Este es el quinto capítulo de la serie. En el primer estudio presentamos los pactos como la columna vertebral de la historia bíblica; en el segundo examinamos sus elementos fundamentales; en el tercero comparamos los principales enfoques de interpretación; y en el cuarto estudiamos el propósito eterno de Dios y la formulación teológica conocida como «pacto de redención». Ahora entramos en el relato bíblico mismo para considerar la primera relación pactual de la historia: la que Dios estableció con la humanidad en la creación. Comprenderla resulta indispensable para entender la vocación humana, la gravedad de la caída y la obra de Yeshúa como el último Adán.
Textos fundamentales
Antes de avanzar, conviene leer los pasajes que sostienen este estudio. Génesis 1–3 ofrece el relato fundamental; los textos posteriores permiten ver cómo la propia Escritura interpreta a Adán, su transgresión y la vocación que recibió.
- Génesis 1:26–31: la humanidad creada a imagen de Dios, bendecida y llamada a gobernar.
- Génesis 2:1–17: el reposo divino, el huerto, la vocación de cultivar y guardar, y el mandamiento acerca de los árboles.
- Génesis 3:1–24: la prueba, la transgresión, el juicio, la promesa y el exilio del Edén.
- Génesis 5:1–5: imagen, descendencia y muerte en la línea de Adán.
- Génesis 9:1–17: la renovación de elementos creacionales en el pacto con Noé.
- Oseas 6:7: la posible referencia a Adán como transgresor del pacto.
- Lucas 3:38–4:13: Adán como hijo de Dios y la obediencia de Yeshúa bajo prueba.
- Romanos 5:12–21: la transgresión de un hombre y la obediencia del otro.
- 1 Corintios 15:20–49: el primer Adán, el último Adán y la esperanza de resurrección.
- Apocalipsis 21:1–7; 22:1–5, 14: la presencia de Dios, el río y el árbol de la vida en la nueva creación.
Introducción: antes de la caída hubo una vocación
Cuando se habla de Adán, la atención suele dirigirse inmediatamente al pecado. Es comprensible, porque Génesis 3 explica la entrada de la vergüenza, la enemistad, el dolor, el exilio y la muerte en la experiencia humana. Sin embargo, la historia de la humanidad no comienza con una prohibición ni con una caída. Comienza con Dios creando, ordenando, bendiciendo y compartiendo su mundo. Antes de que el ser humano fuera transgresor, fue criatura; antes de ser expulsado, recibió un hogar; antes de cargar con una maldición, escuchó una bendición; y antes de fracasar, fue llamado a una vocación.
Esta secuencia es decisiva. La obediencia exigida a Adán y Eva no era un intento de comprar su existencia, ganarse el amor de un Dios indiferente o transformar un mundo hostil en un hogar. La vida, la imagen divina, la comunión, el jardín, el alimento, el matrimonio y el trabajo fueron primero dones de la bondad de Dios. Dentro de esa relación generosa, el Creador les encargó representar su gobierno, cultivar su mundo y respetar el límite que había establecido. El mandamiento no apareció como rival de la gracia creadora, sino como la forma concreta de vivir fielmente dentro de ella.
¿Debe llamarse pacto a esta relación? Génesis 1–3 no utiliza la palabra hebrea berit. Por eso algunos intérpretes prefieren hablar de un «orden creacional», una «administración adámica» o simplemente del «mandato de la creación». Otros encuentran suficientes rasgos pactuales para hablar de un «pacto de creación», «pacto de vida» o «pacto de obras». La cuestión no puede resolverse únicamente preguntando si aparece el término. Debemos examinar la estructura de la relación, su posible identificación en Oseas 6:7, la función representativa de Adán y la interpretación que el resto de la Biblia hace de su acto.
En este capítulo utilizaremos preferentemente la expresión pacto de la creación. Este nombre permite abarcar toda la relación: el don de la vida, la imagen de Dios, la comunión, la vocación real y sacerdotal, el matrimonio, el trabajo, el reposo, el mandato, la señal de vida y la sanción de muerte. También explicaremos la denominación reformada «pacto de obras»,1 reconociendo aquello que procura proteger y evitando que el nombre oscurezca la generosidad que precede a toda obra humana.
¿Pacto de creación, pacto de vida o pacto de obras?
La tradición cristiana ha empleado varios nombres para esta relación, y cada uno destaca un aspecto diferente.
| Denominación | Lo que procura destacar | Precaución necesaria |
|---|---|---|
| Pacto edénico | El escenario del huerto y la relación anterior a la caída. | Puede reducir la vocación humana al jardín y olvidar su expansión hacia toda la tierra. |
| Pacto de naturaleza | La relación establecida con la humanidad en su condición creada. | «Naturaleza» podría sonar impersonal, aunque el relato presenta una relación con Dios. |
| Pacto de vida | La vida disfrutada con Dios y simbolizada por el árbol de la vida. | La promesa de una vida confirmada aparece de manera implícita, no en una fórmula expresa. |
| Pacto de obras | La condición de obediencia y la función representativa de Adán. | Puede sugerir erróneamente que Adán obtuvo la creación o el favor de Dios mediante mérito autónomo. |
| Pacto de creación | El conjunto de dones, relaciones, tareas, límites y consecuencias establecidos al crear. | Debe conservarse la dimensión condicional y no convertirse en una designación vaga de todo lo creado. |
La expresión «pacto de obras» adquirió un lugar importante en la teología reformada. Su intención principal no era negar que Dios actuó primero con bondad, sino afirmar que la continuidad de Adán en la vida dependía de una obediencia personal y completa, y que su acción afectaría a aquellos a quienes representaba. La muerte fue anunciada como consecuencia de la desobediencia; por contraste, se infirió que la obediencia conduciría a una vida confirmada. El árbol de la vida fue entendido como señal de esa bendición.2
No obstante, el nombre puede ser malinterpretado. Adán no se creó a sí mismo, no plantó el huerto, no produjo la presencia divina y no puso a Dios en deuda. Incluso su capacidad de obedecer era un don. Si se utiliza la palabra «mérito», debe aclararse que se trata de una recompensa libremente establecida por Dios dentro de la relación, no de un derecho que la criatura pudiera imponer al Creador. Por esta razón, algunos autores prefieren «pacto de vida» o «pacto de creación», y otros evitan llamar pacto a la administración adámica.
El desacuerdo terminológico no debería esconder el amplio terreno común. Génesis presenta una relación ordenada por Dios, una vocación, un mandamiento concreto, una bendición, una sanción y consecuencias que alcanzan a la descendencia humana. La pregunta más importante no es qué etiqueta pronunciar primero, sino si nuestra etiqueta permite escuchar todos esos elementos sin eliminar ninguno.3
¿Puede existir un pacto si Génesis no emplea la palabra berit?
La ausencia del término «pacto» es una objeción seria, pero no concluyente. Como vimos en estudios anteriores, una realidad puede estar presente antes de recibir su designación explícita.
Segunda de Samuel 7 narra la promesa de Dios a David sin utilizar allí la palabra berit, pero textos posteriores la llaman inequívocamente pacto (Sal 89:3, 28, 34, 39; 132:12; Jer 33:21). Por tanto, no basta con realizar una búsqueda de palabras; es necesario examinar cómo la propia Biblia interpreta una relación.
Existen al menos cinco razones acumulativas para considerar pactual la relación de Dios con Adán y Eva.4
1. Una relación soberanamente establecida
Dios toma toda la iniciativa. Él crea a los seres humanos, los coloca en el huerto, les concede alimento, define su tarea y pronuncia el mandamiento. Las partes no negocian desde una posición de igualdad. Como en los pactos divinos posteriores, el Señor establece generosamente la relación y determina sus condiciones. Adán y Eva reciben una identidad —imagen e hijos de Dios—, un lugar, una responsabilidad y una palabra que requiere fidelidad.
2. Mandato, bendición y sanción
El relato contiene una estipulación reconocible: no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. También contiene bendiciones: fecundidad, alimento, dominio responsable, comunión y vida en la presencia de Dios. La sanción es explícita: «el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn 2:17). Esta combinación de relación, obligación y consecuencias se parece a la estructura que veremos en pactos posteriores, aunque Génesis no la disponga como un tratado formal.
3. Oseas 6:7
Oseas acusa a Israel:
«Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí prevaricaron contra mí».
Si «Adán» es el nombre del primer ser humano, el profeta identifica su pecado como transgresión pactual y compara a Israel con él. Esta lectura ofrece el apoyo textual más directo para hablar de un pacto adámico.
La interpretación, sin embargo, es discutida. El hebreo keʾadam puede entenderse «como Adán» o «como la humanidad/los hombres».5 Algunos han relacionado la frase siguiente, «allí», con un lugar llamado Adam, mencionado en Josué 3:16, o con otro escenario de infidelidad. La lectura personal posee una fuerte coherencia: tanto Adán como Israel reciben la palabra de Dios, la quebrantan y experimentan expulsión. Pero una exposición responsable no debería decir que Oseas 6:7 resuelve por sí solo toda la discusión. Es un testimonio importante dentro de un argumento acumulativo.6
4. Adán como representante
Romanos 5:12–21 y 1 Corintios 15:20–49 presentan a Adán y al Mesías como figuras representativas. La desobediencia de uno introduce pecado, condenación y muerte; la obediencia del otro trae justicia, vida y resurrección. Esta solidaridad rebasa el efecto privado de un mal ejemplo. Adán actúa como cabeza de la humanidad, de modo semejante a como los representantes pactuales posteriores comprometen a su descendencia o a su pueblo.
5. Continuidad con el pacto de Noé
Cuando Dios se dirige a Noé, dice que «establecerá» su pacto (Gn 6:18; 9:9, 11, 17). Algunos estudiosos entienden el verbo como indicio de que Dios confirma o renueva una relación creacional anterior, en contraste con la expresión «cortar un pacto» utilizada al inaugurar otros compromisos.7
La observación es sugerente, sobre todo porque Génesis 9 repite la bendición de fecundidad, el valor de la imagen divina y el gobierno humano. No es, sin embargo, una regla lingüística sin excepciones. Conviene tratarla como apoyo secundario, no como demostración definitiva. El próximo estudio examinará con detenimiento esta continuidad.
En conclusión, Génesis 1–3 no presenta un pacto explícitamente denominado como tal, pero ofrece una relación con forma pactual, Oseas puede identificar la caída como transgresión de un pacto y el Nuevo Testamento interpreta a Adán como representante. Por ello, «pacto de creación» es una inferencia bíblico-teológica razonable, siempre que se indique con honestidad la diferencia entre lo expresamente nombrado y lo canónicamente deducido.
La creación como don antes que como prueba
Génesis 1 repite que lo creado es bueno y culmina declarando que todo era «bueno en gran manera». El ser humano aparece dentro de esa bondad, no frente a un Dios cuya aceptación deba conquistar. La primera palabra divina dirigida a la humanidad es una bendición: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra» (Gn 1:28). El mandato lleva una tarea, pero es pronunciado como bendición que capacita para cumplirla.
Génesis 2 conserva el mismo orden. Dios forma al ser humano del polvo y sopla en él aliento de vida. Planta un huerto, hace brotar árboles agradables a la vista y buenos para comer, proporciona agua y metales preciosos, y reconoce que no es bueno que el hombre esté solo. Incluso al dar el mandamiento, comienza con una autorización abundante: «De todo árbol del huerto podrás comer». Solo después aparece la excepción. La generosidad ocupa el primer plano; el límite existe dentro de una libertad extensa.
Esto impide caricaturizar el pacto como un acuerdo frío: «produce obras y quizá recibas algo». Adán ya había recibido muchísimo. Lo que todavía no poseía era una vida incapaz de perderse o una gloria consumada e irreversible. Podía obedecer, pero también podía pecar; habitaba una creación buena, aunque todavía debía llevarla hacia la plenitud de la vocación recibida. La prohibición introducía una prueba real de lealtad: ¿aceptaría vivir como criatura confiando en la sabiduría de Dios, o reclamaría para sí el derecho de determinar el bien y el mal?
La gracia creadora y la obediencia pactual, por tanto, no deben oponerse. Dios se acerca primero, pero su iniciativa establece una relación moral. El don no elimina el mandato; lo hace posible. La obediencia tampoco convierte el don en salario; es la respuesta propia de una criatura que reconoce a su Creador.
Creados a imagen de Dios: identidad, filiación y representación
Génesis 1:26–27 declara que Dios creó al ser humano a su «imagen» (tselem) y «semejanza» (demut). Aunque se han propuesto distinciones entre ambos términos, el paralelismo del pasaje sugiere que se complementan y describen una sola realidad. La imagen no debe reducirse a una facultad aislada —razón, libertad o espiritualidad— ni limitarse al dominio. Incluye quién es la humanidad delante de Dios, cómo ha de reflejarlo y qué función recibe dentro del mundo (Véase Imagen de Dios; ¿Qué significa que el ser humano fue hecho a imagen de Dios?).
En el antiguo Cercano Oriente, una imagen podía representar la autoridad de un rey en un territorio. Génesis toma ese lenguaje real y lo aplica no solo a un monarca, sino a la humanidad, varón y mujer. Cada persona posee una dignidad que no depende de clase, capacidad, edad o productividad. Ambos reciben la bendición y la responsabilidad de ejercer dominio. El gobierno humano no es autonomía absoluta: somos imágenes, no el original; representantes, no propietarios del mundo.

La imagen también se relaciona con la filiación. Génesis 5:3 dice que Set fue engendrado a imagen y semejanza de Adán, y Lucas 3:38 llama a Adán «hijo de Dios». Un hijo representa a su padre y debe reflejar su carácter. Adán y Eva fueron llamados a gobernar como hijos que conocen a Dios, viven en su presencia y manifiestan su justicia, bondad y santidad. Dominio sin semejanza moral se transforma en tiranía; semejanza sin vocación concreta convierte la imagen en una abstracción.
La caída dañó profundamente este reflejo, pero no borró la imagen. Génesis 9:6 protege la vida humana después del diluvio precisamente porque el ser humano fue hecho a imagen de Dios; Santiago 3:9 denuncia la maldición verbal contra personas que conservan esa dignidad. La redención no crea por primera vez seres valiosos, sino que restaura a criaturas que nunca dejaron de portar la marca de su Creador, aunque ya no la reflejen con fidelidad.
En el Mesías se revela la imagen perfecta.8 Los creyentes son renovados en conocimiento, justicia y santidad (Ef 4:24; Col 3:10), transformados de gloria en gloria (2 Co 3:18) y destinados a ser conformados a la imagen del Hijo (Ro 8:29). La salvación no consiste en escapar de la humanidad, sino en ser restaurados a la humanidad que Dios quiso desde el principio.9
Una vocación real y sacerdotal
La bendición de Génesis 1:28 contiene cinco acciones: fructificar, multiplicarse, llenar la tierra, someterla y ejercer dominio sobre los seres vivientes. La humanidad debía extender por toda la tierra el orden y la fecundidad que encontraba en el huerto. «Someter» y «dominar» no autorizan el abuso. El ser humano gobierna en nombre del Dios que contempla su creación con bondad, alimenta a sus criaturas y confía el jardín para que sea cuidado. Cualquier dominio que destruye irresponsablemente el mundo contradice al Rey al que pretende representar.
Génesis 2:15 expresa la tarea mediante los verbos hebreos ʿabad y shamar: cultivar o servir, y guardar o cuidar. Ambos pueden describir tareas ordinarias, pero aparecen juntos más tarde en relación con el servicio y la custodia de los levitas en el santuario (Nm 3:7–8; 8:26; 18:5–6). Esta correspondencia, unida a otros rasgos del relato, ha llevado a muchos estudiosos a comprender el Edén como un santuario primordial y a Adán como una figura real-sacerdotal.
| Edén | Tabernáculo, templo y nueva creación |
|---|---|
| Dios se hace presente y camina en el huerto (Gn 3:8). | Dios habita en medio de Israel y finalmente con la humanidad (Ex 25:8; Ap 21:3). |
| Querubines guardan el camino al árbol de la vida (Gn 3:24). | Querubines aparecen sobre el arca y en los velos del santuario (Ex 25:18–22; 26:1, 31). |
| El acceso vigilado queda al oriente (Gn 3:24). | La entrada del tabernáculo se orienta hacia el este (Nm 3:38). |
| El huerto contiene oro, ónice, árboles y un río vivificador (Gn 2:9–12). | El santuario emplea oro y ónice; Ezequiel y Apocalipsis contemplan un río y árboles que dan vida (Ex 25; Ez 47:1–12; Ap 22:1–2). |
| Adán debe servir/cultivar y guardar el espacio (Gn 2:15). | Los levitas sirven y guardan el santuario (Nm 3:7–8; 18:5–6). |
Ninguna correspondencia aislada demostraría por sí sola que el huerto era un templo, y no todos los detalles poseen la misma fuerza. Sin embargo, el conjunto forma una trayectoria coherente: Edén, tabernáculo, templo, Mesías, comunidad del Espíritu y nueva creación comparten el tema de la presencia divina habitando con su pueblo. La tarea de Adán no era meramente agrícola. Debía custodiar un espacio santo, extender el orden de Dios y mediar su bendición hacia el mundo.
Aquí se unen reinado y sacerdocio.10 Como rey bajo autoridad, el ser humano administra la creación; como sacerdote, sirve en la presencia de Dios y protege la santidad del lugar confiado. La entrada de la serpiente y la posterior transgresión muestran el fracaso en ambos aspectos. Adán no guarda el huerto ni gobierna conforme a la palabra de Dios; permite que una voz rebelde redefina la realidad dentro del santuario.11
Trabajo, matrimonio y reposo
El trabajo aparece antes de la maldición. Lo que la caída introduce no es la actividad productiva, sino la fatiga frustrante, los espinos y la lucha con una tierra que ya no responde armoniosamente. Trabajar, crear, cultivar, ordenar y cuidar pertenecen a la vocación original. Esto concede dignidad a tareas manuales, intelectuales, domésticas y comunitarias, siempre que sirvan al bien y respeten el señorío de Dios.
El matrimonio también pertenece al orden creacional. La mujer no es una idea posterior ni una ayudante inferior, sino la correspondiente adecuada que permite una comunión humana y el desarrollo de la misión compartida. Génesis 2:24 presenta una unión de pacto que forma una nueva lealtad familiar. La fecundidad es bendición, pero el valor del matrimonio no se reduce a la procreación; incluye compañía, ayuda mutua y una vida común delante de Dios.
El séptimo día es bendecido y santificado porque Dios cesa de su obra (Gn 2:1–3). Génesis no registra allí un mandamiento sabático dirigido expresamente a Adán, por lo que conviene no afirmar más de lo que dice el texto. Sin embargo, cuando la Torá entrega el Shabat a Israel, lo fundamenta en el ritmo de la creación (Ex 20:8–11). El reposo señala que la meta humana no es producción interminable. El trabajo encuentra su orden cuando conduce a la comunión, la adoración y el disfrute del gobierno de Dios.12
El mandamiento y la prueba de fidelidad
«De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás» (Gn 2:16–17).
El mandamiento posee claridad y proporción: una prohibición dentro de una provisión abundante. Dios no esconde la consecuencia ni somete a la pareja a una prueba que no puedan comprender. La cuestión central es si aceptarán que la sabiduría y autoridad pertenecen al Creador.
La expresión «conocimiento del bien y del mal» ha recibido varias interpretaciones. Puede referirse a discernimiento moral, madurez, sabiduría real o capacidad de emitir juicio. El problema no es que conocer el bien sea malo, pues la sabiduría bíblica es un don. La tentación consiste en apoderarse de la sabiduría en contra de la palabra de Dios, buscando definir el bien y el mal desde la autonomía. La serpiente ofrece semejanza divina sin confianza, exaltación sin obediencia y conocimiento separado de la comunión.13
La prohibición constituye verdadera instrucción divina. Aunque la Torá del Sinaí todavía no había sido entregada, la humanidad nunca existió sin palabra moral de Dios. Pablo observa que la muerte reinó incluso antes de Moisés y distingue a quienes no pecaron «a la manera de la transgresión de Adán» (Ro 5:14). Adán quebrantó un mandamiento revelado. No debemos confundir esa instrucción original con todas las estipulaciones posteriores del pacto sinaítico, pero tampoco imaginar una creación sin Torá en el sentido amplio de enseñanza divina.
La obediencia requerida no podía ser selectiva. Una sola transgresión violaría el límite y atraería la sanción. Esto explica por qué la tradición habló de «obediencia perfecta»: no porque Adán tuviera que acumular méritos mediante una cantidad indefinida de obras, sino porque la lealtad al Señor no admite reservar un ámbito de autonomía contra su palabra.
El árbol de la vida, la bendición y la sanción
La sanción negativa es explícita: la desobediencia conduce a la muerte. La promesa positiva no aparece con la misma forma verbal. Dios no dice en Génesis 2:17: «Si obedeces durante cierto tiempo, te concederé un cuerpo incorruptible». Sin embargo, varios elementos permiten inferir una promesa de vida: la pareja ya disfruta de comunión y provisión; el árbol de la vida simboliza la continuidad de esa vida; después del pecado se impide su acceso para que no coma y viva para siempre; y Apocalipsis recupera el árbol como bendición de la nueva creación.
Muchos teólogos reformados han llamado al árbol de la vida «señal» o incluso «sacramento» del pacto.14 El término pretende decir que Dios unió una realidad visible con su promesa de vida, no que el fruto poseyera poder mágico independiente. La vida procede de Dios; el árbol la representa y comunica según la designación divina. Cuando la relación se quebranta, el ser humano pierde el acceso a la señal.
También se ha propuesto que el período de prueba habría terminado y que, tras una obediencia confirmada, Adán y Eva habrían entrado en una condición irreversible. Primera de Corintios 15 distingue el cuerpo «natural» de Adán y la humanidad resucitada e incorruptible en el Mesías, de modo que la creación original, aunque buena, todavía no era la consumación. Esa observación hace razonable pensar en una gloria mayor como meta. No obstante, Génesis no revela cuánto duraría la prueba ni describe el momento hipotético de confirmación. Debemos distinguir una inferencia teológica plausible de una afirmación expresa.
La misma cautela se aplica al Shabat como señal adámica. El día séptimo ciertamente revela la meta de reposo y más tarde funciona como señal del pacto con Israel (Ex 31:12–17). Puede iluminar el destino creacional, pero Génesis 2 no lo llama señal del pacto con Adán. El árbol de la vida cuenta con una conexión narrativa más directa con la vida perdida y restaurada.
Adán como cabeza representativa
El pecado de Adán no permanece encerrado en su biografía. Génesis muestra sus ondas expansivas: se rompe la comunión de la pareja, Caín asesina a Abel, Lamec celebra la violencia y la genealogía del capítulo 5 repite el sombrío estribillo «y murió». Cuando la historia alcanza los días de Noé, la corrupción y la violencia llenan la tierra. La sanción anunciada a un hombre gobierna la experiencia de sus descendientes y afecta incluso al suelo que debía cultivar.
Romanos 5 interpreta teológicamente esa historia. «Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte». Una transgresión conduce a condenación; la desobediencia de uno constituye pecadores a muchos. Pablo no presenta a Adán únicamente como el primer individuo que dio un mal ejemplo. Su acto posee eficacia representativa. La humanidad está vinculada a él y vive dentro del mundo que su rebelión abrió.15

Las tradiciones cristianas han discutido cómo describir esta solidaridad: imputación inmediata, participación corporativa, corrupción heredada o una combinación de estas categorías. El presente capítulo no necesita resolver cada aspecto de ese debate. El mínimo que el texto exige es significativo: la acción de Adán tiene consecuencias judiciales y existenciales para los muchos, la muerte reina a causa de su transgresión y cada descendiente confirma esa solidaridad mediante su propio pecado.
Primera de Corintios 15 desplaza el énfasis hacia la resurrección: «así como en Adán todos mueren, también en el Mesías todos serán vivificados». El primer hombre es de la tierra; el último Adán es del cielo y se convierte en espíritu vivificante. La comparación confirma la representación, pero también muestra una diferencia: la obra del Mesías no se limita a restaurar la condición inicial. Conduce a una humanidad resucitada, incorruptible y conformada a su imagen.16
La función representativa fortalece la lectura pactual. En los pactos bíblicos, las decisiones de una cabeza alcanzan a quienes están unidos a ella: la descendencia de Abraham comparte la promesa, la generación de Israel queda implicada en el pacto y la casa de David participa de la promesa real. Adán aparece al comienzo de esta lógica; Yeshúa la lleva a su finalidad salvadora.
La caída como ruptura del pacto
La estrategia de la serpiente comienza atacando la palabra y el carácter de Dios: exagera la prohibición, niega la sanción y presenta al Creador como alguien que retiene un bien necesario. La mujer contempla que el árbol es bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar sabiduría; toma, come y da a su marido, quien come con ella. La secuencia invierte el orden creacional. En lugar de que la humanidad gobierne sobre los animales bajo la palabra de Dios, una criatura dirige a la humanidad para que se rebele contra el Creador.
El fracaso de Adán incluye pasividad. Había recibido el mandamiento antes de la formación de la mujer y la tarea de guardar el huerto, pero no protege el espacio de la voz engañosa ni se aferra a la instrucción divina. Después del pecado, tampoco asume responsabilidad: culpa a la mujer y, de manera indirecta, al Dios que se la dio. La mujer señala a la serpiente. La rebelión contra Dios produce de inmediato vergüenza, ocultamiento, temor y acusación mutua.
Las consecuencias alcanzan todas las dimensiones de la vocación:
- La relación con Dios se transforma en temor y exilio.
- La relación consigo mismos queda marcada por vergüenza y ocultamiento.
- La relación entre varón y mujer sufre deseo desordenado, dominio y conflicto.
- La relación con la tierra y el trabajo recibe espinos, fatiga y frustración.
- La relación con la vida queda bajo la certeza del retorno al polvo.
Dios maldice expresamente a la serpiente y al suelo; el hombre y la mujer reciben sentencias dolorosas dentro de una creación trastornada. La muerte anunciada no debe reducirse únicamente a muerte física ni convertirse solo en una metáfora espiritual. En el mismo día aparecen separación, miedo, juicio y pérdida del acceso al árbol; desde entonces la mortalidad avanza hasta el retorno corporal al polvo. Génesis 5 confirma que la palabra de Dios se cumple una generación tras otra.
La expulsión hacia el oriente y los querubines que guardan el camino hacen visible la ruptura pactual. El ser humano continúa viviendo por la paciencia de Dios, pero ya no puede entrar por su propia iniciativa al santuario ni tomar la vida como botín. La historia bíblica posterior responderá a esta crisis: ¿cómo puede un pueblo impuro habitar nuevamente en la presencia del Dios santo?, ¿quién abrirá el camino al árbol de la vida?, ¿quién cumplirá la vocación que Adán abandonó?
La promesa en medio del juicio
La caída no termina con la destrucción inmediata de la humanidad. En el discurso de juicio aparece una promesa: Dios pondrá enemistad entre la serpiente y la mujer, entre su descendencia y la descendencia de ella; esta herirá la cabeza de la serpiente, aunque sufrirá una herida en el talón (Gn 3:15). La tradición cristiana ha llamado a este texto protoevangelio, el primer anuncio del evangelio.
En su contexto inicial, la palabra «descendencia» puede tener sentido colectivo: comienza una oposición histórica entre quienes siguen el camino de la serpiente y quienes esperan en Dios. Génesis desarrolla esa tensión mediante Caín y Abel, la línea violenta y la línea que invoca el nombre del Señor, y después a través de las descendencias que articulan todo el libro. A lo largo del canon, la esperanza se concentra progresivamente en un descendiente representativo. El Mesías vence al adversario precisamente a través del sufrimiento, y Romanos 16:20 extiende su victoria a la comunidad:
«el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies».
Génesis 3:15 no restablece simplemente las condiciones anteriores ni se presenta como una nueva edición del pacto de creación. Es una promesa graciosa pronunciada después de su transgresión. Adán y Eva no pueden deshacer su acto, pero Dios se compromete a no entregar la historia a la serpiente. La iniciativa de la redención aparece en el mismo escenario del juicio.17
Dios viste además a la pareja con túnicas de piel (Gn 3:21).18 El gesto muestra cuidado dentro de la disciplina y cubre la vergüenza que sus propias hojas no habían resuelto. Algunos ven aquí el primer sacrificio, pero el texto no dice que el animal fuera ofrecido en un rito expiatorio; no conviene construir una doctrina sobre ese silencio. Lo indudable es que Dios provee para pecadores que ya no pueden restaurarse por sus propios recursos.19
De Adán a Israel y de Israel al Mesías
Oseas 6:7 sugiere una correspondencia entre Adán e Israel. Ambos reciben una relación especial, la palabra divina y un lugar de bendición; ambos transgreden y experimentan exilio. Israel es llamado hijo de Dios, recibe una vocación sacerdotal y es plantado en una tierra donde debe vivir bajo la instrucción del Señor. Esta repetición no significa que cada detalle de Edén tenga una equivalencia exacta en Sinaí, ni que Israel sea simplemente otro nombre para Adán. Muestra que la historia pactual retoma la vocación humana dentro de un pueblo concreto para llevar la bendición hacia las naciones.
También explica por qué la obra de Yeshúa puede reunir varias historias a la vez. Él es el israelita fiel, el Siervo, el Hijo de David y el último Adán. Lucas coloca su genealogía, que termina con «Adán, hijo de Dios», inmediatamente antes de la tentación en el desierto. Allí Yeshúa, declarado Hijo, enfrenta al tentador. Adán pecó rodeado de alimento en un jardín; Yeshúa permanece fiel mientras ayuna en el desierto. Israel fue probado cuarenta años; Yeshúa atraviesa cuarenta días respondiendo con palabras de Deuteronomio. Su obediencia cumple la vocación humana y la historia de Israel sin borrar la identidad ni las promesas de Israel.
Romanos 5 sitúa el contraste en términos representativos: por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores; por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos. Esa obediencia abarca toda la fidelidad de Yeshúa y culmina en su entrega hasta la muerte. No es una actuación abstracta desconectada de la Torá. Él ama a Dios y al prójimo, resiste la tentación, sirve, hace justicia, cumple su misión y entrega su vida confiando en el Padre.
La cruz muestra el costo de la victoria prometida en Génesis 3:15. El descendiente es herido, pero mediante su muerte desarma el poder del pecado y de la muerte. La resurrección muestra que la nueva humanidad no regresará simplemente a la vulnerabilidad del primer jardín. El Mesías resucitado posee vida incorruptible; quienes llevan ahora la imagen del terrenal llevarán la imagen del celestial (1 Co 15:49).
Apocalipsis completa el arco narrativo. El árbol de la vida vuelve a aparecer, el río fluye desde el trono, la maldición es removida y los siervos de Dios reinan para siempre. La meta no es abandonar la creación, sino verla renovada y llena de la presencia divina. Lo perdido en Adán se recupera y se supera en Yeshúa.20
Evaluación del «pacto de obras»
La formulación clásica ofrece aportaciones valiosas. Toma en serio que el mandamiento poseía una condición real; explica que la muerte no era una consecuencia natural accidental, sino sanción judicial; reconoce la función representativa de Adán; ilumina el contraste entre su desobediencia y la obediencia del Mesías; y relaciona el árbol de la vida con la esperanza de una comunión confirmada. También impide reducir la caída a simple inmadurez o presentar el pecado como paso necesario hacia el desarrollo humano.
Al mismo tiempo, necesita varias cautelas.
Primero, Génesis no utiliza la expresión «pacto de obras», y la palabra berit no aparece en los capítulos 1–3. La denominación pertenece a la síntesis teológica y no debe presentarse como cita bíblica. Segundo, la amenaza de muerte es explícita, pero la promesa de una vida superior tras un período determinado es inferida. Tercero, el término «obras» puede ocultar la bendición, la provisión y la comunión que anteceden al mandamiento. Cuarto, la Biblia no revela la duración de la prueba ni todos los detalles de lo que habría sucedido si Adán hubiera obedecido. Quinto, no deberíamos proyectar automáticamente esta estructura sobre el pacto del Sinaí y concluir que la Torá fue un camino pecaminoso de autosalvación; esa relación deberá estudiarse en sus propios textos.
Por estas razones, este estudio emplea pacto de creación como designación principal y reconoce pacto de obras como nombre histórico útil cuando se define con cuidado. Podemos afirmar con seguridad que Dios otorgó la vida y una vocación, exigió obediencia, advirtió acerca de la muerte y trató a Adán como representante. Podemos inferir razonablemente que la obediencia habría preservado y llevado la vida hacia su meta. Debemos ser más modestos al reconstruir el calendario o la mecánica de una historia que no llegó a producirse.
| Afirmación | Grado de claridad bíblica |
|---|---|
| Dios creó, bendijo y dio una vocación a la humanidad. | Explícita en Génesis 1–2. |
| Dios prohibió comer de un árbol y anunció la muerte por desobediencia. | Explícita en Génesis 2:16–17. |
| Adán actuó como representante y su pecado alcanzó a la humanidad. | Explícita en la lectura canónica de Romanos 5 y 1 Corintios 15. |
| Oseas 6:7 llama pactual a la transgresión de Adán. | Probable, pero discutida por razones de traducción e interpretación. |
| El árbol de la vida funcionó como señal de la vida con Dios. | Fuertemente sugerida por Génesis 3 y Apocalipsis 22. |
| Adán habría recibido vida incorruptible después de un período preciso de prueba. | Inferencia teológica plausible, no descripción explícita. |
¿Por qué importa estudiar este pacto?
El pacto de la creación no constituye una discusión reservada únicamente para la teología sistemática. En sus primeros capítulos, Génesis establece las categorías fundamentales con las que la Escritura explicará después la identidad humana, la obediencia, el pecado, la muerte y la redención. Allí descubrimos quién es Dios como Creador y Rey, quién es el ser humano como imagen y representante suyo, cuál era su vocación original y por qué su rebelión produjo consecuencias que alcanzaron a toda la creación.
Estudiar este pacto también permite comprender mejor la obra de Yeshúa. Él no vino solamente a perdonar transgresiones aisladas, sino a restaurar la humanidad a su vocación, vencer el dominio inaugurado por Adán y conducir la creación hacia su plenitud. Por eso, lo ocurrido en el Edén no pertenece únicamente al pasado: ilumina nuestra dignidad, nuestras responsabilidades, nuestra relación con la Torá y la esperanza de la nueva creación.
Explica qué significa ser humano
No somos accidentes biológicos ni espíritus atrapados en un mundo material. Fuimos hechos por Dios, a su imagen y para su presencia. La vida corporal, las relaciones, el trabajo y el cuidado del mundo pertenecen al propósito divino. La redención no descarta esa vocación; la restaura.
Sitúa la obediencia dentro de una relación
El mandamiento no es un capricho externo a la comunión. La fidelidad expresa confianza en la sabiduría del Creador. El pecado tampoco consiste únicamente en romper una regla: es rechazar la condición de criatura, sospechar de la bondad de Dios y apropiarse de su autoridad.
Muestra la amplitud del pecado
La caída afecta adoración, identidad, relaciones, trabajo, sociedad, cuerpo y creación. Por eso la salvación bíblica no puede reducirse a un cambio privado de emociones o a una futura salida del mundo. Dios se propone reconciliar, resucitar y renovar.
Da sentido al paralelismo entre Adán y Yeshúa
Si Adán fuera solo un individuo aislado, el argumento de Romanos 5 perdería su estructura. Su fracaso representativo prepara la comprensión de la obediencia representativa del Mesías. No somos salvados por imitar desde lejos un ejemplo mejor, sino por ser unidos a una nueva cabeza que vence el pecado y la muerte.
Protege la bondad de la Torá y de la obediencia
La primera instrucción divina fue dada antes del pecado. La obediencia no nació como castigo ni como enemigo de la gracia. El problema nunca fue que Dios hablara, sino que la humanidad rechazó su palabra. En Yeshúa, la gracia no celebra la autonomía de Adán; forma un pueblo que aprende a amar y obedecer desde un corazón renovado.
Orienta la esperanza hacia la nueva creación
La Biblia comienza con un jardín y termina con una ciudad-jardín. Comienza con una pareja llamada a gobernar y termina con los siervos de Dios reinando en su presencia. El evangelio no abandona el proyecto creacional. Por medio del último Adán, lo lleva a una plenitud que el primero nunca alcanzó.
Conclusión
La relación de Dios con Adán y Eva posee una forma profundamente pactual. Aunque Génesis 1–3 no emplea el término berit, encontramos iniciativa divina, identidad, comunión, vocación, mandamiento, bendición, sanción, señal y representación. Oseas 6:7 probablemente recuerda a Adán como transgresor del pacto, mientras Romanos 5 y 1 Corintios 15 revelan que su acto afectó a toda la humanidad y preparó el contraste con el Mesías.
Llamarlo «pacto de creación» ayuda a conservar la amplitud del relato. Dios no colocó a la humanidad ante una regla desnuda. Le concedió vida, dignidad, hogar, alimento, compañía, trabajo y reposo; la llamó a ser su imagen, su hija y su representante, a gobernar y servir en su presencia. Dentro de esa abundancia estableció un límite que hacía visible la fidelidad. Adán y Eva escogieron autonomía, quebrantaron la relación y llevaron a su descendencia hacia la muerte y el exilio.
Sin embargo, la última palabra no pertenece a Adán. Dentro del juicio aparece la promesa de una descendencia vencedora. Yeshúa entra en la historia como el Hijo obediente y el último Adán: resiste al tentador, cumple la vocación humana, entrega su vida, resucita incorruptible y abre el camino hacia el árbol de la vida. En él, la imagen es restaurada y la creación avanza hacia su reposo.
El próximo estudio mostrará cómo, en un mundo lleno de violencia y corrupción, Dios juzgó mediante el diluvio y estableció con Noé un pacto de preservación. Allí reaparecerán la bendición de fecundidad, la imagen divina y la responsabilidad humana. El pacto con Noé no abandona el proyecto de la creación: lo preserva para que la promesa de victoria pueda avanzar.
Preguntas para la reflexión y el estudio
- ¿Qué cambia en nuestra comprensión de la obediencia cuando observamos que la bendición y la provisión aparecen antes del mandamiento?
- ¿Qué razones apoyan la existencia de un pacto con Adán, y cuáles exigen mayor cautela?
- ¿Por qué Oseas 6:7 es importante y por qué no debería utilizarse como única prueba?
- ¿Cómo se relacionan imagen de Dios, filiación, dominio y sacerdocio en la vocación humana?
- ¿Qué semejanzas entre Edén y el santuario considera más fuertes? ¿Cuáles deberían presentarse solo como posibilidades?
- ¿En qué sentido el trabajo, el matrimonio y el reposo pertenecen al orden de la creación?
- ¿Qué revela la tentación acerca de la autonomía y de nuestra confianza en el carácter de Dios?
- ¿Cómo explica Romanos 5 que el acto de Adán fuera más que un pecado privado?
- ¿Qué aporta la expresión «pacto de obras» y qué malentendidos puede producir?
- ¿De qué manera Yeshúa no solo recupera lo perdido por Adán, sino que conduce a la humanidad hacia una gloria mayor?
Este artículo es el quinto de la serie «Los pactos bíblicos: de la creación a la nueva creación». Te invitamos a visitar la página principal de la serie abajo, donde iremos reuniendo los estudios y sus enlaces conforme se publiquen. Cada capítulo profundizará en un aspecto del tema y nos ayudará a comprender cómo se relacionan los pactos entre sí y cómo sus promesas encuentran cumplimiento en el Mesías. Guarda la página y sigue el recorrido en orden: las próximas entregas desarrollarán lo que aquí presentamos como introducción, para alcanzar una comprensión más completa de este tema fundamental de las Escrituras.
Bibliografía recomendada
- Alexander, T. Desmond. From Eden to the New Jerusalem: An Introduction to Biblical Theology. Nottingham: InterVarsity Press, 2008.
- Beale, G. K. A New Testament Biblical Theology: The Unfolding of the Old Testament in the New. Grand Rapids: Baker Academic, 2011.
- Berkhof, Louis. Teología sistemática. Grand Rapids: Libros Desafío, varias ediciones.
- Dumbrell, William J. Covenant and Creation: A Theology of Old Testament Covenants. Carlisle: Paternoster Press, 1984.
- Gentry, Peter J., y Stephen J. Wellum. Kingdom through Covenant: A Biblical-Theological Understanding of the Covenants. 2.ª ed. Wheaton: Crossway, 2018.
- Kline, Meredith G. Kingdom Prologue: Genesis Foundations for a Covenantal Worldview. Overland Park: Two Age Press, 2000.
- McDowell, Catherine L. «Image of God». En Dictionary of the New Testament Use of the Old Testament, editado por G. K. Beale et al. Grand Rapids: Baker Academic, 2023.
- Robertson, O. Palmer. The Christ of the Covenants. Phillipsburg: Presbyterian and Reformed, 1980.
- Schreiner, Thomas R. El pacto y el propósito de Dios para el mundo. Traducido por Sergio Castrillón C. Ellensburg: Proyecto Nehemías, 2021.
- Walton, John H. «Edén, jardín del». En Diccionario del Antiguo Testamento: Pentateuco, editado por T. Desmond Alexander y David W. Baker. Barcelona: CLIE, 2012.
- Waters, Guy Prentiss, J. Nicholas Reid y John R. Muether, eds. Covenant Theology: Biblical, Theological, and Historical Perspectives. Wheaton: Crossway, 2020.
- Williamson, Paul R. Sealed with an Oath: Covenant in God’s Unfolding Purpose. Downers Grove: IVP Academic, 2007.
- Witsius, Herman. The Economy of the Covenants Between God and Man. 2 vols. Phillipsburg: P&R, reimpresión de la edición inglesa de 1822.
- Génesis no empieza diciendo: «Obedece para que yo te cree». Dios crea, bendice y provee; después manda. La obediencia no produce la gracia de la creación, sino que responde a ella. Al mismo tiempo, la gracia del don no vuelve opcional la fidelidad: el Dios que generosamente da la vida conserva el derecho de definir cómo debe vivirse. ↩︎
- La palabra «obras» no significa que Adán tuviera que ganarse la creación, el amor de Dios o su condición de hijo. Todo eso ya le había sido concedido gratuitamente. El término señala que la permanencia en la vida estaba vinculada a una obediencia concreta: no comer del árbol prohibido. Por esta razón, la Confesión de Westminster habló de «pacto de obras», mientras que su Catecismo Menor utilizó la expresión «pacto de vida», destacando la bendición que acompañaría a la fidelidad. Ambas denominaciones describen una construcción teológica: Génesis presenta el mandato, la bendición y la sanción, pero no utiliza ninguno de esos nombres ni explica expresamente cómo habría sido confirmada la vida de Adán. ↩︎
- Sobre las distintas denominaciones —pacto edénico, de naturaleza, de vida y de obras—, véanse Louis Berkhof, Teología sistemática, y Herman Witsius, The Economy of the Covenants Between God and Man. ↩︎
- Thomas R. Schreiner desarrolla seis razones para reconocer un pacto de creación: un pacto puede existir sin que aparezca el término; Oseas 6:7; los elementos pactuales del relato; la existencia de pactos no redentores; la representación de Adán; y la posible continuidad expresada al «establecer» el pacto con Noé. ↩︎
- Oseas 6:7 admite varias lecturas. El sustantivo ʾadam puede funcionar como nombre propio o referencia a la humanidad. La lectura «como Adán» armoniza especialmente bien con la comparación entre transgresión y exilio, pero no existe consenso absoluto. ↩︎
- Reconocer las distintas traducciones de Oseas 6:7 no debilita la fe; evita apoyar toda una doctrina en una decisión textual controvertida. La lectura «como Adán» encaja bien en la teología de Oseas, pero el caso del pacto de creación no depende exclusivamente de este versículo. ↩︎
- La distinción entre «establecer» y «cortar» un pacto describe una tendencia, no una ley sin excepciones. Deuteronomio 29:1 y Ezequiel 16:60, 62 requieren prudencia ante un argumento basado solo en el verbo. La relación entre imagen y gobierno no agota el sentido de la imagen. Génesis 5:3, Lucas 3:38 y los textos de renovación en el Mesías añaden filiación, carácter, conocimiento y comunión. ↩︎
- Catherine L. McDowell destaca las dimensiones de representación, filiación y función real-sacerdotal de la imagen dentro de la trayectoria que culmina en el Mesías y la nueva creación. ↩︎
- Todo ser humano posee dignidad porque ha sido creado a imagen de Dios; esa verdad no depende de su conducta. Al mismo tiempo, portar la imagen implica una vocación: representar el gobierno y el carácter del Creador. La caída no destruye la dignidad, pero sí deforma el desempeño de la misión. ↩︎
- El lenguaje de «reyes-sacerdotes» resume dos líneas del texto: gobernar la creación y servir/guardar el lugar de la presencia divina. Génesis no aplica expresamente a Adán el título «sacerdote», por lo que se trata de una descripción teológica de su función. ↩︎
- La interpretación del Edén como santuario se apoya en un conjunto de correspondencias. G. K. Beale, T. Desmond Alexander y otros han desarrollado ampliamente esta lectura. John H. Walton subraya el uso conjunto de ʿabad y shamar y su relación con la custodia del espacio sagrado. ↩︎
- O. Palmer Robertson señala el Shabat, el matrimonio y el trabajo como normas arraigadas en el orden creacional. Debe distinguirse, no obstante, entre su fundamento en la creación y la forma específica que cada mandato recibe en pactos posteriores. ↩︎
- El fruto no era malo por composición. Dios había señalado el árbol como límite. Cada vez que Adán y Eva lo encontraban, la pregunta era: «¿Recibiremos el mundo como don y viviremos según la sabiduría de Dios, o trataremos la creación como posesión independiente?». La prueba era relacional antes que botánica. ↩︎
- La lectura sacramental del árbol de la vida aparece en autores reformados como Witsius, Turretin, Berkhof y Meredith G. Kline. «Sacramento» se utiliza allí por analogía para una señal visible divinamente designada, no porque Génesis emplee ese término. ↩︎
- Romanos 5 enseña tanto la entrada del pecado por Adán como la pecaminosidad real de sus descendientes. Las distintas explicaciones históricas de la imputación procuran relacionar ambos datos; ninguna debería minimizar la responsabilidad personal ni la función representativa de Adán. ↩︎
- G. K. Beale argumenta a partir de Génesis 1–3 y 1 Corintios 15 que la obediencia habría conducido a Adán hacia una existencia glorificada e irreversible. Es una reconstrucción teológica coherente, pero el relato no describe explícitamente sus condiciones temporales. ↩︎
- Génesis 3:15 utiliza zeraʿ, «descendencia» o «simiente», un sustantivo colectivo que puede concentrarse en un representante. La lectura mesiánica cristiana surge del desarrollo canónico, no de ignorar su dimensión colectiva inmediata. ↩︎
- La idea de que las túnicas de piel demuestran un sacrificio expiatorio es posible, pero no explícita. El texto afirma la provisión de Dios; no identifica el acto como ofrenda ni menciona altar, sangre o expiación. ↩︎
- La gracia aparece en Génesis 3, pero Adán y Eva salen del huerto. Dios promete victoria sin fingir que el pacto no fue quebrantado. En la Biblia, el perdón no convierte el pecado en algo trivial: Dios vence sus consecuencias mediante una obra redentora que la propia humanidad no puede producir. ↩︎
- La comparación Adán–Israel no borra las diferencias entre los pactos. Sirve para seguir patrones de filiación, vocación, mandamiento, transgresión y exilio que el Mesías finalmente recapitula con fidelidad. ↩︎




