Cuando afirmamos que la salvación se encuentra únicamente en Yeshúa, surge una pregunta evidente: ¿qué ocurrió con quienes vivieron antes de su venida? Abraham, Moisés, David y los profetas no conocieron los acontecimientos del evangelio como nosotros los conocemos. ¿Fueron salvados mediante la Torá, los sacrificios o la fe? ¿Cómo podía alcanzarles la obra del Mesías antes de que sucediera históricamente? Esta aparente dificultad requiere aclarar, aunque sea brevemente, qué relación existía entre la fe de aquellos creyentes y la obra posterior de Yeshúa.
La respuesta requiere distinguir entre el fundamento de la salvación, el medio por el que se recibe y el conocimiento que cada persona podía tener dentro de su momento histórico. También exige leer el Tanaj y el Nuevo Testamento como etapas de una misma historia redentora. Por tanto comencemos respondiendo brevemente…
Respuesta breve
Las personas que vivieron antes de la venida histórica de Yeshúa fueron salvadas por la gracia de Dios y mediante la fe, sobre el fundamento de la obra del Mesías. No fueron justificadas por acumular méritos, cumplir perfectamente la Torá o realizar sacrificios capaces de eliminar definitivamente el pecado.
Sin embargo, esto no significa que conocieran anticipadamente el nombre de Yeshúa, los detalles de su vida o la forma exacta de su muerte. Confiaron en Dios conforme a la revelación que habían recibido y en las promesas que él había dado. La obra de Yeshúa constituye el fundamento objetivo de su salvación, aunque su comprensión de esa obra todavía fuera parcial.1
1. ¿Qué significa «salvación» en el Tanaj?
En el Tanaj, la salvación no siempre se refiere directamente a la justificación o a la vida eterna. El verbo hebreo יָשַׁע (yasha‘) y los términos relacionados pueden describir una liberación militar, política, física o nacional.
Cuando Moisés declara: «Estad firmes, y ved la salvación de YHWH» en Éxodo 14:13, se refiere inmediatamente a la liberación de Israel frente al ejército egipcio. Los jueces también son presentados como libertadores mediante los cuales Dios salva a su pueblo de sus enemigos.
No obstante, la esperanza bíblica se amplía progresivamente. La salvación llega a incluir el perdón, la restauración de Israel, la transformación del corazón, la derrota de la muerte y la participación en el mundo venidero. Isaías 25:8–9 relaciona la salvación divina con la eliminación de la muerte, mientras que Daniel 12:2 anuncia la resurrección de los muertos.
Esto significa que no debemos atribuir automáticamente a cada aparición de la palabra «salvación» todo el contenido teológico desarrollado posteriormente. Al mismo tiempo, tampoco debemos separar las liberaciones históricas de la esperanza redentora final: las primeras funcionan como manifestaciones parciales del propósito de Dios, que culmina en el Mesías.2
2. La gracia aparece antes de la entrega de la Torá
La historia del éxodo muestra que la relación entre Dios e Israel comienza con la iniciativa divina. Dios escucha el clamor del pueblo, recuerda su pacto y lo libera de Egipto antes de entregarle los mandamientos del Sinaí.
En Éxodo 19:4–6, Dios recuerda primero lo que ya ha hecho: llevó a Israel «sobre alas de águilas» y lo trajo hacia sí. Solamente después llama al pueblo a escuchar su voz y guardar el pacto. La obediencia aparece como respuesta a una redención recibida, no como el precio exigido para conseguirla.
Deuteronomio 7:7–8 también explica que Dios no escogió a Israel por su grandeza o superioridad, sino por amor y por fidelidad al juramento hecho a los patriarcas.
La gracia, por consiguiente, no comienza en el Nuevo Testamento. Ya se encuentra en la elección de Abraham, en la liberación de Egipto, en la paciencia de Dios con Israel y en las numerosas oportunidades de arrepentimiento y restauración ofrecidas a su pueblo.
Esto no convierte la obediencia en algo irrelevante. La Torá describe cómo debía vivir el pueblo redimido, pero no presenta esa obediencia como una obra mediante la cual Israel pudiera obligar a Dios a salvarlo.3
3. Abraham fue considerado justo por la fe
Uno de los textos fundamentales aparece antes del éxodo y de la entrega de la Torá:
«Y creyó a YHWH, y le fue contado por justicia» (Génesis 15:6).
Abraham no es presentado como una persona impecable. Su historia contiene dudas, decisiones equivocadas y momentos de temor. Sin embargo, confió en la promesa de Dios, y esa fe le fue contada por justicia.
Pablo desarrolla este argumento en Romanos 4:1–12. Abraham fue considerado justo antes de recibir la circuncisión y varios siglos antes de la entrega de la Torá. De esta manera podía convertirse en padre de todos los creyentes, tanto de los circuncidados como de los incircuncisos.
La fe de Abraham no fue una obra meritoria ni una simple aceptación intelectual de ciertos datos. Fue confianza en la fidelidad del Dios que llama a la existencia lo que no existe y cumple lo que promete, incluso cuando su cumplimiento parece humanamente imposible.4
4. La Torá no era un sistema para comprar la salvación
La Torá regulaba la vida de Israel dentro del pacto. Enseñaba cómo adorar a Dios, practicar la justicia, preservar la santidad y vivir como un pueblo distinto entre las naciones. Sus bendiciones y advertencias eran reales, y la desobediencia podía traer consecuencias graves.
Sin embargo, la propia Torá presupone que Israel no alcanzaría una obediencia impecable. Por eso contiene sacrificios, provisiones para la purificación, oportunidades de restitución y llamados al arrepentimiento. Si el pacto hubiera dependido de la perfección humana, no habría existido ningún medio de restauración.
Tampoco debe confundirse la crítica de Pablo a las «obras de la ley» con la idea de que cada judío del Segundo Templo intentaba ganarse la salvación mediante una contabilidad de méritos. El judaísmo de aquel periodo era diverso, y muchas de sus expresiones atribuían la elección de Israel a la gracia y fidelidad de Dios.
E. P. Sanders denominó «nomismo pactual» al patrón religioso según el cual una persona entraba en el pacto por la elección y gracia de Dios, mientras que la obediencia regulaba su permanencia y vida dentro de ese pacto. Su propuesta ha sido discutida y matizada, pero ayudó a cuestionar la caricatura de un judaísmo formado únicamente por personas que pretendían comprar la salvación mediante buenas obras.5
La conclusión no es que la obediencia careciera de importancia, sino que nunca podía convertir a Dios en deudor del ser humano.
5. ¿Qué función cumplían los sacrificios?
Los sacrificios fueron instituidos por Dios y desempeñaban una función verdadera dentro del pacto. No eran actos paganos mediante los cuales Israel intentaba manipular a la divinidad. Expresaban arrepentimiento, agradecimiento, comunión, consagración y purificación.
Levítico afirma repetidamente que, después del sacrificio prescrito, la persona «será perdonada» (Levítico 4:20, 4:26, 4:31). Por eso sería incorrecto declarar que los sacrificios no hacían absolutamente nada. Dentro del orden establecido por Dios, proporcionaban purificación y restauraban la participación del israelita en la comunidad del pacto.
Al mismo tiempo, su eficacia no era independiente de Dios ni definitiva. No todos los pecados podían resolverse mediante la presentación automática de un animal. Números 15:30–31, por ejemplo, distingue entre el pecado involuntario y la rebelión cometida deliberadamente «con soberbia».
Hebreos 10:1–4 enseña que la repetición constante de los sacrificios mostraba su incapacidad para llevar la redención a su consumación. La sangre de los animales no podía eliminar el pecado de manera final, transformar definitivamente la conciencia o vencer la muerte.
Los sacrificios poseían, por tanto, una función pactual real, pero encontraban su fundamento y consumación en el sacrificio único de Yeshúa.6
6. La misericordia divina no estaba limitada al ritual
Los profetas y los Salmos insisten en que el ritual exterior no podía sustituir al arrepentimiento, la fe y la justicia. Los sacrificios nunca fueron concebidos como un mecanismo automático que permitiera continuar pecando sin transformación del corazón.
Después de su pecado, David declara:
«Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado» (Salmo 51:16–17).
David no está rechazando todo el sistema sacrificial. Reconoce que ningún rito puede reemplazar la confesión sincera y la misericordia divina. El Salmo 32:1–5 relaciona igualmente el perdón con el reconocimiento del pecado ante Dios.
Isaías 1:11–17, Oseas 6:6 y Miqueas 6:6–8 denuncian el culto divorciado de la misericordia y la justicia. El problema no era la existencia de sacrificios ordenados por Dios, sino utilizarlos para ocultar la infidelidad.7
7. ¿Cómo alcanza la obra de Yeshúa a quienes vivieron antes de él?
La obra de Yeshúa tuvo lugar en un momento determinado de la historia, pero su eficacia no queda limitada a quienes vivieron después de su muerte y resurrección.
Romanos 3:25–26 afirma que Dios exhibió a Yeshúa como sacrificio expiatorio para manifestar su justicia, porque en su paciencia había pasado por alto los pecados anteriores. Esto no significa que Dios considerara irrelevantes esos pecados. Significa que aplazó su juicio definitivo y concedió perdón teniendo en cuenta la obra redentora que realizaría el Mesías.
Douglas Moo resume el argumento de la siguiente manera:
«Dios no castigó el pecado con la muerte eterna que merecía, y eso se debe a Cristo» (traducción propia).8
La cruz demuestra que el perdón concedido anteriormente no contradecía la justicia divina. Dios no fingía que el pecado no existía: su paciencia estaba vinculada a la expiación que se manifestaría históricamente en Yeshúa.
Hebreos 9:15 expresa esta dimensión retrospectiva con especial claridad. La muerte del Mesías se produjo «para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto». La cruz ocurre una vez dentro de la historia, pero Dios aplica sus beneficios a los creyentes que vivieron antes y después de ese acontecimiento.
Abel, Abraham, Moisés, David y los demás fieles no fueron salvados al margen del Mesías. Fueron perdonados sobre el fundamento de una obra que todavía no había sucedido desde su perspectiva histórica, pero que ya formaba parte del propósito redentor de Dios.
8. ¿Creían conscientemente en Yeshúa?
Decir que los creyentes anteriores a Yeshúa fueron salvados mediante su obra no exige afirmar que todos conocieran anticipadamente su nombre, los acontecimientos de su vida o la forma precisa en que moriría.
La revelación fue progresiva. Abraham recibió promesas relacionadas con una descendencia y una bendición para las naciones. David recibió la promesa de una dinastía permanente. Los profetas anunciaron un rey justo, un siervo sufriente, un nuevo pacto y la restauración futura. Estas promesas convergen en Yeshúa, pero no fueron reveladas todas al mismo tiempo ni con el mismo grado de claridad.
Wayne Grudem formula la continuidad entre aquella fe y la obra del Mesías de esta manera:
«Incluso los creyentes del Antiguo Testamento tenían fe salvadora en Cristo, a quien esperaban» (traducción propia).9
Grudem aclara inmediatamente que esos creyentes no poseían un conocimiento exacto de los detalles históricos de la vida del Mesías. Su afirmación debe entenderse teológicamente: confiaban en las promesas del Dios cuya salvación culminaría en Yeshúa, aunque todavía no comprendieran plenamente cómo se realizaría.
Hebreos 11:13 afirma que los antiguos creyentes murieron en la fe sin haber recibido la consumación de las promesas, pero las contemplaron «de lejos». Primera de Pedro 1:10–12 reconoce igualmente que los profetas investigaron el tiempo y las circunstancias anunciadas por el Espíritu del Mesías.
Podemos distinguir, entonces, tres realidades:
- El fundamento objetivo de su salvación era la futura obra de Yeshúa.
- El medio por el cual recibían la salvación era la fe.
- El contenido consciente de esa fe dependía de la revelación disponible en su momento histórico.
No debemos atribuir a cada creyente del Tanaj un conocimiento completo del evangelio apostólico. Pero tampoco debemos separar su confianza en Dios de la promesa mesiánica hacia la cual avanzaba toda la historia bíblica.
9. ¿Podían salvarse las personas que no pertenecían a Israel?
La elección de Israel no significa que Dios dejara de interesarse por las demás naciones. Desde el llamamiento de Abraham, el propósito divino incluía que todas las familias de la tierra fueran bendecidas por medio de su descendencia (Génesis 12:1–3).
El Tanaj presenta a varias personas no israelitas que reconocieron al Dios de Israel o recibieron su misericordia. Melquisedec adoraba al Dios Altísimo; Rahab confesó la soberanía de YHWH; Rut se incorporó al pueblo de Israel; Naamán reconoció que no había Dios sino en Israel; y los habitantes de Nínive respondieron con arrepentimiento a la predicación de Jonás.
Estos ejemplos no demuestran que todas las religiones fueran caminos igualmente válidos. Muestran que la misericordia divina nunca estuvo limitada por la etnicidad. Los extranjeros podían volverse al Dios de Israel y participar de sus bendiciones.10
Los profetas desarrollan esta dimensión universal. El siervo de YHWH sería puesto como «luz de las naciones» para que la salvación divina alcanzara los confines de la tierra (Isaías 49:6). En Yeshúa, esa promesa alcanza una nueva etapa: las naciones son incorporadas al pueblo de Dios sin tener que convertirse primero en judíos.
10. ¿Enseñaba el judaísmo una salvación por obras?
Es frecuente describir el judaísmo antiguo como una religión de méritos opuesta a la gracia del evangelio. Esa descripción resulta demasiado simple. El judaísmo del Segundo Templo incluía diversas corrientes, y muchas de ellas atribuían la elección de Israel a la gracia, el pacto y la fidelidad de Dios.
La obra de E. P. Sanders resultó decisiva en esta discusión. Su concepto de «nomismo pactual» describe un patrón según el cual Israel entraba en el pacto por la iniciativa de Dios, mientras que la obediencia, el arrepentimiento y los medios de expiación regulaban la vida dentro de él.
Esto no significa que Sanders haya resuelto toda la interpretación de Pablo ni que no existieran actitudes legalistas. Los Evangelios y las cartas apostólicas critican la hipocresía, la confianza en la propia justicia, el orgullo étnico y el uso de ciertas obras como motivo de exclusión. También existieron diferencias importantes entre los distintos grupos judíos.11
Pablo insiste en que tanto judíos como gentiles se encuentran bajo el poder del pecado (Romanos 3:9–20). Nadie puede presentarse ante Dios sobre la base de su propia obediencia. La justificación es un regalo recibido mediante la fidelidad y la obra del Mesías.
Sin embargo, reconocer esta enseñanza no requiere convertir el judaísmo en una caricatura sin gracia. La controversia de Pablo no enfrenta simplemente una religión judía de obras con una religión cristiana de gracia. Trata también sobre el pecado universal, el cumplimiento de las promesas, la identidad del pueblo de Dios y la incorporación de las naciones mediante el Mesías.
11. ¿Existieron dos caminos de salvación?
La Biblia no presenta una salvación mediante la Torá para Israel y otra mediante Yeshúa para la Iglesia. Tampoco presenta una salvación étnica automática para los judíos y una salvación por la fe para los gentiles.
Existe una sola fuente de gracia, un solo mediador y un solo propósito redentor. Primera de Timoteo 2:5–6 declara que hay un solo mediador entre Dios y los seres humanos: Yeshúa el Mesías. Hechos 4:12 afirma que no existe otro nombre en el que podamos ser salvos.
Estos textos no obligan a concluir que Abraham debía conocer el nombre histórico de Yeshúa para ser aceptado por Dios. Afirman que nadie, incluido Abraham, podía ser salvado independientemente de la obra del Mesías.
La continuidad y el desarrollo pueden resumirse así:
| Aspecto | Antes de la venida de Yeshúa | Después de su venida |
|---|---|---|
| Fundamento | La obra futura del Mesías | La obra ya realizada del Mesías |
| Medio | La fe en Dios y en sus promesas | La fe en Dios y en el Mesías anunciado |
| Revelación | Parcial y progresiva | Históricamente manifestada en Yeshúa |
| Resultado | Perdón y pertenencia al pueblo de Dios | Perdón y pertenencia al pueblo de Dios |
| Esperanza | Cumplimiento futuro de las promesas | Consumación futura de la obra ya inaugurada |
Las administraciones pactuales y el grado de revelación cambian, pero no existe un segundo salvador ni una redención independiente de Yeshúa.12
Principales objeciones
«Si la Torá no salvaba, ¿por qué era necesario obedecerla?»
Porque la obediencia era la respuesta adecuada del pueblo redimido y regulaba su vida dentro del pacto. También tenía consecuencias históricas y comunitarias reales. La obediencia no compraba la elección de Israel, pero la desobediencia persistente podía manifestar incredulidad y provocar juicio.
La gracia bíblica no elimina la obediencia; la sitúa en el lugar correcto. La obediencia es fruto de la confianza y de la relación con Dios, no el fundamento meritorio de la justificación.
«Si no conocían a Yeshúa, ¿cómo podían tener fe en él?»
No tenían necesariamente una fe explícita en todos los detalles históricos de Yeshúa, pero confiaban en el mismo Dios y en las promesas que culminan en él. Su fe tenía un contenido verdadero, aunque incompleto.
La diferencia puede compararse con mirar una promesa desde distintos momentos de la historia. Los creyentes anteriores miraban hacia su cumplimiento; nosotros miramos hacia una obra ya realizada, aunque seguimos esperando su consumación.
«¿Los sacrificios perdonaban o solamente simbolizaban el perdón?»
El texto de Levítico afirma que proporcionaban perdón temporal y purificación dentro del pacto. No conviene reducirlos a representaciones vacías. Sin embargo, su repetición y limitaciones mostraban que no constituían la solución definitiva al pecado.
Su eficacia dependía de la promesa de Dios y alcanzaba su fundamento último en Yeshúa. Eran reales dentro de su función pactual, pero provisionales dentro de la historia de la redención.
«¿Significa esto que la salvación antigua era incompleta?»
El perdón y la relación con Dios eran reales. Abraham fue verdaderamente considerado justo y David pudo celebrar el perdón recibido. Sin embargo, la redención todavía esperaba su realización histórica y su consumación final.
Hebreos 11:39–40 afirma que los antiguos creyentes recibieron testimonio por su fe, pero no alcanzaron sin nosotros la perfección prometida. La historia bíblica une a los creyentes de todas las épocas en una misma esperanza consumada por el Mesías.13
Conclusión
Las personas que vivieron antes de la venida histórica de Yeshúa no fueron salvadas mediante un camino alternativo. Fueron recibidas por la gracia de Dios, mediante la fe y sobre el fundamento de la obra del Mesías.
La Torá enseñaba a Israel cómo vivir dentro del pacto, pero no constituía un sistema mediante el cual pudiera comprarse la justificación. Los sacrificios proporcionaban purificación y perdón dentro del orden establecido por Dios, pero no podían resolver el pecado de manera definitiva. La fe, el arrepentimiento y la misericordia divina estuvieron presentes a lo largo de toda la historia bíblica.
La revelación fue progresiva. Abraham no poseía el mismo conocimiento histórico que los apóstoles después de la resurrección, pero confió en el Dios que promete, justifica y da vida. Las promesas que contempló de lejos alcanzaron su centro y cumplimiento en Yeshúa.
Debemos evitar dos extremos. El primero consiste en atribuir a todos los creyentes del Tanaj un conocimiento completo del evangelio apostólico. El segundo consiste en imaginar una salvación anterior independiente del Mesías. La Biblia presenta una sola historia redentora: anunciada mediante promesas, anticipada en los pactos, manifestada en Yeshúa y destinada a culminar en la resurrección y la nueva creación.14
Bibliografía
- Barclay, John M. G. Paul and the Gift. Grand Rapids: Eerdmans, 2015.
- Cockerill, Gareth Lee. The Epistle to the Hebrews. New International Commentary on the New Testament. Grand Rapids: Eerdmans, 2012. Véanse especialmente sus comentarios a Hebreos 9:15 y 10:1–18.
- Gentry, Peter J., y Stephen J. Wellum. Kingdom through Covenant: A Biblical-Theological Understanding of the Covenants. 2.ª ed. Wheaton: Crossway, 2018.
- Grudem, Wayne. Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine. Grand Rapids: Zondervan, 1994, cap. 7, p. 118.
- Milgrom, Jacob. Leviticus 1–16. Anchor Bible 3. Nueva York: Doubleday, 1991. Véase especialmente el comentario a Levítico 4:1–5:13.
- Moo, Douglas J. «Class Discussion on Romans 5:12–21». Lección 24 del curso Romans. BiblicalTraining.org, sección E, «What Does It Mean That God “Passed Over” Sins?».
- Moo, Douglas J. The Letter to the Romans. 2.ª ed. New International Commentary on the New Testament. Grand Rapids: Eerdmans, 2018. Véase especialmente el comentario a Romanos 3:21–4:25.
- Sanders, E. P. Paul and Palestinian Judaism: A Comparison of Patterns of Religion. Filadelfia: Fortress Press, 1977, especialmente pp. 75, 422–423 y 543.
- Schreiner, Thomas R. Faith Alone: The Doctrine of Justification. Grand Rapids: Zondervan, 2015.
- Conviene distinguir tres elementos: el fundamento de la salvación es la obra del Mesías; el medio de recepción es la fe; y el contenido consciente de esa fe depende del grado de revelación disponible en cada etapa de la historia bíblica. ↩︎
- La salvación bíblica posee una dimensión histórica y otra escatológica. El éxodo, el regreso del exilio y otras liberaciones concretas anticipan una restauración más profunda: la liberación del pecado, de la muerte y de todo lo que destruye la creación. ↩︎
- El orden narrativo resulta decisivo: primero se produce la liberación y después se entrega la instrucción. La gracia precede a la obediencia, aunque la gracia también produce una vida de fidelidad al pacto. ↩︎
- El orden de Génesis 15:6 y Génesis 17 permite a Pablo afirmar que la circuncisión fue señal de una justicia recibida anteriormente por la fe. La señal del pacto no produjo esa justicia, sino que confirmó la relación ya establecida. ↩︎
- La formulación clásica del «nomismo pactual» se encuentra en E. P. Sanders, Paul and Palestinian Judaism, especialmente pp. 75 y 422–423. Sanders no afirma que todas las corrientes judías fueran idénticas. John M. G. Barclay ha mostrado posteriormente que las concepciones judías de la gracia eran variadas y podían enfatizar diferentes aspectos del favor divino. ↩︎
- Hebreos no obliga a vaciar de significado las declaraciones de perdón de Levítico. La distinción más adecuada es entre una purificación verdadera dentro del orden mosaico y la expiación definitiva realizada por el Mesías. Para el funcionamiento del sistema levítico, véase Jacob Milgrom, Leviticus 1–16, especialmente su comentario a Levítico 4:1–5:13 ↩︎
- Los profetas no enfrentan el corazón con la obediencia ni la misericordia con la Torá. Denuncian una observancia ritual que conserva la apariencia del pacto mientras contradice su propósito moral y espiritual. ↩︎
- La cita procede de Douglas J. Moo, «What Does It Mean That God “Passed Over” Sins?», sección E de la lección 24 de su curso sobre Romanos. Al tratarse de una transcripción de clase, no tiene número de página. Para un desarrollo exegético más amplio, véase también su comentario a Romanos 3:21–26 en The Letter to the Romans. ↩︎
- La cita aparece en Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine (Grand Rapids: Zondervan, 1994), cap. 7, p. 118. La afirmación representa una formulación sistemática de la continuidad de la salvación, no la pretensión de que todos los creyentes antiguos conocieran explícitamente el nombre y la biografía de Yeshúa. ↩︎
- No todos los casos de liberación temporal narrados en el Tanaj constituyen una declaración explícita acerca del destino eterno de sus protagonistas. Sin embargo, en conjunto muestran que Dios escuchaba y recibía a personas de las naciones que se volvían hacia él. ↩︎
- Para la formulación de Sanders, véase Paul and Palestinian Judaism, pp. 75, 422–423 y 543. Para una evaluación posterior de las diversas maneras en que el judaísmo podía entender la gracia, véase John M. G. Barclay, Paul and the Gift. El modelo de Sanders es una reconstrucción histórica influyente, pero continúa siendo discutido. ↩︎
- La expresión «un solo camino» se refiere al fundamento redentor, no a que todos los creyentes de todas las épocas dispusieran de idéntica información. La unidad de la salvación debe mantenerse junto con la progresión histórica de la revelación. ↩︎
- Estas objeciones suelen surgir cuando se confunden categorías diferentes. La salvación podía ser verdadera sin que la revelación estuviera completa; los sacrificios podían tener una función real sin constituir la expiación definitiva; y la obediencia podía ser necesaria sin convertirse en mérito justificante. ↩︎
- La continuidad no elimina el desarrollo. La salvación siempre dependió de la gracia de Dios y alcanza su fundamento definitivo en Yeshúa, pero la claridad con la que ese propósito fue revelado aumentó progresivamente a lo largo de la historia bíblica. ↩︎




