Introducción a Levítico – ךיקדא

 

Ya hemos visto cómo, en el libro Bereshít (Génesis), primero del Pentateuco, la Toráh nos relata la creación del mundo y la sucesión de las primeras generaciones, la historia de nuestros patriarcas hasta la llegada de Iaacóv a Egipto.

En el segundo libro de la Toráh: Shemót (Éxodo), se nos relata la opresión a la cual los egipcios nos habían sometido y la portentosa liberación del pueblo de Israel a manos de Dios con la conducción de Moisés y Aharón. También hemos leído acerca de la travesía del desierto, la Revelación Divina en Sinai y la enunciación de la Toráh y sus preceptos, el episodio del becerro de oro y el perdón concedido por Dios, y finalmente, la construcción del Tabernáculo para que se pose sobre él la Presencia Divina y la orientación del Altísimo para el pueblo de Israel.

Es por ello que la Toráh nos relata ahora, en este tercer libro, Vaikrá (Levítico), lo concerniente al culto de Dios en el “Mishcán” — Tabernáculo— y todo lo referente a los” כהנים  “Cohaním” —Sacerdotes— y al servicio de estos últimos en el  “Mishcán”, — Tabernáculo—.

Los cohaním serán los que dirigirán el culto a Dios, pero serán también los maestros del pueblo. Además, en este libro se enunciarán normas de vida y de conducta para los propios cohaním, que deberán vivir acorde con sus funciones de maestros insignes.

Es por eso que los sabios de Israel han denominado a este libro con el nombre de Torát Cohaním —las normas de los cohaním—. Todo esto está expuesto desde el primer capítulo del libro hasta el capítulo 18.

La segunda parte, sin embargo, está dedicada a fomentar y normativizar la santidad del pueblo de Israel. Este libro implementará los preceptos que influirán en la vida diaria del pueblo para llegar al ideal de ממלכת כהנים וגוי גדול “Mamlejet cohaním vegói kadósh” —un reino de nobles (sacerdotes) y nación consagrada—.


  • Titulo:

El Levítico (en griego: Λευιτικός, Leyitikós, ‘acerca de los Levitas’; en hebreo: ויקרא [Vayikra], ‘y Él llamó’) es uno de los libros bíblicos del Antiguo Testamento y del Tanaj. El libro de Levítico recibió su nombre porque trata mayormente del sacerdocio,oficio que pertenecía a la tribu de Leví. Antiguos eruditos hebreos lo llamaron Wayiqra’, que es la primera palabra del libro, y los judíos modernos han retenido el nombre.

El Talmud lo llamó “La ley de los sacerdotes“, o “La ley del sacrificio”. El subtítulo, “Libro tercero de Moisés“, no formaba parte del texto original hebreo, pero fue agregado siglos más tarde.

  • Autor:

No puede haber duda de que Moisés, el autor del Génesis, es también el autor de Levítico (véase la introducción al Génesis). Las teorías que descartan a Moisés como autor de los libros que llevan su nombre, son demasiado contradictorias como para ser consideradas aquí.

Desde los tiempos más antiguos, tanto judíos como cristianos han creído que el Levítico fue escrito por Moisés, y sólo en tiempos modernos se han levantado dudas respecto de su autor. El libro de Levítico es una parte integral de lo que Jesús llamó “la ley de Moisés” (Luc. 24: 44). En el relato del sanamiento del leproso, lo asocia de una forma muy clara con el gran legislador – (ver Mat. 8: 4; Luc. 5: 14; Lev.14: 3, 4, 10).

Son significativas sus palabras a los judíos incrédulos: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” – (Juan 5: 46,47).

Aquí se nos informa que Moisés “escribió“, y que lo que escribió se llama “sus escritos”. El plural “escritos” implica que escribió más de un libro. Sieste pasaje no se refiere a los libros comúnmente llamados “libros de Moisés“,no sabemos dónde podríamos encontrarlos.

  • Marco histórico:

El libro de Levítico abarca un período de sólo treinta días. El relato del Exodo termina con la narración de la construcción del tabernáculo, y la preparación para su dedicación. Esta obra fue completada “en el día primerodel primer mes, en el segundo año” – (Exo. 40: 17). Puesto que el libro que sigue a Levítico, el libro de Números, comienza con el primer día del segundo mes del segundo año – (Núm. 1: 1), el intervalo es exactamente de un mes.


Estampilla israelí con fragmento de hallazgo arqueológico exhibiendo la inscripción hebrea “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18).

En ese mes Dios comunicó a Moisés las instrucciones contenidas en Levítico, y en ese mismomes sucedieron los acontecimientos registrados en el libro. La construcción del tabernáculo en el desierto se realizó inmediatamentedespués de la promulgación de la ley en el monte Sinaí. Los israelitas habían oído allí la voz de Dios que hablaba desde las oscuras nubes que coronaban la cima de la montaña, y habían sentido gran temor. “Y tan terrible era lo quese veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando” – (Heb. 12: 21).

En Levítico, Israel oiría hablar nuevamente a Dios, no desde la montaña sino desde el santuario, donde se hallaban la ley y el propiciatorio. Entre losquerubines, el lugar de la expiación, era desde donde Dios se haría conocer. El santuario representaba tanto la misericordia como la ley. En el lugar santísimo se encontraban la ley y la misericordia, y allí llegaba a ser posiblela expiación. Desde este lugar habla Dios en el libro de Levítico.

  • Tema:

El libro de Levítico trata principalmente del sacerdocio y los servicios del santuario. No contiene toda la instrucción que Dios tenía para Israel sobre estos temas, pues se reserva mucho material importante para el libro de Números. Sin embargo, la mayoría de los principios fundamentales del culto son bosquejados en el libro de Levítico. Esto hace que sea importante y digno de un estudio especial.

Los sacrificios habían sido conocidos desde el tiempo de la caída en el Edén. Sin embargo, en los ritos levíticos se hizo una revelación más clara respecto del Salvador, a quien señalaban todos los sacrificios. El uso continuo y simbólico de la sangre aplicada a los cuernos del altar, asperjada delante del velo o usada según el ritual en el segundo departamento del santuario delante del arca, recalcaba ante el pueblo la estrecha relación entre el pecado y el sacrificio.

Los principios de la transferencia del pecado, de la mediación, la reconciliación y la expiación eran enseñados claramente por la ceremonia diaria en la cual el oferente ponía su mano sobre la cabeza de la víctima mientras confesaba su pecado; por la institución de un sacerdocio regular para ministrar entre Dios y el hombre; por el sacrificio vespertino y matutino; por los holocaustos y ofrendas individuales por el pecado; y por la entrada del sumosacerdote, una vez al año, a la presencia de Dios en el lugar santísimo.

En todos estos reglamentos y preceptos los hombres veían la obra reconciliadora de Aquel que tomó sobre sí nuestros pecados, que murió por nosotros y por cuyas llagas nosotros somos sanados. Levítico es un preevangelio, y debiera hallar un lugar importante en el estudio de los que desean seguir al Cordero hasta el fin del camino.

El servicio del santuario era claramente simbólico y por lo tanto temporario, pues no hay relación necesaria entre la sangre de los toros y machos cabríos y el perdón de los pecados. Los sacrificios eran todos simbólicos y tenían poca virtud en sí mismos. Pero eran la sombra de los bienes venideros, y servían así un propósito vital. Correctamente comprendidos, conducían a los hombres hacia Dios. Enseñaban lecciones acerca de la gravedad del pecado, de la necesidad de la confesión, de la majestad de la ley, de la santidad de Dios, de su gran amor hacia el hombre caído, y de la preparación necesaria para estar en su presencia. Tal vez la santidad era la mayor lección de todas.

Es el gran tema de cada capítulo del libro. Los sacerdotes debían ser santos; sus vidas debían estar libres de oprobio; su alimento debía ser limpio; hasta sus vestiduras debían simbolizar la santidad. Los sacrificios ofrecidos debían ser perfectos; el santuario mismo era santo; los utensilios eran santos; la porción de las ofrendas para los sacerdotes era santa; hasta los terrenos del santuario eran sagrados y no debían ser contaminados.

Todo y todos los que tenían que ver con el tabernáculo debían estar escrupulosamente limpios físicamente, simbolizando así la limpieza espiritual que Dios requería. Dios ordenó repetidamente:“Seréis santos; porque yo soy santo” (caps. 11: 44, 45; 19: 2; 20: 7,26).

Símbolo de esta santidad era “la lámina de la diadema santa de oro puro” que el Señor le ordenó a Moisés que hiciera, y que se fijaba en la mitra que llevaba el sumo sacerdote, y sobre el cual había “grabado de sello: SANTIDAD A YHVH” – (Exo. 39: 30).

Levítico ocupa un lugar central en los cinco libros de Moisés, flanqueado por Génesis y Exodo por un lado, y por Números y Deuteronomio por el otro. Así como el santuario era el centro del culto de Israel, también el libro de Levítico contiene el meollo de la instrucción dada respecto de aquel culto. Es el Evangelio en embrión. Con él, puede comprenderse mejor el Nuevo Testamento; sin él, algunas partes de los Evangelios y de las epístolas están envueltas en oscuridad y tinieblas.

Cristo como sacerdote y sumo sacerdote; como Cordero de Dios; como nuestra ofrenda por el pecado; como el sacrificio consumado, con su sangre rociada alrededor del altar y sobre él; como el pan que bajó del cielo; como la luz del mundo; como el incienso fragante, éstas y muchas otras alusiones serían muy poco entendidas sin la luz que Levítico arroja sobre ellas.

Pablo citó numerosas veces este libro cuando escribió la epístola a los Hebreos y trató las doctrinas de la fe. Si la verdadera doctrina de la expiación, del día de la expiación, de la purificación del santuario, de Cristo como nuestro sumo sacerdote y abogado que ministra en el santuario celestial, del juicio y del pronto regreso de Cristo, de la ley y del shabat en su marco debido; si todas estas doctrinas son claras contribuciones a la religión y la vida, y son mensajes que deben ser dados al mundo, entonces el libro de Levítico debe ocupar su lugar legítimo en la armazón de las verdades que deben predicarse.

A veces surge la pregunta: por qué Dios instituyó el sistema de sacrificios y requirió derramamiento de sangre. Dios aborrece el pecado porque conoce sus resultados; y uno de los principales propósitos de los sacrificios era hacer que Israel también lo aborreciera. El podría haber aconsejado simplemente a su pueblo que no pecase pues el pecado era malo y debía ser rehuido. Pero ¿no se haría en ellos una impresión mayor y más duradera mediante una demostración visual del resultado del pecado, de manera que en sus mentes apareciesen siempre asociados el pecado y la muerte, como la causa y el efecto?

Esto fuelo que hizo Dios en el jardín del Edén, cuando fue sacrificado un cordero después del pecado de Adán. ¿Y no se recalcaría este efecto si el mismo pecador llevaba a cabo la sentencia de muerte?

Dios podría entonces preguntar: ¿Quémás podría haber sido hecho que yo no he hecho para enseñar al hombre la gravedad del pecado? “¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?” – (Isa. 5: 4).

Pero Israel pervirtió grandemente el plan de Dios. En vez de ver en la muerte de los animales sacrificados una evidencia de la excesiva pecaminosidad del pecado, y de la necesidad de rehuirlo, comenzaron a considerar los sacrificios como una especie de pago por el privilegio de pecar. Por esto Dios les envió mensajes por medio de sus profetas anunciándoles que no deseaba ya más de sussacrificios: “Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos” – (Isa.1: 11).

Por medio de Amós dijo: “Y si me ofrecierais vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados” – (Amós 5: 22).

Y Miqueas pregunta: “¿Con qué me presentaréante YHVH, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él conholocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará YHVH de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?” Entonces él responde a sus propias preguntas: “Qué pide YHVH de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” – (Miq. 6: 6-8).

Esta es una buena doctrina paleotestamentaria y también es buena doctrina neotestamentaria. Sin embargo, pueden aprenderse muchas preciosas lecciones del ritual según fue originalmente dispuesto. Un estudio de Levítico recompensará ampliamente el tiempo dedicado a El.

1:1  Los Holocaustos    LEYESANTES DEL DÍA DE EXPIACIÓN
2:1 Las ofrendas
3:1 Ofrendas de paz
4:1 Ofrendas por el pecado
5:14  Ofrendas expiatorias
6:8 Leyes de sacrificios
8:1  Consagración Aarón e hijosCONSAGRACIÓN
9:1  Los sacrificios de Aarón
10:1  El pecado de Nadab y Abiú
11:1  Animales limpios e inmundos  PURIFICACIÓN
12:1  Purificación después del parto
13:1 Tzara´at “Lepra”
14:1  Ley Tzara´at se limpie
15:1  Ley flujo de semen
16:1 Día de expiaciónCOMIENZOS PRÁCTICOSDESPUÉS DEL DÍA DE EXPIACIÓN
17:1 Santuario Único
18:1  InmoralidadSANTO EN MORAL
19:1  Leyes santidad y justicia
20:1  Actos de Inmoralidad
21:1  Santidad SacerdotesCARÁCTER SANTO
23:1  Fiestas SolemnesEVENTOS EN SANTIDAD
24:1 Aceite lámparas pan proposición
25:1 Año de Jubileo
26:1  Obediencia DesobedienciaOBEDIENCIA
27:1  Cosas consagradas a Dios

  • Introducción a los sacrificios rituales:

Éxodo 15:26 – “…Dijo El: si oír habrás de oír la Voz de Adonai, tu D’s, y lo recto ante Sus ojos hicieres y prestares oídos a Sus preceptos y observares todas Sus leyes, ninguna de las enfermedades que impuse en Egipto, impondré .sobre ti; ya que Yo soy Adonai, el que te cura a tí…”

Jeremías 7:22-23 – “…Ya que no he hablado con vuestros padres ni les he prescripto —en el día en que Yo los saqué de la tierra de Egipto— nada referente a holocausto o sacrificio. Empero ésta es la palabra que les prescribí, diciendo: Escuchad Mi Voz y Yo seré para vosotros D’s y vosotros seréis para Mí, como pueblo: empero habréis de encaminaros en toda la senda que Yo os prescriba para que sea el bien para vosotros…”

Hemos seleccionado estos dos versículos del Tanáj para tratar de entender, en la medida de lo posible, la finalidad perseguida por la Toráh al reglamentar profusamente las leyes concernientes a los sacrificios de animales: “Korbanót”.

Todos los sabios de Israel, a través de todos los tiempos, han demostrado perplejidad ante este hecho. Pero, ninguno de los grandes exégetas de nuestro pueblo ha dejado de ofrecer una interpretación. Trataremos de exponer algunas de las principales opiniones al respecto.

Maimónides, en su libro “Guía de dice con mucha claridad, qu le resulta imposible al ser humano pasar súbitamente de un extremo a otro y sus hábitos y costumbres. En efecto, en la época de la salida de Egipto, era una costumbre con muchos adeptos, el ofrecer distintas especies de animales en los templos idólatras. A través de estos sacrificios se adoraba los ídolos y se quemaba incienso ante ellos.

La Sabiduría de D’s no juzgó conveniente prescribirnos el rechazo de todos estos cultos, o abandonarlos y suprimirlos: pues esto habría parecido en aquella época, algo inadmisible a la naturaleza humana, que demuestra siempre afecto por todo lo que le es habitual. Es por ello que D’s dejó subsistir aquellos cultos; pero, en lugar de adorar y rendir culto a objetos artificiales ya cosas imaginarias que no encierran ninguna realidad, los transfirió a Su nombre. Es por eso que nos prescribió construirle un Santuario, erigir un altar y ofrecer sacrificios en Su Nombre.

Además, nos prohibió ofrecer sacrificios a ninguna deidad. Esta previsión Divina tuvo por resultado borrar el recuerdo del culto a la idolatría y consolidar el grande y auténtico principio de nuestra fe, o sea la Existencia y la Unicidad de D’s, sin que los espíritus de las personas fueran muy contrariados por la abolición de ceremonias que les eran familiares.

Maimónides ofrece varias pruebas para esta tesis, a saber:

Cuando D’s sacó a los hijos de Israel de Egipto, no los condujo a la tierra prometida por el camino más corto, sino que los condujo por el desierto. Allí la Sabiduría Divina y Su Providencia acompañaron al pueblo durante cuarenta años hasta que hubo nacido una nueva generación de hombres libres, que no habían conocido la esclavitud egipcia y que por lo tanto serían capaces de vivir con la fe en D’s y en la tierra prometida por El a nuestros patriarcas.

Por otra parte, son muchas las restricciones que la Toráh impone a aquella persona que quisiere ofrecer un sacrificio ritual, a saber: no se podía traer el sacrificio a cualquier santuario ni ofrecer cualquier tipo de animal ni hacerlo en todo tiempo; sino que, por el contrario, había un solo santuario central, una sola familia de sacerdotes autorizada por la Toráh para fiscalizar estos sacrificios, y un tiempo determinado y limitado para este culto.

Esto representa una gran diferencia silo comparamos, por ejemplo, con la oración, pues a la persona le es permitido orar a D’s en todo tiempo y lugar. Lo mismo ocurre —agrega Maimónides— con las “mitsvót” —preceptos— de “Tsitsít” —, “Mezuzót”— y “Tefilín” —Filacterias.-— de lo que resulta que, la finalidad enunciada por la Toráh después de la salida de Egipto, está sintetizada en el versículo de Éxodo 15:26 que antecede a esta introducción, o sea, D’s busca un pueblo que oiga y acepte Su mensaje y viva de acuerdo con él.

Además, nótese que en el Decálogo —núcleo central de toda la Toráh— no hay ninguna referencia a los “Korbanót” —sacrificios rituales—. Mucho más tarde, en el siglo VI a.e.c., el profeta Jeremías recordaba este mensaje al pueblo de Israel. Hemos extractado los versículos 23 y 24 del capítulo 7 de su libro, como prueba concluyente.

Por último, se puede apoyar esta tesis de Maimónides, citando el capítulo 50 del libro de Salmos, donde el Salmista, hablando en nombre de D’s, enuncia prácticamente las mismas ideas que el profeta.

No obstante lo razonable y lógico de la tesis de Maimónides, Najmánides la rechaza en términos enérgicos y la califica de propósito vano. Posteriormente, en el siglo XV, Abarbanel tomará la defensa de la tesis de Maimónides y ofrecerá también algunas pruebas encontradas en la literatura rabínica, especialmente en el capítulo 22 del Midrásh Rabbá, interpretando el libro Levítico.

Najmánides sostiene que los sacrificios rituales poseen un valor eminentemente intrínseco: “Los sacrificios no sirven solamente para atacar y curar ideas erróneas”.

Por otra parte, llama poderosamente la atención, que el mismo Maimónides, en su libro de Halajáh, “Mihnéh Toráh”, habla de la restauración de los sacrificios en la época mesiánica – (Véase Hiljót Melajím, Capítulo 11 Halajáh A).

Además, vemos que él tipifica todo lo concerniente a los “korbanót” en la categoría de “hukím” —los preceptos cuyos motivos escapan a la razón humana— (Hiljót Mehiláh, Capítulo 8, Halajáh 8).

También, el mismo Maimónides dice que: Cualquiera que pretenda encontrar los motivos acerca de los detalles de ejecución de los sacrificios, me resulta completamente insensato”.

Tanto el que se imagina que estos detalles tienen una razón, como aquél que se imagina que todas estas “mitsvót” no tienen ningún provecho, están lejos de la verdad” (‘Guía de los Perplejos” 111,26).

Por supuesto, Los cabalistas desarrollarán la idea de que es imposible que no exista una razón para los detalles concernientes a los “korbanót”.


(Pulse aquí para ver mas comentarios del libro de Levítico)

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