En el agua será puesta… y será puro…” – Por medio de inmersión en un curso de aguas surgentes o de aguas naturales en movimiento. La forma más conocida para proceder a la טבילה “tebiláh” -inmersiones la conocida como מקוה”, “mikvéh”, que es el baño ritual que tiene que tener las dimensiones de por lo menos un metro cúbico; que se llenará con aguas surgentes o naturales y no aguas estancadas. En este mismo” מקוה “, “mikvéh” baño ritual- también habrán de purificarse mujeres u hombres en determinadas ocasiones, como figura en Levítico, capítulo 12 en adelante, que comentaremos oportunamente.”

vs.33 – “…Toda vasija de barro dentro de la cual cayere…” –

– “…De barro…” – Los recipientes de barro son excepcio­nales en tres sentidos: a) sólo se contaminan por medio de su interior, mas no si la tumá toca uno de sus lados exterio­res; b) se contaminan por el solo hecho de que la tumá haya entrado a su interior e incluso si esta no toca la superficie de los recipientes; c) una vasija de barro no puede ser purifica­da por medio de inmersión en un mikve (Rashi).

Ningún utensilio u objeto de arcilla o de cualquier material poroso puede ser purificado por medio de agua, ni ‘fría ni caliente, porque el elemento nocivo o impuro queda impregnado definitivamente en el utensilio en cuestión.

vs.33b – “…y quebraréis la vasija…” –

– “…Este romperán…” – La única manera de purificar una vasija de barro es rompiéndola de manera que ya no pue­ da cumplir con su función original: si fue hecha para contener líquidos debe ser perforada, y si fue fabricada para contener sólidos se le debe hacer una perforación lo suficientemente grande como para que caiga por esta su contenido (Rashi)”.

– “…Y la vasija habréis de quebrar…” – En cuanto al contenido potencial de estos utensilios, el versículo siguiente dictamina que también será impuro en determinadas condiciones”.

vs.34 – “…Todo alimento que se come, sobre el cual cayere el agua de tales vasijas, será inmundo…” –

– “…De todo alimento…” – Este versículo condiciona el anterior, añadiendo que sólo alimentos o bebidas pueden hacerse tamé por el solo hecho de estar en el interior de un recipiente en el que cayó un cadáver de animal, lo que implica que los utensilios no pueden contaminarse a menos que hayan sido tocados por dicho cadáver (Rashi)”.

– “…Que es comestible…” – Sin embargo, alimentos y bebidas que ya no son aptos para el consumo no pueden hacerse tamé (Sifrá)”.

– “…Que entre en contacto con agua…” – Véanse más arriba las reglas a) y b) bajo el título “Algunas reglas básicas sobre contaminación”.

vs.35 – “…Todo aquello sobre que cayere algo del cadáver de ellos será inmundo; el horno u hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis…” –

– “…Horno u hornaza…” – Estos son utensilios móviles y son de arcilla … por eso deben ser quebrados en caso de «טומאה », -tumáh-impurezacomo cualquier otro utensilio de arcilla” (Rashi)”.

– “…[SI se trata de] un horno o de una estufa, [Los mismos] deberán ser destrozados. Puesto que estos utensilios suelen ser hechos de barro, no pueden ser purificados a menos que sean rotos; mas utensilios de otros materiales pueden ser purificados en un mikve (Rashi)”.

– “…Contaminados permanecerán para ustedes…” – Esta cláusula enseña que si el dueño quisiera conservar recipientes contaminados tal y como están [y servirse de ellos en usos que no requieran pureza ritual] tiene licencia de hacerlo (Rashi)”.

vs.36 – “…Con todo, la fuente y la cisterna donde se recogen aguas serán limpias; mas lo que hubiere tocado en los cadáveres será inmundo…” En este versículo está la base para entender el sistema de una mikvé, acumulación de aguas purificadoras.

Este texto dice que este sistema con una fuente y un hoyo de acumulación de agua es lo único que permanecerá limpio, no importa lo que entre en ella. De allí se deduce que todo lo que entre en esa agua se purifica.

Si la mikvé tiene suficiente agua, todo cuerpo que entre en el agua es considerado como eliminado. Esto significa que si un cuerpo impuro entra en una mikvé que tiene estas características es simbólicamente eliminado junto con su impureza. Cuando el cuerpo luego sale de esa agua, es como si hubiera nacido de nuevo, y sale purificado.

Para poder entrar en el templo en Yerushalayim, todos tenían que pasar por una mikvé de aguas purificadoras. Para más información sobre este tema, por favor ver el libro “Aguas del Edén” por Ariyé Kaplán.

– “…Empero la fuente o la cisterna…” – “De acuerdo con el sentido literal las aguas reunidas en estado natural no son susceptibles de impurificación.” (Rashhám)”.

– “…Un cuerpo de agua que está conectado con el suelo no puede contaminarse incluso si entra en contacto con un cadáver”.

– “…Un manantial o una cisterna…” – un sitio de aguas reunideis. Sólo el agua en un recipiente separado del suelo puede hacerse tamé, no el agua en la tierra (Rashi)”.

– “…Mas quien toca su cadáver…” – Incluso si un mikve purifica a una persona contaminada, si toca un cadáver mientras está en el mikve, se hace tamé (Rashi) Sin embar­go, si suelta el cadáver y permanece sumergido, se purifica”.

– “…Empero lo que tocare en su cadáver será impuro…” – Aun si esta persona que tocare el cadáver está inmersa en un curso de agua” (Rashi).

Nuestros Sabios nos han enseñado que: .הטובל ושרץ בידו לא עלתה לו טבילה “, “hatobél veshérets beiadó lo haltáh lo tebiláh” o sea, al que hace una inmersión en un baño ritual. mientras está asiendo un cadáver de reptil en su mano, no se la considera inmersión purificante. El sentido figurativo de esta idea insinúa que aquellas personas que cuidan sólo las apariencias rituales del judaísmo, tratando de “impresionar” a sus congéneres, siguen sumidos en la más profunda de las impurezas”.


 Levítico 11:37-38 – “…Y si cayere algo de los cadáveres sobre alguna semilla que se haya de sembrar, será limpia. (38) Mas si se hubiere puesto agua en la semilla, y cayere algo de los cadáveres sobre ella, la tendréis por inmunda…”

vs.37 – “…Y si cayere algo de los cadáveres sobre alguna semilla que se haya de sembrar, será limpia…” –

– “…Pura es…” – “Quiere decir que esta semilla no será apta ni susceptible de recibir impureza, a menos que haya caído sobre ella agua” (Rashi).

“La razón por la cual el agua hace susceptible a las semillas o alimentos de recibir”טומאה “, “tumáh” -impureza- es porque la humedad es la transmisora de elementos contaminantes o contagiosos” (Rambán).

– “…Esta permanecerá pura…” – La semilla sigue siendo pura si, luego de haber sido extraída de la tierra, no entró en contacto con el agua. El aspecto de precondi­ción de contaminación por medio de contacto con un líquido es introducido en el versículo siguiente. Véanse las reglas a) y b) (Rashi)”.

vs.38 – “…Mas si se hubiere puesto agua en la semilla, y cayere algo de los cadáveres sobre ella, la tendréis por inmunda…”

– “…Empero si se arrojare agua sobre la semilla…” – Después que la misma haya sido desarraigada de la tierra, porque de no ser así; ¡no existiría semilla alguna que no fuere susceptible de impurificación” (Rashi)”.


  • Contaminación de animales kasher – (vs 39-40):

Levítico 11:39-40 – “…Y si algún animal que tuviereis para comer muriere, el que tocare su cadáver será inmundo hasta la noche. (40) Y el que comiere del cuerpo muerto, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la noche; asimismo el que sacare el cuerpo muerto, lavará sus vestidos y será inmundo hasta la noche…”

vs.39 – “…Y si algún animal que tuviereis para comer muriere, el que tocare su cadáver será inmundo hasta la noche…” – La prohibición de tocar un cuerpo muerto se aplicaba también al cadáver de un animal cuya carne podía comerse.

vs.40 – “…El que comiere…” – Aquí está implícito que algunos posiblemente comerían de la carne de un animal muerto de muerte natural. La ley prohibía estrictamente el uso de “carne destrozada por las fieras en el campo” – (Exo. 22: 31).

Los sacerdotes no debían comer nada “mortecino ni despedazado por fiera” – (Lev. 22: 8). Sin embargo, podría ocurrir que en alguna oportunidad se comiese, tal vez sin darse cuenta, o por carencia de recursos. Puesto que el comer tal carne provocaba una contaminación ceremonial, se presentan las disposiciones para una purificación de la misma índole.

La prohibición de comer carne de un animal “mortecino o despedazado por fiera” sin duda se debía a que en tales casos casi toda la sangre quedaba en el cadáver, sin ser drenada en la forma debida.

– “…Y quien cargue…” – Sólo en el caso de quien carga un cadáver se contaminan sus prendas. Incluso quien comiese de él no contamina su ropa si alguien más puso de la carne de dicho animal en su boca de tal manera que no la “cargó” al comerla. Y si alguien sólo toca la carne sin moverla, se contamina su persona mas no así sus prendas (Rashi)”.


  • Prohibición de comer alimañas – (vs. 41-44):

La Torá retoma ahora el tema de los alimentos prohibidos, el que había sido interrumpido por la presentación de las leyes sobre conta­minación. El versículo 23 había concluido las leyes sobre criaturas aladas grandes, en tanto que este versículo conti­núa con las leyes sobre insectos pequeños.

Levítico 11:41-44 – “…Y todo reptil que se arrastra sobre la tierra es abominación; no se comerá. (42) Todo lo que anda sobre el pecho, y todo lo que anda sobre cuatro o más patas, de todo animal que se arrastra sobre la tierra, no lo comeréis, porque es abominación. (43) No hagáis abominables vuestras personas con ningún animal que se arrastra, ni os contaminéis con ellos, ni seáis inmundos por ellos. (44) Porque yo soy YHVH vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra…”

vs.41 – “…Y todo reptil…” –

– “…Criatura pululante…” – Rashi identifica estas cria­turas como las que son bajas, tienen patas cortas y parecen reptar por el suelo”.

vs.42 – “…Todo lo que anda sobre el pecho, y todo lo que anda sobre cuatro o más patas…” – Según Rashí, se refiere a la serpiente. En la palabra hebrea que ha sido traducida como “vientre”, gajón, se encuentra la letra central de la Torá de Moshé. Es la letra vav, que significa “clavo”, “señal”. Alrededor de ese clavo gira toda la Torá.

Es la sexta letra en el alfabeto hebreo. El número seis es el número del hombre y el libre albedrío – (Apocalipsis 13:18). Estas cosas nos llevan a algo muy importante: Toda la Torá gira alrededor de un hombre que fue clavado como una señal.

¿Quién será?

En el capítulo sobre comidas permitidas y prohibidas se habla de un animal que se arrastra sobre su vientre. En ese vientre está la señal. Esto nos recuerda que la serpiente antigua, que fue maldecida y tiene que andar sobre su vientre, fue la que hizo que el pecado se introdujera en este mundo.

Por medio de una comida prohibida el pecado entró en el vientre del hombre y se distribuyó a toda su constitución. La salvación de esta situación es que aquel hombre, alrededor del cual gira todo el universo, sea lleno de pecado, maldecido y clavado sobre un madero. Esta es la señal, el mensaje central de la Torá, para que todo el que con su libre albedrío tome la decisión de creer en él no se pierda sino tenga vida eterna. 

¡Baruj HaShem!

– “…Todo lo que repta sobre su vientre, es decir, serpientes y gusanos (Rashi).

– “…En cuatro patas. Como los escorpiones y esca­rabajos (Rashi)”.

– “…Con numerosas patas…” – Es decir, el ciempiés, por ejemplo (Rashi)”.

  • La santidad y las leyes de apropiadas – (vs.43-47):

En conclusión, la Torá sitúa tales leyes en una nueva perspectiva. El consumo de estos alimentos obstaculiza la capacidad de la persona para elevarse y santificarse, contamina el alma en maneras imperceptibles por los análisis físicos y crea una barrera entre el creyente y su percepción de Dios. Por ello, no es de extrañarse que quienes consumen alimentos prohibidos no pueden comprender la lógica de estas prohibiciones, de la misma manera que quien vive tomando analgésicos halla raro que otra gente sufra dolor a raíz de estímulos que él no siente. Los analgésicos insensibilizan los nervios y los alimentos prohibidos insensibilizan los perceptores espiri­tuales. [Véanse las notas introductorias a este capítulo].

vs.43 – “…No hagáis abominables vuestras personas con ningún animal que se arrastra, ni os contaminéis con ellos, ni seáis inmundos por ellos…” – Si un creyente come estas cosas abominables su vida se vuelve abominable para el Eterno.

– “…Hay quienes opinan que La palabra ונטמתם, “venitmetém” tolera también La acepción de «embotamiento» e  «insensatez» (Ibn Hezra). Son varios los Sabios de Israel que insisten en que una alimentación inadecuada, en la cual se ingieren indiscriminadamente todo tipo de alimentos animales, repercute sobre el carácter y la inteligencia del ser humano impidiendo el desarrollo armonioso de esta última”.

– “…Y no se contaminen…” – Si se contaminan por comer alimentos prohibidos en este mundo, haré que us­tedes se contaminen en el Mundo Venidero y ante la Corte Celestial (Reishi; Sifrá; Iomá 39a).

Falta la letra alef en el vocablo }, de tal manera que puede ser leído como para que no se insensibilicen. Como se hizo notar con anterioridad, el consumo de alimentos prohi­bidos insensibiliza el potencial espiritual de la persona. En la formulación de los Sabios: “Si una persona se contamina un poco, terminará por estar muy contaminada; [si se con­tamina] en este mundo inferior, terminará por contaminarse en los mundos superiores; y si lo está en este mundo, estará contaminada en el Mundo Venidero. [E inversamente] deben santificarse y ser santos (v. 44): si una persona se santifica un poco, terminará santificándose mucho, [si se santifica] en este mundo inferior, será santificada en los mundos su­periores; si se santifica en este mundo, estará santificada en el Mundo Venidero” (loma 39a). Para ser santa, la persona debe santificarse “en este mundo inferior”; es decir, el sen­dero de la santidad no empieza con pensamientos sublimes o el estudio de elevados ideales. Primero la persona debe santificarse en las cosas “inferiores”, tal como en su com­portamiento personal, su moral y sus apetitos. Una vez que la persona se ha convertido en decente y ética, puede enton­ces esperar la ayuda del Cielo (Sidur ó shel Shabat)”.

vs.44 – “…vosotros por tanto os santificaréis…” – Es indudable que existe una estrecha relación entre la santidad y los hábitos alimentarios. La santidad comprende la obediencia a las leyes divinas relacionadas con el cuerpo físico.

Esta es la primera vez que aparece la expresión “Seréis santos, porque yo soy santo” y es en relación con la comida. Esto nos enseña que la santidad depende en gran parte del tipo de comida que comamos.

– “..Se santificarán … pues Santo soy Yo…” – Si el creyente hace un esfuerzo sincero de santificarse, Dios le ayudará protegiéndolo contra el peligro perenne de que consuma accidentalmente alimentos prohibidos (OrHaJaím). Debido a que Dios es Santo, quiere que todos los inte­grantes de Su pueblo lo sean, de manera tal que sean eternos, perciban a su Creador y sigan Su senda. Ello será posible sólo si se abstienen de alimentos prohibidos (Sforno)”.

– “…En nuestra vida espiritual…” – la consagración ” קדושה’ “, “kedusháh”, se obtiene por medio del cumplimiento de la Toráh y sus preceptos, pues así se fortalece nuestro intelecto .Y se oigoriza nuestro raciocinio, para debilitar la fuerza de nuestras pasiones. Pues es sabido que las pasiones son fuertes en nuestra naturaleza y que además, preceden al intelecto que hay en nosotros, pues las pasiones y la tendencia a los placeres materiales crecen hasta amenazar al intelecto y a la razón, que son en definitiva la finalidad de la creación del hombre … Y veremos que, como quiera que el intelecto es esencialmente espiritual, resulta “como extranjero” en el mundo de la materia crasa, y por eso, al ser “como extranjero”, todos los elementos que hay en nuestro ser le resultan antagónicos, y por eso es que la persona necesita la disciplina de la práctica de la Toráh para debilitar y controlar las pasiones y los deseos” (Habbenu Behayéh)”.


Levítico 11:45-47 – “… Porque yo soy YHVH, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo. (46) Esta es la ley acerca de las bestias, y las aves, y todo ser viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra, (47) para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer…”

vs.45 – “…Porque yo soy YHVH, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo…” – El texto hebreo dice que Dios hace subir de Egipto a los hijos de Israel. No es una cosa solamente del pasado, sino presente. Por medio de la obediencia a los mandamientos el pueblo de Israel deja de vivir como vivía en Egipto, comiendo toda clase de cosas que producían abominación en sus vidas. 

– “…Que los eleva de la tierra de Egipto…” – La razón por la cual fueron redimidos de la esclavitud egipcia fue para que aceptaran los mandamientos.

Puesto que este fue el motivo por el que Dios los liberó de Egipto, es del todo apropiado que Le muestren su agra­decimiento viviendo para los objetivos planteados, pues el propósito de Dios al redimirlos fue que se hicieran lo sufi­cientemente grandes como para reconocer Su grandeza sin intermediario alguno, y para hacerse santos y eternos. Este objetivo de santidad es la razón de ser de las leyes sobre alimentos prohibidos (Sforno). La elección del verbo elevar implica que las leyes de kashrut fueron instituidas para ele­ var a la nación (Rashi; Sifrá; Bava Metzía 61b)”.

vs.47 – “…para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio…” –

– “…Para distinguir…” – Le corresponde al creyente hacerse conocedor de la Torá y sus leyes, no sólo en lo abstracto, sino en sus aplicaciones prácticas. Otra posible interpretación es que la Torá nos insta a hacer las distinciones sutiles y delicadas que frecuentemente son esenciales para cumplir la voluntad de Dios. ¿Debemos acaso poder “distinguir” entre un burro no kasher y una vaca kasher? No, porque la distinción entre ambos es más que obvia. En cambio, este mandamiento nos insta a aprender cómo distinguir entre cosas que parecen ser similares, como en el caso de pureza y contaminación, o discernir entre la fracción de centímetro que hace toda la dife­rencia entre un degüello kasher válido y uno inválido (Rashi)-“.

– “…Quiere decir: observad la profundidad de Mi Toráh, pues si prestáis atención a las leyes concernientes a animales y aves, que os elevan, ¡Podréis imaginaros cuál es la ley referente al ser humano!”. Con estas palabras el autor de Tseror Hammor concluye este capítulo abriéndonos una dimensión y comprensión esencial para el mismo. Pues de este capítulo aprenderemos a controlamos, moderamos, no solamente en nuestros hábitos alimentarios, sino en nuestra relación amplia y total con nuestro prójimo. Con sabiduría han acotado nuestros exégetas: no es necesario que la Toráh nos pida distinguir entre una vaca y un asno, pues ello resulta muy evidente, pero la real intención de esas palabras es que debemos aprender a distinguir en primer lugar cosas simples como ejercicio para un pedido mayor y sublime: ‘לא נתנו מצוות אלה לצרף את הבריות “, “lo nitnú mitsvót éla letsaréf bahén et haberiét”, Los preceptos de la Toráh nos fueron prescriptos para que nos ayuden a distinguir entre la escoria y el metal precioso, o sea, entre las acciones equívocas y nocivas y las correctas y creadoras. (Bereshit Rabbáh)”.


  • Nota adicional al capítulo 11:

Algunos consideran que Dios se rebajaría si diera instrucciones en cuanto al régimen alimentario humano.

¿Por qué habría Dios de preocuparse de lo que comemos?

Podríamos ampliar ese concepto preguntando cuál será la razón por la que Dios se interesa en el hombre. “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?“, es la pregunta del salmista (Sal. 8:4). Cristo la contestó diciéndonos que Dios no sólo se interesa en el hombre, sino también en muchas cosas aun menos valiosas – (Luc. 12: 7).

El hombre está hecho a la imagen de Dios. Los gorriones no comparten ese honor. Se dice que el hombre es precioso a la vista de Dios y de más valor “que el oro fino“, “más que el oro de Ofir” – (Isa. 13: 12; 43: 4).

La medida de la estimación que Dios tiene del hombre es demostrada en que se identifica con él. “Porque el que os toca, toca a la niña de su ojo” – (Zac. 2: 8). Además, el hecho de que Dios pagara un precio tan elevado para lograr la redención del hombre, para el creyente es una señal del valor que Dios le adjudica. Por lo tanto, podemos confiar que cualquier cosa que afecta al hombre es de interés para Dios.

Las leyes divinas sobre la alimentación no son, como algunos lo suponen, simplemente negativas y prohibitorias. Dios desea que el hombre disponga de lo mejor de todas las cosas, “lo mejor del trigo” – (Sal. 81: 16; 147: 14). Aquel que creó todas las cosas sabe lo que más conviene a sus criaturas y, de acuerdo con su sabiduría, da consejos y recomendaciones. “No quitará el bien a los que andan en integridad” – (Sal. 84: 11). Lo que Dios prohibe no lo prohibe en forma arbitraria, sino para el bien del hombre. Los hombres pueden menospreciar el consejo divino, pero la experiencia y los resultados finales siempre demuestran la sabiduría celestial.

Dios le dio al hombre un maravilloso cuerpo con posibilidades casi ilimitadas, pero que también consta de muchos órganos delicados, que deben ser cuidadosamente protegidos del abuso si es que han de funcionar bien. Dentro del cuerpo mismo Dios ha dispuesto lo necesario para el cuidado y la mantención de sus diversos órganos, y aun para su renovación, si se siguen las instrucciones dadas por él. En muchos casos es posible comenzar un proceso de rehabilitación aun años después de haber abusado del cuerpo. Los poderes recuperativos de la naturaleza son maravillosos. En el momento mismo de sufrir una herida, las fuerzas vitales del cuerpo inmediatamente comienzan a reparar el daño hecho. Los médicos pueden ayudar y hacer un gran bien, pero no tienen poder sanador. En muchos casos lo único que pueden hacer es dejar que Dios obre.

Realmente los valores espirituales son superiores a los físicos. Esto es cierto, pero debe recordarse que el cuerpo y lo espiritual están íntimamente interrelacionados, que el uno afecta poderosamente al otro, y que no siempre es fácil decir dónde comienza uno y termina el otro. Aunque concordamos en que el hombre espiritual es de suprema importancia, no creemos que por eso deba descuidarse el cuerpo. Tal era la filosofía de ciertos “santos” medievales que se mortificaban el cuerpo para beneficio de lo espíritual; pero ése no era el plan de Dios.

La declaración “porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” – (Prov. 23: 7) toca uno de los problemas fundamentales de la vida. El hombre es lo que piensa.

¿Es un proceso físico el pensamiento? ¿Pueden existir los pensamientos independientemente de algún tipo de mecanismo que sea capaz de pensar?

Sea lo que fuere el pensamiento, de todos modos determina la conducta. Si una persona piensa en forma correcta, es probable que su conducta sea correcta. Si la mente se ocupa en lo malo, las acciones serán malas.

¿Tiene el cuerpo alguna influencia sobre el pensamiento del hombre?

Por cierto que sí. Todos saben que ingerir bebidas embriagantes afecta tanto el pensamiento como las acciones. El alcohol desbarata el juicio del hombre y tiende a hacerlo irresponsable. Su mente no funciona como cuando está sobrio; sus facultades no operan normalmente; todas sus reacciones se retardan. Si maneja un automóvil, se convierte en un peligro para otros y en un homicida en potencia (ver com. cap. 10: 9).

La mayoría de los hombres admiten que la bebida tiene malos efectos.

¿Pueden tener efectos similares los hábitos erróneos de alimentación?

Sí, aunque quizás no sean tan notables como los del alcohol. El alimento afecta la conducta y el pensamiento del hombre. Más de un muchacho ha recibido una paliza porque las tostadas del padre se habían quemado, o porque el café estaba chirle o frío. Más de un divorcio ha tenido su origen en el departamento culinario de la casa. Los vendedores no esperan concretar buenas ventas frente a clientes dispépticos. El abogado astuto sabe que hay un momento adecuado para acercarse a un juez venal en busca de una consideración favorable; y los diplomáticos y estadistas conocen el valor de un banquete opíparo. Si se combinan en forma hábil el vino y los alimentos, se puede llegar a acuerdos que nunca se firmarían si los contratantes hubieran estado en pleno uso de sus facultades normales. Tales acuerdos han sido la maldición del mundo por generaciones.

¿Afecta a la mente el alimento? ¿Afectan el espíritu la comida y la bebida?

Por supuesto. Una perspectiva agria de la vida a menudo nace de un estómago ácido. El comer bien no necesariamente producirá un genio agradable; pero comer mal entorpece el vivir a la altura de la norma fijada por Dios.

Las leyes divinas que rigen la alimentación no son pronunciamientos arbitrarios que privan al hombre del gozo de comer. Son más bien leyes sensatas y justas que el hombre hará bien en acatar si desea mantener la salud, o tal vez recobrarla. Por regla general se encontrará que el alimento que Dios aprueba es el mismo que los hombres han descubierto que es el mejor, y que el desacuerdo no proviene de lo que se aprueba, sino de lo que se prohibe.

Estos estatutos alimentarlos fueron dados a Israel y se adaptaban a sus circunstancias. La mayoría de los judíos aún los respetan, y estas leyes han servido bien durante más de 3.000 años. La condición física de los judíos da testimonio de que estas reglas no son obsoletas ni han perdido su vigencia, si es que entendemos que su propósito es el de producir un pueblo notablemente libre de muchas de las enfermedades que azotan a los hombres hoy. A pesar de las persecuciones y las penalidades sufridas por los judíos, mayores que las experimentadas por cualquier otra nación sobre la faz de la tierra, y por períodos más largos, en general los judíos son una raza vigorosa. Al menos en parte, este hecho se explica por su obediencia a las leyes sobre alimentación presentadas por Dios en Lev. 11.

El cristiano sincero considera que su cuerpo es templo del Espíritu Santo – (1 Cor. 3: 16, 17; 6: 19, 20). El aprecio de este hecho lo llevará, entre otras cosas, a comer y beber para la gloria de Dios, es decir, a regir su alimentación por la voluntad revelada de Dios – (1 Cor. 9: 27; 10: 31). Por eso, para ser consecuente, debe reconocer y obedecer los principios enunciados en Levítico 11 como una forma de vida y salud.


  • Otras notas:

El cap. 11 de Lev. puede suscitar algunas preguntas y dudas en cuanto a la forma en que aparecen allí agrupados diversos animales. Por eso, recuérdese que fue el sabio naturalista sueco Carlos Linneo (1707-1778) quien puso las bases de la moderna clasificación zoológica en su libro Systema Naturae de 1758. Esta fue revisada por Lamarck (1744-1829), en 1801; en 1829, por Cuvier (1769 – 1832), quien introdujo varios cambios al dividir los animales en cuatro ramas; por Leuckart, en 1840; Agassiz, en 1859; Haeckel en 1864 y Ray Lankester, en 1877.

Todos ellos dieron forma al aspecto general que presenta la clasificación que usamos actualmente en zoología. En rigor de verdad, la clasificación es artificial, hecha para estudiar en forma ordenada los animales que presentan características comunes.

En último término, la clasificación que se halla en los libros de ciencia natural es un artificio que no siempre sigue una lógica rigurosa. Afirmamos esto porque una cantidad de animales han sido clasificados -por supuesto mucho después de Linneo – obedeciendo a un criterio basado en la idea de la evolución.

Entre ellos podemos mencionar al anfioxo, animalito semejante a un “pececito” (supuesto eslabón entre los invertebrados y los vertebrados) que se encuentra en las playas del sur de la Argentina. Otro ejemplo está constituido por ciertos parásitos de algunos calamares que viven en el océano Indico. Se trata del Filum mesozoa, formado por diminutos animales en forma de gusanos, denominados Dicyema y Rhopalura. Los Dicyema viven como parásitos en los riñones (nefridios) de pulpos y calamares. Los Rhopalura son raros parásitos de los tejidos y las cavidades de lombrices y estrellas de mar. Los evolucionistas hacen para estos animalitos toda una gran división -denominada Phylum- porque suponen que son un eslabón entre dos etapas de la evolución; intermediarios entre los animales de una sola célula y los que están formados por muchas.

Esto confirma lo que ya dijimos, que todas las divisiones en la clasificación son conceptos humanos, puesto que en la naturaleza sólo existen individuos (por ejemplo, un gato) o poblaciones animales (por ejemplo, una colmena).

Con el propósito de documentar lo que acabamos de afirmar en el párrafo precedente, recurrimos a la autoridad del catedrático Tracy I. Storee, profesor de zoología y zoólogo de la Estación Experimental de Agricultura de la Universidad de California, en Davis. Nos informa:

“Los zoólogos concuerdan bastante bien en mucho de lo que atañe a la clasificación animal, pero no hay dos que tengan exactamente la misma opinión en cuanto a todos los detalles. Como resultado, no hay dos libros que contengan esquemas idénticos de clasificación”

(General Zoology, pág. 260, McGraw Hill, Book Company Inc., Nueva York, 1951).

Esta obra es libro guía en más de uno de los principales museos argentinos.

Todas las agrupaciones particulares llamadas género, especie, clase, orden, familia, etc. son producto del ingenio humano para estudiar ordenadamente los animales, de los que hay unas 900.000 formas distintas. Nadie podría familiarizarse más que con una pequeña porción de tan gran número de animales conocidos.

Dado que uno de los propósitos de la zoología es obtener una perspectiva de la totalidad del reino animal, se hizo necesario algún artificio para agruparlos con fines de estudio. Esta función es cumplida por una división de la ciencia llamada zoología sistemática, taxonomía o clasificación. La nomenclatura de los animales se ha basado en sus caracteres y supuesto origen. La llamada clasificación natural se funda en la teoría de la evolución y es un esfuerzo para indicar el supuesto árbol genealógico del reino animal y sus subdivisiones. En tal nomenclatura, los evolucionistas consideran esencial distinguir los caracteres homólogos o de presunto origen similar, y los análogos, o de funciones parecidas.

En vista de lo expuesto, la nomenclatura que se utiliza en la Biblia es tan legítima como cualquier otra. Al estudiarla se recibe la impresión de que está hecha a propósito en el lenguaje popular para que se pudiera entender con facilidad de qué animales se trataba. Sin embargo, en nuestros días -a muchos siglos de distancia, en ambientes donde hay animales que no existían en las zonas bíblicas y viceversa, y con los problemas propios de los cambios y las mutaciones inherentes a todos los idiomas – se ha perdido o resulta dudoso el significado de varios de esos nombres. Con todo, es posible estudiar la orientación que nos proporciona el pueblo hebreo -por lo menos el sector fiel a las enseñanzas dadas por Dios por medio de Moisés- que los ha transmitido a través de su tradición.

Así puede ser mejor nuestro conocimiento en los casos de duda, como los que figuran en Lev. 11: 22 donde se habla del “argol” y el “hagab“, imposibles de identificar. Anotaremos que “argol” y “hagab” (“jargol” y “jagab” en la BJ) son meras transliteraciones de palabras hebreas; no son en realidad traducciones.

Anotaremos también que el animal limpio llamado “langostín” (cap. 11: 22) no debe confundirse con el “langostino” marítimo. El primero dispone de cuatro patas, dos “piernas” “para saltar” y es “alado“. Es evidente que son características imposibles de confundir con las de un animal marítimo.

En caso de una legítima vacilación acerca de si determinado animal es “limpio” o “inmundo“, bien vale la pena aplicar el sabio adagio latino “En la duda, abstente“. Más todavía, es necesario obedecer la admonición bíblica:

Romanos 14: 23 – “El que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado

Adjuntamos otro estudio referente a la alimentación: — Sobre la alimentación.


(Pulse aquí para ver mas comentarios del libro de Levítico)

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